Desde la bodega

Hombre de la Cultura, Gastronomía y Política
Murió el Prof
. Gerardo Castillo Riera                                                                                                                              
Dr. Gerardo Pérez González

06-02-2017           

Triste noticia termina este domingo cuando cierra sus ojos que estuvieron iluminados de creatividad y productividad de por vida. Gerardo Castillo Riera fue un eminente educador, curtido entre otros en el Liceo Egidio Montesinos donde dictó cátedras libres de educación, cultura, arte y formación profesional. Hombre que desde su juventud estuvo unido a la fundación de diferentes entes de la vida caroreña como La Casa de la Cultura, Orfeón Carora, Interat Club  y cuanto nuevos proyectos fueran para el desarrollo de la región.


Fue un cursado profesional con dilatados conocimientos en la materia gastronómica de la zona, constantemente citadoo por estudiosos de arte culinario. Continuador de la tradición del queso caroreño, de lo que  hizo constante experimentos y llevó su producción hasta la capital venezolana y ante las altas cocina y paladares de la capital.


Escritor y costumbrista  fue el autor del “Diccionario de Caroreñismos” que esta publicado desde hace varios años en las redes sociales, además articulista de prensa y especialmente en materia de historia local. Fue uno de los albaceas del archivo de Cecilio Zubillaga como sobrino nieto del Maestro. Además elocuente conversador y costumbrista de la vida cuatricentenaria de esta ciudad.

 
Participe de la vida social y política, se situó como dirigente gremial de los productores y del magisterial, además del partido Acción Democrática donde militó y fue miembro de la Dirección Municipal. Combatiente por un país republicano y defensor a ultranza de los derechos fundamentales de los venezolanos.


Prematuramente vemos partir a un admirado ser humano, servicial y recto en su vida privada y pública, jamás se le vio enarbolar banderas que no fueran de un cristianismo y justicia social. Hermandado con distinguidos conterráneos estuvo al lado de lo que fue desarrollo, perseverancia y voluntad de servicio.


Hoy no hay palabras como llenar el espacio vacío del afecto que representaba Gerardo Castillo Riera para los muchos que mantuvieron con él la estrechez de la sinceridad y familiaridad que nacía con su sola presencia.

Paz a sus restos mortales, que nunca se olvide su legado y su lucha incansable por una democracia y una ciudad de todos. A Dilcia Álvarez de Castillo y sus hijas María Laura y Carolina nuestra solidaridad desde las páginas de este rotativo que lo tuvo como un estrecho colaborador por siempre.  



gerardoperez11@hotmail.com


Desde la bodega
MURIÓ LIGIA ZUBILLAGA: FILÁNTROPA Y PROGRESISTA CAROREÑA
Dr. Gerardo Pérez González


 

 

 

 

 

21-04-2015

La tarde de este domingo se conoció la información de la muerte a sus 92 años de la Bioanalista caroreña Ligia Zubillaga Herrera, quien había nacido el 13 de noviembre de 1922 y quien conservaba hasta sus últimos días una salud y vitalidad extraordinaria.

Esta mujer de un temple y raigambre, supo mantener en su existencia una postura ante la vida con un valor único. Nacida en el hogar de Félix Mariano Zubillaga Perera y Doña Angelina Herrera de Zubillaga, ambos de grata recordación tradicional en nuestra ciudad. Desde niña su vida se vio envuelta en las realidades sociales y culturales de nuestro medio, y que bien pudo observar y recibir de su tío paterno Don Chío Zubillaga las enseñanzas familiares y de valor a la cultura y progreso social. 

Por las influencias familiares esta joven rompió los esquemas tradicionales impuestos en al sociedad venezolana y logró ser inscrita y aceptada como una de las primeras alumnas mujeres en tomar educación media en nuestro medio en el Colegio Federal, con el rigor estricto que se le imponía a las mujeres de su época, ella luchó contra todos los prejuicios y concluyó sus estudios medios siendo de la primera en el grupo de tres bachilleres caroreñas. Luego ante una sociedad conservadora como la torrense, retó a los cánones masculinos y sociales y se marchó a Caracas a continuar sus estudios superiores y logró graduarse de bionalista. Incorporándose inmediatamente al trabajo profesional que solo era reservado a hombres. 

En nuestra tierra cumplió el rol en la unidad sanitaria y en la tareas del trabajo sanitarista y de prevención de enfermedades inclusive de venéreas. Allí realizó un trabajo social importante y de lucha por una mejor salud familiar, siendo una de las primeras mujeres en sumarse a esos menesteres en la zona.

