Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

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03-04-2016

Domingo II de Pascua. Domingo de la misericordia – C

Hch 5,12-16: Crecía el número de los creyentes que se adherían al Señor

Salmo 117: Den gracias al Señor porque es eterna su misericordia

Ap 1,9-13.17-19: Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos

Jn 20,19-31:  A los ocho días, llegó Jesús. Felices los que crean sin haber visto

El libro de los Hechos, el Apocalipsis y el evangelio de Juan se escribieron casi

El libro de los Hechos, el Apocalipsis y el evangelio de Juan se escribieron casi por la misma época. La Iglesia de Jesús, formada por muchas y diferentes comunidades, estaba recogiendo las diversas tradiciones sobre Jesús histórico y cada comunidad las reelaboraba y contaba de acuerdo a las nuevas situaciones que estaban viviendo. Eran tiempos de grandes conflictos con el imperio romano y con los fariseos de Jamnia (norte de Jerusalén), donde radicó el único grupo oficial judío que sobrevivió a la destrucción del templo el año 70. Es en este momento cuando se fragua la bifurcación de caminos entre el judaísmo oficial y el judaísmo cristiano, o judíos que creían en el también judío Jesús. A posteriori, la teoría (la hermenéutica, la interpretación que tenemos que elaborar para tranquilizar nuestros corazones y nuestras mentes dándonos un sentido) ha dicho que es que Dios decidió abrir una nueva etapa histórica manifestando un misterio escondido desde siempre, y otras varias teologías. Los estudios históricos hoy están en capacidad de trazarnos ya, más o menos, las causas históricas e ideológicas que de hecho cristalizaron en la separación. Hoy, a la altura de estos tiempos en los que la historia y la arqueología nos permiten conocer casi con toda seguridad cómo fue de distinta aquella historia, no estamos obligados a historificar la teología; tenemos derecho a saber la verdad, y a reconocer la teología como teología, como creación hermenéutica, que aquellas generaciones de cristianos necesitaron para interpretar y recrear su historia, pero que nosotros, en una sociedad culta y científica –con otra epistemología– no necesitamos para interpretar-recrear la realidad, podemos aceptar la historia como fue, como hoy sí sabemos que fue.

 

Lo mismo nos pasa con respecto al «calendario» de la muerte de Jesús – Pascua – Pentecostés... Lucas se tomó la libertad de imaginar/crear un calendario, un cronograma, que podemos de decir que se sacó de la manga, o sea, de su creatividad y genialidad catequética. Tan bien hecha resultó, que fue la que se llevó el gato al agua, la que se impuso, no por a la fuerza, sino por lo bien hecha que estaba y lo catequéticamente práctica que resultaba. (Estamos en un caso semejante a lo de la bifurcación entre cristianismo y judaísmo: lo que teologizamos no es realmente lo que sucedió con respecto al judaísmo oficial de Jamnia, pero es lo que «se impuso» –tampoco por imposición, sino por practicidad teórica; como sabemos, esta separación incluso abismo entre la realidad histórica real y nuestra propia visión-interpretación histórica, es mucho más frecuente que lo que ordinariamente pensamos).

 

En efecto, veamos. Jesús entra y se coloca en medio de la comunidad. Sopla sobre ellos/as y dice que les envía el Espíritu Santo. Para la comunidad de Juan (en la que, con la que escribe), la Pascua de Resurrección y Pentecostés acontecieron el mismo día en que Jesús resucitó. No hay que esperar 50 días para Pentecostés.

 

Y en esa Pascua-Pentecostés «toda la comunidad» de discípulos y discípulas recibe la autoridad para perdonar los pecados. Esto corresponde a la tradición que también Mateo ha conservado en su evangelio (Mt 18,18) y que luego la Iglesia, en su proceso de clericalización (reinterpretación clerical ésta sí, impuesta con poder de coerción) fue perdiendo, pero que sí recuperaron las Iglesias Evangélicas con la Reforma Luterana, que significó un esfuerzo sincero por reconciliarse con la historia real. Entonces, en el siglo XVI todavía no era tan posible como lo es hoy, por el avance de la ciencia; Ello querría decir que el avance del conocimiento de la humanidad, nos obliga a reconciliarnos con la realidad histórica, que cada vez conocemos mejor, y nos obliga a tomar conciencia del carácter construido de nuestras interpretaciones teológicas; tradicionalmente ha sido posible convivir con creencias y elaboraciones míticas, pero cada vez se nos hace más necesario relegar las creencias y las interpretaciones al cajón de las curiosidades históricas –con frecuencia muy ricas e instructivas– para quedarnos con una visión digna de esta humanidad que vive en una sociedad de conocimiento.

 

En la segunda parte de este evangelio nos encontramos con el diálogo de Jesús y Tomás. Hace tres años, nuestro comentarista, en este mismo comentario a este evangelio, escribió:

 

«Ojos que no ven corazón que no siente», dice el refrán. Cuentan que cuando Yury Gagarin, el astronauta ruso, regresó de aquel primer paseo a las estrellas, dijo: “He andado por el cielo y no he visto a Dios”. Pobre Yury tan parecido a Tomás, que podría llamarse su mellizo.

 

Hoy no nos atrevemos a tratar así a Yury Gagarin, ni al llamado «ateísmo científico» que en esa anécdota él simboliza. Los cristianos hemos estado dos o tres siglos enfrentados al materialismo científico, irreconciliablemente enfrentados a su ateísmo. La Iglesia empeñada en la existencia de un Dios concebido como un Señor, creador, todopoderoso, que lee nuestras conciencias, providente, que todo lo supervisa y lo autoriza o no, que habita en el cielo, que dice, piensa, decide, se ofende, se arrepiente, perdona... Y el ateísmo científico negando la existencia de tal «Señor», de rostro y características tan antropomórficas... La fe –decíamos entonces– consiste en «creer lo que no se ve», someter nuestro entendimiento y aceptar las fórmulas de la fe de la Iglesia aunque nos parezcan increíbles... Y se nos recordaba que tendríamos más mérito que Tomás el Apóstol, que sólo creyó cuando vio...

 

Se acabó aquel enfrentamiento inútil, aquel diálogo de sordos en el que las dos partes sólo tenían media verdad. Tenía razón el ateísmo científico en rechazar una imagen tan cosificada (dios como un ser, como un ente) y tan antropomórfica de Dios. Reivindicaba una verdad que los cristianos no acababan de entender. Había que dar la razón a Gagarin: efectivamente, por allí no pudo ver a Dios porque ese dios-ente celestial... no existe –y si efectivamente lo hubiera visto, habría que decirle que no era Dios eso que habría visto–. La fe no consiste en imaginar o en aceptar la existencia de un Señor por encima de las nubes ni en las alturas espaciales por donde Gagarin paseó; allí efectivamente no hay nada. Podemos seguir sintiendo la presencia del Misterio, a la vez que no creemos en duendes, en espíritus ni en divinidades antropomórficas. La fe es otra cosa. No es sumisión irracional del pensamiento, ni aceptación obligada de fórmulas o dogmas, o relatos míticos. El valor ejemplar de Tomás el Apóstol metiendo sus dedos en las llagas de Jesús, decididamente, no sirve en directo como metáfora para interpretar la fe en la coyuntura actual del mundo, por mucho que la forcemos. Es necesario dar un salto hacia delante, un salto cualitativo, por el que Dios deja de ser considerado un ente, ni un Señor, ni un habitante de las alturas del cielo... y la fe deja de ser sumisión del entendimiento, humillación de la persona, renuncia a la visión de la ciencia. Se acabó el tiempo del enfrentamiento con la razón y con la ciencia. Es preciso actualizar nuestras ideas, porque, con frecuencia, al hablar de la fe seguimos repitiendo los mismos tópicos sobrepasados del «creer lo que no se ve», de renunciar a la seguridad de lo que vemos, de ofrecer «el obsequio de nuestra razón», de humillarnos ante Dios... El ateísmo científico es un problema del siglo XIX, la ciencia actual abandonó esa posición hace bastante tiempo. Seguir utilizando para hablar de la fe aquellas metáforas combativas, no sólo no nos hace bien, sino que es dañino.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  UNIVERSAL 


Estas son las intenciones de oración del Papa Francisco para abril

VATICANO, Abr. 2016 /(ACI).- La Santa Sede ha hecho públicas las intenciones del Papa Francisco para este mes de abril, que están dedicadas a los pequeños agricultores y los cristianos del África.

 

La intención universal del apostolado de la oración del Santo Padre para el mes de abril de 2016 es: “Para que los pequeños agricultores, reciban una remuneración justa por su precioso trabajo”.

 

La intención Evangelizadora es: “Para que los cristianos de África en medio de conflictos político-religiosos, sepan dar testimonio de su amor y fe en Jesucristo”. 

 

7 cosas que debes saber sobre el Domingo de la Divina Misericordia

Vaticano Abr. 2016 /ACI).- La Iglesia está cerca de la celebración del segundo Domingo de Pascua o Domingo de la Divina de la Misericordia. ¿Qué es y por qué es tan importante este día para los católicos? Estas son 7 cosas que debes saber al respecto:

 

1. ¿Qué es el Domingo de la Misericordia?

 

Esta celebración se lleva a cabo en el segundo Domingo de Pascua. Se basa en las revelaciones privadas de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca que recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia en el pueblo de Plock, Polonia.

 

[Puede leer: 5 de octubre: Santa Faustina Kowalska, servidora del Señor de la Divina Misericordia]

 

2. ¿Cuándo empezó a formar parte del calendario de la Iglesia?

 

En el año 2000 el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. [Homilía, 30 de Abril, 2000]

 

3. Si esto se basa en una revelación privada, ¿por qué se encuentra en el calendario de la Iglesia?

 

En su comentario teológico sobre el mensaje de Fátima, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Emérito Benedicto XVI, escribió: “podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús”.

 

4. ¿Qué hace la Iglesia para animar a la celebración de la devoción a la Divina Misericordia en este día?

 

Entre otras cosas, ofrece una indulgencia plenaria: “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice (Juan Pablo II) ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos”. [Decreto de la Penitenciaría Apostólica del 2002]

 

5. ¿Qué es la imagen de la Divina Misericordia?

 

Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara. Luego el Señor le explicaría su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella.

 

En la mayoría de versiones Jesús se muestra levantando su mano derecha en señal de bendición, y apuntando con su mano izquierda sobre su pecho fluyen dos rayos: uno rojo y otro blanco.

 

“El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (….). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299). Toda la imagen es un símbolo de la caridad, el perdón y el amor de Dios, conocida como la "Fuente de la Misericordia".

 

[Puede leer: El significado de la imagen de la Divina Misericordia]

 

6. ¿Qué es la Coronilla de la Divina Misericordia?

 

La Coronilla es un conjunto de oraciones utilizadas como parte de la devoción a la Divina Misericordia.

 

Se suele rezar a las 3:00 pm (el momento de la muerte de Jesús) utilizando las cuentas del Santo Rosario, pero con un conjunto diferente de oraciones. Puede acceder a la Coronilla en el siguiente enlace.

 

7. ¿Está la devoción a la Divina Misericordia vinculada a las lecturas del Evangelio del Segundo Domingo de Pascua?

 

La imagen de la Divina Misericordia representa a Jesús en el momento en que se aparece a los discípulos en el Cenáculo -tras la resurrección-, cuando se les da el poder de perdonar o retener los pecados.

 

Este momento está registrado en Juan 20: 19-31, que es la lectura del Evangelio de este domingo.

 

La lectura se coloca en ese día porque incluye la aparición de Jesús al apóstol Tomás (en la que Jesús lo invita a tocar sus llagas). Este evento ocurrió en el octavo día después de la Resurrección (Juan 20:26) y por ello se utiliza en la liturgia ocho días después de la Pascua.




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20-03-2016

Domingo de Ramos – C

Is 50,4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes

Salmo 21: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?

Flp 2,6-11: Se humilló, por eso Dios lo ensalzó sobre todo

Lc 22,14–23,56: Hagan esto en memoria mía

CRISTO SIGUE MURIENDO POR NOSOTROS

1.- Jesús no se echó atrás. Jesús es el siervo sufriente. La lectura de Isaías tiene tres partes. Primero el profeta dice que Dios lo ha escogido y lo ha impulsado para proclamar la palabra de Dios. Segundo, el profeta no echa para atrás. Ofrece la espalda a golpes, recibe los insultos por ser profeta de Dios. Finalmente, el profeta persiste en mostrar coraje: su rostro fue como roca. Eso es lo mismo que vemos en la Pasión: Jesús no echó para atrás. Sabía que su ministerio y su predicación acababan en estas torturas y humillaciones, en esta muerte tan cruel y fea. Obedeció al Padre. Proclamó la verdad del Padre. Cumplió su misión por el Padre. Nosotros no lo podíamos hacer. No lo tenemos que hacer porque Jesús lo hizo por nosotros. Sí, nosotros también tenemos que obedecer, endurecer la cara como roca, hasta recibir insultos y golpes, pero no es nada comparable con la Pasión de Cristo porque Cristo era Dios mismo.

 

2.- Se humilló por nosotros. Jesús se entregó libremente por nosotros. En la carta a los Filipenses, San Pablo, en uno de los pasajes más maravillosos de la Biblia entera, describe en un himno lírico como Jesús abandonó sus prerrogativas divinas para tomar la condición de siervo, para humillarse, para morir en una cruz. Nosotros no somos divinos, nosotros mismos nos humillamos en muchas cosas antes que otros nos humillan, para nosotros la muerte es inevitable. Pero no fue así con Cristo. El Hijo se hizo humano y escogió ser humillado y morir. Para nosotros, al contrario, la humillación y la muerte son parte de nuestra condición desde nuestro nacimiento. Jesús hizo lo que nosotros nunca pudiéramos hacer.

 

3.- Aceptar nuestra propia cruz. La entrega de Jesús por nosotros para liberarnos del peso del pecado. La lectura de la pasión nos recuerda los últimos momentos vividos intensamente por Jesús. No podemos quedarnos con la contemplación piadosa de un cuadro melodramático. La lectura de la pasión debe ayudarnos para descubrir el drama que hoy vive la humanidad y nuestra actitud ante ella. No se proclama la Pasión de Jesús para contemplar o imaginar un espectáculo masoquista que nos muestra cómo unos hombres malos mataron al Hijo de Dios. Tampoco se proclama para que los fieles nos demos golpes de pecho y lloremos desgarradamente por el “pecado de Adán”, ni para sentirnos culpables porque en esa cruz pesada. No podemos olvidar que Él cargó con nuestros pecados. Aceptar nuestra propia cruz nos cuesta mucho, pero nos puede ayudar a llegar hasta Dios. Este cuento nos puede ayudar a comprenderlo:

 

“Una vez un joven andaba buscando al Señor, pues quería ser su amigo. El Señor estaba en el bosque preparando cruces para que sus amigos le siguiéramos. El joven encontró al Señor y cargó con una cruz. Era grande, pesada y tenía nudos que le herían en la espalda. Un diablejo se le cruzó y le ofreció un hacha. Fue cortando trozos a la cruz para calentarse por la noche. Cortó los nudos y ya no le dañaba. Así, lisa y pequeña, resultaba bonita. Casi podría colgársela al cuello como adorno. Pero al llegar al reino vio que la puerta estaba en lo alto de la muralla. «Apoya la cruz en la muralla y trepa por los nudos», le dijo el Señor. Pero la había recortado y pulido tanto que no podía subir. «Vuelve sobre tus pasos, le insistió el Señor, y si ves a alguno agobiado, ayúdale y así podréis subir juntos los dos con la cruz de tu amigo”.

 

Ayudemos nosotros a llevar la cruz a aquellos que sufren su peso… Su cruz puede ayudarnos a subir al Reino…

 

4.- La Pasión hoy en nuestro mundo Abramos nuestros oídos y también nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para descubrir, en la lectura de la Pasión, nuestra propia realidad. Tal vez nos identifiquemos con el que traiciona y vende a su amigo, a su familia, o a su pueblo por dinero. El hombre que facilita su casa para celebrar la cena pascual y provee generosamente para el compartir fraterno. El miedo de los discípulos ante el peligro; la falsa promesa de Pedro de acompañar a Jesús y estar dispuesto a morir con él, y la negación posterior. La debilidad en la oración por parte de los discípulos, el sueño que no los deja ver la realidad y la invitación a estar siempre vigilantes y orantes, pues no es fácil asumir la cruz de cada día. ¿Existen esas realidades en nuestro entorno social, familiar y eclesial? ¿Existen hoy personas que buscan la justicia por medios violentos, como lo quiso hacer aquel que sacó la espada para defender el proyecto de Jesús? ¿Existen hoy personas que, llenas de miedo, abandonan la causa del Reino y se esconden para defender sus vidas? ¿Existen hoy juicios como el que le hicieron a Jesús?

 

El Papa envía 270 familias neocatecumenales a evangelizar: Con el corazón voy con ustedes

VATICANO, Mar. 2016 / pm (ACI/EWTN Noticias).- Unas 270 familias de diferentes países recibieron esta mañana la bendición del Papa Francisco durante la audiencia que concedió a unos 8.000 miembros del Camino Neocatecumenal. Estas familias partirán en los próximos meses a evangelizar a los cinco continentes en 57 “missio ad gentes”, según el destino asignado esta semana durante una convivencia internacional en Italia y a pedido de los obispos de las diócesis donde acudirán.

 

En un principio estaban pensadas 50 “missio” pero finalmente lograron constituirse siete más en dicha convivencia.

 

Durante el discurso, Francisco mostró su cercanía y dijo: “los acompaño y los animo, y les pido, por favor, de no olvidarse de rezar por mí. Yo me quedo aquí, pero con el corazón voy con ustedes”.

 

El Santo Padre les agradeció esta decisión de abandonar todo por amor a Jesucristo y les animó en su nueva misión. “Les agradezco, en nombre mío, pero también en nombre de toda la Iglesia por este gesto de ir, pero ir hacia lo desconocido y sufrir. Porque habrá sufrimiento ahí, pero también habrá la alegría de la gloria de Dios, la gloria que está en la Cruz”, expresó.

 

Durante el encuentro, que contó con la presencia de varios cardenales y obispos y con los iniciadores y responsables a nivel mundial del Camino, Kiko Argüello, Carmen Hernández y el sacerdote Mario Pezzi, el Papa entregó una cruz a los sacerdotes responsables de cada una de estas “missio ad gentes”.

 

“Estoy contento de encontrarlos y les agradezco, porque hoy han venido numerosos. ¡Un saludo especial a aquellos que están por salir! Han recibido el llamado a evangelizar: bendigo al Señor por esto, por el don del Camino y por el don de cada uno de ustedes. Quiero subrayar tres palabras que el Evangelio les ha apenas entregado, como un mandato para la misión: unidad, gloria, y mundo”.

 

Sobre la unidad, el Papa recordó que se debe prestar atención al demonio porque es el que divide y siembra cizaña. “El enemigo de Dios y del hombre, el diablo, no puede nada contra el Evangelio, contra la humilde fuerza de la oración y de los sacramentos”. Es más, “provoca la presunción, el juicio sobre los demás, la cerrazón, la división”.

 

“Él mismo es ‘el divisor’ y comienza habitualmente con hacer creer que somos buenos, mejor que los demás: así tiene el terreno listo para sembrar la cizaña. Es la tentación de todas las comunidades y se puede insinuar también en los carismas más bellos de la Iglesia”.

 

Francisco les animó afirmando que “ustedes han recibido un gran carisma, carisma para la renovación bautismal de la vida. Se entra en la Iglesia por el Bautismo. Cada carisma es una gracia de Dios para aumentar la comunión”.

 

El Pontífice también señaló que “la Iglesia es nuestra Madre” y por eso “después del Bautismo no vivimos más como individuos aislados, sino nos convertimos en hombres y mujeres de comunión, llamados a ser operadores de comunión en el mundo”.

 

Sobre la gloria, el Santo Padre explicó que “la gloria de Dios se revela en la cruz: es el amor, que ahí resplandece y se difunde”. “Es una gloria paradójica: sin aclamaciones, sin ganancia y sin aplausos. Pero sólo esta gloria hace el Evangelio fecundo”.

 

La última palabra sobre la que reflexionó fue “mundo” para la que manifestó que “Quien ama no está lejos, sino va al encuentro. Ustedes irán al encuentro de tantas ciudades, de tantos países. Dios no es atraído por la mundanidad, al contrario, la detesta; pero ama el mundo que ha creado, y ama a sus hijos en el mundo así como son, ahí donde viven, incluso si están ‘alejados’. No será fácil la vida en países lejanos, en otras culturas, no les será fácil, ¡eh! Pero es su misión”.

 

“Y esto lo hacen por amor, por amor a la Madre Iglesia, a la unidad de esta madre fecunda; lo hacen para que la Iglesias sea madre fecunda”, subrayó. A las familias que saldrán en misión, el Papa también pidió mostrar “a los hijos la mirada tierna del Padre” a pesar de los problemas que encontrarán.
 

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13-03-2016

Domingo V Cuaresma – C

Is 43,16-21: Apagaré la sed de mi pueblo

Salmo 125: ¡El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres!

Flp 3,8-14: Por Cristo lo perdí todo, muriendo su misma muerte

Jn 8,1-11: En adelante no peques más

El texto del discípulo de Isaías es característico de su teología. Se lo ha llamado con frecuencia el “profeta del nuevo éxodo” (35,6; 41,18ss) y el texto que comentamos lo muestra claramente. Con la fórmula clásica del “enviado” (“así dice...”) comienza la unidad; como ocurre con mucha frecuencia Dios es presentado por lo que “hace”. La misma concluye en el v.21 ya que en v.22 comienza un nuevo oráculo de estilo muy diferente, con lo que el texto de la liturgia presenta claramente una unidad “redonda”. El estilo es hímnico, como se nota en los paralelismos (semejante a 40,22s; Sal 104,2ss; 136,5ss).

 

Es interesante que presenta una larga introducción (vv.16-17) sobre el pasado haciendo memoria de los acontecimientos del éxodo (Ex 13-14), pero con una serie de tiempos verbales que debemos tener presentes ya que se los dos primeros son participios (que traza, que hace salir), los dos segundos son imperfectos (se echarán, no se levantarán) y recién los dos últimos son imperfectos, y claramente pasados (se apagaron, se extinguieron), por lo que el marco principal es el presente que pone al lector “en medio” de los acontecimientos, con lo que recuerda a Israel que su fe no radica en los acontecimientos del pasado sino en Dios que “hace” esas cosas.

 

Lo llamativo es que después de toda esta introducción nos viene a decir en v. 18: “no se acuerden de las cosas pasadas” (no debe leerse como pregunta, como hacen algunas Biblias); las cosas “pasadas” son las del éxodo, como vemos en 41,22; 42,9; 43,9; 49,9; 48,3. ¿Por qué no recordar lo que acaba de poner en la memoria? La memoria (“¡recuerda!”) es fundamental en Israel (Sal 78), y por eso es importante la historia. Ciertamente porque lo que viene “es nuevo”, ya no estamos ante un río que se seca para que un pueblo pase, sino ante un desierto que se llena de agua para que el pueblo beba; lo nuevo es el camino en el desierto (35,8-10; 40,3-4), y el agua y la vegetación en ese lugar (35,6-7; 41,18-19). Es interesante recordar que el desierto es -para el tiempo del éxodo- un lugar terrible (“enorme y temible”, Dt 1,19; 8,15), allí Dios dio agua de la roca, y alimento del cielo; lo que ahora va a realizar —y realiza— es notablemente superior que hace empalidecer lo “antiguo”. Los acontecimientos que narra nos recuerdan lo que nos dice que no debemos recordar, y ahora en imperfecto: es algo que “se está haciendo”. Entre la doble referencia al agua en el desierto, aparece una extraña imagen: los que glorifican a Dios son los animales del desierto, no el pueblo (aunque estos parecen ocupar su lugar, como es frecuente, por ejemplo en los sacrificios, y se confirma en el relato con la doble referencia “mi pueblo, mi elegido”). Es este pueblo el que contará las alabanzas de Yavé (ver 43,10; 44,8), y es presentado como el pueblo que “me modelé”, con lo que regresamos a las imágenes de creación, muy frecuentes en el discípulo de Isaías (ver 43,1.7).

 

Lo que quiere destacar el autor es que no hay que quedarse en los acontecimientos del pasado por más maravillosos que hayan sido; quedarse en los acontecimientos y no en Dios es una forma sutil de idolatría, lo que hay que recordar es a Dios que es quien las hizo, hace y hará. El éxodo es el acontecimiento arquetípico y por eso es modelo de acontecimientos nuevos, no es algo en lo que Dios se ha estancado en el pasado. La “sola memoria” puede ser peligrosa, no puede ser un permanecer “estancados”, no tiene valor si no va acompañada de la esperanza, si no prepara futuro.

 

En la carta a los Filipenses vemos que lo que ha cambiado a Pablo dando un nuevo enfoque a su vida es el “conocimiento de Cristo Jesús”. Es cierto que otro “conocimiento” puede ser inútil o hasta perverso, pero si de conocimiento de Cristo se trata, ese llegará a su plenitud al final de los tiempos donde “conoceré, como soy conocido (por Dios)”, 1 Cor 13,12. Todo es “a causa de Cristo” (v.7). La esperanza judía en el mesías era ciertamente futura, pero Pablo es consciente que ya ha conocido. Sin embargo, todas las esperanzas de Israel, que tan bien quedan expresadas en Rom 9,4-5 no han “conocido” y han quedado al margen. Esto es, para Pablo, un motivo de gran dolor, como lo manifiesta especialmente (9,3). Pero para Pablo, todo lo que preparaba la llegada de Cristo, ya no tiene sentido, como el pedagogo (Gal 3,24-25) no tiene sentido una vez que el niño ha llegado a la escuela a la cual él lo llevaba. Es importante notar como Pablo empieza a poner los cimientos para una marcada separación entre Israel y la Iglesia, todo lo anterior, en comparación con Cristo es nada menos que estiércol.

 

El lenguaje que Pablo destaca es económico “pérdida - ganancia” pero sobre todo deportivo. Pablo pretende (notar la semejanza con el lenguaje de 1 Cor 13 que acabamos de mencionar): “ganar a Cristo y ser encontrado por él”. Las imágenes deportivas no son extrañas a Pablo (1 Cor 9,24-27; 2 Cor 4,8-9), y le sirven a Pablo como un ejemplo más para destacar algo que ya ha comenzado pero aún no ha concluido. Sin embargo, Pablo no pretende que las imágenes sean suficientes, él no corre con sus propias fuerzas, no espera llegar con su “justicia”, no lo ha alcanzado sino que fue él mismo alcanzado por Cristo . Aunque más “al pasar” que en Gálatas y Romanos, queda planteado el tema de la fe y las obras. Pablo sabe que colabora con la obra de Dios, pero sabe que no son sus fuerzas las que le permiten alcanzar la meta (notar esto tan característico de Pablo: conocer - ser conocido, ganar - ser hallado, alcanzar - ser alcanzado). La justificación -la meta- sólo puede venir de la iniciativa de Dios, no por la ley sino por la fe.

 

Como no conocemos el contexto de este relato del  evangelio de Juan, que es un relato añadido, no sabemos las razones por las cuales a Jesús quieren “ponerle una trampa”. Pero dada la semejanza con los acontecimientos del final de la vida de Jesús, según nos cuentan los Sinópticos, podemos pensar que el drama ya se ha desencadenado y se pretende por todos los medios encontrar argumentos para un juicio que ya está decidido. En ese sentido, el texto es semejante al de la moneda del impuesto al César. Tampoco es fácil saber exactamente cuál es la trampa, pero parece ser ponerlo en la disyuntiva entre ser fiel a la ley de Moisés, y consentir en que la adúltera sea apedreada, con lo que su insistencia en la misericordia se revela “hipócrita”, o insistir en la misericordia con lo que se manifiesta como infiel a lo mandado por Moisés.

 

A Jesús no van a buscarlo porque confíen en su buen criterio o porque reconozcan autoridad a su palabra, o porque él pueda decidir la suerte de la mujer. En realidad, en este drama ni Jesús ni la mujer son importantes. Ambos son rechazados por los escribas y fariseos. Jesús, porque buscan atraparlo, la mujer porque es una simple excusa para ese objetivo. Por eso, porque su palabra en realidad no importa es que el Señor se inclina para escribir en tierra. Manifiesta su desinterés por la cuestión, como ellos también la manifiestan.

 

Somos tan prontos a juzgar y condenar, nosotros los hombres. ¡Es tan fácil en este caso! Nada menos que una adúltera, descubierta en plena infidelidad. Hay que aplicarle el rigor de la ley: ¡debe ser apedreada! De paso, veremos cuánto de fiel a la ley es Jesús. La actitud del Señor no parece ser muy atenta; casi, hasta parece indiferente ... Juzgar y condenar, en nuestras actitudes, muchas veces van de la mano, se le parecen. Los hombres ya condenaron, falta que hable Jesús, para condenarlo también a él.

 

¿Sexo? ¡Horror! Para tantos, todavía sigue siendo el más grave y horroroso de los pecados. Es cierto que muchas veces nos hemos ido al otro extremo, y no hablamos ya del tema, pero cuántas veces nos encontramos con actitudes o comentarios que parecen que el único pecado existente es el pecado sexual. La envidia, la ambición, la falta de solidaridad, la injusticia, la soberbia, y tantos otros, parecen no existir en la “lista”. El sexo es "el" pecado. Esa es, también, la actitud de los acusadores de la mujer: fue descubierta en pleno pecado, ¡debe ser apedreada! "-Muy bien, el que no tenga pecado, tire la primera piedra". Y, casualmente, los primeros en retirarse son los ancianos, los que ya no tienen "ese" pecado. Muchos pecados hay, no uno, pero nosotros juzgamos, ¡y hasta condenamos!

 

Sería casi sin sentido hacer una lista de todos los pecados de nuestro presente; sería sin sentido porque sería interminable: basta con leer casi cada página de los diarios... ¿Quién considera pecado sus opciones políticas que miran sus intereses y no lo que mejor beneficie la causa de los pobres? ¿Quién considera pecado su falta de solidaridad con los marginados de su mismo barrio o región? ¿Quién considera pecado su "no te entrometas", o su falta de compromiso político para que los pecados desaparezcan?... Y, en esa misma línea: ¿quién no considera un pecado atroz y gravísimo a una madre soltera, o todo lo relacionado con el sexo?, ¿quién no considera verdaderamente intolerable toda cercanía siquiera con prostitutas...?

 

Este, que hoy leemos, fue el texto comentado por monseñor Romero en su célebre última homilía: “No encuentro figura más hermosa de Jesús salvando la dignidad humana, que este Jesús que no tiene pecado, frente a frente con una mujer adúltera... Fortaleza pero ternura: la dignidad humana ante todo... A Jesús no le importaban (los) detalles legalistas... Él ama, ha venido precisamente para salvar a los pecadores... convertirla es mucho mejor que apedrearla, ordenarla y salvarla es mucho mejor que condenarla... Las fuentes (del) pecado social (están) en el corazón del hombre... nadie quiere echarse la culpa y todos son responsables... de la ola de crímenes y violencia... la salvación comienza arrancando del pecado a cada hombre." "–No peques más".


 

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06-03-2016

Domingo IV Cuaresma – C 

Jos 5,9a.10-12: El pueblo de Dios celebra la Pascua

Salmo 33: Gusten y vean qué bueno es el Señor

2Cor 5,17-21: Dios, por medio de Cristo, nos reconcilió consigo

Lc 15,1-3.11-32:  “Tu hermano estaba muerto y ha revivido

La primera lectura, del libro de Josué, nos presenta un elemento fundamental para la liturgia, que es la celebración de la Pascua en el desierto. El texto presenta una serie de elementos que pueden discutirse desde una perspectiva “histórica”: el nombre Guilgal seguramente no se remite a lo que dice aquí el texto sino a un “círculo” de piedras que puede haber dado origen a un sitio que hoy no conocemos con seguridad (hay diferentes locaciones posibles). Pero no es esto lo importante, sino que algo importante ha terminado. Esto es presentado como “el oprobio” de Egipto. Dado que el término oprobio se usa en Gn 34,17 para hablar de la circuncisión se ha pensado en que se refiere a haber estado bajo el dominio de “incircuncisos”. Esto ha sido cuestionado porque los egipcios se sometían a la circuncisión, pero no es a la “sola circuncisión” que debemos referirnos, no se ha de olvidar que esta es signo de la alianza de Dios con su pueblo (Gn 17,2.11) y ciertamente los egipcios no participan de esta alianza. Por otra parte, el v.9 pertenece de hecho a la unidad anterior (5,1-9) donde la circuncisión es el tema fundamental. Haber estado dominados por un pueblo “incircunciso” constituye un verdadero oprobio, pero el fin del éxodo (que de eso se trata esta unidad) marca también el fin de esta etapa.

 

No interesa, en este comentario, la parte histórica de notar que todavía no se han unido en la fiesta pascual la comida del cordero y la comida de los panes sin levadura., Esto parece haber ocurrido en tiempos de Josías (622 a.e.c.; 2Re 23,21-23: ¿Josué = Josías?), lo importante es que la celebración no sólo marca la culminación de un período sino el comienzo de uno nuevo, y este período está marcado por la memoria de los acontecimientos salvadores de Dios en el éxodo y el desierto. Es interesante notar la importancia que da esta unidad a los tiempos: “catorce del mes”, “día siguiente”, “ese mismo día”, “al día siguiente”, “aquel año”, un tiempo nuevo ha comenzado, y la celebración de la pascua es signo de ello.

 

Sabemos el lugar central que da el evangelio de Lucas a la “misericordia”. No vamos a desarrollar un comentario a toda la parábola sino a detenernos en lo fundamental. El movimiento de la parábola es sencillo: presentación de los personajes (vv.11-12), actitud del hijo menor (vv.13-20a), actitud del padre frente al hijo perdido (vv.20b-24), actitud del hijo mayor frente al hijo perdido (vv.25-32). Como se ve, las tres primeras escenas son paralelas a las actitudes del pastor y la mujer ante el objeto perdido, la novedad viene dada por la actitud del hijo mayor. Ciertamente este refleja la actitud de los fariseos y escribas ante los pecadores. No deja de ser interesante el lenguaje de la comida en la parábola, lo que nos recuerda el contexto: “hubo hambre” (v.14), deseaba comer las algarrobas (v.16), los jornaleros del padre “tiene pan en abundancia” (v.17), el padre manda “matar el novillo engordado, comamos y celebremos una fiesta” (v.23), “nunca me diste un cabrito para una fiesta con mis amigos” se queja el mayor (v.29) y aclara “ese hijo tuyo que devoró tus bienes con prostitutas” (v.30); además, en vv.23.24.29.32 utiliza eufrainô que como vimos es festejar en un banquete...

 

Como se ve, el contraste es entre dos personajes con respecto a una misma situación: el hijo/hermano menor. Como otras parábolas de dos personajes, quizá el título debería reflejar estas dos actitudes más que remitir al “hijo pródigo”.

 

Por una parte, se ocupa de mostrar qué bajo cayó el hijo menor con una serie de elementos muy críticos para cualquier judío: “país lejano”, “vida libertina/prostitutas”, “pasar necesidad”, “cuidar cerdos”, no le dan ni siquiera algarrobas, que es comida preferentemente de animales (¿las debe robar?), hasta el punto que pretende volver “a su padre” como un asalariado. Hay que prestar atención a palabras como “no merezco” (vv.19.21) y “es bueno/conviene” (v.32), a las que volveremos. Descubriendo su miseria el hijo parte “hacia su padre” (no dice a su casa, aunque se supone “pros”; vv.18.20), el hijo mayor es quien no entra “en la casa” (v.25). El movimiento de partida y regreso del hijo es semejante al perder-encontrar, y más aún a la muerte-resurrección (con este paralelismo termina la intervención del padre y vuelve a repetirse al intervenir el hijo mayor).

 

El hijo ha preparado un discurso, pero el padre no le permite terminarlo, no se le gana en generosidad e iniciativa: no sólo -contra las costumbres orientales- “corre” al encuentro del hijo al que ve de lejos, sino que le devuelve la filiación que había “perdido”: eso significan el anillo (sello), las sandalias y el mejor vestido, digno de un huésped de honor. La alegría del padre queda reflejada, además, en la fiesta por “este hijo mío”.

 

El hermano mayor, que viene de cumplir con sus responsabilidades de hijo no quiere ingresar a la casa y participar de la fiesta. Nuevamente el padre sale al encuentro de un hijo y debe escuchar los reproches. El mayor se niega a reconocerlo como hermano (“ese hijo tuyo”) cosa que el padre le recuerda (“tu hermano”). El padre no le niega razón a que el hijo mayor “jamás desobedeció una orden”, es un “siempre fiel”, uno que “está siempre con el padre” y todo lo suyo le pertenece, pero el padre quiere ir más allá de la dinámica de la justicia: el menor “no merece”, pero “es bueno” festejar. La misericordia supone un salir hacia los otros, los pecadores que -por serlo- no merecen, pero el amor es siempre gratuito y va más allá de los merecimientos, mira al caído. Los fariseos y escribas son modelos de grupos “siempre fieles”, pero su negativa a recibir a los hermanos que estaban muertos y vuelven a la vida los puede dejar fuera de la casa y de la fiesta. Los mayores también pueden irse de la casa si no imitan la actitud del padre, o pueden ingresar y festejar si son capaces de recibir a los pecadores y comer con ellos.

 

En nuestra vida cristiana solemos movernos con caricaturas de Dios; sea por lo que creemos, por lo que mostramos, o por lo que nos enseñaron. Sea un Dios bonachón, un cascarrabias eterno que espera nuestra equivocación para quebrarnos, un distraído y olvidado de las cosas de los humanos a los que creó “hace tanto tiempo", un "padre" autoritario y caprichoso que decide arbitrariamente y no permite discusiones en la realización de su voluntad... ¿Cómo es nuestro Dios?

 

Es importante saber cómo es el Dios en el que creemos, pero más importante es saber cómo es el Dios en el que creyó Jesús, cómo es el Dios que Él nos reveló. Como siempre, Jesús nos hablaba de Dios no sólo con palabras, sino también con lo que hacía. Haciendo, Jesús nos mostraba al Padre Dios, ¡al verdadero! Hoy Jesús nos cuenta una parábola, una parábola que nos habla de Dios, pero una parábola que nace de una actitud de Jesús, y él nos dice que frente a los hermanos despreciados, podemos obrar de dos maneras diferentes, como Dios -que es también como obra Jesús- o también como los judíos religiosos, los “separados” del resto, los puros.

 

El pecado es el no-amor-dado, y el amor no-dado, y por eso nos aleja de Dios, que es amor; nos separa de su casa paterna. Pero con su amor, que se sigue derramando, y de un modo preferencial por los pecadores, Dios sigue tendiendo constantemente su mano amiga, a la espera de la vuelta de sus hijos. Nosotros, en una frecuente caricatura de Dios, solemos rechazar, juzgar y condenar a los que creemos pecadores. Nosotros, al igual que Jesús, también mostramos con nuestras actitudes al Dios en el que creemos; pero, a diferencia de Jesús, mostramos un Dios que en nada se asemeja al Eterno  Buscador de Hijos Perdidos.

 

El Jesús que ama y prefiere a los pecadores, y come con ellos, no hace otra cosa que conocer la voluntad del Padre y realizarla concretamente, sus mesas compartidas y sus comidas nos hablan de Dios, ¡claramente! En el comportamiento de Jesús se manifiesta el comportamiento de Dios, Jesús mismo es parábola viviente de Dios: su acción es entonces una revelación. ¿Qué Dios, qué Iglesia, qué ser humano revelamos con nuestra vida? Con frecuencia, como hermanos mayores estamos tan orgullosos de no haber abandonado la casa del padre, que creemos saber más que Él mismo: “Dios es injusto”, para nuestras justicias; Dios es "de poco carácter" para nuestra inmensa sabiduría. Quizá, Dios ya esté viejo, para dedicarse a su tarea y debería jubilarse y dejarnos a nosotros...

 

Frente a tanta gente que rechaza la Iglesia ("creo en Dios, no en la Iglesia"), a veces decimos "pero Dios sí quiere la Iglesia". ¿No debemos preguntarnos constantemente qué Iglesia es la que Él quiere? ¿No debemos preguntarnos, en nuestras actitudes, qué Iglesia mostramos? Esta Iglesia, la que yo-nosotros mostramos, ¿es como Dios la quiere? Jesús, con su vida, y hasta con sus comidas, muestra el rostro verdadero de Dios, muestra la comunidad de mesa en la que él participa; hasta comiendo Él revela al verdadero Dios. Quizá debamos, de una vez, dejar nuestra actitud de hijo mayor, y ya que nos sale tan mal el papel de Dios, debamos asumir el papel de hijo menor; debemos volver a Dios para llenarlo de alegría, para participar de su fiesta; y, participando de su alegría, empecemos a mostrar el rostro de la misericordia de este Dios de puertas abiertas.

 

La misma cena eucarística es expresión de la universalidad del amor de Dios: es comida para el perdón de los pecados. El Dios de la misericordia, no quiere excluir a nadie de su mesa; es más, quiere invitar especialmente a todos aquellos que son excluidos de las mesas de los hombres por su situación social, por su pobreza, por su sexo o por cualquier otro motivo; y va más allá, no ve con buenos ojos que crean participar de su cena quienes no esperan a sus hermanos excluidos de la mesa por ser pobres. El Dios que no hace distinción de personas, ama dilectamente a los menos amados. Sin embargo, muchas veces tomamos la actitud del hermano mayor. ¿Cuándo nos sentaremos en la mesa de los pobres, y abandonaremos nuestra tradicional postura soberbia y sectaria de "buenos cristianos"? ¿Cuándo nos decidiremos a participar de la fiesta de Dios reconociéndonos hermanos de los rechazados y despreciados? Jesús nos invita a su comida, una comida en la que mostramos -como en una parábola- cómo es el Dios, como es la fraternidad en la que creemos. Y nos mostraremos cómo somos hermanos, cómo somos hijos en la medida de participar de la alegría del padre y del reencuentro de los hermanos.
 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

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28-02-2016

Domingo III Cuaresma – C
 

Éx 3,1-8a.13-15: “Yo soy” me envía a ustedes

Salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso

1Cor 10,1-6.10-12: Todo sucedió como ejemplo para nosotros

Lc 13,1-9: Si no se arrepienten ustedes, acabarán como ellos

El texto del libro del Éxodo nos presenta una versión -la más conocida, seguramente- de la así llamada vocación de Moisés, que es también la “autopresentación” de Yavé.

Las antiguas opiniones sobre diferentes fuentes hablan de dos antiguas tradiciones que se integran en este texto. Según Gen 4,26 Enosh fue el primero en invocar el nombre de Yavé, sin embargo, acá Moisés no lo conoce por lo que Diosa se lo debe revelar. Por otra parte el nombre del monte es Horeb y no Sinaí, y el suegro de Moisés es Jetró mientras que en 2,18 es Reuel. Así se ha hablado de las diferentes tradiciones a las que históricamente se las llamó Elohista y Yahvista, aunque el tema hoy está en discusión (en especial la antigüedad de éstas, y la existencia del primero).

  

Moisés es llamado, y como es frecuente en los relatos de vocación de la Biblia se sigue un esquema similar: (1) oración y respuesta, v.7 y v.9; (2) promesa de salvación, v. 8 y v.10; (3) encargo, v.16-17 y v.10; (4) objeción, 4,1 y v.10; (5) signo, 4,1-9 y v.12; (6) nueva objeción, 4,10 y v.13; (7) respuesta final de Dios, 4,13-16 y 4,17. Como se ve, parecería que las dos fuentes entremezcladas tienen el mismo esquema. Que se utilice un “relato de vocación” nos pone en el contexto de los profetas, lo que no es ajeno al texto, ya que Moisés debe ser “escuchado” como uno que habla “en nombre de Dios”.

 

Otro elemento es lo que causa la intervención de Dios: lo que lo motiva es “el clamor”. El grito de dolor no deja a Dios “fuera” de la historia. Desde el clamor de la sangre de Abel, Dios toma partido por “los-que-claman”, los que sufren la opresión e injusticia (Gn 18,21; 19,13; Ex 11,6; 22,22: “no dejaré de oír su clamor”; 1 Sam 9,16; Is 5,7; Sal 9,13). El clamor de su pueblo no le permite “hacer oídos sordos”, y frente a ese dolor es que elige y envía a su elegido “Moisés”.

 

Finalmente digamos algo sobre el ”nombre” de Dios. Entre los antiguos semitas, el “nombre” es el sentido, es su misma existencia. Que Dios tenga nombre, y distinto del nombre que recibió hasta ahora indica que algo ha cambiado (cambiamos de Dios); este es un Dios que se muestra a partir de la historia, como un Dios que manda a los que elige para dar respuesta a los clamores que lo conmueven y no lo dejan indiferente. ¿Qué significa el nombre de Dios? Podemos preguntarnos qué significó en su origen, y qué significó para los lectores del Éxodo. No es fácil dar respuesta, lo cierto es que parece incluir el verbo “ser”/“estar”: las opiniones más sólidas hoy son tres: “yo soy el que hace ser”, lo que remite a que Dios es creador, aunque no se entiende a qué viene esta confesión de fe en este momento; además de que el reconocimiento de Dios como creador parece más tardío, como en el 2º Isaías, en tiempos del exilio); “yo soy el que soy” en el sentido de resaltar Dios existe, mientras que los dioses-ídolos no existen (en ese sentido parece usarlo Os 1,9), el marco remite en cierto modo a la alianza y la “duplicación” destaca la soberanía de Dios que “hace misericordia con quien hace misericordia” (Ex 33,19), es decir: siempre; finalmente, “yo soy el que estaré” (con ustedes), es el Dios de la presencia salvadora, el que acompaña la historia. Este último por el contexto, y el anterior por el marco son los que nos parecen más probables: Dios garantiza su presencia y se enfrenta con los dioses de Egipto: el clamor de su pueblo por el sufrimiento no puede quedar impune.

 

La Primera carta de Pablo a los Corintios presenta muchas dificultades cuando pretendemos “ubicarla”. Parece muy desordenada, y no es evidente que todo esté en el lugar que Pablo lo pensó. Sabemos que Pablo contesta preguntas escritas que la comunidad le ha hecho (7,1) y es probable que cada vez que usa “con respecto a” también lo esté haciendo (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12). Eso no impide que se hayan introducido en el resto de la carta textos provenientes sea de otras cartas o de nuevas circunstancias que exigieron una reelaboración del escrito por parte del mismo Pablo (esta última es nuestra opinión pero no es el caso destacarla acá). En principio, entonces, el texto de 1 Cor 10,1-13 pertenece al bloque donde Pablo responde acerca de la carne ofrecida a los ídolos.

 

La referencia a las figuras (typos) del AT que recuerdan el bautismo y la eucaristía, parecen decir que no se debe creer que por ser partícipes de la comunidad sacramental, no por estar bautizados y tomar parte de la eucaristía tenemos la garantía de no caer (eso sería hacerse un ídolo; ver 11,30). La idolatría es la clave de la unidad (lamentablemente omitida por el texto litúrgico). Los israelitas cayeron, y también nosotros debemos cuidarnos de no caer: “el que crea estar de pie cuide de no caer” es la conclusión y la clave del texto.

 

El Evangelio se ubica en el “viaje a Jerusalén” donde Lucas presenta muchos textos de su fuente propia, “L”, un poco -aparentemente- desordenados. Sin embargo, el relato presenta una cierta semejanza en la forma con lo que viene diciendo: en 12,51 también había preguntado “creen que...” y su respuesta fue “les aseguro que...” concluyendo con una parábola. En este caso se presenta abruptamente una situación histórica, con una aparente interpretación religiosa. Jesús corrige esa interpretación e incluso presenta otra situación semejante que se prestaría a la misma interpretación. “No, les aseguro” es la corrección que Jesús propone (vv.3.5) para lo cual presenta otra parábola (vv.6-9).

 

El acontecimiento histórico nos es desconocido. Se han propuesto diferentes hechos, pero ninguno coincide exactamente con este. Es extraño que Flavio Josefo no lo haya narrado siendo, como es, muy poco amigo de Pilato. Pero el debate supone un (o dos) acontecimiento(s) ocurridos realmente. La mezcla de sangre de galileos con la de los sacrificios hace pensar en la fiesta de la Pascua: en esa fecha Pilato y los peregrinos -también los de Galilea- se encuentran en Jerusalén, y los laicos participan de los sacrificios ya que deben llevar a su casa, o lugar de tránsito, el cordero para ser comido en familia. El otro hecho afecta a 18 personas, si el primero es incidental, este es ocasional, en el primero hay un criminal, pero en el segundo hay un hecho casual, lo común de ambos son los muertos y la interpretación que los interlocutores de Jesús hacen del hecho. De la torre de Siloé sabemos de su existencia, y su ampliación. Josefo la narra, pero no cuenta -tampoco- ningún accidente de este tipo. No sabemos si Lc no está pensando o puede estar releyendo la caída de Jerusalén posterior al 70, pero más allá del o los hechos históricos, lo importante es la respuesta a la imagen de Dios que todo esto supone.

 

Jesús nos enseña, en el texto de hoy a aprender a escuchar la voz de Dios en los acontecimientos de la historia. De hecho sus interlocutores también lo hacían, y por eso van a contarle los hechos, pero escuchaban mal, Dios no decía lo que ellos entendían. Es verdad que Dios habla, pero hay que aprender a escucharlo. Dios no nos dice que los muertos de esos acontecimientos drásticos eran pecadores, de hecho todos lo son. Lo que Dios nos dice es que por serlo, debemos convertirnos y dar frutos de conversión. Los frutos son una palabra de Dios para esta etapa de la historia.

 

Vivimos en sociedades llamadas cristianas. "Occidental y cristiana" se decía, y los frutos fueron torturas, desapariciones, asesinatos, delaciones, miedo, desesperanza... y más todavía: hambre, desocupación, analfabetismo, falta de salud y vivienda, desesperanza... y "por los frutos se conoce el árbol". Hoy, muchos llamados cristianos siguen viviendo su fe muy lejos de los frutos de amor y justicia que nos pide el Evangelio: participan de mesas de dinero, de la tiranía del mercado, pagan sueldos "estrictamente «justos»” y precisamente bajos, están afiliados a partidos que nada tienen que ver con la Doctrina Social de la Iglesia (¿se puede -por ejemplo- ser cristiano y neo-liberal? ¡ciertamente no!). ¿Y los frutos? Individualismo, hambre, pobreza... Así, por ejemplo, vemos que uno de los problema que tenemos en América Latina para el reconocimiento “oficial” de nuestros mártires es que quienes los han matado “se llaman ellos mismos cristianos!”, y esto desconcierta a muchos.

 

No bastan las palabras. De nada sirve una higuera estéril. Una higuera debe dar higos ya que para eso ha sido plantada. Un pueblo redimido por Cristo, debe edificar, con su vida (y con su muerte si fuera necesario) un Reino que dé frutos de verdad, de justicia y de paz, de libertad, de vida y de esperanza.... Estamos lejos, ¡muy lejos! de lograrlo. Es verdad que en decenas de comunidades hay también frutos muy vivos de solidaridad, de paz, de oración, de justicia y de vida, de celebración y de esperanza... y podríamos multiplicar los frutos que vemos en las comunidades; pero todo lo anterior también es cierto. Faltan muchos frutos que dar, falta mucha vida que cosechar y alegría que festejar. El continente de la violencia, de la injusticia y el hambre reclama frutos de los cristianos. Y esos frutos deben darse en la historia. Los acontecimientos cotidianos, de dolor y de muerte, que tan frecuentes vivimos en América Latina nos dan una palabra de Dios, una palabra que debemos aprender a escuchar, que debemos comprender para no creer que Dios dice lo que no está diciendo. Jesús nos enseña la “dinámica del fruto” para aprender a reconocer allí un Dios que sigue hablando y que nos sigue llamando a la conversión. no para una conversión individual y personal, sino que dé frutos para los hermanos, para la historia y para la vida. Y la Cuaresma es tiempo oportuno para empezar a darlos...
 

 

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21-02-2016

Domingo II Cuaresma – C

Gn 15,5-12.17-18: Dios hace alianza con Abrahán, el creyente

Salmo 26: El Señor es mi luz y mi salvación

Flp 3,20–4,1: Cristo nos transformará según el modelo de su cuerpo glorioso

Lc 9,28b-36: Este es mi Hijo, el escogido, escúchenlo

El texto de Gn 15 pertenece a una unidad que tiene dos partes muy marcadas: la primera vv.1-6 sobre la promesa de un hijo y descendencia, la segunda vv.7-21 sobre la promesa de la tierra. El texto que hoy presenta la liturgia presenta una cierta confusión ya que encontramos la conclusión de la primera parte, y parte de la segunda. Muchos estudiosos se han preguntado por la antigüedad del texto, hoy parece haber acuerdo que si bien mucho material es antiguo, tenemos también elementos tardíos (como por ejemplo semejanzas con el Segundo Isaías). Incluso los primeros defensores de la teoría de fuentes del Pentateuco afirmaban que descubrir las fuentes de este texto resultaba muy difícil sino imposible.

