…CUENTAS CONMIGO
Susana Yépez de Álvarez

25-05-2014

Yo tuve el privilegio, por casi veinte años, de convivir el día a día con mi mamá y con mi papá, siendo ya una adulta, casada y con hijos.


Yo regresé de Wisconsin al terminar mis estudios universitarios cuando tenía 24 años, me casé, y viví con ellos hasta que mi mamá murió. Estaba yo a tres meses de cumplir 40 años. Nos habíamos quedado sin el pilar que construyó la esencia de nuestras almas de la noche a la mañana.


Mi papá y yo nos conseguimos en el lobby de una clínica, hablándonos con el corazón destrozado en mil pedacitos, tristes y aterrorizados, transmitiéndonos el mismo mensaje él a mí, y yo a él, a través de las lágrimas…  “tú no estás solo. Tu cuentas conmigo”.


Y así fue, hasta que se fue sin querer. Estaba yo a dos días de cumplir 45 años. Murió en la misma clínica donde mi mamá me abrazó y se despidió de mí aquella trágica madrugada.


Yo soy afortunada. Soy afortunada porque pude compartir y aprender de ellos mientras criábamos juntos a mi propia familia. Cuando uno es mayor, aprecia mejor a quien te acompaña, y logras recoger las perlas de sabiduría de gente buena, que solo quiere lo mejor para ti sin condición alguna.


Fue en ese día a día, que fui cayendo en cuenta, que mis padres no solo me querían a mis hermanos y a mí de esta manera. Era a la familia completa. Desde William, que es el mayor de los primos, hasta a mi…que soy la menor.


Ese sentimiento del verdadero sentido de lo que es familia, lo aprendí de una gringa noble y un genio imprudente, pero también lo aprendí de un tío sublime y de una tía organizada y generosa.


El significado que yo tengo de familia lo aprendí en una casa donde iban apareciendo tíos y primos, sin ser llamados, para sentarse en sillas de mimbre entre el sol y porrones con plantas, para echar cuentos. Un lugar donde te echaban la bendición y donde te sentías bienvenido, aceptado  y querido.


Lo aprendí al presenciar un matrimonio que se celebró en la sala de mi casa, cuando otros voltearon para dar la espalda, y lo aprendí una vez más, cuando vi a aquellos que erraron…voltear para dar la cara.  


Aprendí el significado de familia cuando entré a la iglesia en Aregue, acompañada del único hermano de mi papá, que me fue contando cuadro a cuadro, con los detalles del más puro amor, la historia de una virgen que desde ese día convoco en tiempos difíciles.


Aprendí el significado de familia cuando primos hermanos fueron apareciendo, uno a uno, en la habitación de un hospital, el día que operaron a mi papá del corazón. El mismo día que al salir del quirófano, todavía medio dormido, peleaba para entregarme algo a lo que se aferraba con el puño cerrado…una medalla de San Judas Tadeo que le había entregado yo a los médicos.


Yo fui criada por una aldea. Entre la música, las misas, el aire fresco y las universidades. Una combinación perfecta que me enseñó que el amor viene de diferentes maneras y lugares,  sin condición alguna y con los mejores deseos.


Soy afortunada en el sentido que he podido aprender y aplicar lo aprendido de la mejor manera que puedo. Soy afortunada porque intento entregar el mensaje de tanta y tan bella sabiduría a aquellos que amo.


Hay personas que mueren sin darse por enterados. Soy afortunada… “Tú no estás solo. Tú cuentas conmigo”.

susanadealvarez@hotmail.com




YO SOY UNA... ¡MILENA!... ¿QUÉ ES LO
QUE SOY?

Susana Yépez de Álvarez


10-07-2013


Dejé de fumar. Dejé de fumar el primero de enero de este año. Dejé de fumar hace poco más de siete meses. Esta vez estoy segura que lo logré y es por eso que  lo anuncio después de tanto tiempo. La última vez que intenté dejar de fumar, lo anuncié a los cuatro vientos demasiado rápido, y a las tres semanas estaba fumando de nuevo… que horror… que pena… que bochorno.

En realidad, estoy muy sorprendida que lo logré. Soy una adicta, sé que si compro una sola caja de cigarros, así sea para olerla, voy a volver a fumar. Yo sé que no puedo ni siquiera pedir un fumito. Si veo a alguien fumando, yo debo mirar para otro lado y correr hacia la iglesia más cercana.

Fumar para mí era un placer. El cigarro era mi amigo, me acompañaba cuando estaba triste, angustiada, brava, contenta, nerviosa…Yo, al igual que Ana Gabriel, conversaba con mi cigarrillo. Siempre estuve muy al tanto de que estaba adicta, especialmente aquella noche como a las 2 de la madrugada cuando me quedé sin cigarros mientras le llenaba las planillas por internet para la visa a la Lela. No me quedó más remedio que reconciliarme con mi adicción, amarrarme los pantalones y agarrar para la gasolinera el Indio Mara, a comprar cigarros.

Intenté, durante los treinta años que fumé, dejarlo solamente dos veces, y ninguna de las dos veces por convicción propia. Cada vez que pensaba en dejarlo recordaba las sabias palabras de una vieja amiga fumadora, que me dio varios ejemplos de personas que pasaron a otro plano…después que dejaron de fumar, “el pobrecito, dejó de fumar y a las dos semanas lo encontraron muertito en su cama. Seguro que estaría vivo hoy si hubiera seguido fumando. Nooo mi amor, yo mejor me quedo tranquilita y fumándome mis cigarritos sin molestar a nadie”, así me decía la muy sinvergüenza.

Una vez en Carora, bajo la guía del Dr. Freddy Suarez, lo intenté con unas pastillas, pero las pastillas me hacían ver puntos verdes y morados grandes y pequeños cada vez que volteaba con cierta rapidez, y hace dos veranos atrás que fue cuando se lo anuncié a tuttirimundachi, (que pena), para que mi papá lo dejara también.

Yo no estaba interesada en dejarlo. Mi última placa de tórax no mostraba daños, y un examen que me hizo el Dr. Suarez respirando en una manguera no arrojó resultados preocupantes, y yo pensaba, especialmente mientras vivía en Venezuela, que con lo nerviosa que soy, si dejaba de fumar, a la que le iba a terminar dando la vaina iba a ser a mí, y aquí, manejando en unas tormentas de nieves fenomenales con venados incluidos que se atraviesan en la carretera… No, no, no… déjenme tranquila con mis cigarritos, mi vieja amiga, la sinvergüenza, tiene razón.

Mi mamá siempre fue de las que pensó como Carlos Baute. Ella se quedaba en Venezuela porque ella era optimista. En medio del paro petrolero, en medio de las elecciones con Manuel Rosales, cuando cerraron RCTV, yo me agarraba de los pelos y corría de allá para acá, y le decía que teníamos que irnos, “¡ésto es una dictadura!”, y de lo más tranquila, ella me contestaba que dictadura es lo que hay aquí en el Imperio, donde uno no puede ni siquiera fumarse un cigarro en la calle, y yo pensaba… -¡mi mamá será que se volvió loca!-,  pero aquí descubrí…que no estaba tan loca.

Cuando comencé este año a trabajar como maestra, me comunicaron que yo tenía que estar en la escuela por ocho horas seguidas sin salir… a menos a que se tratara de una emergencia, y déjenme decirles que resulta y acontece que fumar, ¡no es una emergencia!... para ellos.  La mayoría de los días aguantaba, pero sentía que estaba pagando una promesa. Lo que hacía era, que al salir a trabajar, (yo manejo por media hora), fumaba sin parar. Al llegar a la escuela me empatucaba con un desinfectante que venden aquí que parece gel de pelo trasparente, un paquete completo de chicles y mucho spray de Victoria Secret. Al final del día, cuando sonaba el timbre, salían los muchachos por un lado y yo corriendo por el otro, desesperada, y mentalmente mentándole la madre a los autobuses que tardaban demasiado en salir para poder salir yo… recuerde, hay que estar a 100 pies de distancia de cualquier institución educativa si te quieres fumar un cigarro en el Imperio.

Fue ese el estrés que me venció. El estrés y mi hermano Fernando, ¡que me tenía verde! Llamaba TODOS los días con un discurso de cómo él no había podido dormir de la preocupación que ya no estamos jóvenes y que yo tengo que velar por una familia, y tengo que dejar de fumar y tiquiti tiqui y tiquiti  tiqui… El estrés, mi hermano Fernando y los casi $15 que estaba gastando a diario en este vicio ¡tan rependejo!

Pero fue por casualidad de la vida, que el primero de enero de este año, me levanté y me di cuenta que me quedaba un cigarro. Recordé la madrugada cuando, al lado de dos borrachitos, compré cigarros en la gasolinera el Indio Mara, y decidí fumarme el último cigarro mientras me pegaba en el brazo un parcho para dejar de fumar que me había quedado de mi último intento frustrado de dejar el vicio.

Hasta el sol de hoy. Hasta el sol de hoy y 20 kilos más tarde. Hasta el sol de hoy, 20 kilos más tarde, reteniendo agua y con un poco de acné después de vieja. Aquí estoy. Rozagante, redondita y rosadita, igualita a las ovejas en la obra de teatro “El lobo es el lobo” que me llevaba mi mamá a ver chiquita en un teatro en Caracas.

Me dicen que pronto me voy a sentir mejor físicamente. Con el dinero ahorrado, me voy en mis primeras vacaciones con mi familia después de tres años, y todos los días me miro en el espejo, agarro mi mano derecha, me la pongo en el hombro izquierdo me doy unas palmaditas y me digo a mi misma, lo que Milena me dijo una vez, “eres una dura Susa…good job”.

susanadealvarez@hotmail.com




ENTRE LA PARED Y LA OTRA PARED

Susana Yépez de Álvarez

04-07-2013

U
n gran Maestro me dijo un día, “Susana, uno hace lo que tiene que hacer… punto”. 

           
Para ese entonces, yo estaba viviendo en Venezuela. En Carora, yo vivía bajo un constante y subconsciente stress. Sobrevivir la inseguridad y la escasez de todo tipo era un trabajo de alta presión y a tiempo completo. Asegurarme que mi papá se mantuviera estable, que Luis Oswaldo tuviera comida en la mesa cuando llegara cansado, que los muchachos pudieran ir y venir de la escuela sin ser atracados, y que yo pudiera dar mis clases gracias a la luz eléctrica era complicado. Así y todo, yo compartía con el que estuviese interesado  mis andanzas y mis vivencias. Podía ventilar a todo volumen mis dudas, mis alegrías, mis miedos y mis impotencias.

Desde que llegué a Madison, hace tres años y cuatro meses no he parado. Me levanto todas las mañanas apurada. El despertador del celular, lo tuve que poner lejos de la cama y cerca de la puerta del cuarto. De esa manera, pego un tremendo brinco  para apagarlo, y sigo derecho. Ya me acostumbré a lanzarle un beso a la estatua de San Judas Tadeo que tengo sobre la peinadora, mientras que recuerdo (sin falta), una fulana propaganda que vi durante las últimas elecciones de Capriles, donde una persona se levanta en las mañanas, se baña, se viste, desayuna, agarra las llaves de su carro y sale a trabajar, mientras que el narrador nos cuenta que en Venezuela, esto no lo pueden hacer la mayoría de los venezolanos.  Yo si puedo, así que lo agradezco de corazón, y al mismo tiempo elevo una plegaria pidiéndole a San Judas  que por favor interceda por mi pueblo.

Trabajo desde que me levanto a las 5 de la madrugada, hasta que me acuesto, agotada, física y emocionalmente, a las 9 de la noche, sin quejarme, pero sin poder escribir por falta de tiempo. Todos los días recuerdo que no tengo ese tiempo, y me duele, porque yo sé que las cosas que me suceden aquí, aunque son diferentes, tienen la misma esencia humana del vivir y del sobrevivir.

Ando para arriba y para abajo con mi famosa agenda, anotando nombres de artículos que escribiré algún día. Si no lo anoto, lo olvido, así de atareada estoy. Escribir, es parte importante de mi vida y de mi alma. La angustia me embarga a menudo, especialmente en la soledad de las mañanas mientras manejo al trabajo, y a veces dudo, por unos instantes si lo que estoy haciendo… es lo correcto.

Decidí coger para un psicólogo. Gracias al estrés post traumático que estoy sufriendo por ser de consistencia demasiado sensible para vivir bajo el régimen de Hugo Chávez por más de 10 años, el seguro me permitirá por un tiempo visitar al psicólogo una vez por mes. Pido que me den un psicólogo latino por favor, y cuando me preguntan porque, respondo sin titubeo alguno que mi vida no la entendería uno gringo jamás ni nunca, ni nunca jamás.

Mi doctor, es mi artículo mensual. El me espera emocionado, y solo me pregunta “Dígame Susana, ¿Qué me cuenta?”, el resto lo hago yo, mientras que el goza. El otro día le dije que le iba a cobrar yo a él, porque no es normal que un doctor se ría tanto.

Como son las cosas. Como es la vida. En estos días,  mientras manejaba en la soledad de la mañana hacia mi trabajo, entendí que si tengo tiempo para ir al doctor a conversar una vez al mes, debo poder tener tiempo para escribir un artículo una vez al mes también… y una vez más recordé a mi Maestro, el que una vez me dijo que uno hace lo que tiene que hacer  y punto, y sonreí con el corazón, y la angustia se disipó.  Uno hace lo que tiene que hacer y punto. Mi Maestro… es un sabio. Soy afortunada.

susanadealvarez@hotmail.com




El Corazón tiene razones que la Razón desconoce

Susana Yépez de Álvarez

15-10-2012
Llegué a Dodgeville, Wisconsin, el primero de junio del 2010.  Fue aquí donde conseguí trabajo.  Mis hijos y mi papá estaban conmigo.

Cuando aterricé en Estados Unidos en
Marzo de ese año, mi intención era volver a Venezuela a las tres semanas. Yo venía a ver a mi hija menor que estaba viviendo con Rebeca, mi hermana por un año, y a conversar con mis hermanos acerca de mudar a mi familia para los Estados Unidos en Agosto, después de empacar y de despedirme como Dios manda.

Dios tenía un plan diferente para mí. No regresé. No empaqué sino lo que traje para aguantar tres semanas, y todavía, en mis planes está volver para así poder despedirme como me gustaría hacerlo.

Mi papá entendía, a lo mejor, mejor que yo, que Venezuela no les garantizaba a mis hijos sus derechos más básicos como ciudadanos, y que era fundamental resolver ese problema.  Después de criarnos a mis hermanos y a mí, a los ochenta años, seguía siendo el papá que velaba por mis hijos y por mí, dejando a un lado lo que él quería hacer, que consistía en manejar su granja de chivos, escribir, y leer libros de Historia Universal.

El era diabético, tenía problemas de corazón y era hipertenso.  Mi última compra, antes de salir del país, fue comprar tanta medicina como pude.  Ya había un desabastecimiento general que iba del café a la insulina, pero logré conseguir suficiente medicina para aguantar un buen rato.    ¿Mi plan?... una vez que entendí que llegué para quedarme, consistía en que, cada vez que algún familiar viajara a Estados Unidos tendría que traerme un lote de medicamentos.  Aunque un poco ingenuo de mi parte creer que esto funcionaría, me aferré a esa idea, convenciéndome que tenía que funcionar. No tenía alternativa.

Mi papá no dijo nada, y hoy estoy convencida que tampoco le importaba un carajo si no tenía sus medicamentos. Su meta era sacarme a mí, y a sus nietos de tanto peligro. Esa fue su última misión en esta vida. Una meta que exitosamente logró cumplir.

El tiempo transcurría y yo comencé a entrar en pánico. El tomaba siete diferentes medicamentos, incluyendo la insulina, no estaba segura de cómo proceder.  Llamé a mis hermanos y les pedí que comenzaran a pensar.  Rebeca me llamó y me dijo acerca de una clínica gratuita que tienen aquí en Dodgeville.  “¿Una clínica gratuita?” le pregunté, “si. Eso es lo me dijo mi amiga. Tienes que llevarlo allá”.  Ahora, aunque mi papá estuvo casado con una ciudadana americana por más de 50 años, el nunca adquirió la nacionalidad americana.  Ellos vivieron la mayoría de sus vidas en Venezuela y no pensaron que necesitarían papeles que le dieran un estatus legal.

