Novela biográfica sobre Jóvito Villalba
Yo y mi Partido. Mi partido y yo
Enrique Meléndez Oropeza

 


 



 



Presentamos a Uds. los dos capítulos finales de la obra
Yo y mi partido. Mi  partido y yo, del escritor caroreño Enrique Meléndez, novela que se encuentra en proceso de publicación y nos narra la vida de uno de nuestros grandes políticos venezolanos, el Dr. Jóvito Villalba. Nos honra su deferencia al compartir con nosotros este excelente trabajo, que esperamos sea del agrado de nuestros consecuentes lectores.  

06-10-05


¿Hemos hablado de un fenómeno de masas que se conoce en las elecciones para presidente y cuerpos legislativos del año 1963? Ese es el de Arturo Uslar Pietri; un hombre que, precisamente, había actuado como senador, electo en las planchas de URD en las elecciones del año 58, y quien tenía mucha ascendencia sobre el pueblo venezolano; con motivo de un programa de televisión de tipo ilustrativo, y el cual realizaba a partir de una serie de charlas, y las que eran muy amenas gracias a sus dotes de conferencista, y a sus virtudes intelectuales; también él se podía considerar uno de los primeros hombres mediáticos de este país: “mis amigos invisibles”, he allí una expresión que hizo propia, y que le rebotó hacia la identidad de su persona, como a Villalba el sintagma antes señalado que se lo crearon los cómicos de la televisión, como hemos dicho, y expresión que pronunciaba Uslar al comienzo y al final de sus conferencias, refiriéndose a los televidentes, y de modo que este será el lado flaco de los hombres públicos, en el que se fijan los cómicos de la televisión, mientras doblan sus respectivos personajes en los programas de entretenimientos: estamos en un momento en que la pantalla televisiva va a jugar un papel importante en el desarrollo de la campaña electoral, en la medida en que ésta se vaya expandiendo por el país, y se convierta en un poderoso medio de diversión. Hasta entonces Venezuela era un país callejero, en lo que respecta a su vida nocturna, y la gente, cuando no estaba apostada en el poyo de una ventana, detrás de una celosía, estaba sentada en la puerta de la casa, para ver pasar a los transeúntes, mientras el resto del pueblo se congregaba en un espectáculo que llamaban cine. Esta costumbre será transformada por un huésped, que de pronto comienza a proliferar en nuestras casas, “huésped alienante”, lo llegaron a calificar ciertos teóricos de la comunicación de conciencia apocalíptica; de manera que la televisión viene a ser el santo nuevo que hace milagros en la figura de Uslar Pietri. La candidatura de Jóvito Villalba se había lanzado desde junio de 1962; con mucha antelación debido a que se buscaba contrarrestar el clima de violencia, antes planteado; incitando, por esta vía, a la ciudadanía a pensar en una fórmula electoral como una salida democrática a la situación de inestabilidad, derivada de tal clima.

Incluso, en URD este gesto electoral se situaba en el marco de lo que habían sido las intenciones del partido también con ocasión de las elecciones para la Constituyente en el año de 1952, como ya las conocemos; una forma de hablarle a las fuerzas insurgentes, teniendo presente en lo extemporáneo de la fecha que había escogido Villalba para el lanzamiento de su candidatura, y la que no dejará de ser saboteada por el fanatismo de algunos elementos subversivos que se permitían poner niples en medio de la realización de mítines, a los fines de amedrentar a la audiencia, y de esa forma dispersar el acto político, diríamos en este caso, de carácter pacífico.

Ramón Tenorio Sifontes asegura que a lo largo de la campaña se observaba que Villalba representaba una fuerza arrolladora en el país, y que la prueba de ello la constituye el mitin multitudinario, que realiza URD el 30 de agosto de 1963 en la plaza de El Silencio. “Este acto fue saboteado por grupos de extrema izquierda cuya consigna era ‘balas sí, votos no’, y a la que respondía Jóvito, como un auténtico maestro del constitucionalismo venezolano, defensor del orden democrático, el lema de ‘votos sí, balas no’. El presidente Betancourt confiesa que se da cuenta de la popularidad de Jóvito, y de que peligraba la candidatura de Raúl Leoni por el desgaste natural del gobierno y las divisiones de AD, y que se dedicó a dividir a la oposición estimulando la candidatura de Arturo Uslar Pietri por el FND y de Wolgfang Larrazábal por el FDP
[1]”.

Recuerdo una madrugada de mi infancia, cuando algo alarmó a mi familia. El ruido de unos hombres en la calle frente a mi casa, que se bajaban de un carro; algo inusitado en un pueblito de la provincia de Venezuela de unos quince mil habitantes, y donde eran contados los carros que existían, algo así como el famoso carro fantasma del cual habla uno de los cuentos de Uslar Pietri, que decía la imaginación popular que se presentaba en los pueblos y sobresaltaba a la gente, y de cuyo significado se hace éste eco en su relato. Yo dormía en un cuarto contiguo al de mis padres; dormía a rienda suelta porque aquello no me despertó, sin embargo le oí decir a mi madre en la mañana que aquellos individuos se habían presentado con unas brochas y unos potes de pintura, de acuerdo a lo que ella y mi padre habían podido ver desde las rendijas de la ventana, y en la pared del solar de la familia Morón habían escrito una consigna que el movimiento comunista proclamaba a nivel nacional: “Rómulo renuncia. ¡Vivan las Fuerzas Revolucionarias de Liberación Nacional”. Entonces Betancourt respondería: “Ni renuncio ni me renuncian”.

El Rómulo renuncia derivó en RR, lo que me trae el recuerdo de un padre, que yo tuve como maestro en el Colegio Cristo Rey de Carora, donde me formé; una congregación de curas españoles que habían fundado dicho plantel allí, y quien se había inmiscuido tanto en la vida política venezolana, que se hizo copeyano, y el cuento es que un día este señor formó un escuadrón con algunos jóvenes militantes de Copei, que en el pueblo habían conformado un grupo con el nombre de Movimiento Estudiantil Católico, y así que a la consigna del RR, con la que la agitación comunista vino a afichar a toda Venezuela, en lo que se refiere a sus espacios públicos, como el caso de la pared del solar de la familia Morón, dicho escuadrón escribía Ratas Rojas. Esto para que se observe lo que había sido el alcance político del Pacto de Punto Fijo, que más que una mesa de intereses, como cree el comandante Chávez que fue, se basó en un hecho pragmático, y era no sólo respetarse la actividad política de cada organización, que en otrora se saboteaba en forma violenta, sino además el apoyar a los gobiernos legítimamente establecidos, y, lo que venimos diciendo, en este marco se inscribe, por lo demás, el gesto candidatural de Villalba, aparte de sus aspiraciones propias como político venezolano.

Sin embargo, Uslar Pietri es un fenómeno que se impone en poco tiempo, y que va a debilitar mucho las aspiraciones de éste, cuyo partido va a perder el segundo lugar que antes ostentaba, para venir a ser desplazado por Copei, cuyo candidato Rafael Caldera obtiene 589.372 votos, frente a los 510.975 votos, que saca Villalba. Leoni se ha impuesto por 957.574 votos, y el cuarto lugar, que le corresponde a Uslar con 469.000, es decir, muy cerca de Villalba, lo que significa que la polarización con Uslar Pietri en el caso de Betancourt, de acuerdo a sus intenciones políticas, sí tuvo su efecto disolvente en la masa de electores, que estaba constituida por un grueso número de personas independientes.


URD y el uslarismo integran el gobierno de “Ancha Base”. De frente, izq. a der.,
Alirio Ugarte Pelayo, Arturo Uslar Pietri y Jorge Figarella.

De forma que viene a generarse ese acuerdo de partidos, conocido como la Ancha Base, del gobierno de Leoni, y en el que participan, además de URD, el Frente Nacional Democrático (FND), organización con la que Uslar ha maquinado su candidatura a nivel nacional. Leoni, como habíamos dicho atrás, es amigo de juventud de Villalba, y de modo que, tanto en AD, como en URD hay la convicción de que no hay mejor aliado que éste del nuevo presidente, por lo que los dirigentes de URD Luis Hernández Solís, Héctor Silva Torres, Domingo Guzmán Lander y Juan Domínguez Chacín pasan a ser ministros de Fomento, de Trabajo, de Sanidad y Asistencia Social y de Comunicaciones, respectivamente, como en los primeros años del gobierno de Betancourt; además de que Alirio Ugarte Pelayo, otro de los más connotados dirigentes de URD; quizás, si no el segundo gran líder, pasa a ocupar la presidencia de la Cámara de Diputados.

Este hombre fue un caso bien particular en la política venezolana. Se trataba de un poeta prestado a la política: un hombre de verbo fluido y profundo; lo que le había hecho labrarse un puesto en la arena pública en una forma prematura, que le granjeó numerosas enemistades, producto de una cierta envidia que generaba. El propio origen de Ugarte Pelayo es curioso, ya que él se trata de un hijo natural de un famoso general montonero, José Rafael Gabaldón; un caudillo de la región de Lara y Trujillo, y quien lo tiene en  Romelia Tamayo, una prominente dama de El Tocuyo, quien se va tras él, muy enamorada de aquel héroe guerrillero, huida en una especie de locura juvenil; lo que va a conllevar a que la gravidez de su futura progenitora transcurra en una hacienda en las afueras de dicha ciudad, tan pronto regresa a casa; dada la jerarquía social que ocupa la familia de ésta; siendo lo más trágico el hecho de que a los quince días de nacer, el niño, es entregado a su padre; quien decide dárselo en adopción a una familia de Guanare (Portuguesa); amigos ambos del legendario general Gabaldón, una suerte de versión larense del Derecho de Nacer, ese melodrama, que se nos ha atravesado una y otra vez en estas páginas, sólo que si en la versión cubana habrá un final feliz a lo largo de la trama; éste, por el contrario, será trágico de acuerdo al desenlace de los acontecimientos, y con esta pareja de amigos del general Gabaldón se encariña tanto la criatura, que en el momento en que la verdadera madre se llena de coraje, y decide reclamar a su hijo, algo se lo impide, y es el encariñamiento que ya se ha despertado en el bebé hacia la madre adoptiva, que entonces hace que mire con indiferencia a su madre carnal, tanto que no se aguanta de llanto para el momento en que lo tiene en sus brazos, de forma que a ésta la mueve el sentimiento, al respecto de que también nota a la madre adoptiva totalmente desconsolada en llanto, y de modo que, a última hora, decide dejarle la criatura a la pareja formada por el señor Ugarte y la señora Pelayo, pensando en la posibilidad de que entonces su acción la pudiera llevar a cabo más adelante, cuando el niño estuviera más grande, y lo cual no dejó de intentarlo, sólo que la forma como fue manipulado éste por la otra madre, lo logró indisponer siempre con ésta, no alcanzando, en definitiva, tal propósito. El trauma grande lo recibe un día en un liceo, cuando alguien se lo dice, a manera de chanza: que sus padres no son sus verdaderos, sino otros o que él no tiene padres; se trata de un recogido, en dos palabras, y entonces es cuando viene a atar cabos, y viene a darse cuenta de muchas situaciones, y lo que da lugar a que aquel adolescente encare a aquellos padres, a ese respecto, y se le termine diciendo la verdad. ¿Uno pudiera hablar aquí en este caso del dolor de Hamlet, el famoso personaje de Shakespeare, cuando descubre que su madre está implicada en el asesinato de su padre, en aras de favorecer a su amante? La orfandad total: “¡Tú no tienes padres!”  Se trataba de un ser que tenía que sentir un cierto rencor por aquella madre adoptiva, que durante toda la vida le había mantenido aquel secreto, y hasta lo había manipulado, como ya lo habíamos visto, para ganarle la partida a la otra; pero también tenía que sentir mucho rencor por su madre carnal, en virtud de que a causa de los convencionalismos sociales lo había abandonado; téngase en cuenta, a los quince días de nacido. Había sido un niño que había sido criado con toda clase de privilegios, tanto más si se toma en cuenta que de vez en cuando se tornaba en objeto de manipulación. Se trataba de una criatura que les había enviado Dios, especialmente, a aquellos dos seres que se podrían de soledad en una de aquellos caserones coloniales de Guanare, y quien vino a poner la alegría en unos corredores amplios, de ladrillos fríos, como buena casa de adobe y teja; patios interiores llenos de frondosos mamones o mangos, que sombrean el interior de la vivienda; mientras la madre adoptiva le infundía la idea de que algún día sería un príncipe, para valernos del lenguaje de Maquiavelo, a medida que iba creciendo, y lo cual no lo viene a desmentir el hecho de que ya en su adolescencia comienza a destacarse como un dirigente estudiantil; para llegar en un futuro a ser director de la Federación de Centros Universitarios: una carrera de meteorito, siendo estudiante de derecho en la UCV: entonces alcanza el cargo Director de Política del Ministerio de Relaciones Interiores a la edad de 26 años, durante el gobierno de Delgado Chalbaud, para pasar a ser luego gobernador del estado Monagas, en cuya gestión se desempeñará por espacio de casi tres años. A partir de entonces viaja al exterior en una especie de autoexilio en el año de 1952, y permanece en el extranjero hasta 1957.

