El animal histórico

LA ENCICLOPEDIA LARENSE

16-03-2010


Primera noticia sobre Curarigua: “Día 16 de agosto de 1776, salimos de Carora a las quatro y media de la mañana y llegamos a las nueve y media de la misma mañana al sitio que llaman el paso del río Curarigua de Leal, distante siete leguas y media, sesteamos a la orilla del río. A las tres y media salimos y a las siete y media llegamos al dicho valle de Curarigua de Leal, a la hazienda de trapiche de don Ildefonso Escalona, distante cinco leguas y media”. “El dicho valle de Curarigua de Leal tendrá unas cinco leguas de largo, donde hay  algunos trapiches y otras labores, y el río passa por medio de dicho valle y da bastante agua para regar”, “es valle fresco”, “viven allí mucha gente”. “Hay dos Oratorios, uno en el trapiche o hazienda de dicho Escalona, vezino del Tocuyo, esto es, un cuarto de legua distante de dicha hazienda, río abajo, y otro en el ingenio del doctor don Francisco Xavier de Oropesa, vecino de Carora, distante uno y otro Oratorio dos leguas y media y cerca de tres leguas, el del dicho doctor Oropeza, está río arriba” (Obispo Mariano Martí, Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas 1771-1784, Libro Personal; Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 95, Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Caracas 1969, págs. 340-341). Tocuyanos y caroreños poblaron el Valle del río Curarigua; en el siglo XVIII y posteriormente ese fue el límite entre las jurisdicciones de esas ciudades históricas. De Curarigua era mi abuela materna Rosario Jiménez Zapata, casada con mi abuelo caroreño Felipe Montero. Mi noble amigo caroreño Rafael Enrique Herrera tiene casa en Curarigua. Recuerdo sus casas “coloniales”, su calle empedrada y limpia, la raza de burros de “ojos azules”. Y a un historiador que alcanzó fama y honra, Don Rafael Domingo Silva Uzcategui.

           
La historia de Curarigua está contada en un libro titulado Historia menor de Carora y sus pueblos; su autor Renzo Begni fue sacerdote en alguna de las parroquias de la ciudad que ya no se pelean los tres apellidos de principios del siglo XX: el Padre Oropeza, el Padre Álvarez y el Padre Gutiérrez, tres nombres que aún resuenan en torno a la Iglesia de San Juan, frente a la Plaza Bolívar (Biblioteca de Autores y Temas Torrenses, 8, Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Carora 2002, nuevo Alcalde el Licenciado Francisco Javier Oropeza Álvarez; se no se ocupa de libros ni de cultura, para qué, el alcalde que no es el pueblo Fuente Ovejuna).

           
Segunda noticia sobre Curarigua: “Municipio del Distrito Torres con 569 casas y 3.858 habitantes. El pueblo de Curarigua de Leal fue fundado en 1610 a la vez que Sanare y Chabasquén, por Don Francisco de la Hoz y Berrío, según consta de las escrituras sobre límites de los terrenos de indígenas de Cubiro. Al principio tuvo Curarigua una sola Capilla servida por el Cura de Barbacoas, y para el año de 1776 constaba de 62 casas con 559 habitantes y dos capillas, de las que se erigió una Iglesia parroquial el día 9 de noviembre de 1780. Esta población está situada en el hermoso y fértil valle de su nombre, que es uno de los más bellos del Estado” (Lara). Se encuentra esa noticia histórica en el Diccionario histórico, geográfico, estadístico y biográfico del Estado Lara por Telasco A. Mac-Pherson; Barquisimeto, 1883, Puerto Cabello – Imprenta y Librería de J.A. Segrestáa, 80 – Calle de Colombia – 80, página 157).

           
Ahora bien, porqué este mal cronista, aficionado a los libros viejos, raros y curiosos trae a cuenta al pueblo de Curarigua; pues porque allí nació Don Rafael Domingo Silva Uzcátegui el 25 de julio de 1887. Morirá en Caracas el 18 de diciembre de 1980 después de prestar servicios de distinción al Estado y de escribir libros de alta resonancia en la cultura venezolana y en la lengua castellana. No he querido consultar sobre su ilustre papá a mi amigo Carlos Rafael Silva, de tal palo tal astilla.

           
En el Diccionario de Historia de Venezuela (Fundación Polar, Segunda edición 1997, 3, págs. 1134-5) se recoge una breve biografía de este curarigüeño ejemplar: escritor, periodista, recopilador; sus padres Don Rafael Silva Riera (apellidos caroreños) y Doña Isabel Uzcátegui. Su educación primaria en su pueblo, en Barquisimeto y Caracas. Estudió agronomía y botánica; luego autodidacta, como Cecilio Zubillaga Perera. Diputado por su Estado entre 1939 y 1943, López Contreras y Medina Angarita. Creó la Junta Nacional Protectora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación que ha sido deshuesado en esta intemperie política, económica, social y cultural llamado Patria, Socialismo y (o) Muerte.

           
Pero la heredad intelectual, histórica y moral del curarigüeño Don Rafael Domingo Silva Uzcátegui es esta: Historia crítica del modernismo en la literatura castellana, publicada en Barcelona, España, en 1925, “galardonada por la Real Academia Española”; Psicopatología del soñador, de 1931, “elogiada por Gregorio Marañón”. Historia biológica de Bolívar, 1954, y la Enciclopedia Larense, 1941, 1942. Escribió en periódicos y revistas, naturalmente en El Impulso y también en El Universal.

           
En la biblioteca donde vivo están, leídos y clasificados, los dos tomos de la Enciclopedia Larense – Geografía, Historia, Cultura y Lenguaje del Estado Lara, tomo I, Geografía; tomo II, Historia (Impresos Unidos, Caracas 1941, 1942). Enciclopedia, todo el ámbito, toda la existencia, el paisaje, la gente, los usos, las costumbres de una región, consustanciada con la historia de Venezuela, que no es Caracas ni Miraflores.

Guillermo Morón

Caracas,  23 de Enero  de 2009




El animal histórico

Don Ignacio Zubillaga

05-06-2009

La ciudad  que fundara el Capitán Don Juan del Tejo en 1569 y asentara donde ahora se encuentra el Capitán Don Juan de Salamanca en 1571 ha tomado cuerpo, sin tomar en cuenta que su río llamado Morere en lengua indígena “se seca cuando quiere” como con una cierta ironía escribió Fray Pedro Simón (1581-1623) en sus Noticias Historiales. Aunque no sea oportuno puedo mencionar aquí un curioso libro sobre Heráldica que posee Don Tomás Stor, inédito. Tuve oportunidad de mirarlo y anotar el nombre de su autor Enrique Mendoza Solar, quien trazó el mapa de Caracas cuando el Centenario de la Independencia. ¿De dónde habrán sacado que este año enrevesado se cumple el Bicentenario de los procesos independentistas en Bolivia?. En 1809 no existía Bolivia, esa República creada caprichosamente por Bolívar en 1825. “El Poder y la Gloria” fueron sus ambiciones, no el dinero ni el deseo desaforado de mantener “cachorros”. En ese libro aparece una nota de Manuel Landaeta Rosales sobre el Fundador Salamanca y una descripción con dibujo del escudo de armas de ese antepasado de Carora.

No son caroreños desde el siglo XVI los Zubillaga. Pero el apellido está enraizado en el País Vasco, en Guipúzcoa, ese antiquísimo pueblo enclavado entre España y Francia cuyo idioma tiene gramática pero no escritura. Don Miguel de Unamuno (1864-1936), el gran escritor de la lengua castellana, era vascuence y dijo un día: “Los vascos no datamos”. De esa antigüedad remota vienen los Zubillaga de Carora. Uno de ellos, Don José María Zubillaga Perera (1875-1944) puso en orden el “Origen de la familia Zubillaga” (Procerato Caroreño, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Estudios, Monografías y Ensayos, 74, Caracas 1986, Apéndice 2, págs. 217 ss.): “El fundador de este apellido en Carora, fue Dn. Agustín Luís de Zubillaga e Irady, natural de San Sebastián, hermosa capital de Guipúzcoa, en el Reino de España”. Don José María estaba orgulloso de esa naturaleza antigua. ¡Sólo los tontos escupen para arriba!

El acucioso historiador Ambrosio Perera (1904-1977), también caroreño, estudió a la Familia Zubillaga desde aquellos orígenes (1342, 1461, 1566, 1708, 1750) y, naturalmente, con el fundador caroreño Don Agustín, quien se hace venezolano en la ciudad el 3 de noviembre de 1823. Pero no se trata aquí de esa genealogía sin receso hasta nuestros días, sino de colocar en la historia a uno de los descendientes. En el Historial Genealógico de Familias Caroreñas de Perera aparece: “Doctor Ignacio Zubillaga, graduado de médico en la Universidad Central de Venezuela, y especializado en los Estados Unidos de América en endocrinología. Ejerce su profesión en Caracas, donde goza de merecido crédito. Casó con doña Carmen Atala Perera Riera” (Tomo Segundo, Segunda Edición, Caracas 1967, pág. 89). Fuimos amigos, lo seré hasta el último día.