Yo no estaba segura si esta clínica gratuita podía ayudarnos, pero de igual manera, tenía que averiguarlo.  Le pedí a mi papá que se montara en el carro, y cuando me preguntó para donde íbamos, le contesté temerosa “a la clínica gratuita que tienen aquí en el pueblo. Tú necesitas un chequeo médico. Necesitamos tener el control de tu situación médica”.

Cuando llegamos a la “Free Clinic”, ésta no semejaba a nada de lo que yo me había imaginado. Yo esperaba algo bastante rústico y muy limitado. De todos modos era algo. Un comienzo. Ellos nos podrían guiar.         Pero este lugar tenía una sala de espera, pacientes y un cuestionario que tuvimos que contestar donde no mencionaba por ningún lado si eras ciudadano o no. Recuerdo que no aguantamos la risa, porque una de las preguntas que le hacían a mi papá era si practicaba el sexo seguro, y sin parpadear me pidió que contestara “¿con que uñas gavilán?”.

Primero hablamos con una trabajadora social y le expliqué nuestra situación.  Acababa de comenzar a trabajar, estaba manteniendo a una familia de seis, incluyendo a mi papá.  Le dije, que no podía asegurar a mi papá en mi póliza porque él no es ciudadano americano. Le dije, moviendo las manos para darle expresión a nuestro serio dilema, que salimos de Venezuela por la situación política, que temíamos por nuestras vidas y las vidas de mis hijos. Que mientras estábamos en Venezuela el estaba bajo control médico, y que yo necesitaba saber cómo controlarlo desde aquí, porque si no lo lograba hacer, mi viejo se me iba a morir.

Después de la trabajadora social, nos vió una enfermera. Le revisaron la tensión y el corazón con el estetoscopio y le sacó una fotocopia a la lista de medicamentos y testimonios médicos del Dr. Ferrer que llevé conmigo. Al salir la enfermera, entró el Doctor. Este señor me recordó a Homero Álvarez. Espelucado, grande. Estuvo con nosotros como una hora. Me escuchó contar una vez más nuestra historia. Hizo preguntas, estudió la lista de medicamentos,  Le sacaron la sangre en la habitación de al lado que era el laboratorio con Bioanalista incluida, y después nos comunicó que comenzarían a pedirle a las diferentes droguerías y compañías farmacéuticas estos medicamentos de manera gratuita. Nos dieron en el acto bastante insulina, la maquinita para medir la azúcar y con una sonrisa nos dijeron que al llegar las medicinas nos llamarían para ir a buscarlas.  Nos aseguraron que todo iba a estar bien. Querían ver a mi papá una vez al mes para monitorearlo y controlar sus diferentes condiciones médicas.

Cuando nos preparábamos para salir, recordé que al llegar me preguntaron si necesitaríamos un intérprete, así que me dirigí a la directora del lugar y le pregunté si los intérpretes forman parte de su organización.  Ellos me contaron que allí atienden a pacientes indocumentados de México, Honduras y Uruguay. Este lugar es tan sofisticado, que no solo los médicos, enfermeras, bioanalistas, recepcionistas y trabajadoras sociales trabajan allí dos tardes a la semana de manera voluntaria, los intérpretes también.

Mi mamá siempre me dijo que nunca tomara más de lo que doy. Ellos me estaban dando la salud de mi papá, yo jamás podría dar más, pero si podía darles lo que se había convertido en un lujo para mi, mi tiempo libre, para ayudar a los pacientes que necesiten mis servicios como intérprete, y así fue, como formé parte del “Free Clinic” en mi comunidad.

Mi papá y yo salimos de ese lugar cayendo la noche.  Un profundo silencio nos embargó…hasta que yo comencé a llorar.  Mi papá me dejó llorar tranquila.  El solo se pasaba la mano por la barbilla y después de un buen rato dijo, “La Free Clinic…”.  Nuestras vidas habían cambiado para siempre.  Habíamos sido tocados por verdaderos ángeles en la tierra.

Ellos cuidaron a mi papá hasta que murió.  Fuimos a la clínica antes de su partida a Venezuela en febrero de este año. El invierno le había pegado y quería ver a su familia y a sus amigos. Los doctores le dieron suficiente medicina y consejos. Le dieron un abrazo, le desearon un buen viaje, y le ordenaron reportarse al regresar.  Mi papá murió en Venezuela de un infarto a las cuatro semanas de estar allá.  Aquí está la carta que yo le escribí a la clínica gratuita después de su muerte.       


11 de marzo del 2012

 

Queridos Doctores y Personal de La Clínica Gratuita, Dodgeville:

 

Es con lágrimas de profunda tristeza, que escribo estas líneas.

Mi papá, Luis Fernando Yépez, murió ayer en la mañana, en su pueblo natal, Carora, Venezuela.

A mí no me gustaba la idea de dejarlo ir. Sentía que solo estaría bien cuidado, si estaba a mi lado, pero después de discutirlo con mis hermanos, y respetando los deseos del hombre que siempre fue, accedí a dejarlo ir.

El tenía un pólipo en la nariz que comenzó a sangrar.  Dada su condición de diabético, fue difícil detener el sangramiento. Sangre lo pone muy nervioso. En este estado de nervios sufrió un infarto.  Murió de manera relativamente rápida y sin dolor.

Recuerdo la conversación telefónica que tuve con Denise, la enfermera del Dr. Dunn acerca de unos resultados médicos, y anunciándole, de manera muy contundente, que mi papá no moriría mientras estuviese bajo mi guardia, y Denise me contestó, de manera más contundente todavía, que mi papá tenía 82 años y que yo necesitaba entender que algún día…moriría.  Por favor, avísenle a Denise, que las dos…tuvimos razón.

Mis hermanos están en Venezuela. Fueron a cremar su cuerpo para traerlo. Mi mamá descansa aquí, y él quería estar a su lado.  Yo no tuve la valentía de ir.  Prefiero recordarlo como lo recuerdo…vivo y malcriado.

Me gustaría agradecer toda la ayuda, que de buen corazón y de manera desinteresada nos ofrecieron.  Yo no sé que hubiésemos hecho sin La Clínica Gratuita.

Jan, no hay necesidad de pedir más medicamentos.  Nunca nos faltaron y eso es porque usted es excelente en su trabajo.

Dr. Biere, mi papá lo quería mucho a usted en especial. Pensaba que tenía un alma noble y sabia.  Pensé que le gustaría saber esto.

Mi papá vino a Estados Unidos en 1954 con una beca. Aquí en Wisconsin, se casó con mi mamá. Dos de sus tres hijos nacieron en el Hospital de la Universidad de Wisconsin. El obtuvo un postgrado y un doctorado en Economía de la Universidad de Wisconsin, en Madison.  Era un hombre increíblemente inteligente y generoso, y mi corazón está roto.

Dada la situación política, salimos de Venezuela con casi nada. Yo, ya soy maestra bilingüe para el Distrito Metropolitano Escolar de Madison. Ha sido mucho el trabajo, pero ha valido la pena. Mi papá me ayudó a sacar a mis hijos de un ambiente terriblemente inseguro.

Terminamos en Dodgeville por mi primer trabajo, pero nos gusta el pueblo y su gente y es por eso que nos quedaremos aquí.  Así que cuenten con mis servicios como intérprete en la Free Clinic, en honor a mi papá, por mucho tiempo.

Mi gratitud y mi más sincero respeto a todos ustedes,


Susana
.

susanadealvarez@hotmail.com




Happy 50th birthday IMI… and thank  you for the memories

Susana Yépez de Álvarez

11-01-2011

El Instituto María Inmaculada está cumpliendo 50 años.  Yo no estudié en el IMI, pero si conozco a muchos que lo hicieron. Los recuerdos que todas estas personas que estudiaron en el IMI tienen en común, es que sus recuerdos siempre son buenos y alegres. 

            
Seré yo una persona adecuada para escribir acerca de los 50 años del IMI?, bueno… déjame pensar.  Mi marido se graduó del IMI, yo trabajé unos meses en el IMI, mis cuatro hijos estudiaron en el IMI, muchos de mis alumnos en mis clases particulares de ingles estudiaban en el IMI.

            
Participé en la Asociación de Padres y Representantes del colegio, me quejé ante la Asociación de Padres y Representantes del colegio, fui a actos del día de la madre, del día del padre, actos de navidad, reuniones de la comunidad educativa. 

            
Tres de mis cuatro hijos hicieron la Primera Comunión con la ayuda del colegio.  Luis Oswaldo y yo fuimos a los cursos y charlas exigidos por la Iglesia y por la señorita Ermila para que nuestros hijos participaran de este sacramento.

            
Peleé con profesores, alabé y defendí profesores, hice trabajos en equipo con otras madres, escribí diálogo tras diálogo para las clases de ingles, con alumnos de todos los grados del plantel.  Ayudé a escribir varias obras de teatro.  Fui a muchas semanas deportivas, y misas navideñas, comí empanadas en la cantina y una vez, hasta fume escondida detrás de las gradas.

            
Yo estudié mi primaria en Caracas y mi bachillerato en Wisconsin.  Después de recorrer un trayecto largo de vida durante esos años de vital importancia, mis amigos…los puedo contar con los dedos de las manos.  Mi marido y mis hijos fueron mucho más afortunados que yo, en este respecto. 


El ambiente que rodea al IMI, la ciudad que rodea al IMI, la mujer responsable de crear al IMI, convirtieron al IMI en una familia, con todos los adjetivos que rodean a la palabra familia.  Allí, el personal, los docentes, los alumnos y los ex alumnos, se convierten en tíos, primos, padres y hermanos los unos de los otros… hasta que la muerte los separe.

            
Yo puedo darme el lujo de comparar y objetivamente opinar en el asunto, y mi conclusión es que ésta, es la mejor manera de aprender.  Estamos hablando de personas que tienen recuerdo tras recuerdo de esos que se quedan contigo por siempre y de los cuales hablarás con todos aquellos que los vivieron contigo y con los que no lo hicieron también. 

           
¿Qué éste es un proyecto que amerita la inversión de todos? ¡Por supuesto! Todo aquello que vale la pena preservar necesita ser actualizado y dotado con cosas buenas.  Bibliotecas, computadoras, canchas, pizarrones, baños limpios, áreas de esparcimiento, salones.  Curso tras curso para que los profesores puedan siempre estar al pie del cañón.

           
A veces no nos damos cuenta de lo que tenemos.  A veces es más fácil quejarnos sin hacer esfuerzo alguno por ayudar.  Hablé con cualquier persona que ha estudiado en el IMI.  Hablé con varios.  Hablé con muchos. Es increíble. 


Es mi opinión de madre, que todo un pueblo ayudó a educar a mis hijos, y eso se lo debo a la señorita Ermila Álvarez. 


¡Feliz 50 años IMI, y gracias por los recuerdos que hacen de mis hijos… personas educadas…y felices!

    

susanadealvarez@hotmail.com




Let it NOT snow…
Susana Yépez de Álvarez


02-11-2010

 
Solo para darle una idea del frío que estoy pasando aquí en el paraíso, necesitaría que haga lo siguiente.  Quítese toda la ropa hasta quedar en “Pelotas”.  Mientras se refresca al aire libre, proceda a limpiar el freezer de su casa, (ábralo de par en par), saque todo lo que tiene ahí y quite los estantes esos de metal con las manos peladas.  Luego…métase adentro del freezer, pero ataje bien la puerta para que no se cierre completamente porque se puede morir asfixiado.  Ahora...quédese ahí mientras le echo mi cuento.


Yo no me voy a morir asfixiada…creo, pero de frio puede ser.  Esta es mi rutina matutina, que comienza a las 5 de la mañana todos los días.  Suena el despertador que estratégicamente coloqué en la puerta de mi cuarto, para que me obligue a levantarme para apagarlo, ya que, sino lo hago así, puedo seguir durmiendo feliz como una lombriz, calentita adentro de mis sábanas, dos cobijas y edredón extra grueso. 


En realidad es un despertar agresivo…cosa que no creo sea muy buena para la salud.  El frío que reina en el ambiente me obliga a trotar hasta la cocina en busca de café caliente (siiii, tengo una de esas maquinas de hacer café que puedo programar desde la noche anterior!!... que viva el Imperio).  Después prendo las noticias con la única intención de escuchar todo acerca del clima:  nieve, hielo, neblina, bajo cero, vientos violentos, etc., etc.  Pondero la gran pregunta de si soy lo suficientemente valiente para atreverme a agarrar carretera la hora y quince minutos que me toma llegar a mi puesto de trabajo en la gran ciudad de Madison, y generalmente decido arriesgarme, porque sino… me quedo sin trabajo!!!  

 

Mientras veo las noticias climáticas me voy vistiendo en la mini sala de mi mini casita.  No tardo mucho haciendo esto por el mismo frio.  Como cinco minutos antes de salir prendo el carro y vuelvo a entrar mientras se calienta (calefacción a millón).  Me pongo el gorro, la bufanda, el suéter, la chaqueta, los lentes, y busco mas café para el camino.  Me meto en el carro, tardo como cinco minutos más amarrándome el cinturón de seguridad y quedo mas apretada que una hallaca mal amarrada gracias al poco de ropa de invierno que tengo puesta. Prendo a Tom.  Tom es su nombre, su apellido también es Tom.  Tom Tom.  Aunque ya sé llegar a mi destino porque me aprendí el camino de memoria después de ir y venir unas 37 veces, lo prendo de todas maneras porque me siento mas tranquila cuando el me guía, “despues de 200 yardas gire a la derecha…”, ese es Tom… tan bonito…habla españoleto.  Yo queria el mejicano, pero no lo tenían.  Son mas alegres "Órale! cruce en unas tantitas cuadras".  


Cuando agarro carretera, que es poco antes de las seis de la mañana, la luna resplandeciente guía mi camino en la gran oscuridad de la noche que me acompaña.  Ni pretende amanecer.  Comienza a pretender amanecer después que llego y entro a mi trabajo, hora y media después!!  Manejo de noche!, y, aunque aquí las carreteras no tienen huecos, si tienen venados.  Me cuenta mi tía Carol, que tengo que tener mucho cuidado, porque este año en particular hay más venados que NUNCA en la historia Universal de Wisconsin y que se atraviesan en las carreteras.  Ella dice que no es un solo venado sino muchos, y que generalmente son las mujeres venado que están corriendo porque atrás de ellas vienen los hombre venados a tratar de agarrarlas.  Entonces… es muy probable que una o varias de estas venadas se me atraviesen a mi, y que si pasa, tengo que frenar de una vez, porque el daño que le pueden ocasionar al carro es inmenso!!.  Ni idea de que debo hacer si tengo un carro atrás y una manada de venadas corriendo para que no las agarren los jombres en frente, pero si puedo calcular... 


Así que, ya que siempre he sido la propia conductora defensiva, aprieto duro los dientes, agarro el volante con las dos manos, miro hacia los lados y por los espejos retrovisores constantemente, en alerta total.  Demasiado estrés!!  No puede ser que además de la neblina, nieve, hielo, frío congelado, venados y venadas tenga que sufrir de tortícolis corporal por manejar paranoicamente.    Decido prender la radio.  Estamos en época de navidad.  Como no puedo cambiar la estación de radio porque mis manos están completamente tullidas en el volante y me es doloroso hacer muchos movimientos bruscos, no me queda mas remedio que escuchar “canciones de navidad las 24 horas del día”. 

 

Para no pensar en choques espantosos, prefiero pensar que ningún venado quiere "acción" a tan tempranas horas de la noche... o la mañana... whatever, y me concentro en la letra de las canciones.  Todas tienen que ver con la bella nieve que cae en navidad.  Una canción dice “que caiga nieve, que caiga nieve, que caiga nieve”…otra dice “la nieve es encantadora”, ninguna dice “esto es un frión muy grande! Si no tiene que salir no salga! Si va a salir pendiente de venados con ganas de  @#$#@#, y cuidado con el hielo!”. 