Cabe aquí señalar que Ugarte Pelayo había mantenido una relación muy estrecha con su progenitor, a quien en un comienzo conoció, por incitación de sus padres adoptivos, como “papá Gabaldón”; pero a medida que descubra la verdad de su origen, terminará asimilándose a la paternidad de este señor, y lo llamará “papá”, como se observa en unas cartas que le envía a éste en el año 1953 desde Madrid, y donde está presente su exquisito espíritu literario y su erudición relativa a las artes plásticas, y de la que hacía gala, por lo demás, de la misma manera el maestro Villalba. De hecho, el amarillo que signaba URD venía del ocre de Van Gogh, que abunda en su pintura, y por quien Villalba sentía gran admiración. Gabaldón había estado siempre presente en la crianza de Alirio, y quien también terminará asimilándose a su familia legítima, y esto por la vía de la propia esposa del general Gabaldón, quien lo acoge como otro hijo más; de modo que hay tres madres en la vida de Ugarte Pelayo en ese momento: la madre ideal, que sería la verdadera; la madre objeto, que sería la adoptiva, y la madre putativa; que sería aquella otra que también le toma tal cariño que, entonces, cuando es motivo de vacaciones escolares; va a buscar al muchacho a Guanare, si es que a sus otros hermanos los han invitado para una hacienda, y esta aproximación llega al punto de que un buen día se reúne la familia Gabaldón Márquez, y le propone a Alirio que adopte dicho apellido también, para terminar de hermanarse; sólo que éste les manifiesta que no quiere desembarazarse del Ugarte Pelayo; lo que no significa que no prive el cariño por encima de todas las cosas entre estos hermanos. En cuanto a sus padres adoptivos, éstos vivirán toda la vida al lado de Alirio; teniendo presente que, una vez que él se gradúa de abogado venden todas sus pertenencias en la región de Portuguesa, y se trasladan hacia Caracas, para habitar una casa que Ugarte Pelayo ha comprado en Mari Pérez. En ese sentido, se observa que también están presentes dos figuras paternas en la vida de Alirio; por lo que pudiéramos hablar en este caso de un padre ideal y un padre objeto, sólo que el ideal, no sólo lo llena de orgullo por su gran parecido físico, sino también por la leyenda que recubre al viejo general; señalándose que hay un cierto paralelismo entre la vida de ambos, ya que su progenitor incursionó muy joven en la política, aparte de su fama de guerrero; lo que significa que este padre vale por dos, a propósito de la presencia de las tres madres que, decíamos que estaban presentes en su vida; una especie de mezcla de padre ideal con padre putativo. Ambos eran de fisonomía ósea, y tenían cabeza de macho cabrío; de cara larga y aceitunada. Alirio era la cagada, como decimos en criollo, del viejo Gabaldón, y lo que ha venido a suceder con Jóvito Villalba y el economista Miguel Rodríguez: el uno la cagada del otro, y eso que también este economista, como hombre público, ha significado una verdadera revelación. De hecho, las vicisitudes del viejo Gabaldón en la política se reflejan en el trato que recibe el niño en la escuela, a medida que va avanzando, como lo hace ver Torres Molina en su semblanza biográfica ya citada:

-Voz tenés –le dijo un día un maestro, cosa que Alirio nunca olvidó- mirada de asesino. Será por la mala sangre que corre por tus venas.

He allí uno de los cabos que éste une para el momento en que le cantan la verdad sobre su origen: su fama de ser un sujeto de “mala sangre”; por detrás de él corría la leyenda, y, como el marido traicionado, él es el último en enterarse.

A ese respecto, lo más probable fue que decidió buscar a doña Romelia, su madre carnal, luego de aquellas revelaciones que se le hicieron en aquella época de liceísta suya, puesto que en el libro de Torres Molina se cita toda una correspondencia que él sostiene con ésta en varias épocas de su vida, y en la que cae en detalles domésticos, relativos a su esposa Caridad, una muchacha de provincia con quien se casará tan pronto se gradúe de abogado, y a su prole, es decir, detalles estrictamente familiares.

Tenía que ser un hombre atormentado, sobre todo, por el tipo de achaque que debía confrontar, producto de la personalidad desbordada de doña Romelia, quien abrigaba un hondo complejo de culpa en su alma, que a cada instante se le manifestaba, y así se ve en una carta como trata de calmar la porfía de ésta, a quien de pronto se le mete en la cabeza que sus nietos por alguna parte deben llevar el apellido Tamayo y no Pelayo: “Sin tu error –le explica- yo no existiría. Soy un hecho cumplido: existo y tengo que agradecerte el don de la vida. ¿Por qué tienes que torturarte interminablemente?[2]

En 1958 se inscribe en URD por sugerencias de Villalba, y, posteriormente, con el gobierno de Betancourt es nombrado embajador en México; para luego regresar, y transformarse, como hemos visto en representante de URD en el CSE. Pero resulta que su personalidad es tan controversial que a cada paso suyo le sucede un terremoto; sobre todo, porque se siente un hombre muy sobrado ante el medio donde se desenvuelve, y luego por su fama de sabio precoz; cuya personalidad suele ser avasallante. El hecho es que para el momento en que ocupa ese cargo en el CSE es detenido por espacio de nueve días, y esto porque se le acusa, y hay pruebas evidentes de ello, de que visita a un individuo que se le sindica de participar en una conspiración contra el gobierno de Betancourt: una especie de reacción perezjimenizta. En ese sentido, a Alirio lo llevan a los sótanos de la entonces policía política del régimen conocida como la Digepol, que estaba ubicada en un edificio de Los Chaguaramos, y lo mantienen incomunicado los dos  primeros días. Hay quien se atreve a especular en torno al hecho de que se trata de un intento de inhabilitación política de un sujeto que podría quebrar muchos huesos en el futuro más cercano, en el concurso de nuestra arena pública, y para el caso se apoya en la circunstancia de que la dirigencia adeca le propone marcharse del país, a cambio de evitarle dicha prisión, ya que su situación ha sido demasiado comprometida, pues para el momento en que la Digepol procede a efectuar un allanamiento a la casa del perezjimenizta, acusado de conspirador, éste se encuentra de visita en la misma. ¿Acaso a partir de estas imprudencias comienza a gestarse en Villalba esa indisposición que después sentirá por él? Por el instante, a una de las pocas personas que le permiten contactarlo en ese lapso en que se mantiene incomunicado es al maestro.

Para el año de 1963, Ugarte Pelayo es apenas un hombre de cuarenta años, y ya ha ocupado la secretaría de doctrina de URD, y está próximo a alcanzar la presidencia de la Cámara de Diputados, como ya lo hemos referido, habiendo sido electo diputado en las elecciones del ese año por el estado Lara. El anda a medio camino entre la visión política de un copeyano, tomando en cuenta su educación lasallista, y en la que se forman también José Herrera Oropeza y Jotavé Rangel, a propósito de sus respectivos estudios en el colegio La Salle de Barquisimeto, de donde provienen los tres, y un comunista; ya que a Ugarte Pelayo le llama la atención la tesis del socialismo reformista, como se decía entonces, sólo que si a Herrera Oropeza y a Rangel se los liga con la izquierda más radical de este país, a Ugarte Pelayo siempre se le ligará con la derecha más recalcitrante, como sería para ese momento el perezjimenizmo.

Bhilla Torres Molina revela que “Alirio fue creador de un estilo político; un nuevo estilo de sobria elegancia verbal hasta entonces desconocido en este país. Afirmando ese estilo, tan suyo llegó a conquistar la simpatía y la adhesión de todo un pueblo[3]”. Sobre todo, Ugarte Pelayo tenía arrastre en las filas juveniles del país, y esto porque veían que proclamaba una visión de país de avanzada, unas de las inteligencias más preclaras en ese momento en Venezuela.

Nos hemos detenido un tanto en la figura de Ugarte Pelayo, porque su caso viene a constituir otra raya más para ese tigre, para hablar con el lenguaje de la picaresca criolla, en que se ha tornado la imagen de Jóvito Villalba en su carrera de político; arrancando con el problema de la supuesta venta de las elecciones en el año de 1952; luego con la fama de oportunista que adquiere en la medida en que va oficializando pactos de apoyo con los dos primeros gobiernos adecos. El hecho es que Ugarte Pelayo termina suicidándose, a raíz de un proceso que se le sigue en URD, y que da lugar, como habíamos dicho atrás, a su expulsión, alegándose que este sujeto se ha aprovechado de su cargo de presidente de la Cámara de Diputados, para proyectarse a nivel nacional, de acuerdo a sus intereses personalistas. Según recuerda Torres Molina, el 10 de abril de 1966 se llevó a cabo un directorio de URD, a los fines de tratar el asunto Ugarte Pelayo, y que al comenzar la reunión, Villalba “con su voz nasal trémula de ira, abrió el debate, pronunciando un discurso cargado de odio, y acusaciones contra Alirio. Lo llamó divisionista…
[4]” La acusación mayor era que Ugarte Pelayo en su enguerrillamiento interno había incursionado en lo más bajo y ruin de la política venezolana, y así se había aliado en componendas con ciertos sectores del perezjimenizmo; que ya tenía una presencia solapada en la conciencia política del venezolano, con una manifestación notable en las elecciones del año 1968, como ya lo hemos hecho ver; que se había aliado en componendas con Arturo Uslar Pietri, en aras de la proyección de su imagen, como candidato presidencial, y quien se grajeaba el apoyo económico de las compañías americanas, a cambio de objetar una reforma tributaria que estaba a punto de ser aprobada por el Congreso de la República.

¿Fue brusco el maestro? En la biografía de Arturo Croce sobre Villalba se detecta un cierto remordimiento de conciencia que pesó en URD, como consecuencia del trágico desenlace de una de sus figuras de más alto perfil, partiendo del hecho de que el biógrafo del líder urredista reconoce que hubo una gran mezquindad de parte de un bando, que no le quería reconocer los méritos a Ugarte Pelayo, y que le “envenenaron” la cabeza a Villalba, al punto de que el maestro por instantes llegó a perder la sindéresis, según se señala, y que se atrevió a decir en el famoso discurso que dio lugar a su expulsión: “Ni Ugarte ni Pelayo ni Gabaldón ni Tamayo: un don nadie”, cosa que no registra Torres Molina en su libro, en cuanto al tratamiento del mismo en su contexto, pero que viene al caso citar, tomando en cuenta la importancia de este acontecimiento histórico.

Aun cuando hay un discurso de Ugarte Pelayo, que trae a colación la ensayista, que pudiera dar fe de esta situación, con motivo de sus palabras, y en las que éste expone que para él sería muy fácil ser presidente de la República; que lo difícil en su caso era vencer el orgullo de Jóvito, y, en ese sentido, ser candidato, y a continuación remata: “No quiero usar el mismo fango que utilizan mis enemigos[5]”. Es decir, es posible que la expresión no haya salido de Jóvito, dado su tacto político, pero sí que en el partido haya habido mucha merde alrededor de esta situación.