Mujer comprometida con los cambios, y nutrida con la sabia que logró beber y luego asumir del reto que le impuso Don Chío Zubillaga, observar la pobreza y ruda realidad de la familias humildes y desposeídas, pero es en los jóvenes que eran su razón de esperanza y se convirtió en la combatiente de la justicia y equidad, de sus propios ingresos y de los que lograba conseguir es la filántropa de cuanto lo necesitaban, su ayuda a los jóvenes estudiantes sin medios económicos para seguir estudios superiores y de supervivencia hacía en ella y su corazón la mano amiga, muchísimas familias recibirían de Ligia ese amor, y cuantos jóvenes conquistar sus metas, solo un ejemplo el de Federico Álvarez, intelectual, académico y director de los estudios de comunicación social de Venezuela, de quien se sintieron ambos ese orgullo y solidaridad eterna.

Católica practicante quien interpretó al Dios nuestro, como una forma de vida, era un Dios de todos, de los pobres y de los desamparados, por ello cumplía fehacientemente la enseñanzas del evangelio darle a todos, compartir el pan y el amor y la caridad. 

Amiga de todos los estratos sociales y políticos, su casa era un centro de amor y afecto, allí recibía a los cientos de ahijados que nunca pudo determinar su número. Fue una ferviente demócrata y de ideas sociales de avanzada. Combatía las injusticias y era un faro de luz porque guardaba y atesoraba en su vida interior lo que ella expresaba con el mayor de sus orgullos, ser tal vez la sobrina predilecta del maestro Don Cecilio Zubillaga, de quien repetía constantemente “Chío es lo mas grande que ha parido esta tierra”, hecho que nadie puede dudar.

Estas palabras son la muestra de gratitud de un pueblo a una mujer que adelanto años de luz en las luchas sociales y de incorporación a la vida pública, a la filántropa que jamás se negó a compartir, este pueblo aun le debe la gratitud pública, porque privadamente sus hijos putativos les fueron hondamente agradecidos y murió sonrientemente por ello. Pero siempre estuvo preocupada por el acontecer del país y del mundo. Ayer fue conducida al viejo camposanto caroreño bajo el silencio que despierta la partida de las grandes mujeres.
 

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Desde la bodega
DOÑA JULIA DE MELENDEZ: AMAZONA, PINTORA Y AMIGA.
Dr. Gerardo Pérez González

 











09-03-2012


Se nos ha señalado que escribo mis notas en los momentos de tristeza y cargados de muchos recuerdos gratos, así esta marcada mi escritura en los últimos años. Me sorprenden que tan seguido las notas luctuosas se repitan y a la vez asignadas de sentimientos encontrados. Lo vivo con Doña Julia Hernández de Meléndez Silva, la de muchos años de simpatía y era bondad, pero a su vez era mujer de carácter recio, como buena llanera guariqueña, que lo repetía con mucho orgullo, aunque estuviere su corazón sembrado en Carora, desde el día que se casó con Don Ricardo Meléndez Silva.

De su figura, recuerdo aquellos lejanos días en los años 70, en La Grita del Estado Táchira, que acampábamos su prole y mi familia, debajo de aquellos inmensos pinos del Liceo Militar Jáuregui, tras la neblina y el frio, con las amenas conversaciones por la presencia, como estudiantes de Coquí su hijo y de Luis Enrique mi hermano, hoy también difunto. Desde aquellos encuentros hasta el tiempo actual mantuve su amistad y un cariño muy sincero, y el de ella hacia mi familia.

Las visita a su casa se hicieron muy constante, desde la amistad por siempre, que he llevado con Julia Mercedes “Nanay”, una de sus hijas y era ir a su casa, muy acogedora, llena de árboles verdes y unos delicados corredores impregnados de los matices de los cuadros y piezas valiosas que contenían las viejas paredes de su casa de la Calle San Juan. Siempre me apartaba de las conversación juvenil para establecer un dialogo con Doña Julia, y me ponía a preguntarle de lo que atesoraba con orgullo, su amor a las artes plásticas. Y cuando ya más adulto era agregarme a las buenas tertulias de Don Ricardo, y sus amigos de siempre en el patio a la luz de la luna. 

