81º Mensaje histórico.

 

PROSIGUE LA LARGA MARCHA

DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA HACIA LA DEMOCRACIA

 

(Ensayo de prospectiva histórica)

 

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades

y Educación. U. C. V.

 

Fechado en el 28 de diciembre de 2015, envié mi 80º Mensaje histórico, titulad “A propósito del 6D”; en el cual me permití exponer una preocupación, nacida del ejercicio  del oficio de historiador, en los siguientes términos:

 

...“no he hallado constancia histórica de un régimen democrático que hubiese sido establecido democráticamente. Tampoco la he hallado de un régimen democrático que hubiese sido restablecido democráticamente.”

 

Lo sucedido en la jornada electoral celebrada en el 6 de diciembre de 2015 me hizo abrigar la esperanza de que mi aserto se viese desvirtuado. Dos circunstancias me inducían a ello:


Una circunstancia resulta de la correlación posible entre dos rasgos adquiridos por la sociedad venezolana, como producto de haber vivido en democracia durante más de cuatro décadas (1946-1990), lo que le permitía el privilegio de poder recordar la Democracia, según lo sostuve en mi 3º Mensaje histórico, titulado Recordar la Democracia, fechado en junio de 2005, en los siguientes términos:

 

“El grueso de la sociedad venezolana ha demostrado tener clara la interrelación entre democracia y libertad. No ha necesitado de líderes que se la expliquen. Es la mejor garantía de que está asentada en la conciencia social la convicción de que recordar la democracia es defender el significado de libertad e igualdad de la democracia, y rescatar la potestad de ejercerla para perfeccionarla.”

 

A lo que se añade el hecho de que, como resultado de que enfrentada, tenaz y lúcidamente, a más de una década de desafueros practicados por una dictadura militar militarista, esa sociedad ha alcanzado un nivel de concientización que me autoriza a concluir, como reiteradamente lo he expresado, que nunca la Democracia ha sido más fuerte en la sociedad venezolana que en el presente, por cuanto ya la Democracia radica en la sociedad, al haber superado ésta la etapa durante la cual el impulso correspondiente descendía desde la clase política o desde un gobierno. Ha tomado tomado el genuino sentido inverso.


La otra circunstancia brotaba de mi conciencia histórica, en una combinación de conocimiento de la historia y de patriotismo, fundados en la valoración del desenvolvimiento histórico del pueblo venezolano, a partir del inicio de la ruptura del nexo colonial. El balance no puede ser más notable: en menos de siglo y medio realizamos el más audaz experimento sociopolítico de la Edad moderna, constituimos una nación de pueblos denominada República de Colombia, en 1819-1821-1830; le pusimos término al Imperio hispanoamericano en 1824; y emprendimos el establecimiento de la primera república social-democrática moderna de América Latina en 1945-1946.


Estimo que, considerado desapasionadamente, este haber del pueblo venezolano basta para inducirme, cuando menos, a no desdeñar la posibilidad de que tal bagaje sociopolítico podría enriquecerse con ocasión de una confrontación victoriosa en la lucha de esa manera adelantada contra el despotismo, cualquiera haya sido su atuendo.

 

*     *     *     *     *

Creo que es oportuno subrayar la necesidad de comprender que lo alcanzado en la jornada electoral del 6D revelará su sentido y alcances, ya asimilada la justificada euforia por ello producido, una vez que se le ubique en función de lo que llevo dicho. Es decir, en la prosecución de la última de las hazañas socio históricas enunciadas. Me permito formularlo de esta manera: se inicia la superación de la crisis de desarrollo del régimen sociopolítico liberal- democrático; revelándose con ello la vigencia de la dialéctica histórica de continuidad y ruptura.

        
Muy por el contrario de lo sostenido por quienes refiriéndose a tal crisis hablaron de agotamiento del modelo, lo ocurrido finalizando la década de 1990 significó, -y mentes responsables y alertas tuvieron clara conciencia de ello-, el hecho de que logrados los objetivos básicos del régimen liberal-democrático, los venezolanos habíamos entrado en un estadio de acelerado crecimiento y elevación de nivel de las demandas sociales programadas y promovidas por mandato constitucional. Lo que hacía necesario modernizar el Estado y profundizar la Democracia, para que pudiese continuar la que he denominada La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la Democracia, una vez superada la crisis de instauración, padecida en el lapso 1948-1958.

        
Tal fue el propósito de la designación, por el Presidente Jaime Lusinchi, de la Comisión Presidencial para la reforma del Estado; grupo de estudio que en ejercicio de la mayor amplitud ideológico-política, y gozando de absoluta autonomía, estudió y formuló proposiciones tales como la descentralización política y administrativa y la elección de los gobiernos estaduales y municipales, que han significado baluartes, aunque asediados, del régimen sociopolítico liberal-democrático. Sentando con ello las bases de un fortalecimiento del Poder civil cuyo postrera expresión de vigencia institucional fueron las elecciones de 1998.

 

*     *     *     *     *

 

Lo ocurrido a partir de esa función electoral no fue la primera vez que, durante el siglo XX, los canales abiertos por la Democracia para la libre expresión de la Soberanía popular sufrieron la torcedura de ser empleados para que sorprendiesen la opinión pública proposiciones salvacionistas cuyo primer cuidado fue desvirtuar, y al cabo cerrar, esos mismos caminos; haciendo pagar muy caro, a los pueblos, la que he denominado fatiga de la Democracia. Quizás sean de los más sobrecogedores ejemplos de ello la suerte corrida por los pueblos alemán, argentino y venezolano. Casos estos en los cuales fue cumplidamente comprobado la que para mí ha sido una dolorosa comprobación histórica. La sintetizo de esta manera: Una democracia puede ser tan ineficiente y corrompida como una dictadura, sobre todo si ésta es militar; una dictadura, sobre todo si es militar, puede ser tan ineficiente y corrompida como una democracia. Pero hay algo en lo que nunca podrán compararse: el ejercicio de la Libertad.”

        
Pero hay, también, entre los dos regímenes sociopolíticos, una diferencia conductual que los contrapone radicalmente: mientras la Dictadura puede hacer a los pueblos resignadamente pacientes ante los desmanes del despotismo y sus secuelas, la Democracia los hace justificadamente impacientes ante la insatisfacción, tardía o insuficiente, de sus estimulados derechos democráticos. ¿Así será porque lo primero implica riesgo intimidatorio, mientras lo segundo expresa determinación soberana?

 

*     *     *     *     *

Los resultados electorales del 6D han marcado el inicio de la superación de la crisis de desarrollo advenida en la que denomino La larga marcha de la sociedad venezolana hacia la Democracia, encomendada al Poder público como necesaria mediante el Decreto de Garantías dictado por el General Presidente Juan Crisóstomo Falcón, en el 18 de agosto de 1863; y puesto en ejecución a partir del 18 de octubre de 1945. Un poco más de ocho décadas tomó la forjadura de los medios sociales, intelectuales y espirituales requeridos para la puesta por obra de tan elevada comisión. Plazo que resulta breve, para quien posea un sentido histórico siquiera medianamente entrenado; pero quizás incomprensiblemente prolongado incluso para quienes hemos padecido tanto la crisis de instauración como la de desarrollo del régimen sociopolítico liberal-democrático; si bien no cabe hacer un deslinde radical entre las así caracterizadas etapas del mismo proceso, por cuanto en rigor se trata de un re mismo proceso, regido por la dinámica histórica de continuidad  y ruptura.

        
Admito que esto último se halla expuesto en un lenguaje que resulta diáfano para el historiador de oficio; a la vez que necesitado de explicación para quien no se haya familiarizado con su uso. Para estos últimos, quizás valga apuntar que lo dicho consiste en el reconocimiento de la circunstancia de que los procesos de cambio histórico obedecen a la mencionada dialéctica, -y recuérdese que para los venezolanos la instauración del régimen sociopolítico liberal-democrático significa la culminación de casi dos siglos de padecimiento del despotismo republicano, en sus diversas etapas, formas y grados.

        
A lo largo de ese esfuerzo de la sociedad, su arma fundamental ha sido el ejercicio, -aunque contrariado y reprimido durante las crisis-, de manera pública o tácita, de la Soberanía popular. El estímulo de esta postura ha sido la obra mayor de dirigentes políticos y sociales;  y de intelectuales que han honrado su condición de tales. De la constancia, la lucidez y la ejemplaridad que manifiesten con su palabra y su actitud ejemplar, el pueblo venezolano y sus dirigentes,  dependerá que la crisis de desarrollo entrada en vías de superación sea la última de las confrontadas en La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la Democracia; de manera que cuando dentro de un par de generaciones seamos una sociedad genuinamente democrática, el desarrollo de la misma no llegue a comprometer sus fundamentos sociopolíticos.


*     *     *     *     *

        
Mas, cuanto pueda tener de certidumbre histórica el advenimiento definitivo de logro democrático de la sociedad venezolana, no significa que su realización no esté supeditada al grado de lucidez y determinación a ser demostrado por quienes han asumido la responsabilidad de orientarlo y conducirlo. No cabe subestimar la complejidad de la tarea. Tampoco el grado de la amenaza que su incumplimiento podría representar. Y menos aún la urgencia de acometerla con el más grande empeño. En suma, correspondiéndose con lo que me permití enunciar en el 10 de septiembre de 2015, atendiendo una invitación de la “Asociación de amigos del arte colonial”:

 

        
“Para ello se hará necesario, y urgente, contar con un diagnóstico global, fundado en la determinación de los males por remediar; pero que se corresponda objetivamente con los síntomas fundamentales. Para atender a este propósito me permito sugerir que conversemos sobre las siguientes posibilidades:

        
Diagnóstico global: El tejido social de la nación venezolana se revela como seriamente afectado en áreas primordiales.

        
Pronóstico: El daño causado tiende a agravarse, con alto riesgo para la conciencia nacional; lo que podría crear un ambiente propicio a la admisión de engañosos proyectos salvacionistas.”