 

La primera parte (vv.1-6) nos muestra la promesa de Dios (v.1), la objeción de Abraham, (vv.2-3), la respuesta de Dios en forma de signo (vv.4-5: v.4, negación a la objeción, v.5, signo en el cielo) y aceptación de Abraham (v.6). Como vemos, la liturgia sólo incorpora el signo y la aceptación final. La escena es muy conocida, por ser uno de los momentos iniciales, primordiales, del Primer Testamento.

 

Es sabido que a los domingos de Cuaresma se les ha asignado «textos bíblicos fuertes», referentes a elementos o dimensiones capitales de la fe judeo-cristiana. Este de hoy es claro: nada menos que la Alianza de Dios con Abraham, la Alianza que dio origen a todo, porque a partir de ahí es que supuestamente se comenzaría a formar el pueblo de Israel –de la descendencia de Abraham– y de ahí saldría Jesús, y de ahí el cristianismo, la Iglesia, y de ahí todo el Occidente Cristiano. De hecho, sin ir más lejos, la Doctrina del Destino Manifiesto de los Estados Unidos de América considera a este país como el nuevo Israel para los tiempos de la modernidad democrática. Países, religiones –incluido el Islam– y culturas creen llevar dentro de su código genético cultural el ADN de Abraham, todas ellas se consideran, de alguna manera, elegidas por Dios, queridas por Él, por medio de este Patriarca privilegiado que hoy estaría marcando más de la mitad de la Humanidad (cristianos y musulmanes ya sumamos el 54% de la población actual).

 

Al hecho mismo de esta Alianza de Yavé con Abraham se apela en el Parlamento del Estado Isrelí para invocar el derecho de Israel a la tierra que ocupa, en medio de un conflicto de dimensiones prácticamente mundiales. Esos pocos versículos del capítulo 15 no son pues un fragmento piadoso sin importancia. Treinta y cinco siglos más tarde (según la tradición bíblica) del hecho que relata, sigue teniendo siendo considerado, pues, decisivo, cultural y políticamente.

¿Pero fue histórico un hecho tan importante? Más concretamente, ¿lo fue el personaje protagonista, Abraham? En muchas universidades –estamos queriendo hablar de hechos científicos, no de creencias religiosas– hace tiempo que se enseña que no, que no lo es, a la luz de las investigaciones arqueológicas más avanzadas. Obviamente, estamos ante una nueva edición del conflicto de la fe con la ciencia. En nuestra fe y en nuestras eucaristías podemos seguir hablando de todo esto, pero no podríamos hacerlo en el ámbito riguroso de la ciencia o de la universidad.

 

No vamos a resolverlo ahora, ni siquiera a abordarlo como sería conveniente. Solamente queremos dejar constancia de esta cuestión pendiente. Como el domingo pasado, recomendamos abordar el tema del «nuevo paradigma arqueológico-biblico». Véase la revista VOICES (eatwot.net/VOICES) y tómese su último número –en línea, gratuito–).

 

La carta de Pablo a los Filipenses tiene una serie de puntos que merecerían ser discutidos. Señalemos, sin embargo, que 3,1-4,1 parece ser una unidad (o quizá hasta 4,3 por la repetición de la invitación a estar alegres). En la mayor parte del cap. 3 Pablo alerta a la comunidad contra los “perros”, “obreros malos”, “falsos circuncisos”, todo lo que parece una ironía contra los grupos judaizantes, es decir quienes pretendían que los cristianos para ser verdaderamente salvados previamente debían aceptar la circuncisión. El tema es complicado: ¿quiénes eran? la cosa se discute, pero parecen ser grupos que pretenden que los cristianos venidos del mundo no judío se hagan a sí mismos primero judíos (circuncisión mediante) para poder gozar luego de los beneficios de la salvación. Puede ser para evitar conflictos: el judaísmo es una religión lícita, las novedades no son bien vistas por algunos griegos; puede ser por cerrazón ante la novedad de parte de los “judaizantes”; puede ser por una suerte de idolatría de la Ley, la circuncisión y la misma ley puestas casi al mismo nivel que Dios... la cuestión es que misioneros itinerantes han llegado a Filipos e insistido en que es necesario hacerse judíos por la circuncisión, y dejar de ser perros (= paganos). Pablo les dice que ellos son los incircuncisos, los perros, etc... A continuación presenta una especie de “curriculum” frente a los que lo cuestionaban: él tiene tantas o más razones para gloriarse de ser judío, pero no pone allí su seguridad, “todo eso lo tiene como estiércol” y sigue en camino para alcanzar a Cristo. Estemos donde estemos, avancemos (3,16).

 

El Evangelio de la Transfiguración según la versión de Lucas propone una serie de elementos que es interesante tener en cuenta. La diferencia con los textos de Mateo y Marcos hizo que muchos se pregunten si Lucas tuvo en su poder una fuente propia, aunque otros piensan que posiblemente las diferencias de deban propiamente a la redacción del evangelista.

 

Los elementos comunes son conocidos: Jesús ha anunciado que le espera el rechazo y la muerte. En los otros Sinópticos Pedro se ha escandalizado y Jesús lo compara con “Satanás” aunque esto es omitido por Lc. Jesús anuncia que quien quiera ser discípulo debe cargar la cruz (“cada día” añade Lc). Esto es muy duro, pero termina aclarando que “algunos de los que están... no probarán la muerte hasta que vean” (Mt aclara “al Hijo del hombre viniendo”) el Reino. Precisamente Jesús se aparta a algunos y les hará “ver”. Así sucede la Transfiguración.

 

Hay elementos que son propios de Lc y son interesantes: a diferencia de Mc/Mt los días son “ocho”, Jesús sube “al” monte (como si supiéramos cuál es) y sube “para orar” lo que es muy frecuente en Lc; lo que ocurre sucede “mientras oraba”, como una consecuencia de esta oración. Lc agrega como algo importante el contenido de la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Agrega el temor en medio de la nube, Jesús es además de “Hijo” presentado como “elegido”. Finalmente Lc omite toda relación entre Elías y el Bautista en el descenso del monte. Es interesante que este monte no sea el monte Sión, lugar donde Dios se encuentra con su pueblo: la cita “este es mi hijo” remite al Sal 2 que en v.6 dice que “ha instalado a su rey en Sión, su monte santo”.

 

Ante la presencia de Moisés y Elías interviene Pedro, pero “no sabe lo que decía”, probablemente Lc lee la clásica incomprensión propia de Mc pensando que es toda la Iglesia la que debe ser reunida por el Señor, o porque no se le puede dar a Dios una morada... La nube es un signo de la presencia divina y de su gloria (“vieron la gloria”, v.32), y por eso cuando los discípulos entran en la nube (sólo Lc señala expresamente que también ellos quedan cubiertos por la nube) “se llenaron de temor”; ellos no son simples espectadores, la nube es reunión de los discípulos en torno a la palabra de Dios, y unidos a su vez con los personajes del cielo en una suerte de “comunión de los santos”. Sin embargo, como en Getsemaní, el sueño los vence (22,45-46), no son testigos del diálogo, y sólo después de la resurrección comprenderán.

 

“Escúchenlo” es la clave del relato: para estar en cercanía a Jesús no es necesario armar tiendas, sino escucharlo, vivir de su palabra. La peregrinación no ha terminado, estamos en camino aunque la transfiguración ilumine brevemente el escándalo de la cruz anunciada; la Iglesia en marcha a su éxodo en el cielo mira el monte, como Israel miraba el Sinaí en su éxodo.

 

De golpe, súbitamente todo termina y encontramos a “Jesús solo”. Sin prohibición de por medio, los discípulos guardan el secreto, seguramente porque no han comprendido y se mantienen en el misterio.

 

¡Jesús es tan extraño...! Después de tirar abajo todas las expectativas propias de su tiempo, y remarcar que como Mesías lo van a matar, y así salvará a todos, -después de eso-, dice que sus seguidores deben caminar su mismo camino, deben pasar las mismas cruces, y hasta el mismo martirio, y esto ¡cada día!... ¿Quién lo entiende? Pero cuando todo parece, casi, una invitación al masoquismo, se nos manifiesta transfigurado... "¡esto es lo que les espera!", nos señala, como en un relámpago en medio de la noche. Cruz y resurrección, van tan de la mano, que se hace imposible separarlas. La resurrección da un sentido nuevo y fructífero a una vida que quiere gastarse y entregarse, como el fruto da sentido al entierro del grano. Pero también, la muerte da un sentido nuevo a la resurrección, ¡¡¡el amor nunca se hace tan generoso como cuando da la vida!!!, y Jesús no será un Mesías “allá en las nubes”, sino uno que camina nuestros pasos, uno que pasó por la cruz y que se dirige a Jerusalén, tierra de Pascua, y tierra que es punto de partida de la misión.

 

La transfiguración es un anticipo; es un "eclipse al revés": una luz en medio de la noche. Da un sentido completamente nuevo a la vida, ¡y a la muerte! Hace comprensible la maravillosa reflexión de Hélder Câmara: "El que no tiene una razón para vivir, no tiene una razón para morir”.

 

La Transfiguración es decirnos "esto es lo que les espera”, es decirnos que "dar la vida vale la pena". Todo proceso de conversión y cambio tiene sentido porque tenemos una roca firme, tenemos uno que no cambia, y garantiza nuestra vida fecunda, un "resucitado que es el crucificado" (J. Sobrino). Por eso la importancia que tiene “escuchar” a Jesús. Es la voz del profeta de los tiempos finales, del profeta como Moisés, que nos enseña el camino de la vida, el camino del éxodo que es camino de Pascua.

 

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14-02-2016

Domingo I Cuaresma – C

Dt 26,4-10: El Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión

Salmo 90: Quédate conmigo, Señor, en mi angustia

Rom 10,8-13: La palabra está cerca de ti, en tu boca y tu corazón

Lc 4,1-13: No sólo de pan vive el hombre

El texto “mi padre era un arameo errante”, fue motivo de arduas discusiones entre los estudiosos hace muchos años. Hoy parece que las aguas se han aquietado. Se afirmó —el gran biblista alemán G. von Rad— que estamos ante un “credo primitivo”, pronunciado en el santuario de Guilgal en la liturgia, y que representa el corazón histórico de Israel. Todo el Hexateuco, sigue diciendo, se formula a partir de este texto. Hoy tenemos muchos elementos para cuestionar su antigüedad, y podemos pensar que otros “credos” (como quizás el de Núm 20,14b-16) son más antiguos. Por otra parte, el esquema opresión-clamor-liberación es muy característico del autor deuteronomista (particularmente del libro de los Jueces) como para pensar en una pura originalidad. La importancia de la tierra, como lugar del descanso, tierra dada por Yahvé también es muy importante en el deuteronomista por lo que no parece fácil seguir sosteniendo lo que von Rad decía. Sin embargo hay un elemento que es característico de los credos israelitas, y no debiera discutirse, y es su dimensión histórica. El Dios de Israel es un Dios que se revela en la historia de su pueblo, en la de ayer y la de hoy. En este sentido es muy importante notar, por un lado los usos de las primeras personas del singular, y los plurales: el orante se planta personalmente ante Dios (“mi padre”, “traigo”...) pero cuando debe hacer memoria de su pecado y la intervención salvadora de Dios recurre al plural: “nos maltrataron”, “nos oprimieron”, “nos impusieron servidumbre”, “clamamos”, “escuchó nuestra voz”... “nos trajo”). Ese cambio de personas puede resumirse diciendo “mi padre era Israel, por lo tanto nosotros somos Israel”.

 

Tradicionalmente esto no ha tenido dificultad, pues desde siempre la tradición cristiana ha heredado con toda naturalidad esa visión según la cual nuestra fe es una respuesta a la intervención de Dios en la historia. Siempre nos ha parecido «natural» que Dios intervenga en el mundo con hechos milagrosos para decirnos algo, o para hacer algo con su pueblo. A Dios siempre lo hemos pensado como un vecino del piso de arriba, pero como un vecino que puede bajar en cualquier momento, y de hecho está siempre pendiente de nosotros. HOY es muy problemática esta visión, porque no forma parte ya de la cosmovisión moderna entender la realidad cósmica como dos pisos: el nuestro y el de Dios. Como sugiere el título del libro de Lenaers, «No hay un Dios ahí arriba». El Dios altísimo, el dios en lo alto del cielo... ha pasado a ser una frase hecha, con sabor añejo, o rancio, que ya no se sabe bien qué significa, porque en nuestra visión moderna actual no hay dos pisos, ni creemos estar conviviendo con vecinos del segundo piso que puedan bajar a éste en cualquier momento.

Hay además un nuevo problema respecto a la historia. Esas intervenciones de Dios en la historia, bien registradas en la Biblia, están siendo cuestionadas por la arqueología científica. No es el lugar para exponerlo aquí, pero puede ser una buena recomendación para la propia formación el estudiar el tema del «nuevo paradigma arqueológico bíblico»: hay toda una nueva visión –documentada, científica, arqueológica– sobre la historicidad de hechos principales que narra la biblia, y que desde siempre creímos literalmente históricos. En realidad no es nada nuevo, pues ya hace mucho tiempo que sabemos que Moisés no escribió el Pentateuco, o que Jesús no nació el 25 de diciembre ni en Belén... pero hay nuevos datos muy llamativos sobre otros elementos cuya historicidad sería decisiva.

La Iglesia nos propone el Salmo 91 (90) por ser, precisamente, el que utilizará el diablo en la tentación. Quizá para que podamos ver cómo «sacar un texto de contexto puede ser diabólico»... No es unánime la opinión de frente a qué tipo de Salmo nos encontramos, y esto condiciona la interpretación. Unos piensan en un diálogo litúrgico, otros en una homilía sapiencial.

 

Luego de la sección teológica de la carta a los romanos (caps 1-8) y antes de la sección parenética (caps. 12-15), Pablo introduce un paréntesis sobre Israel (caps. 9-11). Paréntesis que no es ajeno a la totalidad de la misma ya que desde el comienzo nos dijo que la salvación es para todos, pero “primero para los judíos” (1,16; 2,10). Sin embargo, sus “hermanos de raza” demoran en reconocer a Cristo, y Pablo manifiesta su dolor por ello; de todos modos lo ve como un tiempo pedagógico de Dios para dar oportunidad a la conversión de los paganos. Después -quizá movidos por los celos- todo Israel se salvará (11,26). Pero esto no exime de responsabilidad a los judíos ya que miran la justicia que les viene de ellos mismos y no la que viene de Dios. La iniciativa de Dios (gracia) es uno de los temas centrales de la teología paulina, y es grave creer que de nosotros depende. Ese es el motivo, además, por el que Pablo abunda en citas de la Escritura en esta unidad. Este es el marco del párrafo que hoy nos propone la liturgia. Es evidente, y el manejo de los textos lo confirma, que Pablo es consciente de estar polemizando.

 

Parece que la fuente Q –en la que el evangelio de Lucas se inspira– expresó en tres tentaciones tomadas de las tentaciones del pueblo en el desierto, las tentaciones que tuvo Jesús en su ministerio, al menos las dos últimas aparecen destacadas. Allí donde Israel no supo hacer la voluntad de Dios, Jesús surge fiel, verdadero “Hijo” como ya el Bautismo lo había mostrado. Esto confirma la intención cristológica del relato, y también su probable intencionalidad polémica con el Israel de su tiempo.

 

Dado que la primera hace referencia a la “palabra de Dios”, la segunda a lo político y la tercera al Templo, algunos han pensado que se estaría ante una triple tentación profética, real y sacerdotal, pero no parece que eso esté en juego aquí. Sólo la tentación real aparece clara, mientras que la profética y más aún la sacerdotal no se revelan, y más aún, parecen muy improbables. Las respuestas apuntan en otra dirección.

 

En el relato de Lucas, a diferencia del de Juan, Jesús va del desierto a la ciudad, y en la ciudad comienza su ministerio, como en la ciudad culminará todo para desde allí comenzar, siempre conducido por el Espíritu el tiempo nuevo de la Iglesia. En la primera tentación, el diablo no discute que Jesús sea el Hijo de Dios, lo da por supuesto, y lo tienta a convertir en pan una piedra ya que lógicamente tiene hambre. Más que un “nuevo pueblo”, Jesús es “hijo de Dios”, “el Hijo de Dios”. ¿Por qué Jesús no obra el milagro? Porque los milagros que Jesús hace son siempre para los otros, como la multiplicación de los panes: allí Jesús mismo se preocupa: “denles ustedes de comer” (9,13). La segunda es la tentación de poder (exousía) política. En tiempos donde todo el mundo conocido está sometido al imperio romano, se puede ver de un golpe de vista todo: el imperio mismo es diabólico y perverso. E idólatra. La tercera tentación no sólo tiene como característica que ocurre en Jerusalén, sino también que el diablo cita la Escritura. La Escritura mal citada, o mal leída, también puede ser diabólica, o idolátrica. Por otra parte, Jesús deja muy claro que su ministerio es para otros, no para él. No es salvarse a sí mismo, como tampoco en la cruz: “si eres... sálvate” (23,35.37.39).

 

Como dos rabinos, Jesús y el diablo discuten con citas bíblicas. Y nos queda claro que es falso servidor de Dios el que se sirve de su ministerio en su propio provecho, que no es propio de los fieles a Dios reclamar milagros ya que Dios puede salvar sin necesidad de estas obras “maravillosas” o “teatrales”. Jesús nos muestra -con su vida- el camino de la obediencia de hijo conducido por el espíritu.

 

El evangelio de Lucas, nos pone a Jesús en paralelo con el pueblo de Israel. En las mismas circunstancias en las que el pueblo fue infiel, Jesús sale adelante; y para resaltar el paralelo entre ambas situaciones, el evangelista recurre al desierto y a citas del Deuteronomio. Allí donde Israel cayó, allí Jesús sale adelante. Más que un acontecimiento es una plataforma, un programa: unidos a Jesús nada tenemos que temer, sólo el amor cuenta. Deberíamos aprovechar la Cuaresma para revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias... Pero, al revisarlas, corregirlas; es que la Cuaresma es tiempo de conversión, y conversión significa caminar, camino de vuelta al Padre.

 

Mientras el pueblo de Israel, en la tentación, no fue fiel y cedió, ahora nos encontramos a Jesús en la misma situación, en la misma tentación. ¡Y triunfa! Jesús aparece en el Evangelio de hoy como el que vence la tentación. Porque es posible vencerla. Muchas voces, de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  UNIVERSAL 


Un "limpiabotas" conmueve al Papa Francisco en el avión rumbo a México

MÉXICO D.F., 12 Feb. 16 / 06:25 pm (ACI).- En el vuelo que lo lleva a México, el Papa Francisco recibió un gesto de afecto sin precedentes: un periodista mexicano le lustró los zapatos luego de narrarle una conmovedora historia de su niñez.

 

Noel Díaz nació en Tijuana, tuvo una dura infancia y emigró a Estados Unidos donde ahora es un próspero empresario y fundó la estación de radio-televisión católica El Sembrador de California.

 

Ahora acompaña el viaje papal a México y hace unas horas -en su encuentro con el Pontífice a bordo del avión- le contó un pasaje de su vida y le regaló utensilios para limpiar zapatos.

 

Noel contó al Papa que cuando solo tenía 8 años de edad y estaba por recibir la Primera Comunión, escuchó que su mamá -quien era soltera- no podía comprarle un traje para la ceremonia. Fue así que decidió trabajar en las calles como limpiabotas.

 

El Papa lo escuchó con atención. Noel le pidió permiso para limpiarle los zapatos, el Pontífice aceptó y el periodista se arrodilló con cepillo y paño para sacar brillo a sus zapatos negros.

 

En declaraciones a ACI Prensa, el periodista aseguró que "cuando tuve la oportunidad, le dije al Santo Padre que quería ser su lustrabotas, su bolero y que quería hacerlo. Entonces puse el cajón y él puso su pie y le bolié su zapato, recordando de esta forma a todas las personas que con dignidad y esfuerzo trabajan todos los días buscando traer el alimento a sus casas".

 

"Muchas veces uno no se da cuenta del sufrimiento de tantas personas que trabajan en las calles como vendedores ambulantes. Mi madre fue vendedora ambulante. Fue interesante porque hablamos buen ratito y para mí fue un regalo de Dios", agregó.

 

Noel cruzó la frontera con su madre como inmigrante ilegal y fue deportado dos veces. "Después de años nos legalizamos. Le pedí al Papa que pidiera mucho por los inmigrantes, para que los que tienen años sin ver a su papá o su mamá, los puedan ver", indicó. Su madre falleció en el año 2010.

 

Como mexicano, Noel espera mucho de esta visita papal. "El Papa viaja como peregrino de misericordia y paz. Espero que sus palabras hagan eco en el pueblo mexicano y que nosotros los católicos nos comprometamos más. El Papa no viene a resolver los problemas pero va a ser una voz que el pueblo quiere escuchar", agregó.

 

Noel preguntó al Papa qué pueden hacer los laicos para ayudarlo en su misión. El Pontífice le pidió "salir de las cuevas".  "Fue una experiencia muy linda. El Papa, sin duda alguna se conmovió y me llevo la dicha de haberle boleado (lustrado) los zapatos al Papa", concluyó.

 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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07-02-2016

Domingo V Ordinario – C

Is 6,1-2a.3-8: Aquí estoy, mándame

Salmo 137: Delante de los ángeles te bendeciré, Señor

1Cor 15,1-11: Cristo murió y resucitó

Lc 5,1-11: Dejándolo todo lo siguieron

El autor de la primera lectura ubica la escena en un tiempo concreto, año 740 a.C. que corresponde a la muerte del rey Osías (740 a.C). El relato se divide en dos partes: la visión (vv. 1-4) y la reacción del profeta (vv. 5-8). Una tercera parte, que ha sido excluida en nuestro texto litúrgico (vv. 9-13), cuenta la misión que recibe el profeta. Realmente todo el capítulo 13 forma una unidad literaria. Por su similitud con los relatos de vocación de Jeremías y Ezequiel, que tienen estas mismas tres partes, algunos consideran este relato como de vocación. Sin embargo, el contenido nos lleva a pensar en un relato de misión.

 

La escena comienza a desarrollarse probablemente en el templo de Jerusalén, donde el profeta recibe la visión de una liturgia celeste. El profeta ve a Yahvé con los rasgos de un rey, ejerciendo su poder. También sobresale un lenguaje de plenitud expresado en frases como “el ruedo de su manto llenaba el templo”, “su gloria llena la tierra toda”... Los serafines (serafín = ardiente), seres alados de fuego, que no son todavía los ángeles de la tradición posterior, están por encima del rey, en actitud de servicio. Los serafines entonan el canto del «santo, santo, santo». La santidad de Dios se hace visible a través de su gloria, y la gloria de Dios se manifiesta a través de sus obras en la creación y de sus acciones liberadoras a favor de su pueblo.

 

En los vv. 5-7 se nos muestra la reacción de Isaías ante la visión, poniendo el acento en la impureza de sus labios y los de su pueblo. Se siente perdido por que tal vez no habló en el momento que lo debía hacer, esto lo hace impuro e incapacitado para ejercer su vocación de hablar en le nombre de Yahvé. La exclamación angustiosa que expresa conversión es atendida con un serafín quien a través de un carbón encendido toca su boca para que le sean perdonados sus pecados. Isaías entonces está habilitado de nuevo como profeta, no sólo para hablar sino para escuchar la voz de Dios que busca un profeta. Pasando de la angustia del pecado a la seguridad de estar acreditado para hacer de profeta, responde de inmediato “aquí me tienes”, manifestando así su disponibilidad y pertenencia absoluta a la voluntad del Señor.

 

Todo el capítulo 15 de 1 Corintios tiene como eje temático la resurrección de Jesucristo, puesta en duda en el v.12: “¿cómo dice alguno que no hay resurrección de los muertos?”. Al comenzar el capítulo Pablo recuerda la Buena Nueva como el mejor regalo entregado a la comunidad de Corinto, regalo que fue recibido y mantenido con fidelidad a las palabras anunciadas. Aparece claro que el elemento común a los cristianos de todos los pueblos, culturas y tradiciones es la palabra de Dios. El contenido de la Buena Nueva lo describe Pablo citando un fragmento del primer credo cristiano que tiene como protagonista a Cristo, como testimonio de solidaridad, su muerte por nuestros pecados, como punto de referencia, las Escrituras, como respuesta solidaria humana, su sepultura, como intervención directa de Dios, su resurrección, como testigos de la resurrección, a todos los que se les apareció. El Dios de la Vida y la vida de nuestro pueblo es la razón de ser de toda vocación cristiana, que es vocación a defender y acrecentar la vida. «Para que tengan Vida y Vida en abundancia».

 

En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar...

 

Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia y sabiduría (“hemos pasado toda la noche bregando”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos cogido nada”), y “en nombre de Jesús echa las redes”. Y ya conocemos el final del relato: ¡una pesca maravillosa! Cuando Jesús le pide a Pedro que “reme mar adentro” lo está invitando a una aventura que lo lleva más allá de las playas cotidianas en busca de un horizonte mucho más amplio. Y Pedro cree en la palabra de Jesús.

 

Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Cuando no la hay, Jesús simplemente se va a la otra orilla como veremos en las próximas semanas. Si creemos en Jesús entonces se realiza el milagro!

 

Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios. Pidamos esa fe para que igual que Pedro, creamos en Jesús, obedezcamos su palabra, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces, veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad.

 

Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto de Reino. Jesús convoca a los Apóstoles para que sean pescadores de personas, por eso toda vocación exige "remar mar adentro" para abandonar las seguridades de la orilla, tener un horizonte ilimitado asumir responsabilidades y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.

 

Sin que desmerezca el oficio de los pescadores, lo que le propone Jesús a Pedro es una superación en el oficio que hasta ahora había desempeñado: pescar hombres y mujeres para el Reino es una empresa más noble y difícil que pescar peces, es algo más milagroso que la pesca que acaban de hacer.

 

Pero algunos llamados a esta nueva labor son también invitados a “dejarlo todo” para seguir a Cristo. Los necesita dedicados a tiempo completo, dedicándole a esta “misión” todas las fuerzas. Pescar hombres y mujeres para el Reino exige renunciar a todo lo demás y asumir a Jesús como única posesión. La misión a la que se llama exige desprenderse por completo, para apegarse totalmente a Jesús. En el relato de hoy se van con Jesús, que vale mucho más que las dos barcas llenas de pescados que les acaba de regalar. Dejan esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios. La vocación–misión es una invitación a colaborarle a Dios, un trabajo milagroso. Oremos hoy por aquellos que dejándolo todo se han ido tras el Señor.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  UNIVERSAL 

 

Papa Francisco propone estas 30 preguntas para un buen examen de conciencia

VATICANO, 05 Feb. 16 / 06:48 pm (ACI).- En la Cuaresma 2015, el Papa Francisco obsequió a los fieles en la Plaza de San Pedro un folleto especial titulado “Custodia el corazón”, que fue entregado por varios indigentes de Roma y que tiene una serie de importantes recursos para el camino de conversión hacia la Semana Santa.


Entre los distintos recursos planteados por el Santo Padre está un examen de conciencia de 30 preguntas para hacer una buena confesión, así como una breve explicación sobre las razones para acudir al sacramento.

Este recurso cobra particular interés al acercarse “24 horas con el Señor”, a la que invita el Pontífice los días 4 y 5 de marzo para que los católicos, especialmente los más alejados de la Iglesia, se reconcilien con Dios en preparación para la Pascua.


A la pregunta ¿por qué confesarse?, el folleto contesta: “¡porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes, habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia de Dios”.

Para confesarse, prosigue el texto, es necesario comenzar “por la escucha de la voz de Dios” seguido del “examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, la invocación de la misericordia divina que se nos concede gratuitamente mediante la absolución, la confesión de los pecados al sacerdote, la satisfacción o cumplimiento de la penitencia impuesta, y finalmente, con la alabanza a Dios por medio de una vida renovada”.

 

El examen de conciencia

A continuación las 30 preguntas propuestas por el Papa Francisco para hacer una buena confesión:

 

En relación a Dios: ¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad? ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta? ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? ¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? ¿Me revelo contra los designios de Dios? ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

 

En relación al prójimo: ¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy envidioso, colérico, o parcial? ¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos?

¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte? ¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio? ¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? ¿Honoro a mis padres? ¿He rechazado la vida recién concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

 

En relación a mí mismo: ¿Soy un poco mundano y un poco creyente? ¿Cómo, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso? ¿Me gusta ser servido? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?



 

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31-01-2016

Domingo IV Ordinario – C

Jer 1,4-5.17-19: Te nombré profeta de los gentiles

Salmo 70: Mi boca contará tu salvación, Señor

1Cor 12,31–13,13: Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor

Lc 4,21-30: Jesús, no es enviado sólo a los judíos

El texto de Jeremías tiene dos partes, la primera (vv. 4-5) se refiere a su vocación, y la segunda (vv. 17-19) a su envío profético. El llamado de Jeremías está marcado desde el inicio por la palabra: “me llegó una palabra de Yahvé”. El profeta es llamado por la palabra para ser palabra de Dios en medio de su pueblo. La palabra lo conoce desde antes de su nacimiento, lo que significa una intimidad profunda de Dios con el profeta. La palabra lo consagra, es decir, Dios se lo reserva para sí, desde antes de nacer. Conocer y consagrar son el marco para la misión de Jeremías: ser profeta de las naciones.

 

A partir del v. 17 Jeremías se convierte en palabra de Dios ambulante. Debe decir en público lo que Dios le mande. Pero decir la verdad siempre ha sido problemático y peligroso porque se tocan los intereses de muchas personas y de las estructuras sociales. Por esto Dios se anticipa a decirle que no tenga miedo de afrontar su misión. El temor no es ajeno a la vocación profética; lo importante es no abandonar la vocación porque entonces sería Dios el que podría asustarnos, es decir, dejar de llamarnos, de elegirnos y de consagrarnos, dejar de confiar en nosotros, y ¿qué susto peor puede recibir un profeta?

 

La promesa de Dios no plantea su intervención para salvar al profeta en tiempos difíciles, sino que a él, personalmente, lo fortalecerá internamente como un “pilar de hierro”, y externamente lo consolidará como una “muralla de bronce”. La palabra será su fuerza en su lucha contra las autoridades (reyes, ministros, sacerdotes y propietarios), que han olvidado la alianza de Yahvé, oprimiendo y marginando a su propio pueblo. La fortaleza también la encuentra el profeta en la obediencia a la palabra que recibe y anuncia. Esto le asegura la compañía permanente de Yahvé.

 

Este bello canto al amor, tiene como contexto la discusión de los corintios en torno a los carismas. Con el texto de hoy, Pablo afirma categóricamente que el único “carisma” absoluto es el del amor. El amor al que se refiere el autor no es el amor helenista (eros), sino el amor cristiano (ágape), que es un amor que se recibe, se entrega, se sirve y hasta da la vida por los hermanos. Sin amor, no tiene sentido ni el mejor de los carismas; sin amor, la palabra profética queda en el vacío, sin amor el amor de Dios pasa de largo en nuestras vidas.

 

Podemos dividir el canto en tres partes. En la primera (vv. 1-3) se enumera una serie de carismas que no son nada si falta el amor. En la segunda (vv. 4-7) se enumeran quince características del amor cristiano; siete se plantean de forma positiva y ocho de forma negativa. En la tercera parte (vv. 8-13) Pablo termina su canto reafirmando la eternidad del amor. El amor, que puede cambiarlo todo, es el único que no cambiará, que será el mismo eternamente. Entre la fe, la esperanza y el amor, este último es el mayor, quedando clara, para los corintios y para los cristianos de todos los tiempos, la superioridad del amor sobre cualquier otro carisma.

 

El domingo pasado, después de la lectura que hizo Jesús del profeta Isaías, el evangelio terminaba diciendo que “todos los presentes tenían fijos los ojos en él...”. El evangelio de hoy continúa la escena, que —recordemos— se desarrolla en la sinagoga de Nazaret. Jesús dice que en él se cumplen las palabras de Isaías, es decir, que es «el ungido» (Mesías) para anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos... y el «año de gracia» del Señor.

 

Los vv. 22-30 los podemos dividir así: v. 22: la reacción de la gente; vv. 23-27: la respuesta de Jesús; vv. 28-29: indignación e intentos de matar a Jesús por parte de los nazarenos; vv. 30: Jesús continúa su camino.

 

Es interesante constatar el contraste entre la reacción de la gente en el v. 22 y la de los versículos 28-29. Inicialmente los de su pueblo aprobaban, y se admiraban de su paisano, pero no alcanzaban a ver en Jesús la gracia de Dios que salía de sus labios, ni al profeta anunciado por Isaías, sino simplemente al Jesús hijo de José. Jesús percibe que sus paisanos no están interesados en sus palabras sino en sus hechos, les interesa ante todo un espectáculo milagrero, que cure los enfermos del pueblo y basta. Jesús les responde con otro refrán: “ningún profeta es bien recibido en su patria”, dejando claro que en Nazaret no hará ningún milagro.

 

Entre los vv. 25-27 Jesús acude al AT para explicar su situación. El verdadero profeta no se deja acaparar ni mucho menos presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo por el espectáculo o por intereses individuales, aunque sean los de sus familiares o su propio pueblo. El profeta es libre y se debe a la palabra de Dios. La historia de Elías y Eliseo recuerda a los nazarenos cómo éstos tuvieron que irse a tierra de paganos porque su propio pueblo no quería escucharlos. La característica de la mujer de Sarepta es su confianza en Dios, confiando su vida y la de su propio hijo en un extraño como Elías; y característico del sirio Naamán es que depone su orgullo y soberbia nacionalistas ante las palabras de Eliseo. La misma Iglesia reconocerá en este texto su misión de anunciar la Buena Noticia a los más alejados, es decir, que la Palabra echa sus primeras raíces en las personas y en las familias, pero ése no es su destino final; tiene que ser una palabra que busque siempre el camino de los más alejados y necesitados.

 

Las palabras finales de Jesús enfurecen a los presentes e intentan arrojar a Jesús por un barranco en las afueras del pueblo. Es curioso cómo los pobres de Nazaret, sujetos preferenciales del Anuncio de la Buena Nueva, desprecian la palabra presente en su tierra. Pero la palabra no puede morir, y Jesús continúa su camino misionero al servicio de los pobres, marginados y excluidos, con una palabra de vida, aunque amenazada siempre de muerte por quienes hacen de su vida una mala noticia de egoísmo. 

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  LOCAL Y  UNIVERSAL 


Curia Diocesana

·         Suspendida la vendimia ayuda a tu Iglesia para el mes de Enero. No obstante los bonos deben ser consignados a la curia diocesana en la brevedad posible.

 

Pidamos a Dios la gracia de no caer en la corrupción, expresa Papa Francisco

VATICANO, 29 Ene. 16 / 10:12 am (ACI).- Durante la Misa matutina celebrada hoy en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco invitó a los fieles a pedir al Señor la gracia de salvarnos de la corrupción, porque el que es “un corrupto” cree que “no tiene necesidad de pedir perdón” a Dios.

 

“Pecadores sí, Señor, lo somos todos, ¡pero corruptos jamás!”, expresó el Santo Padre, quien, como en otras ocasiones, aprovechó para llamar la atención sobre la tentación de caer en la corrupción.

 

Hoy, el Pontífice hizo esta reflexión partiendo de la historia bíblica de David y Betsabé, para advertir que el demonio induce a los corruptos a no sentir, a diferencia de otros pecadores, la necesidad del perdón de Dios.

Indicó que la persona puede pecar de tantas maneras y pedir sinceramente perdón a Dios, sabiendo sin dudar que aquel perdón será obtenido. El problema nace con los corruptos, pues lo peor en ellos – volvió a repetir el Papa Francisco – es que “un corrupto no tiene necesidad de pedir perdón”, porque le basta el poder sobre el que se basa su corrupción.

 

Dijo que este es el comportamiento que el rey David adopta cuando se enamora de Betsabé, esposa de un oficial suyo, Urías, que está combatiendo lejos. El Papa recordó que después de haber seducido a la mujer y saber que está embarazada, David arma un plan para cubrir el adulterio. Llama del frente a Urías y le ofrece que vaya a su casa a descansar. Urías, hombre leal, no quiere ir a estar con su mujer mientras su hombres mueren en la batalla. Entonces, David lo intenta nuevamente, esta vez haciéndolo embriagar, pero ni siquiera esto funciona.

 

Francisco explicó que “esto puso un poco en dificultad a David, quien se dijo: ‘Pero no, yo puedo lograrlo…’. Y escribió una carta, como hemos oído: ‘Pongan a Urías como capitán, en el frente de la batalla más dura, después déjenlo solo, para que sea herido y muera’. La condena a muerte. Este hombre, fiel – fiel a la ley, fiel a su pueblo, fiel a su rey – lleva consigo la condena a muerte”.

 

“David es santo, pero también pecador”. Cae en la lujuria y sin embargo – consideró Francisco – Dios lo “quería tanto”. Además, el Papa observó que “el grande, el noble David” así se siente seguro “porque el reino era fuerte”, y después de haber cometido adulterio hace todo lo posible para ocultarlo, incluso de manera mentirosa, hasta urdir y ordenar el asesinato de un hombre leal, haciéndolo pasar por una desgracia de guerra.

 

El Papa dijo que “este es un momento en la vida de David que nos hace ver un momento por el cual todos nosotros podemos pasar en nuestra vida: es el paso del pecado a la corrupción. Aquí David inicia, da el primer paso hacia la corrupción. Tiene el poder, tiene la fuerza. Y por esto la corrupción es un pecado más fácil para todos nosotros que tenemos algún poder, ya sea poder eclesiástico, religioso, económico, político… Porque el diablo nos hace sentir seguros: ‘Yo lo logro’”.

 

La corrupción – de la que después por gracia de Dios David se rescatará – tiene el corazón mellado por aquel “muchacho valeroso” que había afrontado al filisteo con la honda y cinco piedras. “Hay un momento –explicó Francisco- en que el hábito del pecado o un momento en que nuestra situación es tan segura y somos bien vistos y tenemos tanto poder” que el pecado deja “de ser pecado” y se convierte en “corrupción”. Una de las peores cosas de la corrupción es que el corrupto no tiene necesidad de pedir perdón, añadió.

 

“Hagamos hoy una oración por la Iglesia, comenzando por nosotros, por el Papa, por los obispos, por los sacerdotes, por los consagrados, por los fieles laicos: ‘Pero, Señor, sálvanos, sálvanos de la corrupción. Pecadores sí, Señor, lo somos todos, ¡pero corruptos jamás!’. Pidamos esta gracia”, exhortó el Papa.


 

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24-01-2016

Domingo III Ordinario – C

Neh 8,2-6.8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido

Salmo 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

1Cor 12,12-30: Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro

Lc 1,1-4; 4,14-21: Hoy se cumple esta Escritura

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como "Toráh", Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de "constitución" por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

 

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

 

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La "ev-angelización" ("eu-angelo" = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la "liberación por la palabra".

 

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

 

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser... eso mismo, o sea: "continuación de la misión de Jesús", en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la "Buena Noticia" tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar "la doctrina"; la "evangelización" de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»...

 

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, "de centro", "para todos sin distinción", no inclinada ni para los ricos ni para los pobres... como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja... Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres... La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a "lo espiritual"...

 

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo... No se trata de "hacer caridad" a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real... Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

 

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. "Evangelizar es liberar por la palabra" (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)... no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios.

 

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Papa Francisco: Con cada gesto y palabra hay que expresar la ternura y el perdón de Dios

VATICANO, 22 Ene. 16 / 07:06 am (ACI).- Esta mañana se ha presentado en el Vaticano el 50º Mensaje del Papa Francisco para la Jornada de las Comunicaciones Sociales de 2016 que se celebra cada año el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés, este año el 8 de mayo. Lleva por título “Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo”, haciendo referencia de esta manera también al Jubileo de la Misericordia.

 

El Papa señala en él que una tarea de todo cristiano es comunicar con misericordia, lo que provoca “proximidad” con la otra persona y ayuda a crear comunión. Por eso,lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos”, asegura.

 

“En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad”, afirma el Francisco.

 

En el escrito, también indica que “la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar”.

 

"El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios”.

 

El Papa explica que todos los bautizados están llamados “a comunicar con todos, sin exclusión”. Para ello, la Iglesia utiliza la misericordia, con la que puede “tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida”.

 

En definitiva, “se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la ‘chispa’ que los hace vivos”.

 

El Pontífice también afirma que la comunicación “tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad”.

 

Y esto es posible “tanto en el mundo físico como en el digital”. Por tanto, “que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio”.

 

No obstante, Francisco subraya que la palabra del cristiano, “se propone hacer crecer la comunión” incluso “cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación”.

 

En el Mensaje, el Pontífice invita a todos a “descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades”.

 

“Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse”, algo que también sirve “para las relaciones entre los pueblos”.

 

“En todos estos casos –dice Francisco– la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe’”.

 

El Papa también habla del lenguaje de la política y la diplomacia y exhorta a que inspire misericordia. “Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores”.

 

“Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación”, indica.

 

Francisco expresa una esperanza más: “Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho”.

 

“Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones”.

 

Francisco manifiesta entonces que “nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído”.

 

Recordando las palabras de Jesucristo en el Evangelio de San Juan “La verdad os hará libres”, el Papa destaca que su “dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia”.

 

“Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor”, resaltó puesto que “sólo palabras pronunciadas con amor y  acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores”.




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10-01-2016

Domingo: Bautismo del Señor – C

Is 42,1-4.6-7: Miren a mi siervo, a quien prefiero

Salmo 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hch 10,34-38: Ungido con la fuerza del Espíritu Santo

Lc 3,15-16.21-22: “Tú eres mi hijo querido”


1.- Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Jesús fue bautizado por Juan en el Jordán y, si nos atenemos a los que nos dicen los evangelios, podemos deducir que los discípulos de Jesús realmente fueron bautizados en el Espíritu de Jesús el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo incendió sus corazones con lenguas de fuego. Es probable que el evangelista, Lucas, cuando escribió esto, estuviera pensando en la fiesta de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo incendió el corazón de los discípulos con lenguas de fuego. Aquello fue un auténtico bautismo, que convirtió a unos discípulos huidizos y miedosos en predicadores y evangelizadores intrépidos del evangelio de Jesús. Refiriéndonos ahora a nosotros, los cristianos, que hemos sido bautizados en el nombre de Jesús, debemos vivir como personas llenas de Dios que, en medio de nuestras debilidades, actuamos movidos siempre por el Espíritu de Jesús. Los bautizados en el Espíritu de Jesús seguimos siendo unas personas inclinadas al pecado, pero con el deseo sincero y auténtico de vencer el pecado. Vivir como personas bautizadas en el Espíritu de Jesús es vivir movidas y dirigidas por el Espíritu de Dios, personas incendiadas por la pasión evangelizadora de Jesús, personas empeñadas en construir en este planeta tierra el reino de Dios. Vivir como personas bautizadas en el Espíritu de Jesús es vivir como personas llenas de Dios que, en medio de sus debilidades, actúan movidas siempre por el Espíritu. Vivir como personas bautizadas en el Espíritu de Jesús es vivir movidas y dirigidas por el Espíritu de Dios. Vivir como personas bautizadas en el Espíritu de Jesús es vivir predicando el amor a Dios y al prójimo, vivir en la fraternidad universal, en la justicia misericordiosa, sembrando paz y esperanza en este mundo lleno de egoísmos y ambiciones, de guerras y discordias. Vivir como personas bautizadas en el Espíritu de Jesús es vivir como discípulos del que quiso nacer y vivir como pobre, del que vivió luchando contra unos poderes políticos y religiosos que querían hacer de la religión un mercado y un negocio al servicio de los más ricos y poderosos. Vivir como personas bautizadas en el Espíritu de Jesús es seguir al Cristo que prefirió morir en una cruz, antes que callarse y claudicar ante jefes y autoridades ambiciosas y corruptas. Vivir, en fin, como personas bautizadas, es intentar vivir como vivió nuestro Maestro, Jesús de Nazaret.

 

2.- Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Para nosotros, los cristianos, el siervo de Yahvé es Jesús de Nazaret, el que fue bautizado en el Jordán por Juan el Bautista. Él vino a implantar el derecho en la tierra, pero no quiso hacerlo con las armas, ni con una doctrina intolerante y opresora; no quiso quebrar la caña cascada, ni apagar el pábilo vacilante. Vino a abrir los ojos a los ciegos y la prisión a los cautivos; quiso ser alianza de los pueblos y luz de las naciones. A este siervo de Yahveh, a este Jesús de Nazaret, es al que debemos convertirnos, del que debemos revestirnos, cuando intentamos vivir como personas bautizadas en su Espíritu. El siervo de Yahveh, en este siglo XXI, el actual discípulo de Jesús, bautizado en su Espíritu, debe ser una persona mansa y humilde, luchadora contra las injusticias de este mundo y anunciadora de un reino de justicia, de amor y de paz.

 

3.- Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Este es el mejor propósito que podemos hacer todos los que deseamos vivir como personas bautizadas: pasar por la vida haciendo el bien. Haciendo el bien sin distinción de personas, sean estas de la nación que sean. Se trata de curar a todos los que se ven obligados a vivir oprimidos por el diablo, bien sea por el diablo del pecado, del hambre, o de la enfermedad, o de la tiranía, o del materialismo consumista. Vivir como personas bautizadas en el Espíritu de Jesús es vivir haciendo el bien, como lo hizo durante toda su vida, aquí en la tierra, Jesús de Nazaret.

 

4.- El Señor bendice a su pueblo con la paz. Pues recemos hoy todos con el salmo 28 y pidamos fervientemente al Señor que Él nos bendiga a todos con su paz, especialmente a los más la necesiten.

 

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Venezuela: Iglesia clama por liberación de presos políticos y regreso de exiliados

CARACAS, Ene. 2016 / (ACI).- El Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Mons. Diego Padrón, afirmó que la decisión del pueblo de darle a la oposición el control de la Asamblea Nacional significa un “contundente rechazo” al Socialismo el Siglo XXI y un paso decisivo para la recuperación del estado de derecho y la reconciliación del país, a la cual ayudará “la amnistía para los presos políticos y la vuelta de los exiliados”.

 

Así lo expresó el Prelado este jueves durante el discurso de apertura de la Asamblea Ordinaria del Episcopado, donde afirmó que el país, mediante las elecciones del 6 de diciembre “ha entrado en un proceso de transición política que tendrá notables consecuencias sociales, económicas, e incluso psicológico-espirituales para la nación”.

 

Los comicios y la instalación del nuevo Parlamento “son una ratificación de la conciencia civilista y democrática de los venezolanos y un contundente rechazo del  sistema representado por el Socialismo del siglo XXI, del despotismo, militarismo, arbitrariedad y corrupción”; así como “un paso decisivo hacia la reinstitucionalización del país y la independencia de los Poderes públicos”.

 

“Es un punto de partida para la recuperación del estado de derecho, la renovación y saneamiento de los organismos del Estado, la revisión de las políticas nacionales y la política internacional, sus acuerdos, convenios y negociaciones. Ha sido un logro de la unidad de los partidos y otras organizaciones políticas, unidad no sólo como estrategia sino unidad de espíritu, de objetivos y de mensaje”, añadió.

 

Pero sobre todo, afirmó Mons. Padrón, “es una victoria” del pueblo que reclama cambios reales a favor de la libertad, justicia, derechos humanos, salud, seguridad, economía y tantos otros campos.

 

En ese sentido, dijo que la nueva Asamblea Nacional tiene que darle al pueblo “respuestas satisfactorias, no porque vaya a cambiar la economía, que es responsabilidad del Gobierno, sino porque corregirá vicios y procedimientos irregulares y proporcionará leyes que favorecerán la producción nacional, la libertad de empresas  y controlarán el fácil enriquecimiento”.

 

“Tomará medidas que contribuyan a la distensión y la reconciliación nacional, como será la amnistía para los presos políticos y la vuelta de los exiliados. Aportará leyes que corregirá las políticas económicas y castigarán la corrupción”.

“Con el concurso de todos, el país debe enrumbarse progresivamente hacia la despolarización, el diálogo transparente y eficaz entre el poder ejecutivo y el legislativo, entre el Gobierno y la Oposición y entre todos los venezolanos, y hacia la recuperación económica y la reconciliación nacional”, señaló Mons. Padrón.

 

En ese sentido, dijo que “para que el  diálogo sea eficaz, tiene que establecerse sobre realidades y no a partir de premisas ideales, menos aún ideologías”. Recordó que en su visita a Ecuador, el Papa Francisco indicó que “el diálogo es para el bien común y el bien común se busca desde nuestras diferencias”.

 

“La unidad no rompe las diferencias sino que las vive en comunión por medio de la  solidaridad y la comprensión. En búsqueda del bien común las diferencias siguen, pero quedan a un costado, en la reserva”, dijo entonces el Pontífice.

 

Asimismo, recordó que siendo Arzobispo de Buenos Aires, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio explicó que “la parábola del Buen Samaritano” pone de manifiesto “la opción de fondo que debemos tomar para reconstruir esta patria que nos duele”.

 

“Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el Buen Samaritano. Toda otra opción termina o bien del lado de los salteadores o bien del lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del herido del camino”, señaló el hoy Papa Francisco.

 

“Es tiempo de reconstruir el país”, afirmó el Presidente del Episcopado venezolano. “Cada Diputado y el conjunto de la Asamblea ha alcanzado un ascenso en la responsabilidad frente a los ciudadanos y frente a Dios”, expresó.

 

Preparan ley de amnistía

 

Por su parte, el presidente de la Asamblea Nacional y miembro de la oposición, Henry Ramos Allup, informó que “se está trabajando con un equipo de juristas muy calificados y ese proyecto (para amnistiar a los presos políticos) está a punto de ser concluido para ser discutido entre muchos factores”.

 

Ramos Allup hizo este anuncio en el marco de un encuentro con Lilian Tintori, esposa del preso político Leopoldo López. El presidente del Parlamento dijo que esperan presentar el proyecto en los próximos días. Además, señaló que es clave que se recupere la autonomía de la Asamblea como "un poder que utilice a cabalidad sus funciones de legislar, controlar y debatir".


 

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03-01-2015

Domingo de la Epifanía del Señor – C

Is 60,1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti

Salmo 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra

Ef 3,2-3a.5-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos

Mt 2,1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey

La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (parte llamada del «Tercer Isaías») corresponde a «la restauración», es decir, al regreso a Jerusalén de los israelitas que habían sido deportados a Babilonia. (Es el tiempo en el que ha sido escrita la mayor parte de la Biblia). Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, con lo que Jerusalén volverá a ser una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.

 

Esta visión profética posee una comprensión muy reducida de la acción salvífica de Dios, ya que es asumida como una promesa que se cumplirá en beneficio única y exclusivamente del pueblo de Israel y no de toda la tierra. Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción.

 

El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la «Epi-fanía» [manifestación], confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista no duda en ubicar con exactitud el lugar donde nació Jesús, Belén, para decirnos que con su presencia en la historia se estaría dando cumplimiento a las palabras de los profetas... Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de Oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del Evangelio a los paganos y su destino futuro a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas (religiones), que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.

 

En un tiempo como el que vivimos, marcado por la conciencia del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, o sea, de un esfuerzo por «convertir» al cristianismo a los «gentiles» o «paganos». La «universalidad cristiana» era entendida como la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, una religión que era el destino querido por Dios para toda la raza humana... Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos... Tarde o temprano el mundo llegaría a su destino: ser «un sólo rebaño, con un solo pastor»... (y al decir esto, los católicos imaginábamos una Iglesia católico-romana felizmente extendida a todo el mundo, extendida incluso a las demás confesiones cristianas, que habrían aceptado finalmente al Papa como pastor supremo y único).

 

Hoy todo esto está cambiando, aunque muchos cristianos y cristianas (incluidos no pocos de sus pastores) todavía siguen anclados y hasta inamovibles en la visión tradicional. Buen día hoy, la fiesta de la Epifanía, para replantearse estos desafíos y para reflexionar sobre ellos. No desaprovechemos esta oportunidad para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas. En la RELaT (servicioskoinonia.org/relat) hay bastantes materiales para estudiar el tema, así como para debatirlo en grupos de estudio o de catequesis (véase por ejemplo los artículos nº 351, 419, 277, 366, 409, 363...).