Esta mujer de cuerpo y sentimientos bien planteados, le resumo en tres palabras su presencia inmortal: fue una llanera de a pie y caballo, fue una extraordinaria amazonas, la primera mujer que en Carora, rompe los cánones tradicionales y en el lomo de un Caballo sale a cabalgar, desfilar y demostrar lo que sabe hacer, tanto que aun recuerdan sus dotes y que ella muy firme lo contaba como para dejar asentado su procedencia y su carácter llanero. Fue una amante de la bellas artes y de Riberos Tejada logró aprender y le hizo saltar a flote una cualidad que tenia, su destreza por la pintura, dedicándole horas, días y plasmar en lienzos su acervo intelectual de la quedaran para la posteridad, su obra llena de ricos coloridos de la paleta que supo dominar, como buena jinete que también fue. 

Su principal virtud, la de una mujer sencilla, amable, que compartía su pan con los demás, sonriente, con un don de gente, que lo resumo en su eterna amistad que siempre me brindo, sentí que sus abrazos eran ricos en la expresión de sinceridad, era su rostro lleno de alegría ante tantos contratiempos de la vida y que los sabia lidiar con una carga de fe profunda. Fue una madre de una numerosa prole y ante tantos y variados caracteres, se imponía con una fuerza moral y espiritual. Ella vivió para regar armonía, para dar alegría, para sembrar unión, para amar al prójimo, para sentir su tierra lejana y llana y para nutrirse de seco y duro del árido. De ella también podeos afirmar que es una protagonista del quehacer caroreño, de una época de riqueza y surgimiento de nuestro pueblo. Dejo a la eternidad con sus más gratos recuerdos. Doña Julia, asomada sonriente y amable, mirara los pasos de los nuevos jinetes del presente siglo y brillando la paleta enriquecida de los nuevos valores de la plástica tórrense. Como olvidar al que siembra para iluminar para siempre.

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LAS  SONRISAS ETERNAS  DE CHELIS DIAZ
Dr. Gerardo Pérez González

 

 

 

 


En su amada Candelaria, en su casa natal y la de todos los hermanos Díaz Leal.

04-02-2012


N
o me recuerdo todavía el día que por primera vez visite aquella casa en la avenida Cristo Rey de Carora que tenia en el jardín jazmines y romelias,  donde vivía una joven muchacha del canto y la cultura que se llama Haydee Álvarez,  seguramente respire tanta sinceridad en su interior, que lo ponían los jefes de la casa Martín Álvarez Giménez y Aracelis Díaz de Álvarez. Desde ese día llegue para nunca más irme, tanto que la declare como mi casa de emergencias.


Aracelis era Chelis y mi recuerdos nadan en la inmensidad del tiempo, mi primer encuentro con ella será con su expresión facial,  su sonrisa, su alegría y su sinceridad, aunado a la fraternidad en su hogar. Aquella extensión que había desde la calle hasta el fondo del solar, pasando por el caney o troja, que rodeada de helechos, de las jaulas de los gallos de pelea y el canto de pájaros y cotorras.  Era una armonía completa. Los de la Sociedad Amigos de la Cultura SOACU, conseguimos otra casa donde abrigarnos, donde pasar los días después del trabajo cultural, era otro sitio para la tertulia, el cuento, planificar lo divino y humano o para echarse las frías cervezas que Martín Álvarez siempre estaba dispuesto, para poner la media caja, que de un salto él mismo y Luis Ruiz, corrían a comprarla a que el recordado amigo Juan Franco Meléndez. Allí trascurrirían los fines de semana, donde el canto era el catalizador de todo, que música se vivía en la enramada, cuatro, guitarras y voces afinadas  y melodiosas de tanto buen músico que acudía a compartir, salvo de la sordera de muchos de los de SOACU, pero que eran el publico selecto. Esa casa era un encanto, era el producto de sus habitantes, de la tradición que venia de Baragua y La Candelaria.

Aracelis Díaz, acaba de partir, aunque lúcida a sus 92 años, y apagada a su tierra batalló para no dormir todavía, ya no estaba en su casita de jazmines y romelias, de los gallos, de las comadres vecinas. Estaba en otra casa con los nietos, la que compartía su hijo político al que tanto quiso Alejandro “Andoche” Barrios. Él mismo que la confesó tantas veces sobre la historia, sobre su familia, sobre su hermano Alirio Díaz, y sobre Martín Álvarez su marido un personaje único. Alejandro no perdía tiempo para sacar la conversación con ella, seguramente le dedicaba más horas de tertulia a ella que a su enamorada Haydee en tiempos de noviazgos. Pero era que Chelis era así, buena y locuaz, amable y su memoria intacta para el pasado.

