Sobre la Belleza
Ing. Juan Carlos Álvarez Yépez


 

 

 

Me toca hablar en esta oportunidad de un tema muy importante, a mi juicio, para la comprensión de las verdades trascendentales: el tema de la belleza. Este concepto, aunque constituye uno de los pilares fundamentales de nuestra Institución, es la mayor parte del tiempo ignorado y no deja de sorprenderme y agradarme que se haya tenido la iniciativa de considerarlo como tema para un trabajo especial. Trataremos de exponerlo, pues, en toda su dimensión, lo cual no deja de ser un objetivo ambicioso por las razones que inmediatamente expondremos.

 

El Tema de la Belleza ha sido considerado tema obligado  por los filósofos de todos los tiempos, desde los presocráticos hasta los modernos. Tal ha sido su importancia en la investigación de las facultades del espíritu y, por lo tanto, en el intento de comprensión de la dimensión humana emprendido por los pensadores de todos los tiempos, a tal punto de que toda filosofía correría el riesgo de ser considerada incompleta si no le dedicara suficiente tiempo al mismo.

 

Para comenzar en la consideración del tema, recordemos lo expuesto por un maestro de las tradiciones, G. I Gurdiejf, que nos advertía sobre la existencia en la vida de dos tipos de influencias: las influencias de la vida, que nos hacen interesarnos por los asuntos cotidianos, y las influencias que pudiéramos llamar espirituales, que, aún cuando se nos presentan en esta vida, nos hacen interesarnos por asuntos que van más allá de la misma. En mi opinión, la diferencia entre ambas influencias la constituye precisamente la consideración de la belleza, la cual nos lleva a preferir unas sobre otras. Cuando la preferencia está por las cosas del mundo, sin embargo, no nos es posible hablar más que de una belleza subjetiva, que sólo es válida para el que emite el juicio. Se cumple aquí el refrán aquel de que “entre gustos y colores no han escrito los autores”. Cuando la preferencia está por las influencias espirituales, en cambio, nos adelantan que el mundo verdadero es bello y que las cosas de este mundo cuando tienen conexión con él participan de la belleza objetiva. En este caso se espera el acuerdo universal de los que aprecian este tipo de belleza.

 

Este maestro consideraba que existía un arte objetivo que podía producir las mismas emociones en todo el mundo. Este arte objetivo interpretaba con seguridad la belleza objetiva. Se cita, como ejemplo de arte objetivo, la destrucción de las murrallas de Jericó, derrumbadas por la música interpretada por trompetistas que interpretaban música objetiva,

 

Que la belleza sea una propiedad del mundo objetivo es algo que ya nos adelantaban también importantes filósofos clásicos tales como Platón, el cual, en su famoso diálogo “El Banquete”, nos reproduce el hermoso discurso que Sócrates profirió en el banquete celebrado en honor a la victoria de Agatòn en su primera tragedia. En dicho discurso, cuyo tema es el amor, Sócrates concluye que existe una Belleza en Sí, la cual sólo puede ser observada con órganos apropiados de los cuales carecen los hombres ordinarios. Pero además, nos instruye en cómo acceder a la belleza en sí. En primer lugar nos aconseja cultivar la contemplación de la belleza en objetos particulares como medio de entender que la belleza de un objeto es hermana de la belleza de otro, para llegar finalmente a la comprensión de que la belleza es una sola. Llegado ese punto el hombre es capaz de apreciar la belleza de todas las cosas, la belleza de la naturaleza.

 

Una vez adquirida esta capacidad hay que pasar a la observación de la belleza del alma, considerada como más valiosa que la belleza de los cuerpos. Así, aún cuando los cuerpos hayan perdido su lozanía, pueden ser aún objetos de admiración si son poseedores de almas discretas y bellas. Se asocia aquí la belleza ya no con los cuerpos sino con la moral y las virtudes. El próximo paso lo constituye la contemplación de la belleza que reside en las ciencias, es decir, en las cosas intelectuales producidas por el espíritu, tales como la poesía.