        
A lo que me permito añadir una recomendación: Al asumir posiciones intelectuales y adoptar conductas sociales, los demócratas venezolanos debemos tener presente que hemos recibido un segundo aviso de la antidemocracia. Con ello, nuestra responsabilidad socio histórica se ha acrecentado. Nos corresponde honrarla.   

 

Caracas, 1º de febrero de 2016



 

german.carrera.damas@gmail.com 




80º Mensaje histórico

 

A PROPÓSITO DEL 6D

(Ensayo de Historia prospectiva)

 

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades

Y Educación, U.C.V.

           
Había considerado prudente abstenerme de tocar la importante cuestión con sólo un número y una letra simbolizada, por el cuidado de no interferir con el trato político de la misma por los agentes políticos a quienes competía, en primer lugar, orientar a la opinión pública acerca de sus posibilidades, desde el punto de vista del restablecimiento de la democracia liberal en nuestro país.

           
Así lo observé, si bien en mis contribuciones al Diplomado de Historia contemporánea de Venezuela, impartido en la Fundación Rómulo Betancourt, en reiteradas ocasiones expresé, y comenté, al tratar de un enfoque prospectivo del presente histórico, una consideración, estrictamente historicista, que consideraba muy oportuno recordar y, quizás, tomar en cuenta.

           
Consistía en que: ...“no he hallado constancia histórica de un régimen democrático que hubiese sido establecido democráticamente. Tampoco la he hallado de un régimen democrático que hubiese sido restablecido democráticamente.”

           
Cumpliendo con un elemental deber de historiador, abonaba pruebas de lo dicho. Consistían en que mi visión de la Historia, escrita con H grande, se basaba en mi ejercicio como miembro del Buró internacional encargado de elaborar la nueva versión de la Historia del desarrollo científico y cultural de la Humanidad, además de ser coeditor del volumen VI, dedicado al Siglo XIX, y autor de las Conclusiones del mismo; como Director del Comité científico internacional encargado de la elaboración de la Historia General de América Latina; como miembro del Comité de redacción de la Historia General del Caribe; y como miembro del Comité de redacción y editor de un volumen, de la Historia de América Andina, patrocinada por la Universidad Andina Siomón Bolívar. En algunas de las obras mencionadas fui, igualmente, autor de capítulos sobre el siglo XIX.  

           

Como cabía esperarlo, algunos de quienes me favorecieron al escucharme críticamente, alegaron el caso del cese de la dictadura militar y del restablecimiento de la Democracia, ocurrido en Chile; pero lo hicieron subestimando el papel desempeñado en ese tránsito por el Pronunciamiento del Alto Mando militar. Obviamente, quizás la cuestión cambiaría de significado si hubiesen actuado como ciudadanos militares, cual lúcidamente los denomina María Corina Machado; pero, en tal caso, sólo si lo hubieran hecho con sus votos; no en función del servicio llamados a prestarle a la República.

 

*     *     *     *


Hoy, cesando en mi decisión, me veo obligado a ocuparme de la cuestión. Lo hago movido por la preocupación que estimo suscitan recientes tesis, expuestas con motivo de la ejemplar conducta, cívica y democrática, tenida por los ciudadanos con motivo de las elecciones celebradas en el 6 de diciembre de 2015. Me refiero a las siguientes tesis:

 
1º. Lo acontecido careció de antecedentes significativos en lo concerniente a la participación de la sociedad y a la invocación de principios.

           
Resistiéndome a creer que quienes así valoran los acontecimientos, padecen del contagio de la peregrina tesis de que para derrotar a Chávez se necesita otro Chávez, -escuchada por mí no una sino muchas veces-, representantes de la oposición substituyeron la invocación de los principios de la Libertad, la Democracia y el respeto del ejercicio pleno y libre de La Soberanía popular, que orientó la instauración del Poder civil y rigió el ejercicio de la política durante más de cuatro décadas, por un discurso centrado en una lista de mercado. Esto, porque eso, y no la invocación de principios, sería comprensible por el pueblo. Por ello el resultado electoral del 6D habría sido un voto de castigo, por la escasez y la inflación; y no la reconfirmación, en las urnas electorales, de los valores que han generado la resistencia, activa y pasiva, de millones de ciudadanos durante más de una década.

           
Por ello, igualmente, la desestimación del papel desempeñado, en tan sostenida como heroica resistencia, por la mujer, los estudiantes universitarios, la Iglesia cristiana católica, la clase media y no pocos ciudadanos soldados, de baja y activos. 

           
2º. Las expresiones de descontento, y hasta de franca resistencia, de sectores de la sociedad, resultaban, en el menor de los casos, redundantes; bastaba con esperar la ocasión electoral y prepararse para hacerla valer.

           
Durante más de una década se vivió la confusión consistente en que la disidencia expresada electoralmente lograría, pese al trucado Consejo Nacional Electoral, restablecer el régimen sociopolítico liberal-democrático. La persistencia de este erróneo  enfoque de la naturaleza del conflicto, ha llegado ahora a desestimar la eficacia de los heroicos actos de resistencia activa; entre los cuales los vividos, con grandes esfuerzos y sacrificios, en varios estados de la República. No sólo se les desdeña como estímulo de la resistencia, sino también y sobre todo como advertencia nada desdeñable dirigida a las fuerzas institucionales que han puesto de lado sus obligaciones constitucionales.

 

Los resultados electorales no deberían tener consecuencias conflictivas con el régimen así puesto en condiciones de minoría legislativa, pues quedaría abierta la posibilidad, muy civilizada, de la cohabitación.

           
Quienes aún parecen no haber comprendido la naturaleza de la confrontación política padecida por los venezolanas buscan la manera de recomendar tesis colaboracionistas cuya más descabellada expresión se da en el concepto de cohabitación. Pareciera que la creen posible entre un régimen sociopolítico militar-militarista y un régimen sociopolítico liberal-democrático. ¿No están enterados de la suerte corrida por el glasnot y la perestroika; y padecida por el muerto en vida Miguel Gorbachov? Pensar en cohabitación entre un régimen totalitario que se fija como objetivo la destrucción del opositor, y uno que se funda en el ejercicio liberal de la Democracia. La semejanza de la fundamentación ideológica, y el respecto comprobado de las normas constitucionales, son requisitos irremplazables de la cohabitación política.

 

El cambio de régimen, electoralmente procurado, es posible partiendo del acertado desempeño de la nueva Asamblea Nacional.

           
¿
Valdría decir confundiendo una derrota política, aunque grande, con un cambio de régimen?

            Cuando entrada la noche del 6D acariciaba la posibilidad de que este gran pueblo que siempre ha sabido superarse en sus propósitos de Libertad y Democracia, pudiese contradecir lo que acostumbraba a decir sobre tal probabilidad, mi conciencia histórica me advirtió de la que parecería ser una simpleza: ganar una batalla no significa, necesariamente, ganar una guerra. En otras palabras: infligirle una derrota a un régimen sociopolítico no significa demolerlo; mucho menos erradicarlo. No creo necesario apelar a las ya vistas reacciones del derrotado, manifiestas y activas, para hacer valer este aserto. En cambio, la Historia registra muchos casos en los cuales una victoria significó la definitiva derrota del vencedor. ¿Será necesario enumerarlas? ¿O bastará recordar el aserto del Mariscal Kutusoff cuando, enfrentado a Napoleón, produjo el aparentemente simplista aserto de que la batalla más importante es la última.

 

5º La tarea primordial planteada es la de lograr una suerte de concertación nacional para enfrentar, y al menos paliar, la aguda crisis económica y financiera.

  No creo que sea el momento de subestimar el hecho de que tal crisis es resultante del ejercicio despótico del Poder público por el régimen militar-militarista bolivariano, cuya instauración fue anunciada por este historiador en el instructivo, publicado, que elaboró para el Seminario de graduados que impartió durante el semestre de otoño del 2000, en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Florida, en Gainesville (1ª ed. 2001; 2ª, 2005; 3ª, 2011, como “El bolivarianismo-militarismo, una ideología de reemplazo, por intoxicación ideológica propia e inducida por el fidelismo, -entendido éste como arrebato despótico, substitutivo de toda aspiración ideológica, ¿Alguien sabe algo de la Doctrina básica de la destrucción del esfuerzo republicano de los cubanos, erróneamente bautizada como La Revolución cubana?

 

                                                                                                                *     *     *     *     *
           
No creo razonable cerrar estas sumarias consideraciones historiográficas sobre acontecimientos que inician su evolución y desarrollo, sin dejar constancia de las dos razones que me inducen a comunicarlas por esta vía:

           
Estimo cumplir de esta manera con el por mí exaltado deber social del historiador venezolano, que consiste no sólo en contribuir a la fundamentación y orientación de la conciencia histórica del venezolano, sino también en explorar los procedimientos de la historia prospectiva, como generadora de elementos para esas fundamentación y orientación, ubicando el estudio de la Historia contemporánea en un largo período que, intentando penetrar en el presente histórico, desborde el presente cronológico.

 

Caracas, 28 de diciembre de 2015.



 

german.carrera.damas@gmail.com 



 

“Mensaje histórico” Nº 52


EL FUTURO DE LA REPÚBLICA LIBERAL DEMOCRÁTICA

ESTÁ EN SU PASADO HISTÓRICO*

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades

y Educación. U.C.V.

 En enero de 2005 dirigí a mis compatriotas, y especialmente a mis colegas historiadores, el primero de los que he denominado Mensajes históricos. Lo titulé “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. Su objetivo era llamar la atención sobre la necesidad de enfrentar una grave amenaza. Ésta consistía en que:

 
“El minado de la conciencia histórica de los venezolanos ha venido adelantándose de manera constante y progresiva. Lo que inicialmente parecía ser disparate historicista se ha revelado como parte de una estrategia ideológica dirigida a despojarnos del orgullo derivado del haber creado, como pueblo, la porción más sentida y significativa de nuestro pasado inmediato, el régimen  sociopolítico democrático, nuestra obra fundamental del siglo XX.” 