Por lo demás, Ugarte Pelayo, era un hombre sicótico; que iba de la euforia a la depresión más absoluta, según lo describe Alcides Villalba, con motivo de una conversación que hemos tenido, sobre esta figura, este sábado pasado en nuestra peña de amigos de Sabana Grande; y a quien le consta porque llevó trató con él en aquellas oportunidades; dada la estrecha vinculación que llegó a existir entre su padre y Ugarte Pelayo: lo cierto del caso, según Alcides, es que éste, en un momento en que visitaba a Jóvito en su oficina de la casa de URD, se dirigió un instante a un baño de pasillo, que allí existía, y fue su sorpresa encontrarse con un Alirio que ingería una pastilla que, de inmediato, supuso que era un anti-depresivo, y lo que corroboró su padre, cuando Alcides se lo señaló, al admitirle que, en efecto, Alirio sufría de depresiones. Uno de los testimonios más importantes que recoge su hija Adelaida en su libro Querido Papá Jóvito, lo constituye el de ella, precisamente, a propósito de la muerte de Alirio. Dice que éste estrechó tanto con la familia Villalba, que alcanzó un momento en que Alirio se transformó en su confidente, y que llegó a contarle cosas que ni a su papá ni a su mamá se atrevía a confesarles: “Cuando murió, mis padres no estaban en Caracas, sino en el oriente del país. Nos pusimos de luto en la casa mucho tiempo, y sufrimos la injusticia pública de su familia, como si nosotros no hubiéramos sido nada de él; se culpó a mi padre en la prensa por su suicidio. Fue otra oportunidad de aprender ‘los absurdos obvios’ de la vida política
[6]”.

El caso es que también se especuló con el hecho de que previo al suceso, Ugarte Pelayo había recibido una llamada telefónica, la que al parecer había sido decisiva para la decisión que iba a tomar de inmediato; llamada que se cree que fue del propio Villalba en persona, y suscitada por la circunstancia de que aquél había convocado ese día para una rueda de prensa en su casa de habitación, y en la que, supuestamente, iba a llevar a cabo una serie de denuncias muy comprometedoras, con respecto a la trayectoria pública del maestro.

El senador Edward Kennedy se vio envuelto en una situación parecida, al tener un accidente, y morir en el hecho una secretaria suya, de quien se dijo que era su amante; lo cierto del caso es que esto arruinó su carrera presidencial, desde el punto de vista de sus aspiraciones. Así también el suceso de Alirio, suicidio o no, vino “a rayar”, para continuar con lo del tigre y nuestros criollismos, más la fórmula política de Villalba, también desde el punto de vista de sus aspiraciones presidenciales. Croce hace ver que de no haberse suscitado ese clima de enfrentamiento alrededor de la figura de Ugarte Pelayo, éste hasta hubiera hecho un papel importante en el desarrollo de la justa electoral del año 1968, como una fórmula nueva, y esto teniendo presente que hacia ese mismo año de 1966 se intentó lanzar la candidatura del maestro Villalba; pero aspiraciones que se esfumaron con los meses; como se vino a demostrar, cuando a última hora, URD terminó integrando un frente electoral, conocido como el Frente de la Victoria y conformado por Fuerza Democrática Popular (FDP) y el FND o lo que quedaba del partido de Uslar Pietri, para impulsar la candidatura de un independiente, cercano a URD, como era el diplomático Miguel Angel Burelli Rivas; lo que significa que de, no haberse presentado esa guerra sucia en contra de Ugarte Pelayo, quizás otro hubiera sido el destino de URD, y lo peor del caso, como lo reconoce Croce, es que la gente que incita a esta indisposición del maestro Villalba contra Alirio, poco a poco irá abandonando URD.

¿Hemos dudado del hecho del suicidio? Torres Molina deja entrever que fue un asesinato; que fue alterado el escenario del acontecimiento donde se encontró muerto, que alguien “sembró” un revolver allí, y se encargó de gritar: “¡Un suicidio, un suicidio!”, cuando la gente se dio cuenta de que su cadáver estaba volcado hacia su escritorio, y tenía la silla ejecutiva encima; mientras sus allegados, como su primo Orlando Tovar, quien después sería ministro de Justicia del futuro gobierno de Rafael Caldera, solicitaban que se le preguntara a Alcides Villalba sobre esta muerte, y es que resulta que Alcides, en vista de que él se había transformado en una especie de contacto entre el PCV y su padre, en especial; dada su militancia en dicha organización, había tenido noticias de un complot que se manejaba en ciertas esferas de la derecha, y el que comprendía el asesinato de varias personalidades que se consideraban molestas, como Ugarte Pelayo, a los fines de inmiscuir a los comunistas en este asunto y, de modo que Alcides se había acercado, en ese sentido, hacia la casa de Ugarte Pelayo en Los Chorros, y lo había advertido de esta situación, a nombre de su partido; aun cuando Alcides indica que de entonces a esa parte había pasado más de un año y medio, y que el único propósito que abrigaba Tovar, en este caso, era seguir satanizando la figura de su padre. Torres Molina dice que Alirio tenía una biblioteca con un ventanal grande y descubierto, y que su figura se podía apreciar a simple vista, mientras se encontraba al frente de su escritorio, y trae al caso, precisamente, lo de las advertencias de muerte.

Angel Bernardo Viso considera que “las revoluciones terribles” conducen al militarismo, mientras que “las revoluciones moderadas” conducen al civilismo: la primera gran revolución terrible fue la francesa, a su juicio, seguida por la de los pueblos hispanoamericanos; mientras que la primera gran revolución moderada se llevó a cabo en Roma, seguida en la época contemporánea por la de los pueblos sajones. La primera da origen a una visión unipersonal del poder, cuyo ejemplo más patético se encuentra en Napoleón Bonaparte, y su concepción militarista del poder; la segunda da origen a una visión colectivista del poder, cuyo ejemplo más patético se encuentra en el parlamento inglés y estadounidense. En el primer caso el poder se concentra, mientras que en el segundo caso el poder se atomiza, y es en éste donde Viso dice que se produce un verdadero equilibrio republicano. Esto lo decimos en razón de que esta visión unipersonal del poder, presente en nuestro devenir político, privará en las maquinarias partidistas, hasta configurarse otra de las grandes aberraciones que hemos sufrido, como es la de la necesidad de la presencia de un líder mesiánico, y el que se transforma a la larga, si es que observamos los casos de Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera, sobre todo, los dos segundos, en el Júpiter que devora a sus hijos; frustrando todo intento de formación de un nuevo liderazgo dentro de la organización. ¿Un ansia de figuración eterna? Uno de los actos más bochornosos de Rafael Caldera fue cuando le brindó un apoyo solapado al grupo de militares que intentaron propiciar un golpe de estado en el año de 1992, con ocasión de una sesión especial, que se hizo a raíz de este acontecimiento, en el Congreso Nacional: un oportunismo desconsiderado que le trajo como dividendo el ganar la presidencia de la República por segunda vez, sólo que más adelante tendría que vivir esta tragedia que hoy en día padecemos los venezolanos, y hay más de uno que aún le desea una larga vida, a los fines de que en carne propia sufra, no sólo por su condición de venezolano, sino también por el hecho de habernos traído la misma, como decir, aquellas aguas trajeron estos lodos, y luego como vapuleó a delfines, tan consecuentes con su persona, como Oswaldo Alvarez Paz y Eduardo Fernández, y, finalmente, como terminó, en forma arrogante, dándole la espalda a una organización que él creó, solo porque algún espíritu le resultó contestatario, y entonces le disputó la primacía del liderazgo. Hay que reconocer que Betancourt, quizás por experiencia política, se despojó de este mal mesiánico, aun cuando no dejó de ser arrastrado por el vendaval de las pasiones, suscitadas por los enfrentamientos internos en que suelen caer las maquinarias partidistas, y así prefirió dividir el partido, cuando fue necesario, y para el caso tómense los ejemplos de los diferentes desprendimientos que sufrió AD a lo largo de su trayectoria; pero de lo que sí pecó Villalba, y por lo que hablan también las diversas escisiones que va a afrontar URD, una de las últimas, que el que esto escribe recuerda, fue la de Leonardo Montiel Ortega, uno de los tantos aspirantes a ser el abanderado del partido, a propósito de un proceso electoral que se avecina.

¿Hemos hablado de una versión trágica del Derecho de Nacer? Mi amiga caroreña Emma Rosa Oropeza, una vez puesto los ojos por estas líneas, me ha recordado que la noche de las exequias de Ugarte Pelayo se le veía en los noticieros de la televisión a la señora Romelia llorando, desconsoladamente, sentada en la sala donde reposaba el cadáver de su hijo.

Pero en política, como en el teatro, la función debe continuar; no obstante una baja en el elenco, y de modo que en ese año de 1966 se le ve a Villalba encabezar una delegación que viaja a Colombia, para estar presente en los actos de toma de posesión de Carlos Lleras Restrepo, nuevo presidente de ese país, y en donde viene a producirse un simple detalle; pero importante para nosotros porque nos refleja ese aspecto parco de la personalidad de Villalba, y es que para el momento en que se encuentra instalado en el hotel, donde se ha hospedado en Bogotá, se entera de que el protocolo para dichos actos exige traje de frac; además de condecoraciones que el alto personero ha recibido en su trayectoria pública; cosa rara en Villalba, que nunca ha querido atribuirse una, y así que pone en un aprieto a la parte protocolar de la ceremonia, cuando se entera de este detalle; llaman a Lleras Restrepo; éste se comunica con Villalba, y le ofrece, en su defecto, la Gran Cruz de Bogotá; las más alta condecoración que otorga el Estado colombiano; un gesto que agradece Villalba, más no lo aprueba, alegando que si nunca se ha dignado en su país recibir una distinción de esa naturaleza, mucho menos lo puede hacer en el extranjero.

Miguel Angel Burelli Rivas, la persona antes mencionada, refiere que para la fecha en la que se produce esta visita de Villalba a Colombia, siendo él embajador en ese país, se genera una gran apoteosis, alrededor de su persona, y que comprende entrevistas por la prensa; aplausos sostenidos para el instante en que se presenta en el palacio legislativo; “pues a Jóvito lo admiraban y querían extraordinariamente en Bogotá. Siempre lo situaban al lado de ex presidentes y presidentes en el hermano país[7]”.

Pero con independencia de la serie de viajes que hace Villalba ese año, y que comprenden hasta varios países de Europa, antes y después de la muerte de Alirio, hay algo muy importante para la estructura de esta obra, y es que ese es el año en que lo encontramos pronunciando un discurso en el majestuoso hotel Avila de Caracas, con ocasión de la apertura de esta novela biográfica, más concretamente, el 30 de noviembre, a propósito de un folleto que llegó a nuestras manos, y el que comenzamos a leer un 30 de noviembre de 2004; dando lugar a un acontecimiento fortuito, y lo que obligó al que esto escribe a valerse también del hecho de la casualidad para el desarrollo de la misma, en el sentido de que la novela se fue realizando sin plan alguno, más que con la probidad del trabajo, como decía Alfonso Reyes, y gracias a la aparición de una serie de textos, que el destino me fue poniendo en el camino, a medida que iban apareciendo los personajes, cuando entonces perseguía una mujer muy hermosa, y que se me había desaparecido de la vista, yo que soy un obseso de la figura femenina; de forma que al notar que ya toda búsqueda era inútil, me encontraba de pronto con que allí estaba un libro, un elemento bien indispensable para el contexto en el que me hallaba narrando, a venta allí en un puesto de buhonero en el centro de Caracas, donde se atraviesa tanta mujer hermosa; para evocar ese relato de André Breton que desarrolla en su libro El Amor Loco, cuando entonces se consigue con un amigo escultor en el Mercado de las Pulgas de París, ansiosos ambos porque han perdido el rastro de una mujer muy bella, y que resulta ser la misma que los dos persiguen, y de modo que al darse por vencidos, se consiguen con que en una tienda está en exhibición una máscara que el tallador encuentra que encaja perfectamente en la escultura que en ese momento realiza; y de allí el carácter de diario de estas páginas o, mejor aún, el carácter epistolar; partiendo del principio, además, de que la novela epistolar, como se le conoció en el siglo XVIII, es una mezcolanza de géneros, que se interponen como olas en la trama del relato, y de modo que así nos encontramos con las condiciones en que se da dicho discurso, que es lo más importante, y lo que nos muestra que la estructura de esta obra ha venido rodando sobre la base de círculos o como esa figura del Tarot que muestra en determinadas simbologías la imagen de una serpiente mordiéndose la cola; como funciona nuestro inconsciente colectivo, como hacíamos ver, en círculos viciosos, repitiéndose la misma historia, los mismos argumentos, las mismas polémicas, para vivir un tiempo presente eterno: he allí la analogía entre la estructura de la obra y la historia que se cuenta en ella; vida e historia: estamos ante algo que obsesiona al venezolano; sino véase el discurso cargado de historiografía, como parte de la conducta delirante del señor Chávez; pero, a diferencia del pueblo alemán que toma la historia en sentido teorético, una vez planteada su vicisitud en el desarrollo del discurso filosófico, este pueblo la toma en sentido de encarnación, y de donde proviene el culto a Bolívar, el más grande héroe hazañoso de nuestra patria. Es una religión, como la de las sociedades paganas, de la tierra; quiero decir, con un dios oriundo: el tipo de héroe que deviene dios, al estilo de Odín, la suprema divinidad de la mitología escandinava, creador de las Runas, pequeñas rocas que le revelan el futuro a las personas, y no olvidemos que uno de los espíritus que más invocan nuestros brujos criollos es el del Libertador.