Como no escribir las vivencias, que se tienen con quien la vida le da esa unión tan fraterna, no era la sangre filiatoria, pero era la sinceridad y el amor que desde ese primer día que fui a aquella casa que me encontré una nueva familia, son mis familiares que me gane, mi vinculación con los Díaz Leal, que ha sido muy estrecha y fui agregado también a esa prole inmensa donde se respira la armonía de las cuerdas de las guitarras con la espiritualidad de sus integrantes.

Partió de la tierra Chelis Díaz, al encuentro eterno de su gente, llevó cargado su despedida con tantas cosas bonitas y bellas, llevaba tantos regalos que tendrá que repartir allá en el cielo. No se que melodías con su cuatro sonoro la esperaría Martín, tal vez aquel canto prohibido para oírlo las mujeres “El camburito” o “El Pastorcito”.

Sus dos hijos: Haydee y Martincito deben sentir esa alegría de tener y haber contado con una madre que hizo de su humildad un don, que amo a su familia completa con devoción y que fue antes de todo buena mujer. Aquella sonrisa que la acompañó siempre era una virtud, que ni en momentos de tristeza la hacia cambiar su buen rostro de mujer de la tierra de la Otra Banda.  

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Desde la bodega
HA MUERTO  LA HERMANA MARÍA DEL VILLAR NAVASCUES
Dr. Gerardo Pérez González

 

 

 




11-02-2012

 

Recibimos la lamentable noticia del fallecimiento de la hermana María del Villar Navascues Mateo, religiosa española  que naciera el 12 de mayo de 1935, que se asentara en nuestras tierras desde 1962 y que al lado de su hermano el Presbítero Mariano Navascues , conocido intelectual , profesor universitario y luchador vecinal quien desarrollo en Barquisimeto un espacio de combate social.


Esta mujer de recio carácter y armas a tomar, fue Directora General del Hospital San Antonio dese 1972 hasta 1993, fue la última religiosa que regento brillantemente este  centro de salud hasta 1989, anterior al Hospital “Pastor Oropeza”, fue ella quien mantuvo la rectitud y correcta administración publica del primer centro hospitalario con que se contó en nuestra ciudad desde 1900.


Damos fe que junto a ella, salimos al paso a la defensa de la institución religiosa y la tradición caroreña, que estaba perenne en nuestro suelo desde la llegada de la Congregación de las Hermanas de los Pobres de Maiquetía,  en 1924 a regentar el viejo hospicio y al ancianato. Recordar las luchas que se emprendió ante médicos  desconocedores de nuestro gentilicio y venidos de otras latitudes, en funciones burocráticas que quisieron apropiarse, supuestamente en nombre del Estado venezolano de los bienes que celosamente les pertenecían a la congregación y al pueblo de Carora, ella inclusive fue vejada, golpeada e insultada, sin reconocer la historia de estas anegadas mujeres, a las cuales me unen vínculos sanguíneos.  Allí estuvimos al frente del combate y se nos dio la razón, tanto que en una colorada mañana desde la propia Presidencia de la República en tiempo de Carlos Andrés Pérez, se nos llamo a darles el apoyo incondicional a las religiosas, y la orden emitida del respeto a las instituciones y la sana convivencia.


Con el tiempo la vi muchísimas veces, y  también doy testimonio de ello, en las antesalas del despacho del Gobernador del Estado, para ese época, Mariano Navarro Mar y en la del Alcalde Pedro Domingo Oropeza,  solicitando ayudas para la gente humilde, para las instituciones religiosas y benéficas, para casos difíciles de particulares, que los asumía como propios, logrando sus objetivos. Escuche del Gobernador Navarro Mar, decir: el tipo de carácter y empuje de esa mujer, pedir para los demás y sin callar reclamar las cosas justas. Su hermano, igual que ella se desprendió de bienes de fortuna para darle al necesitado.

Carora, estará agradecida de la Hermana María del Villar eternamente, ella ya cansada y retirada, pidió en estos últimos tiempos que la trajeran a Carora a ver parte de su obra, y que quisiera morir aquí.  En esta tierra descansara para siempre la reciedumbre de la mujer que se entrega a Dios y a través de él, desarrollo su vida y su labor. Paz a sus restos y hoy jueves a las 10:00 a.m será oficiado su funeral y entierro.

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Desde la bodega
ADA DE PÉREZ,  MADRE Y SERVIDORA
Dr. Gerardo Pérez González

 

 

 

 



29-10-2010

 

No es fácil escribir cuando las circunstancias que conllevan a ello, es plasmar impresiones de personas tan cercanas a la vida de uno. Mas cuando se trata de la madre, pero es así, y me vi obligado a tomar las teclas para fijar las ideas que vuelan en la mente y en los recuerdos eternos que segura están asentados desde que aun me movía apresuradamente en el vientre de ella.