En junio del mismo año, reforcé el Mensaje que acabo de citar con otro, el 3º, titulado Recordar la Democracia, dirigido  a recomendar la actitud que debíamos adoptar los patriotas ante la amenaza sobre la cual había alertado:  


“Los venezolanos tenemos una democracia moderna que recordar, y ha quedado fuera  de dudas que  nuestro recuerdo de la democracia lo vivimos como voluntad de defensa y  rescate de la que debemos considerar la obra sociopolítica fundamental de la Venezuela independiente. Esta actitud, que ha sido demostrada masiva y tenazmente, en gigantescas manifestaciones callejeras y en el ejercicio de derechos ciudadanos, perdura y aprovecha las oportunidades de expresarse. Así lo han comprendido también quienes hoy intentan secuestrar la sociedad venezolana y privarla de su más sentido recuerdo. Es lo que explica la doble estrategia fraguada por los secuestradores: Mientras se esfuerzan por desacreditar la democracia recordada, negándole toda virtud, siembran el totalitarismo  al excluir de la ciudadanía activa a más de la mitad de la población, y al someter a un estado de humillante mendicidad a la otra mitad.” 


Nada de circunstancial hay en el hecho de que me permita hoy evocar estos mensajes. Lo hago porque creo oportuno que reflexionemos sobre el alcance de dos preguntas, necesitadas de consideración por todos y cada uno de nosotros: La primera pregunta plantea la necesidad de un examen de conciencia: ¿Cuánto éxito ha tenido la estrategia totalitaria de perversión de la conciencia histórica de los venezolanos? La segunda pregunta se deriva lógicamente de la respuesta que le demos a la primera: ¿Qué debemos hacer para reparar el daño causado y derivar de ello nuevas fuerzas para fortalecer nuestra conciencia histórica, y honrarla con nuestra acción presente?


No se le escapará, a quien esto lea, que al formular estas preguntas parto de dos comprobaciones. En primer lugar, la de que se ha dañado la conciencia histórica del venezolano. En segundo lugar, la de que podemos reparar el daño y derivar de ello fuerzas para honrarla.


Queda claro así que asumo la responsabilidad de explicar tales comprobaciones.


                                                                                                        *     *     *     *     *

 
Séame permitido el que antes de entrar a explicar la primera comprobación, consistente en que la conciencia histórica del venezolano patriota ha sido dañada, fundamente, apelando a los recursos de mi oficio de historiador, los términos de la explicación que intentaré ofrecer. Los fundamentos caben en una sintética fórmula en tres tiempos: 1º En la Historia, escrita con mayúscula, no existe el pasado; existe el tiempo histórico, en el cual se conjugan los que convencionalmente denominaos pasado, presente y futuro. 2º Esto es aún más cierto en el caso de la historia de una sociedad recién nacida, como lo es la republicana venezolana. Por algo estamos conmemorando que cumplimos lo que un orador oficial ha denominado “nuestros primeros doscientos años de Independencia”, persuadido, supongo, de que habrán segundos doscientos años. 3º Todo confluye en mi certidumbre histórica, expresada en términos convencionales, de que el futuro de la recién nacida sociedad republicana venezolana está en su pasado histórico.


Molesta mi entendimiento, y sacude mi conciencia histórica, el escuchar a  dirigentes políticos ¿influidos por algunos científicos sociales y políticos, analistas y encuestadores? sentenciar que no se pretende volver al pasado,  al bipartidismo puntofijista, a la cuarta. Tengo derecho a preguntarme si lo hacen adoptando, irreflexivamente, la conceptualización de nuestro pasado republicano democrático utilizada como arma por el enemigo al que, sin embargo, combaten.  Vienen al caso algunas puntualizaciones:


En primer lugar, al rechazar, esos dirigentes políticos, el volver al pasado, su determinación significa, quiéranlo o no, negarse el derecho a rescatar la Libertad y la Democracia, como única fórmula, históricamente comprobada, de erradicar el despotismo; mal que nos acosa desde que rompimos la República de Colombia, en 1830. ¿O es que carecen de sentido histórico, hasta el punto de incurrir en el infantilismo intelectual de imaginar un régimen sociopolítico que no suscite reparos y objeciones? ¿O es que los suscitados por el despotismo resurrecto son más llevaderos que los suscitados por la Democracia?


En segundo lugar, al rechazar, los dirigentes políticos aludidos, el bipartidismo puntofijista, ignoran tres hechos comprobados: 1º En la Venezuela democrática nunca hubo bipartidismo. No se conoce un caso en el cual la competencia democrática entre partidos no desemboque en que sobresalgan dos de ellos, según los resultados electorales.  2º La consolidación de la República liberal democrática, que ocurrió a partir del 31 de octubre de 1958. Se inició cuando fue suscrito el denominado Pacto de “Punto Fijo”, por Jóvito Villalba, en representación de Unión Republicana Democrática; Rafael Caldera, en representación del Partido Social Cristiano Copei, y Rómulo Betancourt, en representación del Partido Acción Democrática. Más importante aún, ese Pacto dio origen al Programa mínimo conjunto de gobierno, suscrito el 6 de diciembre de 1958 por Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y el Contraalmirante retirado Wolfgang Larrazábal. 3º Estos acuerdos interpartidistas sentaron las bases del Gobierno de coalición, que llevó a cabo la liquidación de la agobiante herencia de la Dictadura militar, tanto en lo político como en lo social.


En tercer lugar, quedó así comprobado que la consolidación de la República liberal democrática resultó del entendimiento, en Nueva York, en 1957, de los tres esclarecidos dirigentes políticos, que acordaron los documentos fundacionales mencionados. En términos más directos: tres hombres fueron capaces de interpretar las aspiraciones democráticas de los venezolanos, como quedó demostrado en la altísima participación electoral. ¿Tuvieron necesidad de consultar a la opinión pública? ¿O, de su parte, lo hicieron con la militancia de las organizaciones políticas que representaron? ¿Invalidó el no haberlo hecho lo socialmente acertado y beneficioso de sus acuerdos y decisio
La sociedad democrática venezolana está abocada a otro momento decisivo de su historia.

Tendrá que  asumir decididamente la defensa de la República, reafirmando su vigencia plena, basada en el libre ejercicio de la Soberanía popular como principio inmanente, tanto de la formación como del ejercicio y la finalidad del Poder público, en una República liberal democrática. ¿Para estos fines, cuál experiencia les serviría de guía, si no de modelo? ¿Dónde buscarlos? Puedo afirmarlo rotundamente: no hay una experiencia que supere la edificada por el pueblo venezolano y que hoy pueden y deben recordar y rescatar el pueblo y sus orientadores sociales y políticos.Al decir esto último no me refiero a términos más o menos lejanos, sino a los que de hecho seguimos viviendo en el tiempo histórico, porque el haberlos vivido condujo a la más importante realidad de nuestro tiempo sociopolítico: la Democracia ha dejado de ser, en Venezuela, un propósito y una determinación nacidos del patriotismo y la lucidez de un puñado de hombres bien intencionados, y del modo ejemplar como ejercieron el Poder público. La voluntad democrática se ha convertido en una fuerza que brota de la sociedad y determina la conducta a seguir por los dirigentes políticos y sus partidos.Es difícil concebir una modalidad más viable de acatamiento de este cambio histórico fundamental de la sociedad venezolana que la actualmente practicada. Una trascendental unidad  democrática, integrada por las más diversas fuerzas, sociales y políticas,  que luchan por la preservación de la República, el restablecimiento pleno de la Democracia, y la adopción del procedimiento de las elecciones primarias para escoger el candidato presidencial de la unidad democrática, -aplicando en esto lo propuesto por la histórica Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, (COPRE)-, marca el nivel más alto concebido para conseguir la plena vigencia de la Soberanía popular.


¿Es razonable, en estas circunstancias, seguir repitiendo, inadvertidamente, que debe prescindirse del pasado histórico para determinar el porvenir de la sociedad democrática venezolana? De pretenderse seguir por ese imposible camino, que, sin embargo, algunos predican, el objetivo no sería posible ni siquiera escogiendo un candidato que no tenga más de 12 años cumplidos, o que haya hibernado, en ausencia virginal, hasta la actualidad.Permítanme terminar haciendo votos porque prevalezca la sensatez histórica. Caracas, mayo de 2011.

_________________________

* Ponencia presentada en la reunión del Grupo Jirahara.

 

 

german.carrera.damas@gmail.com 



 

34-Aº Mensaje histórico

 

EL LEGADO

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Universidad Central de Venezuela


Nota
: Ensayando el ejercicio científico del enfoque prospectivo de la Historia, y aplicándolo de manera alusiva, al caso de la Venezuela contemporánea, hace exactamente siete años, el 10 de mayo de 2008, remití a mis corresponsales y amigos el presente mensaje. Hoy, 23 de mayo de 2015, creo oportuno someterlo de nuevo a su consideración, sin hacerle enmienda alguna. G C D.

 

Había sucedido. Sólo que ahora nos costaba mucho mirar hacia delante, y sobre todo hacerlo sin que el intento se viese contrariado por la presencia de una realidad que se revelaba, más y más, como una perversa combinación de estados de ánimo. Se barajaban en esa combinación la determinación de reanudar la marcha interrumpida, y una casi irrefrenable ira hecha del visible contraste entre los pasados logros convertidos en restos y el insoslayable peso de las esperanzas frustradas. Bastaba recorrer el fundo, descuidado y malogrado, para que tal combinación amenazase desbordarse, abriéndose cauces de desaliento. Pero tales eventuales desbordamientos debíamos asumirlos como llamadas de atención para despertar, estimular y dirigir determinadamente las reservas de confianza en el propio esfuerzo, y en nuestra probada capacidad de creación. Mucho significaba, para estos efectos, el haber mantenido vivo el recuerdo de la obra de conformación de la nacionalidad republicana democrática, realizada durante el pasado medio siglo.