Dr. Jóvito Villalba Gutiérrez

Entonces se había hecho una costumbre en URD celebrar el 2 de noviembre de 1952 como una fecha memorable para el partido, y así que a los pies del adusto Avila: un cerro amurallado y de una colorida belleza, a propósito de la ubicación del hotel, ante una representación nutrida de dirigentes de URD, Villalba se había referido al significado que había tenido la gloriosa gesta del aciago día de 2 de noviembre de 1952: una victoria arrebatada; un ganar y un no ganar, como ha sido siempre el dilema de Venezuela, y un ganar porque entonces se celebraba el hecho de que, a pesar del desarrollo de los acontecimientos, el pueblo venezolano había salido a votar de manera soberana, y le había dado el triunfo al partido que, ilusoriamente, había concurrido al proceso de elecciones, convocadas para la Asamblea Constituyente de 1953, según lo pautado; “en un instante –para volver a las entonces palabras de Villalba- en que vastos sectores políticos se hallaban acorralados en un gigantesco leprosorio, dentro del cual no había garantía para los derechos del hombre ni tolerancia ni respeto para su actuación soberana”.

Antes de que hablara el maestro Villalba, en esa oportunidad, había dirigido la palabra un poeta con un cierto renombre nacional; el doctor José Ramón Medina, con una dilatada trayectoria por la alta esfera pública, y quien para el momento militaba en URD. Entonces José Ramón Medina, entre otras cosas, señalaba que el 30 de noviembre de 1952 el pueblo venezolano impuso un nuevo estilo de lucha: el de la concordia, el de la convivencia, el de la unidad inspirada en un recto sentido de civismo.

Al leerse este texto; relativo a este discurso de Medina se tiene que para esta mentalidad hay triunfos a largo plazo y triunfos a corto plazo: “Aunque momentáneamente el triunfo popular pudiera ser arrebatado por la fuerza de los detentores del poder –como lo fue, en efecto- quedaba la lección admirable para oportunidades más propicias”.

Así Medina termina vinculando el 30 de noviembre de 1952 con el 23 de enero de 1958, como es costumbre en la razón política del venezolano, quizás a manera de consuelo, como ya lo hemos visto en el caso de Villalba: “El mismo pueblo –dice- con el mismo espíritu que animó su esfuerzo el 30 de noviembre, mirándose en el espejo de aquella hazaña primera fue el que realizó también la empresa clamorosa del 23 de enero de 1958”. 

 22-10-05

De modo que a la larga, desvanecidas las aspiraciones presidenciales de Villalba, como habíamos dicho, URD termina apoyando a esa figura de la diplomacia venezolana, como sería Miguel Angel Burelli Rivas, a través del Frente de la Victoria, que se crea en el año de 1968 con su partido URD y el FND y el FDP, esta última agrupación conformada por el dúo Douglas Dáger y Wolgfang Larrazábal, y proyecto que no sólo resulta un fracaso desde el punto de vista de las aspiraciones presidenciales de Burelli Rivas, sino también porque la alianza redunda en un detrimento del capital político de cada uno de los partidos que concurren a dicho frente, y el cual queda totalmente debilitado; mientras esa corriente política que decíamos que en ese quinquenio se comenzaba a manifestar, constituida por el perezjimenizmo, viene a imponerse como nuevo fenómeno político.


Es aquí donde me pone a dudar el hecho del suicidio de Ugarte Pelayo inducido, supuestamente, por Villalba: de haber sido éste un político frío y calculador, una vez expulsado de URD, repara en esa fuerza que representa el perezjimenizmo; viaja a Madrid a entrevistarse con el ex dictador, y lleva a cabo un pacto electoral con éste; de acuerdo a lo que hemos visto que eran las andanzas de Ugarte Pelayo por el espectro partidista nacional, en procura de apoyos para una posible fórmula candidatural suya, aun cuando es difícil extirpar de la conciencia del venezolano la idea de que aquél fue el que lo indujo a la trágica decisión, sobre todo, por esa llamada que recibe minutos antes de quitarse la vida. ¿No iba a significar acaso una amenaza para el resto de candidatos presidenciales en aquellas circunstancias?


Los candidatos: de der. a izq., Gonzalo Barrios, Rafael Caldera, Miguel A. Burelli Rivas, L.B. Prieto Figueroa y Alejandro Hernández.


Entonces ha ganado la presidencia Rafael Caldera, en un proceso en el que AD se ha presentado dividida; de modo que es así como este sujeto, que tantas veces ha aspirado a la presidencia de la República, logra posesionarse del cargo. Ha sido una elección muy reñida, en la que aquél se ha impuesto sobre Gonzalo Barrios, el candidato de AD, por apenas treinta mil votos; mientras Caldera obtiene 1.082.941 votos, Barrios alcanza 1.051.870, y algo muy importante a destacar es el hecho de que el candidato que ocupa el tercer lugar, Luis Beltrán Prieto Figueroa, va a sacar 719.733 votos, y hablo de importancia en este caso, porque si se toma en cuenta que el movimiento de Prieto Figueroa proviene de una escisión de AD, y que arrastra casi la mitad del partido, según se deduce, entonces, de no haberse producido la misma, estaríamos frente a una poderosa maquinaria que en ese momento iba a contar con más de un millón y medio de simpatizantes, a propósito de esa trayectoria que hemos venido observando del desarrollo de los partidos políticos en Venezuela. Prieto no era un fenómeno político, como sí lo fue Pérez Jiménez, cuyo movimiento, conocido como Cruzada Cívica Nacionalista, llevó a cabo una campaña electoral afrontando toda suerte de limitaciones, empezando por la inhabilitación política de su líder máximo, como lo era Marcos Pérez Jiménez, que habían promovido AD y Copei en el Congreso Nacional, de acuerdo a la Constitución, poco después de su defenestración. Recuerdo que lo máximo que se oía en Carora, donde me tocó presenciar esta campaña electoral, siendo ya un adolescente, era una camioneta que salía todas las tardes, con un par de altoparlantes a aupar a la ciudadanía a votar a favor de la corriente perezjimenizta. ¿Acaso el militarismo es un sentimiento que llevamos en la sangre? Este pueblo padece de una relación ambivalente con respecto a sus hombres públicos, a quienes ama y odia al mismo tiempo: un día los entierra y al siguiente los desentierra.


Villalba, entre tanto, ha salido electo senador por el estado Nueva Esparta. Es el momento en el cual se inicia el llamado proceso de pacificación del país: pasan a ser liberados los dirigentes del sector de la izquierda venezolana; los líderes del PCV y del MIR; a medida que la influencia política de Villalba también se le ve perder mucha fuerza. A la escisión constituida por Miquilena, Rangel y Herrera Oropeza, le sigue la de gente como Orlando Tovar, primo de Ugarte Pelayo, como habíamos dicho, Luis Hernández Solís, Juan Manuel Domínguez Chacín, y hasta la de Leonardo Montiel Ortega, de la que hemos hecho mención.


De esa época recuerdo la presencia de Villalba en Carora una noche, temprano, cuando oí voces que se acercaban gritando; salí hacia la calle, corrí hacia la esquina de la Lara, y entonces observé que venían dos camiones, pequeños, llenos de personas, que vociferaban el nombre de Villalba. Este iba adelante en el primer camión, mientras saludaba a los transeúntes.


Se trataba de un tiempo en el que me acerqué a ese partido que había fundado Luis Beltrán Prieto Figueroa, junto con la plana mayor de AD que había salido con el líder margariteño, motivado por un grupo de vecinos, que igualmente estudiaban en el liceo Egidio Montesinos, junto conmigo, y también recuerdo cuando este señor llegó a Carora, y habló en un mitin en la plaza de Chío. Un hombre moreno, de elevada talla, con unas orejas grandes y en abanico; de rasgos negroides, y en donde se refirió a una pasión margariteña, como lo es el cardón, la planta de la que dice Enrique Bernardo Núñez que inspira un respeto supersticioso, y esto porque llegó un momento en que al orador le dio por evocar el paisaje de la isla, para cotejarlo con el paisaje de la región: idénticos ambos, sólo que con unos pájaros diferentes, como hacíamos ver en su oportunidad; lo que entonces le dio oportunidad de redundar en el detalle de los múltiples usos que se le da a esta planta; desde servir de objeto abrasador para aclarar el agua de los jagüeyes, hasta ofrecer madera resistente para fabricar todo tipo de mueble: entonces abordaba Prieto Figueroa la problemática, como dicen los periodistas, de la necesidad de agua que confronta una y otra región, a propósito de sus planes de gobierno: cosas de los políticos; un discurso salpicado de versos de Antonio Machado, de Jorge Manrique, y que marcó pauta en el seno de aquel pueblo, tomando en cuenta que el viejo líder adeco tenía un cierto poder de convocatoria. Al final todo el mundo quería tocarlo, y llegó un momento en que Prieto hizo un gesto adusto para quitarse la muchedumbre de encima.


Se ha llegado a la conclusión de que el método para la escogencia de un candidato presidencial, basado en elecciones primarias, no ha sido la mejor experiencia para los partidos venezolanos, tomando en cuenta que han conducido al fracaso de los proyectos políticos que han revestido cada una de las fórmulas electorales, cuando no de la descomposición de la organización, quedando grandes traumas como secuelas; traumas que en los futuros más próximos han dado lugar a divisiones en sus respectivas filas. Es aquí donde se inscribe el movimiento político de Prieto Figueroa. Betancourt desde un principio se había opuesto a sus aspiraciones presidenciales, a pesar de que éste contaba con el apoyo de las bases del partido, sobre todo, del área sindical que ha sido un factor muy importante a la hora de inclinar la balanza a favor de determinado candidato en AD, especialmente, y esto porque se trataba de un mulato sobresaliente, con el que se identificaba el pueblo adeco. Betancourt estaba consciente de que de enfrentarse en unas primarias Barrios, que era su candidato, y éste, el Negro Prieto, como se le decía, ganaba y como tal aupaba la idea de que el candidato tenía que ser escogido por la vía de la Convención Nacional del partido. He allí uno de los rasgos caudillescos de Betancourt. ¿Por qué éste le temía a Prieto? En realidad, este dirigente político margariteño, que también era paisano de Villalba, y que, seguramente, se conocieron en sus respectivas juventudes en la isla, genera un cierto temor para un sujeto que abriga una conciencia tan anticomunista como Betancourt; sobre todo, por una cierta ideología atea y anticlerical que se le atribuía a Prieto Figueroa, y de la cual había dado muestras desde la década de 1940, siendo entonces ministro de Educación de su primer gobierno, y a propósito de un decreto emanado de su Despacho, bajo el cual se establecían una serie de normas educativas que, en su momento, se consideraron discriminatorias con respecto a la educación privada, la cual era regentada en un 90% por congregaciones religiosas. Prieto no era el socialista, marcado por la doctrina marxista, tomando en cuenta su declarada fe socialdemócrata que había compartido con Betancourt, desde la década de 1920; sin embargo, siempre se le había asociado a la izquierda de AD, y de hecho al separarse de este partido, luego del desconocimiento por parte de Betancourt de la legitimidad de su candidatura presidencial, proclamada a raíz de su victoria en las elecciones primarias del 27 de septiembre de 1967, éste recibirá el apoyo de todas las fuerzas de izquierdas que sí están identificadas con la ideología de la revolución proletaria. En dos palabras, Betancourt le temía a los posibles prejuicios de pardo de Prieto Figueroa.