 

Todo aquel que haya observado estos preceptos rigurosamente, “adquirirá de repente la visión de algo que por naturaleza es admirablemente bello,  que existe siempre, no nace ni muere, no crece ni decrece, que no es bello por un lado y feo por el otro, ni tampoco a veces bello y a veces no, ni bello en un aspecto y feo en el otro, de tal modo que sea bello para unos y feo para otros. Tampoco se mostrará a él la belleza como un rostro, unas manos, ni ninguna otra cosa de las que participa el cuerpo, ni como un razonamiento, ni como un conocimiento, ni como algo que exista en otro ser, por ejemplo, en un ser viviente, en la tierra, en el cielo o en otra cosa cualquiera, sino la propia belleza en sí, que es específicamente única.   

 

 A tal punto es bello y profundo el discurso, que considero conveniente citar textualmente el final del mismo. Así, nos dice Sócrates: “ Ese es el momento de la vida en que más que en ningún otro, adquiere valor el vivir de un hombre: cuando contempla la belleza en sí. Si alguna vez la vislumbras, no te parecerá que es comparable ni con el oro, ni con los vestidos, ni con los hermosos cuerpos de los amados. ¿Qué es pues lo que creemos que ocurriría si le fuera dado a alguno ver la belleza en sí, limpia, sin mezcla, sin estar contaminada por las carnes humanas, los colores y demás vanidades mortales y si pudiera contemplar esa belleza en sí, que es única específicamente?. ¿Crees acaso que es vil la vida de un hombre que ponga la mirada en ese objeto, lo contemple con el órgano que debe y esté en unión con él?. ¿Es que no te das cuenta de que es únicamente en ese momento, cuando ve la belleza con el órgano con que ésta es visible, cuando le será posible engendrar, no apariencias de virtud, ya que no está en contacto con una apariencia, sino virtudes verdaderas puesto que está en contacto con la verdad; y de que al que ha procreado y alimenta una virtud verdadera le es posible hacerse amigo de los dioses y también inmortal?.

 

Queda claro en esta exposición que la contemplación de la belleza es un camino para acceder a la Verdad, objetivo de nuestra Orden. Ahora bien, hasta aquí se ha considerado la belleza, bien en sí misma, con existencia propia y única, bien asociada con los objetos o con la Moral. Es conveniente además considerarla con relación al sujeto. Para tal efecto, se puede formular la siguiente pregunta: ¿Qué facultad del espíritu se activa cuando decimos que algo es bello, es decir, cuando formulamos un juicio estético?. En este sentido otro importante filósofo, Enmanuel Kant, nos ofrece importantes orientaciones.

Para considerar la belleza en relación al sujeto, es necesario tener presente que, según Kant, son tres las facultades del espíritu: La facultad de conocer, la facultad de desear y el sentimiento de placer y dolor. En la antigüedad se consideraba a la belleza asociada con las dos primeras facultades. En efecto, ya la hemos visto con Sócrates asociada a los objetos, lo cual pudiera implicar una asociación con la facultad de conocer puesto que los objetos pertenecen al ámbito de dicha facultad, y con la Moral que cae en el ámbito de la facultad de desear.

 

Fue Kant el primero en dar autonomía a la belleza, al asociarla no con la facultad de conocer ni con la facultad de desear sino con el sentimiento de placer y dolor. Ello la hace también asociada al Juicio, como facultad intermedia entre el entendimiento y la razón. Veamos brevemente algunas consideraciones al respecto.

 

La lógica se divide en conceptos, juicios y razonamientos. En esta división el Juicio es intermediario entre los conceptos y los razonamientos y los relaciona. Los conceptos, por su parte, son producidos por el entendimiento, facultad que produce los conocimientos en el mundo físico. Esta facultad produce conocimientos verdaderos, pero limitados al mundo que nos es dado a través de los sentidos. Suministra las leyes generales que nos permiten relacionar los objetos entre sí e introducir el orden en la naturaleza.