 

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. Hoy ya sabemos que Jesús nació probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una afirmación simplemente teológica, no histórica.

 

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemáticos, astrónomos o astrólogos. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino de las personas. Es decir, los reyes magos habrían sido astrónomos o conocedores del cielo. El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los magos eran reyes y que procederían de Oriente. En los regalos de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia ven simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo.
 

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Papa Francisco: La Virgen María es un vaso rebosante de la memoria de Jesús y su sabiduría

 

VATICANO, Ene. 2016 / (ACI).- El Papa Francisco presidió hoy (1 de enero) la Misa por la Solemnidad de Santa María Madre de Dios –en este día la Iglesia celebra también la Jornada Mundial por la Paz–, y señaló que “a través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos”. “Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza”, añadió.

 

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco:

 

Hemos escuchado las palabras del apóstol Pablo: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4,4).

 

¿Qué significa el que Jesús nazca en la «plenitud de los tiempos»? Si nos fijamos únicamente en el momento histórico, podemos quedarnos pronto defraudados. Roma dominaba con su potencia militar gran parte del mundo conocido. El emperador Augusto había llegado al poder después de haber combatido cinco guerras civiles. También Israel había sido conquistado por el Imperio Romano y el pueblo elegido carecía de libertad. Para los contemporáneos de Jesús, por tanto, ese no era en modo alguno el mejor momento. La plenitud de los tiempos no se define desde una perspectiva geopolítica.

 

Se necesita, pues, otra interpretación, que entienda la plenitud desde el punto de vista de Dios. Para la humanidad, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho. Por tanto, no es la historia la que decide el nacimiento de Cristo; es más bien su venida en el mundo la que permite a la historia alcanzar su plenitud. Por esta razón, el nacimiento del Hijo de Dios señala el comienzo de una nueva era en la que se cumple la antigua promesa. Como escribe el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa» (1,1-3). La plenitud de los tiempos es, pues, la presencia en nuestra historia del mismo Dios en persona. Ahora podemos ver su gloria que resplandece en la pobreza de un establo, y ser animados y sostenidos por su Verbo que se ha hecho «pequeño» en un niño. Gracias a él, nuestro tiempo encuentra su plenitud.

 

Sin embargo, este misterio contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día, aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que está ausente. La plenitud de los tiempos parece desmoronarse ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada día a la humanidad. A veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales? Un río de miseria, alimentado por el pecado, parece contradecir la plenitud de los tiempos realizada por Cristo.

 

Y, sin embargo, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios. Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. La promesa antigua se cumple en su persona. Ella ha creído en las palabras del ángel, ha concebido al Hijo, se ha convertido en la Madre del Señor. A través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos. El Evangelio que hemos escuchado dice: «Conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza. Hoy nos ofrece la posibilidad de captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros personalmente, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos.

 

Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Llena de fe has concebido a Jesús antes en tu corazón que en tu seno, para hacerte Madre de todos los creyentes (cf. San Agustín, Sermón 215, 4). Derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz.


 

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20-12-2015

Domingo IV Adviento – C

Miq 5,1-4a: De ti saldrá el jefe de Israel

Salmo 79: ¡Oh Dios, restáuranos; que brille tu rostro y nos salve!

Heb 10,5-10: Aquí estoy para hacer tu voluntad

Lc 1,39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Miqueas, de quien está tomada la primera lectura, vivió en el reinado de Ezequías. Cuando el modesto profeta llegó a la corte, se encontró con Isaías, de quien al parecer recibió influjo literario, aunque siempre conservó su estilo personal.

 

Miqueas atacó sobre todo a los poderosos que abusan del pobre para robar y oprimir, a los jueces corrompidos, pero compuso también magníficos poemas de salvación, entre los que sobresale la profecía sobre Belén. El Mesías esperado nacerá en Belén, pequeña población de Judá y hará que los seres humanos puedan vivir tranquilos y Él será nuestra paz.

 

La segunda lectura está tomada de la carta a los Hebreos. Supuestamente Pablo compara la obra cultual de Cristo con la del Antiguo Testamento, y el sacrificio de Cristo con los antiguos “sacrificios” religiosos. A través de esta comparación se nos muestra con profundidad la naturaleza y finalidad de la encarnación. El sacrificio de Cristo tiene lugar de una vez para siempre y no consiste tanto en la inmolación de una víctima, cuanto en la comunión con el Padre, a la que todos somos invitados. En lo sucesivo no habrá una religión de ceremonias y de ritos, sino una religión “en Espíritu y en Verdad”. La voluntad de Dios no ha sido la muerte del Hijo, sino el hacer partícipe a su Hijo de la condición humana con el suficiente amor para que todo lo humano quedara transformado. La sangre del Hijo, más que ofrenda para aplacar a un Dios justiciero, es don a los seres humanos de un Dios lleno de amor. Nuestra santificación consiste en vivir “en Espíritu y en Verdad” esa amistad con Dios. Aquí radica la esencia del Espíritu religioso.

 

Acercarse a celebrar el nacimiento de Jesús conlleva recordar la condición de mujer y la fe de María. El episodio llamado de la visitación, del evangelio de Lucas nos relata el encuentro de dos mujeres madres. María, la galilea, va a Judá, la región en la que un día el hijo que lleva dentro de ella será rechazado y condenado a muerte (Lc 1,39). Ante el saludo de la joven, el niño que Isabel está a punto de dar a luz “salta de gozo” (vv. 41 y 44). La madre alude poco después a lo que siente dentro de sí; se trata de la alegría del niño –el futuro Juan Bautista- alrededor de quien habían girado hasta el momento los acontecimientos narrados en este primer capítulo de Lucas. Juan cede ahora el paso a Jesús. El gozo es la primera respuesta a la venida del Mesías. Experimentar alegría porque nos sabemos amados por Dios es prepararnos para la navidad.

 

Isabel pronuncia entonces una doble bendición. Como ocurre siempre en manifestaciones importantes, Lucas subraya que lo hace “llena del Espíritu Santo” (v. 41). María es declarada “Bendita entre las mujeres”(v. 42), su condición de mujer es destacada; en tanto que tal es considerada amada y privilegiada por Dios. Esto es ratificado por el segundo motivo del elogio: “Bendito el fruto de tu vientre” (v.42). Este fruto es Jesús, pero el texto subraya el hecho de que por ahora está en el cuerpo de una mujer, en sus entrañas, tejido de su tejido. El cuerpo de María deviene así el arca santa donde se alberga el Espíritu y manifiesta la grandeza de su condición femenina. En su visitante, Isabel reconoce a la “madre del Señor” (v 43), aquella que dará a luz a quien debe liberar a su pueblo, según lo anunciaba el profeta Miqueas (5,2-5).

 

Bendecir (bene-dícere) significa hablar bien, ensalzar, glorificar. Con anterioridad al nacimiento de Jesús, aparecen en los evangelios bendiciones por parte de Zacarías, Simeón, Isabel y María. Todos bendicen a Dios por lo que hace. Pero, al mismo tiempo, Jesús bendice a los niños, a los enfermos, a los discípulos, al Padre. Toda bendición va dirigida a Dios. La oración de bendición es, sobre todo, alabanza de acción de gracias. De este modo celebramos la Eucaristía. Pero también la bendición se extiende a todas las criaturas incluso a las inanimadas: ramos, ceniza, pan y vino. Son bienaventurados los santos y especialmente “bendita” es María, la madre de Jesús.

 

El Espíritu Santo ayuda a Isabel a pronunciar una bendición: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre!”. Desde entonces, millones de veces lo hemos dicho todos los cristianos en el “Ave María”. Son benditos, bienaventurados o dichosos los que creen en Dios, los que practican la Palabra, los que dan frutos, los pobres con los que se identifica Jesús.

 

María creyó. Ésta fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe. María se convierte en maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte de Dios aunque ella no se pudiera explicar el modo como se realizaría aquel plan. Toda la vida de María se fundamenta en su fe, en la adhesión que ha prestado desde el primer momento a la revelación que llegó hasta ella.
 

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Curia Diocesana

·         Suspendida la vendimia ayuda a tu Iglesia para el mes de Enero. No obstante los bonos deben ser consignados a la curia diocesana en la brevedad posible.

·         El día viernes 11 del mes en curso, el señor obispo diocesano aperturó el año santo de la misericordia en nuestra diócesis. Reunido con todo el presbiterio de Carora, con una nutrida participación de fieles, Monseñor Tineo celebro una misa solemne donde explicó todo lo referente a este año que el Santo Padre Francisco ha declarado de la misericordia. Queda ahora esperar la apertura que cada párroco hará en su respectiva parroquia. Imploramos del señor la gracia de su misericordia para que este año sea de mucha bendición para la vida de la iglesia diocesana de Carora. 

 

Vaticano hizo anuncio oficial: La Madre Teresa de Calcuta será declarada santa

VATICANO, 18 Dic. 15 / 06:17 am (ACI).- Después de meses de espera, el milagro que permitirá la canonización de la Beata Madre Teresa de Calcuta fue oficialmente aprobado por el Vaticano. La querida religiosa será declarada santa y solo se aguarda la fecha de la ceremonia.

 

Los rumores sobre la canonización circulan desde hace meses. Sin embargo, el Vaticano hizo el anuncio oficial en un comunicado hoy 18 de diciembre, junto con el reconocimiento de las virtudes heroicas del Padre Giuseppe Ambrosoli de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, dándole el título de Venerable.

 

Hace apenas unos días, Francisco se reunió con el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, para avanzar en varias causas de canonización. Sostuvo una nueva audiencia privada en su cumpleaños, ayer, 17 de diciembre.

 

En la reunión de ayer, el Papa aprobó el milagro atribuido a la Madre Teresa, la curación de un hombre brasileño inexplicablemente curada de abscesos cerebrales.

 

Aunque no hay planes oficiales, el Cardenal Amato ha sugerido anteriormente que el 4 de septiembre 2016 - que está siendo considerado como un día de jubileo para los trabajadores y voluntarios de la misericordia - sería la posible fecha de canonización, cerca del 5 de septiembre, fiesta de la Madre y aniversario de su muerte.

 

En septiembre, el Padre Caetano Rizzi, Vicario Judicial de la Diócesis de Santos (Brasil) y promotor de justicia en el caso del milagro, dijo a ACI Prensa que el Papa estaba interesado en canonizar a la Madre Teresa durante el Año Santo de la Misericordia, que va desde el 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016.

 

En la reunión de 17 de diciembre con el Cardenal Amato, Francisco aprobó también las virtudes heroicas del Padre Adolfo del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, así como del P. Enrico Hahn.

 

Su vida

 

Agnes Gonxha Bojaxhiu nació el 26 de agosto 1910, en Skopje, Macedonia. Era la menor de tres hijos, asistió a un grupo de jóvenes dirigido por un sacerdote jesuita que la hizo considerar una vocación de servicio como monja misionera.

 

Se unió a las Hermanas de Loreto a los 17 años y fue enviada a Calcuta, donde enseñó en una escuela secundaria. Después de contraer tuberculosis, fue enviada a descansar en Darjeeling, y fue en medio de esa enfermedad cuando descubrió "una orden" de Dios para dejar el convento y vivir entre los pobres.

 

El Vaticano le concedió permiso para salir de las Hermanas de Loreto y vivir su nuevo llamado, bajo la dirección del Arzobispo de Calcuta.

 

La Madre Teresa comenzó a trabajar en los barrios pobres, enseñaba a los niños y asistía enfermos en sus hogares. Un año más tarde, algunos de sus exalumnos se le unieron y juntos se hicieron cargo de hombres, mujeres y niños que agonizaban en las calles.

 

En 1950, las Misioneras de la Caridad nacieron como una congregación de la Diócesis de Calcuta. En 1952, el gobierno les concedió una casa desde la cual continuaron su misión de servir a los pobres y olvidados de Calcuta.

 

La congregación creció rápidamente y de tener una sola casa para moribundos y pobres extremos, llegó a tener 500 casas en todo el mundo.

 

La Madre Teresa estableció albergues para prostitutas, mujeres maltratadas, orfanatos para niños pobres y hogares para víctimas del SIDA. Fue una férrea defensora de los no nacidos.

 

Murió el 5 de septiembre 1997, y fue beatificada sólo seis años más tarde por San Juan Pablo II 19 de octubre 2003.


 

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13-12-2015

Domingo III Adviento – C

Sof 3,14-18a: El Señor se alegra con júbilo en ti

Interleccional Is 12: Griten jubilosos: “¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel!”

Fil 4,4-7: El Señor está cerca

Lc 3,10-18: ¿Qué hemos de hacer?

El texto del profeta Sofonías nos habla de un tiempo poco antes del reinado de Josías. El país se hallaba sumido en la mayor miseria moral y hacía tiempo se dejaba sentir la amenaza de Asiria. Sofonías, testigo de los grandes pecados de Israel y del duro castigo con que Dios va a purificar a su pueblo, preanuncia la restauración y redención que Dios va a obrar. A los beneficiarios de ella los llama el “resto”. Con este “resto” creará Dios un pueblo nuevo.

 

Al final de su libro Sofonías vislumbra algunas luces de esperanza: el rey Josías se presenta como un gran reformador y Asiria parece aflojar por el momento su cerco. Es la ocasión para anunciar días mejores para Jerusalén e invitar a la alegría a través de una gran fiesta en la que todo serán danzas, alegría y regocijo.

 

Israel rebosa gozo porque el Señor ha cancelado todas sus deudas o el castigo de sus pecados (la cautividad). El Señor establece su trono en Sión. Con Rey tan poderoso y Padre tan misericordioso nada tiene que temer nunca más (v.14-15). Ahora ya no es Israel el que se goza en el Señor; es el mismo Señor quien se goza con su nuevo pueblo. Es como el “esposo” que se goza en la “esposa”. Muchas veces en los profetas la “Alianza” es presentada como “Desposorio”: “Yahvé, tu Dios, está en medio de ti; exulta de gozo por ti y se complace en ti; te ama y se alegra con júbilo; hace fiesta por ti” (v.16-17).

 

Los textos de la liturgia de hoy nos invitan a la alegría. Ese es el modo de esperar al Señor: la auténtica alegría del pueblo de Dios es Cristo, el Mesías largo tiempo esperado. A los filipenses Pablo les recomienda: “Alegraos siempre en el señor. Otra vez os digo, alegraos”.

 

El pasaje de Lucas nos habla del testimonio de Juan Bautista, el precursor. Su predicación impresiona al pueblo, la gente se acerca para preguntarle: “¿Qué debemos hacer?” (v.10), es una prueba de que han comprendido el mensaje, perciben que el bautismo de Juan exige un comportamiento. La respuesta llega enseguida: compartan lo que tengan: vestido, comida, etc. (vv. 10-11).

 

No se pregunta lo que hay que pensar, ni siquiera lo que hay que creer. El Evangelio pretende que el oyente de la Palabra de Dios se convierta, es decir, que su conducta y su comportamiento estén de acuerdo con la justicia que exige el Reino. La buena noticia entraña una exigencia nítida: los que tienen bienes o poder deben compartirlos con los que no tienen nada o son más débiles. Gracias a esta conversión, los pobres y menesterosos son iguales a los otros. En realidad, los pobres no preguntan, sino que están en “expectación”. El “¿qué debemos hacer?” lo deberían preguntar quienes tienen el dinero, la cultura, el poder... porque la exigencia básica, según la Biblia, es compartir.

 

La conversión es un cambio de conducta más que un cambio de ideas; es la transformación de una situación vieja en una situación nueva. Convertirse es actuar de manera evangélica. El evangelio nos invita a una “conversión al futuro” que se despliega en el Reino. No es mirar y volverse atrás. El futuro (que es Dios y su reinado) es la meta de la llamada a la conversión.

 

La tentación para no convertirse es quedarse en una búsqueda permanente o contentarse con preguntar sin escuchar respuestas verdaderas. Según el Bautista, la conversión exige “aventar la parva” (saber seleccionar o elegir), “reunir el trigo” (ir a lo más importante y no quedarse en las ramas) y “quemar la paja” (echar por la borda lo inservible o lo que nos inmoviliza); acoger la Buena Nueva de la venida del Señor requiere esa conversión. Con nuestros gestos discernimos lo que nos acerca de aquello que nos aleja de la llegada del Señor. Este día Dios discernirá entre el trigo y la paja que haya en nuestra conducta.

 

Este domingo se denominó tradicionalmente domingo “gaudete”, o de alegría. Por dos veces nos dice Pablo que estemos alegres, alegres por la venida del Señor, por la celebración próxima de la Navidad, por mantener la esperanza, por situarnos en proceso de conversión y por compartir con los hermanos la cena del Señor.

 

En la Biblia, la alegría acompaña todo cumplimiento de las promesas de Dios. Esta vez el gozo será particularmente profundo: “El Señor está cerca” (Flp 4,5). Toda petición a Dios debe estar apoyada en la acción de gracias (v. 6). La práctica de la justicia y la vivencia de la alegría nos llevarán a la paz auténtica, al Shalom (vida, integridad) de Dios.

 

¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que muchos nos podemos formular hoy. La respuesta de Juan Bautista no es teoría vacía. Es a través de gestos y acciones concretas de justicia, respeto, solidaridad, y coherencia cristiana, como demostramos nuestra voluntad de paz, vamos construyendo un tejido social más digno de hijos de Dios, vamos conquistando los cambios radicales y profundos que nuestra vida y nuestra sociedad necesitan. Pero para eso, es necesario purificar el corazón, dejarnos invadir por el Espíritu de Dios, liberarnos de las ataduras del egoísmo y el acomodamiento, no temer al cambio y disponernos con alegría, con esperanza y entusiasmo a contribuir en la construcción de un futuro no remoto más humano, que sea verdadera expresión del Reino de Dios que Jesús nos trae, y así poder exclamar con alegría: ¡venga a nosotros tu Reino, Señor!
 

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·         El día viernes 11 del mes en curso, el señor Obispo Diocesano dio apertura al Año Santo de la Misericordia en nuestra Diócesis. Reunido con todo el Presbiterado de Carora, con una nutrida participación de fieles, Monseñor Tineo celebró una misa solemne donde explicó todo lo referente a este año que el Santo Padre Francisco ha declarado de la Misericordia. Queda ahora esperar la apertura que cada párroco hará en su respectiva Parroquia. Imploramos del Señor la gracia de su misericordia para que este año sea de mucha bendición para la vida de la Iglesia Diocesana de Carora. 

 

Cardenal Piacenza: El mundo tiene sed de esperanza y los cristianos debemos brindarla

 

ROMA, 11 Dic. 15 / 04:08 pm (ACI).- El Presidente de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), Cardenal Mauro Piacenza, afirmó en su mensaje por el Jubileo de la Misericordia que “el mundo está sediento de esperanza” y los cristianos deben estar dispuestos a brindársela llevando el mensaje de Jesús, pero no solo con palabras, sino “con obras de misericordia”.

“La esperanza cristiana es una esperanza activa, es una esperanza llena de cosas que hacer durante la espera: prestar atención y crecer en el amor hacia todos; por ello es como levadura y sal dentro de la masa de este mundo”, señaló el Purpurado, que recordó que el 8 de diciembre se inauguró en el Vaticano el Jubileo de la Misericordia con la apertura de la Puerta Santa, que es “la Puerta de la Esperanza, la Puerta de la Confianza en la Divina Misericordia”.

 

En su mensaje, el también Penitenciario Mayor de la Iglesia indicó que si bien el ancla es el símbolo de la esperanza, “existe otra imagen que, en cierta manera, me parece más significativa: pienso en la vela. El ancla sirve para mantener firme el barco en el mar, mientras que la vela sirve para impulsarlo y hacerlo surcar el mar hacia tierra firme. La esperanza es el viento que, al hinchar la vela, nos impulsa”.

 

“Y fue la esperanza la que, en los inicios de la Iglesia, confirió al mensaje cristiano aquella extraordinaria fuerza de expansión que lo llevó, en poco tiempo, hasta los confines de la tierra. También nuestra obra vive totalmente de la esperanza. Cuando, por ejemplo, nos llegan numerosas solicitudes de proyectos, debemos tener la esperanza de que nuestros benefactores nos ayudarán a hacer realidad tantas esperanzas”.

 

“El mundo –afirmó– está sediento de esperanza y presta oído a un mensaje en la medida en que este sabe ofrecerle verdadera esperanza. Nosotros, los cristianos, somos responsables de la esperanza que nos ha sido dada, y debemos estar dispuestos a dar razón de ella, pero no solo mediante la palabra”. “Hay muchas cosas sin las cuales se puede vivir, pero no se puede vivir sin esperanza”, señaló.

 

“Tener esperanza, siempre tener esperanza, volver a recuperar la esperanza tras la enésima desilusión, esperar que el día siguiente sea mejor, a pesar de que en tantas ocasiones haya sido peor, absorber todos los aparentes desmentidos como la tierra absorbe la lluvia copiosa: esto es verdaderamente grande y revela la omnipotencia de la gracia divina”.

 

En ese sentido, a pocos días de celebrarse la Navidad, el Purpurado alentó a ir “al encuentro del Cristo que viene” con “obras de misericordia, con la lámpara de la fe encendida. En las buenas obras, Cristo ya ha llegado. ¡Por ello, debemos centrarnos en él, y en todo lo demás solo en relación con él, en vista de él!”.

 

Asimismo, el Cardenal Piacenza señaló que en este Año Santo “estamos llamados a olvidar el pasado y a asomarnos al futuro, hacia una nueva aventura de gracia y hacia la plenitud de la Misericordia de Dios”.

 

“Para que esto pueda hacerse realidad de forma auténtica, debemos intentar franquear la Puerta Santa tras una confesión sacramental fervorosa e íntegra, acompañada del vivo deseo de encaminarnos por la vía de la santidad. La santidad es la vocación inscrita en nuestro bautismo, pues cada uno de nosotros está llamado a ella”.

 

“La santidad –indicó– es algo grandioso, pero, al mismo tiempo, es algo extremadamente simple y ordinario. Significa vivir con intenso amor lo que tiene de particular cada día y cada circunstancia como una ‘vocación’”, dejando que Jesús actúe “hasta que podamos decir con San Pablo: ‘Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; para mí vivir es Cristo’”.

 

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06-12-2015

Domingo II Adviento – C

Bar 5,1-9: Dios mostrará su esplendor sobre ti

Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres

Fil 1,4-6.8-11: Que lleguen al día de Cristo limpios e irreprochables

Lc 3,1-6: Todos verán la salvación de Dios

Lc 3,1-6: Todos verán la salvación de Dios

El tiempo de adviento es tiempo de esperanza y de apertura al cambio: cambio de vestido y de nombre (Baruc), cambio de camino (Isaías). Cambiar, para que todos puedan ver la salvación de Dios.

 

En un bello poema Baruc canta con fe jubilosa la hora en que el Eterno va a cumplir las promesas mesiánicas, va a crear la nueva Jerusalén, va a dar su salvación. Jerusalén es presentada como una “Madre” enlutada por sus hijos expatriados. Dios regala a Sión, su esposa, la salvación como manto regio, le ciñe como diadema la “Gloria” del Eterno. La Madre desolada que vio partir a sus hijos, esclavos y encadenados, los va a ver retornar libres y festejados como un rey cuando va a tomar posesión de su trono. Le da un nombre nuevo simbólico: “Paz de Justicia-Gloria de Misericordia”; es decir, Ciudad-Paz por la salvación recibida de Dios. Ciudad-Gloria por el amor misericordioso que le tiene Dios.

 

Haciéndose eco de los profetas del destierro, Baruc dice una palabra consoladora a un pueblo que pasa dificultad: “El Señor se acuerda de ti” (5,5). Ya el segundo Isaías se había preguntado: “¿Puede una madre olvidarse de su criatura? (...) pues aunque ella se olvide, yo no me olvidaré” (Is 49,15). El Dios fiel no se olvida de Jerusalén, su esposa, que es invitada ahora a despojarse del luto y vestir “las galas perpetuas de la Gloria que Dios te da” (5,1). Es la salvación que Dios ofrece para los que ama, de los que se acuerda en su amor.

 

¿Dónde está nuestro profetismo cristiano? El profeta no es un adivino, ni alguien que pre-dice los acontecimientos futuros. El profeta se enfrenta a todo poderío personal y social, habla desde el “clamor de los pobres” y pretende siempre que haya justicia. Obviamente le preocupa el futuro del pueblo, la situación sangrante de los pobres. Los profetas surgen en los momentos de crisis y de cambios para avizorar una situación nueva, llena de libertad, de justicia, de solidaridad, de paz.

 

La misión del profeta cristiano es cuestionar los “sistemas” contrarios al Espíritu, defender a toda persona atropellada y a todo pueblo amenazado, alentar esperanzas en situaciones catastróficas y promover la conversión hacia actitudes solidarias. Tiene experiencia del pueblo (vive encarnado) y contacto con Dios (es un místico), y de ahí obtiene la fuerza para su misión. Por medio de los profetas, Dios guía a su pueblo “con su justicia y su misericordia” (Bar 5,9). El profeta “allana los caminos” a seguir.

 

En el evangelio, al llegar la plenitud de los tiempos, el mismo Dios anuncia la cercanía del Reino por medio de Juan y asegura con Isaías que “todos verán la salvación de Dios” (Lc 3,6). Para el Dios que llega con el don de la salvación debemos preparar el camino en el hoy de nuestra propia historia.

 

Juan Bautista, profeta precursor de Jesús, fue hijo de un “mudo” (pueblo en silencio) que renunció al “sacerdocio” (a los privilegios de la herencia), y de una “estéril” (fruto del Espíritu). Le “vino la palabra” estando apartado del poder y en el contacto con la bases, con el pueblo. La palabra siempre llega desde el desierto (donde sólo hay palabra) y se dirige a los instalados (entre quienes habitan los ídolos) para desenmascararlos. La palabra profética le costó la vida a Juan. Su deseo profético es profundo y universal: “todos verán la salvación de Dios”. La salvación viene en la historia (nuestra historia se hace historia de salvación), con una condición: la conversión (“preparad el camino del Señor”). ¿Qué debemos hacer para ser todos un poco profetas?

 

La invitación de Isaías, repetida por Juan Bautista y corroborada por Baruc, nos invita a entrar en el dinamismo de la conversión, a ponernos en camino, a cambiar. Cambiar desde dentro, creciendo en lo fundamental, en el amor para “aquilatar lo mejor” (Flp 1,10). Con la penetración y sensibilidad del amor escucharemos las exigencias del Señor que llega y saldremos a su encuentro “llenos de los frutos de justicia” (1,11).

 

Esa renovación desde dentro tiene su manifestación externa porque se “abajan los montes”, se llenan los valles, se endereza lo torcido y se iguala lo escabroso (Bar 5,7). Se liman asperezas, se suprimen desigualdades y se acortan distancias para que la salvación llegue a todos. La humanidad transformada es la humanidad reconciliada e igualada, integrada en familia de fe: “los hijos reunidos de Oriente a Occidente” (Bar 5,5). Convertirse entonces es ensanchar el corazón y dilatar la esperanza para hacerla a la medida del mundo, a la medida de Dios. Una humanidad más igualitaria y respetuosa de la dignidad de todos es el mejor camino para que Dios llegue trayendo su salvación. A cada uno corresponde examinar qué renuncias impone el enderezar lo torcido o abajar montes o rellenar valles. Nuestros caminos deben ser rectificados para que llegue Dios.

 

Adviento es el tiempo litúrgico dedicado por antonomasia a la esperanza. Y esperar es ser capaz de cambiar, y ser capaz de soñar con la Utopía, y de provocarla, aun en aquellas situaciones en las que parece imposible.

 

Dejémonos impregnar por la gracia de este acontecimiento que se nos aproxima, dejemos que estas celebraciones de la Eucaristía y de la liturgia de estos días nos ayuden a profundizar el misterio que estamos por celebrar.

 

Unidos en la esperanza caminamos juntos al encuentro con Dios. Pero al mismo tiempo, Él camina con nosotros señalando el camino porque “Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su Gloria, con su justicia y su misericordia” (Bar 5,9).
 

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El reto del Papa para el nuevo año: Leer con atención el libro más “peligroso”

VATICANO, 03 Dic. 15 / 09:14 am (ACI).- El Papa Francisco ha escrito el prólogo a una edición de la Biblia alemana destinada a los jóvenes en el que les pregunta: “¿Quieren hacerme feliz? ¡Lean la Biblia!”. En el texto, Francisco asegura que se trata de “algo divino: un libro como fuego, un libro en el que Dios habla”, y ofrece algunos consejos para su lectura.

 

“Mis queridos jóvenes amigos, si ustedes vieran mi Biblia quizás les sorprendería. Dirían: ‘¿Qué? ¿Esta es la Biblia del Papa? ¡Un libro así viejo, así de desgastado!’”, escribe bromeando Francisco.Pero va más allá y continua: “Podrían también regalarme una nueva, quizás también una de 1.000 euros: no, no la querría. Amo mi vieja Biblia, aquella que me ha acompañado la mitad de mi vida. Ha visto mi alegría, se ha mojado por mis lágrimas: es mi inestimable tesoro. Vivo por ella y por nada del mundo la apartaría de mí”.

 

En el texto, el Papa pide que la Biblia no termine apartada en las estanterías de la librería, “en tercera fila”, “llenándose de polvo”. Porque “un día, vuestros hijos la venderán a un mercado de segunda mano. ¡No! ¡Esto no puede ser!”, exclama.

 

“Quiero decirles una cosa: hoy, todavía más que en los inicios de la Iglesia, los cristianos son perseguidos; ¿cuál es la razón?”, se pregunta. "Son perseguidos porque llevan una cruz y dan testimonio de Cristo; son condenados porque poseen una Biblia. Evidentemente la Biblia es un libro extremadamente peligroso, de tal riesgo que en ciertos países quien posee una Biblia es tratado como si escondiera en el armario una granada de mano”.

 

El Pontífice comenta unas palabras del pensador hinduista Mahatma Gandhi que dijo una vez: “A ustedes cristianos se les ha confiado un texto que tiene en sí la cantidad de dinamita suficiente para hacer explotar en mil pedazos toda la civilización, para poner al mundo del revés y llevar la paz en un planeta devastado por la guerra. Sin embargo, la tratan como si fuese simplemente una obra literaria, nada más”.

 

“¿Qué tienen ahora mismo en la mano? ¿Una obra maestra? ¿Una colección de antiguas y preciosas historias?”, pregunta de nuevo el Papa a los jóvenes.

 

“En ese caso, se necesitaría decir a muchos cristianos que se hacen encarcelar y torturar por la Biblia: ‘Realmente habéis sido necios y poco perspicaces; ¡es solo una obra literaria!’”.

 

“No, con la Palabra de Dios la luz ha venido al mundo y nunca será apagada”. Entonces, entre las manos, tienen “algo divino: un libro como fuego, un libro en el que Dios habla. Por eso recuerden: la Biblia no está hecha para ser puesta en una estantería, más bien está hecha para tenerla en la mano, para ser leída a menudo, cada día, tanto solos como en compañía”.

 

En el prólogo, Francisco se pregunta además: “Hacen deporte en compañía, van de compras, ¿por qué entonces no leer juntos, dos, tres, o cuatro, la Biblia?”.

 

“Quizás al aire libre, inmersos en la naturaleza, en el bosque, a la orilla del mar, en la noche a la luz de una vela… tendrán una experiencia potente e impactante”, asegura.

 

“¿O quizás tienen miedo de parecer ridículos ante los demás?”, cuestiona Francisco. “¡Lean con atención, no se queden en la superficie, como se hace con un cómic!”. “¡La Palabra de Dios no es algo que se pueda recorrer de forma simple con la mirada!”.

 

Después de invitar a los jóvenes a preguntarse qué puede decir la Biblia a sus corazones, les asegura: “solo así la Palabra de Dios podrá desplegar toda su fuerza; solo así nuestra vida podrá transformarse, haciéndose plena y preciosa”.

 

El Papa también revela cómo lee él mismo su vieja Biblia: “Quiero confiarles como leo mi vieja Biblia”. “A veces la tomo, la leo un poco, después la dejo a un lado y me dejo mirar por el Señor. No soy yo el que le mira a Él, sino Él el que me mira a mí: Dios está de verdad allí, presente. Así me dejo observar por Él y siento -no se trata de sentimentalismo-, percibo en lo más profundo aquello que el Señor me dice”.

 

“A veces –añade- no habla: y entonces no siento nada, solo vacío, vacío, vacío… pero, paciente, permanezco ahí y sigo así, leyendo y orando”. “Rezo sentado, porque me hace mal estar de rodillas. A veces, rezando, incluso me quedo dormido, pero no pasa nada: soy como un hijo junto a su padre, y esto es lo que cuenta”, revela el Papa.



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22-11-2015

Domingo XXXIV Ordinario – B

Fiesta de Cristo Rey

Dn 7,13-14: Su dominio es eterno y no pasa

Salmo 92: El Señor reina vestido de majestad

Ap 1,5-8: Él hizo de nosotros un reino, sacerdotes de su Padre Dios

Jn 18,33b-37: Tú lo dices: ¡Soy rey!

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

 

a) El origen de esta fiesta y su contexto original

 

Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de "Cristo Rey", el "reinado social del Corazón de Jesús"... incluyeron esos aspectos de auto-encumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

 

b) El concepto de Reino Monárquico

 

El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías "parlamentarias") que niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un "reino" (pues ahora «el rey reina pero no gobierna»... ya no es lo que fue).

 

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática... cada vez más se viene insistiendo en que la palabra "reino" no sería ya la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del «Reinado de Dios» del que hablaron los profetas y Jesús, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como "rey", y de su proyecto escatológico como un "reino". ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? ¿Acaso una comunidad cristiana puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

 

Pablo Suess propuso hace tiempo la expresión "democracia participativa del RD" para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

 

En vez de hablar del «Reino» de Dios, puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios...: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos...».

 

c) Connotación de género en la palabra "Reino"

 

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God's Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen...). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo también en otros frentes.

 

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

 

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

 

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús

 

Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran... La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

 

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey... El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa...

 

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia... es Paz... es Gracia... es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

 

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo

 

Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar "reinocentrismo", con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús.

 

La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

 

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el "juicio final"...

 

El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno.
 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  LOCAL

 

Curia Diocesana

·         Suspendida la vendimia ayuda a tu Iglesia para el mes de Enero. No obstante los bonos deben ser consignados a la Curia Diocesana en la brevedad posible.

 

·         Con gran regocijo los sacerdotes de la Diócesis retornaron a Carora luego de unos ejercicios espirituales con el Papa Francisco. Gozo y alegría inunda el corazón de los sacerdotes los cuales vienen con las pilas bien recargadas. Bienvenidos hermanos sacerdotes.   

 

Parroquia San José

 

·         El 28 y 29 de Noviembre el P. Luis Toro estará en nuestra parroquia dictando la cuarta escuela de formación apologética. El valor de la entrada es de 200 BF. Por persona e invitamos a todos los cristianos protestantes a plantear sus inquietudes participando de manera gratuita. Entradas ya a la venta.
 



T
witter: @PbroRamonCrespo     padreramonluis1966@gmail.com


Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

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15-11-2015

Domingo XXXIII Ordinario – B

Dn 12,1-3: Por aquel tiempo se salvará tu pueblo

Salmo 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Heb 10,11-14.18: Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados

Mc 13,24-32: Reunirá a los elegidos de los cuatro vientos

Cercanos ya al final del año litúrgico, la liturgia de hoy nos presenta a través de la lectura del libro de Daniel y del evangelio, textos relativos al final de los tiempos. En efecto, el pasaje de Daniel anuncia la intervención de Dios a favor de sus fieles a través de Miguel, el ángel encargado de proteger a su pueblo. Estas palabras de Daniel hay que enmarcarlas en el marco amplio de todo el libro cuyo género y estilo corresponden a la corriente apocalíptica bastante popularizada a finales del período veterotestamentario. Todo el libro de Daniel es un llamado a la esperanza, característica principal de toda la literatura apocalíptica. No se trata tanto de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, cuanto la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio. El texto que leemos hoy es subversivo para la época, pues invita al rechazo del señorío absoluto de los opresores griegos de aquel entonces que a punta de violencia se hacían ver como dueños absolutos de las personas, del tiempo y de la historia.

 

Por su parte el evangelio nos presenta una mínima parte del «discurso escatológico» según san Marcos. Un poco antes de comenzar la narración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, los tres sinópticos nos presentan palabras de Jesús cargadas de sabor escatológico.

 

El pasaje de hoy hay que leerlo a la luz de todo el capítulo 13. Es más, conviene que en casa o en el grupo lo leamos completo y, de ser posible, leamos también el discurso escatológico de Mateo y de Lucas, eso nos ayudará a ver mucho mejor las semejanzas y las diferencias entre los tres y, por otro lado, nos facilitará una mejor comprensión del sentido y finalidad que cada uno quiso darle a esta sección.

 

Tengamos en cuenta que en ningún momento hablan los evangelistas del «fin del mundo», en sentido estricto, esa es una interpretación equivocada que no ha traído los mejores resultados ni a la fe del creyente ni a su compromiso con el prójimo y con la historia. No es éste, con palabras sacadas de aquí y de allá, el «fundamento» bíblico o teológico de las «postrimerías del hombre» de que nos hablaba el «catecismo del padre Astete», o de los «novísimos» que nos enseñaba la teología... O, por lo menos, no se debe reducir a eso.

 

Jesús no predica el fin del mundo, ése no era su interés. Las imágenes de una conmoción cósmica descrita como estrellas que caen, sol y luna que se oscurecen, etc., son una forma veterotestamentaria de describir la caída de algún rey o de una nación opresora. Para los antiguos, el sol y la luna eran representaciones de divinidades paganas (cf. Dt 4,19-20; Jr 8,2; Ez 8,16), mientras que los demás astros y lo que ellos llamaban «potencias del cielo», representaban a los jefes que se sentían hijos de esas divinidades y en su nombre oprimían a los pueblos, sintiéndose ellos también como seres divinos (Is 14,12-14; 24,21; Dn 8,10). Pues bien, en línea con el Primer Testamento, Jesús no pretende describir la caída de un imperio o cosa por el estilo, para él lo más importante es anunciar los efectos liberadores de su evangelio; y es que el evangelio de Jesús debe propiciar, en efecto, el resquebrajamiento de todos los sistemas injustos que de uno u otro modo se van erigiendo como astros en el firmamento humano.

 

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, redireccionar el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte. Esta tarea la debe realizar el discípulo, el que ha aceptado a Jesús y su proyecto. Recordemos la intencionalidad teológica y catequética de Marcos: a Jesús, el Mesías (cuyo «secreto» se mantiene a lo largo de todo el evangelio), sólo se le puede conocer siguiéndolo; y bien, el seguimiento implica no sólo ir detrás de él, implica además, tomar el lugar de él, asumir su propuesta como propia y luchar hasta el final por su realización.

 

Discípulas y discípulos están entonces comprometidos en ese final de los sistemas injustos cuya desaparición causa no miedo, sino alegría, aquella alegría que sienten los oprimidos cuando son liberados. Ésa debiera de ser nuestra preocupación constante y el punto para discernir si en efecto nuestras tareas de evangelización y nuestro compromiso con la transformación de lo injusto en relaciones de justicia está causando de veras el efecto que debe tener el evangelio, o si simplemente estamos ahí a merced de las corrientes del momento esperando quizás que se cumpla lo que no ni siquiera pasó por la mente de Jesús.
 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL


Curia Diocesana

·         Suspendida la vendimia ayuda a tu Iglesia para el mes de Enero. No obstante los bonos deben ser consignados a la Curia Diocesana en la brevedad posible.

 

·         Del 16 al 20 de Noviembre los sacerdotes de la Diócesis de Carora, en unión del Obispo Diocesano, Mons Luis Tineo, estarán de retiro anual en la población de Mérida. Pedimos oración para que todo salga bien y regresen santos para continuar dirigiendo las parroquias de la diócesis.


Parroquia San José

·         Hoy en la misa de las 7am y 5:30pm se estará realizando el cierre de la jornada familiar con el abrazo en familia. Invitamos a todas las familias a participar.

 

·         El 28 y 29 de Noviembre el P. Luis Toro estará en nuestra parroquia dictando la cuarta escuela de formación apologética. El valor de la entrada es de 200 BF. Por persona e invitamos a todos los cristianos protestantes a plantear sus inquietudes participando de manera gratuita. Entrada ya a la venta

 

Papa Francisco alerta de dos idolatrías que impiden al creyente ver su destino

VATICANO, Nov. 2015 / (ACI).- En la homilía de la Misa que celebró esta mañana en la capilla de la Casa Santa Marta donde reside, el Papa Francisco advirtió sobre dos idolatrías en las que pueden caer también los que tienen fe que impiden contemplar la belleza de Dios, el destino final de toda persona.

 

El Santo Padre dijo que la primera lectura y el salmo de hoy se refieren a “la belleza de la creación” pero también subrayan “el error” de “aquella gente que en estas cosas bellas no ha sido capaz de ver más allá, es decir la trascendencia”. Una actitud en la que el Papa identifica “la idolatría de la inmanencia” que hace que uno se detenga ante una belleza “sin un más allá”.

 

Según señala Radio Vaticano, Francisco dijo que quienes así proceden “se han apegado a esta idolatría; están sorprendidos por su poder y energía. No han pensado cuán superior es su Soberano, porque los ha creado, Aquel que es principio y autor de la belleza. Es una idolatría mirar las bellezas –tantas– sin pensar que habrá un ocaso. También el ocaso tiene su belleza… Y esta idolatría de estar apegados a las bellezas de acá, sin la trascendencia, todos nosotros corremos el riesgo de tenerla. Es la idolatría de la inmanencia. Creemos que las cosas son como son, son casi dioses, que jamás terminarán. Olvidamos el ocaso”.

 

La segunda idolatría sobre la que alertó “es la de los hábitos” que ensordecen el corazón. Para explicarla, el Pontífice se refirió al Evangelio del día con su descripción de los hombres y las mujeres en tiempos de Noé o los de Sodoma cuando “comían, bebían, tomaban esposa y esposo” sin preocuparse por otra cosa.

 

“Todo es habitual. La vida es así: vivimos así, sin pensar en el ocaso de este modo de vivir. También esto es una idolatría: estar apegado a los hábitos, sin pensar que esto terminará. Y la Iglesia nos hace ver el final de estas cosas. También los hábitos pueden ser pensados como dioses. ¿La idolatría? La vida es así, vamos adelante así… Y así como la belleza terminará en otra belleza, nuestro hábito terminará en una eternidad, en otro hábito. ¡Pero está Dios!”

 

El Santo Padre explicó que ante el peligro de estas dos idolatrías es necesario dirigir la mirada “siempre más allá”, hacia “el hábito final”, al único Dios que está más allá “del fin de las cosas creadas”, como la Iglesia enseña ahora que concluye el Año litúrgico, para no repetir el error de mirar atrás como sucedió a la esposa de Lot, teniendo la certeza que si “la vida es bella, también el ocaso será muy bello”.

 

El Papa resaltó finalmente que “nosotros  –los creyentes– no somos gente que vuelve atrás, que cede, sino gente que va siempre adelante. Ir siempre adelante en esta vida, mirando las bellezas y con los hábitos que tenemos todos nosotros, pero sin divinizarlas. Terminarán… Que sean estas pequeñas bellezas, que reflejan la gran belleza, nuestros hábitos para sobrevivir en el canto eterno, en la contemplación de la gloria de Dios”.



 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

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01-11-2015

Domingo XXXI Ordinario – B

Ap 7,2-4.9-14: Vi en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar

Salmo 23: Éstos son los que buscan al Señor

1Jn 3,1-3: Veremos a Dios tal cual es

Mt 5,1-12a: Estén alegres, porque su recompensa será grande en el cielo

Se celebra hoy la Solemnidad de Todos los Santos. Qué bueno sería que los «santos» en ella celebrados no se redujeran sólo a los del “mundo católico”, los santos de nuestro pequeño mundo, de la Iglesia Católica, sino a «todos los santos del mundo», a los santos de un mundo verdaderamente «cat–hólico» (etimológicamente, según el todo, referido al todo), o sea, «universal». ¿No queremos celebrar en este día a todos los santos que están ya ante Dios? ¿Pues cómo vamos a limitarnos a pensar en «catálogo romano de los santos», de los «canonizados» por la Iglesia católica romana, según esa práctica llevada a cabo sólo desde el siglo XI, de «inscribir» oficialmente a los santos particulares de nuestra Iglesia, en ese libro? ¿Será que quienes figuran oficialmente inscritos durante 9 siglos en esta sola Iglesia son «todos los santos»... o tal vez serán sólo una insignificante minoría entre todos ellos?

 

Es decir: pocas fiestas como ésta requieren ser «universalizadas» para hacer honor a su nombre: la festividad de «todos los santos». Por tanto, hay que hacer un esfuerzo por entenderla con una real universalidad. Ésta es una fiesta «ecuménica»: agrupa a todos los santos. Es más que ecuménica, porque no contempla sólo a los santos cristianos, sino a «todos», todos los que fueron santos a los ojos de Dios. Ello quiere decir, obviamente, que también incluye a los «santos no cristianos»... a los santos de otras religiones (debería ser una fiesta inter-religiosa), e incluso a los santos sin pertenencia a ninguna religión, los «santos paganos» (Danielou tituló así un libro suyo), los santos anónimos (éstos deben ser verdadera legión), incluso los «santos ateos», a los que el pasaje de Mt 25,31ss pone en evidencia («cada vez que lo hicieron con alguno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron»).

 

Una fiesta, pues, que podría hacernos reflexionar sobre dos aspectos: sobre la santidad misma (¿qué es, en qué consiste, qué «confesionalidad» tiene...?), y sobre el «Dios de todos los santos». Porque muchas personas todavía piensan -sin querer, desde luego- en «un Dios muy católico». Para algunos Dios sería incluso «católico, apostólico... y romano». O sea, «nuestro». O «un Dios como nosotros», de hecho. Pudiera ser que, también... un poco... hecho «a imagen y semejanza» nuestra.

 

La actitud universalista, la amplitud del corazón y de la mente hacia la universalidad, a la acogida de todos sin etiquetas particularistas, siempre nos cuestiona la imagen de Dios. Dios no puede ser sólo nuestro Dios, el nuestro, el que piensa como nosotros e intervendría en la historia siempre según nuestras categorías y de acuerdo con nuestros intereses... Dios, si es verdaderamente Dios, ha de ser el Dios de todos los santos, el Dios de todos los nombres, el Dios de todas las utopías, el Dios de todas las religiones (incluida la religión de los que con sinceridad y sabiendo lo que hacen optan con buena conciencia por dejar a un lado “las religiones”, aunque no «la religión verdadera» de la que por ejemplo habla Santiago en su carta, 1,27). Dios es «católico» pero en el sentido original de la palabra. Está más allá de toda religión concreta. Está «con todo el que ama y practica la justicia, sea de la religión que sea», como dijo Pedro en casa de Cornelio (Hch 10).

 

Hoy nos parece todo esto tan natural, pero hace apenas 50 años que estamos pensando de esta manera -los años que hace que se celebró el Concilio Vaticano II-. En las vísperas de aquel Concilio, el famoso teólogo dominico Garrigou-Lagrange (avanzado, progresista, y por ello perseguido) escribía, con la mentalidad que era común en el ambiente católico: «Las virtudes morales cristianas son infusas y esencialmente distintas, por su objeto formal, de las más excelsas virtudes morales adquiridas que describen los más famosos filósofos… Hay una diferencia infinita entre la templanza aristotélica, regulada solamente por la recta razón, y la templanza cristiana, regulada por la fe divina y la prudencia sobrenatural» (Perfection chrétienne et contemplation, Paris 1923, p. 64). Danielou, por su parte, afirmaba: «Existe el heroísmo no cristiano, pero no existe una santidad no cristiana. No debemos confundir los valores. No hay santos fuera del cristianismo, pues la santidad es esencialmente un don de Dios, una participación en Su vida, mientras que el heroísmo pertenece al plano de las realidades humanas» (Le mystère du salut des nations, Seuil, Paris 1946, p. 75). Todas las grandes figuras de la humanidad, personajes como Sócrates o como Gandhi... sólo podrían considerarse héroes, no santos. No quedarían incluidos hoy en esta fiesta, según la visión católico-romana de aquellos tiempos preconciliares, porque «santos», sólo podrían serlo los buenos cristianos, ¡y católicos! Ésta es una de las tantas «rupturas» que realizó el Concilio Vaticano II.

 

La primera lectura bíblica de esta fiesta litúrgica, del Apocalipsis, aun estando redactada en ese lenguaje no sólo poético, sino ultra-metafórico, lo viene a decir claramente: la muchedumbre incontable que estaba delante de Dios era «de toda lengua, pueblo, raza y nación»... En aquel entonces, hablar de «las naciones» implicaba a las religiones, porque se consideraba que cada pueblo-raza-nación tenía su propia religión. A Juan le parece contemplar reunidos, en aquella apoteosis, no sólo a los judeocristianos, sino a «todos los pueblos», lo que equivale a decir: a todas las religiones.

 

Si corregimos así nuestra visión, estaremos más cerca de «ver a Dios tal como es» (segunda lectura), tal como podremos verle más allá de los velos carnales del chauvinismo cultural o el tribalismo religioso -que no son muy distintos-. Obviamente, esos «ciento cuarenta y cuatro mil» (doce al cuadrado, o sea, «los Doce», o «las Doce ‘tribus’ de Israel», pero elevadas al cuadrado y multiplicadas por mil, es decir, totalmente superadas, llevadas fuera de sí hasta disolverse entre «toda lengua, pueblo, raza y nación»), esos ciento cuarenta y cuatro mil, o los entendemos como un símbolo macroecuménico, o nos retrotraerían a un fantástico tribalismo religioso.

 

Las bienaventuranzas comparten esta misma visión «macro-ecuménica»: valen para todos los seres humanos. El Dios que en ellas aparece no es «confesional», de una religión, no es «religiosamente tribal». No exige ningún ritual de ninguna religión. Sino el «rito» de la simple religión humana: la pobreza, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino... Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todos los santos, los de casa y los de fuera, los del mundo «católico»...

 

Si a propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la santidad universal (y supra-religional, simple y profundamente humana); en y con las Bienaventuranzas como carta de navegación para nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr en el cada día el máximo de plenitud de la vida según el querer de Dios.

 

En la homilía, en la oración, en la conversación que tengamos sobre el tema, no dejemos de nombrar hoy a Gandhi, que tiene que ir de la mano con Francisco de Asís; a Martin Luther King acompañado por Mons. Oscar Arnulfo Romero –finalmente reconocido como «mártir» por Roma–; a la mística santa Teresa con el incomparable Ibn Arabí; al inefable Juan de la Cruz con el místico Nisagardatta («¡Yo soy Eso!»)... La manera de cambiar la vieja mentalidad «tribal», que también nos ha afectado en la concepción de la santidad, es practicar, conversar, manifestar la nueva mentalidad macroecuménica.

 

Dentro de la perspectiva cristiano-católica, para una aplicación más parenética de este precedente comentario exegético, recomendamos como la mejor referencia el capítulo V de la Constitución Dogmática de la Iglesia “Lumen Gentium”, del Vaticano II, sobre el “Universal llamado a la santidad”. Antes del Concilio se solía pensar que había una especie de «profesionales de la santidad», que se dedicaban de un modo especializado a conseguirla, como los monjes y los religiosos/as, que se decía que vivían en el «estado de perfección»; a los demás, los laicos/as o seglares, como que se les consideraba de alguna manera dispensados de tener que tender a la santidad.

 

Recomendamos el artículo de P. Delooz, “La canonización de los santos y su significación social” en «Concilium» 149(1979)340-352, accesible en la RELaT [http://servicioskoinonia.org/relat/150.htm], para recordarnos la clásica estrechez de nuestro concepto de santidad, incluso específicamente dentro del «Catálogo romano de los santos» canonizados.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  LOCAL


Curia Diocesana

El 14 de noviembre, a partir de las 10am. En el colegio Nuestra señora del Rosario se estarán realizando el sorteo de los bonos ayuda a tu iglesia. Habrá juegos para los niños, comida a dulces para degustar en familia. No dejes de asistir y colabora con la Iglesia católica.


 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

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18-10-2015

Domingo XXIX Ordinario – B

Is 53,10-11: Mi siervo justificará a muchos

Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Heb 4,14-16: Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia

Mc 10,35-45: El que quiera ser el primero, sea el servidor de todos.