Que calor carajo! Como hago para quitarme el gorro, la bufanda, el suéter y la chaqueta?!!...  me voy a morir asfixiada después de todo!!!... “que no caiga nieve, que no caiga nieve, que no caiga nieve!!...”

¡Hasta la próxima!

 

PD. Y con toda mi quejadera, que ya es normal en mí, es importante aclarar que es tan solo una marera más liviana de ver la vida, una vida y un camino, que, por los momentos, no cambio por  nada del mundo. 

syepez@cantv.net




Poke... Ni se lo inmagina...

Susana Yépez de Álvarez

12-10-2010

 

Estimado Profe Poke:

 

Reciba mis saludos llenos de cariño.  Espero que se encuentre muy bien.  Le escribo porque creo que es importante que sepa que su nombre, “El Poke”, ha salido a relucir muchas veces desde que Carol y Eleana comenzaron el colegio aquí en Estados Unidos.

 

La primera semana fue realmente dramática.  Estuve a punto de devolverlas para Carora porque llegaban llorando.  No entendían nada.  La segunda semana, con la ayuda de una maestra especial que fue especialmente contratada porque habla Inglés y Español, (la ley exige que le den esta ayuda), todo comenzó a mejorar.  ¡Que alivio!

 

Fue durante la tercera semana que no solo mencionaron su nombre, sino también el de la profesora Zulay, el profesor Pedro Felipe, y el de un profesor de apellido Domínguez que las niñas quieren mucho.  Fue una tarde, después que llegaron del colegio. 

 

Resulta que a Carol y a Eleana las llamaron a la oficina del Director, y cuando llegaron, estaban también la profesora “especial y solo para ellas” y la orientadora del colegio.  Durante dos o tres horas se dedicaron a ver una por una las materias que las dos tomaron los años anteriores en Carora, y las evaluaron en cada una de las materias también.  Las evaluaron en Biología, Química, Física y Matemática. 

 

Profe, para serle sincera, mientras que las dos me echaban este cuento, yo, que me encontraba haciendo el almuerzo, sentia que las piernas se me iban de los nervios.  Me preocupaba enormemente pensar que las estaban evaluando.  Y si no pasaban las evaluaciones?, sin siquiera tiempo para estudiar?. 

 

El resultado se lo dieron a las niñas en esa misma oficina ese mismo día.  Las dos, Carol y Eleana, están prácticamente ya graduadas de bachillerato aquí en Estados Unidos.  Están requete y super preparadas en sus materias.  Les queda estudiar inglés, historia...y mas ingles.  ¡Poke! Pueden dedicarse a estudiar Inglés, historia, y sus otras clases pueden ser arte, coro, cocina, computación, etc. 

 

Como me gustaría poder traerlos a ver este colegio.  Tiene una cancha de futbol Americano y un gimnasio interno con vestuarios con ducha y todo. Tiene una tremenda biblioteca donde los muchachos pueden hacer sus tareas, pasarlas por computadora, imprimirlas, sacar libros prestados.  ¡¡Hay una cafeteria con menú!! Las dos se ponen bravas porque lo único que dan de tomar es leche… y leche.  Las pizarras de los salones son unas perolas supersónicas, y uno puede mover la información, tocándola con el dedo.  Lo que pienso yo es lo mas importante, estamos hablando de una escuela publica y gratuita.  El gobierno cree que la educación es un deber y un derecho importantísimo e invierte mucho en la educación.

 

Estas niñas pasaron toda su vida en el IMI, con todas sus deficiencias pendejas y fáciles de solucionar como lo son el papel toalé en el baño, pizarrones con marcadores que funcionen, un lugar amplio, limpio y agradable.  Llegaron a este paraíso de colegio y les dijeron, que allá en Carora… lo hicieron bien.  Zulay, Pedro Felipe, el profesor Domínguez y usted, lo hicieron bien.  Carmen Elisa, Lucy, Leida, Pancha y las demás… lo hicieron bien.

 

Mis hijas fueron buenas estudiantes allá.  A pesar de las condiciones del colegio, del salón mismo donde pasaban largas horas día a día, a pesar de la cantidad de alumnos por aula, de no tener los recursos mas adecuados, de la incomodidad de tener que llevar su propio papel toalé para ir al baño, o de llevar un marcador para que el profesor pudiera dar la clases, fueron buenas estudiantes y mas importante todavía…aprendieron.  En este colegio de lujo quedaron realmente asombrados al ver todo lo que han aprendido hasta ahora. 

 

Además de que entienden que aprender es su trabajo, usted y la mayoría de los que le dieron clases a este dúo, son unos verdaderos maestros.

 

 

Pensé que esto era algo que deberían saber.

 

Mi admiración y mi respeto Poke, a usted y a los otros profesores. Reciba un gran abrazo,


Susana.

 

syepez@cantv.net




¡Otra vez... otra vez!... otra…

Susana Yépez de Álvarez

05-09-2010

Estas son las primeras elecciones desde que se coronó Chávez en el poder, en las que yo iba a trabajar… ¡por órdenes del gobierno!  Me dio un ataque de risa de esos que me dan cuando estoy exhausta, que termino  llorando, cuando mi comadre Rebeca Curiel me dio las noticias.  Recordé lo que era ser parte de algo verdaderamente importante y trascendental.

 

Han sido tantas las veces que he trabajado como voluntaria, tantas las charlas que me calé para poder tener la documentación que me permitiera defender los votos de la oposición, y ahora que, hasta me iban a pagar… algún día… NO ESTOY.  Me fui, y no fue precisamente para Choroni… ¡ah mundo!

 

Vivir en el Imperio tiene sus ventajas, como por ejemplo, trabajo, seguridad, abastecimiento, vialidad, excelentes escuelas públicas, pero si carece de verdaderos pe… ayúuus… de zaperocos, y para ser sincera a mí me encanta un p… zaperoco, y no existe un lugar en el mundo que esté mejor equipado en estos momentos para un buen pe…ayúuuuus… zaperoco, que mi país Venezuela.

 

Recuerdo con nostalgia de la buena, todas mis pasadas elecciones.  Las lágrimas, las risas, la desesperanza, la ilusión, la rabia, la valentía.

 

En mi escuela… todos, oposición y gobierno, nos tratamos con cariño y respeto, y el día se iba entre trabajo, cuentos y comida que nos traían los encargados del departamento de comida (¡quiero una arepa!). Siempre con los ojos bien abiertos y pendientes… mosca.  Beatriz, Viviana, Carito, Eugenio, Jerry, Patricia, Rosángela… tantos.  Siempre llegaba la señora que prácticamente traía arrastrados a dos o tres ancianos que consiguió sabrá Dios donde para votar por ellos, siempre había uno que te sorprendía con su voto, y siempre se trababa una de las maquinas asustándonos los suficiente como para armar un pe… ayúuus… un zaperoco.

 

Ya terminando el día, había más movilidad y uno podía transitar entre las diferentes mesas y comparar vivencias mientras esperábamos los resultados de la lotería local que nos ordenaría abrir las cajas de dos de nuestras mesas.  Entonces… comenzaban a llegar los mensajes de texto.  “Ya ganamos”, “en Tucupita de los Altos de Petare no dejan cerrar las mesas aunque ya no llega nadie a votar.  Eso es que están buscando gente y llevándola obligada”, “la cuenta va 70/30”, “no. Es 80/20”, “no, es 40/50”, “Epa!,  que están celebrando en Caracas”, “Chávez se puso loco!”, “Inflaron el muñeco!”, “lo desinflaron!”, “Metieron preso a Diosdado Cabello”, “ganamos en Campanero”, “Cecil tiene diarrea”, “¡¡¿se cayó el puente de Maracaibo?!!”

 

Con el nivel adrenalítico listo para darle un infarto a cualquiera, yo, subía y bajaba las escaleras, mandaba, recibía, divulgaba y discutía los mensajes, fumaba, y cuando el estrés era demasiado, me iba a leer los mensajes que escribían las niñas en las puertas de los baños de la escuela, porque son demasiado ingeniosos.

 

Uno pensaría que salir de la Escuela significaba ir a tu casa, bañarte y descansar.  Lo más aparte. Por fin te podías pegar al televisor y ver los Avances (ayúuuus, eso era en RCTV…), Globovisión.  Yo prendía los dos televisores, el del cuarto y el de la cocina y así podía caminar con los controles en los bolsillos de atrás y los teléfonos en los bolsillos de adelante.

 

Un evento extremo en todo el sentido de la palabra para el venezolano que ama a su país, esté de mi lado o no.

 

Pega no ser parte de éste gran evento aunque me vine consciente.  Pelear por tu país y ser parte de gente tan maravillosa, de eventos únicos y originales, hace falta porque le dan un verdadero sentido a tu vida.  Te hacen valiente y consciente.

 

El 26 de septiembre estaré aquí. Puedo ver RCTV Internacional y a Juan Eleazar Figalo también.  No será lo mismo, pero no me lo pierdo por nada del mundo.

 

A mi escuela… y a todos los que trabajaran… de nuevo… por Venezuela… saludos  ¡Pendientes de un peo!... (¡ah nojombre!)  Me mandan los mensajes, que yo los divulgo y los discuto por aquí… ¡con mi papá!  

 

Buena suerte Venezuela… buena suerte. 

syepez@cantv.net




Eso es correcto

Susana Yépez de Álvarez

08-08-2010

Desde el día anterior a la llegada de las dos hijas que me faltaban para tener a mi cuarteto completo y junto a mí, comenzaron a llegarme los mensajes.  Una de las amigas de las niñas me confeso que tenia el corazón partido y que ya no le quedaban lagrimas.  Se que sus sentimientos son validos porque la conozco y la adoro… ni no podía hacer nada para aliviar su dolor.  Me había traído a dos de sus hermanas. Lo único que pude hacer… fue llorar con ella. 

          
Carla, el alma gemela de Carol, puso una foto en Internet donde salen despidiéndose las dos, abrazadas y llorando… y entonces… llore de nuevo. 

          
Otra amiga me escribió con tono irónico, un mensaje comunicándome “espero que estés satisfecha y feliz por tenerlas contigo” y otra, me dijo que lo mejor que he podido hacer es habérmelas traído.

          
Adriana Vázquez, les dedico un poema de Andrés Eloy Blanco que me hizo llorar de nuevo, porque se que ella siente por mis hijos, lo mismo que yo siento por los de ella.

          
El día que llegaban, un avión de los cuatro que tendrían que tomar para reunirse conmigo, se atraso y puso en peligro su llegada segura a mi, esa noche.  A lo mejor tendrían que dormir en Chicago y volar al día siguiente.

          
Apreté duro la medalla de San Judas Tadeo que traigo colgada del cuello, me monte en el carro y me dirigí a Madison, segura que ningún contratiempo lograría atrasar nuestro encuentro.  Al llegar al aeropuerto me dirigí a American Airlines y pregunte si lograron llegar al vuelo que las traería a casa, el señor averigua y me dice que si porque el vuelo de Chicago para Madison también se retraso.  Me pregunta de donde vienen ellas, y le digo Venezuela.  Que suerte la mía! Me toco un gringo chavista. 

          
Ya que tengo tiempo para pelear porque el vuelo esta atrasado, le digo que yo estoy sacando a mis hijas de una dictadura, y el muy pendejo me dice, que yo no se de lo que estoy hablando!!  Menos mal que el, detrás de una taquilla de American Airlines en Madison, Wisconsin, si sabe.  Que fastidio con estos gringos que creen que pueden opinar.

          
Me siento a esperar y me llaman por el altoparlante, corro, y ahora, otro señor, este, muy amable y simpático,  me dice que me va a llevar a un lugar para que espere mientras que el busca a mis hijas… el avión ya esta aterrizando.

          
Mientras esperaba, caminando de allá para acá y de acá para allá, escucho que alguien me dice “me imagino que estas esperando a estas señoritas”, y entonces, aparecen Carol y Eleana caminando detrás de el.  Por algunos segundos no deje pasar a los otros pasajeros en mi emoción por tan esperada reunión.

          
Yo veo a mis hijos, y veo a la criatura indefensa que parí.  La que cabía en una sola de mis manos y dependía de mi para sobrevivir.  Allí estaban dos de esas criaturas.  Se montaron en cuatro aviones y cruzaron el mundo para reunir a la familia,  para seguir andando juntos como Dios manda. 

          
Al llegar a la casa, mientras ellas conocían la casa junto a la alegría de Rebequita y Luis Fernando, yo me fumaba un cigarro con mi papa afuera.  El, muy sereno me dijo “ya están aquí.  Ya están a salvo”.  En ese momento recordé a mi tío Mario, a dos mujeres muy queridas por mi que vivieron el horror de un secuestro, recordé a sus familias, recordé tantas cosas…

          
Llámenme dramática, piensen que reacciono de manera exagerada, que soy fatalista.  En realidad no me importa.  Jamás sabre si mi instinto de madre fue acertado o no, al traerme a mis hijos sin esperar que lo peor ocurriese, pero mientras apagaba el cigarro para entrar a verlas de nuevo, con toda la certeza del mundo, le confirme a mi papa… “eso es correcto”…

 

(Nota: no consigo los acentos ni las n con los palitos arriba en esta computadora todavía.  Gracias por entender)

syepez@cantv.net




Promesas

Susana Yépez de Álvarez

01-07-2010
 

Cuando mis hijos nacieron, me hice la promesa de que ellos conocerían sus dos culturas.  Tenían alternativas en esta vida y yo trabajaría hasta la muerte para mostrarles que el mundo es grande, es interesante y es de ellos.

 

Fui afortunada.  Mi papá es de un lugar muy especial, Carora, y mi mamá de un lugar también extraordinario, Madison, Wisconsin.  Y aunque fue duro, aunque mis constantes mudanzas me dejaron escasa de verdaderos amigos  y el sentimiento de  insatisfacción que trae consigo el inconformismo de saber que siempre puede haber algo más, las ventajas de conocer bien estos dos lugares, hasta el día de hoy, forman mi esencia como persona de bien, que creo soy.

 

Dios, siempre a mi lado por alguna extraña razón, me ubicó en Carora a la hora de casarme, me entregó un buen hombre para que recorriera el camino conmigo y me bendijo con cuatro niños verdaderamente supremos, con ojos multicolores y almas profundas y buenas.  Mi razón se ser y estar.  Mi fuerza y mi meta… mis hijos.

 

Ellos se criaron en el lugar perfecto.  Estuvieron siempre rodeados de familia.  Sus amigos prácticamente nacieron con ellos y se convirtieron en mis hijos en el proceso.  Se formaron con principios tallados en el tiempo, educación moral y llena de amor del bueno. 

 

Carora y toda su gente me entregó a manos llenas el mundo perfecto para que ellos se formaran como personas seguras y felices, con vecinos pendientes, maestros, amigos, con primos y tíos permanentemente involucrados en su crianza.

 

Siempre, todos los días, estuve muy consciente de ésto, y siempre, todos los días, le agradecí a Dios tanta abundancia y amor.

 

En mi recorrido por el camino de la vida, poco a poco me fui percatando, que se acercaba el momento de tomar un giro… era necesario.  Ya, especialmente las niñas, estaban grandes y preparadas emocionalmente para continuar creciendo, mi hijo menor, necesitaba de ayuda especial que no podría brindarle donde estábamos y mi vida personal añoraba un desafío para poder sentirme útil y completa. 

 

La situación de incertidumbre y de inseguridad que reina en Venezuela, acompañada de la promesa que muchos años atrás me hice con respecto a las dos culturas, me dieron el empujón que necesitaba para dar ese giro, consciente que no solo involucraba mi vida, sino  la de todos los que amo.  Los que me traigo conmigo y los que dejo atrás… por los momentos.

 

Y todos los días, lejos de Carora, lugar que solo me brindó apoyo y amor, me siento en la nostalgia de la noche añorando tantas cosas buenas, porque sé y entiendo que dejé un mundo bueno y perfecto.

 

Cuando esté de nuevo por esas tierras podré ver hacia atrás y darme cuenta que valió la pena.  Carora vive en mí sin importar donde estoy y eso alivia mi ausencia física de tan maravilloso lugar.