 

La edad se mida en años, desde el día que rompemos las entrañas maternas y lloramos ante el mundo nuestro nacimiento, y a distantes ochenta años que mi abuela materna Cornelia González en  San Francisco, soltara el cordón umbilical a Ada María, para que aprendiera recorrer los rincones de la vida, y mi abuela que a sus 102 años aun en su lucidez  que actualmente presenta, recuerda el nacimiento de su primogénita. Allá en la Otra Banda jugueteo sus primeros años, y pronto tuvo la dicha de recibirla su tía paterna que seria su otra madre para toda la vida: Leocricia Carmona de Andrade (Osicia),  quien con su marido José Andrade la convirtieron en la otra hija que nunca procrearon y que junto a Ilian Carmona, su otra hermana del alma, fueron la vida de ese hogar lleno de muchísimo amor, trabajo y respeto. Tanto trajinar entre cerros y sembradíos en las montañas de El Cerrón en la zona de El Blanco, que a las hijas se las traen a Carora a educarlas y dejar a un lado hasta prebendas económicas, para brindarles lo que las zonas rurales no podían darles formación y cultura, y por ello se establecen en Carora.

 

Esas niñas, entran a la Escuela Torres, de Carmen Elena Montes de Oca y logran instruirse y formarse. La severidad del hogar de un andino trujillano y una san panchera de principios rigidez  y altamente conservadores, hacen de esas dos hijas, dos mujeres para el bien y para la vida. Lamentablemente Ilian muere prematuramente muy joven y Ada, en el dolor que jamás olvida, asume el reto solitario de  seguir sus pasos y de coayudar  en la crianza de su retoño Rafael José Acosta, quien seria su primer hijo. Conoce a nuestro padre Gerardo Pérez Barrios, y ante la mirada matriarcal de la madre acepta la unión matrimonial, de donde nacimos siete muchachos, que componemos los ocho hijos se su vida, que felizmente tienen más de cincuenta años de casados.

 

Ada mi madre, heredo y bebió del manantial fructífero de sus  padres lo que ha sido su productiva vida y la fe cristiana que es y a sido su norte. El encanto, tranquilidad, sonrisa y paz de Cornelia. El carácter del Abuelo Rómulo Carmona.  El espíritu de superación, de desarrollo y modernidad de Leocricia y  el brío de lucha social, democrática y don de gente de José Andrade. Pero además herede también la longevidad de todos ellos, quien han sido sensibles y cercanos de los centenarios.

 

Desde muy pequeño vi en mi casa, la intensa actividad de mi madre, que apoyada por mi padre ha logrado capitalizar, y quien es incansable hasta la fecha de hoy. Cursillista de las primeros grupos, del movimiento caritas de Venezuela haciendo labor en las barriadas, cofundadora y docente de la Casa de Formación Social Nuestra Señora de Coromoto, laica comprometida con la Iglesia católica. Luego puso en práctica lo que le enseñó José Andrade, amar a la democracia que desde muy niña pudo nutrirse en el PDN, fue funcionaria municipal en la época anterior a la dictadura perezjimenista, de donde se retiro para no servir aun régimen antidemocrático. Con los años es llamada por Acción Democrática para hacerse una activista por los desposeídos y  en  dos periodos es concejal suplente y una como principal, bregando dicha representación por medio del voto nominal, y hasta una diputación a la Asamblea Legislativa obtuvo. Entregada a su pasión del béisbol por el equipo Torrellas, y es la primera mujer en asumir las riendas de un equipo tradicional y lo hace campeón luego de más 25 años sin saborear el triunfo, pero no se queda allí y esta en el grupo de fundadores de los Criollitos de Venezuela en Carora. Su labor social la lleva a participar en cuanta organización se funde y constituya en Carora y activista de los movimientos vecinales y comunitarios, además de cooperativista perteneciendo a las cofundadoras de este movimiento en la zona. Es invitada y  se incorpora como la primera mujer Rotaria caroreña, donde permanece aun activa. Igualmente dedico años a las actividades comerciales y de empresa. Es una experta y amante de la cocina y mantiene una rica colección de información gastronómica que la llevo durante muchos años a ser docente de esta materia a mujeres con necesidades de aprendizaje y formación para el hogar.  