               
Sin embargo, no era posible atenuar, ni menos subestimar, el alcance y la proyección de los efectos del reciente pasado. Las cercas del fundo, descuidadas o deliberadamente levantadas, eran traspasadas impunemente por depredadores, cuyas incursiones criminales, impunes y hasta auspiciadas por los  mismos que debían reprimirlas e impedirlas, mantenían en constante desasosiego a los pacíficos habitantes del desguarnecido fundo. Los caminos abandonados y los puentes desplomados; las extensas zonas devastadas por la conjunción de los desastres naturales y la incuria gubernativa; las instalaciones industriales y galpones desiertos, saqueados y ruinosos; los sembrados invadidos y los rebaños diezmados; las escuelitas destartaladas; los dispensarios abandonados; el teléfono y el correo puestos al servicio de la incomunicación; todo sumaba en un cuadro desolador que, sin embargo, disimulaba los más profundos y duraderos estragos causados por los dislates del capataz imprudentemente designado, confabulado con sus mayordomos y peones irresponsables, que habían hecho suya la obra de los legítimos propietarios del fundo, quienes habían sido sorprendidos felonamente en sus aspiraciones de un futuro mejor.

               
La lucha contra los efectos de tales estragos, más temibles porque amenazaban con ser prolongados, se libraba en el ámbito de la conciencia individual y colectiva. Tenía que ver con la capacidad de identificarlos y de situarlos en una perspectiva de comprensión y de superación, despejándolos de una tupida atmósfera hecha de ramplonería, ridiculez desbocada y substitución del respeto, mutuo y ajeno; y por la palabra y el gesto zafio, cuando no soez. Para lo primero, era requisito ubicar los agentes nefastos en su condición transitoria y circunstancial. Tal ocurría con la actitud ante el trabajo productivo y el manejo inteligente y prudente de los recursos, tanto individuales como colectivos. Para lo segundo, era necesario restablecer valores morales y dimensiones éticas cuya vigencia había sido desacreditada de propósito, palabra y acción, ahogándola en una desenfrenada y ostentosa corrupción, y en un insultante despotismo.

               
Había llegado la hora de reagrupar fuerzas para restaurar, reordenar e impulsar la vida de quienes nunca habíamos perdido la confianza en el futuro promisorio del fundo; ni siquiera cuando una porción de sus legítimos dueños incurrieron en la ilusión de confiar en un capataz jactancioso y felonamente prometedor. Para esos fines era necesario que comenzáramos por rescatar los vestigios de la lógica que, por vapuleada y escarnecida, parecía haberse ausentado del fundo, espantada ante la entronización de su afrentoso adversario la ilogicidad. Estábamos persuadidos de que habría de ser dura, pero no irrealizable, la tarea de rescatar la luz de la palabra, despojándola de la mentira; y de recuperar la credibilidad de los llamados a orientar y dirigir. En suma, de lavarle le cara a la República para que pudiese mirarse, confiada, en el espejo de la opinión pública libremente expresada.

    
Comprendíamos los sobrevivientes de aquel naufragio en tierra, que el rescate de la lógica debía comenzar por hacer  un puntilloso balance del legado in solidum que así recibíamos. Esto suponía comenzar por listar lo que de ese legado podía ser aprovechable, de alguna manera, para restaurar el fundo; y hacer de ello plataforma del renacer procurado; y con ello poder saldar las deudas contraídas con la genuina voluntad nacional, restableciéndole su capacidad de decisión; con el derecho al bienestar social, asfixiado por la dilapidación y la ineficiencia en el uso de los recursos públicos; y con el ejercicio de la soberanía popular, substrayéndola de sórdidos nexos y oscura subordinación.  No fue empeño escaso ni productivo. En vano procuramos identificar lo que en el legado podía haber de tangible, y de precisamente determinable, que pudiese servir a tales efectos. Incurrimos en la ingenuidad de esperar que algo de lo cuantiosamente producido por el fundo pudiese haber sobrevivido al dispendio, la corrupción, la improvisación y los maliciosos destinos.


Persuadidos de que era inútil proseguir en tal esfuerzo, los legítimos propietarios del fundo nos aventuramos a indagar sobre lo que de intangible hubiese en el indeseable legado, que pudiese servir a la recuperación del fundo; y sólo esto hallamos: la actuación de quienes habían manejado el fundo a su antojo lo único que había conseguido, y que nuestra lucidez valorase como útil, era haber contribuido, a contra voluntad, a despejar de algunos mitos y falsas creencias el pensamiento colectivo de los habitantes del fundo.

               
Valido de su precario pasado militar, el capataz que hizo también las veces de mayordomo y hasta de dueño absoluto del fundo, no sólo practicó un insultante despreció por quienes no participábamos de ese pasado, fuésemos  o no civiles. Proclamando a sus seguidores hacedores del orden, en todas sus expresiones, al confundir perversamente el orden con la subordinación y la incondicional obediencia, hizo de estos oscuros y resentidos seguidores simple prolongación de un omnímodo poder cargado del más eruptivo desorden. Una a una, instituciones y corporaciones que habían sido concebidas como deliberantes y autónomas, se hundieron en un pantano hecho de amedrentamiento, logrerismo y lucro personal.  Las que no se inclinaron ante el despotismo fueron agredidas  mediante la artería verbal y seudo jurídica de rábulas agavillados. Sólo alcanzaron a sobrevivir las que asumieron un alto costo ético, e hicieron gran despliegue de firmeza democrática.  Vaciados aún de la más elemental capacidad autonómica, los cimientos institucionales del fundo se habían disuelto en la desconfianza, y hasta el desprecio, de quienes debíamos tenerlas por garantes de nuestros derechos. Ya no será posible que recaigamos en la candidez de suponerles a los militares aptitudes y voluntad de preservar el orden. Por el contrario, se han consagrado como destructores del orden social.

               
Valido también de su precario pasado militar, el capataz que hizo las veces de mayordomo y hasta de dueño absoluto del fundo, predicó la segunda parte del mito militar. Practicando un insultante despreció por quienes no participábamos de ese mito,  fuesen o no civiles, proclamó y recomendó, a quienes compartían su escuálido pasado militar, como agentes de la eficiencia, en todos los órdenes; y los distribuyó ubicándolos a la cabeza de todas las actividades del fundo. Con  arrogancia y prepotencia delegadas, subordinados militares y civiles de servil vocación, proclamaron normas de orden y eficiencia, es decir el mito completo. Sólo que sus preceptos se tradujeron en autoritarismo gubernativo e irresponsabilidad administrativa, cultivados como nepotismo, favoritismo y corrupción, y amparados en  la impunidad política y en la no rendición responsable de cuentas. Ha quedado  así libre nuestra conciencia de sobrevivientes, del mito que asociaba lo militar con el orden y la eficiencia, al revelarse y exhibirse el mito como mera cobertura del más crudo monopolio del desorden y el desbarajuste gubernativo y administrativo.

               
Pero había ocurrido que el capataz que hizo también las veces de mayordomo y hasta de dueño absoluto del fundo, había envuelto su falaz mensaje de orden y eficiencia en un papel de colores por el que habíamos dado seculares pruebas de gusto los desprevenidos pobladores del fundo. Ese papel, utilizado para el ocultamiento de lo real,  era desempeñado por una creencia históricamente generada, que había sido convertida de un culto del pueblo en un culto para el pueblo. Visto como el que independizó el fundo, demarcándolo históricamente; y por ello erigido en símbolo de los más altos valores socializados, al ser puesto al servicio de las depredadoras acciones del capataz, los mayordomos y los serviles, poco a poco se fue haciendo claro que el mito heroico, socialmente consentido y políticamente manipulado, se convertía en una grotesca y descarada coartada, utilizada para distraer la opinión mientras se atropellaba los valores por los que se proclamaba que había luchado el objeto del culto así rendido. El hastío y la decepción, así cultivados de manera atropellante, habían liberado la conciencia pública del más peligroso de los mitos, puesto que por casi dos siglos le había servido de transmisor al virus del militarismo, bien sea intencionalmente inoculado por los gobiernos autocráticos, bien sea inadvertidamente invocado por los gobiernos democráticos.

                Hecha estas comprobaciones, se nos planteó el hacerlas confluir con los signos favorables a la recuperación del fundo, que se advertía en los restos que habían sobrevivido al ensañamiento destructivo, con  los valores que no solamente habíamos preservado y defendido en los tiempos aciagos, sino celosamente cultivado íntimamente y activado de manera reiterada. Al correlacionar lo involuntariamente legado por los usurpadores de la soberanía popular, con lo voluntariamente preservado por quienes nos mantuvimos fieles a esa soberanía, quedó claramente restablecida la confianza histórica en la democracia, entendida y practicada como laboriosa procura del orden libremente consentido, y de la eficiencia responsablemente controlada; ambos dentro del respeto del ejercicio de la soberanía popular como principio legitimador de la convivencia de los habitantes de una república que había sido abusivamente tratada como un fundo, del que se había apropiado dolosamente una gavilla de militares y civiles serviles que tan sólo habían logrado demostrar que les calzaba el haberse revelado como hombres nuevos con hambres viejas.

Caracas, 10 de mayo de 2008

 

 

german.carrera.damas@gmail.com 



 

78º Mensaje histórico

 

¿PODRÍA AYUDARNOS LA HISTORIA?*

 

Germán CARRERA DAMAS

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación.

Universidad Central de Venezuela.

 

Los venezolanos sobrellevamos actualmente una grave crisis sociopolítica causada. El pronóstico permite considerar que la crisis se acentuará, y que lo hará de manera acelerada. Hasta el punto de que se cierne sobre la Nación venezolana la amenaza de una situación cuyo manejo demandará la toma de decisiones sobre medidas extraordinarias.

            
Para ello se hará necesario, y urgente, contar con un diagnóstico global, fundado en la determinación de los males por remediar; pero que se corresponda objetivamente con los síntomas fundamentales. Para atender a este propósito, me permito proponer que conversemos sobre las siguientes posibilidades:

 

            
Diagnóstico global: El tejido social de la nación venezolana se revela como seriamente afectado en áreas primordiales.