 

Existe, además del mundo físico, el mundo trascendental, en el cual intentamos entrar en contacto con objetos que van mas allá de nuestra experiencia ordinaria. En este intento es la razón y no el entendimiento la que nos orienta. Ella nos produce las ideas, es decir, conceptos que se refieren a objetos suprasensibles. Las principales ideas que obtenemos por la razón son: Dios, el alma inmortal y la libertad. Pero sobre estas ideas no podemos tener conocimientos verdaderos, pues no podemos darles objetos correspondientes en la sensorialidad.

 

Ello no quiere decir que la razón sea inútil puesto que por medio del concepto de la Libertad crea una legislación para la voluntad del hombre que tiene efectos inmediatos en el mundo físico. Así, entendimiento y razón son ambas legisladoras en el mismo territorio (el mundo de los sentidos) pero en campos totalmente diferentes y por eso no chocan entre sí. Por el contrario, se crea entre ambas facultades un verdadero abismo, que sería prácticamente insalvable de no ser por el concepto de la belleza. Así, pues la belleza juega un papel fundamental en la armonía y el funcionamiento holístico de las facultades del hombre.  

 

En cuanto al Juicio Estético se refiere, es decir al juicio por medio del cual algo es declarado Bello, es interesante resaltar dos características a mi juicio muy importantes: El desinterés y su pretensión a la Universalidad. En efecto, el Juicio estético, cuando es puro, no se asocia con ningún  interés en la existencia del objeto. Eso lo distingue de los juicios prácticos, es decir relativos a la voluntad, en los cuales hay un interés en la producción del contenido de los mismos. Se produce, sin embargo, un placer en la pura contemplación del objeto que debe ser apreciado en sí mismo, apreciación que se perturbaría en caso de existir un interés asociado. De allí, la relación de lo Bello con el sentimiento de placer y dolor. Este placer se genera por el acuerdo entre la imaginación, con su capacidad de crear en su libre juego, formas diversas en el espacio y el entendimiento que se siente a gusto y capaz de interpretar dicho juego con sus conceptos.

 

La otra característica resaltante del juicio estético o de gusto, es la pretensión a la universalidad. Se crea aquí una extraña paradoja que consiste en que el juicio de gusto, a pesar de saberse subjetivo, pretende ser aceptado por todo el mundo. Cuando declaramos que algo es bello no aceptamos que ninguna persona diga lo contrario. Esto se produce precisamente por el sentimiento de placer ocasionado por el acuerdo entre la imaginación y el entendimiento, acuerdo que, válido para todos los seres humanos en tanto que seres humanos, es declarado universal por el sujeto.

 

Hemos visto hasta aquí tres aspectos a mi juicio fundamentales del concepto de la belleza en relación al sujeto: su independencia de los conceptos de la naturaleza y de la moral, su papel de intermediación entre la facultad de conocer y la facultad de desear y las características más resaltantes del juicio de gusto. Quedan muchos otros aspectos que discutir sobre él, pero es imposible exponerlos en un trabajo de este alcance. Esperamos que en el futuro podamos profundizar sobre ellos.

 

Un último comentario sobre el segundo de los aspectos mencionados, es decir, sobre el papel de intermediación del juicio de gusto entre la naturaleza y la Moral, que es, quizás, el más interesante de los expuestos. Decíamos antes que la belleza juega un papel fundamental en la armonía y el funcionamiento holístico de las facultades del hombre. Pero ¿Cómo lo hace?. Una frase de Kant al respecto puede, tal vez, ilustrarnos más que mil palabras: “Lo Bello es un símbolo del Bien Moral”. Introduce Kant aquí un significado del la palabra “Símbolo” y del concepto de lo simbólico. Considero que este concepto es de la mayor importancia para nosotros, miembros de una orden caracterizada por él. Para Kant lo simbólico es la representación en la intuición de Ideas que no tienen correlato sensorial. Esa representación alcanza sólo a la forma y no al contenido. ¿Qué hay, podríamos preguntarnos, en la forma del cuadrado que nos lleva a la idea del Mundo material?. Debemos intentar la respuesta en otros trabajos.  