El propio Villalba en un principio abrigó la posibilidad de conformar también una alianza política con éste, en el marco de su eterna rivalidad con Betancourt, y que era la misma que a última hora también descubría que había sostenido a lo largo de su trayectoria pública con este paisano suyo, como hemos dicho; que lo había combatido con su verbo hiriente en aquellas circunstancias en las que Villalba había hecho una feroz resistencia a las políticas de AD, como algo que le atenía; precisamente, por el hecho de ser paisanos, es decir, por el hecho de estar hermanados en una entidad geográfica, como se acostumbra en la política venezolana: ya hemos dicho que lo más probable fue que se conocieron en el Colegio Federal de La Asunción estudiando bachillerato, puesto que eran de la misma edad; aparte de que Prieto tampoco era un líder descollante, con relación, precisamente, a lo que había sido la trayectoria de Villalba, y que nosotros la hemos rastreado, y de modo que fue sólo una idea peregrina ésta que abrigó el líder urredista por aquellos días en que se conformaba la fórmula electoral de Prieto Figueroa, se repite, de unirse a él en el marco de su eterna rivalidad con Betancourt.


Por esa misma época pasó Jotavé Rangel, quien también habló en un mitin en la plaza de Chío de Carora; aupando, precisamente, la fórmula de Prieto Figueroa, ya que el partido al cual pertenecía, luego de su salida de URD, el Partido Revolucionario de Integración Nacional (PRIN), había acordado apoyar esta candidatura: un discurso fogoso y bastante emotivo; un hombre elegante y de buena apariencia, y quien iba a jugar un papel importante en las siguientes elecciones nacionales; cuando un partido de nombre Movimiento al Socialismo (MAS) lo lance como candidato presidencial, para coronar su carrera política y así llevar a cabo el papel que un buen día pudo asumir Villalba; esto es, ser cabecilla de un frente electoral, en la condición de figura independiente; tomando en cuenta que alrededor de su candidatura también se agrupará el MIR, el famoso MIR que a última hora decide bajar de las montañas, y acogerse a la pacificación que ofrece el gobierno de Caldera.


He allí lo que íbamos a señalar, con motivo de esta digresión por el pueblo de Carora, y su plaza de Chío: la característica del gobierno de Caldera será la de conducir al país por la senda de la pacificación, y en un momento en que el progreso de Venezuela se produce a pasos agigantados, y lo que nos permite a una clase media de escasos recursos formarnos en universidades que se van abriendo a lo largo del territorio nacional. En ese sentido, salen de las cárceles las grandes figuras del comunismo, que hasta entonces habían estado encarceladas; aparte de que se crea un partido con el nombre de Unión para Avanzar (UPA), brazo legal del PCV; poco antes de que el gobierno de Caldera también le ofrezca la legalidad a dicha organización; cuando UPA ha sido un movimiento que asimismo ha sido creado con la finalidad de apoyar la candidatura de Prieto Figueroa, y lo cual viene a ser el beso negro que reciba esta fórmula electoral, teniendo presente que aún se puede considerar como una especie de guerra sucia el señalar a alguien de comunista; primero porque se está en plena época de la guerra fría, y el mundo está dividido en dos grandes bloques de poder, y luego por el desprestigio que viene cobrando el gran fracaso que ha significado todo tipo de ensayo de sociedad comunista. Es cuando más se corrobora que la razón produce monstruos; desde la comuna de Mao, pasando por el estalinismo, hasta desembocar en el castrismo: regímenes llamados a llevar a la miseria y al atraso a sus respectivos pueblos.


Entonces se produjo una cierta migración de militantes del MEP hacia el UPA; tan pronto concluyen las elecciones, y se sabe que Prieto Figueroa no ha concretado su triunfo; de manera que se genera un desánimo en estas filas; pero, además, porque luce atractiva la fórmula del PCV; que ya actúa en completa legalidad en nuestra arena política, luego de su legalización, y así salen a relucir organismos de militancia, como la Juventud Comunista, la famosa JC; en un momento en que Copei ha lanzado la organización Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), sobre todo, a nivel estudiantil, que es donde más arrastre tiene la JC, y a la cual nosotros, por lo demás, vamos a ser asimilados, en calidad de simpatizantes, y esto por la influencia del poeta Juandemaro Querales, condiscípulo del liceo, quien sí tiene una militancia activa en estas filas en el pueblo de Carora, y así nos conseguimos con que hay una maquinaria que cuenta con unos héroes, una trayectoria, un pasado de luchas gloriosas; de modo que oímos hablar de una Livia Gouverner, joven estudiante de la UCV, quien muere fulminada en una manifestación estudiantil de apoyo a la revolución cubana en noviembre del año 1961; además de un Argimiro Gabaldón Márquez; uno de los medio hermanos, precisamente, de Ugarte Pelayo, y quien fallece también en un frente guerrillero en las montañas del estado Lara; siendo fulminado en forma accidental por otro de sus compañeros, en instantes en que manipula un arma, y se le va un tiro; unido a los nombres de Alberto Lovera, Fabricio Ojeda: leyendas que el nuevo camarada oye, aparte de lo que se conoce como el adoctrinamiento; el famoso lavado de cerebro, que va recibiendo, para terminar, de la noche a la mañana, hablando de “lucha de clases”; que la historia no es sino eso, según el Manifiesto Comunista, y así sucesivamente. En realidad, el MEP vino a ser como un caballo de batalla donde cabalgó en un comienzo el UPA; teniendo presente que esta maquinaria sirvió para el reagrupamiento, sobre todo, en aquellos instantes de campaña electoral, de las corrientes comunistas de Venezuela, que habían quedado en la total desbandada, de modo que hubo más de uno que llegó a la conclusión de que el viejo Prieto no dejaba de ser un adeco más, y que no garantizaba, en conclusión, la radicalización de las luchas de la revolución proletaria, a propósito de un supuesto gobierno suyo.


Pero una vez consolidado el movimiento comunista; cuando ya hay oportunidad para venir con las reflexiones de cada cual, en el horizonte de la política del PCV surge la figura de Teodoro Petkoff: un revisionista, como era dado en llamar a todo aquél que procedía como este señor a cuestionar la situación del comunismo, como fenómeno contemporáneo: un hombre nutrido de literatura de William Faulkner o de los grandes narradores contemporáneos, como se lo confiesa a una revista de temas ideológicos, con motivo de una entrevista que se le hace, y entonces se aborda su estilo literario, y, en ese sentido, viene a producir una serie de ensayos muy exitosos; en donde deja ver las enormes brechas que se han generado en lo que ha sido el desarrollo del comunismo, y lo que fue su proyecto inicial, y en donde encuentra grandes aberraciones; un hombre cuyo éxito se mide porque Leonid Brezhnev, en uno de los plenos del Soviet Supremo lo menciona como uno de los grandes revisionistas del comunismo.


A ese respecto, comienza a desatarse la furia en el seno del PCV. También recuerdo una reunión en el solar de la casa de Juandemaro en Carora: una reunión de la JC; momento en el cual se están bajando las líneas del Comité Central, y ya se está informando acerca de ese nuevo proyecto socialista que se conocerá como el MAS, sobre todo, porque la mayor parte de este segmento del partido simpatiza con las ideas de Petkoff, y al entrar yo a la universidad; luego de más de un año de espera, tomando en cuenta que por estos mismos días de octubre del año 1970 la UCV ha sido allanada por el gobierno de Caldera; después de graduarme de bachiller, me consigo con que mi amigo de infancia Juan Perera, quien ya vive en Caracas, y está estudiando derecho en la UCV, es dirigente universitario del MAS. Era la moda: el declararse comunista y fumar marihuana. A raíz de la revolución de mayo de 1968 en París, el blue jeans se había impuesto como la prenda de vestir favorita de la juventud; para venir a despojarse del formal traje de saco, pantalón y corbata; que se usaban, casi obligatoriamente, para ir a las universidades, y había una cierta concepción poética en las luchas, que entonces se impulsaban, y de allí el carácter de protesta de éstas, y las que comenzaban invocando el testimonio de la paz. Fue la época de las consignas: “Haz el amor, y no la guerra”. Ahora es el graffiti; por todas partes se ven figuras, que no dicen nada, y en donde se aprecia un cierto espíritu de violencia: son figuras como explosivas, y en las que todo estalla: letras, monstruos, animalejos, vehículos; se podría decir que en aquellos años lo que se leía era un canto a la paz en esas paredes. Contagiado con esta situación, Teodoro Petkoff, en ocasión de la presentación del MAS en un mitin en el Nuevo Circo de Caracas, le recomendó a su militancia que usaran un creyón, y escribieran por todas partes el nombre del MAS, a manera de que se supiera que este movimiento existía.


De forma que por esta vía tocamos este punto, al que nos hemos venido refiriendo en una y otra ocasión; caracterizado por el lanzamiento de la candidatura de Jotavé Rangel, por parte del MAS, y con el apoyo posterior del MIR; un partido llamado a cabalgar también en los hombros del MAS, y de hecho la propia tarjeta con la que se presenta en las elecciones, resulta que es más vistosa que la del MAS, desde el punto de vista de la imagen nítida que se ofrece del candidato, que se diluye en la otra con el tipo de formato con la que se ha trabajado, y así le “roba” unos cuantos votos por este simple detalle gráfico, y se arroga una cierta representación parlamentaria, con motivo de los resultados.


Aunque en el maestro Villalba esas veleidades de ser candidato de un frente se le volverían a presentar, sobre todo, en ese año de 1972, cuando se comienza a plantear el tema de las candidaturas, y se desarrollan una serie de conversaciones entre el MEP, URD y el PCV, con vistas a agruparse en torno a una candidatura, y por la que compite, por lo demás, el maestro Villalba, teniendo como contrincante a Jesús Angel Paz Galarraga, un dirigente adeco, que ha ocupado por muchos años la secretaría general del partido, y quien se viene con Prieto Figueroa para el momento de la escisión; además de Gustavo Machado, quien también compite a nombre de los comunistas; una figura que, como Villalba, está por encima, en términos de proyección nacional, del “indio” Paz, como se le dice a aquél: un hombre con una trayectoria, que la hemos podido ver por simple reflejo en estas páginas, a propósito de su aparición en una u otra ocasión. La escogencia de la candidatura se lleva a cabo en un congreso, y en el que en teoría domina el “inca” Paz, como también se le dice, sobre todo, sus enemigos; partiendo de ese doble sentido con el que suele hablar el venezolano, habida cuenta de que representa la fuerza con mayor representatividad en el evento en términos de delegados; sin embargo Villalba se muestra optimista, en razón de que abriga la posibilidad de que el voto de los representantes independientes, que se han acordado nombrar en el entorno de cada tolda política, se incline hacia su fórmula. Hay un detalle, no obstante que le va a ser desfavorable a última hora, y es que una disidencia que se genera en el PCV, encabezada por Eduardo Machado y Guillermo García Ponce, va a votar por Paz Galarraga, y no por Machado, como estaba previsto; una figura que no garantiza un consenso como fórmula electoral alrededor de su persona, dada su escasa notoriedad: no era el mejor orador de Venezuela; no era de la Generación del 28; un hombre de organización: un animal político, mas no un líder de masas; lo que significa que la jugada de Eduardo Machado y Guillermo García Ponce lo que perseguía era forzar al PCV a que apoyara la candidatura de Lorenzo Fernández, quien era el abanderado de Copei, caso de imponerse la candidatura de Paz Galarraga, dando por descontado que, a última hora, el PCV no se iba a empatar en una aventura con este señor que, se repite, no garantizaba consenso alguno, y de modo que bajo estas circunstancias se fue al congreso de dicho frente que será conocido como Nueva Fuerza, y en el que, en efecto, la candidatura del MEP resultó victoriosa.