Don Rafael Zubillada casó con Doña Corina Herrera el 5 de junio de 1913. Nueve hijos nacieron de aquella unión. Conocí a Don Teodoro, doctor en Farmacia, ilustrado y generoso. Cuando apareció la primera edición de la única Historia de Venezuela del siglo XX (1971), en cinco tomos, Don Teodoro me compró el primer ejemplar. También fui amigo de Eduardo Zubillaga en Barquisimeto. Pero cuantos conocí en Carora, en Barquisimeto y en Caracas no es el asunto. Los Zubillaga llenan la historia de Venezuela con uno de ellos, Don Cecilio Zubillaga Perera (1887-1948) el Maestro por excelencia. Publiqué sus Obras Completas en nueve tomos menos dos que conservo: los escritos, de Cultura y el Diario Personal. Tendrían que honrarlo muy fácil: entregar su Archivo a la Academia Nacional de la Historia.

Mi amigo Ignacio Zubillada Herrera dejó viuda a su noble esposa caroreña Doña Carmen Atala Perera Riera en la madrugada del jueves 28 de mayo de este año tan oscuro. Había nacido en Carora el 5 de marzo de 1925. Estudió en Mérida y en Barquisimeto su Primaria y Secundaria; en 1950 se convierte en Médico Cirujano por la Universidad Central de Venezuela nada menos que en la famosa Promoción Augusto Pisuñer, gran maestro. En 1951 se va a la Universidad Duke de Estados Unidos, el imperio que ya no lo será por mucho tiempo, a cursar Post-grado y a ejercer en el Hospital. Dedica 1954-1955 a su profesión de Médico Endocrinológico en The Mount Sinaí Hospital de Nueva York. Pero es venezolano y caroreño: 1956-1975 en el Hospital Vargas, 1975-1987 en la Maternidad Concepción Palacios, 31 años Docente, sin paga,  por nobleza, en Pre y en Post Grado en el Vargas y en la Concepción Palacios, y 40 años en su profesión hipocrática y en su hogar, buen esposo, buen papá, noble amigo, Caracas y Carora, la antigua casa de los Zubillaga y de los Perera.
 

 

Guillermo Morón

Caracas,  05 de Junio del 2009




El animal histórico
YA NO HAY VENEZUELA

05-05-2009

La expresión, terrible, dolorosa, es de una canaria, nativa de las Islas Canarias, concretamente de Tenerife; en su capital, La Laguna, se ha  concentrado el ejercicio del Poder antes y después de Francisco Franco “Caudillo de España por la Gracia de Dios”. El caudillismo es una vieja dolencia histórica que España heredó de los árabes y nosotros, hispanoamericanos y venezolanos, heredamos de España. Los caudillos del siglo XVI fueron los llamados conquistadores, los portadores del idioma, de los usos y costumbres, de la religión y de las mañas. Una de esas mañas es el caudillismo. Se amansó durante el siglo XVII. Desapareció en el culto, civilizado y ennoblecido siglo XVIII, cuando se forma esto que llamamos Venezuela. Sin el siglo XVIII, que también aquí fue ilustrado, no habría habido República en el sentido político, en cuanto Estado de Derecho. Cada Provincia habría sido una República: la de Margarita, la de Cumaná, la de Guayana, la de Mérida, la de Maracaibo, la de Barinas y la de Caracas. El Rey Don Carlos III, Ilustrado, produjo la unidad entre 1776 y 1793. Por eso la Constitución de 1811 pudo acogerse al principio de “se hereda lo que se poseía”, la Venezuela de dos millones de kilómetros  cuadrados y un millón de habitantes “venezolanos”.

La canaria de Tenerife, alcaldesa que fuera hace poco de La Laguna, Ana María Oramas, es activista en el partido político “Chicharrero” llamado Coalición Canaria. En Gran Canaria, la otra isla mayor del histórico archipiélago de los “guanches”, llaman “chicharreros” a los tinerfeños por razones de rivalidad histórica y los guanches es el nombre colectivo de los indios que habitaban las Islas Canarias antes de su conquista por los españoles. Colón no tuvo nada que ver en ese proceso histórico. En sus Viajes se abastecía de agua, leña, víveres y marineros en esas Islas famosas. Tal vez fueron La Atlántida que ilusionó a Platón.

En el sistema democrático de España las Autonomías son las comunidades, un federalismo de Provincias contemplado en su Constitución. El Rey reina, pero no gobierna. Las lenguas se respetan, pero no se estorban. El Socialismo no es del siglo XXI, sino simplemente moderno. La única lengua distinta a la tradición greco-latina es la vascuence, la que hablaba Don Miguel de Unamuno, “yo no dato” decía: En la práctica política el Reino de España es un Estado descentralizado, un federalismo armónico, todos son españoles, cada quien es de su autonomía. La Comunidad Autónoma de España llamada Canarias tiene 7.447 km2 y unos dos millones de habitantes en sus siete islas que conforman dos Provincias: Las Palmas de Gran Canaria, con Fuerteventura y Lanzarote, las tres orientales, y Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro las occidentales. África está tan cerca que los vientos llenan de arena a las que encuentran en su camino.

Los canarios llegaron a Venezuela desde el primer día. Se suelta una canoa en cualquiera de las Islas y las olas de la mar la depositan en cualquier pedazo de la Costa desde Paraguaná a Paria. Por eso los canarios hablaban de su “octava isla” llamada Venezuela. Mi amigo y compañero de la Universidad de Madrid Alfonso Armas Ayala (se murió antes de tiempo) fundó Instituciones en Las Palmas de Gran Canaria, su hogar: La universidad que tiene hoy (me lo dice Don Antonio Rivero) 25.000 estudiantes, el Museo Benito Pérez Galdós, el clásico de Los Episodios Nacionales, y La Casa Colón que los canarios no hacen el ridículo tumbando sus monumentos. Alfonso fue gran venezolanista. Como Don Antonio Rivero, quien vivió en Caracas desde 1951 hasta 1972. Su moderna Librería de Las Palmas nació en la Segunda Transversal de Sabana Grande, frente al hogar del gran escultor Juan Jaén, canario venezolano. Esa librería se llama Canaima.

¿Ha leído usted en las abundantes y dolorosas páginas rojas o escuchado en las cotidianas y sobrecargadas malas noticias que un canario es el autor de un crimen, de un robo, de un secuestro, el pan nuestro amargo de cada día en la Venezuela de estos días? Los canarios poblaron la tierra venezolana siglo a siglo, pueblos enteros (Panaquire), cuidades (Valencia), valles (Quíbor), el arte (Juan Jaén), la universidad (Agustín Millares Carlo).

Pero “ya no hay Venezuela” para los canarios. “Ya no hay Venezuela” para los venezolanos. Habrá que rehacerla por las buenas o por las malas.


Guillermo Morón 

Caracas,  30 de abril  de 2009




El animal histórico

FEDERACIÓN, FEDERACIÓN, FEDERACIÓN


09-12-2008

El Estado de Derecho monárquico toma cuerpo y se asienta durante trescientos años. En Venezuela se prolonga hasta 1821 cuando cesa en sus funciones de administración de justicia y acción política la Real Audiencia de Caracas establecida en 1786. La documentación se encuentra en el Archivo de la Academia Nacional de la Historia a la espera de los investigadores. El Sesquicentenario de la Independencia fue celebrado por esa Institución espléndidamente: Se publicó una Biblioteca de cincuenta y tres volúmenes. Lo se muy bien porque estaba allí y fue mi trabajo con un caballero como Director que aprobó con fuerza aquella tarea: Don Cristóbal L. Mendoza. Si en algo pudiera sobresalir la conmemoración y celebración del Bicentenario (19 de abril 1810 – 19 de abril 2010 – 5 de julio de 1811 – 5 de julio 2011) sería, entre otros eventos tal vez en mientes, la publicación de ese Archivo con los Estudios apropiados.

