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10 años después...
“SOLAMENTE”, POEMAS DE LUÍS ALBERTO CRESPO Y FOTOGRAFÍAS DE JOSÉ VOGLAR
Por Fausto Izcaray 

 

 


 

 

 

 

 

 

 






 

SOLAMENTE... UN NIÑO.

SOLAMENTE... UN PUEBLO.

SOLA...   MENTE...

Un niño de mente sumamente inquieta, ojos curiosos  e imaginación  poderosa, capaz de adivinar grandes fincas a la orilla del río Morere, al lado del dique que ha salvado a Carora de muchas inundaciones y que representaba a veces serranías por donde había que llevar al ganado para venderlo en el antiguo matadero del pueblo, cabalga en su corcel - que ha podido llamarse “trueno” por la influencia de alguna revista de historietas de vaqueros o “Rocinante”, porque su papá le leía el Quijote y le echaba cuentos de ese señor flaco como una vara de puyar locos que lo escribió -, caracoleando sobre las lajas de barro seco le grita a su “socio”:  “Carlos Arturo mueve las reses más p’acá   que tenemos que preparar el ordeño”.  

El socio, otro niño, “caracolea” su improvisado caballo de palo  y realiza una maniobra de pastoreo en bestia para responder a la petición de su compañero. Las reses eran recogidas por ambos del antiguo matadero de Carora. Cantidades de cachos que  botaban por los alrededores del sitio - cuando no se conocían algunos aprovechamientos industriales de esas partes de las reses sacrificadas -  servían para engrosar la “finca” de los dos noveles empresarios Luís Alberto Crespo y Carlos Arturo Meléndez, ambos de aproximadamente 10 años de edad. Esa “hacienda” y sus reses constituyeron por un largo tiempo una parte muy importante de la vida de quien sería en su adultez  un reconocido poeta venezolano. Así uno entiende el amor de Luís Alberto Crespo por los caballos, reflejado en sus reiteradas visitas a los llanos de Guárico y su gusto por coleccionarlos que culmina en “Señores de la Distancia”, su libro de poemas inspirados en esos nobles animales.           

Son esos paisajes de las cercanías de Carora  los que volvieron a convocar a sus musas, en esta oportunidad acompañadas por el ojo extraordinario del fotógrafo Voglar que deja testimonio indeleble de la naturaleza semidesértica, capaz de alojar sueños misteriosos, de noche, cuando las estrellas brillan a su antojo, sin brumas contaminadas y mandan tranquilas sus mensajes para que sean descifrados por poetas, bardos  e inspirados  músicos  nacidos en tan peculiar paraje.            

Y es que uno queda tan marcado que el camino es el útero de lo femenino , que te deja salir al misterio de la vida y que sin embargo te invita a regresar cada vez que cierras los ojos y respiras y recuerdas o revives.

Alguien te toca
porque se pone la mano en el pecho

Alguien dice que ha de volver
porque tiene tu mismo nombre

Los que duermen ladran afuera
o andan pálidos sin despertar todavía

Esas vivencias infantiles no se repetirán por un buen tiempo en la vida de Luís pues vino el obligado traslado a la ciudad, a Caracas, con su impacto urbano, los estudios universitarios, la lectura de los libros de moda, Paul Eluard, Sartre, Lawrence Durrell, con su Cuarteto de Alejandría en donde Luís me hizo descubrir al  poeta griego Cavafis con su Ciudad:

Dijiste:  “Iré a otra tierra, iré a otro mar.

Otra ciudad ha de haber mejor que esta”....

No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.

La ciudad te seguirá...

Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra - no lo esperes-

no tienes barco, no hay camino.        

Como si fuera una premonición de lo que vendría después, toda una obra de muy destacada calidad que inevitablemente construye sobre sus memorias de Carora, pero que se eleva a un lenguaje universal. Así como para el griego Cavafis la ciudad estaría con él en cualquier parte del mundo, para Luís Alberto Crespo, Carora y sus alrededores, sus gentes y sus espíritus están alquímicamente mezclados con sus vivencias caraqueñas y europeas. Los grandes artistas tienen la facultad divina de crear realidades virtuales con sus palabras y metáforas en las cuales están presentes los pueblos y sus gentes en una nueva dimensión en la que viven en el reino de la inmortalidad, con cualidades transmateriales. Homero lo hizo con Grecia. Cervantes lo hizo con lo español. Goethe  con Alemania o, para ser más preciso, con la Europa de su época. Crespo universaliza a Carora y la coloca en un plano atemporal, suspendida para siempre en el tiempo presente para quien lea sus obras.           

Solamente
es una fisura en el tiempo por la cual el lector se asoma a una dimensión en la cual se puede vivir una experiencia total. De lo que  se trata acá es de leer los poemas,  admirar  las fotografías  y esperar a que la mente-cuerpo desde el inconsciente nos cante, con voces profundas y sabias, si las sabemos escuchar, descifrar sus símbolos y simplemente sentir.                        

La presentación del libro es impecable. Lujosamente editado, con fotografías en color sepia,  produce en el lector una experiencia de profundo acercamiento con las tierras de Carora. Para el nativo de Carora, será un revivir de sus experiencias infantiles, de la adolescencia y, si está lejos de su tierra, una inmersión por ratos en sus familiares paisajes. Para el lector de otras tierras es una manera profunda de conocer el alma de ese pueblo a través de las metáforas de uno de sus hijos más destacados y de los ojos de un artista de la fotografía como lo es Voglar.

            Barquisimeto, 09/10/1996

Solamente

Un principio

de azulejo
un efímero
irreal
es este vuelo que canta
y yo me asomo
enterrado vivo
a la ventana
Tal mujer eres
sendero

Piso arena cuando quiero volver

y hay alguien
en mí
sobre la loma
De este lado
vive despacio
del otro
precipitado
 

Anoche
Sigue lo mismo
en el rebaño
y es igual escondido
el día entero
Anoche
escribía algo en calma
Escribía esto
Ahora
sé que lo que decía también estaba oscuro

 


(………)
Yo atravieso lo que está por verse
Yo duro donde falta

Con la mano en el ser
con su miedo


Es más adelante
y luego hosco

sin ni siquiera un poco
ni basta

Ahí

Con pendientes en nosotros

Nos rodean cosas sin boca

 


Me tocó la herida de la playa Pajarito

No distingo entre la huella y la cicatriz

Debo adelantarme al polvo en mí

Soportar
la aridez en vez del recuerdo