 

Pronto tendré a mis hijas conmigo.  Y aunque en mi emoción, me la paso limpiando y trabajando para que no les falte nada, en mi alegría y alivio de poder ver mis sueños hechos realidad, también siento el gran dolor que causa el saber y entender el sacrificio que ellas hacen al dejar algo tan bueno atrás… para seguirme.

 

Confían en mí, y no titubeo en mi decisión. Río y lloro a la vez, porque, ésta es una experiencia verdaderamente agridulce.  Me tranquiliza saber que venimos de un pasado repleto de bendiciones y tenemos el privilegio de un futuro lleno de nuevos aprendizajes. 

 

Con el tiempo y la experiencia, es mi deseo, que ellos sean ciudadanos universales, preparados y felices.  Que se sientan a gusto aquí y allá. Que puedan sobrevivir y surgir donde sea, y que sepan que el mundo es grande, es interesante y… es de ellos.

 

No estamos diciendo adiós, eso es imposible.  Solo estamos diciendo hasta luego.  Siempre volveremos.  Todo va a salir bien.  Aquí las espero llena de esperanza, le doy de nuevo gracias a Dios por la oportunidad que me brinda, confiada en que si me está ayudando de nuevo… es por nuestro bien.  Hasta ahora, no se ha pelado…

      

Nos vemos pronto…

syepez@cantv.net




Que decepción Bob

Susana Yépez de Álvarez

11-07-2010

¿Se acuerdan de Bob?  El me aseguró que mi matrimonio era nulo porque era en español.  Me hizo ir a Madison, a 35 minutos de distancia en carro, a solucionar mi problema con mi tarjeta de seguridad social.  Madison.  Lugar donde, con mi papel firmado por el Perfecto Pérez, me cambiaron una tarjeta por otra. La nueva con el apellido que Bob necesitaba tener para poder darme mí licencia. 

        
Me pude haber quedado en Madison y sacarme la licencia en la gran ciudad, pero no, ya lo mío era personal. Yo quería que Bob me diera mi licencia de Wisconsin porque era mía por derecho… ¡carajo!

        
Tuve que esperar una semana para volver a verlo, porque aquel día no llegué a tiempo y en la provincia solo sacan licencias los jueves. 

        
La noche anterior a ese jueves, trabajé hasta tarde.  Estaba tan cansada que me bañé y me quede dormida con el pelo mojado.  A la mañana siguiente tenia un asombroso parecido a la “Pide Ñema”  y recordé lo brava que estoy con ella porque me robó una toalla de la ventana de mi casa… ¡malagradecida!

        
Les había prometido a Rebequita y a Luís que los llevaría a la piscina. Promesas de una madre azarada luego de un largo día de trabajo.  Había olvidado también, que era jueves.  Cuando caí en cuenta, la adrenalina comenzó a correr por mis venas “pónganse los trajes de baño” les anuncié mientras me agarraba una cola de caballo todo escuchurrada por mi melena de leona, “pero tenemos que parar un minuto a buscar mi licencia”

        
“¡¡¡OH nooo!!!... ¡por favor!... ¡¡please!!”, pero nada ni nadie me iba a detener en mi búsqueda por la justicia.  Los dos se bajaron bravos, pero se bajaron conmigo en la oficina de transporte y licenciación y allí… detrás de un mueble… estaba el enemigo.  Senté a los niños en la sala de espera y hago mi cola sin gente.  Me hace señas para que me acerque… llegó mi momento.

        
“Hola Bob.  ¿Te acuerdas de mí?  Tú me mandaste a casarme de nuevo, pero después de todo, no fue necesario.  Aquí tienes mi nueva tarjeta de seguridad social.  Ahora si puedo tener mi licencia”.

        
Bob me dice “OH… la lograste sacar… ajáaaa…pero es que faltan otras cosas”… “¡Vacié!... vas a creer?, tú no me habías dicho eso antes”, por alguna razón, esta declaración no me sorprendía en absoluto, solo reafirmo lo que en el fondo de mi corazón pensaba, pero no quería creer… Bob, no me quería dar la licencia por principio… los suyos, de él solito.

        
Me dice que todo tiene que estar en orden y patatín y patatán.  “Prueba de residencia” me exige, “¿Cómo por ejemplo? Le pregunto.  Saca una hoja ¡con una lista!

        
Rebequita y Luís Fernando ya están volteando los ojos por la frustración. Numero 1 en la lista, es el carnet de identificación de mi lugar de trabajo, y ¡bingo! Rebequita lo tiene guindando del cogote porque lo necesitábamos para entrar a la piscina. Corro y me devuelvo con el carnet, pero antes de entregárselo ya Bob me tenía una respuesta.  La respuesta era “no, no, no, nooo.  ¿Tú creías que iba a ser así de fácil?  Necesitamos la carta donde te ofrecen el empleo, estados de cuenta, facturas, etc.”

        
Comienzo a respirar y a contar hasta 10.  Camino hacia los niños, “no se muevan de aquí.  Ya vuelvo”, cuando escucharon mi tono de voz… ni protestaron.  Me monté en el carro.  Fui y volví, y en lo que entré de nuevo a la oficina, con mi cerro de papeles, Bob alzó los brazos, camino hacia una puerta, la abrió, y la tiró detrás de él… y ¿¿ahora??

 

Brad me sacó la licencia.  Le pregunté si podía sonreír en la foto y me dijo que yes.  La foto de mi licencia es un tremendo afro, (decidí quitarme la cola),  y el dientero pelao’.  Le dije a Brad que quería despedirme de Bob y me dice “entre y despídase… abra esa puerta. El está ahí”.

        
Con licencia en mano abro la puerta para conseguir a Bob sentado en una silla plástica con las manos sobre las piernas, derechito, mirando hacia la puerta que yo acababa de abrir.  “¿Bob?  ¡¡Mira!! ¡Mi licencia! ¡te la quería mostrar!”. “Que la disfrutes” me dijo.  Ni una sonrisa… “¿Vas a creer que no? ¡Por supuesto! Y te quería agradecer toda tu ayuda.  Fue interesante”.

        
Cerré la puerta.  Mire a mis hijos y les anuncié “vámonos para la piscina”.  Y fuimos, y ellos se bañaron y fueron felices.  Yo también lo fui.  Después de todo, había ganado.  Solo que el tener que reconocer, una vez más, que estamos rodeados por los cuatro costados de ignorancia, me dejó un sin sabor que no esperaba sentir.

        
Bob nunca sabrá, que yo soy tan americana como lo es él, que me crié con pastel de manzana, Pete Seeger y Bob Dylan y celebrando thanksgiving, igualito que él, solo que yo tengo la ventaja de que se adonde queda Venezuela y de hablar inglés y español, y además se hacer arepas (tomé el curso en Cetecla) y se bailar merengue… más o menos… y solo si es con Luís Oswaldo.

        
No te llevo… ¡pendejo!

syepez@cantv.net




Para Susana de Alfonso

Susana Yépez de Álvarez

04-07-2010

Querida Susana:

 

Te estoy escribiendo para contarte del tremendo vainón que me echaste cuando te fuiste. Yo quiero y amo a Odila, mi esposa flaca y bella, prácticamente desde que comencé a gatear, y por ella soy capaz de todo, pero ya yo no aguanto mas.  La recuerdo por la foto, porque desde que todo esto comenzó, que fue prácticamente desde que te fuiste, no la volví a ver más nunca.

          
Luis Oswaldo y Carol Cristina no han salido de una y resulta que a mi no me gustan ni los médicos, ni las medicinas, ni los doctores, ni las clínicas y muchísimo menos las ampolletas, los puntos, la sangre y los laboratorios que sacan sangre…y ahora no salgo de esos andares!!

          
Mientras que Luis Oswaldo se esta poniendo flaquito por la diverticu… algo así, no estoy seguro como se llama lo que tiene, yo engordo de la angustia que me ocasiona el estrés de tener que pegar la carrera con tu marido a Barquisimeto por la cosa esa que le dio que ni quiero saber como se llama, o de tener que mandar a Carol a Caracas para verla después con un casco en la cabeza echo de gasas por la operación del oído, que tampoco quiero saber como se llama.

          
Esto ha sido una calamidad tras otra.  Y otra cosa.  Odila y yo tuvimos dos hijos porque no queríamos cuatro.  Entonces tú nos encasquetas a Carol y a Eleana, y uno le agarra mas cariño a las cipotas y se acostumbra a tener la casa llena de gente.  Hasta deje de comer hervido porque las sifrinas esas se niegan a comer hervido, mi comida favorita, para que entonces tú decidas que ellas se van contigo.  Tan bonita tu! Ni lavas ni prestas la batea.  Y ahora que me quede con las ganas de tener más muchachos no puedo porque Odila y yo ya no estamos para esas cosas.  Ah si! pero si piensas dejarme a tu marido aquí por unos meses mas mientras sale de la diver… como se llame!... que lo tiene flaquiiito Susana! Y eso no es normal! Los hombres son grandes y gordos así como yo.

          
No señor! Protesto! Y Jesús Martín también protesta.  Y nuestra suegra te manda a decir que cuando te entrego a Luis Oswaldo fue sin derecho a devolución ni pataleo.  Siécara... Estará enfermo pero lo necio lo tiene intacto y sanito.  Pareciera que yo lo quiero más que tú… hasta pensé llevármelo para Sorte, porque no me gustan los médicos y esa gente de allá como que sabe mucho porque ese lugar se la pasa full de gente.  Todavía lo estoy pensando. Voy a llamar al loco de Cesar Álvarez a ver que opina.

          
Bueno.  Lo mas importante es que Eleana esta muy bien.  Y mas vale que este muy bien. Carajo! Que ni se le ocurra no estar bien.  Una vez le dio una moridera en una de las tantas crisis de Luis.  Una yeyera, pero creo que era emocional.  No creo que fue muy grave, porque ella se reía mientras que yo, arrodillado le rogaba que dejara la vaina, que no se enfermara por el amor de Dios Santísimo porque yo no lo iba a poder soportar.

          
Mi vida ha dado un giro de 360 grados.  Ahora hablo por teléfono con Jesús Martín por los menos una docena de veces al día.  No hablamos de camiones ni cosechas.  No.  Hablamos de Carol y de Luis Oswaldo.  Tengo como una semana que no veo a Odila.  Me hace falta mi mujer.  A buen vainon me echaste Susana.

          
El otro día me dio un dolor de tripas, creo porque me fui a comer un mondongo de panza en la Casa del Mondongo allá en la carretera.  Me escondí en el baño de atrás con un santo que tiene María Josefina en su sala a rezar y a pedirle que se me pasara rápido.  Esto ha sido una pesadilla y ahora estoy traumatizado.  Yo no me quiero morir!!

          
Me voy! Creo que llego mi mujer de Caracas!
 

          
Odila! Eres tu?!... Odi!!!  Yo te amo!! No me dejes más solo Odila. No me desampares Odi!

 

Posdata: Odi me dice que te diga gracias de su parte… ni idea porque… Chao. Saludos a Don Nano.

 

Atentamente,

 

Alfonso Montes de Oca

syepez@cantv.net




¡¡¡Bob!!!

Susana Yépez de Álvarez

25-06-2010

 

Nota: faltan signos de interrogación y muchos acentos, no se usar esta computadora todavía.  ¡Pero lo del Perfecto Gerardo Pérez NO tiene ningún error!

 

Ayer pude hacer muchas diligencias porque era mi día libre en el trabajo.


Resulta que aquí tampoco son los reyes de la eficiencia como yo pensaba.  Tarde dos semanas esperando una cama que compre.  Problemas con el camión que la tenía que traer. Ya estaba paranoica… “Carajo”, pensé, - me robaron. Quien se iba a imaginar que me iban a robar en Wisconsin.  Con el fulano Direct TV me paso lo mismo.  Ya mi papa se estaba hinchando por falta de Globovisión, una noche hasta le dio fiebre.  Parece ser que el verdadero paraíso es el que esta allá arriba…bonita vaina.

          
Ayer me instalaron el teléfono y el Internet.  Estas son cosas que puedes tener aquí si trabajas como un burro para pagarlas.  Te levantas, trabajas todo el día, llegas cansada a limpiar y cocinar, etc., tienes un tiempito antes de caer de platanazo del cansancio, así que te metes en Internet y llamas a tu hermano para recibir los “consejos” del día, para luego caer molida en la cama y al día siguiente salir a trabajar una vez más.  En realidad, cuando puedes disfrutar de estos lujos (TV, Internet, teléfono), por un rato, es lo máximo.

          
Con mi licencia del Estado de Florida, me dirigí al departamento de transporte y comunicación…ayúuu…de trasporte solamente.  Quería cambiar del estado de Florida al estado de Wisconsin… ¿parece fácil, verdad?

          
Como hace casi 18 años atrás, ante las autoridades norte americanas en la persona del personal (perdonen la redundancia) de la Embajada Americana en Caracas, yo, Susana Yépez, me cambie el apellido.  En los Estados Unidos hay un solo apellido y yo quería el mismo de mis hijos… Álvarez.  Las cosas que uno hace por amor…

          
Mi pasaporte americano y mi licencia del estado de Florida así lo reflejaban, un nombre raro, medio conocido pero no tanto estaba en la portada de los dos documentos junto a mi foto:  Susana Álvarez… siécara…

          
Entonces, en el pueblo donde ahora vivo, Dodgeville, Wisconsin, en la sucursal del Departamento de transporte y comunicación… ayúuuu…Bob, está sumamente confundido. Mi tarjeta de Seguridad Social (mi cédula pues), dice Susana Yépez.  “Si Bob, es porque esa es la misma tarjeta que tengo desde que nací y esa no se vence nunca”, le comunico muy despreocupada.  “Tienes que cambiarla para poder sacarte la licencia del Estado de Wisconsin”, ¡ay Dios! ¡¡Qué fastidio!!, ya me estoy frustrando, “bueno”, le digo, “okey, ¿qué tengo que hacer?”.  Esto es lo que tengo que hacer: Ir a Madison, el Barquisimeto de mi Carora, a la oficina de Seguridad Social con el acta de matrimonio… -STOP-… “en español, ¿verdad? Porque me casé en español”, y entonces Bob comienza a caminar de un lado a otro y me mira bien feo a la cara y me dice “¿What?!”, veee… “Bob! Obvio, me casé en Venezuela”, y entonces me vuelve a preguntar “¡¿why?!”, ahooora… “porque me enamoré allá, que quieres que te diga… no fue para hacerte pasar un mal día Bob”.  “¡Bueno!”, me declara, “eso no sirve, creo que lo vas a tener que volver a hacer frente a un juez de los United States of America” y entonces fui yo la que dije “¿¿!!What??!!”…

          
Pegué la carrera para Madison con el certificado que me dio Gerardo Perez, el PERFECTO de Carora cuando contraje nupcias y allá…me solucionaron el problema.  “Lo peor de todo”, le comento a la señora que tan amablemente me atendió, “es que muy probablemente, sería capaz de casarme de nuevo con el mismo cipote.  Después de 18 años de matrimonio ya le tengo cariño”

          
Salí de la oficina con mi nueva tarjeta de seguridad social. Con una sonrisa en la cara pegue la carrera de nuevo a Dodgeville. Ya no me importaba un carajo la fulana licencia de Wisconsin, ahora solo quería era verle la cara a Bob al ver que logré, lo que él me aseguró… era inlograble. “¡Espérame ahí Bob!”
 

syepez@cantv.net




La Quinceañera

Susana Yépez de Álvarez

10-06-2010

A Eleana, mi segunda hija nunca le ha gustado los anuncios en el periódico donde los padres salen felicitando a su bella hija en sus 15 años, con foto y todo. A mí… en cambio, siempre me han gustado.  Me gustan porque soy madre y conozco exactamente el sentimiento de una madre amorosa y orgullosa.  Yo he llevado la batuta en este asunto desde hace casi 17 años.  El amor por mis hijos es algo que expreso en casi todos mis artículos, por chocha, es verdad, pero porque sé, que lo que yo siento por ellos, muchas madres sienten también… por los de ellas.