La primera lectura de hoy, tomada de la segunda parte del libro de Isaías, nos habla de la misión del ‘siervo sufriente’, es decir, de aquel imaginado redentor del Pueblo de Dios que ofrece su vida para ver el nacimiento de una nueva posibilidad, de una nueva descendencia. Este poema nos habla más de esperanza, de tenacidad y de lucha que de sufrimiento pasivo o resignación. La misión del siervo del Señor no es ver su cuerpo destrozado, sino servir de puente para las nuevas generaciones de creyentes que se han de inspirar en su particular estilo de vida. Por esta razón la “nueva descendencia” no se refiere, ni en el texto ni en la interpretación cristiana, a los descendientes biológicos, sino a una nueva generación de personas comprometidas con la Causa de Dios en favor de su pueblo, el pueblo pobre, dolorido y oprimido.

 

El Salmo nos sirve de puente entre la primera y la segunda lectura, al recordarnos que la Palabra de Dios se identifica por su capacidad para ayudarnos a reconocer la verdad. Una verdad que no es un asunto metafísico o etéreo, sino la encarnación del proyecto de Dios en la historia por medio de la justicia y el derecho.

 

El fragmentito de la carta a los Hebreos que hoy leemos nos recuerda que Jesús ha sido probado en todo igual que nosotros, por lo que podemos tener confianza de ser bien comprendidos. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de comprender a los débiles...

 

El evangelio, de Lucas, nos presenta una escena breve, un pasaje simple pero muy importante del mensaje de Jesús. Jesús establece con claridad su diferencia con el espíritu del mundo, el de los jefes de este mundo, que esclavizan a los suyos y se sirven de ellos; Jesús proclama que su actitud es exactamente la contraria: «No he venido a ser servido sino a servir», y «el que quiera ser grande, que sea el servidor de todos». Es un rasgo cristiano central, decisivo. Y sin complicaciones ni alambicamientos teóricos: no se trata de creer doctrinas, sino de centrar la propia vida sobre la base del amor-servicio. No un amor cualquiera (romántico, sentimental, de bellas palabras...), sino un amor que se expresa en el servicio. No insistiremos nunca demás en este principio central del evangelio, que Lucas nos recuerda hoy.

 

El penúltimo domingo de octubre la Iglesia Católica lo celebra como Domingo Mundial («Do-Mund») de las Misiones. Muchos de los católicos mayores recordamos que cuando fuimos niños salimos, tal día como hoy, a las calles, con una hucha en las manos, para hacer una cuestación económica en favor de las misiones. En algunas sociedades católicas de entonces, aquello formó parte de un paisaje religioso urbano, que ya desapareció. No se dejó de hacer simplemente por pereza, o por olvido... sino por razones de la secularización de la sociedad. Pero hoy, con una perspectiva más amplia, vemos que no sólo han afectado las razones clásicas de la «secularización»; también han intervenido razones que se refieren a las «Misiones» mismas.

 

En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de «convertir» al cristianismo (al catolicismo concretamente en nuestro caso) a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era sentida como la centralidad del cristianismo: nosotros éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos (a «convertirse»)... El «proselitismo», por cualquier medio que fuera posible, estaba justificado; más, era lo mejor que podíamos hacer por la humanidad: el fin justificaba los medios.

 

Todo esto, lógicamente, ha cambiado. Comprendemos perfectamente que las religiones y las culturas (todas, no sólo la nuestra) han vivido, desde sus orígenes, aisladas, sin sentido de pluralidad. Una especie de «efecto óptico» y, a la vez, una cierta ley de la «psicología evolutiva» de la humanidad, les ha hecho concebirse a sí mismas -cada una- como únicas, y como «centrales» (pensando cada una que eran el centro absoluto de la realidad), igual que cada uno de nosotros, cuando hemos sido niños/as, hemos comenzado a conocer la realidad siempre a partir de nuestro ego-centramiento psicológico inevitable, igual también que todos los humanos han pensado que su tierra, y hasta el planeta Tierra, eran el centro del mundo y hasta del cosmos... Sólo con la expansión del conocimiento y con la experiencia de la pluralidad, las personas, los pueblos y las culturas se han ido dando cuenta de que no son el centro, de que hay otros centros, y han sido capaces de madurar y de descentrarse de sí mismas reconociendo una realidad mayor.

 

Todas las religiones, no sólo la nuestra, están desafiadas a entrar en esta maduración y este reconocimiento de una perspectiva panorámica mucho más amplia que aquella en la que han vivido precisamente toda su historia, los varios milenios de su existencia. La religiosidad, la espiritualidad del ser humano, es mucho más amplia, y mucho más antigua (decenas de milenios al menos) que cualquiera de nuestras religiones. Dar al tiempo sagrado de nuestra religión la centralidad y unicidad cósmica y universal que le solemos dar, necesita sin duda una reevaluación más ponderada. Un pensamiento religioso más sereno y maduro se inclina cada día más hacia una revalorización generosa de las otras religiones, y a una profundización del sentido de modestia y de pluralismo, que no es claudicación ante nada, sino apertura de corazón al llamado divino que hoy sentimos, vibrante y poderoso, hacia una convergencia universal que antes no acabábamos de captar.
 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL

 

Papa Francisco alerta del “virus de la hipocresía” y aconseja esto para evitar “contagio”

VATICANO, Oct. 2015/(ACI).- El Papa Francisco presidió la mañana del viernes la Misa en la Casa Santa Marta y en su homilía habló del virus de la hipocresía que lleva “a la gente a amar más las tinieblas que la luz”. La hipocresía además “enferma y te hace morir”, pero se puede evitar con ayuda de la oración.

 

El Pontífice explicó que la hipocresía no tiene un color concreto, sino que seduce en “claroscuro”, con “la fascinación de la mentira”.

 

El Evangelio del día, de San Lucas, relata cómo miles de personas se agolpaban –y se pisoteaban– para escuchar a Jesús y él dirigiéndose primero a sus discípulos dijo: “Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse”.

 

El Pontífice comentándolo afirmó que la levadura “es una cosa pequeñísima” y de la forma que habla Jesús es como si quisiera decir que es un “virus”. Como si fuese “un médico” que dice “a sus colaboradores” que tengan cuidado porque hay riesgo de “contagio”.

 

“La hipocresía es ese modo de vivir, de actuar, de hablar que no es claro. Quizás sonríe, quizás está serio… no es luz, no es tiniebla… se mueve de una manera que parece no amenazar a ninguno, como la serpiente, pero se fascina por el claroscuro”.

 

“Tiene esa fascinación de no tener las cosas claras, de no decir las cosas claramente; la fascinación de la mentira, de las apariencias… A los fariseos hipócritas Jesús les decía también que estaban llenos de sí mismos, de vanidad, que a ellos les gustaba pasear en las plazas haciendo ver que eran importantes, gente culta…”, explicó Francisco.

 

Pero Jesús dice a la gente: “No tengan miedo” porque “nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse”.

 

Esto significa que esconderse “no ayuda” aunque “la levadura de los fariseos” llevase entonces y lleve ahora “a la gente a amar más las tinieblas que la luz”.

 

“Esta levadura es un virus que enferma y te hace morir. ¡Mírenlo! Esta levadura te lleva a las tinieblas”, “pero hay uno que es más grande que esto: el Padre que está en el Cielo”, aseguró el Papa.

 

Y al final Jesús les dice: “¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”. “¡No tengan miedo!”, porque “ustedes valen más que muchos pajarillos”.

 

“Ante todos estos miedos que se nos meten de aquí y de allí, y que nos mete el virus, la levadura de la hipocresía farisaica, Jesús dice: ‘Hay un Padre. Hay un Padre que les ama a ustedes. Hay un Padre que tiene cuidado de ustedes”.

 

Francisco señaló que existe sólo un modo de evitar el contagio: la oración. “La actitud farisaica que no es ni luz ni tinieblas”, está “a mitad” de un camino que “nunca llegará a la luz de Dios”.

 

“Oremos, oremos mucho. ‘Señor, custodia a tu Iglesia, que somos todos nosotros: custodia a tu pueblo, aquél que se había reunido y en el que se pisoteaban unos a otros. Custodia a tu pueblo, para que ame la luz, la luz que viene del Padre, que viene de Tu Padre, que te ha enviado a Ti para salvarnos”.

 

“Custodia a tu pueblo para que no sea hipócrita, para que no caiga en el  calor de la vida. Custodia a tu pueblo para que tenga la alegría de saber que hay un Padre que nos ama mucho”, concluyó el Papa.

 

 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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11-10-2015

Domingo XXVIII Ordinario – B

Sab 7,7-11: En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza

Salmo 89: Sácianos de tu misericordia, Señor, y toda nuestra vida será alegría y júbilo

Heb 4,12-13: La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón

Mc 10,17-30: Vende lo que tienes y sígueme

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, expresa la preferencia de la Sabiduría frente a todos los bienes de la tierra. El sabio pone en la plegaria de Salomón la superioridad de los valores espirituales sobre los materiales, supeditándolos todos al don de la sabiduría y la prudencia para el gobierno de su pueblo.

 

En el texto de la carta a los hebreos, el autor, al describir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios, se hace eco de hondas raíces veterotestamentarias. En efecto, ya Isaías 42,9 había comparado la Palabra de Dios con la espada, y Jeremías la había presentado como una realidad operante por sí misma ( Jer 23,29).

 

La íntima acción salvadora de la Palabra en la persona oyente es descrita en el texto diciendo que es “penetrante... hasta el punto donde se dividen alma y espíritu”. Allí, en el santuario de la intimidad del corazón de la persona, de la comunidad oyente activa de esa voz salvadora que le muestra caminos de liberación, allí, donde reside la voluntad y la decisión de aceptarla o de rechazarla, donde anida lo más denso del ser humano: sus intereses, sus afectos, su libertad, es hasta donde la Palabra llega cuestionante, incisiva, liberadora, transformante. Por eso, el autor de la carta coloca intencionadamente las palabras “corazón, deseos, intenciones”, como abarcando en estas categorías la integralidad humana. Dios y su Palabra, “más íntimo que yo mismo” en expresión de San Agustín, conoce hasta los secretos más recónditos del corazón. El más absoluto misterio humano está patente ante sus ojos. Por eso, la Palabra es juez densamente imparcial, que conoce amando lo que ocurre en la conducta humana y en el corazón de hombres y mujeres.

 

La imagen del camino es central en el evangelio de Marcos (cf Mc 10, 17). Estamos ante el tema del seguimiento de Jesús. En ese sentido va la pregunta de aquel que únicamente Mateo llama "el joven rico" (19, 22); para Marcos (y Lucas) parece tratarse más bien de una persona mayor que pregunta: ¿cómo heredar la vida? (cf Mc 10,17). Jesús comienza por remitir a Dios; su bondad está al inicio de todo. Esto equivale a resumir la primera tabla de los mandamientos. En seguida enuncia explícitamente los correspondientes a la segunda tabla, con un añadido importante (que sólo se encuentra en Marcos): "no seas injusto" (v. 19). La frase es algo así como un sumario del listado que se recuerda. Se trata de la condición mínima que se plantea al creyente. Con sencillez el rico dice que todo eso lo ha observado (cf v. 20), no hay nada de arrogante en esta afirmación. Ésa era la convicción de los sabios de la época: la ley puede ser cumplida plenamente.

 

Pero seguir a Jesús es algo más exigente. Con afecto lo invita Jesús a ser uno de los suyos. No sólo debe abandonar la riqueza, hay que entregarla a los pobres, a los necesitados. Esto lo pondrá en condiciones de seguirlo (cf v. 21). No basta respetar la justicia en nuestras actitudes personales, hay que ir a la raíz del mal, al fundamento de la injusticia: el ansia de acumular riqueza. Pero, dejar sus posesiones, le resultó una exigencia muy dura al preguntante; como muchos de nosotros prefirió una vida creyente resignada a una cómoda mediocridad (cf v. 22). «Creer sí, pero no tanto». Profesar la fe en Dios, aunque negándonos a poner en práctica su voluntad. Jesús aprovecha la ocasión para poner las cosas en claro con sus discípulos: el apego al dinero y al poder que él otorga es una dificultad mayor para entrar en el Reino (cf v. 23). La comparación que sigue es severa; algunos han querido suavizarla, pretendiendo -por ejemplo- que había en la ciudad unas puertas pequeñas llamadas "agujas"... y que bastaba entonces al camello agacharse para poder entrar por ese ojo de aguja...

 

Los discípulos, en cambio, entendieron bien el mensaje. El asunto se les presenta poco menos que imposible. Pasar por el ojo de una aguja significa poner su confianza en Dios y no en las riquezas. No es fácil ni personalmente ni como Iglesia aceptar este planteamiento, siguiendo a los discípulos nos preguntamos -con pretendido realismo-: “entonces, ¿quién se podrá salvar?" (cf v. 26). El dinero da seguridad, nos permite ser eficaces, decimos. El Señor recuerda que nuestra capacidad de creer solamente en Dios es una gracia (cf v. 27).

 

Como comunidad de discípulos, como Iglesia, debemos renunciar a la seguridad que da el dinero y el poder. Eso es tener el "espíritu de sabiduría" (Sab 7,7), aceptar que ella sea nuestra luz (cf v. 10). A la sabiduría nos lleva la palabra de Dios, cuyo filo corta nuestras ataduras a todo prestigio mundano. Ante ella nada queda oculto, todas nuestras complicidades aparecen con claridad (cf Hb 4,12-13). Como creyentes, como Iglesia, ¿seremos capaces de pasar por el ojo de una aguja? 

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL


UNA LECTURA ECOLÓGICA DEL EVANGELIO DE HOY

El mundo, la humanidad, se encuentra hoy, también, ante el desafío de tener pasar «por el ojo de una aguja» si quiere conseguir... no ya la vida eterna celestial, sino simplemente la supervivencia terrestre.

 

Es un «ojo de aguja» nuevo. Nunca nos habíamos visto en esta situación. Siempre, desde siempre –es decir, desde que el homo et mulier sapientes aparecimos sobre esta tierra–, el ser humano percibió la tierra como ilimitada, inagotable, cuasi infinita, capaz de absorber impasible nuestro proyecto de desarrollo continuo, infinito.

 

Pero hace sólo cinco siglos (Magallanes, 1522) se dio cuenta de que la tierra no era una superficie plana infinita, sino una superficie esférica, cerrada sobre sí misma, y por tanto, limitada. Y ha sido sólo al final del pasado siglo XX cuando ha descubierto que su proyecto humano de desarrollo podría topar con los límites de la Tierra. Así lo proclamó proféticamente, en solitario, el famoso libro del Club de Roma «Los límites del crecimiento», de 1972, que no fue escuchado. Pero su profecía fue confirmada y ratificada al filo del cambio del siglo (1992, «Más allá de los límites del crecimiento»), al denunciar que estábamos en peligro de sobrepasarnos («overshot») más allá de la capacidad del planeta para absorber y regenerar los recursos que consumimos. Ese peligro ya se hizo realidad oficialmente el 23 de septiembre de 2008: los científicos que siguen el estado del Planeta, especialmente la Global Foot Print Network han hablado del «Día del sobrepasamiento», el «Earth Overshoot Day», día en el que calculan que hemos sobrepasado en un 30% su capacidad de reposición de los recursos necesarios para las demandas humanas. En este momento estamos necesitando más de una Tierra para atender a nuestra subsistencia...

 

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008 confirmó la denuncia, y, de otra manera y con otros datos, confirmó que si toda la humanidad adoptara un nivel de vida como el de EEUU o Europa, necesitaríamos 9 planetas (pág. 48 de la edición en español).

 

Despidámonos pues de la «vida eterna» para la Humanidad. El planeta seguirá, sí, pues ha pasado crisis semejantes, y aunque la vida terrestre sea diezmada, el planeta seguirá, pero seguirá... sin nosotros. Ésta en la que estamos ya hace tiempo es la «sexta extinción». La anterior, la quinta, hace 65 millones de años, por efecto de un meteorito según las actuales hipótesis, causó la desaparición de los dinosaurios. La sexta, la presente, actualmente en curso acelerado, está causada concretamente por una especie biológica que ha llegado a convertirse en fuerza geológica. Parece que va a ser una crisis profunda, que se llevará consigo a dos tercios de las especies actuales (entre ellas la causante). Nada de «vida eterna», pues, sino la condena a «una muerte anunciada», y con carácter de inminencia.

 

Pero... «sólo una cosa tienes que hacer si quieres todavía alcanzar»... una prolongación de la vida: abandona el «sistema» que te lleva a la muerte, centrado obsesivamente en el enriquecimiento material, ciego a los costes ecológicos, y pasa a adoptar un nuevo estilo de vida, un nuevo paradigma, una nueva forma de mirar al planeta, comprendiendo que eres Tierra y dependes de ella, y que en vez de vivir de espaldas a ella y en guerra contra ella, debes vivir en amistad y en relación cariñosa y simbiótica con ella.

 

Se ha dicho muy frecuentemente en los últimos tiempos que el cristianismo tenía, ha tenido un «punto ciego» en el aspecto ecológico, que todo nuestro patrimonio simbólico de los tres grandes monoteísmos está construido no sólo «de espaldas a la naturaleza» (nos consideramos no naturales sino sobrenaturales), sino en buena parte «contra la naturaleza», como sus dueños y dominadores, por derecho divino incluso... Afortunadamente, la encíclica del Papa Francisco, de este año, Laudato sii’, acaba de dar un buen paso en sentido contrario. No podemos borrar nuestra historia pasada, ni nuestra realidad actual, pero al menos acabamos de dar un primer signo de conversión desde la cúpula misma de la institución. Como dice la encíclica, no se trata sólo de cuidar la naturaleza, sino de toda otra forma de pensar, una nueva cultura, una revolución mental.

 

Y también una revolución teológica: la de dejar de pensar que la ecología no tiene que ver con la vida cristiana, ni con la vida espiritual... y pasar a pensar que respetar la vida, cultivarla, reverenciarla, sentirla como nuestra placenta, nuestro hogar, nuestra hermana madre Tierra... tiene que formar parte, por derecho propio, del hecho de ser cristiano, como forma parte del hecho de ser ser humano.

 

 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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03-10-2015

Domingo XXVII Ordinario – B

Gn 2,18-24: Y serán los dos una sola carne

Salmo 127: Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

Heb 2,9-11: El que consagra y los consagrados tienen todos un mismo origen

Mc 10,2-16: Lo que Dios unió, no lo separe el hombre

En la primera lectura nos encontramos con el segundo relato de la creación, que está centrado en la creación del hombre y de la mujer, ambos formados de tierra y aliento divino. Los dos son hechura de Dios, y por lo tanto deberían ser iguales, a pesar de su diversidad. La relación perfecta entre los dos no está garantizada ni escrita en su sangre: es una conquista de la libertad que ellos deben construir. Un proyecto de unidad que compromete la responsabilidad de cada uno.

 

El autor de la carta a los hebreos nos dice que la pasión y la muerte de Jesús no son fines en sí mismos, sino solamente un camino hacia la resurrección y la salvación plena. Los cristianos no nos podemos quedar contemplando al crucificado del viernes santo, construyendo nuestra vida desde el dolor, el sufrimiento y la muerte. La misma epístola nos dice que el propio Jesús “en los días de su vida mortal presentó, con gritos y lágrimas, oraciones y súplicas, al que lo podía salvar de la muerte”. Esto quiere decir que él mismo luchó por encontrar una alternativa que no estaba sujeta a su voluntad sino a hacer la voluntad del Padre. Estamos en hora de superar todo tipo de devoción que se queda en la contemplación de los sufrimientos y dolores de Jesús y construir nuestra vida cristiana desde la esperanza que nos ofrece la resurrección.

 

En el Evangelio, los fariseos ponen a prueba a Jesús preguntándole qué piensa sobre el divorcio y si era lícito repudiar a una mujer. La respuesta de Jesús es significativa cuando caemos en cuenta de que, tanto en el judaísmo como en el mundo greco-romano, el repudio era algo muy corriente y estaba regulado por la ley. Si Jesús respondía que no era lícito, estaba contra la ley de Moisés. Por eso les devuelve la pregunta y les dice que la ley de Moisés es provisional y que ahora se han inaugurado los tiempos de la plenitud en los que la vida se construye desde un orden social nuevo, en el que el hombre y la mujer forman parte de la armonía y el equilibrio de la creación. La novedad de esta afirmación de Jesús saltaba a la vista; en su interpretación desautorizaba no sólo las opiniones de los maestros de la ley que pensaban que a una mujer se le podía repudiar incluso por una cosa tan insignificante como dejar quemar la comida, sino incluso, relativizaba la misma motivación de la ley de Moisés. Además tiraba por tierra las pretensiones de superioridad de los fariseos, que despreciaban a la mujer, como despreciaban a los niños, a los pobres, a los enfermos, al pueblo. Nuevamente, al defender a la mujer, Jesús se ponía de parte de los rechazados, los marginados, los ‘sin derechos’.

Pero como los discípulos en esto compartían las mismas ideas de los fariseos, no entendieron y, ya en casa, le preguntaron sobre lo que acababa de afirmar. Jesús no explicó mucho más, simplemente les amplió las consecuencias de aquello: “Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra la primera; y lo mismo la mujer: si repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

 

El segundo episodio de nuestro evangelio nos presenta un altercado de Jesús con sus discípulos porque ellos no permiten que los niños se acerquen a Jesús para que él los bendiga. Los discípulos pensaban que un verdadero maestro no se debía entretener con niños porque perdía autoridad y credibilidad. Decididamente algo no era claro en ellos. No acababan de asimilar las actitudes de Jesús ni los criterios del Reino. Y Jesús se enojó con ellos; su paciencia también tenía límites y si algo no toleraba era el desprecio hacia los marginados. Y les dijo con mucha energía: dejen que los niños se me acerquen. ¿Con qué derecho se lo impiden, cuando el Padre ha decidido que su Reinado sea precisamente en favor de ellos? ¿No entienden todavía que en el Reino de Dios las cosas se entienden totalmente al contrario que en el mundo?

 

Los niños que no pueden reclamar méritos, carecen de privilegios y no tienen poder, son ejemplo para los discípulos, porque están desprovistos de cualquier ambición o pretensión egoísta y por eso pueden acoger el Reino de Dios como un don gratuito. De los que son como ellos es el Reino de Dios, dice Jesús.

 

Es necesario que nuestra experiencia cristiana sea verdaderamente una realidad de acogida y de amor para todos aquellos que son excluidos por los sistemas injustos e inhumanos que imperan en el mundo. Nuestra tarea fundamental es incluir a todos aquellos que la sociedad ha desechado porque no se ajustan al modelo de ser humano que se han propuesto. Si nos reconocemos como verdaderos seguidores de Jesús, es necesario comenzar a trabajar por la humanidad que a los débiles de este mundo se les ha arrebatado.

 

Para este tema del evangelio, que centrará hoy la homilía de este domingo en muchas comunidades cristianas, el divorcio, la liturgia propone como primera lectura el relato de la creación del hombre y de la mujer, en el relato del Génesis, lógicamente. Por ser de la Biblia, por ser del Génesis, por ser del relato de la creación... todo pareciera dar a suponer que contiene en sí mismo el fundamento religioso último y máximo de la visión cristiana del matrimonio. Probablemente, en muchas homilías, el relato bíblico se constituirá en la única referencia, en la referencia totalizante y suprema, y se querrá sacar de ella el fundamento integral de la postura actual de la Iglesia sobre el matrimonio. ¿No será eso fundamentalismo?

 

Hoy ya sabemos que el relato de la «creación» no es un relato científico, de historia natural; más aún: no tiene nada que decir ante lo que la ciencia nos dice hoy sobre el origen de la Tierra, de la Vida, de nuestra especie humana o sobre nuestra sexualidad. El relato no es histórico, no hay que entenderlo como una narración de algo que realmente ocurrió... hoy nadie sostiene lo contrario. En las catequesis bíblicas solemos decir ahora que tenemos que «tratar de captar lo que los autores bíblicos querían decir...», que no era lo que la mera letra dice... En realidad, no se trata ni de eso siquiera, porque los autores bíblicos no escribían para nosotros, ni estaban pensando en un mensaje distinto de lo que leemos.

 

La verdad es que no deberíamos abandonar una postura de profunda humildad en este campo, porque los cristianos, durante casi toda nuestra historia, hasta hace unos cien años –algo más para los protestantes– hemos estado pensando lo contrario de esto que ahora decimos. Hemos estado pensando que eran textos históricos, que había que entender al pie de la letra y que había que creerlos ciegamente, y que su contenido era real, e incluso «más que científico, estaba por encima de la ciencia» (la ciencia no podría contradecirlos): porque eran textos directamente divinos, revelados, y por tanto dogmáticos. Hace apenas 100 años el Pontificio Instituto Bíblico, la máxima autoridad oficial católico-romana, condenó taxativamente a quienes pusieran en duda el «carácter histórico» de los once primeros capítulos del Génesis... y en todo el conjunto de la Iglesia se pensaba así, desafiando arrogantemente a la ciencia.

 

Durante siglos, durante más de un milenio, el texto del relato de la creación que hoy leemos ha sido utilizado para justificar directa o indirectamente el androcentrismo, o sea, la inferioridad de la mujer, creada «en segundo lugar», y «de una costilla de Adán». Más aún: durante más de dos mil años –y aún hoy, para la mayor parte de la civilización occidental– este texto ha justificado el antropocentrismo, el mirar y entender la realidad toda como puesta al servicio de este ser diferente, superior a todos los demás, «sobre-natural», que sería el ser humano, poniéndolo todo bajo «el valor absoluto de la persona humana», a cuyo servicio y bajo cuyo dominio habría puesto Dios toda la «creación», con el mandato de explotar omnímodamente la naturaleza: «crezcan y multiplíquense, y dominen la Tierra»...

 

Desde hace medio siglo un coro reciente y creciente de científicos y humanistas achacan a los textos bíblicos la minusvaloración y el desprecio que la tradición cultural occidental ha sentido y ejercido sobre la naturaleza, hasta provocar la actual crisis ambiental que nos ha puesto al borde del colapso y amenaza con colapsar efectivamente.

 

Viene todo esto a decir que hoy no podemos deducir directamente de los textos bíblicos nuestra visión de los problemas humanos -matrimonio y divorcio incluidos-, como si la construcción de nuestra visión moral y humana dependiera de unos textos que en buena parte contienen las experiencias religiosas de unos pueblos nómadas del desierto hace unos tres mil años... Sería bueno que los oyentes de las homilías supieran discernir con sentido crítico la dosis de fundamentalismo que algunas de nuestras construcciones morales clásicas pueden contener. Sería todavía mejor que los autores de las homilías incorporaran a sus contenidos esta visión crítica y esta superación del fundamentalismo. Debemos salir del bibliocentrismo: no podemos vivir encerrados en un libro, con toda nuestra perspectiva, categorías y normas sometidas al limitado alcance cultural de un libro de hace varios milenios... Si queremos buscar las palabras más profundas que puedan iluminarnos, debemos buscarlas también y sobre todo en la Realidad, en la Naturaleza, en el libro del cosmos, de la Vida y de nuestra propia misteriosa naturaleza... 

 

CURIA  DIOCESANA

 

·         Ayer fue devuelto el sagrado lienzo de la imagen de nuestra venerada la Virgen de Chiquinquirá de Aregue. Muy agradecidos estamos los caroreños porque, por un año más, nuestra madre la Virgen María nos visitó e impartió su bendición. Salve Virgen María, hasta el próximo año Dios mediante.

 

·         Hoy el señor nuncio apostólico S.E.R Monseñor Aldo Giordano estará celebrando la Eucaristía a las 10:00 a.m. en el Templo Votivo de Aregue. Invitamos a todos a participar en esta celebración.

 

·         Hoy a las 3:30pm el señor nuncio estará compartiendo en la Casa del Apostolado Seglar con todos los grupos apostólicos de la Diócesis. Pedimos al señor bendiga e imparta la bendición del Santo Padre Francisco a todos nuestros laicos.

 

El día de mañana lunes 5 el Señor Nuncio Apostólico hará una visita a los viñedos de Altagracia para luego seguir su recorrido Pastoral hacia Urdaneta. Agradecemos al señor Nuncio el habernos dejado el grato aroma de Cristo durante su visita a nuestra querida Carora. Dios lo siga bendiciendo en su Ministerio Apostólico.

 

 

 

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27-09-2015

 

Domingo XXVI Ordinario – B

Nm 11,25-29: ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!

Salmo 18: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

Sant 5,1-6: Su riqueza está corrompida

Mc 9,38-43.45.47-48: El que no está contra nosotros está a nuestro favor

Una clave de comprensión para las lecturas de este domingo: «Nadie puede ser excluido del servicio que se realiza en nombre de Dios».

 

En medio de las tradiciones del pueblo israelita por el desierto, el libro de los Números nos presenta el relato del «reparto» del espíritu de Moisés, entre setenta miembros del pueblo. La intención es que Moisés no tenga que llevar la carga solo. Con esta decisión de Yavé, la responsabilidad queda repartida: cada uno de quienes han recibido «parte» del espíritu que estaba en Moisés debería ser profeta en el pueblo. Ahora bien, tendríamos que atenernos al contexto para intuir qué características implicaba la tarea de estos personajes.

 

El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por el desierto; la narración se centra en una dificultad que tiene el pueblo: llevan varios meses comiendo maná y ya se encuentran hastiados: «tenemos el alma seca» (v. 6), «no vemos más que maná» (v. 6b), y con esto viene la tentación de añorar el tiempo de abundancia de comida en Egipto. Por aquí podemos intuir la grave dificultad en que se halla Moisés, ¿cómo hacer para que el pueblo no siga pensando en Egipto? El desierto es el gran desafío. Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está la promesa de una tierra, una libertad, una vida digna, pero que hay que conquistar a precio de privaciones, sacrificios, esfuerzos.

 

El relato causa admiración porque Yavé monta en cólera... Es un recurso literario para introducir la preocupación de Moisés, que se expresa en una bella oración de intercesión por el pueblo. La solución que plantea Yavé es la adecuada: reunir setenta representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés; de esa manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y no sólo de Moisés.

 

El espíritu que se dona a todas estas personas viene a ser, entonces, profético; es decir, está en función de profetizar. Hay que asumir que esta actividad profética está orientada a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos, a entender lo que hay realmente detrás: Egipto y su abundancia de comida pero con su esclavitud que es lo contrario al plan divino, y lo que está por delante: un desierto inevitable, desafiante, mortal, pero al fin y al cabo, un medio que es necesario asumir para poder llegar a la tierra de la libertad, tierra de promisión. A cualquier persona del pueblo que, entendiendo las cosas así, «catequizara» a sus hermanos en este sentido había que verlo como profeta «autorizado» no porque hubiera estado necesariamente en la tienda del encuentro, sino por estar en comunión con el ideal de Yavé.

 

Ese parece ser el caso de Eldad y Medad. Ellos no estuvieron en el momento del reparto del espíritu y sin embargo estaban profetizando. Viene la reacción de Josué, el mismo que más tarde se encargará de guiar a su pueblo en los trabajos de conquista y ocupación de la tierra prometida. Josué no entiende todavía que todo el que influya de manera positiva en la conciencia del ser hermano, debe ser considerado profeta, y por eso aconseja a Moisés que lo prohíba (v. 28). Por su parte, Moisés ha captado muy bien que en el trabajo de liberación del pueblo, todos y todas tienen una gran tarea, y responde a Josué con palabras aparentemente duras, pero que en definitiva buscan también abrir la conciencia de su ayudante: «ojalá todo el pueblo fuera profeta» (v. 29); ojalá cada uno asumiera con verdadero empeño la tarea de concientizarse y concientizar a su semejante, a su prójimo, ¿no es eso justamente lo que Dios quiere y espera? A Josué pues, no le preocupaba mucho la necesidad de que cada miembro del pueblo tuviera una conciencia bien formada para continuar hacia adelante por el desierto; le preocupaba más defender lo «oficial», lo «autorizado» por Dios en la tienda del encuentro, es decir lo «instituido», la defensa de «los derechos de Dios».

 

En la misma línea, nos presenta el evangelio de Marcos para este domingo, una situación semejante con los discípulos de Jesús. Apenas transmitida por Jesús la lección sobre quién es el mayor (Mc 9,33-37), se produce un incidente que tiene que ver con la exclusividad de los miembros del grupo seguidor de Jesús. Juan le cuenta a Jesús que le han impedido a un hombre expulsar demonios en su nombre porque no se trataba de uno de los miembros del grupo (v. 38). No hay una pregunta, cómo hacer en casos semejantes, qué posición asumir, etc. La respuesta de Jesús es sabia, «nadie que obre un milagro en mi nombre puede después hablar mal de mí» (v. 39), y «el que no está contra nosotros, está con nosotros». En la tarea de construcción del reino nadie tiene la exclusiva. Tal vez los discípulos no tenían claro o no recordaban que su pertenencia al grupo de Jesús fue un don de pura gratuidad; ninguno de ellos presentó ante Jesús un concurso de méritos para ser elegido; fue Jesús quien se presentó ante ellos, se les atravesó a cada uno por su camino y los llamó, aun a sabiendas de que no eran ni los mejores ni lo más representativo de su sociedad. En ese sentido también otros y otras pueden seguir siendo llamados. En cada hombre y en cada mujer Dios ha sembrado las semillas del bien; cómo y cuándo esas semillas comienzan a germinar y dar frutos, eso es decisión de cada uno. A veces nos parecemos a Juan y al resto de discípulos, nos ponemos celosos de quienes sin pertenecer a la institución hacen obras mejores que las nuestras. Y sale inevitablemente la frase: «pero ése o ésa es de tal o cual religión, o de tal o cual grupo...». Anteponemos a la vocación universal de hacer el bien y a la práctica del amor, unos intereses mezquinos y unos criterios de autoridad y de exclusividad absolutamente rechazados por Jesús (cf. Mc 9,39)

 

El diálogo de Jesús con sus discípulos refleja la situación de la comunidad para la cual Marcos escribe su evangelio. Una comunidad quizás muy consciente de lo que eran las exclusiones, pero al mismo tiempo en peligro de ser exclusivista, con una excusa quizás aparentemente sana: «ser o no ser de los nuestros», «ser o no ser del camino», «estar o no estar en el proceso...», y en fin otras talanqueras que pretendidamente intentan justificarse con la excusa de defender la «pureza» de la fe o del «credo» o del «orden» o, en definitiva, de «defender los derechos» de Dios.

 

Pues bien, cuando se cae en el extremo de «defender» a Dios, o los «derechos» de Dios, lo que se logra en definitiva es minimizar a Dios, ponerlo en ridículo ante el mundo, y la consecuencia más inmediata, la que previó Jesús y quizás la que ya se veía en la primera comunidad, era la del escándalo a los más pequeños. A Jesús le preocupan los «pequeños», no sólo los menores de edad, sino los que apenas empiezan a intuir la dinámica del reino con la subsiguiente imagen de Dios que él propone.

 

Con todo, a través de los siglos, los peligros de la comunidad primitiva se convierten en hechos reales: cuántos creyentes promotores del bien, de la justicia y de la paz excluidos o en entredicho sólo porque «no eran de los nuestros», cuántos Josués y Juanes empeñados todavía en «defender» una pretendida exclusividad que, por supuesto, nadie posee, con lo cual lo único que logran es escandalizar cada vez más a muchos, haciéndoles creer que Dios es tan pequeño, que puede reducirse a los estrechos límites de un grupo o de una institución, aunque sus adeptos se cuenten por millares.

 

Si logramos tomar conciencia de que Dios es más grande que un grupo o una institución y que en ningún momento nuestra vocación es la de defender unos supuestos derechos de Dios, sino simplemente servir, ponernos en función de construir el Reino con y desde las múltiples posibilidades que ello implica dada la insondable riqueza del mismo espíritu, entonces jamás se nos ocurrirá pensar si éste o aquél es o no es «de los nuestros», sino mejor... ¡como cooperar más y mejor con aquél o aquélla que tan bien están luchando por construir aquí el Reino!

 

CURIA  DIOCESANA


Curia Diocesana

·         La curia diocesana invita a todos los fieles laicos y de buena voluntad a participar en las festividades en honor a la visita del santo lienzo de la virgen de Chiquinquirá de Aregue, las cuales están siendo llevadas por las diferentes parroquias de la ciudad.

·         Se convoca a todos los secretariados de pastoral y grupos laicales a que envíen un delegado a una reunión importante con carácter de urgencia, a llevarse a cabo el día Miércoles 30 a las 9:30am en los salones de la catedral san Juan Bautista de Carora. Punto a tratar la planificación del encuentro del señor nuncio apostólico Mons. Aldo Giordani, la cual se realizará el dia 4 de octubre en la casa del apostolado seglar. Favor enviar su respectivo de legado.

·         El señor nuncio apostólico Monseñor Aldo Giordani estará de visita en Carora los días 2, 4, 4 y 5 de Octubre en una visita pastoral a la diócesis. Invitamos a todos a orar por esta visitar y a participar de la bendición apostólica que el señor nuncio trae a Carora. 

·         El día sábado 3 de octubre será la gran marcha de la fe de todo el pueblo de Carora para devolver el sagrado lienzo a la población de Aregue. La salida será de la catedral san juan bautista a las 5am. Invitamos a todos a realizar este recorrido de la fe.

 

 



T
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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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20-09-2015

Domingo XXV Ordinario – B

Sab 2,12.17-20: Lo condenaremos a una muerte ignominiosa

Salmo 53: El Señor sostiene mi vida

Sant 3,16–4,3: Los que procuran la paz siembran paz, y su fruto es la justicia

Mc 9,30-37: Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

EL REPROCHE DEL JUSTO. "Acechemos al justo, que nos resulta incómodo; se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados..." (Sb 2, 12). "Es un reproche para nuestras vidas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios". Vidas distintas que conmuevan, que sean como un grito de urgencia, que proclamen con hechos, sin palabras ni gestos, esa fe profunda de los que se saben hijos de Dios.

 

Es lo que estamos necesitando. Lo demás no sirve para gran cosa. Las palabras están perdiendo su fuerza, los hombres están acostumbrándose a oír cosas y cosas, sin que les cale más allá de la dura corteza de sus entendimientos chatos... Concédenos que nuestra vida, la de cada cristiano, sea como una protesta enérgica, un reproche contundente para tanto paganismo como hay en nuestra sociedad de consumo.

 

Vidas, obras, autenticidad. Vivir de tal modo el cumplimiento exacto del deber de cada momento, que sin llamar la atención, y "llamándola" poderosamente, seamos testigos del mensaje que Cristo trajo a la tierra para salvar a los hombres. Santos, santos de verdad, es lo que están haciendo falta en estos momentos críticos. Santos que vengan a ser como banderas al viento, como símbolos eficaces que llaman, que atraen, que revelan, que transmiten la verdad, la paz, el amor.

 

"Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, le auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos..." (Sb 2, 17-18). La persecución injusta, las asechanzas, el ataque rastrero, la calumnia, la murmuración, la mentira. La intriga política que aprovecha la buena voluntad del justo. "Lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; le condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él".

 

Tú, Señor, padeciste en lo vivo el vil ataque de la traición, fuiste víctima inocente de mil insidias. Los mismos que formaban el Sanedrín, el órgano supremo de la justicia de Israel, buscaban injustamente tu condena. Qué ironía, qué paradoja. Los que eran defensores del derecho te condenaron contra todo derecho.

Y Dios, tu Padre bueno y poderoso, te dejó en la estacada. Permitió que la sentencia se dictara y se ejecutara... Pero lo que parecía el fin no era más que el comienzo. Y lo que semejaba una tremenda derrota, fue un rotundo éxito... Ayúdanos, Señor, a comprender, ayúdanos a aceptar, ayúdanos a esperar. y un día, no sabemos cuándo, la verdad vencerá a la mentira, la luz espantará a las sombras. Y los impíos contemplarán desconcertados el final imprevisto de la Historia.

 

SE INVERTIRÁ EL ORDEN. "...por el camino habían discutido quién era el más importante" (Mc 9, 34). Es consolador conocer los defectos de quienes acabaron alcanzando la santidad. Alienta el saber las derrotas de los que consiguieron al fin la victoria. Los evangelistas parecen conscientes de esta realidad y no disimulan, ni callan los defectos personales, ni los de los demás apóstoles. En efecto, en más de una ocasión nos hablan de sus pasiones y sus egoísmos, de su ambición y ansia de poder. A los que luchamos por seguir a Jesucristo sin acabar de conseguirlo, esto nos ha de estimular para continuar luchando, para no desanimarnos jamás, pase lo que pase. Es cierto que uno es frágil y que está lleno de malas inclinaciones, pero el Señor es omnipotente y, además, nos ama. Si lo seguimos intentando acabaremos por alcanzar, nosotros también, la gran victoria final.

 

En esta ocasión que contemplamos, los apóstoles discuten sobre quién de ellos ha de ser el primero. Era una cuestión en la que no se ponían de acuerdo. Cada uno tenía su propio candidato, o soñaba en secreto con ser uno de los primeros, o incluso el cabecilla de todos los demás, el primer ministro de aquel Reino maravilloso que Jesús acabaría por implantar con el poderío de sus milagros y la fuerza de su palabra. Juan y Santiago se atrevieron a pedir, directamente y también a través de su madre, los primeros puestos en ese Reino. Es evidente que la ambición y el afán de figurar les dominaban. Como a ti y a mí tantas veces nos ocurre.

 

Pero el Maestro les hace comprender que ese no es el camino para triunfar en su Reino. Quien procede así, buscando su gloria personal y su propio provecho, ese no acertará a entrar nunca. "Jesús se sentó -nos dice el texto sagrado-, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos..." El Maestro, al sentarse según dice el texto, quiere dar cierta solemnidad a su doctrina, enseñar sin prisas algo fundamental para quienes deseen seguirle. Sobre todo para los Doce, para aquellos que tenían que hacer cabeza y dirigir a los demás.

 

Ser el último y servir con desinterés y generosidad. Ese es el camino para entrar en el Reino, para ser de los primeros. Allá arriba se invertirá el orden de aquí abajo: Los primeros serán los últimos y éstos los primeros. Los que brillaron y figuraron en el mundo, pueden quedar sepultados para siempre en las más profundas sombras. Y quienes pasaron desapercibidos pueden lucir, siempre, radiantes de gozo, ante el trono de Dios.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL

 

Curia Diocesana

·         La curia diocesana invita a todos los fieles laicos y de buena voluntad a participar en las festividades en honor a la visita del santo lienzo de la virgen de Chiquinquirá de Aregue, las cuales están siendo llevadas por las diferentes parroquias de la ciudad.

·         Se convoca a todos los secretariados de pastoral y grupos laicales a que envíen un delegado a una reunión importante con carácter de urgencia, a llevarse a cabo el día Jueves 24 a las 9:30am en los salones de la catedral san Juan Bautista de Carora. Punto a tratar la planificación del encuentro del señor nuncio apostólico Mons. Aldo Giordani, la cual se realizará el dia 4 de octubre en la casa del apostolado seglar. Favor enviar su respectivo de legado.

·         El señor nuncio apostólico Monseñor Aldo Giordani estará de visita en Carora los días 2, 4, 4 y 5 de Octubre en una visita pastoral a la diócesis. Invitamos a todos a orar por esta visitar y a participar de la bendición apostólica que el señor nuncio trae a Carora. 

 

Aprueban apariciones de la Virgen María ocurridas en el siglo XX

MANILA, 18 Sep. 15 / 06:25 pm (ACI).- A través de un decreto firmado el 12 de septiembre cuando la Iglesia celebra la fiesta del Santísimo Nombre de María, el Arzobispo de la isla de Lipa, Mons. Ramón Cabrera Argüelles, aprobó las apariciones de la Virgen ocurridas en ese lugar en el año 1948. Estas son las primeras apariciones marianas aprobadas oficialmente por la Iglesia en Filipinas.

 

Según informa la Fundación Cari Filii, en el decreto el Arzobispo Cabrera declara “con certeza moral y con las mejores intenciones y esperanzas en mente, buscando el cumplimiento de las normas de la Santa Sede, actuando por la mayor Gloria de Dios y comprobando siempre el mayor amor por la Santa Madre Iglesia, que los eventos y la aparición de 1948 conocidos también como el fenómeno mariano de Lipa y sus consecuencias incluso en tiempos recientes de hecho exhiben carácter sobrenatural y son dignos de creencia”.

 

El Arzobispo aprobó así la advocación a la Virgen de Lipa con el título de Mediadora de Todas las Gracias.

 

La historia de las apariciones

 

En septiembre de 1948 la Virgen María se apareció varias veces a una postulante carmelita llamada Teresita Castillo y se dio a conocer como "la Mediadora de Todas las Gracias". Desde entonces, fue creciendo la devoción popular en Filipinas, el país con más católicos de Asia.

 

El Arzobispo de Lipa explica que el título de "Mediadora de Todas las Gracias” se justifica porque hubo antiguos Padres de la Iglesia que lo proponían, que el Cardenal Desiderio José Mercier en Bélgica lo propuso para que se apruebe como dogma de fe y que China ya fue consagrada a María como “Mediadora de todas las Gracias” en 1942.

 

Para el Prelado, los sufrimientos y humillaciones padecidas por la vidente dan credibilidad firme a sus visiones y declaraciones. Solo tras su muerte se reconoció su sumisión sincera a la voluntad de Dios y la santidad en su vida cotidiana.

 

La Virgen le dijo a Teresita: “tú vas a sufrir, serás ridiculizada, pero no temas, porque tu fe te llevará al Cielo".

 

En las apariciones se vio una “lluvia de pétalos de rosa” de todos colores, una variedad que solo se da en Rusia. Hubo varias locuciones de la Virgen esos días y diversos hechos extraordinarios.

 

Teresita y la superiora hablaron con Mons. Alfredo Obviar, Obispo Auxiliar de Lipa y capellán del Carmelo de Lipa, que fue testigo de la lluvia de pétalos y de otros sucesos que reconoció como auténticos.

 

Mons. Cabrera afirma también que el decreto anterior del año 1951 que negaba el carácter sobrenatural de los hechos y que consideraba todo como un fraude tuvo "desde el temprano inicio" "una sombra de duda", puesto que los obispos firmantes acabaron señalando que sí creían en la veracidad de las apariciones.

 

Pese a todo, la devoción popular a la Virgen de Lipa se extendió y ahora ha sido confirmada con este decreto.

 

En el decreto firmado hace unos días, el Arzobispo de Lipa le da a "la Santísima Virgen Madre bajo el título de Mediadora de Todas las Gracias", el liderazgo de la "Filipinas católica y mariana en su lucha decidida en defensa de la vida, la sacralidad de la institución del matrimonio, la integridad de la familia y la importancia de la unión natural y sobrenatural entre marido y mujer".

 

La ayuda de Virgen, prosigue, es "esencialísima, en la medida que Filipinas, Pueblo Amante de María", tiene una gran relevancia en la defensa de la creación, la renovación de sí mismo desde su fe en Dios, "el rechazo de la prevalencia del materialismo, el secularismo y el ateísmo" y la promoción de una "cultura de bondad, amor, generosidad, desinterés, el compartir, y la solidaridad entre los individuos y naciones".

 

El Papa Francisco en persona, durante su viaje a Filipinas, rezó brevemente ante la imagen de la Virgen de Lipa “Mediadora de todas las gracias” el 17 de enero de 2015 en el Palacio Arzobispal de Tacloban.

 

 

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13-09-2015

Domingo XXIV Ordinario – B

Is 50,5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban

Salmo 114: Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida

Sant 2,14-18: La fe, si no tiene obras, está muer

Mc 8,27-35: Tú eres el Mesías… El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho

Cuando los cristianos se propusieron la transformación del mundo esclavista, inhumano y violento que había impuesto el imperio romano, no comenzaron su labor apelando al hambre de la gente, ni a sus deseos de «acabar con los opresores romanos», sino que apelaron a la conciencia. En efecto, los discursos que prometen remediar el hambre, sólo son efectivos en la medida en que la carencia, la desprotección y el abandono son vistos como injusticias. De lo contrario, no pasan de ser una búsqueda de satisfacciones inmediatas y poco duraderas. Lo mismo ocurre con el deseo de derrocar a los poderosos del imperio y colocar allí a la gente del pueblo. Al poco tiempo, los líderes se llenan de ambiciones y se convierten en tiranos implacables. La única alternativa que queda y de la cual nos habla la carta de Santiago, es la frágil dignidad humana. Si la comunidad no está dispuesta a transformar en su interior toda esa realidad de muerte, miseria y marginación, es inútil que se proponga transformarla afuera. La solidaridad de la comunidad no sólo es un camino para remediar la injusticia en «pequeña escala», es una alternativa de vida. La solidaridad de una comunidad nos permite descubrir que «otro mundo es posible» y que el destino no está atado a la destrucción y la barbarie. La fe cristiana no es tal si se contenta con mirar, desde la barrera, el circo en el que mueren tantas personas inocentes.

 

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Esto puede sonar un poco «patético», sin embargo, basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

 

El camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, los seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro, Juan y Santiago, líderes del grupo de Galilea, siguen aferrados a la ideología del caudillo nacionalista o del místico líder religioso y no descubren en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.

 

Este episodio marca el centro del evangelio de Marcos y es el punto de quiebre en el cual el camino de Jesús sorprende a sus seguidores. Ninguno está de acuerdo con él, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos, torcida por las ideologías sectarias y triunfalistas.

 

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la «Pasión», la «Cruz», debe ser tomada siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado... Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL


Curia Diocesana

·         La curia diocesana invita a todos los fieles laicos y de buena voluntad a participar en las festividades en honor a la visita del santo lienzo de la virgen de Chiquinquirá de Aregue, las cuales están siendo llevadas por las diferentes parroquias de la ciudad.

·         Se convoca a todos los secretariados de pastoral y grupos laicales a que envíen un delegado a una reunión importante con carácter de urgencia, a llevarse a cabo el día miércoles  16 a las 9:30am en los alones de la catedral san Juan Bautista de Carora. Punto a tratar la planificación del encuentro del señor nuncio apostólico Mons. Aldo Giordani, la cual se realizará el dia 4 de octubre en la casa del apostolado seglar. Favor enviar su respectivo de legado.

·         El señor nuncio apostólico Monseñor Aldo Giordani estará de visita en Carora los días 2, 4, 4 y 5 de Octubre en una visita pastoral a la diócesis. Invitamos a todos a orar por esta visitar y a participar de la bendición apostólica que el señor nuncio trae a Carora. 

 

¿Hablas mal de la gente y te crees mejor que ellos? Eres hipócrita, dice el Papa

VATICANO, Sep.20 15 / (ACI).- El Papa Francisco habló esta mañana en su homilía de la Misa en la Casa Santa Marta del riesgo de juzgar a los demás y creerse mejor que ellos, algo de lo que incluso él mismo debe tener cuidado, precisó. Por eso, alabó la capacidad de que uno se acuse a sí mismo y sepa detenerse cuando vaya a hablar mal de los otros, puesto que quien actúa así se convierte en un hipócrita.

 

El Pontífice afirmó que el Señor habla de una "recompensa" si no se actúa de esa manera: "'No juzguen y no serán juzgados. No condenen y no serán condenados'".

 

"Pero nosotros podemos decir: esto es bonito, ¿eh? Y cada uno de ustedes puede decir: 'Pero Padre, es bonito, pero ¿cómo se hace eso?, ¿Y cuál es el primer paso para ir en este camino?'".

 

"El primer paso es acusarse a sí mismo. La valentía de acusarse a uno mismo antes que acusar a los otros".

 

San Pablo, en las lecturas del día "alaba al Señor porque le ha elegido y le da gracias porque 'me ha dado confianza poniéndome a su servicio', porque yo era 'un blasfemo, un perseguidor y un violento'. Pero tuvo misericordia", dijo el Papa.

 

Francisco aludió a las palabras de Jesús cuando alude a "la paja en el ojo ajeno del hermano y la viga que está en el tuyo". "Primero —prosiguió— es necesario quitar la viga del propio ojo, acusarse a sí mismo" y no sentirse "el juez para quitar la paja de los ojos de los demás".

 

"Y Jesús usa esa palabra que solamente usa con aquellos que tienen una doble cara, doble alma: '¡hipócrita!, ¡hipócrita!'. El hombre y la mujer que no aprenden a acusarse a sí mismo se convierten en unos hipócritas", manifestó el Santo Padre. "Comenzando por el Papa, hacia abajo: todos", aseguró a continuación.

 

"Si uno de nosotros no tiene la capacidad de acusarse a sí mismo y después dice, si es necesario, a quien se deban decir las cosas de los otros, no es cristiano, no entra en esta obra tan bella de la reconciliación, de la pacificación, de la ternura, de la bondad, del perdón, de la magnanimidad, de la misericordia que nos ha llevado Jesucristo".

 

El Pontífice afirmó que lo primero es pedir "la gracia al Señor de una conversión" y "cuando me viene a la mente pensar en los defectos de los otros, detenerse". Pero también "tener la valentía que tiene Pablo" de decirse las cosas.