 

Debo disculparme, tal vez, por el exceso de tecnicismos, pero son inevitables cuando se intenta tratar estos temas con tanta profundidad como los trató el filósofo de Könisberg.

 

En cuanto a mí respecta, no me queda más que agregar que la belleza, como hasta ahora lo he entendido, nos orienta en la construcción del mejor de los mundos posibles. Un mundo donde reine el bien y la justicia para toda la Humanidad.


Entrevista para el Diario de Carora.
Ing. Juan Carlos Álvarez Yépez


 

 

 

Entrevistador: Jorge Euclides Ramírez.
Entrevistado : Juan Carlos Álvarez Yépez.


 “Cuando alguien dividió los estudios académicos en Ciencias y Humanidades, yo quedé desubicado. Como si la Ciencia misma no fuera un producto del Hombre y como si las cosas del Hombre escaparan al rigor analítico propio de la Ciencia. La solución estaba en la filosofía”

Introducción: Comentarios de J.E.R

Preguntas:

1.
      ¿Porqué la filosofía J.C?

Desde la época de estudiante universitario yo siempre estaba incómodo con la forma en que se impartían las clases. Siempre necesitaba una visión más integral de lo que se estaba diciendo, llegar incluso al límite del conocimiento. Ese límite no aparecía por ninguna parte porque había que subir hasta el hombre mismo, hasta su capacidad de conocer. Por eso mis logros académicos fueron más bien modestos. No era un estudiante “eficiente”, entendiendo por eficiencia en el aprendizaje la capacidad de algunos estudiantes de concentrarse en los asuntos sobre los que con gran probabilidad serán interrogados en el examen. Yo perdía mucho tiempo tratando de conectar lo aprendido con temas con los que no tenía relación aparente. Presentía que debía haber un conocimiento superior, que integrara las Ciencias y las Humanidades. En lo académico se había establecido esta división, como si, en definitiva, la Ciencia misma no fuera un producto del hombre y como si las cosas del hombre no pudieran  estudiarse con el rigor analítico propio de la Ciencia.

2.      ¿Y porqué Kant?
Lo de Kant fue una feliz coincidencia. Había leído algo sobre historia de la filosofía y sentía que en Kant había algo superior, pero no me atrevía a leerlo porque no me consideraba capacitado. Transcurrido un año desde que comenzamos los viajes a Mérida, arrastrados por el entusiasmo de Cécil, el Dr. Briceño nos dio la tarea de empezar la lectura de este gran filósofo, quizás su preferido. A estas alturas todavía no sé si fue para comprobar nuestro verdadero interés en los asuntos intelectuales; lo cierto es que  para mí la tarea fue particularmente apropiada, dado mi estilo de aprendizaje y dada la rigurosidad con que Kant analiza el entendimiento humano. Si me hubieran puesto a estudiar a otro filósofo tal vez me hubieran raspado.

3.      ¿Qué opinas de lo expresado en estas mismas páginas por el Dr. José Manuel Briceño sobre el hecho de que su mejor alumno en Kant es un caroreño?

No debe haber nadie más capacitado en Venezuela para juzgar si alguien sabe o no sobre Kant que el Dr. Briceño, por lo cual esa afirmación es con seguridad verdadera. Ahora bien, el Dr. Briceño tiene alumnos caroreños que viven en Carora y alumnos caroreños que viven en otras partes, lo cual hace difícil precisar al personaje. Puede ser cualquiera de ellos. Por ejemplo, Cécil y José Ricardo saben tanto o más de lo que puedo saber yo sobre el contenido y la esencia de la filosofía Kantiana y posiblemente el Dr. se expresó en ese sentido. Tal vez yo he avanzado más en los aspectos técnicos, pero esto sólo es un asunto de mayor dedicación. En lo que a mí respecta lo único que te puedo decir es que todavía me falta mucho para dominar completamente la materia.