 

            
Pronóstico: El daño causado tiende a agravarse, con alto riesgo para la conciencia nacional; lo que podría crear un ambiente social propicio a la admisión de engañosos proyectos salvacionistas.

 

            
Algunos síntomas:

 

            
1º 
La relación logro-esfuerzo se halla debilitada, o falseada, como resultado de la pérdida de significado social del concepto de mérito.

           
 2º La relación falta-sanción se revela ineficaz, si no del todo ausente; o ha SIDO remplazada por la permisividad y la impunidad.

           
 
3º La conciencia histórica del venezolano se halla confundida, por haberse desprestigiado la República como alta realización histórica.

            
4º La condición genésica de la ciudadanía revela las consecuencias del desconcierto reinante en la historicidad de la conducta social.

            
5º Los pobres han sido convertidos en sumisos mendicantes.

            
6º La moral individual y colectiva ha sido substituida por la falaz ética de la coartada programática.

            
7º La conciencia histórica, en sus manifestaciones de procedenciapertenencia y permanencia, ha sido substituida por pautas y consignas intemporales, desprovistas por lo mismo de legitimidad histórica.

            
8º Son notorios el descenso en la instrucción y en la investigación científica; al igual que en la formación política y ciudadana. Esta última se halla privada de la ejemplaridad que deben impartir el ejercicio honesto y responsable de la política institucional, y la ejemplaridad del desempeño del Poder público, en todos los niveles.

            
9º Ha sido desvirtuado el concepto jurídico constitucional y sociopolótico de Soberanía popular, subsrituyéndolo por el indefiniblende “Poder popular.”

10º Ha sido estigmatizada la clase media, fundamento histórico de la República y del Estado republicano moderno liberal. 

 

Probable contribución remedial de la Historia:

             
1º 
Devolviéndole a la conciencia histórica su papel constructivo en la relación social logro-esfuerzo; lo que significaría revaloración social de lo logrado y compromiso individual de guardarlo.

           
 2º Restableciendo la moral ciudadana individualizada, basada en la responsabilidad, tanto en la relación logro-esfuerzo como en la relación falta-sanción.

           
 3º Fomentando la autoestima, como fundamento del patriotismo, contribuyendo a que la procedencia, sea un honor;  la pertenencia, un compromiso; yla permanencia, un deber.

            
4º  Contribuyendo a restablecer el desempeño de la ejemplaridad en el ejercicio del Poder, como referente de la conducta social y ciudadana.

            
5º 
Estimulando el cumplimiento del compromiso de veracidad en el ejercicio del Poder público.

            
6º 
Contribuyendo a enderezar la conciencia histórica del venezolano, mediante la revisión crítica y metódica de la historiografía oficial; sobre bases como las siguientes:

            
 a.-“El 24 de junio de 1821, en la llanura de Carabobo, el ejército de la República de Colombia, comandado por el general colombiano Simón Bolívar, nacido en la Gobernación y Capitanía General de Venezuela, entonces Departamento de Venezuela de la República de Colombia, completó la Independencia de la República de Colombia, por él promovida, y creada por el Congreso llamado de Angostura, mediante una Ley Fundamental aprobada en el 17 de diciembre de 1819, y promulgada en ese mismo día Por su Excelencia el Presidente de la República Simón Bolívar; cuyo Artículo 1º reza: ‘Las Repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso de República de Colombia’ ”.

            
b.- 
La edificación de la República de Colombia, moderna y liberal, fue la escuela donde las siguientes generaciones de venezolanos, neogranadinos y quiteños, cursaron la materia “republicanismo”; en cuya aplicación hemos invertido casi doscientos años de esfuerzos y estamos ya cerca de graduarnos.”

           
 
c.- “En ese sostenido esfuerzo, los demócratas venezolanos, dirigidos y orientados por Rómulo Betancourt, al rescatar y actualizar el ejercicio pleno y libre del principio primordial republicano de La Soberanía popular, como realización de la denominada Revolución de octubre, en el lapso 1945-1948,calificaron como sobresalientes; y su director y orientador quedó históricamente consagrado en su condición de genuino fundador de la República liberal democrática venezolana, heredera de la ensayada en virtud de la Constitución de la República de Colombia, promulgada en 1821.”

  

Caracas, 10 de septiembre de 2015.

__________________________________

* Esquema para una conversación sostenida en el Museo de Arte Colonial. Caracas, Domingo 13-9-2015. Nota: Con algunos añadidos producto de la conversación.

 

 

 

german.carrera.damas@gmail.com 




LAS MIGRACIONES NO CONTROLABLES
El Nacional, Caracas, 20 de febrero de 1995

Germán CARRERA DAMAS

Historiador

Constituyen uno de los fenómenos masivos más importan­tes de nuestro tiempo. Compromete el destino de pueblos enteros y amenaza la estabilidad social aun de los países más poderosos. Se presenta con rasgos y ritmo tales que reta la capacidad de acción de los gobiernos. Genera  confrontaciones sociales que ponen en grave riesgo el orden democrático y el deseado imperio de los derechos humanos. No sólo la libertad se ve puesta en riesgo. El concepto mismo de derechos humanos estaría en entredicho, si admitiéra­mos que el primero y más sagrado de esos derechos es el de no de­jarse morir de hambre. Y es el ejercicio de este derecho, en ultima instancia, el que genera el fenómenos demográfico que denomino migraciones no controlables .


Tiene más de fenómeno nuevo que de variante de las mi­graciones conocidas. Es expresión vital de sociedades en las cuales han aparecido fenómenos como el nunca empleado. Este es el in­dividuo que entra en su madurez no como desempleado sino como alguien que jamás ha tenido empleo. Y que seguramente no alcanzará a tenerlo.... La masificación de este fenómeno, sumada a las tradicionales causas de migración, -pobreza crónica, inamovili­dad social, inseguridad grave y permanente, etc.-, nutre las migra­ciones no controlables. Por lo profundo, lo persistente y lo genera­lizado de sus causas, éstas alcanzan niveles de intensidad y de ma­sificación que desbordan los medios empleados para controlarlas y o desalentarlas.


El fenómeno de las migraciones no controlables está pre­sente hoy en regiones y áreas culturales muy diversas. Pero sobre todo en  Europa, respecto del Magreb y de Asia; en Rusia respecto de las sociedades islámicas de la antigua Unión Soviética; en di­versas partes de América Latina, y especialmente en Venezuela respecto de Colombia, el área andina y el Caribe;  y en los Estados Unidos respecto, particularmente, de México, América central y el Caribe. Pero cabe advertir que no se trata de procesos migratorios forzados, como los generados por el conflicto árabe-israelí, por la crisis del socialismo autocrático y por las crueles guerras de los Balcanes y el Cáucaso. Tampoco de los generados por los genocidas enfrentamientos tribales centroafricanos.


De todos los casos mencionados quizá sea el más estudiado  el de la frontera entre México y los Estados Unidos. Abundan los estudios realizados por organismos oficiales e instituciones aca­démicas. Los publicados por El Colegio de la Frontera, en México, y por la Universidad de California en San Diego, son especialmente importantes. A estos esfuerzos de conocimiento se suman medidas legislativas, masivo empleo de recursos de todo género y prácticas frecuentemente nada compatibles con los derechos del hombre y hasta con la más elemental dignidad humana.


No obstante, el Presidente Clinton ha considerado necesa­rio formular su estrategia de control de la inmigración. Lo ha he­cho partiendo de la proclamación de un principio que mueve a re­flexión: "Somos una nación de inmigrantes, y todos debemos estar orgullosos de ello. Pero no es bueno e incluso es autodestructivo para una nación de inmigrantes permitir el tipo de abusos que se ha visto en los últimos años".... Sentado este principio, esbozó una política cuyos ejes son el control del empleo y la represión policial de la inmigración ilegal. El objetivo lo precisó el secretario del Trabajo, Robert Reich: ..."en este país estamos creando lugares de empleo tercermundistas poblados por trabajadores tercermundis­tas. Y tenemos que suprimirlos".


Mientras tanto la Conferencia por la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), de la que forman parte los Estados Unidos, se ocupa de la conciliación de los peligros de las migracio­nes no controladas con las necesidades de movilización de mano de obra. Pero también de los derechos de las minorías, -¿cuándo un grupo de inmigrantes ilegales se convierte en una minoría con de­recho a protección?-, mientras se avanza hacia la cumbre social de Copenhague. ¿Llevará el presidente Clinton su doctrina a esos fo­ros internacionales? Vale la pena recordar que el proclamado nuevo orden internacional atribuye gran importancia a la protec­ción y al libre ejercicio de los derechos humanos.


Hace varios años fue aprobada en los Estados Unidos la Ley Simpson-Rodino. Tuvo por objeto establecer un celoso reglamento laboral, el cual probablemente se buscará ahora fortalecer. Me preo­cupó entonces el que la eventual eficacia de ese instrumento pu­diese desviar corrientes de migración no controlable hacia nuestro país. Consideré oportuno que fijásemos las bases de una doctrina en esta materia. Parecía igualmente necesario que Venezuela com­prometiese en el tratamiento del problema a los países emisores de tales migraciones. El medio idóneo podía ser la celebración de una conferencia americana sobre migraciones no controlables. Buscar allí juntos, emisores y receptores, modos de tratamiento de la cues­tión que superen, y quizá lo hagan innecesario, el enfoque cruda­mente represivo. No parece que la inminente cumbre social de Copenhague sea el escenario propicio, pues probablemente allí nuestra problemática no recibiría la atención que requiere. En cambio, parece razonable pensar que una conferencia americana sobre migraciones no controlables encontraría actualmente una buena acogida.
 

 

german.carrera.damas@gmail.com 



 

¿SERÁ ESTE EL MOMENTO DE RECORDARLO?
Germán Carrera Damas


30-12-2014


Escuela de Historia

Facultad de Humanidades

y Educación. U. C.V.

 Sí, es el momento de recordar el Discurso de orden que pronuncié en el Acto universitario de iniciación de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela. Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, en el  21 de abril de 2010*.