 

"Ahorremos los comentarios sobre los otros y hagamos comentarios sobre nosotros mismos. Y este es el primer paso de este camino de la magnanimidad. Porque aquel que sabe mirar solamente la paja en el ojo del otro termina en la mezquindad, un alma mezquina, llena de pequeñeces, llena de murmuraciones".

 

Francisco terminó invitando a pedir esta gracia "de seguir el consejo de Jesús: ser generosos en el perdón, ser generosos en la misericordia".

 

Para canonizar "a una persona existe todo un proceso, se necesita un milagro, y después la Iglesia" la proclama santa. Pero "si se encontrara alguna persona que nunca, nunca, nunca hubiese hablado mal del otro", "se la podría canonizar rápidamente".

 

Evangelio de hoy

 Lucas 6,39-42  "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?"

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola: "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano."

 

 

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09-08-2015

Domingo XIX Ordinario – B

1Re 19,4-8: Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios

Salmo 33: : ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Ef 4,30–5,2: Sigan el camino del amor, a ejemplo de Cristo

Jn 6,41-51: Yo soy el pan de la vida, bajado del cielo

La narración del primer libro de los Reyes está sumamente cuidada y llena de detalles que hacen de esta simple huida algo más profundo y simbólico. Para empezar, las alusiones al desierto, a los padres, a los cuarenta días y cuarenta noches de camino, al alimento, al monte de Dios, son demasiado claras y numerosas como para no reconocer en el camino de Elías el camino inverso al que realizó Israel en el éxodo. No se trata sólo de una huida; también hay una búsqueda de las raíces que terminará en un encuentro con Dios. También los grandes héroes como Elías y Moisés (cf. Num 11,15) han sentido nuestra debilidad. Elías, desanimado del resultado de su ministerio huye porque «no es mejor que sus padres» en el trabajar por el reino de Dios y es mejor reunirse con ellos en la tumba (v.4). Cuando el hombre reconoce su debilidad, entonces interviene la fuerza de Dios (2Cor 12,5.9). Con el pan y el agua, símbolos del antiguo éxodo, Elías realiza su propio éxodo (símbolo de los cuarenta días, v.8) y llega al encuentro con Dios. Tal como está narrado este episodio de Elías nos habla del camino, de los empeños, de las tareas demasiado grandes para hacerlas con las propias fuerzas y de la necesidad de caminar apoyados en las fuerzas del alimento que nos mantiene.

 

La segunda lectura es la continuación de esta exhortación apostólica que desciende a detalles hablando de aquello que el cristiano debe evitar (aspecto negativo) o debe hacer (aspecto positivo). Así, el cristiano puede trabajar en la edificación de la iglesia y no entristecer al Espíritu rompiendo la unidad (4,25-32a; 4,3). Este modo de vivir encuentra su fundamento en aquello que Cristo ha realizado o el Padre ha cumplido por Cristo. Vivir de manera cristiana y vivir en el amor como Cristo y el Padre (cf. Mt 5,48). Como el Padre perdona, así debe hacer el cristiano (v. 32b); Mt 6,12.14-15). Como Cristo ama y se dona en sacrificio, así hace el cristiano. La unidad es fruto del sacrificio personal. El tema de la imitación de Dios, consecuencia y expresión de ser hijos suyos, revela la referencia evangélica de esta exhortación de Efesios (cf. Mt 4,43-48). El Espíritu es el elemento determinante del comportamiento cristiano. En línea con otros pasajes paulinos sobre el Espíritu, en éste su recepción se vincula (indirectamente) al bautismo y se le considera como sello/marca que identificará en la parusía a cuantos pertenecen a Cristo.

 

El evangelio de Juan que hoy leemos comienza con el escándalo que se produce en los judíos porque Jesús se equipara al pan; pero más aun porque dice que ha “bajado del cielo”. Para ellos esto no tiene explicación, puesto que conocen a Jesús desde su infancia y saben quiénes son sus padres. Para ellos su vecino Jesús, visto en su sola dimensión humana, no guarda relación alguna con las promesas del Padre y con su proyecto de justicia revelado desde antiguo.

 

Juan utiliza esta figura del escándalo y del no poder ver más allá de la dimensión humana de Jesús, para dar a conocer la dimensión que encierra la persona y la obra del Maestro. En primer lugar, la adhesión a Jesús es obra también de Dios; es él mismo quien suscita la fe del creyente y lo atrae a través de su hijo.

 

Conocer a Jesús es apenas un primer paso en el cual se encuentran sus paisanos; pero adherir la propia fe a él es el siguiente paso, que exige un despojarse totalmente para poder encontrar en él el camino que conduce al Padre. Sólo este segundo momento permite descubrir que Dios se está revelando en Jesús tal cual es; esto es, un Dios íntimamente comprometido con la vida del ser humano y su quehacer.

 

Jesús propone asumir el paso de la vida humana con un total compromiso. El alimento, que es indispensable para vivir, es utilizado como metáfora para hacer ver que más allá de la dimensión humana de cada persona hay otra dimensión que requiere también ser alimentada. El ser humano, llamado a trascenderse a sí mismo, tiene que esforzarse también continuamente para que su ciclo de vida no se quede sólo en lo material.

 

Así pues, el conocimiento y aceptación de la propuesta de Jesús alimenta esa dimensión trascendente del ser humano, que es la entrega total y absoluta a la voluntad del Padre; y la voluntad del Padre no es otra que la búsqueda y realización de la Utopía de la Justicia en el mundo en todos los ámbitos (Reinado de Dios), para que haya «vida abundante para todos» (Jn 10,10).

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL


Parroquia San José de Calicanto

 

·         Ya se están reuniendo todos los jueves a las 6:30pm el equipo de cursillos de San José de Calicanto. Invitamos a todos los cursillistas de nuestra parroquia a que se nos unan y retomar el camino andado.

·         Próxima escuela de apologética cristiana con el Padre Luis Toro el 29 y 30 Agosto 2015. Valor de la entrada 200 BF p/p. Entradas próximamente a la venta.

·         Todos los lunes a partir de las 6:30pm tenemos la escuela de formación apologética para que asistas y te formes en la fe católica y sepas defender tu fe ante los cuestionamientos de los cristianos protestantes.

·         Hoy a partir de las 9am, en Barquisimeto se estará clausurando el ENAJO 2015 (Encuentro Nacional de Jóvenes) con la participación de más de 5 mil jóvenes de todas las regiones del país. Acá en Carora tuvimos el privilegio de albergar desde el jueves hasta el sábado en la mañana a 2.500 de esos jóvenes. En nuestra parroquia de San José se hospedaron 250 jóvenes de Barinas, Barcelona, Caracas y Maracaibo. Estamos muy agradecidos a Dios por habernos permitido recibir bendiciones de parte de esos chicos tan bellos y extraordinarios; sin dejar de mencionar a tres sacerdotes siervos que estuvieron con nosotros en nuestra parroquia de San Jose: P. Johams León, P. Armelín de Sousa y P. Felix Figueroa. Gracias Señor por esta bella experiencia.

 

Papa Francisco advierte a jóvenes: Sean valientes y no se conviertan en un “cementerio”

VATICANO, Ago. 2015 /(ACI).- El Papa Francisco pidió hoy a los jóvenes católicos que no pierdan la valentía, que considera una de las características fundamentales de la juventud, y no huyan de las tensiones porque al hacerlo se convertirían en un cementerio.

 

Para el Papa Francisco “un joven sin valentía es un joven ‘aguado’, es un joven viejo”. “Algunas veces digo a los jóvenes: ‘Por favor, no os jubiléis’, porque hay jóvenes que se jubilan con 20 años: tienen todo seguro en la vida, todo tranquilo y no tienen ‘tensiones’”, indicó en el Aula Pablo VI que albergó hoy en Roma un encuentro entre el Pontífice y 1.500 jóvenes del Movimiento Eucarístico Juvenil de 35 países.

 

Francisco articuló su discurso improvisando sobre las tensiones y los conflictos que se pueden vivir en la vida, para lo que el “diálogo” es la solución.

 

Como en otras ocasiones, seis jóvenes hicieron preguntas al Pontífice, mientras él tomaba distintas notas.

 

“¿Qué sería de una sociedad, una familia, un grupo de amigos sin ‘tensiones’ y sin ‘conflictos’?”, se preguntó Francisco. “Un cementerio” porque “sólo no hay tensiones y conflictos en las cosas de la muerte”, pero “cuando hay vida, hay tensión y hay conflicto y por eso es necesario desarrollar este concepto y buscar, en mi vida, cuáles son las verdaderas tensiones, de dónde vienen estas tensiones, porque son tensiones que dicen que estoy vivo; y cómo son estos conflictos”.

 

El Papa aseguró que en el Paraíso “todos estaremos unido en la paz con Jesucristo”. “Cada uno debe individualizar las tensiones de su vida. Las tensiones te hacen crecer, desarrollan la valentía. ¡Y un joven debe tener esta virtud de la valentía!”, exclamó.

 

Estas tensiones se resuelven a través del “diálogo” ya que “cuando en una familia hay diálogo”. “Cuando en una familia existe esta capacidad de decir espontáneamente qué es lo que uno piensa, las tensiones se resuelven bien”. “Es más, no hay que tener miedo de las tensiones”, pidió a los jóvenes.

 

Sin embargo, “también hay que ser astutos”, indicó el Papa. “Si tú amas las tensiones por las tensiones esto te hará mal y serás un joven en conflicto que ama siempre el estar en tensión”. Al contrario, “la tensión viene para ayudarnos a hacer un paso hacia la armonía, pero la armonía también provoca otra tensión para ser más armónica”. Por eso, “un joven que solamente sabe vivir en tensión es un joven enfermo”.

 

Sobre los “conflictos”, señaló que “pueden hacernos bien, porque nos hacen entender las diferencias, nos hacen entender cómo son las cosas distintas y nos hacen entender que si no encontramos una solución que resuelva este conflicto, habrá una vida ‘de guerra’.

 

En su opinión, “el conflicto debe ser orientado hacia la unidad” respetando “la identidad de cada cultura”. Por ejemplo, los inmigrantes que en busca de una vida mejor se lanzan en barca al mar para llegar a otro país. “Es un conflicto no resuelto, y esta es una guerra, esto se llama violencia, se llama matar”, dijo sobre la muerte de muchos de ellos al no ser ayudados.

 

“Los verdaderos conflictos sociales, también culturales, se resuelven con el diálogo, pero antes que nada con el respeto de la identidad hacia la otra persona”.

 

El Santo Padre habló del conflicto en Oriente Medio, donde “mucha gente no es respetada: las minorías religiosas, los cristianos... pero no solamente no son respetados, sino que muchas veces son asesinados, perseguidos”.

 

“En nuestra historia siempre han existido conflictos de identidad religiosa, por ejemplo, que se producían por no respetar la identidad de la otra persona”.

 

El Papa también afirmó que “estamos en guerra: yo me repito mucho diciendo que esta es la tercera guerra mundial, a pedazos. Pero estamos en guerra. Y esto es negativo. Pero hay muchos señales de esperanza y señales de alegría”.

 

El Movimiento Eucarístico Juvenil está promovido por la Compañía de Jesús. Al comienzo deL encuentro intervino el Padre General de la Compañía, el P. Adolfo Nicolás, y del responsable del movimiento, el P. Fréderik Fornos

 

 

 

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02-08-2015

Domingo XVIII Ordinario – B

Éx 16,2-4.12-15: Yo les haré llover pan del cielo

Salmo 77: El Señor les dio pan del cielo

Ef 4,17.20-24: Revístanse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios

Jn 6,24-35: El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed

La primera lectura, del Éxodo, nos recuerda cómo el desierto es la carencia de todo. A toda persona le llega de vez en cuando su desierto: la situación crítica en la que parece que no se encuentran soluciones de ayuda para sobrevivir a tan crítica situación. Al pueblo de Israel le era muy provechoso el tener que estar en el desierto donde todo falta, para que pudiera experimentar el portentoso modo que Dios tiene para ayudar a los que en Él confían. En el desierto el Pueblo de dios aprende a experimentar la condición de “pobre”, de “necesitado de todo” del auxilio de Dios. Esto le será útil para el crecimiento de su fe y de su esperanza en las ayudas milagrosas. En la península del Sinaí hay un arbusto llamado “tamarisco”. Produce una secreción dulce que gotea desde las hojas hasta el suelo. Por el frío de la noche se solidifica y hay que recogerla de madrugada antes de que el sol la derrita. ¿Sería esto lo que Dios le proporcionó a su pueblo, multiplicándolo claro está, de manera prodigiosa? Lo cierto es que los israelitas consideraron siempre la aparición de este alimento como una demostración de la intervención milagrosa a favor de su pueblo. Lo llamaron “maná”, porque los niños al comerlo preguntaban: “¿qué es esto?, “lo que en su idioma se dice: “Man-ah?”. También es llamado por los salmos “pan del cielo” (Sal 78) y el libro de la Sabiduría dice que, “sabía a lo que cada uno deseaba que supiera” (Sab16,20). Jesús dirá que el Verdadero Pan bajado del cielo será su cuerpo y su sangre. O sea que este maná milagroso del desierto era un símbolo y aviso de lo que iba a hacer Dios más tarde con sus elegidos, dándoles como alimento el cuerpo de su propio Hijo divino.

 

La segunda lectura continuada de la carta a los Efesios pide a los creyentes que se dejen renovar por el Espíritu Santo y pasen de un modo de obrar no digno del ser humano, a un modo de obrar digno de quien tiene fe en Cristo. Pide que abandonemos nuestro estilo anterior de vida pecaminosa y marchemos en adelante por un nuevo camino de vida cristiana. Se nos invita a no dejarnos guiar por esta “vaciedad de criterios”. En estos pocos versículos continúa la exhortación a buscar la unidad y a vivir dignamente la propia vida cristiana, guiada y fundamentada en un verdadero conocimiento de Cristo. Pablo desarrolla este argumento jugando con la antítesis del ser humano viejo y el ser humano nuevo (Col 3,9-10; 1Cor 5,7-8). Elegir la novedad, lo nuevo, es elegir a Cristo. Esto significa romper con el viejo ser humano pecaminoso, con el pecado del mundo, para estar dispuestos a una continua renovación en el Espíritu, a vivir en la justicia y santidad y ser justos y rectos. Este texto es una clara respuesta a quienes piensan que el cristianismo simplemente es una cosa del pasado.

 

El evangelio de hoy, de Juan, el discurso del pan de vida, se desenvuelve en tres afirmaciones lógicamente sucesivas, y la primera que presenta este texto es: el real o verdadero “pan del cielo” no es el maná dado una vez por Moisés, contrariamente a lo que la gente pensaba (v.31). Es literalmente el pan que ha bajado del cielo. Dios, no Moisés, es quien da este pan (v.32). Jesús ha realizado signos para revelar el sentido de su persona (domingo anterior), pero la gente sólo lo han entendido en la línea de sus necesidades materiales (6,26.12). Jesús ha querido llevarnos a la comprensión de su persona, porque sólo a través de la fe pueden entender quien es él y sólo así podrá donarse a ellos como comida: pero para hacer esto es necesario trabajar o procurar por un alimento y una vida que no tienen término y que son dones del Hijo del hombre (v.27). Los judíos piensan de inmediato en las obras (v.28; Rm 9,31-32), pero Jesús replica que sólo una obra deben cumplir: creer en él (v.29; Rm 3,28), reconocer que tienen necesidad de él, como se tiene necesidad del alimento material. Al considerar la exigencia de Jesús muy grande es por lo que piden una demostración de los que afirma realizando una señal que al menos se compare con aquellas realizadas por Moisés (vv. 30-31), pues aquellas que acaba de realizar (6,2) no se consideran suficientes. Jesús responde afirmando que es más que Moisés, pues en él (Cristo) se realiza el don de Dios que no perece. Su pan se puede recoger (6,13), el maná se pudrió (Ex 16,20).

 

“Yo soy el pan de vida” es una fórmula de fuerza extraordinaria, parecida a aquellas otras que sólo a Jesús se podría atribuir: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el buen pastor”... el que viene a Jesús no tendrá hambre ni sed, no necesita de otras fuentes de gozo para saciar sus anhelos y aspiraciones. Jesús es fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego y de paz. Jesús es el lugar y fundamento de la donación de la vida que Dios hace al ser humano. En Jesucristo, Dios está por completo a favor del ser humano, de tal modo que en él se le abre su comunión vital, su salvación y su amor, y en tal grado que Dios quiere estar al lado del ser humano como quien se da y comunica sin reservas. En la comunión con el revelador –Cristo- se calma tanto el hambre como la sed de vida que agitan al ser humano.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL

 

Parroquia San José de Calicanto

 

·         Ya se están reuniendo todos los jueves a las 6:30pm el equipo de cursillos de San José de Calicanto. Invitamos a todos los cursillistas de nuestra parroquia a que se nos unan y retomar el camino andado.

·         Próxima escuela de apologética cristiana con el Padre Luis Toro el 29 y 30 Agosto 2015. Valor de la entrada 200 BF p/p. Entradas próximamente a la venta.

·         Todos los lunes a partir de las 6:30pm tenemos la escuela de formación apologética para que asistas y te formes en la fe católica y sepas defender tu fe ante los cuestionamientos de los cristianos protestantes.

·         El próximo Jueves 6 Agosto estaremos recibiendo en nuestra parroquia a 250 jóvenes peregrinos que van a participar en el ENAJO 2015; a la vez que a tres sacerdotes de la Arquidiócesis de Caracas. De antemano le damos la bienvenida calurosa a nuestra parroquia.

 

Superior franciscano: P. Pinto fue víctima de la violencia desbordada en Venezuela

CARACAS, 24 Jul. 15 / 08:29 am (ACI).- El Superior Mayor de los franciscanos en Venezuela, Fray Joel Castro, expresó la consternación de los miembros de esta orden por el asesinato del P. Alex Pinto, quien “fue víctima de la violencia generalizada en estos momentos en nuestra sociedad venezolana”, que afecta a cientos de personas expuestas a la delincuencia.

 

El sacerdote franciscano desapareció el 15 de julio y su camioneta fue hallada dos días después incinerada en las cercanías de Ciudad Bolívar (Venezuela). Su cuerpo fue hallado el pasado lunes en avanzado estado de descomposición y, según las investigaciones, habría sido asesinado de un disparo.

 

“Como franciscanos somos heraldos de la paz y el bien”, indicó el Superior franciscano en un comunicado publicado este 22 de julio.

 

“Este compromiso por la paz –afirmó-, es el que hoy nos lleva a hacer público nuestro repudio por la muerte de nuestro hermano, el cual representa a cientos de venezolanos que estamos expuestos a ser víctimas del hampa desbordada y despiadada que se despunta impunemente a lo largo y ancho de todo el País en busca de la víctima”.

 

Fray Castro señaló que hoy la víctima es “nuestro hermano Alexander”, pero cada día una familia venezolana queda “enlutada al ver cómo apagan la vida de uno de sus miembros, sin importar color político credo o condición social”.

 

“Por eso alzamos nuestra voz, de fraile del pueblo, como bien nos ha bautizado la historia para pedir, rogar y exigir que en nombre de Dios cese la violencia. Que se acabe la impunidad y que realmente haya justicia. No podemos seguir tiñendo de color sangre nuestro asfalto negro de las calles. No podemos callar más”.

 

“Basta de tanta violencia. Basta de tantas muertes inocentes. Basta de tanta impunidad. Y en nombre de Dios que se haga justicia dentro del marco de nuestras Leyes”, expresó.

 

El Superior de los franciscanos en Venezuela llamó a las autoridades a investigar este crimen. “Les exigimos como ciudadanos venezolanos que esta muerte no quede solo en un artículo amarillista de la prensa o uno más de la horrenda estadística de los que son asesinados en nuestro País”.

 

“Nuestro dolor va acompañado con la esperanza de la Vida  y nos arrodillamos ante Dios pero nunca ante la impunidad y el crimen horrendo de que fue víctima fray Alexander. No podemos decir paz y bien a nuestros niños y a nuestros feligreses cuando la sangre ya ha llegado hasta el altar”, expresó.

 

“No podemos callar ante esta violencia desmesurada que pretende imponer una minoría armada y tal vez mejor organizada que hasta nuestros cuerpos policiales. No podemos callar cuando nosotros decimos paz ellos dicen guerra. No podemos callar por Alexander, por nuestros niños y jóvenes. Estamos llamados a decir que ‘Basta ya’ de tanta violencia”.

 

Según organizaciones no gubernamentales, Venezuela se ha convertido en el segundo país con la mayor tasa de homicidios del mundo, por encima de los 80 casos anuales por cada cien mil  habitantes. En Caracas y sus suburbios se calcula en más de 100 la tasa de homicidios, más de 110 veces superior a la de Europa Occidental, de acuerdo con la ONU.

 

 

 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

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19-07-2015

Domingo XVI Ordinario – B

Jer 23,1-6: Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores

Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta

Ef 2,13-18: Él es nuestra paz y ha hecho de los dos pueblos una sola cosa

Mc 6,30-34: Él es nuestra paz y ha hecho de los dos pueblos una sola cosa

Jr 23, 1-6: En el Primer (Antiguo) Testamento los guías políticos y religiosos son presentados con frecuencia como pastores y el pueblo como el rebaño. La figura del jefe como pastor cobró vigencia a partir de David, el pastor convertido en rey. El rebaño no es propiedad de los pastores sino del Señor, ante el cual ellos son sus representantes, por eso él mismo les tomará cuentas. El oficio de los jefes se ha pervertido y esto ha permitido la dispersión y el extravío del rebaño. El rey Joaquín con su política desatinada provocó la intervención de Babilonia. La expulsión que se menciona aquí parece referirse a la primera deportación. La intervención del Señor se justifica por tratarse de su rebaño, está desarrollada en tres tiempos: repatriación de los deportados, nombramiento de pastores ejemplares y resonancia escatológica. Se pasa de los pastores al Pastor-Jefe, al rey davídico en quien los judíos ponen su confianza.

 

Jeremías es consciente de que el desorden, la situación de injusticia y el desplazamiento que tiene que soportar y sufrir el pueblo, se debe a los mandatarios que no han sabido gobernar en función del bien público sino en función de sus intereses personales y de clase, por eso han fracasado como gobernantes y es necesario entonces que Dios suscite nuevos pastores. Los pueblos viven añorando el cambio de la situación cada vez que se presenta la oportunidad de un nuevo gobierno. La esperanza y la ilusión de que algún día haya oportunidad para vivir en la justicia no se acaban aunque los hechos nos muestren que las situaciones siguen iguales. En este momento el problema de injusticia se ha agudizado más, porque los dirigentes de los pueblos tienen que obedecer al orden económico internacional, aunque haya esperanza no se encuentran las salidas, porque se requiere de la voluntad política de los grandes dirigentes del mundo y principalmente de quienes manejan la economía mundial. Hoy encontramos en el mundo más desorden, más injusticia, más desplazamiento. Que la palabra de Jeremías nos ayude a seguir creyendo que es posible la justicia.

 

Ef 2, 13-18: Este texto parece ser una inserción dentro de la carta a los Efesios, es diferente en el lenguaje, en las ideas y en la forma. Inserción en forma de himno sobre Cristo: la paz y la persona que nos trae la paz. Cristo derribó la pared divisoria, hizo de los dos ámbitos: judíos y gentiles, uno solo y destruyó por medio de su carne la enemistad.

 

El convertir la ley en una norma absoluta trae como consecuencias el casuismo y el legalismo; destruyendo este carácter de la ley, se elimina la enemistad. La gran acción de Cristo por la cual se demostró que es nuestra paz fue la eliminación de la ley como dogma, como norma absoluta y suprema que separaba a Dios y a los seres humanos, y a judíos y gentiles. Si los jefes dispersan, Jesús tiene la capacidad de reunir y de acabar con todo aquello que separa y divide a hombres y mujeres.

 

A Pablo le tocó enfrentar el problema cultural en la Iglesia primitiva entre cristianos judaizantes y gentiles, y luchó hasta conseguir que los gentiles fueran admitidos también dentro de la comunidad cristiana. En el texto de hoy nos recuerda que en Cristo Jesús desaparecen todo antagonismo y toda situación de injusticia que hacen que hombres y mujeres de la misma cultura y de culturas diferentes, no se entiendan entre sí... El evangelio es un mensaje de carácter universal, derriba los muros sociales, políticos, económicos, culturales y hermana a todos los hombres y mujeres.

 

Mc 6, 30-34: Dice el texto de Marcos hoy que a Jesús le dio lástima de la multitud porque andaban como ovejas sin pastor. Los discípulos han llegado de su labor apostólica a contarle a Jesús todo lo que les había pasado, Jesús entonces los invita a descansar en un lugar apartado pero cuando llegan allí fue imposible porque una gran multitud ya estaba en el lugar esperándolos. Jesús comprendió que más urgente que comer y descansar era atender a la multitud.

 

Si Jeremías en su tiempo se queja de los guías políticos mucha más aguda es la situación en tiempos de Jesús. En la época de Jesús los jefes políticos y religiosos dispersaban cada vez más al pueblo. El régimen político, militar y económico impuesto por Roma era una carga que pesaba sobre el pueblo y que se hacía más gravosa porque había gente que le hacía el juego a los romanos, entre ellos los saduceos, que administraban el Templo. El rey y los cobradores de impuestos eran nombrados por Roma y las fuerzas militares romanas tenían su fortaleza junto al templo de Jerusalén. Esta situación además de oprimir ofendía la dignidad del pueblo. El régimen tributario era demasiado minucioso y había que cumplir con el diezmo para el templo. La situación económica era crítica.

 

La sociedad se encontraba dividida y se atomizaba cada vez más tratando de buscar solución al problema del momento; unos creían en la fuerza de las armas, otros se aislaban y vivían en forma independiente. Se esperaba una irrupción de Dios que pusiera fin a esta situación y diera oportunidad al pueblo de Israel. Por otro lado después de la reconstrucción del templo al regresar del exilio, las leyes de purificación dominaron la religión judía hasta convertirla en un simple cumplimiento de normas, actitud con la cual Jesús no está de acuerdo porque se ha desligado totalmente de la vida haciendo falta la práctica de la justicia, del amor y de la misericordia. En una situación de éstas hay más desorientación y desconcierto en el pueblo, por eso Jesús es la alternativa de Dios en ese momento. Muchos se encuentran marginados del templo, han sido desplazados de allí por no cumplir con las normas rituales de purificación, cuando oyen hablar a Jesús se sienten identificados con su enseñanza y con su práctica, descubren que no están tan lejos de los caminos de Dios, encuentran en él al pastor que en vez de dispersar, congrega y reúne. Por eso, mientras los guías políticos y religiosos encuentran tiempo suficiente para descansar y comer, Jesús y los suyos tienen que inventar tiempo para satisfacer estas necesidades vitales. Marcos reconoce que Jesús, movido por la compasión de ver a la multitud que andaba como oveja sin pastor, se pone a enseñarles. Es la causa del Reino la que le consume su tiempo y su vida. Para esto ha venido, su pasión y su locura es el Reino, en otro pasaje del evangelio cuando María y los familiares de Jesús se enteran de que no les queda tiempo de comer por andar en los trabajos del Reino, vienen a buscarlo porque creen que se está enloqueciendo. Sólo quien ha andado en la vida motivado por una Causa entiende estas actitudes de Jesús, y no siente hambre ni fatiga por andar haciendo lo que le gusta y motiva.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  LOCAL

 

Parroquia Nuestra Señora de Coromoto

 

·         La Parroquia Nuestra Señora de Coromoto de Carora, invita al público en general a las Conferencias que serán dictadas por el Padre Ricardo Bulmez, fundador del Grupo CRECE, institución cristiana sin fines de Lucro que trabaja a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica.En esta oportunidad estará el viernes 24 de este mes, en el Colegio Nuestra Señora del Rosario. A partir de las cinco de la tarde dictando una conferencia para mayores de dieciocho (No llevar menores de edad, ni niños). Esta conferencia es abierta a todas las personas. El sábado 25 en el salón de actos del mismo colegio ofrecerá una conferencia especialmente para parejas (hombre y mujer) en cualquier situación que estén ya sea casados por la iglesia, por civil, divorciados vueltos a casar o parejas de hecho.Es de hacer notar que los fondos recaudados serán destinados para iniciar las mejoras del nuevo salón parroquial "Mons. Eduardo Herrera Riera", puesto que aún no se ha culminado por falta de recursos. Acudimos a todos los fieles y personas de buena voluntad a participar de estas reflexiones al tiempo que apoyan el inicio de mejoras de mencionado salón. Las entradas serán vendidas en la Parroquia NS de Coromoto, en horario de oficina. Invita: Pbro. Gilberto Ocanto Seguerí, párroco, Consejo de Pastoral Parroquial y Consejo Económico Parroquial. Dios nos bendice

 

Parroquia San José de Calicanto

 

·         Ya se están reuniendo todos los jueves a las 6:30pm el equipo de cursillos de San José de Calicanto. Invitamos a todos los cursillistas de nuestra parroquia a que se nos unan y retomar el camino andado.

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·         El próximo domingo 26 Julio será la tradicional misa de oración por los enfermos (misa de sanación) y por ello, los invitamos muy cordialmente a participar con nosotros en esta experiencia eucarística en el Espiritu Santo. Lugar: Parroquia San José de Calicanto; hora: 10am.  

 

 


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witter: @PbroRamonCrespo     padreramonluis1966@gmail.com


Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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12-07-2015

Domingo XV Ordinario – B

Am 7,12-15: Ve y profetiza a mi pueblo

Salmo 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación

Ef 1,3-10: Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Mc 6,7-13: Los fue enviando de dos en dos

1.- Hacen falta hoy día profetas como Amós. El profeta Amós, pastor y campesino del siglo VIII a. C., condenó la injusticia social y la violencia del lujo, la depravación religiosa y el formalismo de un culto vacío; anunció por vez primera el castigo del Día de Yahvé y el exilio del Reino del Norte. Habló donde era preciso hablar y en el momento oportuno, que es cuando hablan los profetas y callan los maestros y sacerdotes que viven de su oficio. Por eso sus palabras resultaron insoportables. No es de extrañar que le salga al paso el sumo sacerdote Amasías que, como buen funcionario, debe velar por los intereses del rey de Israel. Amasías denunciaría la predicación del profeta Amós ante Jeroboán II. Amós le responde enérgicamente y le dice que si él predica la palabra de Dios no lo hace por vocación humana o por simple interés, sino porque Dios le ha mandado profetizar contra Israel. Por encima de la voluntad de Amasías y la presión del poder está la autoridad indiscutible de Dios, que le dice “ve y profetiza”. Hacen falta hoy día profetas como Amós. El Papa Francisco lo es, como ha demostrado en la encíclica “Laudato sii”.

 

2.- Él nos ha elegido desde toda la eternidad.  El prólogo de la carta a los Efesios es un himno y a la vez una auténtica oración, una contemplación teológica de todo el plan salvífico de Dios. El nos ha elegido desde toda la eternidad para ser sus hijos en su Hijo, para que vivamos una vida de amor y de acción de gracias, para reproducir en nosotros la imagen de su Hijo querido. Cristo es así nuestro Señor y nuestro hermano: el que con su sangre borra nuestro pecado, y nos llena de la gracia y del favor del Padre. Cristo, nuestro hermano, es la síntesis y el cumplimiento del plan de Dios: en El, todos nosotros y toda la creación somos una sola cosa; El es el centro de todo, y nosotros no podemos menos de girar en su órbita, y vivir en una segura esperanza de la herencia que nos está destinada. Pero todo este plan de Dios no es una bonita teoría, sino una realidad tangible en nuestra celebración eucarística. En la Eucaristía, cuando hacemos de nuevo presente el sacrificio salvador de Cristo, el Padre nos salva de veras y nos une más estrechamente en la vida de amor; y el Espíritu nos da nueva fuerza para vivir nuestra vida de auténticos hijos de Dios.

 

3.- La urgencia de la evangelización. Jesús envía a los discípulos a proclamar la Buena Nueva. Son colaboradores suyos en el anuncio de la llegada del Reino. El envío por parejas era una costumbre habitual en el judaísmo. Según la legislación judicial judía, para la validez de un testimonio se requerían al menos dos varones adultos. Los doce, enviados de dos en dos, serán testigos de Jesús, darán testimonio en favor de él en un momento en que los indicios de rechazo de Jesús empiezan a hacer su aparición con fuerza. La misión de los doce no es para enseñar, sino para proclamar la conversión, que  expresa un cambio radical de mentalidad, un giro copernicano en las categorías mentales, las cuales, a su vez, determinan la actuación del hombre. La misión de los doce busca provocar una transformación. Los doce deben ser ellos mismos signo visible de la conversión que proclaman. En las circunstancias concretas de su momento histórico, los doce no necesitan más bagaje que un bastón, que casi resultaba imprescindible como protección, y unas sandalias, sin las que no se podía caminar por el suelo pedregoso de Palestina. La fuerza y credibilidad de su misión no estriban en los modelos socioeconómicos constituidos. Tomemos nota de ello hoy día que creemos que lo fundamental son los medios empleados. Lo que cuenta de verdad es el testimonio auténtico y veraz. Jesús proclama  la urgencia de dedicación a la proclamación de la Buena Noticia  y advierte de la gravedad que lleva consigo el rechazo del proclamador o de su proclamación. Quien rechaza la Buena Nueva se pierde la alegría de recibirla.

 

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Parroquia Nuestra Señora de Coromoto

 

·         La Parroquia Nuestra Señora de Coromoto de Carora, invita al público en general a las Conferencias que serán dictadas por el Padre Ricardo Bulmez, fundador del Grupo CRECE, institución cristiana sin fines de Lucro que trabaja a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica.En esta oportunidad estará el viernes 24 de este mes, en el Colegio Nuestra Señora del Rosario. A partir de las cinco de la tarde dictando una conferencia para mayores de dieciocho (No llevar menores de edad, ni niños). Esta conferencia es abierta a todas las personas. El sábado 25 en el salón de actos del mismo colegio ofrecerá una conferencia especialmente para parejas (hombre y mujer) en cualquier situación que estén ya sea casados por la iglesia, por civil, divorciados vueltos a casar o parejas de hecho.Es de hacer notar que los fondos recaudados serán destinados para iniciar las mejoras del nuevo salón parroquial "Mons. Eduardo Herrera Riera", puesto que aún no se ha culminado por falta de recursos. Acudimos a todos los fieles y personas de buena voluntad a participar de estas reflexiones al tiempo que apoyan el inicio de mejoras de mencionado salón. Las entradas serán vendidas en la Parroquia NS de Coromoto, en horario de oficina. Invita: Pbro. Gilberto Ocanto Seguerí, párroco, Consejo de Pastoral Parroquial y Consejo Económico Parroquial. Dios nos bendice

 

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No se puede negar que en Venezuela se violan los derechos humanos, denuncian Obispos

CARACAS, 10 Jul. 15 / 09:10 pm (ACI).- “Venezuela es de todos, y para reconstruir el país debemos reencontrarnos como hermanos”, expresó la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), en una reciente exhortación pastoral en la que pidió buscar soluciones económicas sensatas y poner fin a la polarización política; además denunciaron que “no se puede negar lo que está a la vista: los presos políticos, los vejámenes, las torturas, la violación de los derechos humanos”.

 

Los Obispos estuvieron reunidos en su 104° Asamblea Ordinaria en el que analizaron la realidad del país, sumido en una profunda crisis política y económica. Hace seis meses el Banco Central de Venezuela dijo que en 2014 la inflación había llegado al 70 por ciento. Sin embargo, agencias financieras y consultoras estiman que la inflación pasó los tres dígitos y que a fines de 2015 podría ser de entre 150 y 200 por ciento, convirtiéndose en la más alta del mundo.

 

Asimismo, la oposición ha denunciado la existencia de presos políticos. Los más conocidos son el líder de la opositora Voluntad Popular, Leopoldo López; el exalcalde de San Cristóbal, Daniel Ceballos; el alcalde de  Caracas, Antonio Ledezma; entre otros.

 

En su exhortación pastoral publicada ayer 9 de julio, los obispos señalaron que el pueblo quiere un país “que ame la paz, donde haya seguridad para trabajar, producir y compartir”, donde “se promueva la unión de las familias divididas” por la emigración de sus miembros a causa de la crisis económica o que han sido víctimas de la violencia.

 

Los venezolanos, indicaron, quieren “que la sociedad considere y respete a los maestros y profesores”, pues en la educación está la clave del desarrollo; así como un país “que promueva la actividad económica abierta, en el que la iniciativa privada con responsabilidad social, sea motora de desarrollo y progreso, lejos del estatismo que ha fracasado en el mundo entero, antes y ahora”.

 

Los Obispos denunciaron el clima de violencia, el militarismo y “la imposición de una única forma de ver el mundo”. “No hay nada más absurdo y sin sentido que buscar la solución de los conflictos con la violencia”, señalaron.

 

El documento de la CEV recordó que la política es “el arte de armonizar lo diferente para buscar caminos de consenso y el bienestar común de todos los venezolanos”. Por ello, exhortaron a “no empecinarse en erigir la polarización, las diferencias, la negación a reconocer al otro y dialogar con el arma del poder”.

 

La población, afirmaron, quieren un país “donde se respete y cultive la autonomía e independencia de los poderes públicos para que el poder ejecutivo no los concentre y domine. La experiencia también enseña que los regímenes, de corte populista y excluyentes, favorecen el abuso del poder y la corrupción”.

 

“Venezuela es una sola. La necesidad de diálogo y de toma de decisiones concertadas, es impostergable. Nadie, ningún sector o persona, tiene el monopolio de la verdad ni puede erigirse en oráculo de la verdad plena. Para ello, cada quien tiene la obligación moral de aportar lo mejor, en la búsqueda del bien común, teniendo en cuenta los intereses de los más pobres, para que no sean ellos los que carguen con lo más oneroso de las medidas que se tomen”, expresaron los obispos.

 

Ante estos “tiempos de angustia y dificultad”, los obispos invitaron a los venezolanos a reafirmar “nuestra fe en el Señor resucitado” para “superar el miedo y la desesperanza en la búsqueda de un país justo, unido y productivo”.

 

“Dios quiere misericordia y no sacrificios”, y por ello “nos impulsa a construir y hacer posible en Venezuela el Reino de Dios, de justicia, paz y amor, centrar toda nuestra vida en Cristo, ‘rostro de la misericordia de Papá Dios’”.

 

“No bastará sólo con actos piadosos: la oración y la reflexión a partir de la Palabra de Dios deben ir acompañados con acciones que hagan posible el perdón y la reconciliación, así como descubrir la corrupción que frena un futuro lleno de esperanza”, señalaron. “La experiencia cristiana debe provocar consecuencias sociales”, recordaron.

 

Los Obispos también alentaron a los ciudadanos a participar en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre y recordaron al Consejo Nacional Electoral su “obligación de ser imparcial”.

 

Finalmente, pidieron a la Virgen de Coromoto que “bendiga al pueblo venezolano, también a los que no creen o no comparten nuestra fe, pues los dones de Dios son para todos”.

 

 

 




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05-07-2015

Domingo XIV Ordinario – B

Ez 2,2-5: Son un pueblo rebelde; sabrán que hubo un profeta en medio de ellos

Salmo 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia

2Cor 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo

Mc 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la "Confesión de Pedro") se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado técnicamente "sumario"- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El "fracaso" de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la "derrota" del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

 

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el "escándalo" de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un "Mesías crucificado" que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el "Hijo de Dios".

 

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? "Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela". La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: "con lo que ellos conocen". Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente "sabido"; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El "Dios siempre mayor" desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús "no podía hacer allí ningún milagro"; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque "nadie es profeta en su tierra". Y quizás, también nos escandalice a nosotros... ¿o no?

 

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

 

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta... que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo?

 

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Parroquia San José de Calicanto

 

·         Ya se están reuniendo todos los jueves a las 6:30pm el equipo de cursillos de San José de Calicanto. Invitamos a todos los cursillistas de nuestra parroquia a que se nos unan y retomar el camino andado.

·         Próxima escuela de apologética cristiana con el Padre Luis Toro el 29 y 30 Agosto 2015. Valor de la entrada 200 BF p/p. Entradas próximamente a la venta.

·         Todos los lunes a partir de las 6:30pm tenemos la escuela de formación apologética para que asistas y te formes en la fe católica y sepas defender tu fe ante los cuestionamientos de los cristianos protestantes.

 

El Papa promoverá reconciliación y no política en América Latina, reitera Cardenal

 

VATICANO, Jul. 2015 /(ACI/EWTN Noticias).- El Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, afirmó que el Papa Francisco llegará a América Latina la próxima semana no para intervenir en política sino para promover la reconciliación y el desarrollo en la región.

 

Así lo indicó el Purpurado en declaraciones hoy en Roma respecto al viaje del Santo Padre que se realizará del 5 al 13 de julio en el que visitará Ecuador, Bolivia y Paraguay.

 

El Cardenal italiano explicó que “normalmente distinguimos entre fines de partido y fines políticos. El Papa entiende el fin político en el sentido de la construcción de la comunidad social y política” y “hay de verdad, por parte de los cristianos, una acción y contribución para ayudar a solucionar los problemas que se encuentran en ese sentido”.

 

Sin embargo, precisó el Secretario de Estado, “el Papa no va a apoyar a nadie, sino la paz, la reconciliación y el desarrollo material y espiritual”.

 

“Pienso que, como en todos los viajes, el Papa va para encontrar a la comunidad católica” puesto que “ese es su ministerio de Pastor de la Iglesia universal, insertándose dentro del camino pastoral y catequético que cada iglesia está llevando adelante: la unidad en la fe, la confirmación en la fe”, dijo el Purpurado a ACI Prensa.

 

El Pontífice, agregó, visitará el continente americano para “promover la contribución que la comunidad católica local pueda dar a la sociedad en general”.

 

El Secretario de Estado del Vaticano también habló sobre Laudato Si’, la nueva encíclica del Papa sobre la creación y dijo que el discurso del Pontífice a la Asamblea General de la ONU durante su visita en septiembre a Estados Unidos “va a ser especialmente concreta en el impacto del cambio climático”.

 

“Hemos discutido mucho sobre el problema del cambio climático, ahora es el momento de actuar. Creo que esto es exactamente lo que el Papa pide de nosotros; actuar y empezar a cambiar nuestro estilo de vida para preservar nuestra casa común que es la tierra”, indicó.

 

Estas declaraciones las realizó antes de pronunciar una conferencia en el Congreso “Las personas y el planeta en primer lugar: el compromiso de cambiar de rumbo”, organizado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz.

 

La encíclica, dijo el Cardenal, “llama a un firme compromiso de desarrollar una ética auténtica de responsabilidad internacional que sea genuinamente capaz de afrontar una variedad de problemas, como los desequilibrios comerciales, la deuda exterior o la deuda ecológica”.

 

Uno de los temas principales que destacó es el “antropocentrismo” del que el Papa habla en el documento ya que “tenemos necesidad de caminos de diálogo que puedan ayudarnos a crear espacios, de modo que nuestra casa sea de verdad tenida en común”.

 

El Secretario de Estado también explicó que el Pontífice, con la encíclica, nos recuerda “una vez más nuestra responsabilidad” que también es la de formar “las conciencias”.

 

 

 

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21-06-2015

Domingo XII Ordinario – B

Job 38,1.8-11: Aquí se romperá la arrogancia de tus olas

Salmo 106: Den gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

2Cor 5,14-17: Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo

Mc 4,35-40:  ¿Quién es éste, a quien hasta el viento y las aguas le obedecen?

En la primera lectura vemos cómo el Señor le contesta a Job desde un torbellino, una forma muy común en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios. Le muestra lo que el Señor es capaz de hacer por el ser humano, hasta frenar el mar para que no irrumpa contra él. Las comunidades cristianas crecen en medio de dificultades y conflictos. Se encuentran asediadas por muchas amenazas internas y externas. Son como una pequeña barca navegando en altamar, en aguas turbulentas. Cunde la desesperación y el desencanto. Job es el símbolo de la paciencia y la resistencia. Se siente asediado por todas partes. Dios lo interpela haciéndole caer en cuenta de que él es el Señor de la historia. Las dificultades de la vida no podrán derrotar a quien pone toda su confianza en Dios.

 

En La carta a los Corintios se nos expone la nueva humanidad que a través de la muerte de Cristo recobra la vida plena. Cristo murió por todos para que todos tengamos vida por medio de él. El amor de Cristo ha sido tan grande que nos ha rescatado de la muerte y de la esclavitud del pecado, y nos ha hecho partícipes de la vida nueva. Lo antiguo ha sido superado por la muerte y resurrección del Señor.

 

En el evangelio, el llamado relato de la tempestad presenta las dificultades por las que atravesaba la Iglesia primitiva en el contexto del imperio romano. El mar es símbolo de peligro; es una amenaza para quienes viven cerca de él, porque saben que por ahí vienen los perseguidores. La comunidad es esa pequeña nave que navega a la deriva. La fe de muchos naufraga ante las amenazas y las presiones del medio. Entonces es cuando hay que recordar que Jesús no ha abandonado la barca. El navega con ellos. Es capaz de derrotar la tempestad. La certeza de la presencia de Jesús fortalece la frágil fe de la comunidad.

 

Nos sentimos amenazados de muchas formas. La injusticia, la violencia y la corrupción por una parte; el consumismo, el relativismo y el sensualismo por otra. Sentimos la tentación de ceder. Fácilmente caemos en el pesimismo y la resignación. Desistimos de todo esfuerzo y dejamos que la historia empuje la barca a su propio viento. El ambiente nos ahoga y nos sentimos perdidos, desorientados o perplejos. Las palabras de Pablo resultan alentadoras: Cristo murió y resucitó; con él hemos muerto nosotros, y tenemos la firme esperanza de participar en su resurrección. Sólo la certeza de que Jesús camina con nosotros nos puede ayudar a vencer los miedos y las incertidumbres y a “remar mar adentro, hacia aguas profundas”.

 

Temas clásicos relacionados con este tipo de milagros de Jesús, centrados en la acción sobre la naturaleza, que tal vez ya perdieron su aliciente, son los de la posibilidad misma del milagro, las relaciones entre Dios y la naturaleza, y el tema de la oración de petición, cuando la petición se centra en una acción sobre la naturaleza.

 

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Parroquia San José de Calicanto

 

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¿Qué actitud debe tener el católico ante la Biblia? Los consejos de Papa Francisco

 

VATICANO, 19 Jun. 15 / 09:35 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco afirmó hoy en Roma que uno no puede anunciar la Palabra de Dios si antes no la ha vivido. “Para poder anunciar la palabra de verdad, hemos tenido que hacer nosotros mismos la experiencia de la Palabra: haberla escuchado, contemplado, casi tocado con nuestras manos”.

 

Así lo indicó en el discurso que entregó a los miembros de la Federación Bíblica Católica (FEBIC), que desde hace poco tienen como nuevo presidente al Cardenal Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila (Filipinas).

 

En la audiencia, el Santo Padre habló de la necesidad de anunciar esta Palabra y de ayudar a que la gente se encuentre con Cristo. ¿Cómo hacerlo? Tomando la Palabra y venerándola, leyéndola, escuchándola, anunciándola, predicándola, estudiándola y difundiéndola. Por eso invitó a que exista “una preocupación real por el encuentro personal con Cristo que se comunica con nosotros en su Palabra”.

 

El encuentro fue organizado con motivo de la décima asamblea plenaria dedicada al tema “Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros” y al cumplirse 50 años de la promulgación de la Constitución dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum.

 

El Papa aprovechó la ocasión para dar algunas indicaciones sobre cómo los cristianos pueden acercarse a la Palabra.

 

Ellos son “el pueblo adquirido por Dios para anunciar sus alabanza” y “deben en primer lugar, como sugiere Dei Verbum, venerar, leer, escuchar, anunciar, predicar, estudiar y difundir la Palabra de Dios”.

 

Así, “la Iglesia, que proclama la Palabra cada día, recibiendo de ella su alimento e inspiración, se hace beneficiaria y testigo excelente de la eficacia y la potencia inherentes a la misma Palabra de Dios”.

 

Sin embargo, “no somos nosotros, ni nuestros esfuerzos, sino el Espíritu Santo, que actúa a través de los que se dedican a la pastoral y hace lo mismo en los que les escuchan, predisponiendo unos y otros a la escucha de la Palabra anunciada y a la acogida del mensaje de vida”.

 

En el discurso, el Papa también reconoce que aún hay lugares en el mundo donde la Palabra nunca ha sido proclamada o en los que hoy día no es aceptada “como Palabra de salvación”.

 

En estos sitios “hay lugares donde la Palabra de Dios se vacía de su autoridad”.

 

“La falta del apoyo y de la fuerza de la Palabra lleva a un debilitamiento de las comunidades cristianas de antigua tradición y dificulta el crecimiento espiritual y el fervor misionero de las Iglesias jóvenes”, explicó Francisco.

 

Ante esta realidad, “el mensaje corre el riesgo de perder su frescura y no tener el aroma del Evangelio”.

 

Por lo tanto, “sigue siendo válida la invitación a un fuerte esfuerzo pastoral para que emerja el lugar central de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, favoreciendo la animación bíblica de toda la pastoral”.

 

“Debemos asegurarnos de que en las actividades habituales de todas las comunidades cristianas, en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos, haya una preocupación real por el encuentro personal con Cristo que se comunica con nosotros en su Palabra, porque, como enseña San Jerónimo, 'el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo’”.

 

Por último, el Papa destacó que precisamente la misión de los “servidores de la Palabra”, es decir, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, es “promover y facilitar este encuentro, que despierta la fe y transforma la vida; por eso rezo, en nombre de toda la Iglesia, para que cumpláis vuestro mandato: hacer que 'la palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria'' hasta el día de Jesucristo'”.

 

 

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14-06-2015

Domingo XI Ordinario – B

Ez 17,22-24: Ensalzó un árbol humilde

Salmo 91: Es bueno darte gracias, Señor

2Cor 5,6-10: En destierro o en patria nos esforzamos en agradar al Señor

Mc 4,26-34: La semilla más pequeña se hace más alta que las demás hortalizas

La gran virtud de las parábolas es la de superar los obstáculos más obvios e inmediatos del entendimiento. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose a su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal. Las palabras del profeta Ezequiel nos hablan del cedro, un árbol excepcional por su longevidad y por la calidad de su madera. Pablo nos hablará del cuerpo, como un domicilio provisional, y sin embargo imprescindible, para alcanzar una residencia permanente en un cuerpo resucitado.

 

El profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres áridas con cedros que se caracterizan por su tamaño excepcional, por la duración de su madera y por su singular belleza. El nuevo Israel será un rebrote joven plantado en lo alto de los montes de Judá; atrás quedaría la soberbia de la monarquía y todos los peligros de su desmesurada avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y su estirpe perdure como lo hacen los cedros que pueden llegar a durar dos mil años.

 

Las parábolas de Jesús, en cambio, no hablan desde la perspectiva de los árboles grandes, sino de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin derribar la casa ni secar las otras hortalizas. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.

 

La homilía podría orientarse también muy justificadamente, más que por esa línea bíblica, por la línea teológica: el tema del Reino, que es el protagonista de las parábolas de Jesús del evangelio de hoy. En realidad sabemos que el tema del Reino fue... la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Por que fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fe perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús nada hay más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él.

 

[Es importante recordar –sin marcar bien los contrastes históricos caemos en el riesgo de repetir los errores pasados- que el Reino era en realidad un ausente mayor en el cristianismo clásico, incluso en el cristianismo que los hoy día «mayores» aprendimos y vivimos antes del Concilio Vaticano II... En el último milenio de la Iglesia se dio lo que Teófilo Cabestrero denomina «el eclipse del Reino»: la Iglesia prácticamente lo desconoció. Empleaba la palabra, el término, pero confundiéndolo. Típica es la expresión de esta confusión en las palabras del P. Vilariño, jesuita español de principios del siglo XX que sintetizaba su definición de Reino de Dios en aquel triple nivel: el Reino de Dios es el cielo, porque allí es donde Dios puede reinar efectivamente; el Reino de Dios es la Iglesia, porque la Iglesia sería el Reino de Dios en la tierra...; y el Reino de Dios, en tercer lugar, sería la gracia santificante en las almas, pues por medio de ella Dios se hace presente y reina en nuestro interior... Ninguna de estas tres definiciones coincide con lo que el obsesionado Jesús tenía en mente cuando hablaba y soñaba y se exponía por el Reino de Dios...]