Entonces Villalba pasa a la reserva, y a pesar de que se había comprometido a luchar a brazo partido, para promover la candidatura del indio Paz, resuelve autoexiliarse en España, y desde allí atizar la situación en la Nueva Fuerza, a manera de provocar una escisión en el seno del frente, y es el momento en que sus copartidarios comienzan a esgrimir la tesis de que, en realidad, la candidatura de Paz Galarraga no es garantía de triunfo; que se trata de una candidatura que no termina de arrancar y calar en las masas populares, para, en definitiva, crear un clima que conduce a la solicitud de la renuncia de éste, a favor de la candidatura de Villalba: no cede la gente del MEP, y así que se produce la separación de URD del acuerdo político, para venir a ser lanzada la propia candidatura de Villalba, y proyecto en el que éste se ha metido en camisa de once varas; tomando en cuenta que en esta justa participa Carlos Andrés Pérez: un hombre que representa el nuevo populismo adeco; tanto más si se toma en cuenta que se trata de una personalidad de las del tipo enérgico, como se le da en llamar: “Democracia con energía”, he aquí uno de los eslogan de su campaña electoral; sobre todo, porque asume con un gran cinismo su pasado represivo; cuando al frente del Ministerio de Relaciones Interiores dirigió la lucha antiguerrillera, con saldos de muertos y torturados; desprestigiado hasta entonces por su fama de “ministro policía”, y lo que aprovecha para destacar lo de su energía en un momento en que el pueblo comienza a pedir mano dura contra la delincuencia: “Proteína Energética de Carburante Pérez”, se trata este uno de los seudónimos con el que alguien va a escribir una columna en El Nacional con crónicas de humor, tan pronto Pérez gane la presidencia, y entonces comience a enarbolar la bandera de la famosa nacionalización petrolera, y la que se producirá, por lo demás, con los años: uno de los tantos gestos populistas de este señor, y esto porque con el tiempo esta política se desechará y vendrán los famosos convenios operativos y las asociaciones estratégicas con compañías foráneas en materia petrolera, y de modo que adiós nacionalismo, como lo hemos hecho ver en más de una oportunidad a lo largo de estas páginas.


Celebremos a esta altura ese verso del poema Esto y esto y esto de Octavio Paz, y en el que habla del surrealismo, en especial, un tema que, por lo demás, no ha dejado de ser motivo de atención en estas páginas, pero en el que, a propósito del mismo, dice que éste “ha sido la lepra del Occidente cristiano, y el látigo de nueve cuerdas que dibuja el camino de salida hacia otras tierras, otras lenguas y otras almas sobre las espaldas del nacionalismo embrutecido y embrutecedor”.


De forma que esto se agrega al cúmulo de efectos negativos que arrastra la imagen de Villalba, y que le va a valer críticas hasta de alguno de sus más cercanos, como el propio Croce; quien le escribe una carta a Madrid, donde éste se encuentra, objetándole tal proceder.


¿Pasa a colaborar con el gobierno de Pérez? Una vez enrevesado, con motivo de los resultados electorales, ya a partir de ahora su presencia en la política venezolana, se sentirá con menos acentuación, y siendo en esta oportunidad, más bien, un crítico muy feroz a la manera de actuar de este gobierno. Estamos en el momento del Pérez populista, cuando comienza a regalar barcos a países vecinos de la comunidad de la América Latina, como un nuevo rico que viene con el corazón en la mano; el momento en que se desata a hablar con un lenguaje tercermundista acerca de la injusta relación Norte-Sur en el mapa de política mundial; cuando critica la injerencia de los organismos multilaterales en nuestros pueblos; el Pérez con una visión centralizada de la economía, y el que cree que a base de decretos va a salvar el mundo, y para el caso tómese el ejemplo de la ley por medio de la cual se le conceden poderes especiales, para aprobar un conjunto de medidas en el tren ejecutivo; una ley promovida por su partido en el Congreso de la República, y que genera una discusión a nivel de las fuerzas políticas, representadas en el mismo, que, como se dice ahora, se lleva largos centimetrajes en la prensa nacional de aquellos días.


Serán los pasos finales de Villalba. He allí el tiempo en que tuvimos oportunidad de verlo, en materia de actuación pública, cuando era invitado a uno que otro programa de TV, como en una ocasión en el que participaba en uno matutino, programa que lo conformaba un panel de periodistas, que le formulaba preguntas a un invitado, como Villalba, y del cual recuerdo que se le consultó acerca de la presencia en el país de la esposa de Jimmy Carter, entonces presidente de EEUU, en misión diplomática, para un asunto muy delicado que se trataba en ese momento, y de modo que, al contrario de lo que se esperaba, es decir, que Villalba se volcara en una posición machista a descalificar a la señora, como lo habían hecho los árabes en aquella oportunidad, y valga la referencia, a propósito de una protesta que habían elevado, luego de haber sido nombrada una mujer embajadora en uno de esos países, y de manera que se le oyó decir que era preferible para la diplomacia venezolana negociar con una persona de cara bonita y simpática, y no con un sujeto de cara gruñona y entrompada. He allí la delicadeza que siempre tuvo Villalba en materia política.


Y de modo que en las próximas elecciones ya su nombre no sonará más en lo que se refiere a sus sempiternas aspiraciones, y hasta acordará con URD plegarse a la candidatura de Luis Herrera Campíns; frente a la de Luis Piñerúa Ordaz, esto es, el candidato oficial de AD, y en un instante en que el bipartidismo, que se ha consolidado a nivel de esta organización y Copei, ya es un hecho, y a las demás fuerzas no les queda sino llegar a acuerdos con  una u otra maquinaria, si es que se quiere continuar figurando en los cargos de representación pública, que para eso se lleva a cabo la carrera de político.


Según Ramón Tenorio Sifontes, “no fue un pacto de gobierno, sino una alianza electoral, de acuerdo a la cual el candidato y Copei ofrecieron a URD llevar en sus planchas 2 puestos al Senado y 5 puestos a la Cámara de Diputados. El ofrecimiento se cumplió, URD logró una fracción parlamentaria de 2 senadores y 8 diputados; de los cuales 3 salieron en las planchas del partido[8]”.


¿Qué le aportaba Villalba a la candidatura de Herrera Campins? Hay que tomar en cuenta que URD había sufrido un proceso de desgaste, luego de aquella adversidad sufrida en el año de 1952, cuando se le desconoce su triunfo en la Constituyente, y en la medida en que se habían ido minimizando este tipo de partido, en esa medida se habían ido fortificando esas dos maquinarias que representaban, la una, el social-cristianismo (Copei); la otra la socialdemocracia (AD), y aquí no hay para más nadie. Herrera Campins viene a ser la oveja que se le va de las manos a Rafael Caldera, que se hace presidente de la República gracias a una mala maquinación que le sale a éste, y en su obsesión originada por sus tendencias mesiánicas. Es así como escritores de la talla de Angel Bernardo Viso detectan el carácter monárquico que abriga este tipo de caudillo nuestro, y a los que el Libertador, con su buena carga de racismo, se repite, llamaba “tiranuelos de todas las razas y colores”. Quiere decir: el caudillo se equivoca, y Caldera no tuvo más alternativa que tragarse la candidatura de Herrera Campins, ya que le salió al paso la democracia interna de su partido, y esto debido a que se encontró en un callejón sin salida en lo que respecta a su palabra y a su praxis política, para decirlo en términos marxistas. En ese sentido, Villalba al lado de Herrera Campins venía a ocupar esa plaza que estaba dispuesto a abandonar Caldera, furibundo como andaba por esta mala jugada del destino, a propósito de aquella oveja descarriada, y tomando en cuenta la ascendencia política que el líder urredista tenía no sólo sobre Herrera Campins, sino también sobre el propio Rafael Caldera. No hay que pasar por alto, remontándonos a la época estudiantil de Villalba y del líder copeyano, que éste había acompañado la famosa manifestación que había llegado aquel 14 de febrero de 1936 a las puertas de Miraflores, entonces un joven dirigente estudiantil, recién llegado a la universidad. ¿Suma de letras? También por estrategia electoral se oficializaba este tipo de pacto, ya que una sumatoria de partidos implica una potencia, una corriente arrolladora, lo cierto es que en el fondo más favorece a URD este acuerdo con Copei, que viceversa.


Algo que, curiosamente, irrita a Betancourt, quien ha abandonado su autoexilio dorado en Berna (Suiza) para tratar de imponer casi a la fuerza a la ciudadanía venezolana la candidatura de Luis Piñerúa Ordaz, según sus biógrafos, incitado por su temperamento tropical, a quien lo hacen salir de sus casillas las pasiones políticas, e indignado, quizás, por esa dupla Villalba-Herrera, declara hacia el mes de diciembre de 1977 que su partido no le teme a la posible influencia de “cadáveres insepultos” sobre las masas de los electores venezolanos; un calificativo de mucha tradición en la política venezolana, y el que lo había empleado, entre otros, Cecilio Acosta, en su época, contra Antonio Leocadio Guzmán, cosa que, justo, le hace ver éste en la respuesta que le ofrece a Betancourt, en declaraciones a la prensa al día siguiente, y en las que  Villalba le señala que cuando se recurre a gastados estribillos, es porque no se tienen razones que oponer a las razones del adversario.


“No soy hombre –le decía- que se arredra ante el poder de los caudillos o de las roscas políticas, ni que se vende por el dinero de las oligarquías nacionales o extranjeras. Un político muere cuando traiciona los principios o se acobarda o se vende”.


En cuanto al ámbito de su familia, Jóvito ha tenido en total seis hijos de su unión con Ismenia: Adelaida, Julián, Donato, Faustino, Margarita y Carmen Lorenza. Se trataba de un hogar modesto, enchapado a la antigua, sobre todo, por el tipo de costumbre que en aquella casa se estilaba. Así cada cumpleaños de los hijos era gratificado con la visita a una librería, lo que significa que la preocupación del maestro con aquella prole era el de inculcarles valores, prueba de ello es el hecho de que Adelaida confiesa que a raíz de una de esas visitas nacería en ella un apego de por vida por cierto libro de poesías. El lar lo constituía una quinta en La Florida; en donde había una frondosa mata de mango, y en la que éste pasó su desventura alguna vez, y eso producto de una rabieta que cogió al ver tanto mango regado en el patio de la casa un día que regresaba del trabajo, y así que para llamar la atención de la familia terminó montándose en la mata, para venir a sacudir sus ramas, a objeto de que cayeran más mangos; estaba enardecido el maestro en aquella ocasión, mientras sus hijos lo miraban impávidos; hablamos de una desventura porque al final hubo que buscar una escalera para que se pudiera bajar.


Adelaida, además, cuenta que el día de sus quince años fue despertada por su madre, a objeto de que se le cantara en familia el cumpleaños feliz, y así que terminada esta ceremonia, el maestro la sacó a bailar un vals, entonando él mismo la música: he allí toda la celebración de un acontecimiento que tiene una cierta importancia en una persona del género femenino, sobre todo, en nuestro medio. La facha del maestro en la ocasión era cómica, según lo describe Adelaida, pues portaba zapatos de vestir, pero aún cargaba pijama.


A ese respecto, se observa que conservaba ciertas costumbres provincianas, como la vez que atendió a los tres senadores independientes, que habían salido en las planchas de URD, remontándonos al año 1958, Arturo Uslar Pietri, Ramón Escobar Salom y Froilán Alvarez Yépez, con motivo de una invitación que les había hecho para su casa, y así que les salió con esta misma facha; sólo que en lugar de pijama portaba unos interiores manga larga, es decir, andaba en zapatos y camisa, señal de que se estaba vistiendo, y que había interrumpido este acto para, al menos salir a recibir la visita, pero esto lo consideró Uslar Pietri como un abuso de confianza, y, en ese sentido, le pidió que se pusiera un pantalón, en un tono regañón, pero condescendiente con una persona con quien se ha llevado trato muchos años.


Su hijo Faustino cuenta que en cierta oportunidad encontró a uno de sus hermanos que estaba sentado en la mesa sin camisa. Jóvito había bajado a almorzar, y entonces al verlo en aquella facha decidió subir a su habitación, y presentarse en calzoncillos. Una lección que de inmediato el otro comprendió, por lo que decidió entonces acudir a su cuarto a ponerse una franela.