 

Ilustre Rectora                     
Honorables Vicerrectores y Secretario     
Distinguidos miembros del Consejo Universitario         
Colegas profesores
Compañeros estudiantes


Es muy alto el honor que hoy me confiere esta Casa, de la que soy hijo intelectual y, en no menor parte, hijo espiritual. En ella sentí consolidarse la convicción de la que hablé a mis colegas, profesores y estudiantes de mi Escuela de Historia, en el acto conmemorativo de su cuadragésimo aniversario. Dije en aquella también honrosa ocasión,  que estudiar historia es aprender libertad. Y de esa libertad históricamente aprendida me valgo hoy para decirles lo que esta conmemoración representa para mí: Tenemos doscientos años defendiéndonos de la amenaza del despotismo.


Enfrentar el despotismo es la forma más inhumana de luchar por la libertad,  que es el más humano de los valores después de la vida; porque sin libertad la vida derrama su savia. Ese es el mensaje que esta Casa nos envía cada vez que escuchamos su himno; cada momento  en que tenemos presente que su misión institucional es vencer las sombras. No hay sombras más aciagas que las echadas por el despotismo sobre la libertad. Esas sombras no sólo oscurecen los caminos hacia el futuro, sino que ocultan y desvirtúan el pasado
.

D
urante doscientos años los autócratas que han logrado hacerse del gobierno, han alimentado la conciencia histórica del pueblo con la perversa confusión entre Independencia y Libertad; que no son en absoluto sinónimos. Y se ha hecho de nuestra obra, iniciada el 19 de abril de 1810 y proseguida el 5 de julio de 1811, una víctima de esa perversidad, alevosamente manejada por los mandones de toda pinta para escudar su despotismo tras la  conseja de que “Venezuela es un país libre”; y así poder mantener oprimido a su pueblo; sin que logre mediar la solidaridad internacional. Se valen esos déspotas, y sus cómplices en mala hora borlados, de una grande y alevosa mentira. Se escudan tras una coartada que ha brindado impunidad a las etapas   de la privación de su libertad a este pueblo, que ha luchado por ella con su sangre y su sudor durante doscientos años. Para que el engaño quede al descubierto basta recordar que se puede lograr independencia hacia el exterior, sin que haya libertad en lo interior.


Nacimos, como República, definitiva y perdurablemente conformada, en el seno de nuestra más grandiosa creación sociopolítica: en el seno de una República de Colombia que reiteradamente se proclamó independiente por sus armas y libre por sus leyes. Pero durante doscientos años se ha pretendido que las armas sirvieran sobre todo para  ahogar los períodos de libertad en los que los venezolanos hemos persistido patrióticamente, porque no concebimos una Patria sin libertad; porque así la institucionalizaron los constituyentes de Cúcuta en 1821, siguiendo con fidelidad mejoradora la “Ley fundamental de Colombia”, también promulgada en Angostura, el 17 de diciembre de 1819, por el  mismo gran arquitecto de estados independientes.


La definitiva institucionalización de la República venezolana, en el seno de la institucionalización de la República de Colombia, moderna y liberal, marcó la proyección de lo iniciado, para la mayoría de los pueblos que conformaron esa República, en Caracas, el 19 de Abril de 1810. Fue una fecha civil, que debemos rescatarla hoy como una acción civil, de una enorme trascendencia civil, histórica. Nunca militar. A esa fecha se le ha querido desvirtuar, en su significación, con un desfile de pantomimos. Vale la pena recordar, a este respecto, lo que señalan los obispos en su Carta Pastoral sobre el Bicentenario, acerca del hecho de que el 19 de Abril y el 5 de Julio “ocurrieron dos acontecimientos en los que brilló la civilidad”.


Permítanme invocar un título que podría contribuir a legitimar mi presencia en esta tribuna. Hace medio siglo, en esta mi Casa, escribí y publiqué un incipiente ensayo sobre los que denominé “Los ingenuos patricios del 19 de Abril y el testimonio de Bolívar”, refiriéndome a los tan denigrados pioneros de nuestra procura de baluartes legales para propiciar la búsqueda de libertad, salvaguardándola del despotismo. Sobre esos patricios y los el 5 de julio de 1811 han caído, con ahistórica perpetuidad, el desdén, y hasta la burla, de los hombres fuertes; fuertes de la irracionalidad; porque ningún enemigo de la libertad puede ufanarse de racionalidad.

Pero sobre ellos ha caído, también, la extrapolación abusiva de la injusta recriminación bolivariana, estampada en el Manifiesto de Cartagena. Ignoran quienes repiten esos cargos, -con ánimo que benévolamente califico de extraviado-, que al repetir esos cargos exhiben un flaco sentido histórico. El mismo airado joven que intentó eclipsar con sus infundadas imputaciones sus propias fallas, luego en Angostura, aquietado por la tenaz realidad de la lealtad popular a nuestra Corona; y vapuleado por la adversidad militar y política, rindió un encendido tributo a los que había tildado de repúblicos aéreos; refiriéndose a la obra constitucional de una elite civil ilustrada que representó, en aquel difícil momento, la esencia institucional de la inminente República. Permítanme que, de paso, me apiade de quienes, pretendiendo hacerse pasar por historiadores, dicen que esos ilustrados patricios representaban una especie de burguesía colonial, ajena  a los intereses del pueblo, contraviniendo lo dicho por el barbudo de Trevis y su compañero de pluma, en ese librito que recorre el mundo, sembrando fantasmas, desde 1848: “La burguesía ha jugado en la Historia un papel altamente revolucionario.” 


Hoy, también en esta mi Casa, digo que para honra y salud de nuestra Patria, aquellos ingenuos patricios siguen vivos y luchando, en las aulas de esta Casa; en las calles y barrios de esta Patria; en las cárceles secuestrados; en el exilio; y acosado su legado por la agresión del engendro parajudicial, que arroja sombras de ingratitud sobre esta Casa comprometida a vencerlas.


*     *     *     *     *

Ilustre Rectora                     
Honorables Vicerrectores y Secretario     
Distinguidos miembros del Consejo Universitario         
Colegas profesores
Compañeros estudiantes,  y decirles así no es por halago, tampoco por cumplido:    soy estudiante de la Historia, escrita con H grande        
Universitarios de todos los sectores, áreas y niveles profesionales.

 

Me niego a dejar esta tribuna sin confiarles algo que me ha tomado más de medio siglo aprenderlo. Es esto: Los hombres interrogamos la Historia, no tanto para comprender el pasado histórico, -vale decir el que sintetiza las etapas del tiempo cronológico-  sino para contrarrestar el temor a la incertidumbre. Pero, a su vez, los pueblos comparecen ante la historia, ante su historia. No lo hacen porque ésta sea tribunal, sino porque es la manera cierta de rendirse cuentas a sí mismos. Y me pregunto: ¿Cómo debería sentirse un pueblo que tras doscientos años de padecer y vencer, alternativamente,  el despotismo, se halla hoy asediado por el despotismo?                         

Sería fácil, engañosamente fácil, sintetizar la respuesta en una sentencia: ese pueblo debería sentirse abrumado. Pero nosotros, pueblo venezolano, no nos sentimos abrumados. Que no se me interprete a la ligera, porque digo tal cosa. No soy optimista, si por serlo se alude a quienes optan por evadirse de la realidad. Cultivo la certidumbre histórica; y ésta me dicta una lección, que es extensa, -muy al gusto de los historiadores-, pero que paso a resumir para ustedes: cuando yo nací, en 1930, sólo unas pocas decenas de jóvenes habían dado el paso al frente contra el despotismo que, con altibajos que apenas presentaba mella en su esencial continuismo, dominaba esta tierra, que falazmente proclamaban libre sus tiranos. Cuando era liceísta vi. nacer, a partir de 1945, la Democracia. Venezuela se llenó de hombres, mujeres y jóvenes que nos empeñamos en descubrir la verdad de la Libertad y de la Igualdad. Hoy me siento inconteniblemente orgulloso de pertenecer a un pueblo heroico que no sólo ha resistido, y resiste, los embates del despotismo, sino que avanza resuelto a obligarlo a disiparse.


Y me siento particularmente orgulloso de haberme formado en esta Casa; de pertenecer a esta Casa, que dio un paso al frente en 1928, y que lo da ahora, probándose consecuente en el cultivo de la Libertad y en el rechazo de todo lo que pretenda empañar el resplandor de la Libertad.


Sí, es un alto honor el haber sido encargado de hablar ante ustedes.  Pero debo confesarles que temo haber sorprendido a quienes pudieron esperar de mi que dictase una clase magistral. Y espero que esa sorpresa sea motivo de agradecimiento, pues éste no me parece el lugar, ni ésta la oportunidad, de una nueva radiografía de los hechos del 19 de Abril de 1810, que todos ustedes conocen.  He podido hacerlo; y lo hubiera hecho de no ser porque creo que comienzo a comprender la Historia; y  habiendo penetrado un palmo en su sentido, me siento más comprometido con una suerte de precepto que alguno de Ustedes quizá me haya escuchado decirlo: “Soy historiador, y por serlo me interesa el pasado; me interesa mucho el presente; me interesa sobre todo el futuro”. Y es la observancia de este precepto, lo que me induce a vivir en esa dimensión especial, ya mencionada, que denomino el tiempo histórico, es decir la dimensión que sintetiza, dinámicamente, las tres  también mencionadas etapas del tiempo cronológico.


Como historiador, he sido honrado con la oportunidad de hablarles. Como historiador que ha predicado sobre la responsabilidad social del historiador, he hablado. Pero, también, como historiador no puedo sustraerme a uno de los lugares comunes del oficio, que consiste en hacer citas textuales con indicación precisa de las fuentes. Debo, por consiguiente, hacer cuando menos una de esas citas; y se me ocurre ésta:  ….”Estamos de regreso de la larga etapa sombría. La historia trabaja en el mejor rumbo. Y a ayudarla se ha dicho. Porque no camina sola.” Eso escribió Rómulo Betancourt a Juan Bosch, el 30 de diciembre de 1955. (Rómulo Betancourt. Antología política,
Vol. VI, p. 430).