 

Hay que subrayar que el tema del Reino de Dios, su redescubrimiento, a partir de ese citado «eclipse del Reino», es sin duda el tema teológico que más ha transformado a la Iglesia –y a la eclesiología y a la teología toda-. Véase la descripción del «Reinocentrismo» (por ejemplo en el libro Espiritualidad de la Liberación, de Casaldáliga-Vigil, disponible en servicioskoinonia.org/biblioteca) para desarrollar el tema dela transformación de la teología y de la espiritualidad con el re-descubrimiento del tema jesuánico del Reino...

 

El Reinocentrismo significa la superación del eclesiocentrismo, que se instaló en la Iglesia bien pronto, en contra de la mentalidad de Jesús. Y no es una «nueva teología», sino el pensamiento mismo de Jesús...

 

Sería vano quedarse en explicaciones simplonas sobre la semilla y los árboles grandes que acogen a todas las aves... sin entrar en lo que realmente significaba para Jesús el tema del Reino, y sin dejar entrever que esa pasión por conseguir la Utopía del Reino por parte de Jesús, es no sólo la ipsissima verba Iesu (las mismísimas palabras de Jesús), sino también la ipsissima intentio Iesu, o sea, la mismísima intención de Jesús, y por tanto Su mismísima Causa, y –permítasenos llevar a término esta argumentación de consecuencias concatenadas- que, por tanto, también debe ser la Causa misma del cristiano. Mostrar esto es, de hecho, el principal objetivo de la homilía...

 

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10 cosas que no sabías de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

12 Jun. 2015 / (ACI).- “Queridos jóvenes, los invito a prepararse, en la escuela del Corazón de Cristo, para afrontar con confianza los compromisos que les esperan en el transcurso de la vida”, decía San Juan Pablo II. Aquí 10 cosas que no sabías sobre la gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

 

1.- El Sagrado Corazón de Jesús aparece con una cruz, espinas y una llama de fuego en referencia al inmenso amor de Cristo por la humanidad y que lo demostró en la cruz. Tiene una herida en el costado por la lanza del soldado romano.

 

2.- La tradición apostólica del Corazón de Cristo proviene desde los primeros tiempos. San Agustín (+430), Padre y Doctor de la Iglesia, un día escribió que San Juan, el que reclinó la cabeza sobre el pecho de Cristo en la última cena, bebió de los "secretos sublimes de las profundidades más íntimas del Corazón de Nuestro Señor".

 

3.- En la edad media San Thierry (+1148) enseñaba que era importante “entrar de lleno en el Corazón de Jesús, en el Santo de los Santos”. Mientras que Santa Clara de Asís (+1253) saludaba muchas veces en el día al Sagrado Corazón en el Santísimo Sacramento.

 

4.- El himno más antiguo al Sagrado Corazón de Jesús es el “Summi Regis Cor Aveto”, que en sus primeras letras habla sobre el saludo que uno hace al corazón del rey altísimo. Se considera que es obra de Herman Joseph (+1241), norbertino de Colonia, Alemania.

 

5.- Hay varias santos que han tenido visiones sobre el Corazón de Jesús: Santa Lutgarda (+1246), Santa Matilde (+1298), Santa Angela de Foligno (+1309), Santa Juliana de Norwich (+1416), Santa Verónica Giuliani (+1727).

 

6.- Santa Gertrudis la Grande (+1302) fue una de las grandes propagadoras de la devoción al Corazón de Jesús. En una de las apariciones, la Santa reposó su cabeza sobre la llaga del costado del Señor y escuchó el palpitar del divino corazón. Luego le preguntó a San Juan por qué no relató esto en su evangelio y el Apóstol le contestó que esta revelación estaba reservada para posteriores tiempos cuando el mundo necesite ser reavivado en el amor.

 

7.- Santa Margarita María de Alacoque (+1690) recibió el siguiente encargo de Jesús: “te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes por él recibidos durante el tiempo que ha permanecido expuesto en los altares”.

 

8.- Después de la extensión oficial para toda la Iglesia de la fiesta del Sagrado Corazón con el Papa Pío IX en 1856, se han escrito las siguientes encíclicas sobre el Corazón de Jesús: “Annum Sacrum” con León XIII, “Miserentissimus Redemptor” de Pío XI y “Haurietis Aquas” por Pío XII.

 

9.- La Fiesta del Inmaculado Corazón de María, que se celebra al siguiente día de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, fue establecida así por el Papa Pío XII en 1944 porque estos dos corazones son inseparables.

 

10.- San Juan Pablo II tenía mucho cariño por el Sagrado Corazón de Jesús y ordenó que en la fiesta del divino corazón se realice la Jornada Mundial de Oración por la Santificación por los Sacerdotes. Asimismo, declaró que la fiesta del Inmaculado Corazón de María es obligatoria en toda la Iglesia universal.

 

 

 

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01-06-2015

Domingo del Corpus Christi – B

Éx 24,3-8: Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con ustedes

Salmo 115: Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor

Heb 9,11-15: La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia

Mc 14,12-16.22-26: Esto es mi cuerpo – ésta es mi sangre

Situada entre dos mares, con sus dos puertos, Corinto era el centro más importante del archipiélago griego, encrucijada de culturas y razas, a mitad de camino entre Oriente y Occidente.

 

Su población estaba compuesta por doscientos mil hombres libres y cuatrocientos mil esclavos. Dicen que Corinto tenía ocho kms. de recinto amurallado, veintitrés templos, cinco supermercados, una plaza central y dos teatros, uno de ellos capaz para veintidós mil espectadores. En Corinto se daban cita los vicios típicos de los grandes puertos. La ociosidad de los marineros y la afluencia de turistas, llegados de todas partes, la habían convertido en una especie de capital de «Las Vegas» del Mundo Mediterráneo. "Vivir como un corintio" era sinónimo de depravación; "corintia" era el término universalmente empleado para designar a las prostitutas, y ya puede uno imaginarse lo que significaba "corintizar".

 

En Corinto, cuya población era muy heterogénea (griegos, romanos, judíos y orientales) se veneraban todos los dioses del Panteón griego. Sobre todos, Afrodita, cuyo templo estaba asistido por mil prostitutas.

 

Hacia el año 50 de nuestra era llegó a esta ciudad Pablo de Tarso. Tras predicar el Evangelio fundó una comunidad cristiana. Durante dieciocho meses permaneció como animador de la misma. Sus feligreses pertenecían a las clases populares (pobres y esclavos), pero también los había de entre la gente notable, por su cultura y por su dinero. Nació así una de las comunidades cristianas primitivas más conflictivas.

 

Cuando Pablo, por exigencias de su trabajo misionero, se marchó de Corinto, se declaró en su seno una verdadera lucha de clases que se manifestaba vergonzosamente en la celebración de la Eucaristía. Los nuevos cristianos, ricos y pobres, libres y esclavos, convivían, pero no compartían; eran insolidarios. A la hora de celebrar la Eucaristía (por aquel entonces se trataba simplemente de comer juntos recordando a Jesús) se reunían todos, pero cada uno formaba un grupo con los de su clase social, de modo que "mientras unos pasaban hambre, los otros se emborrachaban" (1 Cor 11,l7ss). (¡Qué actual es todo esto!).

 

Desde Éfeso, Pablo les dirigió una dura carta para recordarles qué era aquello de la Eucaristía, lo que Jesús hizo la noche antes de ser entregado a la muerte, cuando, «mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo. 23Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias, se la pasó y todos bebieron. 24Y les dijo: Esto es la sangre de la alianza mía que se derrama por todos».

 

Sería malentender a Jesús que lo que estaba haciendo era mandar ir a misa y comulgar, un rito que en nada complica la vida. Rito que no sirve para nada si, antes de misa, no se toma el pan -símbolo de nuestra persona, nuestros bienes, nuestra vida entera- y se parte, como Jesús, para repartirlo y compartirlo con los que son nuestros prójimos cotidianos.

 

[Impresiona visitar las iglesias y comprobar la diversidad de clases sociales que alojan. Todas tienen cabida en ellas, sin que se les exija nada a cambio. El rico entra rico y el pobre, pobre, y salen los dos igual que entran. En circunstancias similares a las que concurren en muchas misas dominicales, Pablo dijo a los feligreses de Corinto: "Es imposible comer así la cena del Señor". Dicho de otro modo, "así no vale la eucaristía", pues la cena del Señor iguala a todos los comensales en la vida, y comulgar exige, para que el rito no sea una farsa, partir, repartir y compartir.

 

La lucha de clases, como en Corinto, se ha instalado en nuestras eucaristías. Y donde ésta existe no puede ni debe celebrarse la cena del Señor. Los israelitas en el desierto comprendieron bien que la alianza entre Dios y el pueblo los comprometía a cumplir lo que pide el Señor, sus mandamientos. Jesús, antes de partir, celebra la nueva alianza con su pueblo y le deja un único mandamiento, el del amor sin fronteras. Éste es el requisito para celebrar la eucaristía: acabar con todo signo de división y desigualdad entre los que la celebran].

 

Habrá que recuperar, por tanto, el significado profundo del rito que Jesús realiza. «La sangre que se derrama por ustedes» significa la muerte violenta que Jesús habría de padecer como expresión de su amor al ser humano; «beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él a dar la vida, si fuese necesario, por los otros. Y esto es lo que se expresa en la eucaristía; ésta es la nueva alianza, un compromiso de amor a los demás hasta la muerte. Quien no entiende así la eucaristía, se ha quedado en un puro rito que para nada sirve.

 

Una mala interpretación de las palabras de Jesús ha identificado el pan con su cuerpo y el vino con su sangre, llegándose a hablar del milagro de la «transustanciación o conversión del pan en el cuerpo y del vino en la sangre de Cristo». Los teólogos, por lo demás, se las ven y se las desean para explicar este misterio. Como si esto fuera lo importante de aquel rito inicial. El significado de aquellas palabras es bien diferente: «En la cena, Jesús ofrece el pan («tomad) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en gr. soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. El evangelista no indica que los discípulos coman el pan, pues todavía no se han asimilado a Jesús, no han digerido su forma de ser y de vivir, haciéndola vida de sus vidas. Al contrario que el pan, Jesús da la copa sin decir nada y, en cambio, se afirma explícitamente que «todos bebieron de ella». Después de darla a beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». La sangre que se derrama significa la muerte violenta o, mejor, la persona en cuanto sufre tal género de muerte. «Beber de la copa» significa, por tanto, aceptar la muerte de Jesús y comprometerse, como él, a no desistir de la actividad salvadora (representada por el pan) por temor ni siquiera a la muerte. «Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía. Tal vez nosotros la hayamos reducido al misterio -por lo demás bastante difícil de entender y explicar- de la conversión del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

 

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Parroquia San José de Calicanto

 

·         Ya se están reuniendo todos los jueves a las 6:30pm el equipo de cursillos de San José de Calicanto. Invitamos a todos los cursillistas de nuestra parroquia a que se nos unan y retomar el camino andado.

·         Felicitamos a nuestros hermanos Ernesto y Yulia, los cuales han sido elegidos para participar en el Congreso Mundial de Familia a celebrarse en la ciudad de Pensilvania. Nos llena de orgullo y satisfacción el poder saber que nuestros esfuerzos en formar laicos preparados para el tercer milenio está dando los frutos que Dios pide.

·         Próxima escuela de apologética cristiana con el Padre Luis Toro el 29 y 30 Agosto 2015. Valor de la entrada 200 BF p/p. Entradas próximamente a la venta.

 

8 consejos de los santos para amar la Eucaristía

 

La Iglesia siempre ha destacado la presencia real del Señor en el Santísimo Sacramento y por varios siglos se ha animado el amor a este gran milagro de Dios. A continuación, 8 consejos de los santos sobre la Eucaristía.

 

1.- "La Eucaristía produce una transformación progresiva en el cristiano. Es el Sol de las familias y de las Comunidades". Santo Tomás de Aquino.

 

2.- "Señor, tú alegras mi mente de alegría espiritual. Cómo es glorioso tu cáliz que supera todos los placeres probados anteriormente”. San Agustín.

 

3.- "Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Misa”. San Francisco de Asís.

 

4.- "Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día”. San Alfonso María de Ligorio.

 

5.- "La oración, unida con ese divino sacrificio de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores como apoyada sobre su Amado". San Francisco de Sales.

 

6.- "La Santa Eucaristía es la perfecta expresión del amor de Jesucristo por el hombre, es la quinta esencia de todos los misterios de su vida”. Santa María Goretti.

 

7.- "Antes de la Comunión... suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones”. San Luis María Griñón de Monfort.

 

8.- "Acabando de recibir al Señor, pues tenéis la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma, y miraros al corazón”. Santa Teresa de Jesús.

 

 

 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

www.elrincondelcura.blogspot.com

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24-05-2015

Domingo de Pentecostés – B

Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Salmo 103: Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra

1Cor 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu

Jn 20,19-23: Reciban el Espíritu Santo

Cualquier gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel: pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, pluralidad de ideas, pluralidad de estilos de vida y problemas inmensos de intolerancia e incomprensión entre los que la habitan. ¿Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación está volviéndose especialmente problemática en los países desarrollados, pero también en las grandes ciudades de todo el mundo. Inmigrantes del campo, del interior, de otras provincias o países que lo dejan todo para buscar un trabajo, un hogar, un lugar donde recibir sustento y calidad de vida. A la desesperada son cada día más los que abandonan su país para tocar a la puerta de los países desarrollados, aunque para ello haya que surcar mares tenebrosos en barcas desamparadas. Llegar a la otra orilla es la ilusión... Y cuando llegan, si es que los dejan entrar, comienza un verdadero calvario hasta poder situarse al nivel de los que allí viven. Nuestro mundo se ha convertido ya en paradigma de la torre de Babel, palabra que significaba «puerta de los dioses». Así se denominaba la ciudad, símbolo de la humanidad, precursora de la cultura urbana. Una ciudad en torno a una torre, una lengua y un proyecto: escalar el cielo, invadir el área de lo divino. El ser humano quiso ser como Dios (ya antes lo había intentado en el paraíso a nivel de pareja, ahora a nivel político) y se unió (-se uniformó-) para lograrlo.

 

Pero el proyecto se frustró: aquél Dios, celoso desde los comienzos del progreso humano, confundió (en hebreo, "balal") las lenguas y acabó para siempre con la Puerta de los dioses ("Babel"). Tal vez nunca existió aquel mundo uniformado; quizá fue sólo una tentadora aspiración de poder humano. Después del castigo divino, las diferentes lenguas fueron el mayor obstáculo para la convivencia, principio de dispersión y de ruptura humana. El autor de la narración babélica no pensó en la riqueza de la pluralidad e interpretó el gesto divino como castigo. Pero hizo constar, ya desde el principio, que Dios estaba por el pluralismo, diferenciando a los habitantes del globo por la lengua y dispersándolos.

 

Diez siglos después de escribirse esta narración del libro del Génesis, leemos otra en el de los Hechos de los Apóstoles. Tuvo lugar el día de Pentecostés, fiesta de la siega en la que los judíos recordaban el pacto de Dios con el pueblo en el monte Sinaí, «cincuenta días» (=«Pentecostés») después de la salida de Egipto.

 

Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=«ruah»: aire, aliento vital, respiración) Santo (=«hagios»: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.

 

Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de "ruidos extraños"; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice "lenguas diferentes". Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.

 

Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín "concertare": debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. "Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios". Dios hacía posible el milagro de entenderse.. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso.

 

Y la venida del Espíritu significó para aquel puñado de discípulos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron. Nació una comunidad humana, libre como viento, como fuego ardiente. No sin razón dice Pablo: "Donde hay Espíritu de Dios hay libertad", y donde hay libertad, autonomía (el ser humano -y su bien- se hacen ley), y donde hay autonomía, se fomenta la pluralidad y la individualidad, como camino de unidad, y resplandece la verdad, porque el Espíritu es veraz y nos guiará por el camino de la verdad, de la autenticidad, de la vida, como dice Juan en su evangelio. Que venga un nuevo Pentecotés sobre nuestro mundo –es nuestra oración- para acabar con esta ola de intolerancia e intransigencia que nos invade por doquier.

 

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Parroquia San José de Calicanto

 

·         Invita los días 30 y 31 de Mayo a la Segunda Escuela de formación apologética con el P. Luis Toro. Coste de la escuela 100 Bf p/p. Entradas a la venta ya. Todos pueden asistir y formarse en la fe católica. Los hermanos cristianos protestantes que quieran asistir serán bienvenidos y su entrada es gratuita.

·         Hoy domingo 24 de mayo estaremos celebrando la gran misa de Pentecostés, celebrando la venida del Espíritu Santo. Te invitamos a nuestra parroquia de San José a las 10am donde estaremos orando por los enfermos y pidiendo a Dios el don del Espiritu Santo. Asiste!!!!! Te esperamos!!!!

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Papa Francisco: Jesús mira de tres maneras, ¿cómo te mira a ti?

 

VATICANO, May. 2015/(ACI/EWTN Noticias).- Para el Papa Francisco en el Evangelio se pueden encontrar tres miradas diferentes: de elección, de arrepentimiento y de misión. Así lo dijo en la homilía de la Misa que presidió en Santa Marta este viernes al comentar el Evangelio del día.

En referencia a San Pedro, concretó cuáles son: “la primera mirada, la mirada de la elección, con el entusiasmo de seguir a Jesús, la segunda, la mirada del arrepentimiento en el momento de haber pecado tan gravemente negando a Jesús; la tercera mirada es el de la misión: 'Apacienta a mis ovejas', apacienta a mis ovejas”.

 

Y puso una tarea para este día: pensar “en la mirada de Jesús sobre mí” y releer este diálogo con el Señor.

 

“También nosotros podemos pensar: ¿Cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí?, ¿cómo me mira Jesús?, ¿con una llamada?, ¿con un perdón?, ¿con una misión? Sobre el camino que Él ha hecho todos estamos bajo la mirada de Jesús. Él nos mira siempre con amor. Nos pide algo, nos perdona lo que sea y nos da una misión”.

 

“Entonces Jesús viene sobre el altar. Cada uno de nosotros piensa: 'Señor, Tú estás aquí, entre nosotros. Fija tu mirada sobre mí y dime que debo hacer; cómo debo llorar mis errores, mis pecados; cuál debe ser la valentía con la que tengo que caminar hacia adelante en el camino que Tú has hecho antes”.

 

El Papa recordó que al comienzo del Evangelio de San Juan, cuando Andrés acude donde su hermano Pedro y le dice: “Hemos encontrado al Mesías”, hay una mirada de entusiasmo. Cuando Jesús fija su mirada en él y le dice: “Tú eres Simón y serás llamado Pedro” ocurre algo parecido. “Es la primera mirada, la mirada de la misión”. Se trata de la “primera mirada: la vocación es un primer anuncio de la misión”. “¿Cómo es el alma de Pedro en esta primera mirada? Entusiasta. Es el primer tiempo de ir con el Señor”.

 

Después, el Pontífice explicó el “arrepentimiento”. Para ello retornó al Jueves Santo, cuando Pedro niega a Jesús tres veces: “Ha perdido todo. Ha perdido” y cuando el Señor le mira y cruzan su mirada, llora.

 

“El Evangelio de Lucas dice: 'Y Pedro lloró amargamente'. El entusiasmo de seguir a Jesús se ha convertido en llanto, porque él ha pecado: él ha renegado de Jesús”.

 

El Papa explicó que “esa mirada cambia el corazón de Pedro, más que antes. El primer cambio es el del nombre y el de su vocación. Esta segunda mirada es una mirada que cambia el corazón y un cambio de conversión al amor”.

 

El Papa indicó que luego está la mirada del encuentro después de la resurrección: “Sabemos que Jesús encontró a Pedro”, pero “no sabemos qué se han dicho”.

 

Sobre la “misión”, el Papa Francisco dijo que “es también la mirada en la que Jesús” le pide a Pedro confirmar el amor hacia Él. Se lo pregunta tres veces, y en la última Pedro “parece triste, casi llora”.

 

“Triste porque por tres veces le preguntó '¿Me quieres?'. Y le dijo: 'Pero Señor, Tú lo sabes todo. Sabes que te quiero'. Respondió Jesús: 'Apacienta a mis ovejas'. Esta es la tercera mirada, la mirada de la misión”.

 

Después, el Santo Padre pidió dejarse mirar por Jesús, ya que “no acaba ahí”, porque “Jesús va más allá”.  El Señor predice a Pedro que también él deberá seguirlo por el camino de la Cruz.

 

Finalmente, el Papa invitó a los fieles a releer este diálogo con el Señor pues “nos hará bien” pensar “en la mirada de Jesús sobre mí”.

 

 

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

www.elrincondelcura.blogspot.com

ramoncrespo1966@gmail.com
 

17-05-2015

Domingo VI Pascua – B

Fiesta de la Ascensión del Señor

Hch 1,1-11: Se elevó a la vista de ellos

Salmo 46: Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas

Ef 1,17-23: Lo sentó a su derecha en el cielo

Mc 16,15-20: Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios

Qué gráfica tan elocuente esa imagen de dos alpinistas, padre e hijo, cuando el primero le dice: “Ha llegado la hora de la verdad, y tienes que escalar por ti mismo y con tus propios medios”. Y, el hijo, comienza el ascenso recordando las enseñanzas del padre. No menos llamativa aquella otra de un niño que, aprendiendo a nadar, el monitor le sugería: “Es el momento de que cruces la piscina por ti mismo y sin mi mano”. El niño, sin olvidarse de las indicaciones que le dio el maestro, lograba alcanzar el otro lado de las aguas.

 

1.- Estamos celebrando la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Lo hacemos con la convicción de que, Jesús, está siempre al otro lado. De que nos acompaña hasta el último día de nuestro mundo. Tendremos luchas, saldrán a nuestro encuentro dificultades, numerosas naciones darán la espalda a una religión cristiana que ha sido el cuño y la identidad de su historia. Pero, el Señor, no nos abandona. En todo caso, como siempre ha sido, después de la noche oscura (también en la Iglesia) amanecerá el sol y con más fuerza.

 

Nos duele que, el Señor, no escuche el clamor de muchos de nosotros cuando –entre otras cosas- le pedimos que tutele este momento incierto que estamos viviendo (secularismo, tibieza en la fe, falta de coherencia en muchos cristianos, políticos que esconden toda raíz cristiana e incluso legislan en contra de ella). Nos conmueven escenas de cristianos masacrados y cercenados ante un mundo occidental extremadamente silencioso. Una sociedad que grita, hipócritamente, cuando mueren 15 franceses por unas viñetas, y calla cuando son degollados cientos de miles de cristianos (por cierto antes son personas que cristianos y con todos los derechos que ello implica).

 

¿Dónde estás, oh Dios? ¿Dónde está tu mano, Señor? Nos dijiste que estarías con nosotros hasta el final de los tiempos. ¿Te has ido y pones a prueba nuestra paciencia, nuestra fe o nuestra debilidad?

 

2.- Aún en medio de esa noche oscura (tal vez lo hemos tenido demasiado fácil últimamente para vivir o expresar la fe) en la Iglesia de nuevo hemos de retomar el impulso evangelizador. Seremos menos populares y tendremos que dejar de ser tan populistas para presentar, con todas las consecuencias, lo qué es una fe cristiana seria, convencida, transparente y comprometida. Tal vez, por ello mismo, tendremos que mirar más a Cristo y no tanto a las estructuras humanas. Tal vez, por ello mismo, tendremos que agarrarnos a lo genuino del evangelio desprendiéndonos de toda hojarasca que, dentro y fuera, nos impide ver con todas las consecuencias lo qué significa y comporta el llevar sello cristiano. O, tal vez, tendrán que venir otros evangelizadores y cristianos –más valientes y coherentes que nosotros- para cubrir un espacio que nosotros, por cobardía, lo políticamente correcto o el miedo al qué dirán hemos sido incapaces de conquistar.

 

3. La Ascensión del Señor, hoy sobre todo, nos invita mirar hacia el cielo. Pero no para desearlo como salida y fin de nuestros sufrimientos o válvula de escape sino para seguir combatiendo, hoy y aquí, con la misma fuerza y persuasión de Aquel que hoy se nos va pero nos asegura su mano, su presencia y su voluntad de no abandonarnos anímica ni eclesialmente.

 

El Señor no se ha ido. Se ha quedado en cada uno de nosotros. En cada padre o madre que, lejos de dormirse en un ambiente relativista y peligroso, transmite las verdades más fundamentales del credo. En cada sacerdote que, lejos de asustarse ante un mundo que no le comprende y le exige demasiado, presenta sin temor lo que considera primordial y no secundario. El Señor se ha quedado en esta Iglesia que, a pesar de sus contradicciones, sigue manteniendo viva la llama de la esperanza en medio de un caos y de una sociedad incapaz de soportarse a sí misma. Una Iglesia que, si dijera lo contrario, tendría más aplausos pero seguiría sin convencer a muchos porque, hoy y siempre, tendrá rechazos por lo que dice y por lo que no dice, por lo que hace y por lo que no hace. Y es que, la Iglesia, no está para hacer del mundo un cielo a nuestra manera sino para recordarnos que, esta tierra nuestra, puede ser un pequeño cielo pero como Dios manda. Lo contrario….es más de lo mismo.

 

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Papa Francisco insiste en defender a familias de “colonizaciones ideológicas”

VATICANO, 15 May. 15 / 07:15 pm (ACI/EWTN Noticias).- “Es clave que la familia sea protegida y defendida”, afirmó este viernes el Papa Francisco al recibir a los obispos de la Conferencia Episcopal Centroafricana en visita ad limina, para exhortarlos a prestar atención a la pastoral matrimonial y a no desanimarse ante las resistencias de tradiciones culturales o la propagación de las “nuevas colonizaciones ideológicas” que buscan destruir a esta institución.

 

En el discurso entregado a los prelados, el Santo Padre dijo que “es clave que la familia sea protegida y defendida para que brinde a la sociedad el servicio que se espera de ella, es decir, dar hombres y mujeres capaces de construir un tejido social de paz y armonía”.

 

Por ello, “no puedo por menos que instarlos a ustedes a prestar a la pastoral del matrimonio la atención que merece, y a no desanimarse ante las resistencias causadas por las tradiciones culturales, la debilidad humana o las nuevas colonizaciones ideológicas que se propagan en todas partes”.

En el texto, el Papa escribe también que las familias “son las primeras víctimas de la violencia y con frecuencia se desestabilizan o destruyen por el alejamiento de un miembro, de un duelo, de la pobreza, de la discordia o de las separaciones...”.

 

Y “no solo las familias son el lugar privilegiado para el anuncio de la fe y la práctica de las virtudes cristianas y la cuna de muchas vocaciones sacerdotales y religiosas, sino también el lugar propicio para el aprendizaje y la práctica de la cultura del perdón, la paz y la reconciliación que su país tanto necesita”.

 

Sobre la población del país, aseguró que “sé los sufrimientos que ha vivido y que todavía vive, así como los innumerables testimonios de fe y fidelidad que los cristianos han rendido al Cristo resucitado en múltiples ocasiones. Me interesa particularmente todo lo que han hecho sus comunidades en favor de las víctimas de la violencia y de los refugiados”.

 

Pidió a los obispos no olvidar que “cuando parecen triunfar el mal y la muerte, es cuando emerge la esperanza de una renovación construida sobre Cristo”.

 

“Cuando el odio y la violencia se desatan, estamos llamados a responder con el perdón y el amor”, escribe en el mensaje.

 

Pero, “si, por desgracia, no siempre ha sido así en los recientes acontecimientos que han vivido, esto es una señal de que el Evangelio no ha penetrado profundamente en todo el corazón del pueblo de Dios, hasta el punto de cambiar los reflejos y los comportamientos”.

 

Por eso “no se desanimen por la tormenta que están atravesando; al contrario, encuentren, en la fe y la esperanza, la fuente del entusiasmo y del dinamismo”.

 

La formación cristiana y la profundización de la fe a todos los niveles deben ser para los obispos “objetivos prioritarios para que el Evangelio impregne de verdad la vida de los bautizados por el bien no sólo de las comunidades cristianas, sino de toda la sociedad centroafricana”.

 

“Ustedes tienen que jugar un papel profético insustituible en el proceso de transición institucional en curso, recordando y testimoniando los valores fundamentales de la justicia, la verdad, la honestidad, que son la base de toda renovación, y promoviendo el diálogo y la convivencia pacífica entre los miembros de diferentes religiones y etnias, fomentando la reconciliación y la cohesión social que son claves para el futuro”.

 

A su vez, les recordó que están llamados “a formar la conciencia de los fieles; e incluso la de todo el pueblo, porque su voz es escuchada y respetada por todos. Es así como deben ocupar el lugar que les corresponde en la evolución actual, evitando entrar directamente en las disputas políticas”.

 

En cambio, deben formar y animar “a los laicos, convencidos de su fe y sólidamente formados en la Doctrina Social de la Iglesia, a participar en el debate político y asumir responsabilidades” lo que hará que “transformen poco a poco la sociedad de acuerdo con el Evangelio y prepararen ustedes un futuro feliz para su gente”.

 

Como es habitual, en el texto el Papa hace también mención a la formación de los seminaristas y sacerdotes y les agradece a ellos y a los religiosos el testimonio que rinden incluso en las situaciones más difíciles.

 

 

 

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10-05-2015

Domingo VI Pascua – B

Hch 10,25-26.34-35.44-48: El don del Espíritu se ha derramado también sobre los gentiles

Salmo 97: El Señor revela a las naciones su salvación

1Jn 4,7-10: Dios es amor

Jn 15,9-17: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

La imagen de la vid y los sarmientos es empleada por Juan para hacer referencia a la necesidad que tiene la comunidad cristiana de estar con Jesús, especialmente en los momentos de crisis y de persecución. Este texto es un llamado urgente a la comunidad del discípulo amado a mantenerse firme en el proyecto alternativo iniciado por Jesús, tal como los sarmientos se deben a la vid, con el fin de permanecer vivos y fecundos.

 

Dentro de este pasaje encontramos uno de los dichos más frecuentes en el evangelio de san Juan: “Yo Soy”; este dicho tiene una característica particular en el texto que leemos hoy; no sólo se refiere a Jesús (Yo soy la Vid), sino que se hace extensivo a los discípulos (Ustedes son los sarmientos), lo cual nos indica, por medio de la terminología “yo soy/ustedes son”, la relación viva entre Jesús y sus seguidores, entre Dios y su Pueblo, a ejemplo del Antiguo Testamento en donde vemos a Israel como la viña de Dios (Cfr. Is 5,1-7). Siguiendo este esquema propuesto por el AT, Jesús es la Vid y sus seguidores, el Nuevo Israel. La unión íntima de Jesús con el Padre lo convierte en una vid fecunda, viva y radiante, a diferencia de Israel, que muchas veces se separó de Dios, perdiendo su identidad como pueblo elegido. La comunidad de discípulos se convierte entonces en el Nuevo Israel, en los nuevos sarmientos de la vid llamados a ser fieles, para que no sean separados de Jesús y no se sequen y se consuman en el fuego.

 

Como podemos ver, la permanencia, la vitalidad y la fecundidad de los sarmientos/creyentes, dependen totalmente de la unión a la vid; dependen de la fidelidad a Jesús. Sin Jesús la comunidad de discípulos es estéril; separados de él no pueden hacer nada, no tienen razón de ser en el mundo; al separarse de la fuente de la vida sólo sirven para alimentar el fuego. Pero, si se mantienen unidos al Señor, darán fruto y serán premiados con la salvación venida del mismo Dios.

 

De los frutos de esa permanencia fiel a Jesús nos habla Juan en su primera carta, afirmando que el amor y el creer son las consecuencias del pertenecer a la vid verdadera. El creyente que dice amar debe expresarlo en sus obras con espíritu de verdad; debe amar con sinceridad, con transparencia, con buena voluntad, con un corazón humilde que transparente la bondad y la misericordia de Dios para con sus hijos. Los frutos de la vinculación íntima con Jesús se expresan en la disposición de cada uno de los creyentes a guardar y vivir los mandamientos y a hacer lo que es agradable a Dios.

 

Es urgente para la Iglesia de hoy, con sus luces y sus sombras, aferrarse mucho más al que es la Vid Verdadera, con el fin de dar los frutos propios de su vocación: creer fielmente en Jesús resucitado y amar apasionadamente a la humanidad. Estos dos rasgos de la Iglesia son fundamentales para que realmente sea ella testigo de la voluntad más entrañable de Dios, que consiste en acercar cada vez más a la humanidad, por medio del amor incondicional a los demás, a la salvación y a la liberación. La Iglesia libera y salva del egoísmo y de la muerte cuando hace creíble en el mundo el mandamiento del amor. Cuando la Iglesia tiene como prioridad el amor, evidenciado en sus obras, está demostrando que se ha mantenido fiel a su Maestro y que, por lo mismo, tiene sentido en el mundo; si no ama, si no es solidaria con la causa de los débiles quiere decir que se ha apartado de su Señor y, como consecuencia de ello, será tirada “afuera como el sarmiento, y se secará”.

 

La primera lectura de este domingo, el famoso episodio de la visita de Pedro a Cornelio, en el capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles, refleja simbólicamente un momento importante del crecimiento del «movimiento de Jesús»: su transformación en una comunidad abierta, transformación que le llevará más allá del judaísmo en el que nació. Dejará de identificarse con una religión étnica, una religión casada con una etnia y su cultura, religión étnica que se tenía por la elegida, y que miraba a todas las demás por encima del hombro considerándolas «los gentiles», dejados de la mano de Dios. Es un tema muy importante, y relativamente nuevo, en todo caso, desatendido por la teología tradicional. Para una homilía puede merecer la pena, más que insistir en el tema eterno del amor...

 

El pasaje se presta además para toda una lección de teología. Es bueno recomendar a los oyentes que no se queden con la referencia entrecortada que habrán escuchado en la lectura (una selección de unos cuantos versículos salteados), sino que la lean en casa despacio (sin más: “el capítulo 10” de los Hechos, y que saquen sus conclusiones. También se puede recomendar a los grupos e estudio de la comunidad parroquial que lo tomen para su estudio.

 

Pedro ni sus compañeros de comunidad, todavía no se llamaban «cristianos»... eran simplemente judíos conmovidos por la experiencia de Jesús. Y observaban todas las leyes del judaísmo. Una de ellas era la de no mezclarse con «los gentiles». Y eran leyes sagradas, que eran normalmente observadas por todos, y cuyo incumplimiento implicaba incurrir en «impureza» y obligaba a molestas prácticas de purificación.

 

Pero Pedro da varios saltos hacia adelante. En primer lugar deja de considerar profano o impuro a ninguna persona, a pesar de que se lo mandaba la ley; es como el levantamiento de una condenación de impureza que pesaba sobre las “otras” religiones desde el punto de vista del judaísmo. Y en segundo lugar «cae en la cuenta» de que Dios no puede tener acepción de personas, ni de religiones, sino que no hace diferencia entre las personas según su etnia o su cultura-religión: acepta a quien practica la justicia, sea de la nación que sea. Es un salto tremendo el que dio Pedro.

 

 Respecto al primer punto, de la valoración negativa de las demás religiones, en la historia subsiguiente se retrocedería: se llegaría a pensar que las otras religiones serían... no sólo inútiles, sino falsas, o incluso negativas, hasta diabólicas. Por poner sólo un ejemplo: el primer catecismo que se escribió en América Latina, nada menos que por el profético Pedro de Córdoba, superior de la comunidad dominica de Antonio Montesinos, declara en su primera página: «Sabed y tened por cierto que ninguno de los dioses que adoráis es Dios ni dador de vida; todos son diablos infernales».

 

Respecto al segundo punto, la «no acepción de personas por parte de Dios en lo que se refiere a razas, culturas y religiones», o lo que es lo mismo, la igualdad básica ante Dios de todos los seres humanos –incluyendo todas sus culturas y religiones-, hoy mismo continuamos en retroceso con relación a Pedro: la posición oficial de la Iglesia católica dice que las «otras» religiones «están en situación salvífica gravemente deficitaria» (Dominus Iesus 22).

 

Paradójicamente, la posición de Pedro en los Hechos de los Apóstoles resulta más afín a la mentalidad de hoy que nuestra teología oficial actual. Es por ello por lo que, en este domingo, confrontarse con la Palabra de Dios puede traducirse en una aplicación concreta a nuestras maneras de pensar respecto a las otras religiones. En el guión subsiguiente proporcionamos algunas cuestiones para un tratamiento pedagógico del tema.

 

 El evangelio de hoy, de Juan, es el del mandamiento nuevo, el mandamiento del amor. Pocas palabras deben saturamos tanto en el lenguaje cotidiano como ésta: «amor». La escuchamos en la canción de moda, en la conductora superficial de un programa de televisión (tan superficial como su animadora), en el lenguaje político, en referencia al sexo, en la telenovela (más superficial aún que la animadora, si eso es posible)... Se usa en todos los ámbitos, y en cada uno de ellos significa algo diferente. ¡Pero, sin embargo, la palabra es la misma!

 

El amor en sentido cristiano no es sinónimo de un amor «rosado», sensual, placentero, dulzón y sensiblero del lenguaje cotidiano o posmoderno. El amor de Jesús no es el que busca su placer, su «sentir», o su felicidad sino el que busca la vida, la felicidad de aquellos a quienes amamos. Nada es más liberador que el amor; nada hace crecer tanto a los demás como el amor, nada es más fuerte que el amor. Y ese amor lo aprendemos del mismo Jesús que con su ejemplo nos enseña que «la medida del amor es amar sin medida».

 

Aquí el amor es fruto de una unión, de «permanecer» unidos a aquel que es el amor verdadero. Y ese amor supone la exigencia -«mandamiento»- que nace del mismo amor, y por tanto es libre, de amar hasta el extremo, de ser capaces de dar la vida para engendrar más vida. El amor así entendido es siempre el «amor mayor», como el que condujo a Jesús a aceptar la muerte a que lo condenaban los violentos. A ese amor somos invitados, a amar «como» él movidos por una estrecha relación con el Padre y con el Hijo. Ese amor no tendrá la liviandad de la brisa, sino que permanecerá, como permanece la rama unida a la planta para dar fruto. Cuando el amor permanece, y se hace presente mutuamente entre los discípulos, es signo evidente de la estrecha unión de los seguidores de Jesús con su Señor, como es signo, también, de la relación entre el Señor y su Padre. Esto genera una unión plena entre todos los que son parte de esta «familia», y que llena de gozo a todos sus miembros donde unos y otros se pertenecen mutuamente aunque siempre la iniciativa primera sea de Dios.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL  LOCAL

 

Parroquia San José de Calicanto

 ·         Invita los días 30 y 31 de Mayo a la Segunda Escuela de formación apologética con el P. Luis Toro. Coste de la escuela 100 Bf p/p. Entradas a la venta ya. Todos pueden asistir y formarse en la fe católica. Los hermanos cristianos protestantes que quieran asistir serán bienvenidos y su entrada es gratuita.

 

 

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03-05-2015

Domingo V Pascua – B


Hch 9,26-31: Les contó cómo había visto al Señor en el camino

Salmo 21: El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

1Jn 3,18-24: Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos

Jn 15,1-8: El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante

Para entender bien este texto es necesario saber que tanto la vid (o las uvas) o como la higuera (o los higos) son símbolos del pueblo de Dios en el AT. Así, el profeta Oseas (9,10), refiriéndose al pueblo, dice: "Como uvas en el desierto encontré a Israel, como breva en la higuera descubrí a vuestros padres". Jeremías (24,1-10) cuenta una visión con estas palabras: "El Señor me mostró dos cestas de higos... una tenía higos exquisitos, es decir, brevas; otra tenía higos muy pasados, que no se podían comer". Los higos exquisitos aparecen como figura de los desterrados fieles a Dios; los «muy pasados que no se podía comer» son figura del rey, sus dignatarios y el resto de Jerusalén que han quedado en Palestina o residen en Egipto (v. 8).

 

Pero tanto la vid (que da agrazones en lugar de uvas) como la higuera (abundante en hojas, pero sin frutos) son figura del pueblo judío y de sus gobernantes, que no se han mantenido fieles a Dios. El fruto que Dios esperaba de Israel era el cumplimiento de las dos exigencias fundamentales de la Ley: el amor a Dios y el amor al prójimo como a sí mismo (12,28-31). Practicar ese amor, encarnado, según Is 5,7 (cf. Mc 12,1-2), en la justicia y el derecho, era la tarea preparatoria de la antigua alianza en relación con el reinado de Dios prometido. Sin embargo este pueblo no ha dado los frutos deseados a lo largo de la historia. Así Jeremías (8,4-13), después de constatar la corrupción de Jerusalén, que, a pesar de todo, se gloría de la Ley, termina descorazonado diciendo: «Si intento cosecharlos, oráculo del Señor, no hay racimos en la vid ni higos en la higuera».

 

El texto completo de este pasaje del profeta ilumina el sentido de la esterilidad: "Así dice el Señor: «¿No se levanta el que cayó?, ¿no vuelve el que se fue? Entonces, ¿por qué este pueblo de Jerusalén ha apostatado irrevocablemente? Se afianza en la rebelión, se niega a convertirse. He escuchado atentamente: no dice la verdad, nadie se arrepiente de su maldad diciendo: «¿Qué he hecho?». Todos vuelven a su extravío... mi pueblo no comprende el mandato del Señor. ¿Por qué decís: «Somos sabios, tenemos la Ley del Señor»?, si la ha falsificado la pluma falsa de los escribanos... Del primero al último sólo buscan medrar; profetas y sacerdotes se dedican al fraude".

 

Semejante es el lamento de Miq 7,1ss: "¡Ay de mí! Me sucede como al que rebusca terminada la vendimia: no quedan uvas para comer, ni brevas que tanto me gustan". La decepción del profeta proviene de que los piadosos y justos han desaparecido de la tierra y todos cometen malas acciones. A la higuera-Israel la conmina Jesús en el evangelio de Marcos de este modo: «Nunca jamás coma ya nadie fruto de ti».

 

No le lanza una maldición que le desee directamente la muerte o algún mal.

 

Jesús no expresa odio o aborrecimiento hacia la higuera-institución. De hecho, no le dice: "No produzcas fruto", ni tampoco anuncia que no encontrarán fruto en ella, condenándola a la esterilidad. Le dice: "Nunca jamás coma ya nadie fruto de ti". Expresa así Jesús el deseo vehemente de que ninguna persona, judía o no, recurra para su alimento-vida a la higuera-institución o dependa de ella; quiere que la humanidad repudie su doctrina y su ejemplo; que nadie busque nada en ella ni acepte nada de ella; que quede aislada al margen de la sociedad humana, y termine así su papel histórico.

 

El juicio tan tajante de Jesús sobre el templo y la institución, que los presenta como el prototipo de lo aborrecible, se debe a que ésta ha sido infiel a la misión que Dios le había asignado, en dos aspectos diferentes que serán explicitados en la perícopa siguiente: hacia fuera ha traicionado el universalismo que debía encarnar, y hacia dentro del pueblo se ha convertido en instrumento de explotación.

 

Con ello, siendo la institución judía con el templo la única representante en la tierra del verdadero Dios, deforma su imagen, convirtiéndolo en un Dios particularista y legitimador de la injusticia. Apaga así el faro que debía iluminar a la humanidad y cancela todo horizonte de esperanza. Es el juicio del Mesías sobre las instituciones de Israel. Constata el fracaso de la antigua alianza y, por su parte, declara el fin de la misión de Israel en la historia.

 

Como se ve, las palabras de Jesús no tendrán efecto más que si los cada uno siguiendo su deseo, renuncia a buscar alimento en la higuera, es decir, si dejan de profesar la ideología que la institución propone o las ventajas que procura la adhesión a ella. El cumplimiento de estas palabras, depende de la opción libre de los seres humanos.

 

Frente a aquel pueblo que había sido infiel a Dios a lo largo de la historia, Jesús funda un nuevo pueblo, una comunidad humana nueva, verdadero pueblo de Dios, cuya identidad le viene de la unión con Jesús, que le comunica incesantemente el Espíritu, y el fruto de su actividad depende de ella.

 

La vid o la viña es el símbolo de Israel como pueblo de Dios (Sal 80,9; Is 5,1-7; Jr 2,21; Ez 19,10-12). La afirmación de Jesús se contrapone a esos textos; no hay más pueblo de Dios (vid y sarmientos) que la nueva humanidad que se construye a partir de él (la vid verdadera, cf. 1,9: la luz verdadera; 6,32: el verdadero pan del cielo). Como en el AT, es Dios, a quien Jesús llama su Padre, quien ha plantado y cuida esta vid.

 

Advertencia severa de Jesús, que define la misión de la comunidad. Él no ha creado un círculo cerrado, sino un grupo en expansión: todo miembro tiene un crecimiento que efectuar y una misión que cumplir. El fruto es el hombre nuevo, que se va realizando, en intensidad, en cada individuo y en la comunidad (crecimiento, maduración), y, en extensión, por la propagación del mensaje, en los de fuera (nuevo nacimiento). La actividad, expresión del dinamismo del Espíritu, es la condición para que el hombre nuevo exista.

 

El sarmiento no produce fruto cuando no responde a la vida que recibe y no la comunica a otros. El Padre, que cuida de la viña, lo corta: es un sarmiento que no pertenece a la vid.

 

En la alegoría, la sentencia toma el aspecto de poda. Pero esa sentencia no es más que el refrendo de la que cada uno se ha dado: al negarse a amar y no hacer caso al Hijo, se coloca en la zona de la reprobación de Dios (3,36). El sarmiento que no da fruto es aquel que pertenece a la comunidad, pero no responde al Espíritu; el que come el pan, pero no se asimila a Jesús.

 

Quien practica el amor tiene que seguir un proceso ascendente, un desarrollo, hecho posible por la limpia que el Padre hace. Con ella elimina factores de muerte, haciendo que el discípulo sea cada vez más auténtico y más libre, y aumente así su capacidad de entrega y su eficacia. Pretende acrecentar el fruto: en el discípulo, fruto de madurez; en otros, fruto de nueva humanidad.

 

El sarmiento no tiene vida propia y, por tanto, no puede dar fruto de por sí; necesita la savia, es decir, el Espíritu comunicado por Jesús. Interrumpir la relación con él significa cortarse de la fuente de la vida y reducirse a la esterilidad.

 

El fruto de que se hablaba antes se especifica como mucho fruto (cf. 12,24). Éste está en función de la unión con él, de quien fluye la vida. Sin estar unido a Jesús, el discípulo no puede comunicarla (sin mí no podéis hacer nada). El porvenir del que sale de la comunidad por falta de amor es «secarse», es decir, carecer de vida. El final es la destrucción (los echan al fuego y se queman). La muerte en vida acaba en la muerte definitiva. Qué bien lo había entendido Juan en su carta cuando sentencia: «Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó». El amor es lo único que conduce a la vida verdadera y definitiva.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL


El Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar e Infancia, invita a participar de las siguientes actividades:

 

·         Del lunes 04 al viernes 08, cada parroquia trabajará diferentes temas en realce del don de la Vida.

 

·         Sábado 09. Gran Caminata por la Vida. Desde la pizzería “Yogui” hasta el Colegio Nuestra Señora del Rosario. Hora 07:00 de la mañana. Llevar pancartas con mensajes positivos sobre la VIDA, afiches, globos, pitos, entre otros. Al llegar al colegio momento recreativo.formativo y acción de gracias.

 

·         Domingo 10. Gran cierre de la Semana por la Vida, aunado a la celebración del día de las Madres. Cada parroquia fijará su actividad de cierre.

 

·         Viernes 15 de mayo. Día Internacional de la Familia. Cada parroquia programará en función a esta fecha.

 

·         Jueves 21. Lectura Orante de la Palabra de Dios (Lectio Divina), parroquia N S de Coromoto 07 de la noche.

 

·         Domingo 24. Día de Pentecostés.

 

·         Sábado 30 y domingo 31. Primera Jornada de Preparación Inmediata al Matrimonio. (Encuentros prematrimoniales) y 06-07 de junio segunda jornada. Inscripciones en la Parroquia NS de Coromoto, Barrio Torrellas. De cuatro a cinco y media de la tarde. (sólo para novios. Absténganse concubinos y/o parejas de hecho)

 

Parroquia San José de Calicanto

 

·         Invita los días 30 y 31 de Mayo a la Segunda Escuela de formación apologética con el P. Luis Toro. Coste de la escuela 100 Bf p/p. Entradas a la venta ya. Todos pueden asistir y formarse en la fe católica. Los hermanos cristianos protestantes que quieran asistir serán bienvenidos y su entrada es gratuita.

 

 

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26-04-2015

Domingo IV Pascua – B

Hch 4,8-12: Ningún otro puede salvar

Salmo 117: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

1Jn 3,1-2: Veremos a Dios tal cual es

Jn 10,11-18: El buen pastor da la vida por las ovejas

1.- El buen pastor da la vida por las ovejas. El buen pastor llega a querer a sus ovejas como un padre y una madre quiere a sus hijos, estando siempre dispuestos a dar su vida, si llegara el caso, por ellos. Cristo fue un buen pastor en este sentido heroico: dio su vida por las ovejas, por nosotros. Cuando los documentos de nuestra Iglesia hablan de pastores casi siempre se refieren a los sacerdotes y ministros ordenados, pero el concepto de pastor incluye también a todas aquellas personas que tienen la obligación de atender a la salud espiritual de otras personas. En este sentido, deben actuar como buenos pastores los padres y educadores, los sociólogos, psicólogos, políticos, evangelizadores, y todo aquel que tenga un cargo de responsabilidad en la sociedad. Ayudar a los demás a ser buenos y felices es lo más bello y maravilloso que puede hacer una persona. Pero vivir pendientes de los demás y estar siempre dispuestos a ayudar a los demás supone una generosidad heroica que no es fácil de mantener a lo largo de la vida. El ejemplo de Cristo, en este sentido, como buen pastor, debemos tenerlo siempre presentes los cristianos, de tal manera que los que nos vean puedan ver en nuestro comportamiento el ejemplo de Cristo. Vivir continuamente movidos e impulsados por la generosidad es, debe ser, el distintivo principal de los buenos pastores, es decir, de todo buen cristiano. En este domingo del Buen Pastor todos nosotros, los cristianos, debemos pedir a Dios nuestro Padre que nos conceda la gracia de vivir movidos durante toda nuestra vida por una generosidad heroica, tratando de imitar en la medida de nuestras fuerzas a su Hijo Jesús, el que dio su vida por nosotros con libertad y amor divino. El ejemplo de tantos santos cristianos, desde san Pablo hasta la Madre Teresa de Calcuta, que entregaron su vida por los demás con generosidad heroica, nos dice que también nosotros, con la gracia de Dios, podremos hacerlo.

 

2.- Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y se ha convertido en piedra angular. Los Apóstoles sabían muy bien que ellos no eran los que curaban a los enfermos, sino que era Jesús, el Cristo, el que lo hacía a través de ellos. Esto es lo que les dice ahora Pedro a los jefes del pueblo y ancianos: ha sido Jesús el Nazareno el que ha curado a este paralítico. Vosotros, continúa diciéndoles, lo crucificasteis, colgándolo de un madero, pero Dios lo ha resucitado y le ha convertido en la piedra angular del edificio de la Iglesia. Esta enseñanza de san Pedro debe servirnos también hoy a nosotros: nosotros, los cristianos, actuamos en nombre de Cristo, y queremos que a través de nuestras obras los no cristianos vean y conozcan a Cristo. No buscamos con nuestras buenas obras una gloria propia, sino la mayor gloria de Dios, manifestada en Cristo Jesús. Nuestra caridad y nuestra generosidad deben manifestar la generosidad de Dios; sólo en este sentido nuestra caridad será auténtica evangelización cristiana. Una caridad y una generosidad que busca la gloria del que la hace no es evangelización cristiana, sino sólo aquella que va dirigida a manifestar la generosidad de Dios; solo esta es evangelización cristiana.

3.- Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Vivir con la conciencia viva de que somos hijos de Dios debe transformar nuestra vida. Somos, sí, hijos de la tierra, pero como hijos de Dios estamos llamados a una herencia más alta. Es más fácil vivir en esta tierra como hijos de la tierra, pero nuestra vocación cristiana nos pide que vivamos como hijos de Dios. Sabiendo muy bien en qué tierra estamos, pero sin olvidar nunca que aspiramos a nueva tierra y unos nuevos cielos. En ese cielo nuevo y en esa tierra nueva ya no habrá llanto, ni dolor, ni injusticias, ni corrupción, porque viviremos guiados e invadidos por el amor de Dios. Esto, de momento, sólo podemos vivirlo como utopía, pero la esperanza cristiana debe otorgarle a la utopía la fuerza de la realidad. Porque la esperanza cristiana está íntimamente unida a la fe y a la caridad. En la esperanza estamos salvados, nos dice san Pablo. Y aunque esto, a veces, pueda parecernos un poco ingenuo, lo cierto es que, como nos dice el salmo 117, es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL


El Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar e Infancia, invita a participar de las siguientes actividades:

 

·         Viernes 01 de Mayo. Paseo Comunitario. Cada Grupo de Pastoral Familiar parroquial debe preparar y animar este paseo donde como agentes de Pastoral compartiremos La Eucaristía y momentos de recreación. En esta oportunidad nos trasladaremos a Isnotú y al monumento de la Virgen de la Paz. Esta actividad es abierta para todos los que deseen participar.