La Colonia es una equívoca palabra histórica. La organización provincial es mas compleja con sus Leyes y autonomías que Don José de Abalos, el primer Intendente de Ejercicio y Real Hacienda con quien comienza, en 1776, la unidad de Venezuela, planteó para cuatro o cinco Estados independientes (México, Nueva Granada, Perú, Buenos Aires y, acaso, Venezuela con Cuba y Puerto Rico). La idea de una Federación puede rastrearse, investigarse, intuirse, ya en la segunda parte del siglo XVIII. Una antigua costumbre de los cabildos y ayuntamientos – raíces de los Municipios y Alcaldías – demuestra que los gobiernos municipales fueron bases de descentralización del Poder, que la antigua teoría y práctica de la soberanía popular no es una invención del Estado de Derecho Republicano. “Se acata pero no se cumple”. Pues esa es la lección para los venezolanos de esta intemperie.

El sabio Lisandro Alvarado (1858-1929) publicó una Historia de la Revolución Federal en 1909 (Obras Completas, Vol. V, Ministerio de Educación, Caracas 1956). Allí se cuenta, puntualmente, esa terrible hecatombe que marca todo lo demás ocurrido en la Venezuela hasta Juan Vicente Gómez. Ahora bien, esa guerra se hizo contra el centralismo. Basta con leer la Orden General para hoy 23 de febrero de 1859 firmada por Ezequiel Zamora: “…proclamando el sistema federal de las provincias…”, “La moral, el orden, el respeto a la propiedad privada…”, “…la generosidad y clemencia con el vencido…”,  “¡Viva la federación! Viva la verdadera república! Viva, y para siempre, la memoria de los patriarcas de nuestra independencia, de los hombres del 5 de julio de 1811, los que en el acta gloriosa dijeron a los pueblos: federación! Que se cumpla pues, después de tantos años”.

Muy útil sería recordar la proclama que Zamora publica el 25 de febrero de aquel año 1859 en Coro: allí se establecen los lineamientos de la República Federal de Venezuela que tendrá veinte Estados federales: “Libertad absoluta de la prensa”, “Libertad de tránsito, de asociación, de representación y de industrias”, “Inmunidad de la discusión oral  en toda especie”, “Independencia absoluta del poder electoral, que ni antes de su ejercicio, ni durante su ejercicio, ni después de él, dependa de ninguno de los funcionarios de los demás ramos de la administración”.

Y todo lo demás que se llevó el viento y redujo a cenizas la matanza de Santa Inés, olvidaron los dictadores y anegaron las aguas de la demagogia. Cito dos cláusulas para la memoria de hoy: “Libertad civil y política individual, consistente: 1º en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; 2º en la facultad de hacer sin obstáculo, licencia o venia, todo lo que la ley no haya expresamente calificado de falta o delito”; “Seguridad individual: prohibición del arresto o prisión del hombre sino por causa criminal, precedida la evidencia de la comisión de un delito, y los indicios vehementes de la culpabilidad”.

Pero la Federación y sus postulados fueron letra muerta. Ezequiel Zamora era “Duro con el partidario, implacable con el enemigo, imponía disciplina al uno y terror al otro”, “La piedad no hallaba abrigo en su alma, la sonrisa no plegaba jamás su boca, eternamente contraída por la tensión de un espíritu en la cual no había sino una pasión, pelear, y un deseo, triunfar”.

La Constitución de 1811 fue federal, la de 1864 se llama Constitución de los Estados Unidos de Venezuela, la de 1999 ordena la descentralización. Pero “la Constitución sirve para todo”, retumba el dictador José Tadeo Monagas. Retrato de Ezequiel  Zamora en 1847: “Pelo rubio panzudo y bastante poblado, color blanco y algo catire, frente pequeña, ojos azules y unidos, nariz larga perfilada, boca pequeña y algo sumida, labios delgados, barba roja y escasa, estatura regular, cuerpo delgado, muy enjuto de muslos y piernas manetas. Tiene las manos largas, descarnadas y cubiertas de un vello áspero: los pies son también largos y flacos: es de un andar resuelto y tendrá como treinta años de edad”. Y gritará después: “Viva la Federación, abajo el Centralismo”.

 Guillermo Morón

Caracas, 9 de Diciembre del 2008  




El animal histórico

EL HISTORIADOR NECTARIO MARÍA

03-12-2008

Don Juan Bautista Franco creo que se llamaba Don Tita Franco el maestro del Quinto Grado de Primaria en la Escuela Federal Graduada Egidio Montesinos de Carora. La maestra del Cuarto Grado fue la Señorita Olga Oropeza de la estirpe de Don Ramón Pompilio Oropeza, humanista, fundador del Colegio La Esperanza en 1890 que dirigió durante cuarenta y seis años. No se ha extinguido aunque haya cambiado de nombre, como se mantienen vivos el nombre y la herencia moral y cultural del fundador en su ciudad de Carora. El maestro y la maestra enseñaban dos “materias” consideradas en aquel tiempo (la Era Gomecista y los comienzos de la Democracia Lopecista, por López Contreras el fundador de la Democracia en la Venezuela del siglo XX) como fundamentales en el proceso educativo de los venezolanos: la Historia de Venezuela y la Geografía de Venezuela.

Historia y Geografía eran obligatorias en los Programas de Educación Primaria de seis grados y de Secundaria de cinco años hasta la Reforma educativa de 1980 que unió los seis grados con los tres Primeros años del Bachillerato en el Ciclo Básico Común de nueve años. Lo que no se supo ni se ha sabido implementar es el Ciclo Básico Común de dos años. Los Ministros de Educación desde 1980 hasta el 2008 no han sabido o no han podido entender que el Bachillerato pasó de moda hace mucho tiempo. Pero ese es otro asunto.

El texto de Historia de Venezuela y también el de Geografía de Venezuela por los cuales estudiamos Primaria y Secundaria varias generaciones en el siglo pasado fueron escritos por el historiador, geógrafo y pedagogo llamado Hermano Nectario María. Y la costumbre era sencilla: el maestro y la maestra daba la lección a su manera, de acuerdo con sus talentos y saberes. Los alumnos estudiábamos en casa cada Lección en el texto. Lo aprendíamos de memoria: “Bolívar tenía los dientes muy blancos que cuidada con esmero”, la cita con la cual empezaba la biografía de El Libertador en el Capítulo dedicado a La Independencia.  Es de O’Leary porque el historiador Nectario María preparó sus manuales con mucho cuidado, fundamentado en las fuentes.

¿Quién recuerda al Hermano Nectario María?. En Barquisimeto lleva su nombre una Avenida mal escrito el nombre. El Presidente Luís Herrera Campins (llegó pobre a Miraflores y regresó pobre a su casa con la misma esposa, y murió pobre, pero honrado, una vieja condición de los venezolanos pobres pero honrados, todavía hoy o quizá mas pobres que nunca y mas honrados que nunca los venezolanos sin Poder). Seguramente fue durante el gobierno de Luis Herrera Campins, quien estudió en el colegio La Salle, cuando se honró al gran educador. Porque esa manía de tachar nombres y de alterar, con adulterio, los nombres y los hechos históricos no va a prosperar.

El Profesor Hermano Nectario María enseñó en el Colegio La Salle de Barquisimeto Historia de Venezuela y Geografía de Venezuela desde 1913 hasta 1955, cuarenta y dos años sin cansancio. Veinte ediciones se publicaron de su Historia de Venezuela y dieciséis de su Geografía de Venezuela. Pero el investigador es incansable. Sus libros continúan en las librerías y en las bibliotecas públicas y privadas. Un discípulo suyo llamado David Rodríguez Chacón publicó en 1986 su Hoja de vida e índice de publicaciones del reverendo Hermano Nectario María. En la Academia Nacional de la Historia y en el Archivo General de la Nación se conservan copias de los documentos relativos a la historia de Venezuela cuyos originales se encuentran bien clasificados, en el famoso y extraordinario Archivo General de Indias, la historia de Hispano-América durante los siglos XVI, XVII y XVIII, Reino por Reino, Provincia por Provincia. Allí pasó muchos años el historiador Hermano Nectario María.

La fundación de las ciudades venezolanas fue una de las preocupaciones de ese ilustre venezolano nacido en un pueblo francés el 28  de octubre de 1888 – hace 120 años – y muerto en Caracas, cristianamente, el 3 de octubre de 1986. Puedo mencionar algunos títulos que conozco bien: Orígenes de Valencia, 1970 (Valencia del Rey que por eso el escudo de la ciudad recuerda aquella historia); Orígenes de Carache, 1969; Historia documental de los orígenes de Acarigua, 1964; Historia documental de la fundación de La Victoria, 1967; Historia de la fundación de la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, 1952; Fundación de Angostura, hoy ciudad Bolívar, 1964; Los orígenes de Maracaibo, 1959; Los orígenes de Boconó, 1962 y otros clarificadores, bien documentados, acerca de los procesos fundacionales de Venezuela,  como Los indios Teques y el Cacique Guaicaipuro, 1975, y la fundamental Historia de la conquista y fundación de Caracas, 1966, que no se le puede cambiar ni una coma por muchos amagos y ganas de adulterar documentos que se hayan hecho, “Caracas, allí está”, escribió el poeta de Vuelta a la Patria, y allí continuará hasta cuando haya Venezuela.