Permítanme despedirme exclamando: ¡Por una Universidad Central autónoma, libre y democrática, en una Venezuela independiente, libre y democrática!


Caracas, en el 21 de Abril de 2010.

_____________________________________________________________________________________________________________________

* Discurso de orden pronunciado en el Acto universitario de iniciación de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela. Universidad Central de Venezuela,  en el 21 de abril de 2010.
        

german.carrera.damas@gmail.com 



 

75º Mensaje histórico.

FORO SOBRE LA REPÚBLICA LIBERAL DEMOCRATICA (1945-1999) Y SUS LOGROS: UNA VISIÓN*
Germán Carrera Damas


12-12-2014

 

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades

Y Educación. U. C.V.


Finalizando la tercera década del Siglo XX, un grupo de jóvenes estudiantes se sintieron llamados a enfrentar el régimen de la que parecía eterna República liberal autocrática, heredera infiel de la República de Colombia, moderna y liberal. Entrada en su fase degenerativa, la República heredera se había trocado, desde los albores del siglo XX, en la Dictadura liberal regionalista. Despojándose de todo miramiento constitucional, centraba su razón vital en la preservación monopólica y desenfrenada del Poder público. Situación que era padecido por los jóvenes mencionados como negación  de Libertad. Por consiguiente, la ecuación del Poder público se sintetizaba como Dictadura vs. Libertad.


Les tomó tiempo, a esos jóvenes estudiantes, captar la esencia de esa situación. Anduvieron de por medio corrientes ideológicas; particularmente las vinculadas, o derivadas aviesamente, del Humanismo marxista. Tomó tiempo para que la experiencia de la cárcel y del exilio empujasen a un puñado de tales jóvenes, rebeldes, a la comprensión de que el fondo de la cuestión tenía que ver, sobre todo, con la naturaleza del Poder público. Lo que les condujo, a su vez, a emprender la revisión de los procedimientos tradicionales de acceso al Poder público. Progresivamente, los procedimientos tradicionales fueron superados, supeditados a otros procedimientos, abandonados y hasta condenados.


La marcha así emprendida culminó con la comprensión de que la raíz del conflicto radicaba en los procedimientos de formación, de ejercicio y de finalidad del Poder público. Con ello la antinomia dejó de expresarse como Dictadura vs Libertad, volviéndose Democracia vs Dictadura = Libertad; pasando a ser la Democracia clave para el goce de la Libertad.


Debo prescindir de los desarrollos concomitantes de esta evolución, para dejarle espacio a lo que expresamente nos ocupa hoy. Me limitaré a decir que, valiéndose del más rancio de los procedimientos de acceso al Poder público, -es decir, la genéricamente aborrecida violencia-; pero esta vez hibridado con un sostenido trabajo de preparación ideológica democrática, y con la participación de fuerzas civiles organizadas en consonancia, se desplazó del Poder a los representantes dictatoriales de la República liberal regionalista. Se procedió a instaurar un régimen cívico-militar que se dio a iniciar la edificación de la que denomino La República liberal democrática; -enfrentada hoy a su segunda crisis de desarrollo-; el balance de cuya instauración primera y primaria, en curso, intentaré resumir.

Mas no lo haré sin caracterizar el cuadro sociopolítico del cual partió esta creadora experiencia histórica. Para ello me limitaré a transcribir un fragmento de una conferencia, -la sexta-, que dicté en un ciclo semanal iniciado el 14 de febrero de 1974; compilada en  mi obra titulada Una nación llamada Venezuela:


“A fines de la década del 50 la sociedad venezolana aparece conformada como lo que podría llamar, aunque esto suene a contradicción, una pequeña sociedad de masas. Parece un juego de palabras, pero en rigor no lo es, aunque quizá sea más adecuado decir una sociedad con problemas masivos. Ya no se trata de aquella que he denominado universo de peones con un pequeño club de terratenientes manipulando las aspiraciones socioindividuales, sino de una nueva sociedad donde el proceso de movilización de grandes masas, el de urbanización, el proceso de desarrollo capitalista en el campo, el inicio der la industrialización, etc., han generado toda una nueva problemática de carácter social y económico. La Venezuela de la década del 60 se encuentra a sí misma como una sociedad cargada de tremendos problemas socioeconómicos que afectan a la mayoría de la población en una forma específica, pero es también la Venezuela que marcha tras el espejismo liberal, para la cual no existe, por definición, contraste entre libertad y hambre. Están planteados de esta manera los términos en que se habrán de debatir todas las cuestiones: realización del orden liberal como objetivo sociopolítico y satisfacción de ingentes necesidades sociales como objetivo socioeconómico.”  (“Tardía institucionalización del Estado liberal democrático en el marco del desarrollo dependiente de la implantación (1958-1974)”.
Una nación llamada Venezuela. (Proceso  sociohistórico de  Venezuela, 1810-1974). Caracas, Ediciones de  la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, 1980.  2ª edición, Monte Ávila Editores, 1988. 3ª  edición, Monte  Ávila  Editores, 1988.  4ª  edición,  Monte Ávila Editores, 1991. 5ª edición, Monte Ávila, 1997. 1ª reimpresión, Monte Ávila Editores, 2006).  


Pero antes de proseguir en este intento, permítanme recordar algo. Entrando el año 2000 advertí a mis compatriotas sobre el advenimiento de un régimen militar que denominé bolivariano-militarista, convertido en esperanza salvacionista por la que luego caractericé como una severa indigestión de la Democracia. (Véase:
El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo. Caracas, Editorial Ala de cuervo, 2005. 2ª edición, Alfa Editorial, 2011. Editado originalmente, como base de un seminario de graduados, con el título de Alternativas ideológicas en América Latina Contemporánea (El caso de Venezuela: el bolivarianismo-militarismo). University of Florida, Center for Latin American Studies. Bacardi Family Chair for Eminent Scholars, Gainesville, Florida, Estados Unidos de América, 2001).


Fundado en estos criterios, extraídos de lo histórico, propongo el siguiente balance de la República liberal democrática, en lo concerniente tanto a la formación del Poder público,  como al ejercicio y a la finalidad del mismo:

1.- Contribuyó de manera determinante a substituir la antinomia DICTADURA vs. LIBERTAD por el complejo conceptual DEMOCRACIA vs DICTADURA = LIBERTAD.


2.-
Ha sido clave en la inauguración y el establecimiento del Poder civil: interrumpiendo el predominio del Poder militar en 1945-1948; orientando su plena instauración, actualizada, a partir de 1959; y motivando hoy la lucha por el restablecimiento del Poder civil.


3.-
Se inauguró la instauración, en Venezuela, del régimen sociopolítico democrático moderno, al rescatar y poner en vigencia plena el principio de Soberanía popular. Primero inaugurándolo, en 1945-1948; y luego al orientar su  institucionalización, actualizada, a partir de 1958-1959 (Pacto de Punto Fijo, Programa mínimo de  Gobierno y Gobierno de coalición.


4.-
Se impulsó y patrocino la más significativa operación de inclusión social: reconoció sus derechos políticos a la mujer; promovió el rescate de la población rural, -ampliamente mayoritaria-,  mediante la Reforma agraria integral; hizo ciudadanos plenos a los analfabetos; fomentó la educación, moderna y democrática, en todos sus niveles; combatió el paludismo, -hasta erradicarlo-, y otras endemias; desarrolló el sistema asistencial, y también la que Rómulo Betancourt denominó el hambre ancestral de los venezolanos, etc.


5.-
Se puso por obra el inicio del desarrollo de una economía orientada a coadyuvar en la consolidación y el perfeccionamiento de la Independencia Nacional, y a sentar las bases sociopolíticas de la Democracia (CVF y OPEP). Y el de la denominada Doctrina Betancourt, en lo concerniente a la consolidación y preservación del régimen sociopolítico democrático en el continente, enfrentando a las dictaduras militares y previniendo acerca del riesgo que para ese régimen llegaría representar la entonces denominada revolución cubana.


6.-
Mediante la reformulación, modernizadora y democratizadora de los procesos de formación, ejercicio y finalidad del Poder público, acercó la sociedad venezolana, modernizándola, a ser la genuina República popular representativa, que constituimos en la Villa del Rosario de Cúcuta, en 1821.


7.-
Se ilustró la teoría, y se le puso en práctica, de la Revolución Democrática Evolutiva, formulada por Rómulo Betancourt. Hoy vigente,  encaminada a que los venezolanos nos rescatemos plenamente del secular atraso sociopolítico vestigio de nuestra monarquía originaria. Atraso inventariado, si bien entonces con propósitos continuistas de la postrer etapa de la República liberal autocrática, en el denominado Programa de Febrero.


8.-
Se promovió la estructuración de una sociedad de ciudadanos, practicando la concepción pedagógica de la política; y promoviendo la formación de partidos políticos modernos y el desarrollo del movimiento sindical organizado.

9.- Se estructuró el primer partido político moderno en Venezuela contemporánea; concebido y diseñado desechando la predicada fórmula clasista, como un partido del pueblo para el pueblo, de alcance nacional; y se propició el control pluripartidista,  como garantía del libre ejercicio de la rescatada Soberanía popular.


10.-
Se demostró, por primera vez, que en Venezuela si se puede gobernar sin robar ni pretender perpetuarse en el Poder; predicando y practicando la responsabilidad civil y administrativa y acatando el principio de la alternabilidad republicana.


11.-
Se echaron las bases para la maduración y consolidación de la Nación, mediante el inicio de la superación, cual factor determinante, de la distancia como expresión sintética de la muy escasa capacidad de la sociedad, así parcelada regionalmente, sobre el medio físico. Situación propiciatoria de los localismos y regionalismo; e impedimenta del nacimiento del mercado nacional. A este fin tendió el Plan Nacional de vialidad, formulado y adelantado a partir  de 1948.