Era un hombre difícil de entrevistar, sobre todo, porque solía dictarle a los periodistas las declaraciones recalcando donde iba el punto y donde iba la coma, como si se tratara de gente secretaria suya; lo cual era mal visto, en especial, porque se consideraba un atropello a la dignidad del profesional de la prensa, y, en ese sentido, más de uno se levantó del escritorio, donde acostumbraba recibir a estos señores en su oficina. Entonces brillaba por su ausencia el grabador, tan útil hoy para la profesión de reportero. Villalba despachaba desde un local que tenía alquilado en el edificio Polar en la Plaza Venezuela, hoy en día transformado en una moderna torre, y en el que se había instalado desde el año de 1966. Allí permaneció por espacio de más de quince años, hasta que se mudó para la torre América en Bello Monte.


Se trataba de un ser desatado en cuestiones de faldas, y así se cuenta una que otra anécdota relativa a esta faceta del maestro. Empezando porque cierta vez unos miembros del directorio de URD, que le tenían confianza a éste, y entraban a su oficina sin anunciarse; de pronto se encontraron con que el maestro tenía sentada en sus piernas a una periodista, con un cierto renombre para la época, que lo había ido a entrevistar, en su silla ejecutiva. Ya se ha dicho que fue un hombre que tuvo varios hijos fuera de sus dos matrimonios, y cuando andaba por esos pueblos del interior en funciones de activismo político, lejos de Ismenia, entonces se volvía más fogoso. Le gustaban, como buen viejo verde, las triponas, de modo que le echaba ojo a toda muchacha que se acercaba a sus mítines, que es algo que se presta para asuntos de esta naturaleza, aunque más de una vez fue advertido de que se trataba de la hija de fulano de tal:


-Definitivamente –manifestó un día exasperado ante una de estas advertencias-, yo aquí en Anzoátegui no tengo nada que buscar, porque las mujeres que me gustan si no son las hijas de Chicho Mata, son de Juancito.


Cosas de viejo verde, como se lo dijo una vez una muchacha al maestro. Fue un hombre que permitió que Ismenia, su señora, se formara desde el punto de vista profesional, y, luego, que incursionara en la política en una carrera que comenzó siendo concejal por el entonces Distrito Federal, para ser luego diputada al Congreso Nacional en dos ocasiones por el estado Nueva Esparta. Allá en el año de 1988 la vimos lanzarse a la presidencia de la República: primera mujer en la historia de nuestras candidaturas presidenciales que incursionaba en estas lides.


A la larga esa fracción parlamentaria de URD se convierte en una fuerza decisiva en el Congreso, a propósito del proceso de defenestración política que se intenta contra Carlos Andrés Pérez en los primeros meses del gobierno de Luis Herrera Campins; acusado de un hecho de corrupción administrativa, habiendo sido levantado un expediente en su contra, con motivo de la compra de un barco frigorífico con sobreprecio, según la denuncia, y jugada en la que Villalba no se anota; alegando que él no se presta para ir en una componenda contra un “chivo expiatorio”; aduce que si hay que castigar el delito de la corrupción administrativa, hay que proceder contra unos cuantos, y no contra uno solo, y llevando la contraria así a medio país, que si antes había venerado a Pérez, ahora lo odiaba, y que querían verle rodar la cabeza a aquél que se prestaba también para sufrir de procesos de defenestración, dado su alto grado de arrogancia y de vanidad.


A todo aquél que lo emplazaba en privado por aquella posición asumida por él, Villalba le respondía, con un movimiento de brazo como si estuviera enarbolando una bandera, que él no le había dedicado toda una vida a la política, para terminar diciendo: “Viva Rómulo”.


Además, Villalba apelaba a una lógica judicial. Este no concebía a una persona, que manejaba una partida secreta de 500 millones de bolívares que tenía asignada para entonces la presidencia de la República, inmiscuyéndose en una triquiñuela de cuatro o cinco millones de bolívares, que era lo que le reportaba a cada participante el negociado del buque frigorífico, en cuestión, y algo más grave todavía era que veía detrás de esta especie de linchamiento un vicio, y que era la utilización de la justicia para el enguerrillamiento político, grave para el equilibrio del sistema democrático, y lo que se vino a comprobar con la llegada de Hugo Chávez al poder, precisamente, enarbolando la bandera de la lucha contra la corrupción, consecuencia de un espíritu escéptico y moralista que cundió en el ánimo de los venezolanos, luego de este proceso de ladroneo, como lo llamó alguna vez Eduardo Fernández, en que cayó uno y otro bando, producto de las acusaciones que se endilgaban. Es así como se señala que los mejores aliados con que cuenta aquel señor a lo largo de su campaña son los medios de comunicación, tomando en cuenta que coinciden los puntos de vista de cada uno de ellos, al respecto de la expectativa de lucha contra este flagelo público, con los del teniente coronel, lanzado en campaña electoral. Una época en la que el propio Villalba estaba envuelto en el marco de esta conciencia pesimista, y así que en una que otra intervención pública, advertía: “o acabamos con la corrupción, o la corrupción acaba con nosotros”.


De modo que este Pérez se salvará por el momento, algo en lo que tiene que ver también Jotavé Rangel, y quien apela al mismo justificativo de rechazo al “todos a una”, como en Fuenteovejuna, o del “chivo expiatorio”, para emplear el término vulgar, siendo la voz disidente en la propia fracción parlamentaria del MAS, que se vuelca toda contra el ex presidente, lo mismo que viene a ser una voz disidente la fracción del MIR, aunque hoy en día es a Jotavé a quien se le achaca la culpa de haber impedido esta defenestración, para deleite de aquella izquierda que él había combatido, y la que se quedó con las ganas en esta oportunidad; mas no así en la ocasión del año 93, cuando ya sí no habrá un Pérez airoso, y quien tendrá que renunciar a su entonces segunda presidencia de la República; para venir a ser enjuiciado por una denuncia de malversación de fondos; pero ya esa es historia que escapa al presente contexto.


Hay quien señala que fue el propio Piñerúa Ordaz quien se ocupó de indisponer a Betancourt en contra de Carlos Andrés Pérez, y esto no sólo porque había tolerado una gran corrupción durante su gobierno, sino también porque había conformado un gabinete ejecutivo, con gente que había pertenecido al movimiento guerrillero que se había levantado en su contra, como era el patético caso de Gumersindo Rodríguez, el ministro todopoderoso del régimen, por lo demás, y esto que la política de pacificación emprendida por Rafael Caldera, en su momento, había causado indignación en AD. De hecho, Piñerúa Ordaz durante los primeros años de este gobierno de Pérez se referirá al caso de los doce apóstoles; individuos favorecidos para hacer grandes negociados en dicha administración, entre los que se mencionan a Gustavo Cisneros, y los que están llamados a conformar una nueva burguesía en el país, en una pose de denuncias en que cae el entonces Secretario General de AD, que lo era Piñerúa Ordaz para ese tiempo, y, más adelante, durante el gobierno de Jaime Lusinchi se referirá a una lista de los principales corruptos de su partido; lista que amenaza con publicar, pero que olvida luego de que pasa a ocupar el despacho de Relaciones Interiores de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, y por la que lo emplaza la opinión pública del momento; de modo que al final de todo se descubre que aquello no es más que pose de su parte.


¿Pose también la de un Jotavé Rangel, que hizo del tema del flagelo de la corrupción administrativa su gran bandera política? Entonces escribía para una columna que tenía en El Universal; además de un programa de televisión por Televen, y desde donde lo que desplegaba era moral barinesa, como dice Picón Salas que llegó Cipriano Castro a Caracas en su época de parlamentario a finales del siglo XIX, pregonando moral capachera, si es que nos atenemos a los orígenes de Jotavé. Recuerdo que había una cierta militancia alrededor de la audición de su programa televisivo; así como se seguía con mucha atención cada una de las denuncias que formulaba en su columna periodística. Fue el más abanderado de esta pose de denuncias; aún cuando siempre se le imputó el que se valía del chantaje a partir de las posibilidades que le brindaba el papel con respecto al comercio del silencio, y lo que explicaba su nivel de vida, a la par de un alto empresario, siendo sólo un periodista que tenía dicha columna en El Universal y un programa televisivo en un canal de segunda, como era Televen. Era del tipo “dandy rojo” de los que habla el escritor mexicano Enrique Krauze, esto es, un mantuano convertido en comunista; con la cabeza puesta en Marx, pero el corazón puesto en el dinero o la vida burguesa. He allí a la descomposición a la que puede llegar una sociedad: el denunciador de oficio se corrompe aún más que sus propios denunciados, y que es lo que explica el que un teniente coronel ignaro y cobarde se transforme con la ayuda del oportunismo político en un héroe patrio. Moral de esquina de pueblo del interior de la República: he allí el por qué Jotavé Rangel se solaza hoy en día en la máscara del cinismo. Fue verdad que él superó a su maestro en el año de 1972, en términos de sufragios en el proceso pautado para diciembre de ese año; para mofa de los adecos que hacían gracia con el hecho, sin embargo es difícil que con la suya opaque la trayectoria política de Villalba. No olvidemos las palabras de Augusto Mijares, cuando surge un sujeto de la calaña de Antonio Leocadio Guzmán, en detrimento de las más ilustres figuras venezolanas de su tiempo; individuos que le iban a imprimir una nueva fisonomía a nuestra política: agresivos, gárrulos, improvisadores e irresistibles.


Aun se conserva fresca la anécdota de Villalba, en el sentido de que en cierta ocasión un señor se le acerca a los fines de solicitarle un puesto de avance, como se dice ahora, en una flota de carros de alquiler que, supuestamente, éste posee en el área metropolitana de Caracas, arrojándole cuantiosos dividendos, según el decir de las malas lenguas; lo que lleva a Villalba a responderle que, no sólo está dispuesto a concederle el puesto de avance en su flota automotriz, sino que además le propone que si le consigue uno de esos automóviles, él se lo regala.


A ese respecto, también son variadas las historias que se cuentan sobre el maestro, a propósito de su espíritu desprendido; como en la ocasión en que alguien le facilitó un cheque al portador, emitido por una cierta cantidad de bolívares, que para la época significaba la manutención por espacio de un mes de un hogar, como el suyo: contribuciones que le hacen muchas veces a los dirigentes políticos alguno que otro de sus colaboradores con posibilidades económicas; algo como para llamar a Ismenia de inmediato, y ponerla al corriente para que pasara por la oficina, recogiera el cheque, e hiciera un abasto con los recursos; pero que el llantén que le puso una persona, que al instante se le presentó a la misma, y quien padecía de una lastimosa situación económica, pudo más, y así que se conmovió y le pasó al otro lo que recién le habían dado.


Al propio Betancourt el que esto escribe lo vio por televisión abjurando de cierto dinero que se le había facilitado, a los fines de pagar su reclusión en una clínica médica de los Estados Unidos; dinero que, al parecer, había sido facilitado por Carlos Andrés Pérez, y que provenía de la partida secreta de Miraflores; lo que no contó con el visto bueno del viejo dirigente adeco, que lo devolvió, según lo hacía ver en sus declaraciones a los medios de comunicación con ocasión de su regreso.


Fue una rivalidad larga la de Villalba y Betancourt; tan parecida a aquella que habían escenificado a lo largo del siglo XIX Antonio Leocadio Guzmán y Juan Vicente González; el primero en el papel de Villalba, en tanto que eterno aspirante a la presidencia de la República; aun cuando ya para la época se podía hablar también de un cadáver insepulto para el caso de Betancourt, pues su presencia, al lado de Piñerúa Ordaz en aquellas elecciones del año 78 tampoco fue garantía de triunfo, como se vino a demostrar; pero en lo que atañe a la vida privada de Villalba y Betancourt, éstos continuaron siendo amigos, al punto de que en cierta oportunidad el maestro se ofendió, con motivo del intento de una persona de hacer una broma con esta situación vivida por ambos:


-A Betancourt –le dijo- yo lo respeto como amigo, a pesar de que ambos hemos sido adversarios políticos.