Por supuesto que el historiador Hermano Nectario María se ocupó de Miranda, de Bolívar, de la Independencia, de los próceres civiles y de la historia de Nuestra Señora de Coromoto, de Chiquinquirá, la Zuliana, y de la Virgen del Valle en Margarita. Un historiador a tiempo completo. 

Guillermo Morón

Caracas, 3 de Diciembre del 2008  




El animal histórico

EL HUMANISTA LUÍS BELTRÁN GUERRERO

19-11-2008

Están por aquí cerca dos retratos del pintor y escultor caroreño J.T. Arze,  cuyo nombre no figura inexplicablemente en el Diccionario de Historia de la Fundación Polar ni en ningún otro de los que conozco; un creyón de una bella señora de 36 años, caroreña de Curarigua, mi abuela materna Doña Rosario Giménez  Zapata de Montero, y otro de un apuesto muchacho de diecisiete años, bien peinado, bien vestido, corbata de lacito, de anteojos, Luís Beltrán Guerrero: “En su mesa de estudio - Dibujo de J.T. Arze – Caracas abril 26 de 1931”. La obra de Arze se encuentra dispersa en casas caroreñas y, me parece, de caroreños en otras ciudades. Aquel gran médico y humanista llamado Pastor Oropeza (1901-1991), quien regresó a su ciudad del Morere para morir entre los suyos, tenía un Arze, retrato (me parece recordar) de Ildefonso Riera Aguinagalde (1834-1882) demócrata liberal del siglo XIX  sobre quien escribió  con mucho acierto el periodista Luís Oropeza Vásquez, todos caroreños.

En 1931 Luís Beltrán Guerrero formaba parte activa, naturalmente, de la Redacción de Fantoches, el todavía famoso semanario de Leoncio Martínez, y también en El Universal. En este periódico que llegaba a Cuicas (Municipio del Distrito Carache, Estado Trujillo) con una semana de retraso desde cuando pasó por el caserío Casa de Zinc la carretera trasandina, al menos desde 1925 cuando se estableció en el pueblo la maestra de escuela para niñas Doña Rosario Montero de Morón, publicó Guerrero sus Candideces, la proficua, iluminada obra central de su humanismo, largos años, consecuente trabajo erudito, con prosa clásica.

Luís Beltrán Guerrero: “1914 – Nació en Carora, Estado Lara, el 11 de octubre. Hijo de Dolores Guerrero y de Alejandro Meléndez Doña Dolores Guerrero era nieta del General José Paulino Guerrero y pariente Cercano del General Ramón Urrieta, prócer de la federación” (Luís Beltrán Guerrero, Ensayos y Poesía, Biblioteca Ayacucho 192, Caracas 1994, 420 págs. Selección, prólogo y cronología Juandemaro Querales. Bibliografía: Juandemaro Querales y Horacio Jorge Becco. Cronología, pág. 397).

Toda la Obra Poética de Luís Beltrán Guerrero fue publicada en un volumen de 262 páginas, 19.5 cms., Caracas 1997 (Fundación Guillermo Morón, Italgráfica, S.A.). En la contraportada escribí: “En la madrugada del viernes 16 de mayo de 1997 murió el gran poeta Luís Beltrán Guerrero en su casa-museo, Biblioteca y Soledad de Caracas. Había nacido en la histórica ciudad de Carora el 11 de octubre de 1914. Corrigió las pruebas de este volumen y leyó el prólogo de quien lo conocía de cerca y admira toda su obra en prosa y en verso. Un gran silencio, una sombra de tristeza, cubrió a las auténticas letras de la lengua castellana en la Venezuela del siglo XX. Murió el último humanista, gran humanista, de esta tierra áspera y dura”.

La obra ensayista de Guerrero comenzó en su adolescencia, en El Diario de Carora, en El Impulso de Barquisimeto. Escribió, escribió, escribió. Sobre la Lengua, sobre la Poesía, sobre Historia, sobre el Modernismo, sobre Hispano-América, sobre novelas. En libros cortos y bien cortados. En 1962 comenzó a editar en volúmenes sus Candideces, Primera Serie, hasta la Décima séptima Serie de 1995 que le editó la Academia Nacional de la Historia. Todas fueron publicadas en El Universal, periódico al que se apegó como lo hiciera Pascual Venegas Filardo, poeta, crítico, geógrafo y hombre de ilimitada generosidad.

Muchos críticos, gente de letras ellos y ellas, han dado testimonio sobre la obra de Luís Beltrán Guerrero. Pero la memoria venezolana es corta, sobre todo cuando la sombra política intenta cubrir a nuestros grandes en letras y en cualquiera de las otras tareas que marcan el destino del pueblo venezolano.

Pudiera traer a cuento y a cuenta las numerosas referencias que en libros y folletos, en crónicas y comentarios, se hicieron, se publicaron, sobre nuestro humanista, venezolanos, hispanoamericanos, españoles. En el volumen de la Biblioteca Ayacucho (¿se ha extinguido ese aporte fundamental de Venezuela a las Letras Hispanoamericanas?) se mencionan desde Antonio Álamo (1873-1953) en su Libro Revuelto que publicara la Editorial Cecilio Acosta en 1945-1946, hasta Luís Villalba Villalba en su artículo Letras Venezolanas: Luís Beltrán Guerrero (El Universal, 2 junio 1976). José Ramón Medina, Juan Liscano, Pascual Venegas Filardo, Felipe Massiani, Alexis Márquez Rodríguez, tres generaciones de escritores supieron y admiraron al humanista Luís Beltrán Guerrero. Está su nombre en la historia.

Por cierto, Juandemaro Querales, escritor caroreño a quien llaman El Solitario, ha enviado un recado por diversos lugares (periódicos, correo electrónico, computadoras) a Simón Alberto Consalvi: incluya al humanista Luís Beltrán Guerrero en su Biblioteca Biográfica Venezolana. Y reta: yo escribo esa necesaria biografía: ¿Y las Obras  Completas no corresponden a la Universidad Centro-occidental Lisandro Alvarado (UCLA) de Barquisimeto?. Porque la Alcaldía apagó su fuego editorial en Carora.

Guillermo Morón 

Caracas, 19 de Noviembre del 2008  




El animal histórico

ESO FUE HACE MUCHO TIEMPO

07-11-2008

Hace mucho tiempo, tal vez un millón y medio de años, la especie humana (el homo erectus, el bípedo que piensa y habla) logró diferenciarse de un curioso y todavía existente en algunos lugares remotos, lejos de la Guayana y del Amazonas, pariente llamado chimpancé. Los científicos son los encargados de relacionar a esas dos especies gracias al descubrimiento del genoma humano. Aquel sabio Darwin (1809-1882) estableció la teoría de La Evolución de las especies (1859) después de que Carlos Marx empezara a confundir a los políticos y a los politólogos (un término inventado por los historiadores y sociólogos alemanes hace ya mucho tiempo. Pero hace mucho tiempo más que el Antiguo Testamento dio testimonio escrito sobre la creación del hombre por Dios, con lo cual apareció una Religión, que Religión significa “yo creo” con lo cual, hace ya mucho tiempo, empezó esa interminable batalla de las Religiones que en esta parte del mundo son tres principales, en orden cronológico, la Judía, la Cristiana que aquí lo que somos es Católicos, y la musulmana, cuyo libro sagrado puede y debe leerse en castellano, llamado El Corán. Tal vez, antes del Apocalipsis, logren los teólogos y la gente común y corriente, entender que el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y El Corán quieren ordenar un mismo sistema de convivencia llamado Paz. Pero para eso hace falta mucho tiempo, tal vez más del mucho tiempo que ha pasado desde esas Escrituras Sagradas.

Pero lo que quería poner en esta modesta página era otra referencia, no tan lejana en el espacio ni en el tiempo, pues la historia tuvo lugar aquí, en nuestro modesto vecindario llamado Venezuela desde cuando el cartógrafo Juan de la Cosa (1449-1510), compañero del Descubridor de la costa venezolana desde Paria hasta el Cabo de la Vela que incorporó a la Guajira y al Golfo a la Provincia de Venezuela (Gobernación y Capitanía General desde 1527 hasta cuando se perdió con el Valle de Upar y el Casanare en manos débiles, 1941) llamado Alonso de Ojeda, puso (Juan de la Cosa) el nombre de Venezuela encima de Los Monjes que es el perdurable  hasta hoy, respetado en las 26 Constituciones republicanas que se han violado y maltratado en forma continua, sostenida y, hoy, sin pudor ni consideración alguna.