4.      ¿Cuál es la idea central del trabajo Kantiano?

Antes de nombrar un tema específico es conveniente señalar que todo en Kant fue novedoso y original. En primer lugar, con respecto al método, antes de lanzarse a reflexionar directamente sobre el mundo y sus misterios, reflexiones mediatizadas por nuestro aparato cognoscitivo, decidió analizar este aparato mismo para comprender sus alcances y limitaciones. Pero, más que el método mismo, que ya había sido intentado por otros Filósofos, la gran novedad en Kant la constituyen sus conclusiones, las cuales por un lado establecen que el Tiempo y el Espacio, considerados hasta la fecha como propiedades de los objetos, son en realidad características de la capacidad receptiva del sujeto, las formas básicas y originales de su sensorialidad . Por otro lado, con respecto al aspecto racional, concluye que venimos al mundo con conceptos predeterminados, sus famosas “categorías” o conceptos puros del entendimiento, con las cuales “armamos” lo que llamamos naturaleza. Estas categorías utilizan la información proveniente de los sentidos y la ordenan, clasifican y convierten en algo comprensible. En estos días tenemos el ejemplo de las computadoras, que no existía en el siglo 18. Estos aparatos vienen con un minúsculo programa, que se activa al encenderlas y comienzan un proceso de reconocimiento de los elementos que componen el sistema. Así nosotros venimos al mundo con un minúsculo aparato conceptual que se activa al entrar en contacto con la información sensorial. Filósofos anteriores consideraban que todos los conceptos venían de la experiencia misma, pero, de ser ese el caso, a cierto tipo de conocimientos obtenidos con los conceptos puros, los llamados “Juicios Sintéticos a Priori”,  les faltaría la necesidad y universalidad que los caracteriza. No podríamos afirmar con toda seguridad que todo evento depende de una circunstancia anterior en el tiempo sino que hasta la fecha no hemos encontrado uno que no cumpla dicha condición.

Pero las “categorías “ tienen una limitación: sólo sirven para conocer el mundo en tanto en cuanto sus objetos nos son dados a través de los sentidos, y es aquí donde aparece el tema central del pensamiento de Kant que consiste en determinar si es posible el conocimiento sintético “a priori” en la Metafísica. Esto suena muy técnico, pero significa simplemente que es preciso someter a prueba, a objeto de establecer su validez, los conocimientos obtenidos con la razón sobre los objetos que van mas allá de nuestra experiencia ordinaria y que no tienen ningún correlato en la sensorialidad,  tales como la inmortalidad del alma, el principio del mundo, la libertad y la existencia de Dios. Sobre estos conceptos, llamados por Kant “Ideas Trascendentales” para distinguirlos de los conceptos que encuentran su aplicación y sentido en la experiencia sensorial, habían hablado extensamente los filósofos anteriores, sin preocuparse de examinar la validez de los conocimientos obtenidos. Kant concluye que nuestro aparato cognoscitivo obtiene conocimientos exactos y verdaderos sobre las cosas cuando tiene el apoyo de la sensorialidad, es decir, cuando el objeto nos es dado a través de los sentidos, pero se engaña y se pierde en la ilusión cuando trata de establecer conocimientos sobre los objetos que, como los mencionados, no cumplen con esa condición.

5.      ¿Quiere decir eso que debemos negar la existencia de Dios?

Eso quiere decir que los dogmáticos de ambos lados, tanto los que afirman como los que niegan, deben callarse, pues ninguno tiene mejores argumentos que el otro para su afirmación. Particularmente pienso que el mensaje implícito es que debemos recurrir, para cualquier comprensión sobre estos temas, a facultades no racionales.