!Felicidades a Eleana en sus 15 años¡

 

Eleana es mi segunda hija.  Cuando nació Carol, nuestra hija mayor, Luis Oswaldo y yo estábamos tan maravillados con esos bellos ojos azules que nos miraban, que decidimos de una vez, permitir que Dios nos bendijera de nuevo.

 

Eleana, al igual que Carol nació por Cesárea.  Como ya yo había pasado por eso, le pedí al muy buen mozo Dr. Ferrantelli, que programara su nacimiento para horas de la tarde, y asi evitar las visitas multitudinarias, ya que a mi me daba pena no atender a todo el que me visitara y me llenaría de gases…muy doloroso.

 

Ella nació a las 6 y 36 p.m.  Casi no pude escuchar la hora, porque la cipota comenzó no a llorar, sino a gritar tan duro, que tuvieron que limpiarle las vías respiratorias al sacarle la cabeza, mientras que el resto del cuerpo todavía estaba unido al mío.  Cuando por fin la tuve en mis brazos, con expresión sumamente seria y unos enormes ojos NEGROS, Eleana María me miraba como estudiándome, y en ese entonces supe, que ella y su hermana eran muy diferentes.

 

Durante sus primeros años de vida, mi mamá la llamaba “Pigpan”, un personaje de Snoopy, que se la pasaba inmundo, y arrastraba una cobijita por todos lados.  En el kinder de Yoko y Margara, Eleana era la que tenia las colitas eschoretadas, los zapatos llenos de barro y desamarrados, la camisa por fuera de la braga…pero eso si…siempre tenia alrededor de su cuello como media docena de collares de pepitas de esos que se ponen en los árboles de navidad.

 

Su instinto fashion se fue agudizando con los años, y hoy, que  está cumpliendo 15 años, es una mujer hermosa, elegante y con un alto sentido de la moda, excelente estudiante, generosa y bondadosa que en silencio te estudia con sus intensos y enormes ojos NEGROS, solo que ahora…te sonríe.

 

Eleana, no me aguanté.  Vas a salir en el periódico.  Estoy lejos y esta es la única manera de decirte que el día que tu naciste me hiciste muy, pero muy feliz. Feliz Cumpleaños mi Nany.  I love you.  Que Dios te Bendiga. Tu mami:. 

syepez@cantv.net




En eterno agradecimiento
Susana Yépez de Álvarez

30-05-2010

 

…dedicado con todo mi amor a mi gran amiga, Emma Rosa Oropeza de Herrera…

 

Yo siempre he sido impaciente.  También me encanta dármelas de victima. Las cosas no siempre me salen como espero y en mi frustración me pongo de mal humor.  Entonces mi visión se oscurece. No me permite ver bien las posibilidades ni apreciar a mis aliados. 

          
Generalmente me doy cuenta de lo que está pasando y comienzo a respirar. Respiro profundamente y bien duro para que todos se enteren y sepan, que mientras respiro es mejor no meterse conmigo.  Estoy tratando de centrar mis energías para lograr controlar mis emociones y entender bien adonde y al lado de quien estoy parada.

          
Son cosas de la vida.  No siempre estoy segura si lo que estoy haciendo es lo correcto.  A menudo me pregunto si vale la pena.  A veces me siento sola.  De vez en cuando soy egoísta y malcriada.

          
Esta mañana, en estas tierras lejanas, al salir de la casa, todavía albergando muchos temores por las decisiones tomadas, por primera vez en muchos años pude oler el aroma de grama recién cortada. El vecino estaba montado en un mini tractor cortando su grama.  El olor era poderoso, delicioso y logró calmar mis angustias. Por un segundo pude ver a mi mamá, sonriéndome, dándome su aprobación ante tan importante paso.  Recordé los años de juventud que viví en estas tierras y me dije a mi misma… “todo va a estar bien”.

          
Al entrar, revisé mi correo.  Un alumno, un joven que comenzó mis cursos siendo un preadolescente tímido y terminó el curso siendo una piña debajo del brazo, (en el buen sentido de la frase), a quien le agarré un cariño enorme porque era de los que podía evaluar sin dificultad su aprendizaje,  me había escrito una carta. 

          
Me estaba comunicando que cuando su mamá lo metió en clases de inglés él estaba renuente, pero que pronto me agarró mucho cariño.  Que yo siempre lo traté bien, lo hice sentir seguro, le enseñé además de ingles muchas otras cosas de la vida, y ahora, no solo me considera una buena maestra, sino también una gran amiga.

          
El no tenía que escribir y decirme esto, pero lo hizo.  Hizo algo bueno.  Todos necesitamos escuchar cosas buenas de vez en cuando.  Después de todo, somos débiles,  El aprecio genuino, es alimento para el alma.  Saber que para alguien eres importante significa el universo para muchos.  Por lo menos para mí es así.

          
Recordé mis clases de inglés con mucha nostalgia. Era un trabajo que hacía con amor y  convicción.  Recordé muchas otras cosas buenas que dejé atrás en mi búsqueda.  Amigos, lugares, celebraciones, olores, sabores. 

          
Siempre es bueno saber, que dejaste una huella por donde pasaste.  Aunque sea una.  Me conformo muy satisfecha con mi alumno.  Es una huella importante y me pertenece.  La acepto y se la agradezco. 

          
Mi mamá tenía razón cuando me dijo que si uno no hace las cosas con cariño, nada sale bien, y ese consejo tan sabio que ella me dio, siempre, a pesar de mi impaciencia, lo he tratado de aplicar a todas mis acciones.  Hoy entendí una vez más, que si vale la pena.  El cariño desinteresado por tu prójimo es muy poderoso.  Cuando se da… y cuando se recibe… 

          
El olor de grama recién cortada, esta mañana invocó todo el amor y la sabiduría con la que mi mamá me educó. Se materializó cuando mi alumno mencionó que valió la pena recorrer parte del camino de nuestras vidas... juntos.  Y entonces, una vez más me siento bendecida, y de nuevo… le doy gracias a Dios…

 

syepez@cantv.net




Y tú?... te la calas?

Susana Yépez de Álvarez

 

23-05-2010

 

Cuando mi papá estaba enfermo yo tenía los sentimientos a flor de piel. Era difícil ver a un hombre, quien ha sido mi protector toda la vida… en vaina. 

 

El equipo encargado de averiguar qué pasaba con su corazón era eficiente y cariñoso. Solo faltaba que un Nefrólogo de Barquisimeto que trabajaba con este equipo lo evaluara antes de la intervención, debido a su diabetes.

 

 Este hombre, cuya profesión es tan humanista como científica, se dirigió a mi papá de manera despectiva. El sentía que su bata le otorgaba el poder de decirle “viejo” a mi papá y de asustarlo y amenazarlo con diálisis y hasta con una muerte lenta, dolorosa y de película, sí no seguíamos sus instrucciones al pié de letra, que incluían ver a su amiga, la nutricionista, en Barquisimeto, cuando ya mi papá era paciente de una nutricionista reconocida a nivel nacional, residenciada en Carora y de ñapa…  familia nuestra.

 

 A cuenta de que, este señor que no conocemos, cree que puede hablarle a mi papá con ese tonito? Yo le entregué a mi papá su camisa y sus zapatos para que se los pusiera, mientras que el hombre nos despotricaba con su arrogancia. Le pedí que me entregara por escrito las indicaciones médicas, y solo para asegurarme le pregunté “usted está divorciado, verdad que si?” y él, totalmente ignorante de su porte tan arrogante, me pregunta, “como lo sabe?”, y abriéndole la puerta a mi papá para que saliera le respondí… “porque es obvio”.

 

 No me despedí, no le di las gracias y salí de allí tan brava que tuve que caminar un rato antes de meterme en el carro para coger para Carora. Una persona que no respeta a su semejante, y muy especialmente cuando este, es una persona mayor, no merece mi respeto. No me interesa si ha tenido un mal día, si está sobre trabajado. A mi papá lo respetan porque es un señor y es un señor mayor. Punto.

  

Tuve la oportunidad de decírselo. El se reportó, muchas horas después de la intervención, a la habitación de mi papá a ver como había salido “el viejo”. “No me gusta que le diga así a mi papá. El no es ni su amigo ni su compadre para que le hable de esa manera”. Mi papá comenzó a hacerse el sordo y a mirar pa’ los lados haciéndose el pendejo por pena, pero, como ya lo peor había pasado, y yo sabía que no tendría que ver a este ser humano mas nunca en mi vida, procedí a cantárselas completitas. Al final, el hombre se disculpó, me dijo que esa era su manera de ser, pero que yo tenía un poco de razón en lo que le estaba diciendo. Se despidió y hasta el día de hoy…

 

 Lo peor, lo peor de todo este cuento, es que este irrespeto a los mayores se está convirtiendo en una epidemia, y como a mi me encantan las personas mayores, siento que tengo que defenderlas porque el mundo de hoy es uno completamente desalmado. Esa, es la trágica realidad.

 

 En estos días recibí un correo. Me escribía la hija de una señora mayor, jubilada y pensionada. Estaba descargando su impotencia, su rabia y su dolor conmigo. Parece ser, que no tiene a quien mas acudir, porque el abusador, es precisamente quien puede ponerle un parado a tanto maltrato.

 

 Yo tenía la opción de ir a otro Nefrólogo. Me lo calé porque era parte de un equipo médico y era algo temporal. Esta señora no tiene opción. Su pensión la tiene que cobrar a juro, en el Banco de Venezuela. Menciono el banco, si, pero el Venezuela no es el único. Las colas que yo he visto en Banesco, en el Provincial, en Banfoandes y otros más son de espanto y brinco. Lo único que falta para que el mensaje quede claro y raspado es una tremenda pancarta que con luces fosforescentes anuncie a los cuatro vientos “Usted nos sabe a zurra”.

 

Esta señora, después de hacer una cola que iba a dar a la policía, afuera, en el sol y a pié, entró a la entidad bancaria para enterarse a través de un papelito, que la atenderían después de atender a 2236 personas, y es filosofía del banco, además, atender a sus clientes primero, así que cálatela… porque no te queda otra.

 

 Yo he hecho colas en los bancos, son denigrantes, especialmente cuando vez que solo dos cajas están trabajando, de las cinco o más que hay. Pero, que una institución bancaria, que una empresa, que una compañía irrespete a los mayores, es una aberración sin excusa alguna y alguien tiene que hacer algo al respecto.

 

 Lo denuncio. Denuncio que existen Entidades Bancarias en Carora que maltratan a los mayores. Los someten a largas horas de espera, apretujados como sardinas una vez que logran entrar. Perduran hora tras hora a pié, para poder cobrar sus reales… y a veces son tratados de manera humillante por los encargados de las taquillas… que horror.

  

Que no se les habilite una o dos o tantas taquillas como sea necesario para que no tengan que perdurar ni un minuto mas de lo absolutamente necesario es algo que NO TIENE EXCUSA.

  

Adonde llevo mi queja? Quien se encarga de poner orden? Adonde están los gerentes, los presidentes, los dueños de estas empresas? Hasta cuando tanta ineficiencia, indiferencia, grosería? Sinvergüenzas, faltas de alma, de respeto, de moral y luces…Que bajo hemos caído si no respetamos a nuestros mayores. Y si nosotros como ciudadanos, no aportamos nuestro granito de arena para que este tipo de comportamiento no se tolere ni por un segundo… entonces… que esperanza nos queda?

  

Doña…buena suerte en su próxima visita al banco. Tal vez, con el favor de Dios y con el granito de arena que yo aporto con este articulo, otros nos sigan. A lo mejor, la próxima vez que usted tenga que hacer una cola, alguien nos recuerde y haga lo correcto. Es posible… ojala y así sea.

 

 Un abrazo.

syepez@cantv.net




Mis vecinos… lo máximo
Susana Yépez de Álvarez

16-05-2010

Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Eso no va conmigo. Cuando decidí salir no tanto de Venezuela, sino de Carora, sabía muy bien lo que tenía… y tengo. Siempre supe donde estaba parada y quien me rodeaba.


Hoy, con la tecnología que nos invade, con los mensajes de texto y el Internet, vivimos de manera un poco más superficial. Todo el mundo ama a todo el mundo. Sin conocerse bien, ya son mejores amigos. El significado de decir “te quiero”…  se pierde.


Mis vecinos. Exactamente al lado Carmen Oliva y las hermanas Meléndez que no solo cuidaban a mis hijos, sino a mi marido, a mi papá, a mí y a mi casa. Mil veces me sacaron de apuros, fuese con la llave que dejé adentro o con algún ingrediente que me faltaba. Todos los cumpleaños de mi familia se celebraron con una misa que Mariela mandaba a hacer en nuestro honor, poniendo a Dios a nuestra disposición en ese día tan especial.


Cucho es el administrador de la Residencia Universitaria en la casa de la esquina. Pulcra y bien mantenida, que llena la cuadra con ambiente de juventud estudiantil. Cucho y sus ocurrencias. Sobrino de mi entrañable y chavista amigo, Boris Castillo, dueño de la casa, y quien en muchas oportunidades dijo que prefería vivir en su casa en la Osa antes de vivir en la Zona Colonial. No tiene idea de lo que se pierde. No me pude despedir de Boris y quería hacerlo. Me quedé con las ganas de admitirle mi derrota y de decirle que me retiraba en paz. Traté de salvarlo no solo a él, sino al país entero, pero estaba agotada y corta de tiempo. No iba a permitir que mi familia viviera en una dictadura enmascarada ni un solo minuto más.


Beatriz es mi amiga. Siempre atenta y presta a ayudar. Mi Polo Norte cada navidad, mi compañera de lucha en todas las elecciones. Con su sentido de humor, calor humano y decencia, entrelazó a su familia con la mía, al punto que mis hijos le piden la bendición a los suyos. Con un perro grande y juguetón que salía a la calle cada vez que se iba la luz, dándonos la oportunidad de disfrutar de un rato sabroso porque, mientras nuestros hijos jugaban, nosotras conversábamos.


Con su mamá, Doña Julia, también compartí momentos agradables y aprendí lecciones poderosas de perseverancia, tolerancia y paciencia. Mujer recia y trabajadora que fue capaz de salir fortalecida de duras pruebas, no solo gracias a su familia grande y unida, sino a su temperamento de mujer luchadora y fuerte.


Entrar en casa de Doña Pity era como entrar a un refugio. La mujer con el don para las plantas. Todas saludables y grandes y frondosas. Uno entraba a un lugar lleno de vida y de esperanza. Inmediatamente te sentías mas fuerte, el poder de la fertilidad de ese verde agregado al cariño de doña Pity, lograban que salieras de su casa sintiéndote mejor, y de ñapa, con un delicioso kilo de queso blanco del bueno para el almuerzo y para las empanadas de la cena.


Con mi pana burda Pipa hablaba todo el tiempo. Éramos compinches, de las que íbamos a tomar café juntas a la panadería y todo, para después disfrutar de un cigarro mientras continuábamos nuestra conversación en la calle. Hablamos de todo, del pasado, de la salud y de lo malo que es fumar, de política, de la escasez. Ella le llevaba a mi papá la revista “Zeta”, pero las “Verdades de Miguel” eran para mí. Como ya ella lo había leído, me informaba adonde exactamente estaba la información que me interesaba leer. Una vez, en una fiesta, quemó a un señor sin querer con su cigarro, y calladita me lo pasó todavía prendido, para después anunciarle al hombre apuntándome con el dedo, “fue ella! Yo no fumo”, mientras que yo, le pedía perdón. Muchos gratos momentos con Pipa. Ah mundo…


Al Doctor lo molesté en muchas oportunidades, por pendejadas y por cosas mucho mas serias. Era un gran alivio saber que teníamos un medico en la familia, especialmente cuando nunca dijo que no y siempre minimizaba el asunto para que no te preocuparas de mas. Adriana era miembro de la hermandad de mujeres que teníamos hijos estudiando juntos, ella era buena donde yo fallaba y viceversa, así que nos complementamos perfectamente. Dos mamas chochas que compartimos el placer de ver a nuestros hijos (ojo…dos hijos de la misma edad) crecer y florecer ante nuestros gratamente sorprendidos ojos.