El cuento es este. En el año 2003 el historiador Don Germán Fleítas Núñez, Cronista de la todavía bien plantada y hermosa ciudad de La Victoria, en el Estado Aragua (ciudad elogiada por Alejandro de Humboldt quien la comparó a las europeas de su tiempo por el orden, la limpieza y el trazado, mas su gente), publicó un espléndido libro, ilustrado, bien impreso, titulado Cristina Gómez maracayera (Villa de Cura, Aragua, talleres de la Editorial Miranda, 2003, 341 págs. 29 cm.)

Doña Cristina Gómez Núñez de Cáceres, hija del Benemérito General Juan Vicente Gómez suelta su espléndida memoria para contar, como una cuentacuentos verdadera, sin adornos, sin exageraciones, la verdadera historia de aquel personaje tan biografiado, novelado y exagerado, aunque también muy bien documentado.

Entre las verdaderas referencias de esa emocionante memoria de Doña Cristina tengo marcada, la página 139, esta: “Cuando Rodríguez del Villar, autor del monumento de Carabobo, elaboró los planos y dibujos del arco, él se fijó en que el escudo de España era mas pequeño que el de Venezuela, y además estaba en un segundo plano. “Es muy claro, general; fue una guerra entre dos naciones, una de ellas ganó y logró su independencia; lo justo es que la otra aparezca en un discreto segundo plano…” Lo interrumpió en seco y le dijo: “No señor. Esa guerra se acabó hace mucho tiempo y este es un momento para unir y no para desunir. Póngame los dos escudos del mismo tamaño”. Esa es la razón por la cual los dos escudos lucen exactamente iguales”.

Pues bien, si la Historia del Pueblo Venezolano se ha desarrollado a lo largo de quinientos años, contados para los efectos de la cultura que se ha logrado conservar en la lengua común, con mínima presencia de las indígenas, hoy maltratadas aunque puestas en la Constitución (“La Constitución sirve para todo” dijo aquel dictador llamado José Tadeo Monagas), esa Historia está viva y en proceso. Pero los Conquistadores, creadores del pueblo, realizaron sus hechos hace mucho tiempo. Cristóbal Colón, cuyo monumento fue echado al suelo por malandros políticos, descubrió América y a Venezuela hace mucho tiempo. La Guerra de la Independencia ocurrió hace mucho tiempo. Y el tiempo debería servir para que el pueblo viva en paz.


Guillermo Morón


Caracas, 7 de Noviembre del 2008




El animal histórico

EN EL CÍRCULO DE ESCRITORES


22-10-2008

Don Cecilio Zubillaga Perera, guía y maestro de los caroreños durante la primera mitad del siglo XX (murió en 1948), está todavía en la ciudad y en los pueblos: no se apaga su nombre por aquello de Diotima de Mantinea que Sócrates trae a cuento en el Simposio de Platón: la inmortalidad del alma se consagra en la procreación y en la creación (filosofía, arte letras).

El primer círculo de escritores del cual formé parte, muchacho en mi ciudad de Carora, fue creado y dirigido por Don Cecilio. Se llamaba Jornadas Culturales. Un sábado sí y otro no, cada quincena en el Centro Lara, paralelo al Club Torres por las razones tradicionales en nuestra historia, las muchachas cantaban o recitaban los poemas y los muchachos leíamos una página. La Biblioteca Riera Aguinagalde prestaba el libro o Don Cecilio lo tenía en sus estantes, muy pocos, porque los regalaba.

En Barquisimeto, Cuarto y Quinto Años de Bachillerato en el único Liceo, Lisandro Alvarado, bajo el amparo de El Impulso, el periódico de los Carmona, fundamos alegremente el Club Eutimio Rivas para lo mismo, leer, escribir, discutir, añadida ya la política a la literatura. Así, pues, este Círculo de Escritores que hoy resiste la intemperie con sus socios y con las cuatro banderas de la inteligencia y de la cultura que están desplegadas por su Presidenta Carmen Cristina Wolf, su Presidente del Consejo Consultivo, Álvaro Pérez Capiello, su Director General Luis Beltrán Mago y su Consultor Carlos Alarico Gómez, acoge generosamente a este viejo militante de las Letras, a este empedernido amigo de los libros. No se me oculta la raigal significación de esta jornada cultural de quienes mantienen la brasa de la historia venezolana: los libros, la literatura, ustedes poetas, novelistas, ensayistas, sin cansancio y sin zozobra. Porque yo sólo soy un maestro de escuela mal jubilado y un oscuro escritor de provincia a quien la amistad -  esa aristocracia del alma  inmortal – y la en generosidad – ese rasgo de la nobleza que les alumbra los días y las noches a Usted, Doña Carmen Cristina Wolf, poeta, y a sus compañeros y compañeras de este Círculo, señalan de manera inusitada para que pueda sentarse, cuando sus años se lo permitan, al lado de Ustedes, sin cerrar el Círculo.

Creo que puedo honrar al Círculo de Escritores si recuerdo la Peña Literaria del escritor Fernando Cabrices, animador que fuera luego de la Asociación de Escritores Venezolanos, donde publicó su íngrimo libro Páginas de emoción y de crítica, Número 45, 1944, de los Cuadernos Literarios de aquella recordada y admirable Asociación. Comienza la Colección de mi biblioteca con el Cuaderno Número 5 nada menos que de Jesús Semprún, Estudios Críticos, 1938; los cuatro con los cuales se inaugura esa biblioteca gloriosa de nuestras letras son de Julian Padrón (Fogata, comedia dramática), Ramón Díaz Sánchez (Ámbito y Acento, ensayo), Manuel Rodríguez Cárdenas (Tambor, poemas para negros y mulatos) y Guillermo Meneses (3 Cuentos Venezolanos). El volumen 150, de 1980, cierra mi colección con Pascual Venegas Filardo (Tiempo en Poesía, Notas Críticas).

Cuando Luís Pastori, José Ramón Medina y Pascual Venegas Filardo se turnaban en la Junta Directiva, yo les servia de Tesorero y fui implacable en la contribución de los socios con aquellos pocos bolívares sonoros en la contabilidad.

Ahora bien, me parece que no debo permitir a mi memoria esas  nostalgias, pues el Círculo de Escritores cumple en este duro tiempo su valiente tarea de mantener el hilo de la mejor tradición de las Letras, dentro y fuera de las fronteras. Hoy se recuerda a nuestro, y también ajeno, gran poeta Vicente Gerbasi, amigo incandescente, voz clásica de la Lengua que hablamos y escribimos los venezolanos, para honrar a otro poeta de la misma lengua originaria, Don Enrique Gracia Trinidad.

Y por si fuera poco el honor que se me concede, viene ese Tostado venezolano, escritor de día y de noche, de sábados, domingos y fiestas de guardar Enrique Viloria Vera, además amigo sin fatiga, con su Ciudades y Escritores. Aquí dice: Palabras Liminares, César Navarrete, Presidente de Del Sur Banco Universal (en el Renacimiento los Mecenas permitieron que se produjeran milagros en Letras y Artes), Presentación, escrita pulcramente por nuestra Presidenta ilustrísima, Prologo, firmado por el mencionado utsupra, cuyo último párrafo dice: “Puedo dejar testimonio claro: este libro de Enrique Viloria Vera está escrito con la buena letra de un humanista moderno, gratamente desarrollado el argumento, sin sobras ni recortes, ciudades y escritores entrelazados en una armonía sin fatiga”.


                                    Guillermo Morón                                                           
 


Caracas, 17 de Octubre del 2008.




El animal histórico

CONUCO Y GALLINERO


02-10-2008

El pasado está en los libros de historia y los libros de historia los escriben unos curiosos personajes llamados historiadores. El pasado se puede llamar Grecia, si nos interesa saber cuando y como comenzó la cultura de Europa y la cultura americana, ya sea la civilización que creció en el Norte (Canadá y el Imperio que no se denomina así, sino Estados Unidos de América) y en el resto del Continente por cualquier parte que se le mire, Hispanoamérica en cuyos pedazos de pueblos se habla castellano, Brasil donde es el portugués pariente muy cercano en todo, y El Caribe cualquiera sea la lengua predominante; Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico formaron parte de los Reinos de las Indias en el primero y mas largo, en el tiempo, Estado de Derecho Monárquico.

