MONS. SALVADOR MONTES DE OCA, TESTIMONIO DE FE Y DE MARTIRIO

Dr. Otto Campos Quintero

08-03-2015

 

Especial, para www.encarora.com, desde Avezzano, Italia.

 

El “Instituto de investigaciones Científicas, Hermann González Oropeza”, llevará a partir del lunes 2 de marzo,  a efecto unas interesantes jornadas de estudios, sobre la vida de Monseñor Salvador Montes de Oca. Contarán con la participación de destacadas personalidades del Clero y del mundo laico. Y como no soy extraño a la figura del venerable mártir, me permito renovar aquí, algunas consideraciones personales sobre la vida de ese  honorable prelado.  

 

La figura de Monseñor Salvador Montes de Oca, resplandece en el acontecer humano  y espiritual, más allá de los limitados confines  del país, como una estrella en el firmamento durante una noche de travesía oscura en la inmensidad de un desierto. Es lustre que en las distintas etapas de sus sendas nos va definiendo señales de heroísmo, experiencias de santidad y glorias de martirio que son virtudes en los caminos a los horizonte ciertos, que preludian las luces de los destinos celestiales.

 

Solo que los círculos de la brutalidad humana, oscurecidos por el furor de las idolatrías al poder, al dinero y estimulados por el hedonismo que arrastra por el  mundanal de los transitorios placeres de la vida; no solo rechazaron  su exhortación al bien y a la conversión, sino que lo persiguieron, calumniaron y lo indujeron a la flagelación y a la muerte, pero la dimensión de su vida es un trazado de beatitud  y la luz de su espíritu es suave y dulce al alma,  como lo es el néctar de la flor después de transformado en  miel.

 

Consagrado con lealtad a la Santa Palabra del Evangelio, no se amilanó el Siervo de Dios, al peligro que significaba dar su testimonio de esa verdad que encarna la referencia histórica de la vida, pasión  y resurrección de Cristo; y con el celo de fiel pastor, asumió el riesgo de colocarse en primera fila a luchar contra las violaciones a los principios y valores de la fe católica.


Reconfortado por la ilustrada esencia y fortaleza espiritual que representa el mensaje del divino Mesías, sin hacer cálculos de la comodidad personal, ni medir las consecuencias que implicaba combatir las injusticias. A la luz de la piedad y compasión cristiana, criticó los innumerable abusos y atropellos, que con arrogancia, soberbia y desprecio a la existencia humana, incluidos toda clase de modelos de los extremos del mal; como todavía lo vemos suceder, cuando quienes en determinados momentos se sienten poderosos y amos de los destinos de los demás.

Monseñor Montes de Oca, con su talante de verdadero apóstol por vocación natural y mártir por amor y lealtad a la obediencia de los preceptos celestiales, no se sometió ni rindió a las múltiples presiones de las fuerzas del mal que lo acecharon, porque nutrido de esos presagios  de vida reservada a quienes saben hacer historia por voluntad Suprema y expandir la atmósfera del efluvio beatífico; cuando apenas las fibras de su plasticidad cerebral comenzaban a hilvanar las luces de sus primeras ideas, ya anunciaba su voluntad de llegar a ser un pastor del almas, como en efecto lo fue y lo sigue siendo con su ejemplo de vida y virtud de mártir por devoción, porque el amor a Dios y  al prójimo que alojó en su corazón, en su alma y en su mente fue mucho más grande que la violencia de sus perseguidores políticos; que la vileza de la calumnia; y de igual manera, su misericordioso perdón fue mucho más longánimo que el daño que le provocaron quienes atizaron el fuego de la envidia y del abandono, para que lo devoraran las garras de sus perseguidores y se consumiera en la soledad del limbo.

 

Pero ese pantano de miserias humanas de las cuales se valió  el diablo, para unir con los lazos de las insidias y la ceguera del corazón de algunos eclesiásticos, no tardó en provocar desavenencias por el reparto de prebendas burocráticas, hasta llegar a recurrir a él, para la solución al problema, pero el santo Obispo, no sucumbió a las tentaciones del demonio y rechazó toda propuesta. Seguramente que ya Dios,  le había trazado el camino de su pasión al Calvario.

 

Y Aunque si Venezuela se vio privada de un santo prelado. El santo Salvador Montes de Oca, venció las sombras del pecado, las fuerzas del mal y la oscuridad de la muerte, porque como dijo el divino Redentor: “el que pierde la vida por mí, la encontrará”. Y Monseñor Montes de Oca,  como testimonio y martirio encontró esa vida y es luz de beata esperanza para los mantos de los altares; confianza de divina y eficiente intercesión, para los fieles, que como el suscripto, han encontrado en su figura una vigorosa fuente, para caminar seguro en la búsqueda de la insondable misericordia de Dios.