6.      Sobre la obra en su totalidad ¿Hay algo que te haya llamado la atención en particular?.

Me ha llamado poderosamente la atención la observación Kantiana sobre el hecho de que siendo estas ideas elaboradas por la razón a partir de sus reflexiones sobre el mundo físico, sean de absoluta inutilidad para la comprensión del mismo. En efecto, manifiestan una perfección y una grandeza tales  que no se observa por ninguna parte ningún ser que pueda alcanzarlas y más bien en este sentido  tienen hasta una utilidad negativa pues nos conducen por terrenos engañosos. Sin embargo, tienen una importancia enorme desde el punto de vista Moral pues la superación espiritual del Ser Humano sería imposible sin ellas. En efecto,  si no pudiéramos concebir la idea de la Inmortalidad del Alma tampoco tendríamos ningún estímulo para la superación espiritual.  Por eso se dice que la Teología en Kant es Teología Moral puesto que la existencia de Dios puede postularse por el sólo hecho de que el hombre, prácticamente un insecto desde el punto de vista cósmico, pueda tener conceptos tan extraordinarios como las Ideas Trascendentales y los conceptos morales, de utilidad cuestionable si consideramos sólo su necesidad de supervivencia.

7.      ¿Cómo calificarías la experiencia de aprendizaje con el Dr. Briceño?

En general como fuera de serie. Más valiosa que un Post – Grado en cualquier universidad nacional o extranjera. En cuanto a sus resultados, creo que el elemento central de la experiencia fue el de aprender a razonar. Con el solo hecho de asistir a los seminarios y observar cómo se trata cada tema, cómo se analiza desde diferentes ángulos y perspectivas, cómo se analiza a veces una palabra desde su origen y en sus diferentes significados, se aprende la importancia de definir clara y profundamente los conceptos, hasta en sus últimos detalles. Es un dificilismo inicial que facilita  posteriormente las cosas. En los asuntos cotidianos ocurre precisamente lo contrario: queremos  pastillas y recetas para hacer el menor esfuerzo. Este facilismo inicial se transforma después en obstáculos casi insalvables para la verdadera comprensión.

8.      Dicen que la obra Kantiana es muy difícil de entender ¿Tú qué opinas?

Que más difícil es el Código de Comercio. Especialmente el capítulo sobre la Letra de Cambio. ¿No has intentado nunca leerlo?. Yo lo he intentado un montón de veces y no me ha sido posible entenderlo. Tal vez sea por lo que comentamos sobre el hecho de que el facilismo inicial conduce a un dificilísmo posterior. A veces se intenta hacer las cosas tan fáciles para complacer al público que las ideas pierden todo contenido y se hace mucho más difícil su interpretación.

9.      ¿Qué le agradeces a la vida

En primer lugar, haber nacido en Carora. Los Caroreños somos medio campesinos  y medio citadinos, condición muy afortunada para el crecimiento espiritual, pues por un lado se tiene el conocimiento profundo de la relación con la naturaleza y por otro se es capaz de acceder al conocimiento abstracto. Me podrías decir, tal vez, que muchos pueblos en Venezuela cumplen también esa condición. Eso es verdad, pero en Carora existe un tercer elemento, que ya nos lo señalaba el Dr. Briceño en su conferencia: el contacto con el pasado. Es difícil encontrar pueblos cuyos habitantes pueden remontarse hasta sus ancestros  de hace quinientos años. En segundo lugar, agradezco pertenecer a la familia a la que pertenezco y haber conocido no solamente a mis familiares directos sino también a mis familiares políticos entre los cuales hay personas de los cuales he aprendido mucho. En tercer lugar, tener un tío como Luís Fernando Yépez, quien ejerció una gran influencia en nuestra formación intelectual, moral y espiritual. Y en cuarto lugar, y como culminación de un destino afortunado, haber tenido la oportunidad de conocer y ser alumno del Dr. José Manuel Briceño Guerrero, brillante intelectual venezolano a quién aprovecho para agradecer, en mi nombre y en el de todo el grupo de Carora, su gentileza en recibirnos en su aula y en su casa y en dedicarnos, con extraordinaria amabilidad y paciencia,  parte de su valiosísimo tiempo.

10. ¿Esperas algún resultado de esta entrevista?