 

·         Sábado 02 de mayo. Sensibilización de la Semana por la Vida. En las avenidas y templos parroquiales se estará repartiendo propaganda para esta jornada.

 

·         Domingo 03. Apertura de la semana por la Vida en la Parroquia Beata María  de San José. Eucaristía 08:00 de la mañana.

 

·         Del lunes 04 al viernes 08, cada parroquia trabajará diferentes temas en realce del don de la Vida.

 

·         Sábado 09. Gran Caminata por la Vida. Desde la pizzería “Yogui” hasta el Colegio Nuestra Señora del Rosario. Hora 07:00 de la mañana. Llevar pancartas con mensajes positivos sobre la VIDA, afiches, globos, pitos, entre otros. Al llegar al colegio momento recreativo.formativo y acción de gracias.

 

·         Domingo 10. Gran cierre de la Semana por la Vida, aunado a la celebración del día de las Madres. Cada parroquia fijará su actividad de cierre.

 

·         Viernes 15 de mayo. Día Internacional de la Familia. Cada parroquia programará en función a esta fecha.

 

·         Jueves 21. Lectura Orante de la Palabra de Dios (Lectio Divina), parroquia N S de Coromoto 07 de la noche.

 

·         Domingo 24. Día de Pentecostés.

 

·         Sábado 30 y domingo 31. Primera Jornada de Preparación Inmediata al Matrimonio. (Encuentros prematrimoniales) y 06-07 de junio segunda jornada. Inscripciones en la Parroquia NS de Coromoto, Barrio Torrellas. De cuatro a cinco y media de la tarde. (sólo para novios. Absténganse concubinos y/o parejas de hecho)

 

Lo que hizo este médico por un bebé prematuro salvó su vida 30 años después

LOS ÁNGELES, 23 Abr. 15 / 01:55 pm (ACI/EWTN Noticias).- El pediatra Michael Shannon salvó la vida de un bebé prematuro que nació pesando 1,45 kilos y solo tenía 50% de probabilidades de sobrevivir. El médico no se separó del bebé hasta que pasó el peligro y en un conmovedor giro de la vida, tres décadas después, pudo recibir el mismo regalo.

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El 29 de marzo de 2011, el Dr. Shannon manejaba su camioneta en Dana Point, California (Estados Unidos) cuando un camión lo chocó y su vehículo se incendió.

 

En el equipo de rescate que lo salvó de las llamas se encontraba Chris Trokey, el niño que salvó Shannon se hizo paramédico y no sabían quién era el anciano al que rescataba del vehículo.

 

El Dr. Shannon tras 45 días logró recuperarse de sus heridas, aunque tuvieron que amputarle dos dedos de los pies.

 

Ambos se reunieron nuevamente en un reciente evento de caridad. Ahí, Chris Trokey señaló a la cadena KTLA que él no sabía a quién estaba rescatando hasta que fue al hospital, y escuchó que se trataba del Dr. Shannon.

 

Ahí fue “cuando me di cuenta”, recordó Trokey.

 

Para el anciano pediatra “es sorprendente verlos a todos crecer, pero tener uno que vuelve a tu vida, en un día en que realmente lo necesitas, eso es realmente increíble”.

 

Chris Trokey aseguró que “es un gran sentimiento”, e indicó que el Dr. Shannon es ahora “el pediatra de mi hijo”.

 

 

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19-04-2015

III Pascua – B

3,13-15.17-19: Mataron al autor de la vida, pero Dios lo resucitó

Salmo 4: Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor

1Jn 2,1-5: Él es víctima de propiciación por nuestros pecados

Lc 24,35-48: El Mesías padecerá y resucitará al tercer día

En la lectura de los Hechos encontramos de nuevo a Pedro, que se dirige a todo Israel y lo sigue siendo invitado a la conversión. Pedro tranquiliza a sus oyentes haciéndoles ver que todo ha sido fruto de la ignorancia, pero al mismo tiempo invita a acoger al Resucitado como al último y definitivo don otorgado por Dios. La muerte de Jesús se convierte para el creyente en sacrificio expiatorio. No hay asomo de resentimiento ni de venganza, sino invitación al arrepentimiento para recibir la plenitud del amor y de la misericordia del Padre, que se concreta en la confianza y en la seguridad de haber recuperado aquella filiación rota por la desobediencia.

 

El creyente, expuesto a las tentaciones, rupturas y caídas no tiene por qué sentirse condenado eternamente al fracaso o a la separación de Dios. San Juan nos da hoy en su Primera Carta el anuncio gozoso del perdón y de la reconciliación consigo mismo y con Dios. El cristiano está invitado por vocación a vivir la santidad; sin embargo, las infidelidades a esta vocación no son motivo de rechazo definitivo por parte de Dios, más bien son motivo de su amor y su misericordia, al tiempo que son un motivo esperanzador para el cristiano, para mantener una actitud de sincera conversión.

 

En el evangelio nos encontramos una vez más con una escena pospascual que ya nos es común: los Apóstoles reunidos comentado los sucesos de los últimos días. Recordemos que en esta reunión que nos menciona hoy san Lucas, están también los discípulos de Emaús que habían regresado a Jerusalén luego de haber reconocido a Jesús en el peregrino que los ilustraba y que luego compartió con ellos el pan.

 

En este ambiente de reunión se presenta Jesús y, a pesar de que estaban hablando de él, se asustan y hasta llegan a sentir miedo. Los eventos de la Pasión no han podido ser asimilados suficientemente por los seguidores de Jesús. Todavía no logran establecer la relación entre el Jesús con quien ellos convivieron y el Jesús glorioso, y no logran tampoco abrir su conciencia a la misión que les espera. Digamos entonces que “hablar de Jesús”, implica algo más que el simple recuerdo del personaje histórico. De muchos personajes ilustres se habla y se seguirá hablando, incluido el mismo Jesús; sin embargo, ya desde estos primeros días pospascuales, va quedando definido que Jesús no es un tema para una tertulia intranscendente.

 

Me parece que este dato que nos cuenta Lucas sobre la confusión y la turbación de los discípulos no es del todo fortuito. Los discípulos creen que se trata de un fantasma; su reacción externa es tal que el mismo Jesús se asombra y

corrige: “¿por qué se turban... por qué suben esos pensamientos a sus corazones?”.

Aclarar la imagen de Jesús es una exigencia para el discípulo de todos los tiempos, para la misma Iglesia y para cada uno de nosotros hoy. Ciertamente en nuestro contexto actual hay tantas y tan diversas imágenes de Jesús, que no deja de estar siempre latente el riesgo de confundirlo con un fantasma. Los discípulos que nos describe hoy Lucas sólo tenían en su mente la imagen del Jesús con quien hasta un poco antes habían compartido, es verdad que tenían diversas expectativas sobre él y por eso él los tiene que seguir instruyendo; pero no tantas ni tan completamente confusas como las que la “sociedad de consumo religioso” de hoy nos está presentando cada vez con mayor intensidad. He ahí el desafío para el evangelizador de hoy: clarificar su propia imagen de Jesús a fuerza de dejarse penetrar cada vez más por su palabra; por otra parte está el compromiso de ayudar a los hermanos a aclarar esas imágenes de Jesús.

 

Es un hecho, entonces, que aún después de resucitado, Jesús tiene que continuar con sus discípulos su proceso pedagógico y formativo. Ahora el Maestro tiene que instruir a sus discípulos sobre el impacto o el efecto que sobre ellos también ejerce la Resurrección. El evento, pues, de la Resurrección no afecta sólo a Jesús. Poco a poco los discípulos tendrán que asumir que a ellos les toca ser testigos de esta obra del Padre, pero a partir de la transformación de su propia existencia.

 

Las expectativas mesiánicas de los Apóstoles reducidas sólo al ámbito nacional, militar y político, siempre con característica triunfalistas, tienen que desaparecer de la mentalidad del grupo. No será fácil para estos rudos hombres re-hacer sus esquemas mentales, “sospechar” de la validez aparentemente incuestionable de todo el legado de esperanzas e ilusiones de su pueblo. Con todo, no queda otro camino. El evento de la resurrección es antes que nada el evento de la renovación, comenzando por las convicciones personales. Este pasaje debe ser leído a la luz de la primera parte: la experiencia de los discípulos de Emaús.

 

Las instrucciones de Jesús basadas en la Escritura infunden confianza en el grupo; no se trata de un invento o de una interpretación caprichosa. Se trata de confirmar el cumplimiento de las promesas de Dios, pero al estilo de Dios, no al estilo de los humanos.

 

De alguna forma conviene insistir que el evento de la resurrección no afecta sólo al Resucitado, afecta también al discípulo en la medida en que éste se deja transformar para ponerse en el camino de la misión. Nuestras comunidades cristianas están convencidas de la resurrección, sin embargo, nuestras actitudes prácticas todavía no logran ser permeadas por ese acontecimiento. Nuestras mismas celebraciones tienen como eje y centro este misterio, pero tal vez nos falta que en ellas sea renovado y actualizado efectivamente.

 

Queremos llamar la atención sobre el necesario cuidado al tratar el tema de las apariciones del Resucitado, y su conversar con los discípulos y comer con ellos… No podemos responsablemente tratar ese tema hoy como si estuviéramos en el siglo pasado o antepasado… Hoy sabemos que todos estos detalles no pueden ser tomados a la letra, y no es correcto teológicamente, ni responsable pastoralmente, construir toda una elaboración teológica, espiritual o exhortativa sobre esos datos, como si nada pasara, igual que si pudiéramos dar por descontado que se tratase de daos empíricos rigurosamente históricos, sin aludir siquiera a la interpretación que de ellos hay que hacer… Puede resultar muy cómodo no entrar en ese aspecto, y el hacerlo probablemente no suscitará ninguna inquietud a los oyentes, pero ciertamente no es el mejor servicio que se puede hacer para el para el pueblo de Dios.

 

ACTUALIDAD   ECLESIAL UNIVERSAL  Y LOCAL


 Parroquia San José de Calicanto:

 

·         El 30 y 31 de mayo el Padre Luis Toro estará dictando la segunda escuela de apologética: La Verdadera Iglesia de Cristo; invitamos a todos a inscribirse. Costo 100 BF p/p. Lugar: Templo de San José de Carora.  

  

Tiempo Pascual: tengamos el coraje de salir y dar testimonio

 

Estamos celebrando los días de la Pascua y como sabemos estamos en la Octava. Todos estos días se celebran como un solo gran día, el día de la resurrección de Jesús. Por eso podemos decir hoy también: ¡Jesús ha resucitado hoy, alegrémonos!

 

Y en este contexto escuchamos en el Evangelio los relatos de los primeros testimonios de este acontecimiento y vemos a dos grupos de personas que se encuentran con la sorpresa del sepulcro vacío y que corren a anunciarlo, pero de distintas maneras.

 

En primer lugar tenemos a las mujeres y en segundo lugar a los guardias. Los dos están con temor, pero es un temor distinto. Las mujeres sienten el temor del asombro, de lo tremendo, de encontrarse frente al misterio de Dios, de algo que las supera. Pero que aman, que anhelan con el corazón.

 

Es ese miedo que no acobarda, sino que nos invita a ser grandes, a transformarnos, a acercarnos a Dios. Por eso las mujeres vana a prisa, corriendo, no podían contener esta buena noticia y la anuncian a los demás.

 

Pero por otro lado están los guardias, también tenían miedo, pero este era un miedo distinto. Primero porque sabían que habían fallado en su misión, tenían miedo al castigo. Ese es el miedo que quita la esperanza, que entristece, que acobarda, que nos mete en nosotros mismos y nos hace egoístas, que nos quita los ideales.

 

Es el miedo de quien no tiene fe, es el miedo que hace que nos vendamos al mejor postor, al que nos ofrezca cualquier seguridad que parezca inmediata, como hicieron estos guardias que por una suma de dinero se dejaron comprar.

 

Que es lo mismo que quiere hacer el mundo con nosotros: que tengamos miedo de anunciar a Cristo, que tengamos miedo de testimoniarlo. Nos quiere comprar muy barato. Quieren que nos metamos en nosotros mismo.

 

Y a cambio el mundo nos quiere comprar con sus ofertas, ofreciéndonos una vida cómoda y tranquila, donde no tengas que arriesgarte a amar de verdad. Vivamos con gozo estos días. Puede ser que las dificultades de la vida nos causen cierto miedo, pero no nos dejemos vencer.

 

Llenos de Jesús tengamos el coraje de salir y dar testimonio, ser signo de contradicción en este mundo que quiere que nos callemos por miedo. Seamos valientes, seamos apóstoles del Señor.
 

 

 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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12-04-2015

Domingo II Pascua – B

Domingo de la Misericordia

Hch 4,32-35: Todos pensaban y sentían lo mismo

Salmo 117: Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia

1Jn 5,1-6: Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo

Jn 20,19-31: A los ocho días, llegó Jesús

Tras la muerte de Jesús, la comunidad se siente con miedo, insegura e indefensa ante las represalias que pueda tomar contra ella la institución judía. Se encuentra en una situación de temor paralela a la del antiguo Israel en Egipto cuando los israelitas eran perseguidos por las tropas del faraón (Éx 14,10); y, como lo estuvo aquel pueblo, los discípulos están también en la noche (ya anochecido) en que el Señor va a sacarlos de la opresión (Éx 12,42; Dt 16,1). El mensaje de María Magdalena, sin embargo, no los ha liberado del temor. No basta tener noticia del sepulcro vacío; sólo la presencia de Jesús puede darles seguridad en medio de un mundo hostil.

 

Pero todo cambia desde el momento en que Jesús –que es el centro de la comunidad- aparece en medio, como punto de referencia, fuente de vida y factor de unidad.

 

Su saludo les devuelve la paz que habían perdido. Sus manos y su costado, pruebas de su pasión y muerte, son ahora los signos de su amor y de su victoria: el que está vivo delante de ellos es el mismo que murió en la cruz. Si tenían miedo a la muerte que podrían infligirles "los judíos", ahora ven que nadie puede quitarles la vida que él comunica.

 

El efecto del encuentro con Jesús es la alegría, como él mismo había anunciado (16,20: vuestra tristeza se convertirá en alegría). Ya ha comenzado la fiesta de la Pascua, la nueva creación, el nuevo ser humano capaz de dar la vida para dar vida

 

Con su presencia Jesús les comunica su Espíritu que les da la fuerza para enfrentarse con el mundo y liberar a hombres y mujeres del pecado, de la injusticia, del desamor y de la muerte. Para esto los envía al mundo, a un mundo que los odia como lo odió a él (15,18). La misión de la comunidad no será otra sino la de perdonar los pecados para dar vida, o lo que es igual, poner fin a todo lo que oprime, reprime o suprime la vida, que es el efecto que produce el pecado en la sociedad.

 

Pero no todos creen. Hay uno, Tomás, el mismo que se mostró pronto a acompañar a Jesús en la muerte (Jn 11,16), que ahora se resiste a creer el testimonio de los discípulos y no le basta con ver a la comunidad transformada por el Espíritu. No admite que el que ellos han visto sea el mismo que él había conocido; no cree en la permanencia de la vida. Exige una prueba individual y extraordinaria. Las frases redundantes de Tomás, con su repetición de palabras (sus manos, meter mi dedo, meter mi mano), subrayan estilísticamente su testarudez. No busca a Jesús fuente de vida, sino una reliquia del pasado.

 

Necesitará para creer unas palabras de Jesús: «Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel». Tomás, que no llega a tocar a Jesús, pronuncia la más sublime confesión evangélica de fe llamando a Jesús “Señor mío y Dios mío”. Con esta doble expresión alude al maestro a quien llamaban Señor, siempre dispuesto a lavar los pies a sus discípulos y al proyecto de Dios, realizado ahora en Jesús, de hacer llegar al ser humano a la cumbre de la divinidad realizado ahora en Jesús (Dios mío)..

 

Pero su actitud incrédula le merece un reproche de parte de Jesús, que pronuncia una última bienaventuranza para todos los que ya no podrán ni verlo ni tocarlo y tendrán, por ello, que descubrirlo en la comunidad y notar en ella su presencia siempre viva. De ahora en adelante la realidad de Jesús vivo no se percibe con elucubraciones ni buscando experiencias individuales y aisladas, sino que se manifiesta en la vida y conducta de una comunidad que es expresión de amor, de vida y de alegría. Una comunidad, cuya utopía de vida refleja el libro de los Hechos (4,32-35): comunidad de pensamientos y sentimientos comunes, de puesta en común de los bienes y de reparto igualitario de los mismos como expresión de su fe en Jesús resucitado, una comunidad de amor como defiende la primera carta de Juan (1 Jn 5,1-5).

 

NOTICIAS DE LA IGLESIA


Fiesta de la Divina Misericordia. Segundo Domingo de Pascua

"La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia" (Diario, 300)

 

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia" (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742).

 

Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.

 

La esencia de la devoción

 

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:

 

1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.

                                                                                                 

Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: "Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina".

 

2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.

 

"Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad".

 

3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.

 

"Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia".

 

4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.

 

"Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio".

 

5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia

 al día.

 

"Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas".

 

La Santa Sede decreta día de la Divina Misericordia

 

Una propuesta de Santa Faustina Kowalska

 

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

 

Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

 

Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.

 

Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).

 

Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.

 

El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

 

 

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05-04-2015

Domingo I Pascua – B

Hch 10,34a.37-43: Hemos comido y bebido con él después de su resurrección

Salmo 117: Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

Col 3,1-4: Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Jn 20,1-9: Él había de resucitar de entre los muertos

 

CRISTO HA RESUCITADO: HECHO HISTÓRICO QUE SE MANTIENE EN TODA VIGENCIA            


1.- PASÓ HACIENDO EL BIEN.- "... a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo..." (Hch 10, 38) La unción y el poder son propios del Rey de Israel. Jesús es por ello el nuevo Rey de la casa de David. Los reyes anteriores a Él habían recibido una unción efímera, un óleo caduco y carente de poder. Reyes que iban sucediéndose unos a otros sin más trascendencia. Hombres débiles, víctimas de intrigas y pasiones, con un final trágico o feliz, pero siempre sepultados en la historia y en el olvido.

 

En Jesús la unción ha sido diversa y el final muy distinto. Cuando todo parecía haber terminado, entonces era cuando todo empezaba. Los apóstoles pensaron que la cruz, la muerte vergonzosa en el madero, era el final. Les parecía que el telón había caído de modo definitivo, borrando para siempre el nombre de Jesús sobre la tierra. Pero no era así, el telón se ha rasgado para no bajar ni subir más. Y al descubierto ha dejado, envuelto en un, el vencedor de la invencible muerte, exaltado sobre toda la creación, dueño y Señor del universo. Rey de reyes, alfa y omega, principio y fin. Jesucristo ayer y hoy y para siempre.

 

2.- "...que pasó haciendo el bien..." (Hch 10, 38). Jesús pasó por nuestros polvorientos caminos. Y su paso llenó de paz y de alegría nuestros paisajes. Una primavera eterna se inicia con Él y tiñe de verdor y fragancia nuestros campos. La muerte y el pecado habían ensombrecido el horizonte del hombre, sembrando en su corazón la angustia y el temor, la incertidumbre ante el más allá. Nos llenaba de zozobra la idea de un final definitivo, el hundirnos en las sombras y el silencio para siempre. Nos dolía la separación de nuestros seres queridos. Sufríamos al pensar que todo terminaba en una fosa, quedando sólo la espera muda y fría de un cuerpo muerto comido de gordos gusanos.

 

Sin embargo, después del triunfo de Jesucristo, la vida de un cristiano no es así. Para el que cree en Cristo la muerte no es más que un mal sueño, una pesadilla, unas lágrimas y suspiros, quizás, que dan paso a la esperanza y a la paz... Jesús ha resucitado, y con Él resucitaremos todos. Así es. Si no lo fuera, nuestra fe sería algo vacío, nuestra vida tremendamente desgraciada, algo sin sentido. Pero no, Cristo ha resucitado y ha sido ensalzado hasta la diestra del Padre, donde está para interceder por nosotros. Por eso hay que alegrarse hasta cantar de gozo en este tiempo pascual, dejar cauce libre a la alegría que estalla en mil aleluyas porque Jesucristo ha instaurado el Reino de la Vida.

 

3.- ESTE ES EL DÍA.- "Dad gracias al Señor...” (Sal 118, 1).- Demos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su mise-discordia. Si damos las gracias por el más mínimo detalle de deferencia hacia nosotros, cómo no hemos de dar las gracias a este Dios y Señor nuestro que tantos beneficios nos otorgan continuamente, a este Padre bueno que tan a menudo perdona nuestras infidelidades, nuestras faltas y pecados. Tanto hemos recibido, tanta comprensión y tanto cariño nos ha mostrado que bien podemos afirmar sin la menor duda que es bueno, que eterna es su misericordia hacia esta nuestra "eterna" debilidad y malicia.

 

"La diestra del Señor es poderosa -dice el salmo de hoy-, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para cantar las hazañas del Señor... Esta exclamación esperanzadora hemos de hacerla nuestra y afirmar gozosos que también nosotros viviremos para proclamar el poder imponente del Altísimo, su amor inefable. Y así, aunque el peso de nuestros pecados nos llene de pesar y de temor, tengamos una gran fe en Jesús que ha triunfado, y nos hace triunfar a nosotros, sobre la muerte y sobre el pecado.

 

4.- "Este es el día en que actuó el Señor" (Sal 118, 24) Han pasado los días tristes de la Pasión, están lejos ya los momentos amargos del Getsemaní y de la flagelación. Entonces Jesús se dejó atar, se entregó al traidor sin la más mínima resistencia. Maniatado y silencioso soportó el dolor y la burla de sus enemigos. Pero ahora esa pasividad ha cesado. Este es el día en que actuó el Señor, el día en que rompió con violencia y para siempre las cadenas de la muerte, cuando removió la losa de granito que tapaba la tumba, cuando arrancó de entre las garras de Satanás a su víctima -el hombre-, de sus mentiras y de sus engaños.

 

El Cordero salvó al rebaño/ Cristo inocente reconcilia/ al Padre Dios y al que hizo el daño. / Muerte y vida trabaron duelo/ y muerto el dueño de la vida/ gobierna, vivo, tierra y cielo¬.../ Vive el Señor, que es mi esperanza. / En Galilea veréis su gloria. / Cristo, sabemos que estás vivo. / Rey vencedor, certeza nuestra, / mira a tu Iglesia compasivo. Amén. Aleluya.

 

5.- PISTA DE LANZAMIENTO.- "Ya que habéis resucitado con Cristo...” (Col 3, 1)Cristo ha resucitado. Un hecho histórico que se mantiene en toda la vigencia de su autenticidad, a pesar de los múltiples ataques que ha venido recibiendo a lo largo de todos los siglos. Ya desde el principio, cuando apenas si se había realizado el prodigio inefable de la victoria de Cristo sobre la muerte. Cuando los soldados comunican a los enemigos de Cristo la noticia, surge pronto la mentira y la falsa acusación, la patraña. Diréis -adoctrinan a los soldados- que cuando estabais dormidos vinieron los discípulos de Cristo y robaron su cuerpo. San Agustín se reirá después de semejante ocurrencia, y piensa en la estupidez que supone buscarse unos testigos que duermen cuando se lleva a cabo el hecho de que dan testimonio.

 

Cristo ha resucitado. Y nosotros, los que creemos en Él y le amamos, también hemos resucitado. Hemos despertado del sueño de la muerte que es la vida humana, hemos comenzado, aunque parcialmente aún, la grandiosa aventura de vivir la vida misma de Dios, la vida que dura siempre. Y por eso hemos de vivir proyectados hacia lo alto, pisando en la tierra, pero aspirando a las cumbres del cielo.

 

6.- "Porque habéis muerto…" (Col 3, 3).- Sí, pisar la tierra para lanzarse al cielo. Esta tierra ha de ser para nosotros como una pista de lanzamiento, el lugar donde tomamos velocidad para despegar y elevarnos a las alturas inconmensurables de los cielos nuevos... Parece una paradoja, una contradicción, un absurdo. San Pablo nos habla de haber resucitado y a renglón seguido nos dice que hemos muerto. Y añade que nuestra vida está en Cristo escondida en Dios. Y cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también nosotros apareceremos, juntamente con Él, en la gloria.

 

No hay paradoja, no hay contradicción ni absurdo. Porque se trata de morir a todo lo que nos aleja del bien. Es como un cortar amarras y levar anclas, un prescindir de todo lo que supone una rémora, abandonar cuanto nos impida vivir la vida nueva que Cristo nos da. Se trata de una tarea de toda la vida, porque durante toda la vida habrá algo que nos tire hacia abajo, algo que sea un impedimento para el alto vuelo a que estamos llamados.

 

NOTICIAS DE LA IGLESIA


¿Qué celebramos en la Vigilia Pascual?

 

REDACCION CENTRAL, 04 Abr. 15 / 05:11 am (ACI).-  Vigilia significa pasar “una noche en vela”. En la noche de Sábado Santo, acontece el hecho más trascendente e importante para el cristiano: La Resurrección de Cristo. Luego de conmemorar y reflexionar sobre la Pasión y la Muerte de Jesús, celebramos el cumplimiento de la promesa de la salvación. En la Vigilia Pascual recordamos que llegan las mujeres de madrugada al sepulcro para terminar de embalsamar a Jesús, quien fue colocado con prisa debido a la celebración de la Pascua Judía. Cuando llegan, no encuentran el cuerpo del Señor y se les aparece un ángel quien les dice: “¿Buscan a Jesús el Nazareno? No está aquí. Ha resucitado. Decidles a sus discípulos que vayan a Galilea y allí lo verán”. En la Vigilia celebramos la Resurrección que está adornada por el cumplimiento de todas las profecías, y la recuperación vital de la vida de Jesús para no morir jamás, comenta el P. Donato Jiménez. Según San Pedro, cuando Jesús era hombre lo enterraron como tal. Pero como era Dios, no podía permanecer en el sepulcro. Por eso resucitó. “Esta resurrección es la que nos enseña a nosotros, más claramente que nada, el cumplimiento de las palabras de Jesús en nuestra vida. Así como Jesucristo murió y al tercer día resucitó, así el cristiano que muere en Cristo también resucitará al fin de los tiempos.”, señala el párroco en el video. En la celebración eucarística entonamos los cantos del aleluya y gritamos de júbilo. Vivimos un ambiente de alegría y alabanza porque se cumplieron las promesas de Dios. Especialmente por haber restaurado la amistad de la  humanidad con Él, y por la salvación. Al inicio de la Vigilia se recita el “Pregón Pascual”. En él se relata brevemente la historia de la salvación desde la creación, la prueba y caída de Adán, la espera y liberación del pueblo de Israel, hasta la entrega de Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y nos lleva a la salvación. El Pregón está dirigido a toda la humanidad pero especialmente para los cristianos. San Agustín nos invita a recordarlo constantemente porque es un mensaje de esperanza. Nos transmite la victoria de la luz sobre la oscuridad.

 

 

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29-03-2015

Domingo de Ramos – B

Is 50,4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes

Salmo 21: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?

Flp 2,6-11: Se humilló, por eso Dios lo ensalzó sobre todo

Mc 14,1–15,47: (abreviado): Pasión de Nuestro Señor Jesucristo

Un año más, pedimos disculpas a quienes buscarán un comentario bíblico-teológico «normal» para un domingo de Ramos; esperamos que podrán encontrarlo fácilmente en otro lugar. Nosotros esta vez queremos volver a tratar de hacer un comentario pensando en aquellas personas que –como también nosotros ante el comentario que teníamos ya redactado– se sienten mal ante ese conjunto de conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un bucle teológico-litúrgico dentro el cual muchos de nosotros –que pensamos como personas seculares, de la calle, con las preocupaciones diarias de la vida– sentimos que casi nos asfixiamos.

 

En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias teológicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica diferente a la real, y que parecen estar de antemano inmunizados contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, todo debe ser escuchado y recibido sin discusión, sin espíritu crítico, «con mucha fe». Los que tenemos una fe más o menos crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de celebrar y acoger la semana santa»?

 

Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?

 

Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando, en semana santa, por la especial significación de tales días, o por acompañar a la familia –y con el recuerdo de una infancia y juventud tal vez religiosa–, entran en una iglesia, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se sienten de pronto sumergidos de nuevo en aquel mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas... que elaboran un mensaje sobre la base de una creencia central que fuera del templo uno nunca se encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «Redención». Estamos en Semana Santa, y lo que celebramos –así perciben en el templo– es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la «Redención»... El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la Redención, para redimir al ser humano que cayó en «desgracia de Dios» desde la comisión de aquel «pecado original», debido a la infinita ofensa que dicho «pecado» le infligió a Dios.

 

Ese nuevo plan, de Redención, exigió la «venida de Dios al mundo», mediante su encarnación en Jesús, para así «asumir nuestra representación jurídica ante Dios y pagar por nosotros a Dios una reparación adecuada» por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «reparar» aquella ofensa y redimir así a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios y rescatándola del poder del demonio bajo el que permanecía cautiva.

 

Ésta es la interpretación, la teología sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones en curso durante la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal, muy mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a un mundo imaginario que nada tiene que ver ni con el mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del sentido más profundo de su vida. Por este malestar, otros muchos cristianos no sólo se han marchado de la semana santa tradicional, sino que se han alejado de la Iglesia.

 

¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no nos obligue a transitar por el mundo manido de esa teología en la que tantos ya no creemos?

 

¿«No creemos», hemos dicho? Ante todo hay que decir –para alivio de muchos– que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún «dogma de fe» (si lo fuera, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una genial construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la intuición medieval de san Anselmo de Canterbury, que desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo el secreto sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo admirablemente: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos tanto, que perduró hasta el siglo XXI. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda.

 

El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone un cierto abandono de la hipótesis de la Redención, o, para decirlo de otra manera, de una interpretación de la significación de Jesús más allá de la Redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar van más allá de él. El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar –no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación– deja de pasar por la redención, por el pecado original, por los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús y por la genial «sustitución penal satisfactoria» ideada por Anselmo de Canterbury... Desaparecen estas referencias, y cuando sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, incomprensibles, o incluso suscitan rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo ya no es creíble, sino que invita vehementemente al rechazo.

 

¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no comulga con esas creencias? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador por su misma Utopía... pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de las procesiones de semana santa, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI... estando como estamos en el siglo XXI...

 

Bajo la semana santa que oficialmente se celebra, no dejan de estar, allá, lejos, bien adentro de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya hacían sus celebraciones sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy diferentemente en cada cultura, y muy creativamente al ser heredada de un pueblo a otro, y al contagiarse de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los israelitas nómadas como fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita... Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó opacada bajo la interpretación jurídica de la redención...

 

¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos» incesantemente renovados y recreados, y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad, responsabilidad y libertad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»... ¡y urgente! Y también legítima, por lo menos.

 

No vamos a desarrollar aquí nosotros una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos ahora cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se sentían culpables por desear que «otra semana santa fuera posible», por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa. No en todas partes o en cualquier contexto será posible, pero sí lo será en muchas comunidades concretas. Si no lo es en la mía, podría serlo en alguna otra comunidad más libre y creativa que tal vez no esté muy lejos de la mía... ¿por qué no preguntar, por qué no buscarla?

 

 

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08-03-2015

Domingo III Cuaresma – B

Éx 20,1-17: La Ley se dio por medio de Moisés

Salmo 18: Señor, tú tienes palabras de vida eterna

1Cor 1,22-25: Predicamos a Cristo crucificado, sabiduría de Dios

Jn 2,13-25: Destruyan este templo y en tres días lo levantaré

El evangelio de Juan coloca esta manifestación mesiánica de Jesús al comienzo de su actividad pública y en el contexto de una fiesta de Pascua en Jerusalén. Para Juan es muy importante poner a Jesús y a su comunidad en ese marco de la sucesión de las fiestas judías. Eso lo vemos a lo largo de todo el evangelio, pues no hay ningún acontecimiento fuera de ese marco. Juan optó por encuadrar toda la actividad pública de Jesús en el tiempo religioso de los que su propio Evangelio define como “los judíos” (!). Al organizar la narración en función de una serie de fiestas judías, deja entrever una construcción ideológica y cultural rica, articulada e intencionada (hoy sabemos que las cosas no se sucedieron así, sino que se trata de una organización literaria de la narración, con una intención significativa).

 

La pascua judía es confrontada por Jesús y su comunidad discipular tres veces en el evangelio de Juan. Es evidente el simbolismo: con Jesús irrumpe una nueva Alianza (tres siempre simboliza el nacimiento de algo nuevo). El tiempo del Reino construye una nueva festividad. El tiempo de las fiestas judías es contrapuesto con un tiempo inusual y alternativo. El relato centra su interés en la dialéctica entre la estructura simbólica y temporal del judaísmo, y una estructura nueva alternativa que se quiere afirmar e institucionalizar.

 

El simbolismo de la revelación mesiánica de Jesús es sumamente resaltado en la confrontación con el templo. El relato necesita hacerlo; al fin y al cabo se está construyendo y afirmando una nueva identidad. El templo de Jerusalén es el centro de las instituciones y símbolo de la gloria y el poder de la nación judía (tanto la residente en Palestina como la que se encuentra en la Diáspora). El evangelio emplea un símbolo conocido para indicar la presentación mesiánica de Jesús: el “látigo con cuerdas”. Era proverbial la frase “el látigo del Mesías” para significar la violencia que implica la irrupción de la era mesiánica. El uso que Jesús hace del “látigo” no deja la menor duda acerca de su identidad y del proyecto que encarna: con él arroja fuera del templo el ganado que se vendía para los sacrificios, las ovejas y los bueyes. Sacrificios, como ovejas y bueyes, así como sus potenciales compradores (sólo los ricos podían ofrecer este tipo de ganado en el sacrificio) son puestos fuera del horizonte del nuevo proyecto mesiánico-profético.

 

Al echar todos afuera del templo con sus ovejas y sus bueyes, Jesús declara la invalidez del culto de los potentados, del que los sacrificios constituían el momento cumbre. Jesús no denuncia solamente, como habían hecho los profetas, «el culto que encubre la injusticia», sino que declara infame «el culto que es en sí mismo una injusticia», por ser medio de explotación, pero sobre todo «por ser legitimación religiosa de la injusticia y del crimen». No propone una reforma del culto, sino su abolición.

 

La expulsión de los bueyes tiene que ver con la misma constitución de la sociedad tributaria-monárquica. El primer rey de Israel se constituyó a partir del “grupo de campesinos propietarios de bueyes”. No es de extrañar que a partir de entonces, latifundistas, bueyes y sacrificios en el templo estén articulados en un solo proyecto, y que se correspondan ideológica y religiosamente. Además el dios Baal de los agricultores cananeos se representaba con un buey. La agricultura y la ganadería necesitan su propio dios y su propio culto. Los latifundistas fueron aliados importantes de Herodes para la consolidación de su poder, y él, como retribución, mantuvo en forma opulenta al templo. Así podemos entender por qué el templo estaba lleno de bueyes, si la ideología religiosa dominante cuyo centro simbólico estaba allí era la justificación principal del sistema social estratificado y concentrador en Palestina desde la Reforma de Josías.

 

La expulsión de las ovejas del templo tiene también un rico sentido simbólico. Las ovejas son figura del pueblo, encerrado en el recinto donde está condenado al sacrificio. Los dirigentes explotan y asesinan al pueblo –verdadera víctima del culto–, sacrifican y destruyen al rebaño, a cuya costa viven. Jesús no se propone reformar aquella institución religiosa propósito por cierto inútil, sino rescatar al pueblo de ella.

 

Todos los grupos judíos esperaban la utopía del Reino, de forma que la agitación del primer siglo hizo a muchos pensar que la hora estaba próxima. Para los zelotas era la hora de tomar las armas contra la ocupación romana para instaurar el reino de Dios en el cual el templo y su personal ya no estuvieran sujetos a ningún imperio. Los saduceos no esperaban activamente el Reino y se contentaban con mantener como mejor podían el culto del templo con la ayuda de las autoridades romanas. Los esenios, como los zelotas, estaban listos para tomar las armas por el Reino, pero se habían retirado al desierto en espera del momento oportuno (kairós), considerando que el templo estaba en manos ilegítimas. Los fariseos también consideraban que para que llegara el Reino había que acabar con el dominio extranjero y restaurar la autonomía del templo. Sin embargo, no entraron a ninguna guerrilla y se dedicaron a la más riguroso observancia de la ley.

 

A diferencia de los grupos anteriores, la actitud de Jesús y de su comunidad discipular es de tajante oposición al templo, lo que aparece de una manera mucho más radicalmente –no sólo como rechazo de un culto de los poderosos– en las acciones contra los cambistas, a quienes les desparrama las monedas, y contra los vendedores de palomas, a quienes les ordena quitar de en medio su mercancía.

 

Los cambistas representaban “el sistema financiero” de la época. Todos los varones judíos mayores de 21 años estaban obligados a pagar un tributo anual al templo, e infinidad de donativos en dinero iban a parar al tesoro del templo. Además, en la antigüedad, los templos, por la inmunidad que les confería su carácter sagrado, eran el lugar elegido por los pudientes para depositar sus tesoros. El templo de Jerusalén llegó a ser uno de los mayores bancos de la antigüedad. Pero pagar el tributo y los donativos no se podía hacer en monedas que llevasen la efigie imperial, considerada idolátrica por los judíos: el templo acuñaba su propia moneda y los que iban a pagar tenían que cambiar sus monedas por las del templo. Los cambistas cobraban, naturalmente, su comisión. Al volcar sus mesas y desparramar sus monedas, Jesús estaba atacando directamente el tributo al templo y, con él, al sistema económico religioso dominante. El templo es para Jesús una empresa que explota económicamente al pueblo. De hecho, el culto proporcionaba enormes riquezas a la ciudad y a los comerciantes, sostenía a la nobleza sacerdotal, al clero y a los empleados. La acción de Jesús toca, por tanto, un punto neurálgico: el sistema económico e ideológico que representaba el templo en Israel.

 

La acción contra los vendedores de palomas es igualmente de enorme impacto ideológico. Las palomas eran animales sacrificiales de menor importancia, pues con ellas los pobres ofrecían sus cultos a Dios; sin embargo el hecho de que sus vendedores hayan sido los únicos a quienes Jesús se dirige y a los que hace responsables de la corrupción del templo, quiere hacer ver la enorme preocupación de Dios por la suerte de los pobres y su enojo por quienes hacen negocio con su pobreza. En contraste con las dos acciones anteriores, Jesús no ejecuta acción alguna, sino que se dirige a los vendedores mismos acusándolos de explotar a los pobres por medio del culto, del impuesto, y del fraude de lo sagrado.

 

El templo es “casa del mercado”, y allí el dios es el dinero. Al llamar a Dios mi Padre, Jesús no lo identifica con el sistema religioso del templo. La relación con Dios no es religiosa sino familiar, está en el ámbito de la casa familiar. La relación se desacraliza y se familiariza. En la casa del Padre ya no puede haber comercio ni explotación, siendo casa-familia acoge a quien necesite amor, intimidad, confianza, afecto.

 

Aún, Jesús da un paso más en su confrontación radical con el templo al proponerse él mismo como santuario de Dios. Frente al poder de Herodes (cuarenta y seis años de construcción del templo) emerge el poder del resucitado (tres días). En el Reino de Dios no se requiere templos sino cuerpos vivos. Éstos son los santuarios de Dios, donde brilla su presencia y su amor, si viven dignamente. Jesús no viene a continuar la línea religiosa tradicional. Vino a proponer una humanidad restaurada a partir del principio de la ultimidad de la vida en cuerpos que viven con dignidad. Sobre esta base es posible soñar y construir otra manera de vivir y otra manera de creer.

 

NOTICIAS DE LA IGLESIA


Era "sacerdote" satánico, gracias al Rosario se convirtió y fundó el santuario mariano al que irá el Papa

 

ROMA, 05 Mar. 15 / 10:03 pm (ACI/EWTN Noticias).- La próxima visita del Papa Francisco a Nápoles (Italia) recuerda la historia de un beato que estuvo muy involucrado en el satanismo, llegando incluso a declararse "sacerdote" de esta práctica. Se convirtió gracias al rosario y fundó el Santuario de Nuestra Señora de Pompeya. El Beato Bartolo Longo nació en una familia católica pero se alejó de la fe aproximadamente en la década de 1860: un tiempo en el que la Iglesia Católica era atacada en la esfera política y que afrontaba las amenazas de la creciente popularidad del ocultismo.

 

Longo se hizo satanista e incluso llegó a afirmar que era un sacerdote satánico. Tras varios años de luchar contra la depresión e incluso con algunos intentos de suicidio encima, un profesor universitario lo alentó a abandonar el satanismo y le presentó a su confesor, el P. Alberto Radente quien lo animó a rezar el rosario. Esa oración lo devolvió a la fe católica.

 

Bartolo Longo se convirtió en un gran devoto de Nuestra Señora del Rosario, especialmente por una imagen que recibió de manos del P. Radente en 1875. Se hizo terciario dominico y se convirtió en un gran promotor del rosario.

 

La imagen que recibió Longo muestra a la Virgen sentada en un trono sosteniendo al niño Jesús y con un rosario en la mano, con Santo Domingo y Santa Catalina de Siena a sus pies. En poco tiempo la imagen, que preside el Santuario actualmente, hizo que Dios obrara una gran cantidad de milagros.

 

El primer milagro fue la curación de una niña de doce años, Clorinda Lucarelli, que sufría de epilepsia, que había sido diagnosticada con un mal calificado de “incurable” por los médicos de la época.

 

En declaraciones a ACI Prensa, el Arzobispo de Pompeya, Mons. Tomasso Caputo, dijo que el Beato Bartolo Longo “hizo un enorme trabajo de promover la devoción a la Virgen, invitando a la gente a rezarle para que difunda su misericordia”.

 

“Y así fue. Este es un testimnio de los muchos ofrecimientos de los fieles donantes de todo el mundo en señal de su gratitud por la misericordia recibida”, añade.

 

Longo murió en Pompeya en 1926 y fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II el 26 de octubre de 1980. Es conocido como el Apóstol del Rosario. Sus últimas palabras fueron: “mi único deseo es ver a María, que me salvó, salvando a otros de las garras de Satanás”.

 

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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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01-03-2015

Domingo II Cuaresma – B

Gn 22,1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Salmo 115: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida

Rom 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo

Mc 9,2-10: Éste es mi Hijo amado

Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento, Marcos introduce el relato de la transfiguración (Mc 9,2-8). Algo así como una “Pascua anticipada”, junto a una crucifixión igualmente “anticipada”. Después viene la discusión sobre la resurrección y el retorno de Elías (Mc 9,9-13) y la historia de la sanación del niño mudo (Mc 9,14-29). Según Xavier Pikaza, los tres relatos tejen un tríptico eclesial que vincula la experiencia de oración, la fe sanadora y el anuncio de la pasión y la resurrección. Así la experiencia pascual (transfiguración) está unida a la acción liberadora.

 

Veamos en primer lugar la fuerza simbólica del relato, y después “ataremos cabos” para resaltar el mensaje para nuestro HOY:

 

“Seis días” que evocan los “seis días” de la creación, o los “seis años” de trabajo antes del “año sabático”. Es pues, tiempo productivo, de siembra, de actividad, de preparación. En este ambiente sucede la transfiguración. Pudiéramos decir que la transfiguración pertenece a “otro tiempo”, que irrumpe en el “tiempo ordinario”, con el fin de producir un contraste, un desequilibrio, un llamado de atención, una corrección.

 

“Tres discípulos”: Pedro, Santiago y Juan, en representación de la comunidad discipular conducida por Jesús. La humanidad masculina en camino al encuentro transformador con la divinidad. Quizá por ello más necesitada de la corrección que va a desarrollarse en lo alto del monte.

 

“Vestidos resplandecientes” para resaltar la transformación, en donde el resplandor y la blancura expresan la profundidad y la integridad del cambio operado. Las primeras comunidades cristianas usaron vestidos blancos recién lavados para simbolizar la nueva vida que se proponían vivir. Los vestidos exteriores son expresión de los profundos cambios en el interior de las personas.

 

“Tres seres resplandecientes”: Jesús, Moisés y Elías, en representación de la “comunidad celestial” en comunión. También masculina. Quizá por ello, el encuentro de las dos comunidades sólo suman “seis”. La plenitud del “siete” tendrá lugar mediante la inclusión de la comunidad femenina.

“Tres tiendas”, simbolismo del éxodo y del Dios del éxodo, experiencia tribal originaria y fundacional de Israel. El tiempo de las tiendas es también tiempo de alianza tribal, de solidaridad, de igualdad. En la fiesta de las tiendas sukkot cada familia hacía una choza y habitaba en ella, recordando la salida de Egipto.

 

Tenemos un énfasis en el simbolismo trinitario: 3 seres celestiales (Jesús, Moisés, Elías), 3 discípulos (Pedro, Juan, Santiago), 3 chozas (éxodo); tres veces tres junto con la gloria de Dios. Tres significa comunidad, perfección, plenitud. Es la propuesta comunitaria de Dios para la humanidad a partir del mismo ser trinitario de Dios. Es el proyecto a construir una vez que se regrese a la llanura.

 

“Nube”, para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría, bendición. Por eso, siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible de la presencia y la compañía gratificante de Dios. Así lo fue durante la travesía del pueblo por el desierto, Dios caminaba delante de él señalando el camino. La voz y la nube van junto al pueblo, cuando este decide construir el proyecto de Dios.

 

“Subir el monte alto”: evocando Horeb-Sión, lugar donde Moisés y Elías se vieron “cara-a-cara” con Dios. Epifanía que revela el proyecto de Dios y que da fuerza y sabiduría para llevarlo a cabo. Ascenso humanizador, en cuanto capacidad y decisión para realizar lo revelado por Dios.

 

“Descender del monte”: a la llanura, para el encuentro y la transformación humana y social. En el descenso, quienes experimentaron la resurrección, discuten sobre la “resurrección de los muertos”. El monte está relacionado con la resurrección y la llanura con la muerte. Evocación de los orígenes de Israel en las montañas tribales en contraste con las llanuras tributarias e idolátricas. Producir tal contraste es la tarea permanente de quienes “descienden del monte”. De ahí el imperativo a descender.

 

En el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había mostrado el “éxito” del reino de Dios. La comunidad discipular identificó allí la realización de los tiempos mesiánicos relacionados con los milagros de Jesús y con las multitudes necesitadas. La expectativa judía de un Mesías liberador de la opresión romana estaba siendo respondida. La comunidad discipular aún no salía de estos moldes mesiánicos. Cuando Jesús anuncia su pasión y crucifixión, hay alarma y desconcierto. No se entiende un mesianismo que pase por la cruz. Para “corregir” esta situación vivida por la comunidad post-pascual de Marcos, el relato introduce la transfiguración.

 

No sabemos cuál sea el contenido materialmente histórico de este relato teológico, ni es importante conocerlo; este relato, como todo el evangelio, no está escrito tanto “para que sepamos” un dato material de la vida de Jesús, sino “para que creamos”, para alimentar nuestra fe subrayando un aspecto de una verdad salvífica (no una verdad física). Para comunicarnos un mensaje espiritual (una verdad profunda), sin que importe la veracidad fáctica del hecho que sirve de símbolo-vehículo para la transmisión de ese mensaje (o sea, aunque como verdad superficial no fuera cierto tal hecho).

 

Lo que en el sentido profundo se trasmite en el texto es una vivencia fundamental para toda persona humana, que lo fue sin duda también para Jesús: la necesidad de transcender la superficie de las cosas para captar su sentido profundo. En un momento privilegiado de gracia, los discípulos pudieron acceder a una visión más honda de lo que significaba aquél Jesús humilde que les acompañaba “como uno de tantos”. Y eso les dio ánimos y les fortaleció para continuar la “subida a Jerusalén”.

 

La fe es la que opera esa “transfiguración”; por ella la vida real, tantas veces chata y sin relieve, rutinaria o hasta decepcionante, se “trasfigura”, mostrándonos sus riquezas de sentido, su trasfondo de dimensiones transcendentes, hasta hacernos experimentar incluso que “todo es gracia”, como dijo Bernanos. Ante esa visión transfigurada de la realidad, uno se extasía, sentimos el deseo de detener el tiempo para contemplar y saborear... Pero esos momentos privilegiados, transfigurados, son excepciones; a lo largo del camino hacia Jerusalén hay pocos montes Tabor...

 

La fe es la que debe suplir y hacer posible en el fondo del corazón la fuerza para subir al monte Tabor, incluso cuando podamos estar más cerca del otro monte, el Calvario… La fe nos puede dar “una visión contemplativa de la realidad”, una visión mayor, penetrante, transfiguradora, anticipadamente escatológica incluso.

 

NOTICIAS DE LA IGLESIA

 

Venezuela: Obispo pide enjuiciar a culpables de muerte de joven de 14 años

CARACAS, 27 Feb. 15 / 03:35 pm (ACI).- El Obispo de San Cristóbal (Venezuela), Mons. Mario Moronta, exigió que sean llevados a la justicia los culpables de la muerte del estudiante de 14 años, Kluiverth Roa, asesinado el 24 de febrero de un disparo en la cabeza por un agente de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) durante una de las marchas contra el gobierno de Nicolás Maduro.

 

“Quienes son los causantes de la muerte del joven estudiante y de otros desmanes deben asumir su responsabilidad y ser llevados a los órganos correspondientes de administración de justicia”, expresó el Prelado difundido en el sitio web de Universidad Católica de Táchira (Venezuela).

 

La marcha donde falleció el adolescente tuvo lugar en Táchira, uno de los estados donde hubo manifestaciones por el primer aniversario de las protestas de febrero de 2014, que sacaron entonces a cientos de miles de personas a las calles en rechazo a la aguda crisis económica. Sin embargo, fueron reprimidas por el régimen, ocasionando 43 muertes.

 

“Rechazamos todo tipo de violencia, venga de donde venga. Pero de manera particular pedimos encarecidamente a las autoridades civiles, militares y policiales que no empleen ni métodos ni armamentos contrarios a la legalidad y a la dignidad de los seres humanos. Su deber es mantener el orden, apegados a la ley y el respeto a los derechos humanos, así como brindar a todos los ciudadanos la necesaria seguridad”, señaló Mons. Moronta.

 

El Prelado recordó que “la protesta es un derecho ciudadano” que debe ejercerse de forma pacífica. “Hay muchas razones serias y objetivas para ella”, indicó el Obispo, que pidió al gobierno “escuchar los clamores de quienes elevan sus voces y leer en ellas las indicaciones, sugerencias y peticiones que se les hace”.

 

“Siguiendo la invitación del Papa Francisco, nunca hemos de agotar los espacios para el encuentro y el diálogo, el cual ha de ser siempre constructivo y comprometedor para la búsqueda de soluciones y así dar respuestas a las necesidades de todos”, exhortó.

 

María consuela a los padres

 

En su mensaje, Mons. Moronta también se dirigió a los padres del adolescente para alentarlos a acudir a la Virgen María y presentarles su dolor, tras ser “golpeados por la muerte violenta de su pequeño hijo”. El corazón de ambos, afirmó, “también ha sido traspasado por una espada movida por la violencia presente en nuestra sociedad”.

 

Junto al dolor de esta familia “también se asocia el de tantos padres y madres quienes están viendo, inermes e indefensos, la muerte física y moral de sus seres más queridos. Muerte física debido a la violencia y la inseguridad. Además, la muerte moral causada por tanta descomposición, con sus expresiones de droga, prostitución y materialismo”.

 

“La angustia causada por la muerte del Hijo, se convirtió en María en fortaleza y esperanza con la Resurrección. Ella, la llena de gracia, sale al encuentro de los padres, hermanos y familiares del joven estudiante asesinado para darles un consuelo y una fortaleza más que necesaria en estos momentos de tribulación. Le pedimos de todo corazón a María de la Consolación no les abandone y les dé el acompañamiento maternal de su intercesión ante el Hijo, Dios del Amor”, expresó.

 

Finalmente, Mons. Moronta recordó a los católicos su compromiso de edificar un país “donde brille la luz del Reino de Dios”. “Todos los miembros de la sociedad, desde el cumplimiento de los deberes y la exigencia de respeto de los derechos fundamentales, sobre todo el de la vida, hemos de ayudar a la paz y la convivencia fraterna de todos”, señaló.