Por cierto que aquí puedo aprovechar este pequeño espacio para recordar que la República de Venezuela, organizada en la Constitución de 1811, que no le gustó a Simón Bolívar porque era federal y él era rabiosamente centralista como el actual Mayor General (o como se autodenomine nuestro militar en ejercicio no soberano del Poder), se fundamentó en la base territorial anterior al 19 de abril de 1810, esto es, en la unidad de las Provincias, llamadas Gobernaciones y Capitanías Generales, que se amarraron en una sola jurisdicción en 1786, cuando se creó un organismo llamado Real Audiencia de Caracas. Esta autoridad política, militar, económica y judicial (no había separación de poderes porque se trataba de una Monarquía y no de una República como la República Bolivariana de Venezuela que, de acuerdo con la Constitución vigente de 1999 tiene Poderes Autónomos en la letra, pero no en la práctica) estuvo vigente hasta 1821. Repito: la Real Audiencia de Caracas administró Justicia, gobernó, desde 1786 hasta 1821. Naturalmente, en el territorio no ocupado por los ejércitos “patriotas”. En el Archivo de la Academia Nacional de la Historia se encuentra la documentación completa de esa historia que debería estudiarse y publicarse con motivo de los Doscientos Años de la Independencia (1810-2008, 1811-2011). ¿Se le habrá ocurrido a alguien en alguno de los Palacios, Miraflores, de las Academias?

Pero el asunto de esta página es otro, anterior. Porque eso de querer  regresar al conuco y al gallinero, unidades económicas de la Venezuela vieja, la provincial de los Siglos XVI, XVII y XVIII, y rural del siglo XIX (digamos 1830 al 18 de octubre de 1945) me parece no sólo imposible, sino  absurdo, aunque tal vez los adjetivos adecuados sean otros mas definitorios y contundentes: irracional, ahistórico. No hay vuelta  atrás en los procesos históricos.

No necesito acudir al auxilio de los libros para saber qué era un conuco y qué era un gallinero. Nací y crecí en la Venezuela rural, en la época del conuco y del gallinero. Mi mamá fue Maestra de Escuela y escritora. Mi papá fue conuquero. El solar de mi casa, en el pueblo de Cuicas (Municipio que fuera del
Distrito Carache en el Estado Trujillo), era un conuco: maíz, caraotas, yuca, ajíes, culantro, hinojo.  El patio de gallinas: un gallo para veinte gallinas. Los otros conucos estaban campo adentro. Una familia (papá, mamá, cinco mujeres, dos peones) comían, bebían, vivían de un conuco. ¿Se ha dado cuenta usted que eso ya se acabó, que Venezuela no es rural y no la deja el Gobierno ser industrial y moderna?. No había, no hay, gallineros verticales. Todos eran horizontales, el patio gallinas, ¡so bruto!

Quienes también vivieron del conuco fueron los indios chaimas y los timoto-cuicas. Los demás, la gran mayoría que ya no existe sino en los libros de historia, eran cazadores o pescadores. Alejandro de Humboldt escribe: “Cada familia de indios cultiva, a cierta distancia del pueblo, amén de su propio huerto, el conuco de la comunidad. Los individuos adultos de ambos sexos trabajan en éste una hora por la mañana y otra por la tarde”. Y en otra página: “Hacia las 4 de la tarde desembarcamos en los conucos de Síquita, sementeras de los Indios de la misión de San Fernando”.

“Conuco. Sementera, labranza”. (Lisandro Alvarado, Glosario de Voces Indígenas).

                                                                       Guillermo Morón


Caracas, 30 de Septiembre del 2008.




El animal histórico

¿DÓNDE   ESTÁ SÉNECA?


18-09-2008

Lucio Anneo Séneca escribió su tratado sobre la clemencia para exponer una opinión nacional acerca del poder y su uso por quien ejerce el poder. El ensayo no necesita aclaraciones, ni exégesis, ni acupunturas. Se deja leer solo, con sus luces y sus sombras, como corresponde a toda obra nacida de genio humano. Una sombra –que ya Tácito se ocupó en su tiempo y para el nuestro de resombrear- es aquel terrible silencio sobre la muerte de Británico. Pero ¿es que deben ser héroes los filósofos?. Se atrevió, sin embargo, a decir: “Sé que hay algunos que piensan que la clemencia sostiene al peor, porque sin crimen es superflua, y es la sola virtud que no tiene sentido entre inocentes”. No ordene, pues, el poderoso que se le corte la mano derecha al escritor para vengarse porque el escritor es la conciencia nacional.

Escribió Séneca: “No puedes hablar sin que oigan tu voz las gentes de todas las tierras”. No sólo se dirigía ad neronem caesarem  (el Emperador Nerón), cuya fama quema aún el rostro de la humanidad, sino en general al hombre de Estado. Cuando el poderoso gobernante habla lo hace de modo distinto al pueblo, al común de las gentes. Por eso amonesta el moralista: “Porque los grandes poderes son para honor y gloria, si su influencia es saludable, como es funesta la fuerza que vale para dañar”.

Me puse a señalar aquellos párrafos del clásico –a cuya lumbre escribo- porque deseaba referirme a la diferencia entre opinión pública y opinión nacional. Es una vetustísima preocupación que, naturalmente, sólo tienen algunos ilusos, entre los muchos que forman el gremio de los escritores. Para el político no hay diferencia, y sin embargo esa diferencia existe.

En tiempos de Séneca la opinión pública estaba claramente identificada en la gritería de los que iban a los espectáculos públicos. La opinión nacional estaba en los escritos de Séneca. A Nerón le interesaba más la opinión pública.

En nuestro tiempo y en nuestra república (tan alejada de la romana), también es clara la diferencia. La opinión pública se forma de un modo artificialmente artificioso. Los medios de comunicación, forjadores de noticias, crean la opinión pública. Las noticias son la opinión pública. Así, pues, la opinión pública es aquella que el periodismo, en sus múltiples dimensiones, conforma a imagen y semejanza de lo que ocurre todos los días. Los partidos políticos crean opinión pública.

La opinión nacional es aquella que afecta profundamente a la vida real e histórica de la república, de la comunidad. No suele reflejarse ni en la noticia ni en la propaganda. Un reducido grupo de elegidos recoge su honda. Son los historiadores, los filósofos, los escritores. La recogen y la encarnan para la posteridad.

Allí está la tragedia de la opinión nacional. Primero, queda oculta, aplastada y escondida por la opinión pública. Y luego que cuando se la descubre ya es historia. Por eso hay que acudir a Séneca para rescatarla. ¿Dónde está el Séneca de nuestro tiempo venezolano?


Guillermo Morón


Caracas,  9 de Septiembre de 2008




El animal histórico

LA VEJEZ DE MARACAIBO

16-09-2008

Hoy es lunes 8 de septiembre del 2008. Hace cuatrocientos setenta y nueve años que el alemán Ambrosio de Alfinger llegó a un punto no identificado de la costa oriental del Lago de Maracaibo. Tengo escrito y publicado: Durante los diez meses que dedica a recorrer el lago y sus contornos, aquel asiento o ranchería se convierte en pueblo, gobernado por un teniente; penetró Alfinger la península de la Guajira, hasta la altura del río Limón; recorrió las zonas del Este, vecinas a la cordillera andina, e intentó poblar una ciudad que denominaba Ulma. Pero en definitiva sólo quedó el pueblo de Maracaibo. En 1546, cuando ya ha desaparecido totalmente la población, Juan Pérez de Tolosa describe el sitio donde se encontraba: “Desde la ciudad de Coro el Gobernador Ambrosio de Alfinger fue por la costa abajo, y en la laguna de Maracaibo pobló un pueblo de cristianos llamado Maracaibo, el cual estaba a la otra banda de la laguna, la vía del Cabo de la Vela, en una sabana junto a la laguna. Junto al pueblo hay una salina de sal muy buena, de la cual se provee toda la laguna y muy gran parte de la tierra y sierras por vía de contratación. La gente que habitaba en la laguna era de nación onotos, y hombres y mujeres traen sus vergüenzas afuera. Estos indios no siembran, son señores de la laguna, y pescan con redes y anzuelos mucho genero de pescado que hay en la laguna, muy excelente, y lo venden en sus mercados a los indios bobures de la provincia de Puruara, a trueque de maíz, yuca y otras cosas”. No se regresará al año 1546 para retomar la desnudez ni el trueque.

Quiero repetir aquí lo que se ha estudiado en documentos y en los historiadores que se han ocupado de la fundación de la muy ilustre, limpia, ordenada, culta, poblada y soleada ciudad de Maracaibo: No se fundó por Ambrosio de Alfinger el 8 de septiembre de 1529. El rancherío, pueblo o aldea desapareció. Los historiadores que se han ocupado, documentadamente, son muy conocidos y estudiados: Fray Pedro Simón, José de Oviedo y Baños, Juan López de Velasco, Tulio Febres Cordero, Demetrio Ramos Pérez, Mario Briceño Iragorry, y principalísimamente el Hermano Nectario María.