Fueron años también en que Villalba no dejó de tener sus contratiempos con cierta izquierda venezolana, en especial, con Teodoro Petkoff, quien le salió al paso en un momento en que Villalba llevó a cabo la denuncia de que las agrupaciones pertenecientes a este ámbito político se estaban financiando con dinero, obtenido a través de un acciones delincuenciales, lo que consideró el maestro que no podía aprobar; una situación ante la que consideraba que no podía prestarse de cómplice, lo cual no dejaba de ser verdad; dada la existencia de un estado de derecho en Venezuela, y al que era deber de la dirigencia política respetar. Una denuncia muy delicada, sobre todo, porque el maestro carecía de pruebas o si las había eran demasiado comprometedoras. Posteriormente, el medio venezolano se iba a encontrar que en los próximos períodos gubernamentales, iba a resultar electo a una de las representaciones del Congreso Nacional uno de aquellos “atracadores profesionales”, que formaron estas agrupaciones de izquierda en su fase de constituciones políticas, y hasta luego de haber pagado penas en prisión, como delincuentes comunes.


Esa política de plegarse a las maquinarias constituidas por AD y Copei llevará a Villalba a ofrecerle el apoyo a Jaime Lusinchi en las elecciones de 1982, en un momento en que Betancourt no cuenta, puesto que ha muerto; quizás una de las razones para apoyar a un candidato de AD; pero, además, porque Villalba tiene vínculos con Lusinchi, pues no se olvide que por motivos consanguíneos Villalba estuvo siempre muy ligado a la gente de Clarines, de donde provenía el que sería nuevo presidente de la República, a partir del desenlace de dichas elecciones, viviendo en la pensión de las famosas hermanas Chacín, en Caracas, como habíamos dicho, y en donde iba a tener como compañero a un hermano de éstas, por lo demás; padre de aquél, precisamente.


Dicho apoyo implica el acuerdo de llevar en las planchas de AD 2 puestos de senadores y 5 puestos de diputados de URD, y los que obtiene el partido en el proceso de sufragios, además de otros 3 diputados que salen por las planchas propias de la organización.


Fue la época de las barraganas, como llamó Piñerúa Ordaz a la entonces amante y futura esposa de Jaime Lusinchi, a propósito del tipo de denuncia que llevaba a cabo en aquel momento de las que hemos hablado. Una persona con mucha figuración en ese gobierno, de nombre Blanca Ibáñez, y hablo en plural de este calificativo en razón de que habrá también una barragana al lado de Carlos Andrés Pérez, con una presencia igualmente de mucho peso en el futuro gobierno de este señor, tanto que aún el señor Hugo Chávez recuerda siempre la ascendencia de estas dos figuras en el entorno de Miraflores, a la hora de gobernar sus maridos, y así se refiere al dúo Ibáñez-Matos; un dúo que filtraba por sus manos primero toda decisión que el Ejecutivo habría de aprobar, comprendiendo en este aspecto la política de ascensos militares, y lo que lleva a ponderar a nuestro actual jefe de Estado lo que fue la conducta abyecta que mostraron a esa hora los oficiales, que entonces ascendían a los altos grados en el esquema de jerarquía de nuestras fuerzas armadas, hacia estas dos señoras.


No era para menos, todo el país estaba desmoralizado, con motivo de esta degradación del ejercicio de la presidencia de la República, y así toda Venezuela tuvo un propósito de qué hablar, como nos ha puesto a hablar la personalidad tribinilera y sin escrúpulos del señor Chávez a lo largo de estos siete años de gobierno suyo, sobre todo, de Ibáñez, que era más aparatosa que la Matos, mientras Lusinchi daba muestra de una conducta alcohólica, y lo que daría lugar a que alguno que otro columnista de la prensa caraqueña, enfocando aquel cuadro de amores incestuosos titulara una de sus crónicas Por el amor de una mujer. Una situación que daría lugar a un conato de golpe de estado, que impulsa la joven oficialidad venezolana, que en ese momento comienza a plegarse a las ideas militaristas, que pregona un señor de nombre Hugo Chávez en el medio militar, y quien se verá protagonizando unas acciones más comprometedoras, posteriormente.


¿Por qué Hugo Chávez usa y abusa del uniforme militar? Porque en su oportunidad la secretaria ejecutiva de Miraflores, como se le llegó a conocer a Blanca Ibáñez,  se mandó a hacer un traje de corte marcial, para aparecer en un acto de carácter populista, como los que acostumbraba llevar a cabo este gobierno y fue esto lo que marcó la conciencia de la oficialidad de ese momento; hasta generar extremismos como a los que llega Hugo Chávez y su grupo, y que fue lo que sacó a relucir Rafael Caldera en su famoso discurso el 4 de febrero de 1992 en el Congreso Nacional; verdades muy bien dichas, y hasta dramatizadas, puesto que llegó un momento de su intervención en que estuvo a punto de venirse en llanto, sólo que no era ni la hora ni el lugar más apropiados para pronunciarlas, y lo que lo puso a valer a los ojos de las masas populares, como buen político calculador que es, y lo que le permitió ganar las elecciones para presidente de la República, pautadas para el año de 1993. No sin razón Hugo Chávez, incontenible en su verbo, se lo sacó alguna vez; que su triunfo no se debía sino a la oportunidad que él le había dado. Así, concluyen nuestros analistas políticos, que un golpe que había fracasado desde un punto de vista militar, de pronto se transforma en un éxito político, y de allí devino la expresión “por ahora”, que Hugo Chávez pronunció con motivo de su rendición, en una corriente de popularidad que comenzó a favorecer a éste. Es la misma dialéctica que sucede con Jesús y el apóstol Pablo, sin éste aquél no hubiera sido nadie, puesto que quien da a conocer su doctrina es Pablo. Chávez en esta ocasión estaba llamado a catapultar a Caldera, y Caldera estaba llamado a catapultar a Chávez, sólo que aquí no había una doctrina divina, como en el caso de Pablo, sino diabólica puesto que detrás de su gesto no había sino una exaltación al militarismo, sin darse cuenta, ciego como andaba por su tendencia mesiánica.


En cuanto a su obra de gobierno, Lusinchi entregaba una Venezuela hecha un desastre; pronunciando unas de las frases que se le haya oído a presidente alguno, cuando dijo que la banca internacional lo había engañado en materia de negociaciones de deuda; significa que dejaba un país hipotecado en una pesada deuda pública, sobre todo, externa que ascendía a más de treinta mil millones de dólares; a pesar de que su filosofía política se había basado en el populismo que le permitió, por paradoja, concluir su mandato con unos niveles altos de popularidad, y cuyas consecuencias las pagaría, finalmente, el gobierno de Carlos Andrés Pérez un 27 de febrero de 1989, cuando el pueblo se lanzó a las calles, y así fue saqueado el comercio minorista y mayorista de este país: una verdadera orgía colectiva.


En ocasión de la elección siguiente, y la que le dio ese triunfo a Carlos Andrés Pérez para ejercer una segunda presidencia, en el año de 1988, ya la salud de Villalba comienza a ser minada, debido a una enfermedad que sufre desde hace algunos años, por lo que apenas su presencia se siente en este proceso.


Es el momento en que surgen a la palestra pública los más notables representantes de la tecnocracia venezolana, gente formada en las universidades de Harvard, Yale, que va a integrar el gabinete ejecutivo de Pérez, y entre quienes se destaca el economista Miguel Rodríguez, blanco de una prensa borbónica como la de Rafael Poleo, para quien crea el apodo de “Paquetico Rodríguez”, en razón de que, siendo ministro de Cordiplan, éste llega hablando de un “paquete” de medidas económicas, tan elocuente como su progenitor, si es que se admite tal parentesco, y quien se arroga la defensa de una concepción liberal de la economía, como hasta entonces nadie lo había hecho en Venezuela, salvo el viejo Manuel Antonio Matos, de quien decía Domingo Alberto Rangel, que se sentaba en la época de Guzmán Blanco en la Plaza Bolívar de Caracas a ponderar dicha corriente de pensamiento económico.


Antes he debido decir que fue el instante en que también se habló de “una coronación”; como había sucedido en la época de Gallegos, asimismo la asunción de éste a su segundo mandato implicó la realización de un acto apoteósico en el Teatro “Teresa Carreño”, con invitados especiales de todas partes del mundo: ex presidentes, figuras notables del mundo de la economía y de las finanzas; escritores de la talla de Gabriel García Márquez, corresponsales internacionales. Fidel Casto y Daniel Ortega andaban por allí: era el tiempo en que yo aún también pertenecía a esa clase de sujetos que le rendían culto a este tipo de personalidades, y como periodista de la entonces revista Bohemia, un medio para donde llevaba trabajos de colaboración, anduve por allí. En ese sentido, me dolió ver el olfato político de una corresponsal de un medio de los Estados Unidos, quien hacía mofa con otro colega de ese comportamiento de idolatría, que exhibíamos los periodistas venezolanos hacia aquellas dos magnas figuras de la izquierda latinoamericana, en instantes en que los fablistanes esperábamos la llegada de los grandes invitados al hotel Caracas Hilton, donde estaban hospedados, una vez finalizados los actos de asunción al mando aquel encapotado día del mes de febrero de 1989, como recuerdo yo que dije en una de las crónicas que haría entonces para la revista, en cuestión. La tipa hablaba perfecto el español:

               
-¡Ay, tan bello el comandante Ortega!- le decía a su colega, otro gringo a quien se le aproximaba en señal de adoración, y quien miraba estupefacto aquel patético cuadro.

               
En cuanto a la figura de Pérez, éste venía como si el maestro Gallegos se hubiera posesionado por segunda vez de la presidencia de la República: enmendado y corregido. Otro Pérez, ahora con una conciencia liberal de la economía; llegando a abjurar de todo lo que hasta entonces había dicho en contra de la injusta relación Norte-Sur en la política del mapa mundial, como habíamos dicho, y con un espíritu de total descentralización en materia política, llegando a superar, a ese respecto, a su maestro Betancourt, quien, a pesar de que proclamaba de idea de un partido de corte policlasista, consideraba que el Estado era el ente supremo de una nación, y como tal las diferentes entidades que lo conformaban le debían absoluta sumisión, por lo que cargos, como el de gobernadores de estado tenían que ser nombrados, a su juicio, por el presidente de la República, y lo que reparó Pérez, en materia de modernización de Estado, al permitir que estos fueran nombrados por el pueblo, a través de procesos electorales.


Si alguna vez me topé a Villalba fue por estos días. Venía yo caminando por el bosque de Los Caobos, y él marchaba en sentido contrario con Ismenia y un secretario. Entonces se desplazaba con dificultad, y era asistido por su esposa. Era un hombre que se fijaba en todo, y de modo que al mirarme lo saludé.


Aún hay gente que recuerda a Villalba sentado, por las noches, con su entorno más cercano, en el Gran Café Sabana Grande; no muy lejos del otro café, donde se reúne nuestra peña de amigos, y lo que cruza, en consecuencia, de nuevo esta novela biográfica con otro hecho fortuito, sólo que ahora no sería de tiempo sino de lugar. Es decir, las mil y una posibilidades que puede ofrecer una obra para su inicio, me hubieran permitido comenzar el presente trabajo señalando que no muy lejos de un café, donde yo me reúno con un grupo de intelectuales los días sábado, se sentaba un señor alto, blanco, casi albino; retirado, parcialmente, de la política. Hacía muchos años que había dejado de ser profesor universitario: discípulos de discípulos suyos eran quienes ahora llevaban la voz cantante en esas cátedras de la educación superior, puesto que ya era un hombre que había cumplido los ochenta años… y de modo que la enfermedad termina por fulminarlo un 8 de julio de 1989.

 

Caracas, 08-12-05.                  


 

[1] TENORIO SIFONTES, R. Aportes de URD a la Democracia Venezolana. P. 40

[2] Ibídem P. 38

[3] Ibídem P. 221.

[4] Ibídem. P. 244.

[5] Ibídem. P. 229.

[6] Obra Citada. P. 152.

[7] ACEVEDO de, Adelaida… - P. 163.

[8] TENORIO SIFONTES, R. – Aportes de URD… P. 43.

 

 

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