12.-
En lo concerniente a su desenvolvimiento en el escenario internacional, además de la formulación y promoción de un nuevo mercado internacional del petróleo, y de mejores términos de intercambio con las economías desarrolladas, la República liberal Democrática de Venezuela sobresalió en las tareas de la descolonización y en la promoción de la cooperación en el seno de la OEA y de la ONU.


13.-
Se formuló y practicó la responsabilidad ética inherente al ejercicio del Poder público; entendida como guarda del destino de la conformación democrática de la sociedad, asumida a plenitud. Postura ilustrada, de manera sobresaliente, por la conducta de Rómulo Betancourt objeto de atentado y hostigado por la campaña del RR. Al igual que lo fue por la entereza demostrada por Carlos Andrés Pérez ante La confabulación de los notables, luego del atentado intentado en el 4 de febrero de 1992, y durante  el seudo judicial asesinato político de que fue víctima.

Conclusión:

La virtud de la República liberal democrática se advierte en la vigencia de sus  adelantados aportes de carácter sociopolítico y socioeconómicos; vigencia resultante de su correspondencia con los requerimientos del desarrollo democratizador de nuestra sociedad. Los regímenes adversos a esos aportes, dada su vocación retrógrada o por ser ajenos a esa realidad, los han adulterado, desvirtuado, corrompido…; pero aun se hallan tramando la manera eficaz de abolirlos, o al menos de desprestigiarlos en la conciencia social. Como sí lo han hecho con las inigualadas realizaciones materiales, (Sistema hidroenergético del Guri, Pequiven, Pedevesa, red infraestructural y de comunicaciones, INCE, etc.). Debe ser esta imposibilidad la que ha movido y mueve los intentos de secuestrar de nuevo la Soberanía popular, ahora mediante la supresión de la República misma; propósito ya hoy evidente incluso para muchos de los escépticos de hace todavía pocos días.
(Al respecto puede verse mi obra titulada En defensa de la República. Caracas, Libros de El Nacional. Prólogo de Simón Alberto Consalvi. 2013).


El más significativo y fecundo aporte de la República liberal democrática es, sin embargo de todo lo antedicho, la decidida y estimulante incorporación de la mujer al ejercicio sociopolítico de la Democracia, hoy mismo representada de manera ejemplar por la lúcida determinación de la que está dando pruebas María Corina Machado.


Caracas, 3 de diciembre de 2014.

 

 * Ponencia presentada en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, de la Universidad Central de Venezuela, el jueves 4 de diciembre de 2014.

 

german.carrera.damas@gmail.com 




LAS MIGRACIONES NO CONTROLABLES

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación

Universidad Central de Venezuela

Existe un estado de alarma en los países latinoamericanos de donde proceden fuertes contingentes de migrantes, legales e ilegales, asentados en Europa. Gobiernos, democráticos y no democráticos, se aprestan a combatir, en los foros e instancias internacionales, la reciente legislación de la Comunidad Europea en esa materia, por considerarla represiva y contraria a los derechos humanos. No parece que esos gobiernos prestaran una atención equiparable a las condiciones que, imperantes en sus respectivos países, inducen o impulsan a las que he denominado migraciones no controlables. Quizás esta actitud gubernamental revela un trasfondo poco halagüeño, al configurar una exportación de mano de obra que alivia tensiones socioeconómicas internas, y genera una entrada de remesas en monedas fuertes que se tiene buen cuidado en no incluirlas, en el rango que representan, en las cuentas nacionales. De hacerlo, se correría el riesgo de confesar que es la exportación de trabajo barato un renglón capital de las respectivas economías.


Al significar, las migraciones no controlables, una severa sangría de las sociedades emisores, -por cuanto en esas migraciones se reúnen, en grado nada desdeñable, la calificación en oficios y profesiones y el espíritu emprendedor-, van en desmedro de la capacidad de las respectivas sociedades para llegar a un estadio de su desarrollo que haga innecesario el reclamar que otras sociedades abran las puertas a quienes no encuentran en sus sociedades de origen las condiciones para realizar sus aspiraciones de superación social y bienestar económico y cultural. Esto sea dicho sin poner en la cuenta el exilio forzado por regímenes dictatoriales, al estilo fudelista; ni por la segregación interna llevada al extremo de condenar millones de personas a convertirse en inmigrantes clandestinos en el seno de su propia sociedad, cual ocurre en la Venezuela militarista y militar con los miles de trabajadores despedidos en la industria petrolera y condenados al desempleo, y con los millones de firmantes del referendum revocatorio mencionados en la infame “lista Tascón” y sus familiares.


Hace ya unos cuantos años que viendo venir este fenómeno social, hoy tan alarmante, y considerando especialmente sus efectos en el seno de América Latina y de Venezuela, compuse el breve artículo que me permito recordar en este Mensaje histórico. En su momento dejé constancia, y ahora lo ratifico, del respeto y la simpatía que me merecen los millones de personas que hacen valer el más sagrado de los derechos humanos: el de no dejarse morir de hambre.    


LAS MIGRACIONES NO CONTROLABLES
(Especial para El Nacional)


Constituyen uno de los fenómenos masivos más importan­tes de nuestro tiempo. Compromete el destino de pueblos enteros y amenaza la estabilidad social aun de los países más poderosos. Se presenta con rasgos y ritmo tales que reta la capacidad de acción de los gobiernos. Genera confrontaciones sociales que ponen en grave riesgo el orden democrático y el deseado imperio de los derechos humanos. No sólo la libertad se ve puesta en riesgo. El concepto mismo de derechos humanos estaría en entredicho, si admitiéra­mos que se trata  del primero y más sagrado de esos derechos: el de no de­jarse morir de hambre. Y es el ejercicio de este derecho, en ultima instancia, el que genera el fenómeno demográfico que denomino migraciones no controlables .


Tiene más de fenómeno nuevo que de variante de las mi­graciones conocidas. Es expresión vital de sociedades en las cuales han aparecido fenómenos como el nunca empleado. Este es el in­dividuo que entra en su madurez no como desempleado sino como alguien que jamás ha tenido empleo. Y que seguramente no alcanzará a tenerlo... La masificación de este fenómeno, sumada a las tradicionales causas de migración,-pobreza crónica, inamovili­dad social, inseguridad grave y permanente, etc.-, nutre las migra­ciones no controlables. Por la profundo, lo persistente y lo genera­lizado de sus causas, éstas alcanzan niveles de intensidad y de ma­sificación que desbordan los medios empleados para controlarlas y o desalentarlas.


El fenómeno de las migraciones no controlables está pre­sente hoy en regiones y áreas culturales muy diversas. Pero sobre todo en  Europa, respecto del Magreb y de Asia; en Rusia respecto de las sociedades islámicas de la antigua Unión Soviética; en diversas partes de América Latina, y especialmente en Venezuela, respecto de Colombia, el área andina y el Caribe;  y en los Estados Unidos respecto, particularmente, de México, América central y el Caribe. Pero cabe advertir que no se trata de procesos migratorios forzados, como los generados por el conflicto árabe-israelí, por la crisis del socialismo autocrático y por las crueles guerras de los Balcanes y el Cáucaso. Tampoco de los generados por los genocidas enfrentamientos tribales centroafricanos.


De todos los casos mencionados quizá sea el más estudiado  el de la frontera entre México y los Estados Unidos. Abundan los estudios realizados por organismos oficiales e instituciones académicas. Los publicados por El Colegio de la Frontera, en México, y por la Universidad de California en San Diego, son especialmente importantes. A estos esfuerzos de conocimiento se suman medidas legislativas, masivo empleo de recursos de todo género y prácticas frecuentemente nada compatibles con los derechos del hombre y hasta con la más elemental dignidad humana.


No obstante, el Presidente Clinton ha considerado necesa­rio formular su estrategia de control de la inmigración. Lo ha he­cho partiendo de la proclamación de un principio que mueve a reflexión: "Somos una nación de inmigrantes, y todos debemos estar orgullosos de ello. Pero no es bueno e incluso es autodestructivo para una nación de inmigrantes permitir el tipo de abusos que se ha visto en los últimos años"... Sentado este principio, esbozó una política cuyos ejes son el control del empleo y la represión policial de la inmigración ilegal. El objetivo lo precisó el secretario del Trabajo, Robert Reich: ..."en este país estamos creando lugares de empleo tercermundistas poblados por trabajadores tercermundis­tas. Y tenemos que suprimirlos".


Mientras tanto, la Conferencia por la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), de la que forman parte los Estados Unidos, se ocupa de la conciliación de los peligros de las migracio­nes no controladas con las necesidades de movilización de mano de obra. Pero también de los derechos de las minorías, -¿cuándo un grupo de inmigrantes ilegales se convierte en una minoría con derecho a protección?-, mientras se avanza hacia la cumbre social de Copenhague. ¿Llevará el presidente Clinton su doctrina a esos fo­ros internacionales? Vale la pena recordar que el proclamado nuevo orden internacional atribuye gran importancia a la protección y libre ejercicio de los derechos humanos.


Hace varios años fue aprobada en los Estados Unidos la Ley Simpson-Rodino. Tuvo por objeto establecer un celoso reglamento laboral, el cual probablemente se busca ahora fortalecer. Me preocupó entonces el que la eventual eficacia de ese instrumento pudiese desviar corrientes de migración no controlable hacia nuestro país. Consideré oportuno que fijásemos las bases de una doctrina en esta materia. Parecía igualmente necesario que Venezuela com­prometiese en el tratamiento del problema a los países emisores de tales migraciones. El medio idóneo podía ser la celebración de una conferencia americana sobre migraciones no controlables. Buscar allí juntos, emisores y receptores, modos de tratamiento de la cues­tión que superen, y quizá lo hagan innecesario, el enfoque cruda­mente represivo. No parece que la inminente cumbre social de Copenhague sea el escenario propicio, pues probablemente allí nuestra problemática no recibiría la atención que requiere. En cambio, parece razonable pensar que una conferencia americana sobre migraciones no controlables encontraría actualmente una buena acogida.


(NOTA: Publicado en El Nacional, de Caracas, el 20 de febrero de 1995)

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