Resumo, para honrar a la ciudad que conserva el nombre de su lago, Maracaibo, tomado de los indígenas que llevaban ese nombre, desde uno de sus “principales”, cacique es el título histórico que se dio a los dirigentes de esas culturas que ya no son las mismas que se conservan en este tiempo, como los venezolanos de hoy venimos de los conquistadores españoles del siglo XVI, con otras ropas, otros hábitos, pero con el idioma que también se ha transformado. Ni indios ni negros, ni blancos, pardos se dijo en el siglo XVIII, mestizos se puede y debe decir en este siglo XXI que comienza con grandes desventuras políticas: 1) El Maracaibo de Ambrosio de Alfinger nada tiene que ver con el origen ni la continuidad de la ciudad actual; 2) el primer fundador fue Alonso Pacheco Maldonado, comisionado por el Gobernador Ponce de León; los preparativos se hacen en 1568 y la expedición debió salir en enero de 1569; la ciudad se llamó Ciudad Rodrigo; no es posible determinar la fecha –mes y día- de su fundación; ningún documento de los conocidos aclaran ese punto, como ocurre también con Caracas y Carora; 3) en 1574 el Gobernador Mazariegos encargó a Pedro Maldonado, compañero que había sido de Pacheco, para continuar la obra poblacional; esta nueva etapa se cumple en el mismo sitio y con parte de la misma gente que había fundado a ciudad Rodrigo; el nombre nuevo fue el de Nueva Zamora de Maracaibo.

El primer documento que muestra a la ciudad ya fundada es la carta del
4 de agosto de 1569, firmada por los Alcaldes Ordinarios Juan de Morón y Francisco Camacho, los Regidores Simón de Alfaro, Diego de Robles y Pedro Maldonado, así como por el Escribano Alonso Blázquez: “hacemos saber a vuestra Alteza cómo por el mandato de vuestro Gobernador Don Pedro Ponce de León, de esta Gobernación de Venezuela, salió el Capitán Alonso Pacheco en descubrimiento y a poblar las provincias de Maracaibo…”. El 20 de diciembre de 1573 ya la ciudad Rodrigo, fundada por Alonso Pacheco, había sido despoblada por él mismo, de acuerdo con las instrucciones del nuevo gobernador Mazariegos. La repoblación de 1574 fue hecha por el Capitán Pedro Maldonado, el mismo que ya había estado en ella con Pacheco.

La actual ciudad de Maracaibo fue fundada, pues, por el Capitán Alonso Pacheco en 1569 y repoblada en 1574 por el Capitán Pedro Maldonado. El primero actuó por orden del gobernador Pedro Ponce de León y el segundo de acuerdo con instrucciones de Diego Mazariegos. El repoblamiento se hizo en el mismo sitio y con parte de la misma gente que allí había estado. Cambió el nombre de la ciudad de Ciudad Rodrigo a Nueva Zamora de Maracaibo. ¡Laus Deo!.


Guillermo Morón


Caracas, 8 de Septiembre de 2008




El animal histórico

DON AMBROSIO OROPEZA Y LAS CONSTITUCIONES

26-08-2008

En el Historial Genealógico de familias caroreñas (Segunda edición, Caracas 1967)  encuentro su nombre: Nació en Carora el 30 de noviembre de 1904; se graduó de Doctor en Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela en 1927. Casó con doña Gregoriana Álvarez. “Es considerado como uno de los abogados de mas amplia cultura jurídica en el país, aunque ha sido renuente para el ejercicio de su profesión”. “Ha dedicado gran parte de su actividad a la cría y es reacio en dejar su ciudad natal, aunque el halago político lo ha llamado, con insistencia, a medios donde su ilustre personalidad podría ejercer influencias de alcances nacionales” (Tomo Segundo, pág. 176). Alcanzó “influencias nacionales” con dos libros y con el acercamiento a los “medios” apropiados. En la modesta entrada del Diccionario de Historia de Venezuela (Segunda Edición, 1997, 3, pág. 443) se señala la fecha  de su nacimiento, en Carora, el 30.11.1904 y la de su muerte, en su ciudad venerada, el 14.11.1970. “Abogado, ganadero y político. Hijo de Ambrosio Oropeza y de Paula Coronel”. Y estos breves datos: 1927, abogado y doctor en ciencias políticas por la Universidad Central; 1937, diputado por el Estado Lara ante el Congreso Nacional; 1944, publica Evolución Constitucional de nuestra República; 1945, consultor jurídico de la Junta Revolucionaria de Gobierno; 1947, diputado a la Asamblea Nacional Constituyente “y se destaca como uno de los redactores de la Constitución de 1947”.  Y yo añado: resistió todas las tentaciones en relación a cargos públicos. Todos los caroreños, larenses y venezolanos conocimos y conocemos al jurisconsulto de dotes excepcionales y los cercanos, desde la juventud, sabemos de su probidad y su entrañable devoción por su ciudad, hoy en proceso de transformación, como todo el país desde el 18 de octubre de 1945: Venezuela deja de ser rural para transformarse en urbana. Pero esa es otra historia, en cuyas entrañas vivió y desarrolló sus talentos y su vida lugareña Ambrosio Oropeza.

Conservo la copia mecanográfica que hice, desde el original manuscrito que no han querido dejar ver, del Itinerario de Política Venezolana, escrito por Don Cecilio Zubillaga Perera. Cuando publiqué las Obras Completas del Maestro, precedidas por su biografía, excelente trabajo del escritor caroreño Juan Páez Ávila, el último albacea de Don Chío no quiso ni mostrárselo a quien debía prologarlo, el excelente periodista y escritor caroreño Luís Oropeza Vásquez. No se si se conserva o si fue tirado a la candela, como ha ocurrido con los libros y papeles históricos en toda parte y lugar.

El Itinerario comienza con este Pronóstico: “Dice el suscrito, en presencia de brotes de incondicionalismo que surgen en todo el país, que Don Cecilio Zubillaga Perera también arriará la bandera de la oposición al acercarse el continuismo de López Contreras que todos consideramos como ineludible y fatal. Carora, 17 de octubre de 1939. Ambrosio Oropeza”. Se equivocó el ilustre demócrata y extraordinario constitucionalista. Copio: “Responde mi conducta.

Carora, abril 28 de 1941.- Hoy dejó de ser Eleazar López Contreras Presidente de la República.
Había esperado este momento para que fuera mi conducta y no mis palabras, la que respondiera el pronóstico de mi querido amigo el doctor Ambrosio Oropeza. En realidad fue él mal profeta en esta ocasión; porque me mantuve en la oposición contra el Presidente López Contreras hasta el fin de su mandato, y combatí la idea continuista que él lanzó por medio de personas interpuestas, con notable descaro, desde que hizo que por tal fórmula se pronunciasen la Municipalidad de Calabozo, pero que antes había patrocinado a la sordina por medio de los escritos asalariados con quienes, a bolsillo repleto, cuenta para sus fines…” y sigue el Itinerario hasta el 31 de diciembre de 1945. Tronco de héroes históricos Don Cecilio y Don Ambrosio, no se pueden olvidar sus nombres ni sus hechos. Evolución Constitucional de nuestra República – Análisis de las Constituciones que ha tenido el país se publicó en 1944 (Biblioteca Cecilio Acosta, Impresores Unidos, cuyo Director era J. A. Cova). Es un libro básico todavía en estos días, sobre todo en estos días cuando la Constitución y el Estado de Derecho se destruye en forma ordenada y sistemática por orden expresa desde Miraflores. En 1985 se reeditó con el añadido “y otros textos” (Biblioteca de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, 22, 175 págs.).  En 1969 se publicó La Nueva Constitución Venezolana -1961- (Imprenta Nacional, Caracas, 504 págs.). La dedicatoria dice: “Para mi eminente amigo y paisano Dr. Guillermo Morón, cordialmente – Ambrosio Oropeza”. Una segunda edición es de 1971 con Prólogo del hijo Luís José Oropeza y la Presentación de Don Raúl Leoni, escrita para la primera.

¡Ambrosio Oropeza, eminente demócrata, sabio constitucionalista, gran venezolano!