Espero varios, puesto que en caso contrario la entrevista no tendría sentido. Hablar sobre estos temas es arriesgado, pues uno puede pasar por loco, por pretencioso o, por lo menos, por fastidioso. Pero la consideración de los resultados me impulsó a correr el riesgo. Ojala estas breves reflexiones pudieran ayudar a orientarse aunque fuera a alguna persona que, como yo, se encuentre extraviada en el sistema académico actual. Ese sería ya un primer gran resultado y con él me conformaría. También pudiera pasar que lo que hemos conversado sea de utilidad en caso de que se dé un proceso de revisión de nuestros programas de estudio. Eso sería extremadamente importante pues la verdadera revolución está en la educación. Un tercer resultado podría ser que alguien se interesara en el tema lo cual sería no sólo beneficioso para él sino para todo nuestro pueblo. El cuarto resultado es que nos respeten, que no se considere que por ser provincianos estamos condenados a no conocer a los grandes temas y pensadores de la humanidad o incapacitados para comprenderlos. Pero el resultado más importante para mí sería que lo expuesto nos ayudara a los caroreños a vencer la timidez intelectual. Observo esta timidez en todos los niveles, no sólo con respecto a los temas filosóficos, lo cual pudiera ser comprensible, sino también con respecto a los temas científicos y empresariales, los cuales pueden ayudarnos muchísimo en nuestra vida cotidiana.


 

El contador de estrellas
Ing. Juan Carlos Álvarez Yépez

 

 

 

"El contador de estrellas"

A la Memoria de Eustaquio "Taco" Gallardo.

 

 

I

Se quejaba el Creador un día

de que en el vasto Universo

tantas estrellas había

que, a pesar de sus esfuerzos

ya ni Él contarlas podía

 

II

Un ayudante requiero

- a los ángeles explicaba -

que me ayude a tener al día

las existencias del Cielo.

 

III

Este ayudante - agregaba -

Cualquiera no puede ser

del cielo debe entender

distancias y dimensiones

pues un trabajo Divino

sólo se puede emprender

libre el alma en su saber

de obstáculos y limitaciones

 

IV

Sólo en la Tierra se encuentra

los Ángeles respondieron

un alma capacitada

que cumple al pie de la letra

las condiciones buscadas.

Sin máquinas ni herramientas

de que la ciencia dispone

puede llevar las cuentas

de todo cuanto acontece

aunque acontezcan millones

 

V

Pero "Taco" que así se llama

este asombroso portento

del todo no está contento

con su terrestre destino

En su interior una queja

del alma ya resignada

se oye y aunque le deja

seguir su diario camino

alienta el anhelo divino

de una vida más elevada

 

 VI 

En el fondo de su conciencia

presiente que en esta vida

su especial inteligencia

ha sido desperdiciada.

Ese interés por las cuentas

de cifras tan elevadas

han de ser reminiscencias

de antiguas vidas pasadas

cuando sólo su mente ocupaba

en asuntos de trascendencia.

 

VII

 Me extraña cuanto me dicen

a los Ángeles Dios contesta

pues todos los habitantes

de ese pequeño planeta

destacan por ignorantes

sus mentes son tan estrechas

que no pueden comprender

las gigantescas dimensiones

del infinito acontecer

 

VIII

Hizo caso, sin embargo,

El Creador a sus consejeros

y para iniciar sin demora

la gran cuenta celestial

de inmediato a sus mensajeros

envió a buscar a Carora

a esa alma tan especial

 

IX

"Taco" está hoy en el cielo

y dichoso con su tarea

remite todos los días

las cuentas que Dios quería

cumpliendo el sagrado anhelo

Precisas en sumo grado

deslumbran por su certeza

pues todo acontecimiento

queda en ellas registrado

Así, complacido ahora

El Señor oye con esmero

A "Taco" al llegar la hora

de dar rendición de aquellas:

"Informe No 2

Galaxia No 3

Ochenta y Dos mil luceros

Quinientas mil y mil y mil... estrellas"