Ahora, cuando tenía que celebrar, cuando estaba angustiada, cuando quería gritar, cuando necesitaba un consejo, era para la casa de Matilde que me iba. Matilde, mi mamá postiza, la mujer con el corazón más grande que he conocido. Repleta de sentido común, de humor, de amor sin condición alguna, que me arropaba y me arrullaba con todo su ser cuando era necesario. El tener que haber hecho yo, lo mismo por ella, solo logró profundizar y transportar el amor que nos une a otro nivel, a uno que pocos llegan a conocer, y eso, no solo se lo agradezco, sino que también lo hecho de menos cada vez que recuerdo que no la tengo cerca…que es a cada rato…


Hoy necesito transmitirles esta información a ellos. No es algo que hago a la ligera. Tenemos años conociéndonos y viviendo juntos. Pienso que es importante decirles como me siento. Es probable que la distancia tenga algo que ver con eso, pero también sé que decir cosas hermosas cuando lo sientes necesario, siempre es bueno…para todos.


“Ustedes son mis amigos y yo los quiero”…

syepez@cantv.net




Señores… Buenas Noches

Susana Yépez de Álvarez

14-04-2010

Okay. Lo admito. Esta vaina de vivir en medio de la tranquilidad, en una ciudad con la población promedia de cualquier edificio por apartamentos en Altamira, donde nada pasa… nunca, se estaba poniendo bastante fastidiosa.


Mi rutina era monótona. Levantarme con los muchachos, asegurarme que desayunen, esperar el autobús. Después prepararme otro café (son tan débiles que hay que tomarse una cafetera completa para igualar un buen café de greca), y sentarme a mirar MI PROGRAMA FAVORITO!! “Justicia Ciega”, aquel que ponían justo los martes cuando me quitaban la luz, pero que ahora disfruto todos los días, gracias a que mi cuñado pone el perol a grabar solito a las 4 de la mañana, para que yo pueda verlo a la hora que me dé la gana. Lo hago en la mañana porque mientras espero una respuesta a varias aplicaciones de trabajo…no tengo más nada que hacer!


Después que se acaba el programa, llega mi papá de caminar y quiere su desayunito, así que se lo preparo. El se sienta a leer, a ver televisión o a escribir uno de sus famosos MEMORANDA (uuuyyy), yo subo a arreglar regueros, me baño, bajo, lavo los platos, y me siento en la computadora a buscar empleo. Todo aquí se hace por Internet. Si tan solo me pudieran conocer personalmente, se darían cuenta que soy demasiado simpática, pero aquí todo es impersonal.


A las 3 y 30 llegan los muchachos (por fin compañía!), y entre tareas, cena, baños y una hora de televisión, el resto del día literalmente vuela.


Yo, que soy más antisocial que el abuelito de Heidi, aguanto esto y más, pero mi papá me estaba preocupando. Ya se había leído todos los libros (una maleta completa) que se trajo de allá y estaba comenzando a mirar muy a menudo al techo… eso significa que está pensando.


En una oportunidad me anunció, ya que mi sobrina Verónica volvía sin nosotros pero si con ayuda de una aeromoza, que yo no necesitaba ir al aeropuerto porque mi cuñado y él se encargarían de eso. “Ni de vaina!”, le dije, “tu estas pensando en escaparte!, que piensas hacer?... llamarme al llegar a Carora?”… se rió un buen rato, pero yo todavía tengo la duda acerca de sus verdaderas intenciones.


Y entonces…en estas noches, una de esas noches en las que mi papá estaba sentado en una poltrona contemplando el techo, mi cuñado hizo una llamada telefónica, movió unos botones en el control remoto del televisor y ante nuestros ojos, luego de un mes sin saber nada de Venezuela, apareció “Noticias Globovision”, con Gladys Rodríguez, y mi papá pegó un brinco con una hermosa sonrisa en su rostro… y le volvió el color a las mejillas… y se rascaba la cabeza mientras repetía las siguientes palabras “oh my God… oh my God… oh my God” (God pronunciado God, en vez de Gad que es como se pronuncia).


Y entonces, yo también sonreí, y sentí un gran alivio cuando le comuniqué con toda la sinceridad del mundo “ahora si es verdad que nos salvamos papá! Ahora si vamos a estar bien!”.


Y esa noche, juntos y contentos, disfrutamos una vez más de “Buenas Noches”, muy complacidos de poder saludar de nuevo a Carla, a Kiko y a Roland… tan bueno!

syepez@cantv.net




Anótenme

Susana Yépez de Álvarez

07-04-2010 del carro mientras manejas.

Anótenme”
Okey, la basura no se tira en la calle. No. La calle es de todos y es una falta de respeto que tu tires tu basura en un callejón o una quebrada, o tires la lata de refresco que te estas bebiendo por la ventana del carro mientras manejas.


Cuando uno sale a la calle y ve basura tirada en las calles o amontonada en los rincones se te revuelve el estomago y te echa a perder el día. Tu actitud se vuelve negativa. Eso también va con los graffiti en las paredes. Me importa muy poco lo que pienses de María, si amas a Petra o si crees que a José se le moja la canoa. Lo mismo va con la propaganda política. Las mismas personas que las ponen deberían quitarlas si no quieren una multa o un par de días en la cárcel por contaminación visual!.


Lee un libro, siembra un árbol, pinta tu casa, dale un abrazo a tu hijo y un beso a tu esposa. Dale los buenos días al señor que te vende la empanada y las gracias al panadero. No te colees, dale paso en la cola a alguien mayor que tu. Si trabajas, trata con amabilidad a todos aquellos con los cuales tienes contacto, sonríe, decide que lo vas a hacer todo con cariño. Apaga la luz si no las estas utilizando, invita a un amigo con el cual no has conversado en un tiempo a comer, pídele a la bendición a alguien que quieres.


El problema que tenemos nosotros es la insatisfacción. Nunca estamos contentos, siempre nos falta algo. Pero eso no es así. Tenemos justo lo que necesitamos, solo necesitamos quererlo y cuidarlo. A veces, es muy tarde, ese ser querido se nos va y no le dijimos lo importante que en realidad era para nosotros. Eso debe cambiar. No es un cambio difícil de lograr, no es algo maluco de hacer. Nuestra ley de vida debe ser querer lo que tenemos, cuidarlo y nutrirlo. Tan sencillo como eso.


Imagínate una ciudad limpia, sin graffiti, donde todos fuéramos ciudadanos conscientes y amables. Es todo lo se necesita. Más nada. En un lugar así, da pena comportarse con la escoria que parece haberse apoderado de nuestra ciudad.


La culpa no es del gobierno, no es de los políticos. La culpa es nuestra y la solución está en nuestras manos. Seria muy bueno contar con una policía preparada y decente que sepa trabajar para su comunidad y reesforzar las leyes sin extorsión ni corrupción, pero desgraciadamente no la tenemos…todavía. Eso también cambiaría. Nuestro comportamiento lo transformaría todo y a la larga, los impuestos que pagamos con ganas y sin mentir (habito que debemos desechar en el acto porque nos degrada como hombres y mujeres de bien), hará que los recursos sean utilizados como debe ser, como por ejemplo, arreglar nuestras escuelas publicas y mantener nuestras calles y nuestro patrimonio.


Los resultados a corto plazo serian radicales, y los de mediano y largo plazo serian verdaderamente asombrosos. Carora, Sucursal

syepez@cantv.net



 

Querido Cecil

Susana Yépez de Álvarez

 

04-04-2010

Ya tengo un par de semanas por acá, así que aquí te mando un resumen de la situación. Por ahora, mi papá y yo estamos viviendo en un pueblito que queda en el borde del estado de Wisconsin y del estado de Illinois.  Para que puedas imaginarte el tamaño, puedo decirte que “La Mamita” es dos o tres veces más grande que este pueblo.  La población es de 317 personas, ninguno te mira a la cara y se sorprenden cuando los saludas.  

          
En el pueblo hay dos vainas: una oficina postal, y un bar, así que te anuncio de una vez, que pienso meterme a alcohólica, pero… ojo… anónima, así que no lo vayas a divulgar a nadie.  No hay una gasolinera, ni un colegio.  Las niñas estudian en el colegio del pueblo de al lado, que tiene 502 personas.  El colegio lo tienen porque pasaron la marca de los 500.

          
Mi papá estuvo unos días en casa de Fernando.  El vive como a una hora de aquí.  Como mi cuñada Amalia no ha llegado todavía de Venezuela, no me pareció mala idea que padre e hijo estuvieran juntos un rato, así que se lo entregué a Fernando con todas las instrucciones y medicinas y en lo que se fueron, apagué el celular.

          
A Fernando no le fue tan mal.  Tuvo que ver “El Padrino” dos veces y pegar la carrera a comprar “fritos” y pie de manzana porque a mi papá le iba a dar la vaina… rápido!, pero mi cuento favorito, fue cuando se le metió a Fernando al cuarto como a las 5 de la mañana un día a anunciarle que no se parara, que él mismo se iba a preparar el desayuno, pero no sabía a donde estaban las ollas, los sartenes ni como prender la cocina.  Cuando Fernando se levantó asustado que mi papa le iba a quemar la casa, lo único que dijo mi papá fue “ah bueno, tú te ibas a parar de todos modos?, bueno, yo dejo que tu me prepares el desayuno pues”.  

          
La buena noticia es que mi papá ya comenzó a caminar, eso me tenía preocupada. Yo comencé a caminar con él.  Salimos de la casa como a las 6 y media. Yo le doy una vuelta al pueblo, eso tarda unos 20 minutos, y él le da dos para darme tiempo de correr a hacerle el desayuno antes de que le de la vaina.

          
Por supuesto, por estos Lares todo depende del clima.  ¿Qué te parece el clima de hoy? ¡Qué día tan bello!  ¡Mañana va a ser mejor!  Ya me estoy acostumbrando, porque la verdad es que hoy ha sido un día precioso, ni mucho frío ni mucho calor.

          
Hoy me emperifollé y me fui a una oficina de esas que son especialistas en buscarle empleo a la gente.  Es difícil conseguir trabajo aquí como maestra (aunque me he desempeñado como tal por más de 20 años), porque no tengo una fulana certificación que amerita una pila de cursos que jamás he tomado.  Así que llevé mi curriculum y les dije lo que sabía hacer: Dar clases de inglés o de español.  Puedo traducir porque hay una vaina muy buena que se llama wordreference que me ayuda a hacerlo y porque (gracias a Dios que estas en los cielos) mi mamá decidió traerme para acá cuando tenía 13 años y aprendí obligada.  Sé escribir más de 70 palabras por minuto en el teclado, gracias a un juego en Facebook que se llama “typing maniac”, y sé escribir pendejeras sobre mi vida, cosa que muy posiblemente, le sabe a mono frito a un gentío.  La mujer no paraba de sonreír… me pregunto porque…

          
Todavía no se me quita la maña de querer cerrar la casa y el carro cada vez que entro o salgo. Rebeca se la pasa diciéndome “que deje la vaina”, como si fuera tan fácil.  Tan solo ayer vivía con tres trancas en el portón, y el dolor que causa entender, después que mi papá me gritó cuando lo regañé por dejarme afuera una noche hasta que me abrieron desde adentro,  “a ti que te maten, pero a las niñas no las agarran!”, la realidad de nuestra vida allá.

          
Ay Cecil…sí yo tuviera el poder de construir la ciudad perfecta.  Bueno, te aviso cualquier cosa.  Me haces mucha falta. Más de la que te imaginas.  Tú y Matilde Zubillaga de Ferrer.  Cosas de la vida…

          
¿Bendición? 

         
Susana

syepez@cantv.net




¡¡¡A vaina buena!!!

Susana Yépez de Álvarez

25-03-2010

Y
a que, donde me encuentro por los momentos no pasa absolutamente nada fuera de lo ordinario, cosa que no me da temas para escribir, decidí preparar por primera vez esta receta de mi abuela junto a ustedes. Es una receta interactiva. Para mi abuela y mi madre era una receta de amor, llena de historias y un plato divino que no olvidabas por mucho tiempo.  Se la dedico a mi primo Cecil, porque es gran admirador de esta famosa salsa y de los rituales.  Para preparar esta salsa, el ritual… es lo más importante.

 

Menú del día:

Espaguetis con salsa de carne a la Grama

Pan con ajo

Ensalada con vinagreta

Vino tinto (Altagracia, gran orgullo caroreño)

 

*  Es preferible dejar este menú para una cena… ya verán por que*

 

3 p.m.  Salsa: Comienza a preparar la salsa de espaguetis. Pon una olla y un sartén (los dos) en la estufa.  Pon un poco de aceite en el sartén y cocina una cebolla grande picadita.  Cuando se comience a poner medio trasparente, pásalas a la olla y comienza a calentarlas.  Cocina en el sartén 1 kilo y medio de carne. (NOTA: mitad carne de res y mitad carne de cochino molido…ese…es el secreto), hasta que se ponga dorada.  Tira la carne con las cebollas y lava el sartén.  A la carne y cebollas añádele unos tres dientes de ajo, una cucharada de orégano, sal, pimienta, una lata grande de tomates, un poco de agua, échate un trago de vino, (tinto Altagracia, gran orgullo caroreño), y ponle un trago de vino a la salsa. Cocina todo a temperatura baja toda la tarde, añadiéndole vino o agua…como mejor te parezca.  Bebe vino, (tinto Altagracia, gran orgullo caroreño), para pasar el tiempo ya que estarás bastante tiempo revolviendo.  Pruébalo de vez en cuando.  Al final le vas a añadir un poco de pasta de tomate hasta que te guste el color y la espesura de la salsa.  

 

3:15 p.m.  Haz el pan de ajo y tenlo listo.  En la panadería Italia tienen un pan campesino demasiado bueno.  Agarra uno y rebánalo sin llegar al final.  Úntale mantequilla, (buena suerte), sal de ajo y sal y mételo en el horno los últimos cinco minutos antes de comer.

 

Haz la ensalada y tenla lista también.  Nunca puedes estar segura del estado en el que te encontraras después de destapar la primera botella de vino, (tinto Altagracia, gran orgullo caroreño), para darle tragos a la salsa, así que es mejor hacer todo lo que se pueda con anticipación.  Después de pensarlo bien, pon la mesa también.  Lávate la cara.  Ah si, se me olvidaba… (vino del cipote)… ponte un trapo viejo para hacer la salsa porque brinca.  Debe ser por todo ese vino.

 

Ensalada: Lechuga, tomate, celery, un par de aceitunas negras, cebollas moradas, zanahorias, brócoli, fresas… upppssss… demasiado vino.

 

Vinagreta:     Una parte vinagre, tres partes aceite. Sal, ajo machacado, orégano, y un pinchito de azúcar… en serio.

 

Tamaño: Pequeño.  Pica todo menos la lechuga primero y después puedes ver cuanta lechuga necesitas para hacer una ensalada de tamaño modesto.

 

5:40 p.m.  Cocina los espaguetis en agua hirviendo.  Los vermicelli tienen un buen tamaño, después escúrrelos y lávalos con agua caliente. (Están listos cuando tiras un espagueti contra la pared y se queda pegado).  Échales un poco de mantequilla o aceite. 

 

Postre: Mas vino… qué carajo.

 

Prende las velas, porque a las seis se va la luz.  Mejor.  Así no se verán los regueros que no limpiaste porque gracias al vino (tinto Altagracia, orgullo caroreño), no te importa… nada.  

 

Consejo: Haz esto un viernes por la noche para que tengas todo el fin de semana para quitarte el olor a ajo, cebolla y vino (tinto Altagracia, orgullo caroreño).  O, haz la receta doble e invita a todos tus amigos para que te ayuden a comer y así todos estarán hediondos y no se darán cuenta de la pea que agarraste gracias a la salsa.

 

Consejo para las esposas celosas: Llena al “diablo” con un poco de comida buena y bien hedionda antes de que salga a la calle.  Eso hará que todas las mujeres se mantengan alejadas…a menos a que sean más hediondas que el “diablo”.

 

¡Salud!