 

 

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22-02-2015

Domingo I Cuaresma – B

Gén 9,8-15: Pondré mi arco iris en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra

Salmo 24: Descúbrenos, Señor, tus caminos

1Pe 3,18-22: El agua del diluvio es un símbolo del bautismo, que los salva

Mc 1,12-15: Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

 

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

 

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

 

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

 

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

 

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

 

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

 

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

 

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

 

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana...

 

Parroquia San José de Carora

 

·         Hoy finaliza la escuela de formación apologética con el Padre Luis Toro a la cual asistió un nutrido grupo de laicos, provenientes de todas las parroquias de Carora. Una vez más agradecemos la buena acogida de los sacerdotes párrocos en el evento, a la vez que compartimos el gozo y la bendición de nuestro obispo Monseñor Luis Tineo para con el evento. Gracias al Padre Luis por habernos incluido en su agenda y también por todo el esfuerzo que tanto él como su equipo hacen por ilustrar los fundamentos de nuestra fe católico: Dios lo bendiga Padre Luis Toro.

 

NOTICIAS DE LA IGLESIA


¿Cómo será tu Cuaresma? El Papa Francisco te da algunos consejos
 

VATICANO, Feb. 2015 /(ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco habló en la homilía de la Misa de Santa Marta de este viernes sobre la misión a la que son llamados los cristianos, sobre todo en el tiempo de Cuaresma: amar al prójimo y apartar los egoísmos. Hizo además, una fuerte llamada a tratar bien a los empleados y velar por sus necesidades.

 

Comentó la primera lectura del profeta Isaías en la que el pueblo se lamenta porque no atiende a sus ayunos. Para el Señor, “no es ayuno, no comer carne” para después “litigar y explotar a los trabajadores”, afirmó. Y en esto se entiende por qué Jesús condena a los fariseos, que tenían “muchas observancias, pero son la verdad del corazón”.

 

El Papa indicó que el ayuno verdadero es el de liberar a los oprimidos, vestir a los desnudos y hacer justicia. Éste “es el ayuno que no es solamente externo, una observancia externa, sino un ayuno que es un ayuno que viene del corazón”.

 

“En las tablas de la ley se encuentra la ley hacia Dios y la ley hacia el prójimo y todos y las dos van juntos”, aseguró.

 

“Yo no puedo decir: 'Pero, no, yo cumplo los tres mandamientos primeros... y los otros más o menos'. No, si tú no haces éstos, ese no puedes hacerlo y si tú haces ese, debes hacer esto otro. Van unidos: el amor a Dios y el amor al prójimo son una unidad y si quieres hacer penitencia, real no formal, debes hacerla delante de Dios y también con tu hermano, con el prójimo”.

 

El Papa afirmó también que se puede tener mucha fe, pero “si no haces obras, está muerta, de qué sirve”.

 

Y al que va a Misa todos los domingos y comulga se le puede preguntar: “¿Cómo es tu relación con tus empleados?, ¿le pagas en negro?, ¿les pagas el salario justo?, ¿también para cotizar para la jubilación?, ¿y para asegurar la salud?”.

 

“Cuántos, cuántos hombres y mujeres de fe, tienen fe pero dividen las tablas de la ley: 'Sí, sí yo hago esto'. ¿Pero das limosna? 'Sí, sí, siempre envío una asignación a la Iglesia'. 'Ah, está bien. Pero a tu Iglesia, a tu casa, con aquellos que dependen de ti, sean hijos, sean nietos, sean los empleados. ¿Eres generoso?, ¿eres justo?”, se preguntó.

 

“No puedes ofrecer cosas a la Iglesia en los hombros de la injusticia que haces con tus empleados. Este es un pecado gravísimo: es usar a Dios para cubrir la injusticia”.

 

En este sentido, el Pontífice añadió que esto “es lo que el profeta Isaías en nombre del Señor nos hace entender: no es un buen cristiano el que no hace justicia con las personas que dependen de él”.

 

Y tampoco es un buen cristiano “el que no se desprende de algo necesario para él y se lo da a otros que tiene necesidad”.

 

Precisamente, la Cuaresma “es esto, es doble, a Dios y al prójimo: es decir, es real, no es una formalidad. No es no comer carne solamente el viernes, hacer alguna cosita, y después hacer crecer el egoísmo, la explotación del prójimo, la ignorancia a los pobres”.

 

Comentando que hay personas que no tienen cubiertas algunas necesidades, como una buena relación con un hospital para que les atiendan rápido, el Pontífice continuó explicando el sentido de este tiempo litúrgico. Advirtió que hay gente en Roma que vive así y que la Cuaresma sirve “para pensar en ellos: ¿Qué puedo hacer por los niños, por los ancianos, que no tienen la posibilidad de ser visitados por un médico?”.

 

¿Cómo será tu Cuaresma?, preguntó a los fieles que le acompañaban en la Misa. “Gracia a Dios yo tengo una familia que cumple los mandamientos, no tenemos problemas...”. “Pero, ¿en esta Cuaresma hay en tu corazón lugar para aquellos que no han cumplido los mandamientos?, ¿para aquellos que se han equivocado y están en la cárcel?”.

 

“'Con esta gente yo no....'. 'Pero él está en la cárcel’. Si tú no estás en la cárcel es porque el Señor te ha ayudado a no caer. ¿En tu corazón los encarcelados tienen un lugar? ¿Rezas por ellos, para que el Señor les ayude a cambiar la vida?'”.

 

Finalmente el Papa Francisco pidió al Señor que “acompañe nuestro camino cuaresmal para que la observancia exterior corresponda con una profunda renovación del Espíritu”.

 

Comentando que hay personas que no tienen cubiertas algunas necesidades, como una buena relación con un hospital para que les atiendan rápido, el Pontífice continuó explicando el sentido de este tiempo litúrgico. Advirtió que hay gente en Roma que vive así y que la Cuaresma sirve “para pensar en ellos: ¿Qué puedo hacer por los niños, por los ancianos, que no tienen la posibilidad de ser visitados por un médico?”.

 

¿Cómo será tu Cuaresma?, preguntó a los fieles que le acompañaban en la Misa. “Gracia a Dios yo tengo una familia que cumple los mandamientos, no tenemos problemas...”. “Pero, ¿en esta Cuaresma hay en tu corazón lugar para aquellos que no han cumplido los mandamientos?, ¿para aquellos que se han equivocado y están en la cárcel?”.

 

“'Con esta gente yo no....'. 'Pero él está en la cárcel’. Si tú no estás en la cárcel es porque el Señor te ha ayudado a no caer. ¿En tu corazón los encarcelados tienen un lugar? ¿Rezas por ellos, para que el Señor les ayude a cambiar la vida?'”.

 

Finalmente el Papa Francisco pidió al Señor que “acompañe nuestro camino cuaresmal para que la observancia exterior corresponda con una profunda renovación del Espíritu”.


 

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15-02-2015

Domingo VI Ordinario – B

 

Lev 13,1-2.44-46: Vivirá solo el leproso y tendrá su morada fuera del campamento

Salmo 31: Perdona, Señor, nuestros pecados

1Cor 10,31–11,1: Sigan mi ejemplo como yo sigo el de Cristo

Marcos 1,40-45: La lepra se le quitó, y quedó limpio 

En el evangelio de Marcos que hoy leemos, Jesús se encuentra con un leproso arriesgado que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico.

 

En la tradición judía (primera lectura) la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma –¡o de su familia!–. Porque entonces se la consideraba contagiosa, la lepra común estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). El enfermo de lepra era un muerto en vida, y lo peor era que la enfermedad era considerada normalmente incurable. Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada «impura», con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!», para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad.

 

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y le toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y que excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario: pone en el centro la vida de las personas. La vida y las personas por encima de la ley, no al revés.

 

Jesús le pide silencio (es el conocido tema del «secreto mesiánico», que todavía hoy resulta un tanto misterioso), y le envía al sacerdote como signo de su reinclusión en la dinámica social, «para que sirva de testimonio» de que Dios desea y puede actuar aun por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas. Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación. No parece servirse de la mediación del sacerdote o de la institución del templo, sino que se auto-incluye y toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.

 

Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura («no es lo mismo predicar que dar trigo», dice el refrán). Palabra y hechos. Decir y hacer. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, por encima de toda ley que aliene. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

 

La segunda lectura, que sigue, como siempre, un camino independiente frente a la relación entre la primera y la tercera, es un bello texto de Pablo que habla de la integralidad de la espiritualidad. La espiritualidad no es tan «espiritual»; de alguna manera es también «material». Hay que recordar que la palabra «espiritualidad» es una palabra desafortunada. Tenemos que seguir utilizándola por lo muy consagrada que está, pero necesitamos recordar que no podemos aceptar para su sentido etimológico. No queremos ser «espirituales» si ello significara quedarnos con el espíritu y despreciar el cuerpo o la materia.

 

Pablo está en esa línea: «ya sea que comáis o que bebáis o que hagáis cualquier otra cosa...». No sólo las actividades tradicionalmente tenidas como religiosas, o espirituales, tienen que ver con la espiritualidad, sino también actividades muy materiales, preocupaciones muy humanas, como el comer y beber, o cualquier otra actividad de nuestra vida, pueden, deben ser integradas en el campo de nuestra espiritualidad (que ya no resultará pues «solamente espiritual»). Nuestra vida de fe puede y debe santificar toda nuestra vida humana, en todas sus preocupaciones y trabajos, no sólo cuando tenemos la suerte de poder dedicar nuestro tiempo a actividades «estrictamente religiosas», como podrían ser la oración o el culto.

 

El Concilio Vaticano II insistió mucho en esto: «todos estamos llamados a la santidad» (cap. V de la Lumen Gentium). No hay unos «profesionales de la santidad» (cap. VI ibid.), algunos que estarían en un supuesto «estado de perfección», mientras los demás tendrían que atender a preocupaciones muy humanas... No. Todos estamos llamados elevar nuestros trabajos, tareas, preocupaciones humanas... «nuestra propia existencia» a la categoría de «culto agradable a Dios» (como dirá Pablo en Rom 12,1-2). Podemos ser muy «espirituales» (con reservas para esta palabra de resabios greco-platónicos) y santificarnos aun en lo más «material» de nuestra vida. 

Parroquia San José de Carora
 

·         El 21 y 22 de Febrero se estará dando la Primera Escuela de Apologética “La Verdadera Iglesia de Cristo” con el Padre Luis Toro de la Diócesis de San Cristobal. Entradas a la venta por la parroquia de San José; Costo 100 BF; Lugar el Salón parroquial de San José. Asiste y ven a formarte como buen católico.
  

NOTICIAS DE LA IGLESIA


Papa Francisco explica las razones de la reforma de la Curia del Vaticano


VATICANO, Feb. 2015
/(ACI/EWTN Noticias).- Favorecer una mayor armonía, un fuerte testimonio cristiano y una evangelización más eficaz, así como “adelgazar” la Curia Romana. Es el sentido que, según el Papa Francisco, tiene la reforma de la Curia que se lleva trabajando desde el comienzo de su pontificado, hace casi ya dos años.

 

“La reforma no es el fin en sí misma, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; para favorecer una evangelización más eficaz; para promover un espíritu ecuménico más fecundo; para animar un diálogo más constructivo con todos”, explicó el Pontífice.

 

A las 9 de la mañana de este jueves se dio comienzo al Consistorio en el Aula del Sínodo, donde el Colegio Cardenalicio se reúne con el Papa Francisco para ser informado sobre las reformas que prepara el Consejo de Cardenales (llamado C9 Vaticano). Participan también los nuevos cardenales que serán creados el próximo sábado en el Consistorio Ordinario Público.

 

Tras la intervención del Decano del Colegio Cardenalicio, Cardenal Angelo Sodano, el Papa inició su discurso agradeciendo la presencia de los purpurados. Luego explicó que uno de los motivos de la reunión es presentar “la síntesis del trabajo desarrollado en estos últimos meses para elaborar la nueva Constitución Apostólica para la reforma de la Curia. Como sabemos, esta síntesis ha sido predispuesta en base a muchas sugerencias, también por parte de los jefes y de los responsables de los Dicasterios, así como los expertos en la materia”.

 

“La meta de reunirse -continuó el Pontífice- es siempre la de favorecer la mayor armonía en el trabajo de los diversos dicasterios y oficinas con el fin de realizar una colaboración más eficaz en aquella absoluta transparencia que edifica la auténtica sinodalidad y la colegialidad”.

 

El Papa destacó que la reforma ha sido acogida “vivamente” por la mayoría de los cardenales “en el ámbito de las Congregaciones generales antes del Cónclave”. Sin embargo, “se deberá perfeccionar todavía más la identidad de la misma Curia Romana, es decir, aquella de servir de ayuda al Sucesor de Pedro en el ejercicio de su supremo oficio pastoral para el bien y el servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares”.

 

Así “se refuerzan la unidad de fe y la comunión del pueblo de Dios, y se promueve la misión propia de la Iglesia en el mundo”.

 

Francisco señaló que “tal meta no es fácil: requiere tiempo, determinación y sobre todo la colaboración de todos. Para realizar esto debemos ante todo fiarnos del Espíritu Santo, que es la verdadera guía de la Iglesia, implorando en la oración el don del auténtico discernimiento”.

 

Por último, Francisco reconoció que este encuentro “será fecundo gracias a la contribución que cada uno de nosotros podrá expresar con parresía, fidelidad al Magisterio, conscientes de que todo contribuye a la ley suprema”.

 

Por su parte, en sus palabras antes del discurso del Papa, el Cardenal Sodano, recordó el papel de los purpurados de ser “un colegio peculiar que asiste al Santo Padre sea de manera colegial o personal”.

 

“Algunos de nosotros desarrollamos esta tarea en la Curia Romana. La mayor parte de los hermanos cardenales provienen de las diversas partes del mundo, y estoy contento de poder ofrecer al sucesor de Pedro mi apoyo con mi presencia”.

 

En ese sentido, recordó que “ante los nuevos desafíos del tercer milenio cristiano, se nos ha llamado a colaborar para una mejor actividad del cenáculo apostólico que es la Curia romana”.



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Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

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01-02-2015

Domingo IV Ordinario – B

Dt 18,15-20: Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

Salmo 94: Ojalá escuchen hoy la voz del Señor, no endurezcan su corazón

1Cor 7,32-35: La mujer soltera se preocupa de los asuntos del Señor, para ser santa

Mc 1,21-28: No enseñaba como los letrados, sino con autoridad

La palabra Deuteronomio viene de Deuteros = segundo, y Nomos = ley. Es la segunda versión de la legislación mosaica. El Deuteronomio fue elaborado a partir de pequeños fragmentos que fueron compilados por el autor o los autores a lo largo de más de seiscientos años. El material que conocemos tuvo un origen muy diverso. Una parte pertenece a la gran tradición oral que la confederación de tribus empleó para regular la aplicación de la justicia al interior de la comunidad y entre las tribus durante el tiempo de los Jueces. Otra parte proviene de las tradiciones del reino del Norte, elaborada por grupos que se oponían a la monarquía y proponían legislaciones alternativas para tratar de cambiar el despótico gobierno instalado en Samaría. Otra parte, es elaboración de tradiciones orales del reino del Sur vigentes en tiempos del rey Josías. Esta diversidad fue re-elaborada después del destierro por los sacerdotes y los sabios, hasta alcanzar la forma que hoy conocemos.

 

El documento tuvo varias ediciones en las que fue sucesivamente ampliado. Insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este documento, un fárrago de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la vida íntima de la comunidad, la necesidad de que cada persona tenga lo mínimo para sobrevivir y nadie viva en una situación oprobiosa y miserable. De este modo, la ley deja de ser una ominosa obligación y pasa a ser un «don» que otorga Dios a todo el pueblo. Este don o alianza se fundamenta en el derecho de cada familia a poseer lo mínimo necesario, esto es, un pedazo de tierra donde pueda cultivar y donde pueda vivir sin ser una carga para los demás: “Como Yavé ha hecho don de este país su pueblo, nadie puede apropiarse de la tierra” (Dt 15, 4).

 

Para este autor la alianza, la ley o «don» debe ser interiorizada. La convivencia en el país que Dios ha dado al Pueblo peregrino exige un cambio de mentalidad que se traduce en una organización social donde el derecho divino prevalece sobre todas las instituciones. Lo central de este derecho es la justicia interhumana, entendida como fundamento de la convivencia social. “El rey debe ser hermano y recortar ventajas e intereses personales. Este abrirse generosamente a los otros es lo que demuestra la pertenencia a Yavé y lo que permite la pertenencia a este pueblo”.

 

En esta misma línea se ubica la promesa acerca del profeta venidero. Ese profeta se compara con Moisés. No viene a recordar al pueblo una u otra cosa. Viene para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la Ley, tema en el que insiste el Deuteronomio, de modo que no se convierta en una mera formalidad, sino que exprese las necesidades vitales de la comunidad y de cada ser humano.

 

El Deuteronomio da inicio a una tendencia que Jesús llevará adelante. Para Jesús, y en general para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la dignidad, la intimidad y el valor de cada ser humano, el derecho a vivir en una comunidad donde sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. De este modo, la legislación deja de ser un precepto que rige alguna cosa en particular, y se convierte en expresión de las necesidades vitales del ser humano. A esto llama la Biblia “llevar la Ley en el corazón”.

 

Esta nueva manera de ver la ley es la que aplica Pablo en la carta a los corintios. Él aconseja, sugiere, opina, exhorta y amonesta teniendo en cuenta la situación de la comunidad, en el marco social, y la situación de la persona, en el marco de la comunidad. No impone criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca que cada persona esté a gusto con su situación.

 

La comunidad, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, le pregunta al apóstol Pablo: ¿sería preferible no casarse? Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana se sienta a gusto y motivada para servir. Por eso su mensaje no orienta a los que están casados, sino que se preocupa por los judíos y por los esclavos. Los judíos para que no renieguen de su cultura y tradiciones, pero para que tampoco se la impongan a los demás. A los esclavos los anima a no desanimarse por su condición y a buscar una oportunidad para liberarse. De este modo, ninguno se puede sentir ni inferior ni superior a los otros. Todos son iguales porque al interior de la comunidad se respeta la diferencia. Este es el principio de igualdad.

 

En todos los casos, situaciones, estados civiles, posiciones sociales... Pablo insiste en la urgencia de buscarse un camino para vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la irrupción del Reino. El Señor vuelve cuando la comunidad, libre ya de trabas sociales, culturales o ideológicas, da testimonio de un modo de vivir alternativo y liberador.

 

Esta capacidad, para discernir cada situación en particular, fue una de las cosas que más admiró la multitud en Jesús. Mientras otros maestros y líderes respondían con exhaustivas explicaciones y citando códigos, preceptos y doctrinas, Jesús respondía con la verdad simple y llana.

 

Jesús estaba interesado en la situación particular de cada ser humano: en sus sufrimientos, en las ideas que lo atormentaban, en aquellas cosas que le impedían ser libre y espontáneo. Este interés no obedecía a un interés político encubierto, sino a una genuina valoración de cada persona que encontraba en el camino. Muchos movimientos y grupos muestran interés por los individuos mientras estos sirven a sus intereses proselitistas, mientras son sus adeptos, luego, si disienten, los ignoran o los marginan. Jesús se manifestó abiertamente contra este modo de actuar y lo declaró abiertamente: el sábado, o sea la ley, las costumbres, todo lo prescrito, está al servicio de cada ser humano y no al contrario.

 

Precisamente, su lucha contra los demonios fue una lucha contra las ideologías instaladas en las sinagogas, que buscaban un mesías glorioso, un militar implacable, un reformador religioso. Jesús nunca se identificó con estos propósitos. Por esta razón, conmina a los “espíritus inmundos” o ideologías opresoras a guardar silencio y a no tratar de seducirlo con falsas aclamaciones y reconocimientos.

 

El pueblo sencillo reconocía esta lucha contra el formalismo de la ley la ideología que la sustentaba. La propuesta de Jesús los liberaba de la pesada carga moral, económica y cultural que suponía cumplir los más de seis mil preceptos que estaban vigentes para regular todos los aspectos de la vida personal y comunitaria. Mucha gente se preguntaba: ¿no será este hombre el nuevo legislador? ¿No será el hombre prometido como reemplazo del profeta Moisés? ¿No será la propuesta de Jesús, el Reinado de Dios, la “nueva Ley?” ¿Por qué sus acciones liberadoras y su lucha contra el mal es tan eficaz?

 

Hoy debemos preguntarnos: ¿hemos seguido la propuesta de Jesús de que cada ser humano tenga un valor inalienable? ¿Creemos que nuestra tarea, como anunciadores de la buena nueva, es ayudar a todos los seres humanos a liberarse de las trabas que nos les permiten crecer con libertad y espontaneidad? ¿Tiene carácter normativo la Buena Nueva de Jesús, o la tomamos a la ligera como las noticias de cada día?

 

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El 21 y 22 de Febrero se estará dando la Primera Escuela de Apologética “La Verdadera Iglesia de Cristo” con el Padre Luis Toro de la Diócesis de San Cristobal. Entradas a la venta por la parroquia de San José; Costo 100 BF; Lugar el Salón parroquial de San José. Asiste y ven a formarte como buen católico.

 

NOTICIAS DE LA IGLESIA


“Los cristianos deben morir”: La consigna de Boko Haram en Níger


NIAMEY, Ene. 2015
/ (ACI).- Los extremistas musulmanes de Nigeria que conforman la banda criminal de Boko Haram tienen una consigna que ha extendido hacia Níger, país que limita con el primero y en donde han quemado varias iglesias en los últimos días: “los cristianos deben morir”.

 

Una misionera de Níger, cuyo nombre no se ha dado a conocer por razones de seguridad, escribió un correo electrónico a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) en donde relata el drama que viven en estos días perseguidos por Boko Haram.

 

“En Navidad Boko Haram había amenazado con quemar todas las Iglesias en Níger y ¡quemarnos vivos! Pero por alguna razón eso no pasó y nadie sabe bien por qué. Fue una coincidencia que las caricaturas de Charlie Hebdo iniciaran los ataques. ‘Los cristianos deben morir, para que se vayan al paraíso’ dicen los miembros de Boko Haram. Es diabólico”.

 

“Pero no vamos a dejar que el miedo nos mueva. El amor es más fuerte que el odio”, escribe.

 

La misionera recuerda que los ataques de Boko Haram en Níger comenzaron “con cinco muertos, cuatro personas en una iglesia y una en un café. El centro cultural francés fue atacado y totalmente quemado, también un banco”.

 

“La iglesia en donde viven los misioneros de África también fue incendiado, junto con la residencia de las hermanas de la Asunción, sus autos y la escuela. Quemaron todo. No les dejaron nada. Afortunadamente pudieron huir a tiempo y refugiarse en una base militar”.

 

La hermana calcula que fueron en total 40 templos cristianos los incendiados y que fue la valentía de una de las hermanas de la caridad lo que permitió que no quemaran el hospital que administran. Esta hermana le preguntó a los atacantes: “’¿Podemos al menos sacar a nuestros pacientes antes de que incendien todo?’ Estas palabras hicieron pensar a los rebeles y como resultado ya no tocaron el hospital, pero sí quemaron la iglesia junto a ella”, relata.

 

“Uno nunca sabe con estas bandas. Fui a la capilla con otra hermana a tomar el Santísimo Sacramento porque también trataron de quemar los tabernáculos. Cerramos todo con llave”.

 

La misionera cuestiona: “¿por qué tanto odio y violencia? La paz no es simplemente una palabra. Sabemos lo frágil que es. Tenemos que trabajar mucho para lograr la paz, comenzando por nosotros mismos. Lloramos. Las lágrimas corren. ¡Oh Jesús, sálvanos!”

Finalmente la hermana escribe: “¡recen por nosotros, por nuestra gente, por el mundo, para que la luz del amor de Cristo brille ante todos!”


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25-01-2015

Domingo III Ordinario – B

Jon 3,1-5.10: Se convirtieron los ninivitas de su mala vida

Salmo responsorial 24: Señor, enséñame tus caminos.

1Cor 7,29-31: La presentación de este mundo se termina

Mc 1,14-20: Conviértanse y crean la Buena Nueva

Como es sabido, en las lecturas de la liturgia de los domingos, la primera y la tercera están siempre unidas temáticamente, mientras que la segunda suele ir por caminos independientes. Hoy la pareja de lecturas principales son la de la predicación de Jonás sobre la ciudad Nínive, y la predicación de Jesús al comenzar su ministerio, precisamente «cuando arrestaron a Juan», o sea, al faltar el profeta.

 

La lectura sobre Jonás hoy presenta un contenido positivo: el profeta atiende el mandato de Dios que le envía a predicar, va, predica, y además tiene éxito su predicación, pues la ciudad se arrepiente.

 

El comentario más simple a este texto puede ir por la línea de la importancia de la predicación profética para la conversión de los que están alejados de Dios. Es un tema conocido. Y, como decíamos, hace un paralelismo con el texto del evangelio: Jesús es un nuevo profeta, que empalma con la línea de los profetas clásicos, que también se lanza por los caminos para predicar un mensaje de conversión.

 

Para unos oyentes más críticos, esta segunda lectura es preocupante. Porque el conjunto entero de lo que en ella se expresa pertenece a un marco de comprensión hoy insostenible: un Dios arriba, directamente imaginado como un gran rey, que envía su mensajero para predicar un mensaje de conversión, mensaje que antes no pudo surtir efecto porque el profeta no quiso ir a predicar, pero que ahora es atendido y obedecido por los ninivitas. «Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció, y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó». Esta imagen de un Dios arriba, que toma decisiones, envía mensajeros, les insiste, se comunica con los seres humanos por medio de esos mensajeros profetas, y que «al ver» las obras de penitencia «se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a la ciudad»... es, obviamente, humana, muy humana, demasiado humana, sin duda. Es, claramente, un «antropomorfismo». Dios no es un Señor que esté ahí «arriba, ahí afuera», ni que esté enviando mensajeros, ni es alguien que pueda amenazar, ni que se pueda arrepentir... Hoy sabemos que Dios no es así, que lo que llamamos «Dios» es en realidad un misterio que no puede ser reducido a una imagen o una imaginación antropomórfica semejante.

 

Sería bueno, incluso necesario, referirse a esta calidad de antropomorfismo que tiene esta lectura –como tantísimas otras–, y hacer caer en la cuenta a los oyentes que no los estamos tomando por niños, sino que, simplemente, estamos utilizando un texto compuesto hace más de veinticinco siglos, y que la imagen de Dios que aparece en él nos resulta hoy inviable. Es importante decirlo, y no es bueno darlo por sobreentendido, porque puede haber –con razón- personas que se sientan mal al escuchar estas imágenes, como si se sintieran retrotraídas al tiempo de la catequesis infantil. Y, desde luego, es recomendable abordar –en esta u otra ocasión– el tema de las imágenes de Dios, y aclarar que si somos personas de hoy, lo más probable es que no nos encaje bien el lenguaje clásico (o ancestral) sobre Dios, y que tenemos todo el derecho a ser críticos y a utilizar otro.

 

Éste podría ser, sin más, el buen tema de reflexión central para la homilía de hoy. Es más que suficientemente importante. Recomendamos el libro del obispo anglicano John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial», Abya Yala, Quito 2011, tiempoaxial.org).

 

La lectura de la 1ª carta de Pablo a los corintios también puede iluminarse hoy con la del evangelio de Marcos: ante el reinado de Dios que ha sido instaurado por la actuación de Jesús -su predicación, sus milagros, sus controversias, especialmente su muerte y resurrección-, todas las realidades humanas adquieren un nuevo sentido: comprar, vender, llorar, reírse, casarse o permanecer célibe, todo es diferente y su valor distinto. Lo absolutamente definitivo es el ejercicio de la voluntad salvífica de Dios que Jesús vino a poner en marcha. Por eso Pablo puede afirmar que "la presentación de este mundo se termina", es decir, que Dios hace nuevas todas las cosas realizando la utopía de su Reino en donde pobres y tristes, enfermos y condenados, excluidos y ofendidos de la tierra son rescatados y acogidos, y en donde los ricos y los poderosos son llamados urgentemente a la conversión.

 

Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, en unas frases muy condensadas, los comienzos de la actividad pública de Jesús: es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, la próspera pero mal–afamada Galilea, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado –es que se ha cumplido el plazo de su espera– y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

 

Muchos reinados recordaban los judíos que escuchaban a Jesús: el muy reciente reinado de Herodes el Grande, sanguinario y ambicioso; el reinado de los asmoneos, descendientes de los libertadores Macabeos, reyes que habían ejercido simultáneamente el sumo sacerdocio y habían oprimido al pueblo, tanto o más que los ocupadores griegos, los seléucidas. Recordaban también a los viejos reyes del remoto pasado, convertidos en figuras de leyendas doradas, David y su hijo Salomón, y la lista tan larga de sus descendientes que por casi 500 años habían ejercido sobre el pueblo un poder totalitario, casi siempre tiránico y explotador. ¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era paradisíaca de antes del pecado.

 

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

 

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades: a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.

 

Parroquia San José de Carora

 

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·         Hoy domingo a las 10am estaremos realizando la tradicional Misa de Oración por los enfermos (Misa de Sanación). Invitamos a todos para que asistan con sus enfermos y atribulados.
 

NOTICIAS DE LA IGLESIA

 

Papa Francisco: Por más vida de pecado que tengas, corre donde Dios que perdona siempre


VATICANO, 23 Ene. 2015
/ 01:08 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco celebró esta mañana la Misa en la Casa Santa Marta en la que abordó el sacramento de la confesión, el cual no es un “juicio” sino el encuentro con Dios, quien no se cansa de perdonar a la persona que le pide su misericordia.

 

“Si tú has vivido una vida de tantos pecados, de tantas cosas feas, pero al final, un poco arrepentido, pides perdón, (Dios) ¡te perdona inmediatamente! Él perdona siempre”, afirmó el Santo Padre que centró su homilía en el perdón, la reconciliación y el encuentro con Dios.

 

El Pontífice explicó que “reconciliar” es el “trabajo de Dios, y es un trabajo hermoso” ya que “nuestro Dios perdona” cualquier pecado, lo perdona “siempre”, hace “fiesta” cuando uno le pide perdón y “olvida” todo.

 

El Papa reflexionó sobre el pasaje de San Pablo a los Hebreos, en el que el Apóstol habla de la “nueva alianza” establecida por Dios con su pueblo elegido.

 

“Ante todo, ¡Dios perdona siempre! No se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Pero Él no se cansa de perdonar. Cuando Pedro pregunta a Jesús: '¿Cuántas veces debo perdonar? ¿Siete veces?'. 'No siete veces: setenta veces siete'. Es decir siempre. Así perdona Dios: siempre. Y si tú has vivido una vida de tantos pecados, de tantas cosas feas, pero al final, un poco arrepentido, pides perdón, ¡te perdona inmediatamente! Él perdona siempre”.

 

Al mismo tiempo, Francisco dijo que la duda que podría surgir del corazón del hombre está en el “cuánto” está Dios dispuesto a perdonar. A lo que él mismo respondió que basta con “arrepentirse y pedir perdón”.

“No se debe pagar nada”, porque ya “Cristo ha pagado por nosotros”. A continuación, aludió a la parábola del Hijo Pródigo como ejemplo.

 

“No hay pecado que Él no perdone. Él perdona todo. 'Pero, padre, yo no voy a confesarme porque hice tantas cosas feas, tan feas, tantas de esas que no tendré perdón...' No. No es verdad. Perdona todo. Si tú vas arrepentido, perdona todo. Cuando… ¡eh!, tantas veces ¡no te deja hablar! Tú comienzas a pedir perdón y Él te hace sentir esa alegría del perdón antes de que tú hayas terminado de decir todo”.

 

El Papa aseguró además que cuando Dios perdona “hace fiesta” y “olvida” puesto que lo que le importa a Dios es “encontrarse con nosotros”.


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14-12-2014

Domingo III Adviento – B

Lc 1,46-54: Me alegro con mi Dios
1Tes 5,16-24: Que su espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado hasta la venida del Señor
Jn 1,6-8.19-28: Juan bautista, enviado a dar testimonio de la luz.

El profeta Isaías invita a todo el pueblo que retorna del destierro, y que ha visto que las promesas con que esperaban encontrar su tierra no son tan ciertas; lo invita a la esperanza. La acción de Dios es efectiva y eficaz. La Jerusalén que ahora ven arruinada, será en un futuro centro de peregrinaciones y a la que acudirán todas las naciones de la tierra. Es una realidad muy dura de pobreza, de tristeza y de cautiverio. Por eso, la vocación del profeta está dirigida hacia esas personas. Se siente capacitado por Dios para el anuncio de «buenas noticias» de esperanza a los marginados del país. Las cosas están difíciles pero podemos salir adelante, Dios no nos abandona, parece decir el profeta. Aunque haya dificultades al regreso el Señor ha revestido al pueblo de ropas de salvación, le ha retornado el don de la tierra, y así como está hace germinar los frutos, quien hace germinar la justicia y la alabanza es el Señor.

El salmo recoge hoy la oración de María cuando visita a Isabel, que la tradición llama Magnificat. La oración está basada en el cántico de Ana que encontramos en el 1Sam 2, 1-10. Se centra en dos grandes temas, por una parte los pobres y humildes son socorridos en detrimento de los poderosos, y por otra, el hecho de que Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham (Gn 15,1; 17,1). María canta la grandeza de Dios salvador que se ha fijado en los humildes, especialmente en la pequeñez de María, y nos muestra que la lógica de Dios no siempre coincide con la lógica e los poderosos. Precisamente ha hecho una promesa con un pueblo pequeño cumpliendo la promesa de Abraham, se ha fijado en la humildad y pequeñez de María, ha derribado del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. La lógica de Dios pasa por el reconocimiento de los más pequeños como sujetos preferenciales de su acción. En eso consiste ser creyente. Esta es la palabra profética que la tradición pone en boca de María.


En la segunda lectura vemos como el apóstol Pablo invita a la comunidad de Tesalónica a la fidelidad. La vida de la comunidad tenía algunas dificultades: problemas con los animadores de la comunidad, peleas, desánimo, falta de fe, fornicación. Es una comunidad que se ha convertido del paganismo al cristianismo (1,9) y que ha dejado los ídolos, sus dioses, para seguir al Dios verdadero, pero que le cuesta desprenderse del todo de sus tradiciones antiguas, de su legado cultural. Parece que la exigencia de la vida de comunidad no le era satisfactoria a muchos que se sentían desilusionados. Es por esto que Pablo les llama la atención; reconoce que ha sido una comunidad que se ha esforzado por seguir a Jesús, que posee el Espíritu del Resucitado, pero que aún puede dar más. Les llama a estar alegres, a orar constantemente, a no dejarse desanimar. No se trata de rechazar todo lo que les viene de fuera y que les impide la vida de comunidad, se trata de examinar todo y quedarse con lo bueno. Les llama a fidelidad y a continuar en el camino que han emprendido. No hay que dejarse desanimar por los problemas, que siempre habrán, se trata de ser fieles al camino emprendido y vivirlo con alegría pues estamos convencidos que es el mejor camino a la felicidad.


El evangelio de Juan no presenta el testimonio de Juan el Bautista que ahondaremos a lo largo de esta semana litúrgica. La lectura nos introduce diciendo que este es el testimonio de Juan y luego nos cuenta que de Jerusalén los dirigentes judíos enviaron delegados para preguntarle si era el Mesías o Elías que precedería a la llegada del Mesías. La respuesta de Juan es ambigua. Si bien no se reconoce como Mesías tampoco se reconoce como Elías que ha de venir; sin embargo, sí se reconoce como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres, entonces ¿por qué bautizas? Su respuesta es parecida a la primera, el bautismo de agua es un bautismo purificador, si se quiere externo, pero quien vendrá traerá un bautismo que purificará a todo el ser humano y ante el cual el bautismo de Juan es solo anticipo. Es claro que la figura de Juan el Bautista tiene gran importancia para las primeras generaciones cristianas. Además de homologarlo con el profeta Elías, muchos de los seguidores de Juan pertenecieron a las primeras comunidades cristianas. Por otro lado, fue crítico ante el poder dominante de los romanos y de Herodes, lo que le llevó a la muerte. Fue un hombre que supo entregarse a su misión y que supo ver en el futuro que se avecinaba, los tiempos esperados.
 

NOTICIAS DE LA IGLESIA


“Vivimos un milagro” con la Virgen de Guadalupe y el Papa Francisco en San Pedro


VATICANO, 12 Dic. 14
/ 06:18 pm (ACI).- El Secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero, el Arzobispo mexicano Jorge Patrón Wong, afirmó que en la Misa que el Papa Francisco celebró este viernes por la fiesta de la Virgen de Guadalupe “experimenté que vivimos un milagro”.


En declaraciones a ACI Prensa luego de la Misa que se celebró en la Basílica de San Pedro, el Arzobispo comentó que “vivimos un milagro con el primer Papa latinoamericano y con ver luego la Basílica de San Pedro convertida en una gran parroquia latinoamericana”.


El Prelado, que fue uno de los cardenales y obispos llegados desde distintos lugares de América para esta importante ocasión, dijo que se sintió en profunda sintonía con los latinoamericanos, con sus “esperanzas, oraciones y las lágrimas de millones. Me sentí también en sintonía con el corazón del Papa que en las plegarias colocamos nuestra esperanza y nuestro corazón”.

Mons. Patrón Wong dijo luego que haber estado en esta Misa, como mexicano y latinoamericano, le permitió ahondar “la experiencia de ser de América Latina es la de saber que las dificultades se pueden vencer cuando está Dios y cuando dejamos que Maria nos haga mejores discípulos y misioneros de Cristo”.


Por su parte, Mons. Eduardo Chávez, Postulador de la causa de San Juan Diego y autor de 28 libros sobre la Virgen de Guadalupe, contó a ACI Prensa su experiencia de haber sido el encargado de entregar al Papa la Rosa de Plata que desde hace más de 50 años recorre Canadá, Estados Unidos y México.


“Dios a través de la Virgen de Guadalupe ha querido estar entre nosotros y esta rosa es prueba de ello. Aún estoy emocionado por todo esto y el Santo Padre me decía varias veces: ‘ruega por mí’ con una gran sonrisa. Estoy muy contento por esta oportunidad que he tenido”, narró.


El Arzobispo de Piura y Tumbes (Perú), Mons. José Antonio Eguren, refirió a su turno que con sus palabras, “el Santo Padre nos ha querido decir que la fe católica recorre todo nuestro continente, desde Alaska hasta la Patagonia. Es esa fe la que da la unidad a todo el Continente”.


El Prelado dijo a ACI Prensa que “profesamos esta fe cristiana y católica gracias a que la Virgen Santísima nos visitó en 1531 y nos trajo al Evangelio vivo que es nuestro Señor”.

“Creo que América Latina es la gran reserva de la fe católica. Creo que ha sido un llamado del Santo Padre para sentir nuestra responsabilidad de mantener viva la fe como María y que salgamos a anunciar a Cristo vivo a los demás con alegría y entusiasmo”.


                                                                  Virgen de Guadalupe derriba ídolos e ideologías mundanas, dice Papa Francisco

VATICANO, 12 Dic. 14
/ 03:27 pm (ACI).- En la Misa criolla en la que participaron esta tarde miles de personas en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco hizo una reflexión sobre la Virgen de Guadalupe y el canto de alabanza del Magnificat, que derriba los ídolos como el poder así como los ídolos y las jerarquías del mundo.

En su homilía, pronunciada íntegramente en español, el Santo Padre dijo que “en las maravillas que ha realizado el Señor en María, Ella reconoce el estilo y el modo de actuar de su Hijo en la historia de la salvación. Trastocando los juicios mundanos, destruyendo los ídolos del poder, de la riqueza, del éxito a todo precio, denunciando la autosuficiencia, la soberbia y los mesianismos secularizados que alejan de Dios, el cántico mariano confiesa que Dios se complace en subvertir las ideologías y jerarquías mundanas”.

Por intercesión de la Virgen de Guadalupe, dijo luego el Pontífice, “la fe cristiana fue convirtiéndose en el más rico tesoro del alma de los pueblos americanos, cuya perla preciosa es Jesucristo”.


Este patrimonio, resaltó, “se transmite y manifiesta hasta hoy en el bautismo de multitudes de personas, en la fe, esperanza y caridad de muchos, en la preciosidad de la piedad popular y también en ese ethos de los pueblos que se muestra en la conciencia de dignidad de la persona humana, en la pasión por la justicia, en la solidaridad con los más pobres y sufrientes, en la esperanza a veces contra toda esperanza”.


El Papa recordó luego que “América Latina es el ‘¡continente de la esperanza!’, porque de ella se esperan nuevos modelos de desarrollo que conjuguen tradición cristiana y progreso civil, justicia y equidad con reconciliación, desarrollo científico y tecnológico con sabiduría humana, sufrimiento fecundo con alegría esperanzadora”.


“Solo es posible custodiar esa esperanza con grandes dosis de verdad y amor, fundamentos de toda la realidad, motores revolucionarios de auténtica vida nueva”, agregó.


El Pontífice hizo luego votos para que Santa María de Guadalupe “conduzca de la mano a todos los hijos que peregrinan en estas tierras al encuentro de su Hijo, Jesucristo, Nuestro Señor, presente en la Iglesia, en su sacramentalidad, y especialmente en la Eucaristía, presente en el tesoro de su Palabra y enseñanzas, presente en el santo pueblo fiel de Dios, en los que sufren y en los humildes de corazón. Que así sea. ¡Amén!”
 

Twitter: @PbroRamonCrespo     ramonluis1966@gmail.com


Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

www.elrincondelcura.blogspot.com

ramoncrespo1966@gmail.com
 

07-12-2014

Domingo II Adviento – B

Is 40,1-5.9-11: Preparen un camino al Señor

Salmo 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

2Pe 3,8-14: Esperemos un cielo nuevo y una tierra nueva

Mc 1,1-8: Comienzo del evangelio de Marcos

En los tiempos que escribe el profeta Isaías el pueblo de Israel se encuentra en el exilio de Babilonia y es inminente un posible retorno a la tierra de Israel. Isaías da aliento a su pueblo diciéndoles que ya han satisfecho la pena que tenía estipulada por sus culpas, satisfacción lograda por medio de la esclavitud y los trabajos forzosos que han vivido en Babilonia. Ahora vendrá un mensajero, que el escritor no le da nombre, proclamando que todo monte sea rebajado, allanando, aplanado para hacer una senda a nuestro Dios que regresa triunfante a Jerusalén conduciendo a su pueblo como en otro tiempo lo hizo con los israelitas saliendo de Egipto. El escritor ha tomado una costumbre de su época, según la cual cuando un rey ganaba una guerra o una batalla se hacían caminos ceremoniales en los cuales se celebraba el triunfo del rey sobre sus enemigos. Asimismo Yahvé es el Señor, el Dios de Israel que retorna glorioso triunfante a Jerusalén por un camino preparado por Él. El mensajero anuncia a todo el pueblo esta noticia, noticia de esperanza y de alegría para una comunidad que vivía marginación y explotación. Los evangelistas han asociado a este mensajero que prepara el retorno de Yahvé con Juan el Bautista.

 

El Salmo canta la esperanza del pueblo desterrado que ahora retorna. Ellos se preguntan hasta cuándo Dios estará alejados de ellos, y la respuesta es unánime: Él mora en aquellos que le son fieles. Ese día Yahvé se hará presente. La justicia y la paz reinarán y las cosechas, que no han producido lo esperado, prosperarán. Es un himno al Dios compasivo que ahora retorna a su tierra para hacerla fructificar. Es la espera y la esperanza en un futuro mejor.

 

La segunda lectura de la carta de Pedro, nos sitúa dentro del debate sobre el día de la segunda venida del Señor. La comunidad para la que esta dirigida la carta de Pedro se preguntaba cuándo sería ese día en que Jesucristo resucitado volvería. En un principio se les había dicho que pronto pero pasaba el tiempo y no retornaba. El apóstol le responde diciéndole que el Señor no se retrasa en el cumplimiento de la promesa como ellos suponen, sino que usa de la paciencia de los hombres queriendo que todos lleguen a la salvación; por que un día es como mil años y mil años como un día para el Señor. En ese día se inaugurara un nuevo cielo y nueva tierra. Lo que nosotros tenemos que hacer es esforzarnos para ser hallados en paz ante él, y ésta debe ser una actitud permanente pues no sabemos el día en que vendrá. Pedro anima a la espera a una comunidad impaciente, y más que a una espera a vivir esperanzadamente en un futuro mejor. No niega que haya problemas en la comunidad (divisiones, persecuciones), pero lo que nos debe identificar como cristianos es la confianza en un futuro mejor.

 

El evangelio de Marcos se centra en la predicación de Juan el Bautista. En él se cumple la profecía de Malaquías según la cual vendrá un mensajero delante del Mesías (que sería Elías); y del profeta Isaías que expresa la misión del precursor preparar el camino de aquel que ha de venir. Juan proclamaba un bautismo de conversión el cual era signo del perdón de los pecados y que implicaba el compromiso de cambio de vida. Predicaba un castigo inminente de Dios y ante esa amenaza debíamos reconocernos pecadores, débiles, que hemos fallado, por lo cual el bautismo era expresión de un real cambio de vida y no solo un simple rito. Esta predicación era muy aceptada por las gentes de Jerusalén y de Judea, especialmente los más pobres (luego evangelistas nos dirán que los fariseos y los doctores de la ley, personas importantes, no creyeron en él). Caracteriza a Juan su vestimenta y su dieta, que significaba su talante profético. Se viste a sí porque las tradiciones de la época identificaban con estos rasgos a los profetas. La venida inminente de quien bautizará en Espíritu, es la esperanza que el grupo de seguidores de Juan arraiga en su corazón.

 

Como vemos, la liturgia del día de hoy nos invita a esperanza, a creer que en medio de las dificultades, de las persecuciones, de las realidades más duras de la vida; es posible un futuro mejor, porque el Señor es fiel a quienes asumen los valores de la verdad, de la justicia, de la fraternidad. Todas estas esperanzas que nos invitan las lecturas, como cristianos, las leemos en Jesús, sobre todo en este tiempo de espera alegre de la Navidad, espera de un nuevo mundo. Que nuestra esperanza sepa dar testimonio ante el mundo de que un futuro mejor, en medio de las difíciles condiciones de nuestra realidad, es posible.
 

CURIA DIOCESANA

 

·         Con gran júbilo la Iglesia celebro 4 días intensos de rogativa a la Virgen de la Chiquinquirá, convocada por el Señor Obispo diocesano en unión de todo el Presbiterio de Carora. Un balance positivo y alentador nos sale al encuentro al ver la multitudinaria aceptación y participación de toda la comunidad torrense. Fueron 4 días donde se oró por todos los enfermos y se les administró el sacramento de la unción de enfermos,  aquejados por la peste Chikungunya. No hubo una sola parroquia, un solo centro de salud donde la Virgen Madre  dejara de visitar, y por supuesto, Monseñor llevó la bandera junto a todos los sacerdotes de la zona de Carora. Gracias Madre nuestra porque sabemos que nuestras oraciones, presentadas a ti por nuestro pastor el Obispo diocesano van a ser escuchadas y más pronto que tarde, estaremos gozando de la anhelada salud y paz que nos vas a dar. ¡¡¡¡GRACIAS MADRE NUESTRA!!!

  

DIOS PERDONA TODO

 

A mí nunca se me va a olvidar una historia que leí de la Guerra Civil Española donde un republicano estaba muriéndose y le pidió a dos soldados nacionalistas que pasaban por ahí: -¡Un sacerdote, por favor! ¡Un sacerdote! Uno de los soldados le gritó: -¡Púdrete en el infierno! Pero el otro soldado, compadecido, buscó un sacerdote y se lo llevó.

 

Cuando el moribundo vio al cura le preguntó con mucha ansiedad: -¿Usted es el párroco de este pueblo? Y el sacerdote le contestó que sí. Total que el hombre se confesó, recibió los santos óleos y el sacerdote le pidió a los soldados que lo llevaran a un sitio techado para que no muriera en la calle.

 

En el trayecto el hombre decía: -¡Me ha perdonado, me ha perdonado! Y uno de los soldados le dijo: -¡Claro que te ha perdonado, ese es su trabajo! Pero el hombre señaló: -Es que yo no solamente maté 16 sacerdotes sino que cuando llegué a este pueblo para matar al cura me encontré con su padre y su hermano y como no me dijeron dónde estaba, los maté a ellos. Y este hombre, a quien he matado a su padre y a su hermano, me ha dado la absolución ¡Me ha perdonado!

 

Bueno, así es Dios. Dios perdona todo. Absolutamente todo si estamos verdaderamente arrepentidos. Y eso es algo que a veces quienes guardan rencor por algo grave que le ha pasado a ellos, a sus familiares, etc., no pueden comprender fácilmente.

 

Pero es que las cosas de Dios definitivamente no son fáciles de entender. Justo ahora que estamos comenzando el tiempo de adviento es un momento propicio para reflexionar sobre algunas cosas que no son fáciles de entender.

 

¿Cómo explicarnos por ejemplo que Dios se encarnó en una Virgen para venir como un bebé pobre y desvalido a esta tierra, para salvarnos de nuestros pecados? ¿Cómo entender que Dios haya mandado a Su propio Hijo para que muriera en una cruz vejado, ultrajado y despreciado por muchos? ¿Acaso no era más fácil que viniera Todopoderoso, con rayos y centellas desde lo Alto, para gritarnos que nos arrepintiéramos y que nos portáramos bien?

 

Pues no fue así porque Dios nos hizo libres. Libres para que lo sigamos y lo amemos solo si nos da la gana. Él nos dejó el camino para seguirlo, y nos lo recordó muchas veces a través de Su Hijo en muchas parábolas, para que aprendiéramos lo que es el mal y lo que es el bien.

 

Jesucristo, quien es infinitamente misericordioso, vino a esta tierra a reformar el “ojo por ojo y diente por diente” del Antiguo Testamento pero también vino a decirnos que los Mandamientos para todos los hombres son los mismos 10 que su padre Dios le entregó a Moisés.

 

Y por si fuera poco dejó el sacramento de la confesión en su Iglesia cuando le dijo a los apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes le perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos” (Jn 20, 22-23).

 

Ese sacramento que nos muestra la infinita misericordia de Dios, que perdona lo que sea a quien se muestre verdaderamente arrepentido y con disposición a no volver a pecar. ¿Cuántas veces uno no ha leído ese maravilloso pasaje del Evangelio donde Cristo le dice a la Magdalena: “Tus pecados te son perdonados; vete y ¡no peques más!?” (Jn 8,11).

 

¿Cuántos hombres que eran grandes pecadores, terminaron siendo santos de altar? San Agustín cada vez que pensaba convertirse le decía a Dios: “Todavía no, Jesús, que a mi me cuesta mucho vivir la castidad”.

 

Y así como San Agustín somos muchos quienes nos hemos dado trancazos en la vida por dejar al Niño Jesús esperándonos en un rincón. Y no entendemos que Él está ahí en su cunita, con los brazos abiertos, ansioso para que nos decidamos rápidamente a empezar una Vida Nueva, una vida que meta a Cristo en nuestros planes.

 

Esta época de adviento, que la Iglesia nos regala para que nos preparemos internamente para recibir al niño Jesús, es un tiempo maravilloso para convertirnos, para convertirnos de corazón. Es un tiempo maravilloso para acudir al sacramento de la confesión.

 

No dejemos ese encuentro con Cristo para la última hora, como lo hizo el republicano o el buen ladrón, porque no sabemos cuándo Dios nos va a llamar a su presencia.

 

¡Ojalá aprovechemos mucho este tiempo de Adviento para prepararnos de la mejor manera y poder recibir a Cristo en nuestro corazón! ¡Aprovechemos este maravilloso tiempo para centrarnos en lo importante: Cristo y la salvación; y para no dispersarnos en cosas que nunca podrán darnos la Paz que sólo Jesucristo nos puede dar!
 

Twitter: @PbroRamonCrespo     ramonluis1966@gmail.com


Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato

Director de la Página Diocesana

www.elrincondelcura.blogspot.com

ramoncrespo1966@gmail.com
 

30-11-2014

Domingo I Adviento – B

Is 63,16b-17.19b; 64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!

Salmo responsorial 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

1Cor1,3-9: Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo

Mc 13,33-37: Velen, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

 

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no hay remedio... Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

 

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

 

La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos (recuérdese el film La misión). Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día... Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos... Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos...

 

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina... sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

 

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» –que eso significa la palabra–, el «noch nicht Sein» como diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»... Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza... Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»... Lo real más real no es sin más lo real, sino las posibilidades de ser que lo que hoy es lleva consigo.

 

Después de los años 90 del siglo pasado, estamos en un tiempo en el que se dice que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura anti-utópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenim