Amores de Antología
Carlos V e Isabel de Portugal

Especial.-


Carlos I de España y V de Alemania, el hombre que se esforzó durante 40 años por acrecentar la herencia de sus abuelos, los Reyes Católicos y el emperador Maximiliano, amó apasionadamente a la que fue su esposa durante 13 años, Isabel de Portugal, aunque en un principio se unieran por conveniencia.


 

 

 


Los Romeo y Julieta las Monarquías, como les llamaron, pusieron de moda el clavel en España. 
Era una flor desconocida cuando el Emperador le entregó una a su esposa en los jardines de la Alhambra, como símbolo de amor eterno.

Se conocieron tan sólo dos horas antes de contraer matrimonio en Sevilla y, aunque su compromiso y boda –inicialmente, por poderes- era un acuerdo de Estado, se produjo entre ellos tal flechazo o atracción que, sin más miramientos, se ataviaron con ricas sedas, raso acuchillado, y joyas y dispusieron una inmediata ceremonia matrimonial. No en vano, se casaron a las doce de la noche, en los Alcázares de Sevilla, del día once de marzo del año 1526. Una hora y un lugar inusual para un emperador que, sin embargo, sabía que si esperaba unas horas más, habría de retrasar la boda para rendir luto y respeto a su hermana Isabel que había muerto por esas fechas, aunque eran muy pocos los que lo sabían.


Desde que Carlos V y Isabel de Portugal
se conocieron, el Emperador se dedicó en cuerpo y alma a su amada esposa. Durante nueve meses vivieron una eterna luna de miel encerrados entre los muros del
palacio nazarí de la Alhambra. Un Palacio en el que, según textos históricos,
Carlos V entregó a su esposa el 'primer clavel'

Poesía y hazañas de caballero

Ambos fueron educados para reinar. Isabel, por María, hija de los Reyes Católicos. Carlos V por Margarita de Austria. A ella le encantaba la poesía y fue mecenas de Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, Navagero y Castiglione. A él las novelas de caballería . Hazañas que emuló en la realidad llevando la fe católica por Europa... A este infatigable luchador, sin embargo, le cambió la vida cuando conoció a Isabel de Portugal. El emperador, siempre en combate, abandonó por primera vez, en años, los campos de batalla y se dedicó en cuerpo y alma a su amada esposa. Durante nueve meses vivieron una eterna luna de miel encerrados entre los muros del palacio nazarí de la Alhambra.


El clavel para jurar amor eterno

Y fue su apasionado romance motivo de inspiración para los poetas de la corte que escribieron sobre el amor que vivieron los emperadores el mágico entorno de los jardines y las fuentes de su palacio, en Granada. Un Palacio en el que, según documentos históricos, Carlos V entregó a su esposa el primer clavel. Una flor de Oriente desconocida hasta entonces que gustó enormemente a la emperatriz. De hecho, para agradarla, pidió el emperador que se plantaran millares de claveles en la Alambra y se extendió el aroma de éstos por todas partes.


A Isabel de Portugal le encantaba la poesía por lo que fue mecenas de
Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, Navagero y Castiglione... Además,
el apasionado romance que vivieron los emperadores, así como su
mágico entorno, fue motivo
de inspiración para los poetas
de la corte

Sucedió, por lo tanto, durante aquellos meses, que el clavel se puso de moda en España y que descubrieron los poetas los endecasílabos... Versos y rimas con las que escribieron que a la reina Isabel le gustaba dormir recostada en el pecho del Soberano y que la Emperatriz se había quedado embarazada –según, Garcilaso de la Vega- una tarde de agosto: “ Aconteció en una ardiente siesta viniendo de la caza del jabalí...”

"Moriré más no gritaré"

Isabel de Portugal estaba embarazada del que llegaría a ser Felipe II cuando empezó a pensar en establecer la corte de su reino en Toledo. Una ciudad a la que llegaría no obstante, en 1538, después de haber dado a luz a seis hijos sin proferir ni un grito. O al menos eso es lo que cuenta la historia. Partos difíciles y muy dolorosos que la Reina soportaba con estoico valor a pesar de que la comadrona real la animaba a que gritara para aliviarse. “Mi comadre que yo moriré, más no gritaré”, le respondía la emperatriz a la matrona cada vez que se acercaba el momento del alumbramiento... Hasta que, en la primavera de 1539, cuando daba a luz a su séptimo hijo, –sólo tres sobrevivieron al parto y a la niñez-Isabel exhala, a los 36 años, el último suspiro. El emperador, desesperado, se encierra en el monasterio de Sila, cerca de Toledo, durante dos meses. Y su enamorado cortesano Francisco de Borja a quien se le encarga que acompañe el cadáver de la Reina hasta Granada, dice: “No volveré a servir a quien se pueda morir”. Y así fue. Francisco ingresó en la compañía de Jesús para servir a Dios y acabó convertido en Santo.


Su platónico enamorado, Francisco de Borja, desolado ante la muerte de la Reina, dijo: "No
volveré a servir a quien pueda morir". Así fue, Francisco ingresó en la compañía de Jesús
para servir a Dios y y se convirtió en Santo