 

Hasta la próxima receta…

 syepez@cantv.net




No es fácil
Susana Yépez de Álvarez

19-03-2010

Como yo juro ser medio filosofa, porque me la paso preguntándome vainas raras, como por ejemplo, cómo fue que llegué aquí, decidí, transportarme a otro sitio para poder así comparar la calidad de mi vida y de la vida en sí.

        
Después de operar a mi hijo de los pies y tenerlo seis semanas enyesado de los muslos para abajo, de pasar tremendo susto con mi señor padre con cateterismo incluido, de vivir dos secuestros de familiares y amigos, mas el secuestro-asesinato de mi tío más querido, después de acostumbrarme a vivir mediocremente y de reorganizar mi vida con respecto a lo que me dictan los del gobierno y los de la luz eléctrica, con todo tipo de escasez y menosprecios, llegó un momento donde tiré la toalla totalmente y me dediqué simplemente a contar las horas para poder venir a otro mundo a visitar a mis hermanos y a mi hija menor, que no viven en Venezuela.

        
Aquí tengo papel toile, no me ha faltado el café. Tengo azúcar.  Tengo leche de larga duración, completa, descremada, semi-descremada, tengo mantequilla y margarina en abundancia.  Me da hasta pena tener tanta mantequilla. 

        
El autobús, uno de esos amarillos que se ven en las películas, vino esta mañana para llevar a mi hija al colegio, y allá estará hasta las 3 de la tarde, cuando termine sus clases de música, de arte y deporte, además de todas las materias obligatorias para su educación integral.  Si, es el colegio público y totalmente gratuito donde estudia ella.

        
La puedo dejar ir sin miedo a que la secuestren en el camino y luego, puedo entrar a la casa y no echarle llave a la puerta y sé que no van a entrar a robarme o matarme. Eso no quita que de vez en cuando voltee violentamente hacia la puerta a mirar, después de todo, vengo totalmente paranoica de uno de los países más violentos de América Latina y cuidado y no del mundo entero.

        
En Venezuela vivimos así, con miedo, con escasez, con inseguridad, con muerte, con incertidumbre, y eso que yo vivo en un pueblito llamado Carora, donde pensé estaría a salvo de tanta maldad e ineptitud.  Pero no, en todo el territorio nacional abundan las armas de fuego, la ignorancia, el resentimiento, y a la final ni tu vida ni la de los tuyos, vale gran vaina… un celular?... unos zapatos?... un poco de plata?

        
Existen quienes pueden salir de esta situación porque tienen los medios para hacerlo… pero no lo hacen.  Algo que tiene que ver con el arraigo, lo familiar, las costumbres.  Yo no soy quien para juzgar y no pienso hacerlo, pero tampoco me puedo medir con su mismo metro.  He visto el otro lado y he vivido sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas, al igual que en Venezuela.  Aquí, por ejemplo, si no te guindas de tus hermanos para tener un poco de amistad y compañía estas completamente solo y desolado. El consumismo es grotesco y el trabajo puede quitarte el tiempo que pasas con tus hijos, logrando que estos se eduquen solos y mal… y de vez en cuando, un loco desquiciado se mete en un McDonalds o en un colegio y mata media docena de adultos y niños.

        
Da lástima.  Ese jardín de rosas con el cual todos soñamos… no existe.   Tener que entender y admitir esta afirmación es parte de tu crecimiento.   

        
Así que, llegando a las chiquititas, es cuestión de poner en una balanza aquello que consideras tus prioridades para luego decidir.  La decisión es lo más importante y lo más difícil que harás.   Es lo que más valentía y coraje amerita de tu parte.  Con tu decisión dictarás cual será tu destino…y el de los tuyos.  Algo… realmente transcendental. Arrecho.
 

 syepez@cantv.net




¡Mama!...  ¡Tengo hambre!

Susana Yépez de Álvarez

14-03-2010

M
i mamá, además de ser la mujer más inteligente del mundo,  era la mejor cocinera.  Y no piensen que estoy siendo apasionada.  No estoy diciendo que era la mujer más cariñosa del mundo… era gringa… le costaba besar y abrazar, pero si sabía decirte que te amaba cocinándote un buen plato de comida.

         
Una vez, cuando ya era ique-independiente y ante mis continuas quejas por no estar comiendo bien, ella me mandó una lista de recetas con los pasos a seguir.  Hoy voy a compartir uno de mis platos favoritos con ustedes, porque a lo mejor están como mis hijos… hartos de carne molida, arroz y tajadas.  


Su recetario comienza diciéndome que me manda 14 menús que cualquier idiota puede cocinar en alrededor de 20 minutos.  Me ordena que vaya al abasto y compre los ingredientes una vez a la semana.  Que no me ponga pichirre y que compre calidad… no cuesta más que un bojote de diablitos… o salchichas.  Una buena comida, te puede hacer muy feliz.         


Me dice que mientras esté cocinando, ponga  la mesa, porque cuando la gente tiene hambre, ver la mesa puesta da la esperanza de saber que no falta mucho y no se desesperan.    Acerca de las sobras me aconseja que las evite.  Buena calidad, buena cantidad y accesibilidad son los secretos de una buena comida.


Menú del día

Torta de Carne

Macarrones con queso

Salsa a la Prado

Manzanas horneadas.

 

                         *Lávate las manos en lo que entres a la cocina*

 

Plan general: Haz la torta de carne y ponla en el horno a 325° por una hora y 15 minutos. Después haz los macarrones y ponlos en el horno la última media hora.  Arregla las manzanas y ponlas en el horno con los macarrones.  Arregla la salsa y ponla en la mesa.


Torta de Carne
: Compra 1 kilo de solomo o de pulpa y asegúrate que lo muelan frente a ti, no quieres saber de dónde sacaron la carne molida que molieron cuando tu no estabas mirando.

3 rebanadas de pan de sándwich

2 huevos

1 diente de ajo

1 taza de leche

½ taza de queso parmesano

Sal, pimienta y un poquito de cilantro

1 cebolla

1 lata pequeña de salsa ronco.

          
Pon el pan, huevos, cebolla, sal, pimienta, cilantro, ajo y leche en la licuadora.  Después mézclalo con la carne y el parmesano.  Haz esto con las manos limpias.  Mételo en un perol (pirex), y ponle un poco de salsa ronco por encima para que se vea bonito y… voilá!

 

Macarrones con quesoCocina una bolsa de macarrones en agua con sal y escurre.  Tíralos en un perol (pirex), usa la misma olla para hacer la salsa.  Pon una barra de mantequilla en la olla. Cuando se derrita ponle una cucharada de harina de trigo y disuélvelo bien.  Después ponle un poco de leche, poco a poco hasta que esté como un pudín.  Después échale un poco de queso amarillo del  bueno (Los Frailes) y cocínalo a temperatura baja (porque se te puede quemar por debajo de la olla) y dale vueltas todo el tiempo hasta que derrita.  Agrégale los macarrones y mételo en el horno.

 

Manzanas horneadas: Compra seis manzanas.  Límpialas, Quítales el corazón pero no las peles. Ponlas en un perol (pirex), embarrado con mantequilla.  Llénales los huecos a las manzanas con más mantequilla, azúcar y canela.  Mételes un malvavisco (en el abasto CADA) a cada una y mételo en el horno.

 

Salsa a la PradoDos tomates, una cebolla mediana, un pimentón verde.  Pícalo todo chiquitico. Agrégale un poquito de cilantro picado, una cucharadita de azúcar, media cucharadita de sal, una cucharada de aceite, una de vinagre y mézclalo. 

         
Pon todo en la mesa en los mismos peroles que salieron del horno, (pon unas tablas de comer parilla abajo para que no se te queme la mesa), y después haz que otra persona lave los platos.

         
Preparar esta encantadora comida no te debe tomar más de 20 minutos en la cocina.  El tiempo de cocción no cuenta porque eso lo usas para poner la mesa, lavarte la cara, arreglarte el pelo y ponerte de buen humor.

         
Nunca le digas a nadie lo que vas a cocinar.  ¿Te digo porqué?, porque todos dirán: “¡oh no! ¡Caca! Coño y vaina”  Solamente ponlo en la mesa y recibe los aplausos sin que se te suban los humos a la cabeza.

 

…Hasta la próxima receta…

 syepez@cantv.net




Te tengo un trabajo…

Susana Yépez de Álvarez

05-05-2010

I
magínate esto.  A partir de hoy, tú trabajas en las oficinas del Centro Comercial Don Cherra.  Ajá.  Ya no eres una de las cientos de personas que se aglomeran desde tempranas horas de la mañana, desorganizadamente, en el pasillo oscuro y pestilente a fritanga de empanada para mandar a hacer algún tipo de documento oficial.  No.  Ahora trabajas ahí adentro, metido dentro de ese túnel, y tienes que ir todos los días. 

         
Te explico para que no te confundas.  Lo único que realmente se distingue bien es el cafetín, que amerita dotarlo urgentemente de mucho pero mucho amor y cariño y salubridad porque está estratégicamente ubicado y cuenta con un personal atento, y el quiosquito que está en la esquina del cafetín, que es demasiado pequeño y escaso de personal para la demanda que tiene. 


El resto de las oficinas del “túnel”, si así se les puede llamar, van en fila india sin identificación alguna, las paredes son sucias, el suelo inmundo, el calor insoportable, hediondo, ni un rayo de luz solar, y todos los muebles son viejos y están rotos y pegajosos.  Caca.


Vas a trabajar, pero no en las oficinas que maneja la Alcaldía porque aunque también ameritan de mucha ayuda, esa ayuda es a nivel local y puede llegar más rápido.  Esas oficinas son donde mandas a hacer partidas de nacimientos o a pegar carteles que anuncian que te casas.  Pregunta, porque como te dije antes, no vas a conseguir identificadas las oficinas, no vaya a ser que te metas adonde no es. 


Tú vas a trabajar para Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia, para el SAIME.  No en la sala de la “Misión Identidad”, que, aunque es lóbrega y gris y no cuenta con aire acondicionado, (se ve que deben pasar el calor parejo), es amplia y le entra un pelo de luz solar por unas ventanas que están arribotota. 


¿Tú sabes unas oficinas que son parte de la antigua Onidex… ahora Saime? ¿Adónde antes sacaban pasaportes?...okey… Ahí hay como dos o tres oficinitas.  Son de los jefes y secretarias de lo que antes era el departamento cedula-pasaportes. ¡Ahí! ¡Ahí vas a trabajar tú!  ¿Qué tal?


Trata de sentarte en un  escritorio de la edad media, con un ventilador más o menos de la misma fecha, rodeado de archivos viejos y húmedos por todos lados, en un cubículo oscuro y caliente, a atender al público.  ¿Sería horrible verdad? 


Hay personas que trabajan ahí.  Exactamente ahí.  Tienen años en eso.  Saben hacer su trabajo.  Son eficientes.  Lo sé porque hago diligencias y me fijo.  Ese lugar es una  pocilga. Es una pocilga desde que lo conozco y tengo casi 20 años viviendo en Carora.  Esto es un irrespeto a los trabajadores y trabajadoras del lugar.  Indigno e intolerante.  


Ojalá y allá arriba, adonde tienen el poder, me leyeran tan siquiera esta vez.  Son tan solo detalles de la ineficiencia que nos rodea y que es tan fácil de solucionar. Detalles que te muestran claramente lo deficiente que NO debemos permitirnos ser jamás.  ¡Chávez! Tienes a tu gente trabajando en condiciones infrahumanas.  El ambiente físico del lugar de trabajo influye enormemente en el trabajador.  Bien mala gente tienes que ser para no darle un ambiente digno a los que trabajan contigo y para ti. 


Olvídate de Colombia y Estados Unidos, y regaña a los del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia.   Ármale su zaperoco los que dirigen el fulano SAIME y  diles que la infraestructura en Carora está en tan pésimo estado, que ya ni pasaportes sacan porque no tienen ni dónde ni cómo.  Es en cosas como estas en las que deberías ocuparte.   Se trata de tu país, de tu gente y de su bienestar.  Haz algo bueno ¡carajo!, te toca.

 syepez@cantv.net




… ¡Ay!... que fastidio…

Susana Yépez de Álvarez

28-02-2009

Con pocas ganas.  Falta de cariño.  Desconsideración.  ¿Arrechera? Así es como, generalmente, nos tratamos en Venezuela los unos a los otros.  Una verdadera lástima.

         
La cola para pagar el teléfono es un fenómeno. Uno no sabe si reírse, llorar o maldecir no solo tu vida, sino la del individuo, (uno solo), que está adentro en un cubículo con aire acondicionado, para atender a los clientes.  Clientes que están expuestos a ser atracados en plena calle, en un calorón, en medio de una de las avenidas más transitadas de Carora, donde conviven abundantes tubos de escape rotos y las cornetas más chillonas del mundo.  Tienes que armarte de paciencia y de valor porque te llamaron para amenazarte vía un mensaje grabado: “le estamos advirtiendo que si no cancela la factura… ¡le vamos a cortar el teléfono!”  Lo único que les falta es reírse macabramente al final -¡JA JA JAAA!-

         
Las colas en los bancos son la misma cosa.  Nuestro tiempo no vale nada. Colas que dan la vuelta en “U” adentro de la institución bancaria, salen a la calle y… ¡cruzan la esquina!

         
Ahora con el racionamiento de luz, todas las instituciones gubernamentales trabajan con horario restringido.  Mas trabajo, misma cantidad de empleados, menos horas para trabajar.  No parece importarles en absoluto si estás sentado o parado, si llegaste antes de fulanito o de sutanito, si pierdes toda la mañana esperando porque: - tengo que prender la computadora, ahora la perola esta no me quiere imprimir, el ventilador (estamos ahorrando electricidad para dar el ejemplo) me voló tu solicitud, y yo no tengo que disculparme porque yo trabajo aquí y soy más importante que tu -. 

         
Yo creo, y es mi opinión personal, que si tú tratas a alguien por un periodo prolongado de tiempo como una porquería, esa persona comienza a pensar y a actuar como una porquería.  Se trata de psicología.  Y, si tú eres capaz de tratar a alguien como una porquería, es porque TÚ eres una porquería.  Se convierten en dos ramas de un mismo árbol.


Esta actitud y manera de hacer las cosas, hace que aprendamos a no valorarnos. Algunas de las consecuencias son, montones de adolescentes  preñadas, pobreza rampante pero con bastante tinte barato para el cabello, mujeres con los blue jeans demasiado apretados, gordos sudados, con la franela levantada hasta cuello bebiendo cerveza en la calle, a plena luz del día… un jueves, y en el peor de los casos… ladrones y asesinos.  Todos nos convertimos en víctimas y victimarios.


Hacer las cosas para salir del paso y de mala gana,  nos degrada, nos arrodilla y nos restriega la cara en la zurra.  Todo nuestro alrededor, incluyendo nuestros hijos y nietos se salpican porque no tienen opción.  Lo peor es, que no tiene porque ser así.  NO SOMOS ASI.  Nuestra humanidad es buena.  Nuestro programa genético es inteligente y eficiente.  Lo que necesitamos es cambiar el hábito que tenemos de hacerlo todo a las patadas, a hacer las cosas bien hechas porque ese es nuestro trabajo y punto… sin excusas. 


Es posible.  El cambio sería radical y extremadamente positivo para todos. Lo interesante sería ver  sí estamos dispuestos a cambiar nuestra manera de ser y de hacer las cosas por el bien de la sociedad entera o, si pensamos que no vale la pena porque es demasiado trabajo…

 syepez@cantv.net




La lección

Susana Yépez de Álvarez

21-02-2010

Como es, que pueda sentir tanto dolor y tanta felicidad a la misma vez. Dos sentimientos opuestos que chocan entre sí, que están colocados en diferentes puntos del péndulo. Un sin sentido.


Colaboré en la misa de fin de novenario de tío Mario por un mandato. Tía Yuye no es solo mi tía, es mi madrina. Es la madre que colaboró junto a la mía mientras vivía, y la que tomó su lugar luego de su muerte.