Guillermo Morón


Caracas, 15 de Agosto del 2008




El animal histórico

DON JOSÉ AGUSTÍN CATALÁ

01-08-2008

Es un lugar común, un conocimiento generalizado, pero dadas las machaconas falsedades que ahora se predican desde las tribunas oficiales con la intención de reescribir, arte difícil para tanto analfabeta funcional repartido a lo largo y ancho del presupuesto, la historia y de crear mitos sobre documentos inexistentes, me parece adecuado repetir este lugar común, este conocido primer asunto de la historia de la cultura del pueblo venezolano: los libros llegaron en las primeras naves desarbridoras. Dos fundamentales para el principio y el fin de nuestra tradición: el Libro de las Leyes (Las Siete Partidas del Rey Don Alfonso X El Sabio),  pues se trataba, y se  logró, de crear un Estado de Derecho; y una Gramática (la de Nebrija), ya que (“no se use la  palabra conquista”, ordenó la Ley) se deseaba y se logró crear una cultura escrita y hablada, como en efecto existe con quinientos años de vida y existirá hasta cuando la voz Venezuela sea borrada de los mapas y de los libros. Fíjese usted, por ejemplo, que el apellido Pocaterra, de José Rafael Pocaterra, grande entre los grandes, tiene unos mil años de existencia desde la creación del idioma que usan, mal mas de las veces, en el hermoso Palacio Federal de la época de Guzmán Blanco.

Para ilustración general se puede , y debe, revisar los dos tomos que el acucioso e inteligente historiador Don Ildefonso Leal publicó (después de detenida investigación en los archivos) bajo el preciso título de Libros y Bibliotecas en Venezuela Colonial 1633-1767 (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia
, Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 1978, Tomo I – 410 págs., Tomo II 517 págs.). Pero también es imprescindible para comprender la presencia de la ilustración derramada por el mundo bajo la luz del entendimiento, en los libros, aprender nuestra presencia histórica que no borrarán las sombras de ningún Poder mal usado, leer, quien tenga la fuerza, ese monumento histórico que es la obra del sabio humanista Blas Bruni Celli: Venezuela en 5 siglos de Imprenta (Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1998, 1635 págs., 28x22 cm.).

Ahora bien, el libro es una presencia de todos los días en
la Venezuela que no se agota ni en las guerras, ni en las tiranías, ni en los duros procesos políticos. He terminado de leer, con alegría y sin pausa dos libros que señalan la permanencia de los valores sustantivos de Venezuela: Apuntes de memoria del editor José Agustín Catalá 1915-2007 (El Centauro, ediciones, Caracas, diciembre de 2007, 190 págs.), “mas de medio siglo de amistad y aprecio bien mantenidos” escribe con nobleza este caballero que ha dedicado su vida, talento y cultura, a publicar libros, aquellos donde la dignidad está puesta de relieve, aquellos donde pueden  los venezolanos y los forasteros distinguir la oscuridad de la claridad. Una extensa y luminosa biblioteca debiera ya existir en el Sistema Nacional con ese nombre, y sólo con los libros por él editados en más de medio siglo de asombro: Biblioteca José Agustín Catalá. Esta Memoria, que enriquece la colectiva en momento tan oportuno para las preocupaciones de los venezolanos, es toda una enseñanza: cultura, perseverancia, honor, coraje. El escritor Rafael Arráiz Lucca ayuda, con buena letra, a admirar al gran editor, al gran venezolano que nos señala su camino de 93 años sin fatiga.

Marco Tulio Bruni Celli (“de largo le viene al galgo…”), político con cultura, culto con honrada acción política, es el autor del otro libro que he leído, los dos a uno, uno a los dos: Contra las dictaduras por
la República civil – Semblanza del editor José Agustín Catalá y su mundo político (El Centauro, ediciones / Caracas / Venezuela / 2008, 224 págs.). Y Marco Tulio cuenta toda esa aventura de coraje con pormenor y buena letra. La historia política del siglo XX, con el Benemérito y este cabo ardiente del XXI, tiene en José Agustín Catalá a un actor heroico y a su vigoroso editor. La amistad es aristocrática.


Guillermo Morón


Caracas,  30 de Julio del 2008




El animal histórico

PENSAR A VENEZUELA
Por el Dr. Guillermo Morón

28-07-208

Lo que pasa es que Venezuela no está completa sino a partir de 1830 cuando José Antonio Páez, que no ha traicionado a nadie y menos a Simón Bolívar, funda esta imperfecta República sin solución de continuidad hasta esta catastrófica experiencia que vivimos de susto en susto desde 1998, esto es, de cadena en cadena y de viaje en viaje del Comandante militar que no baja a la dimensión constitucional de Presidente de la República.

Porque el nombre de Venezuela, como lo saben los maestros de escuela, se le debe al cartógrafo Juan de la Cosa, quien lo escribió en su planisferio de 1501 cuando estuvo en el Golfo de Venezuela, que no tiene otro nombre pues Coquibacoa se denominó, en lengua indígena, a la perdida Península venezolana (1528-1941) de la Guajira incluido el Cabo de la Vela, el Valle de Upar y todo el Casanare. Que no se debe llorar como las mujeres de antes aquello que no se supo defender como los hombres de antes.

Venezuela es una Gobernación y Capitanía General durante los siglos XVI (1528), XVII y XVIII. A la par, desde todos los puntos de vista político, económico, social y cultural, de las otras circunscripciones (Margarita, Trinidad, Nueva Andalucía, Guayana, La Grita – Mérida - Maracaibo sin Barinas). Venezuela es Venezuela después de que Don Carlos III organizó su territorio, su gobierno y su población: 1776, Intendencia; 1777, Capitanía General; 1786, Real Audiencia; 1793, Real Consulado. Juan de Castellanos, Fray Pedro de Aguado, Fray Pedro Simón, José de Oviedo y Baños “pensaron” a una Provincia de Venezuela. Juan Germán Roscio, Rafael María Baralt, Cecilio Acosta, Lisandro Alvarado, José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz pueden “pensar a Venezuela” ya en su integridad.

Sucede que el otro día el Maestro Elio Gómez Grillo convocó a su biblioteca, frente al bosque donde vive dedicado a estudiar, pensar y escribir, a uno de los escritores fundamentales de la Venezuela contemporánea, José Balza, y a este viejo amigo suyo desde los años del Instituto Pedagógico Nacional de Caracas y el Liceo Santa María que estaba en Sabana Grande, cuando Caracas era todavía la ciudad amable de Oviedo y Baños, de Humboldt y de Santiago Key Ayala. Entre los libros de José Balza que conservo está El fiero (y dulce) instinto terrestre – Ejercicio y ensayos (El Libro menor, 137, Academia Nacional de la Historia, Caracas 1988, 259 págs.). Ya en ese libro Balza piensa a Venezuela, si es que no lo ha hecho larga y pausadamente desde Marzo Anterior, de 1965, y los Ejercicios narrativos, de 1967, género literario de su creación. Novelista, cuentista y detenida, honda e ilustradamente ensayista, este escritor que conversa con atinada palabra culta, ha dedicado su tarea, en el aula universitaria y en su obra escrita, a “pensar a Venezuela”.

Con ese título ha publicado su último libro, muy bien editado en la Colección Intramuros, Serie Literaria (bid & co. Editor, Caracas 2008, 226 págs.). Pensar a Venezuela es una reflexión sobre lo que ha sido y es el país verdadero a lo largo de su historia mas profunda y animada, a contrapelo de historiadores, geógrafos, sociólogos y demás eruditos o repetidores. Tal vez si menciono algunos nombres, antecesores de José Balza en la búsqueda e interpretación de esa Venezuela auténtica, permanente pero en continua ebullición y evolución, me acerque a la iluminada intención de este nuevo Pensar a Venezuela del escritor de San Rafael de Manamo, Delta del Orinoco, de Venezuela y de la lengua castellana.

En primer lugar, Cecilio Acosta (1818-1881) con toda su obra en prosa y en verso, pero acertadamente, en este caso, su conocido, divulgado y despreciado ensayo Cosas sabidas y por saberse. Que yo sepa, fue publicado por última vez, en el volumen 3 de la colección Clásicos Venezolanos que dirigí  para la Academia Venezolana de la Lengua, con un Estudio Preliminar espléndido (¡qué adjetivo mas innecesario!) de Oscar Sambrano Urdaneta. Ramón Diaz Sánchez (1903-1968) reflexionó con agudeza en su ensayo Transición (Política y realidad en Venezuela), de 1937. Nuestro escritor cita con regocijo a Don Augusto Mijares (1897-1979) con su estudio visceral Lo afirmativo venezolano (“Figuras siniestras o grotescas se agitan ante las candilejas y acaparan la atención pública”, escribió para nuestro tiempo). Y, desde luego, el grande e inmortal Mariano Picón Salas (1901-1965) en su Comprensión de Venezuela, desde 1949 a la edición de 1987.

Antecedentes, quiero decir, sus pares de ayer y de anteayer que es el hoy de este libro iluminado Pensar a Venezuela de José Balza.


Caracas,  25 de Julio del 2008