Incansable, jamás se ha doblegado ante ninguna adversidad, ni ante la muerte de su hermana Ilian, ni de su hijo Luís Enrique. Se mantiene firme, sus energías emergen que como ríos desbordados sin que nadie la detenga. De ella he bebido la sabia maravillosa que nos da la vida, porque me encuentro comprometido con las diferentes empresas emprendidas por ella, donde la honestidad y en donde el servir sin mirar a quien, es la extremo final. Ayudar a todos, a los más necesitados, a los humildes, a los enfermos y a los niños.  Con su mayor devoción cristiana celebramos sus ocho lustros, bien llevados y estoy seguro, aunque cueste decirlo, que Carora ha tenido en ella una servidora ejemplar.

gerardoperez11@hotmail.com


Desde la bodega
Lo que vemos en Guillermo Morón
Dr. Gerardo Pérez González


 

 




Mi entrada en el mundo de cultura y de las letras, entre otras cosas, viene de la mano del interés de conocer lo humano de la tierra mágica donde nacimos, observarla, interpretarla y vivir el orgullo inmenso de la caroreñidad. A un joven de mi generación era sumamente interesante conocer los personajes de nuestra aldea universal, y entre ellos estaba Guillermo Morón.

Había oído decir a la gente que Morón era el más importante historiador de Venezuela. Acostumbrado a escuchar eso en nuestro pueblo, donde magnificamos, con mucha razón, a nuestras cosas más sagradas. Me tocó luego pasar por la universitaria ciudad de Mérida y formarme académicamente. Allí volví a sentir ese comentario, mucho más preciso y con juicio de valor, por cuanto en las aulas humanísticas de esa tierra andina, hablar de Carora era sinónimo de historia y por supuesto de Guillermo Morón. Pude comprender la figura de este hombre, que para muchos era la fiel exégesis de los eruditos griegos y de los antiguas historiadores, para otros el polémico hombre de las interpretaciones del hecho histórico con el sentido real de definir las cosas de manera auténtica, una interpretación más política que social.
 


Ese es la primera visión de este amable hombre de la cultura universal. Luego en el tiempo ha logrado hacerle un seguimiento más real y humano, su don de amabilidad y caballerosidad con su gente, con su paisanos y con este núcleo de Amigos de la Cultura, como solemos llamarnos, ha sido estrecha y amplia. Buen intercomunicador de ideas y receptor de importantes proyectos todos por la cultura de su pueblo. Así me lo comunicaba constantemente el recientemente desaparecido Alejandro Barrios, con quien mantenía largas conversaciones de manera reiterada y constante trazando planes futuros en el campo de la cultura y de las letras y su legado de publicar las obras de los caroreños del pasado y de las recientes generaciones.

Es el carorense (como él lo dice) preocupado por las cosas de la ciudad, no es en vano, con más de sesenta años fuera de su terruño no ha perdido nunca su cordón umbilical que le sembrara Doña Rosario su madre al nacer, para que nunca se fuera de aquí. Tanto lo terminó de enterrar en la tierra soleada su maestro Don Chío Zubillaga, que jamás olvida sus raíces y su compromiso moral con su gente, es y ha sido un servidor público.

En su paso intelectual ha dejado su conocimiento a la orden de escudriñar el pasado de su tierra, que la conoce muy bien, se refleja en sus obras y en los severos juicios que hace. Su obra histórica y literaria se enriqueció con el nutriente de su Carora y Cuicas. Su novela El Gallo de la Espuelas de Oro es la expresión narrativa de su interioridad, no se traslada a otra región, se viene a su Carora y juega con los personajes, el tiempo, el espacio y construye, aún de los comentarios familiares, en una rica prosa poética, del significado de la caroreñidad.

Valoro en estas palabras que escribo, la figura de Guillermo Morón, es un compromiso que adquirimos ante nuestra tierra, de guardar la personalidad universal de este hombre, que siendo de la calidad intelectual y del pensamiento que posee, es ante todo un soldado mas de su pueblo, que al tocar tierra amarilla arcillosa del Río Morere se convierte en otro personaje más, de tantos que caminan por la antigua ciudad de patios castizos y españoles, de casas humildes de bahareque, de techos de teja o palma aborigen, de calles empedradas, de asfaltadas o de tierra, porque seguro estoy que en cualquiera de esos lugares, Guillermo Morón se siente como el caroreño que es, aún de lo grandioso de su obra, para perpetuar en el tiempo que ya lo atrapó para él..­

 ENERO DEL 2006