Si ella no me hubiese reclutado para ayudar a coordinar este evento, me hubiera arropado en mi dolor y hubiera dejado que los recuerdos y las lágrimas me acompañaran hasta que fuese necesario. Ese era mi plan. Esta, era una muerte que me había dejado sin aliento, que me había arrebatado todas las fuerzas de una manera tan dramática que ni siquiera sentía rabia, solo un tremendo vacío y un profundo dolor.


Quería volverme insignificante, desaparecer por un tiempo. Vivir mi duelo forzado y sin respuesta. Me costaba hasta respirar. No estaba en posición de ayudar a nadie, pero cuando tía Yuye ordena, uno cumple sin preguntar.


La misa se realizó bajo los parámetros que nos indicó en su débil pero todavía fuerte estado de ánimo. No teníamos tiempo para llorar y ahogarnos en nuestra lástima, teníamos que planificar esta despedida. Lo que jamás me imaginé es que el resultado, superaría las expectativas de todos los colaboradores, de todos los presentes y que nos enseñaría a muchos, lecciones muy poderosas de vida.


Yo llegué a pensar, en mi ingenuidad, que estaba mejor. Esa era mi autodefensa para poder continuar. El dolor lo logré hundir tan dentro de mí, que podía caminar y cubrir las necesidades básicas del día. En la iglesia pude saludar y hasta sonreír… hasta que comenzó la misa.


Sobrinos y familiares se unieron en un coro precioso que llenó de armonía el ambiente. Un miembro de la familia de cada hermano y cuñado de tío Mario no solo le agradeció, en nombre de su respectiva familia, todo lo que hizo por nosotros, por mantenernos unidos, por colaborar sin mezquindad a formarnos en quien hoy somos, sino que rogamos al Señor porque eso continúe, porque nos guíe desde el cielo para que nada cambie… solo lo malo.


Fue durante las ofrendas, cuando tío Mario y su familia le ofrecían a Dios todo por lo cual habían trabajado en la vida, que un dolor intenso y una felicidad grandiosa se apoderaron de mí. Es lo más hermoso que he visto en toda mi vida. No podía dejar de llorar, aunque traté sin lograr mi cometido de contener todas las emociones que se fundieron en mí sin previo aviso, diciéndome que no me encontraba en el lugar adecuado para comportarme de esa manera.


Aunque todos sabíamos de los meritos de esta familia, ver la evidencia, mostrada de esa manera, en esa misa, con esa música, con todos los que nos acompañaron ese día, nos dejó sin aliento a muchos esa noche.


Ya nuestro trabajo terminó. Se logró el cometido. Una bella y digna misa de despedida. Ahora si puedo acobijarme con mi nostalgia. Llorar por un buen hombre que nos fue arrebatado. Llorar porque no puedo devolver el tiempo.


Solo que ahora, lo veo todo bajo una nueva luz, una nueva perspectiva. Pensé que no me quedaban fuerzas, me convencí que no valía la pena pelear. Me sentí débil, sola, desamparada. Ya no. Porque ahora entiendo, comprendo de verdad, que si se puede, en un mundo tan imperfecto…  ser perfecto. Esa es la lección… y la meta.

 syepez@cantv.net




Los buenos siempre ganan
Susana Yépez de Álvarez

13-01-2010

Me uní a un numeroso grupo que alzó su voz de protesta en la carretera panamericana.  Sentí cierto remordimiento por la gente inocente que se encontraba en esa autopista, seguramente más por necesidad que por gusto, y que estarían estancados en una larga cola, bajo el inclemente sol de la mañana, por un tiempo indefinido.  También sentí que los ciudadanos no tenemos otra alternativa para ser escuchados y eso me tranquilizó.

            
Llegaron los medios de comunicación a tomar nuestras declaraciones.  Querían saber porque, en vez de estar en nuestros puestos de trabajo, nos encontrábamos en ese lugar clamando justicia, respuestas, soluciones, y… con el corazón partido, los ojos hinchados, agotada de tanto llorar, en medio de la calle me pregunté, a la decencia de quien, exactamente, estábamos apelando.  ¿De las autoridades?, ¿del gobierno?, ¿del presidente?, no podía poner mi dedo en el asunto. 

            
Los uniformes, los cargos de poder y hasta los títulos, le dan al hombre y a la mujer, cierto sentido de autoridad.  Sienten que tienen poder y que pueden usarlo.  Pero el ser humano es tan débil, que la gran mayoría de ellos no sabe utilizar este poder.  Especialmente si no lo educaron para manejar esta arma de doble filo tan delicada.  Caso ejemplar de esta falta de educación y de este otorgamiento indiscriminado de poder… es Venezuela.

            
Hace años, vi una película que se llama Secuestro Express.  El militar y el policía, al lado de los hampones armados e irónicamente cariñosos con sus respectivas familias, eran los personajes malos de la película.  Es verdad.  Yo soy sensible e impresionable, pero esa película solo recalcó lo que ya yo sabía acerca de los uniformes, de la autoridad y el poder.  Mi mamá me lo había enseñado hace mucho tiempo atrás.  Añádale a esto  la visión de militares pateando y tirándole bombas lacrimógenas a su superior, el General Carlos Alfonso Martínez mientras se encontraba ya tirado en el piso, a soldaditos halando violentamente a un cura en una manifestación de la oposición,  a una mujer que fue tirada al suelo con una fuerza brutal por tener la osadía de acercarse lo suficiente para decirle sus cuatro vainas en la cara a los militares, a todos los presos políticos, a todos los estudiantes que hoy están heridos o presos por disentir, y llámenme hipersensible si les da la gana.  Yo solo creo que soy realista.  En la evidencia está la respuesta.

            
No.  Yo no estaba en esa carretera ese día clamando justicia a las autoridades.  No creo en nuestras autoridades.  No creo en nuestros policías ni en nuestros militares.  No creo que los malos, los corruptos, los abusadores de poder sean la excepción.  Desgraciadamente creo que son la norma… aunque algunos digan que no es así.

            
Tenemos una población pobre y resentida.  Tenemos un gobierno que no le interesa resguardar a sus ciudadanos, porque mientras vivamos aterrados ellos pueden seguir avanzando a pasos agigantados en su revolución y corrupción sin límite. Tenemos autoridades que no están debidamente capacitadas ni pagadas, con x cantidad de poder, que usaran a sus anchas para avanzar en sus ambiciones personales porque es… normal.  Eso nos deja a nosotros.  A la población trabajadora, con familias.  La población que quiere educar a sus hijos, trabajar y vivir en paz.

            
Y esa mañana, en medio del humo de los cauchos que se consumían en la carretera, no di media vuelta y me devolví derrotada para mi casa sin respuesta, porque después de escuchar las declaraciones válidas y muy emotivas de los demás, entendí porque estaba allí, y a quien exactamente estaba tratando de apelar en mi lucha por justicia y libertad.  Estaba apelando a ese venezolano preocupado, a ese venezolano que tiene hijos, que trabaja y que quiere vivir en paz. 

            
Creo en nosotros, los venezolanos de bien….en más nadie.  No estamos armados, no tenemos el uniforme,  no tenemos el poder, pero somos los buenos y necesito creer… que somos mayoría.

 syepez@cantv.net




Creo en Dios
Susana Yépez de Álvarez

10-02-2010


Dedicado a tío Mario, tía Yuye, Lourdes, Mario José, Chucho, Teresa, Javier, a sus respectivos y respectivas y a todos sus hijos, con todo mi amor y con todo mi ser…


Hay quienes piensan que los grandes cambios, los momentos realmente transcendentales en tu vida, ocurren poco a poco. Yo no creo que eso sea así. Aquello que verdaderamente te marca, que te cambia la vida totalmente y para siempre…generalmente sucede de un minuto a otro. No vuelves a ser el mismo y no vuelves a ver el mundo, la vida, tu vida de la misma manera. Tú esencia pasa por una gran transformación. Una experiencia capaz de darle un giro drástico y dramático a tu forma de percibir y de sentir.

 

Desprenderse físicamente de alguien tan maravilloso puede desgarrar tu alma, hacerte llorar lágrimas de sangre, dejarte postrado en el suelo sin consuelo alguno, sacudir todos los cimientos que te brindaban equilibrio. Así que lloro, tiemblo, grito y hasta dudo. No sería de carne y hueso si no lo hiciera. También reflexiono, pienso, recuerdo y en el fondo de mi alma sonrío, porque entiendo que tío Mario hizo su trabajo en esta tierra. Yo, mis hijos, los hijos de mis hijos, y así sucesivamente, seremos mejores personas porque su influencia nos marcó hasta la eternidad, logrando de esa manera que este mundo sea un mundo mejor gracias a él. Hoy… realmente… entiendo esto.

 

 Yo quiero creer en Dios. No por lo que me dicen en misa, o por lo que dice la biblia, sino porque, asustada al ver como a mí alrededor, una escalada de odio sin precedentes se apodera de mis hermanos, me es difícil tener fe en el hombre. Pero en la agonía de mis dudas, todavía creo mi prójimo. Creo en su sentimiento innato de humanidad, en su potencial por la compasión, por la razón, creo…en la rectitud de su corazón. Y creo en mi prójimo porque eso fue lo que me enseñó tío Mario. Porque lo viví con su ejemplo, porque él me mostró la evidencia que me permite creer.

 

Cuando en tu vida eres bendecida por alguien con la calidad humana de tío Mario, crees en la bondad. Tío Mario me dió esperanza y un modelo a seguir… una inspiración divina. Maestro sin siquiera proponérselo, enseñándonos a todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo y de quererlo, el significado sencillo, pero a la misma vez grandioso, del verbo “ser”.

 

Estar en presencia de tío Mario era estar en presencia de Dios. Dios fue mi maestro en esta tierra. Así que, aunque en estos momentos me ahogo en mi dolor y lloro tan lamentable pérdida, aunque me siento confundida y perdida, aunque me asustan mis dudas y me aterra entender que ya él no está, todavía creo en Dios.

 

Creo en Dios porque tuve el placer de conocerlo personalmente, de besarlo en la frente, de pedirle la bendición y de aprender… tomada de su mano. ¡Que privilegio!

 

 syepez@cantv.net




Un Regalo
Susana Yépez de Álvarez

07-01-2010

Todos los días, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de dar….  y todos…  damos.  A lo mejor, el regalo no viene envuelto con un lazo y una tarjeta.   A lo mejor, el regalo es tratar de pedir perdón, o, más difícil aún…tratar de perdonar.  A lo mejor, es colocarnos en los zapatos de otro por un momento para tratar de entender su punto de vista.  A lo mejor,  es guardarle un secreto a un amigo.  Hay muchas maneras de dar, y a la final, todas valen la pena.


Está la señora que llora y que tiene la tensión alta porque a su nieta de tres años la van a operar en Argentina ya que sufre de una enfermedad muy poco común y ella no puede asistir por no tener los recursos económicos.   Ella está dando su preocupación y su amor eterno.  Está el marido que sube las montañas más altas y cruza los ríos más peligrosos, sin siquiera pensarlo, valientemente pero muerto de miedo, para rescatar a su esposa de unos desalmados sin consciencia ni corazón.  Está la hija que deja a su familia temporalmente para quedarse y cuidar a su madre anciana, porque eso es, lo que tiene que hacer.  Está la hermana que les brinda la oportunidad a tus hijos de ver y conocer cosas nuevas y los trata como si fueran suyos.  Está la niña que pelea sin tregua y con la única finalidad de hacer feliz a su mejor amiga.  Está el amigo que te muestra el camino y lo recorre contigo para que no te sientas sola o perdida.


La felicidad, supuestamente, está en dar.  A veces es algo muy fácil de hacer, a veces es demasiado difícil, a veces da un miedo terrible, pero al final, siempre se siente ese sentimiento supremo, ese por el cual todos luchamos por alcanzar en esta vida.  Pequeños momentos de suprema felicidad a los que podemos recurrir en nuestra memoria para que nos den el aliento que necesitamos para continuar.


He recibido como pocos.  He recibido con una gran sonrisa en la cara.  He recibido con cierto recelo.  He recibido totalmente renuente y a juro…por no tener otra alternativa.  También he dado.  He dado con el corazón, he dado con amor, he dado por dar, he dado porque me ha tocado dar, he dado cansada y he dado con resentimiento.   Solo a Dios le respondes, y Él lo entiende y lo perdona todo, mostrándote con evidencias claras como tu esfuerzo y tu trabajo (quisiste o no hacerlo), valió la pena.


Cuando la felicidad de dar se acaba… cuando el agotamiento te vence y te sientes abrumado, cuando dar comienza a sentirse más como una obligación… entonces paras.  Pero, si eres como la mayoría de las personas que conozco, das hasta que duele…para después… dar un poco más.
 

 syepez@cantv.net




Quiero un nuevo presidente
Susana Yépez de Álvarez

29-01-2010

Quiero un nuevo presidente.  Quiero que nos incluya a todos, no como chavistas y opositores, o demócratas y socialistas del siglo XXI, sino como venezolanos. Quiero un presidente que me diga que Venezuela es una sola y que en ella todos somos importantes.  Quiero un líder noble, que no se deje llevar por ilusiones de grandeza personal, más si por la ilusión de lo grande que puede llegar a ser nuestro país. 


Quiero un presidente que deje de regalarle a otros países lo que no tenemos, hasta que llegue el día que, gracias a la labor en conjunto de todos, orgullosos y llenos de generosidad por el prójimo, podamos compartir nuestras riquezas con los demás. 


Quiero un presidente que se avoque a educar a todos y a cada uno de nosotros con la mejor educación que el dinero venezolano pueda comprar porque entiende que todos los males, (pobreza, miseria, enfermedad), que aquejan a la humanidad tienen que ver con la falta de educación y con la ignorancia. 


¡Quiero un nuevo presidente ya!  No quiero tener que pelear una vez más, como una gata parida, de voluntaria en una mesa electoral, alerta y lista para la batalla, en espera de todo tipo de patrañas baratas para que el gobierno ineficiente que nos ha regido por más de diez años, continúe haciendo de las suyas mientras yo vivo encerrada y aterrada con tres trancas puestas en la puerta de mi hogar, porque la vida de mis seres queridos no vale nada en este país. 

        
Soy madre de adolescentes y niños.  No quiero que mis hijos no tengan clases porque en la escuela no hay agua o luz. Quiero calidad.  La quiero de primera porque podemos tenerla y nos la merecemos de primera.  Quiero que mi nuevo presidente se rodee de la mejor gente posible, sin importar su política más si su capacidad para la gerencia del éxito en cada una de las muchas áreas que ameritan de experiencia y ayuda.  Personas a quien no le puedan comprar la consciencia ni por diez lochas ni por mil millones de dólares, (y tengo que creer que existe este tipo de persona), que se avoquen a resolver los problemas de una vez, porque para eso fueron contratados.

        
Quiero un presidente que en vez de hablar pistoladas hable de educación, de nuevas y mejores escuelas, de docentes bien preparados y bien remunerados, de universidades y de institutos vocacionales para que cada quien pueda capacitarse y echar para adelante con orgullo y tesón.  Quiero que, en vez de hablar de guerra, apátridas y enemigos, hable de proyectos, de empresas, de trabajo, de construcción, de tecnología, de turismo, de hospitales.  Quiero un presidente que nos ayude a volver  a poner el nombre de nuestro país en alto, que me dé la oportunidad de gritarle al mundo llena de orgullo: “¡Si! Yo soy Venezolana”.

          
No quiero un presidente que salga en Wikipedia como uno de los clientes fieles del vendedor de camisas francesas “Charvet”, las más caras del mundo, cuando aquí estamos pasando hambre. No.  Quiero a un hombre o a una mujer que sea capaz de enrollarse las mangas de su camisa “hecha en Venezuela” para trabajar con su pueblo y no descansar hasta que seamos la primera potencia mundial en seguridad, educación, salud y prosperidad. 


Quiero un nuevo presidente que sepa guiarnos con esmero, con lealtad, con nobleza y con trabajo.  Que nos inculque que la educación y el trabajo (no el gobierno), son las únicas y las verdaderas herramientas encargadas de darnos una casa, seguridad, comida y salud. 


Quiero un presidente que nos diga claro y raspado que nosotros, los venezolanos,  solo valdremos la pena cuando nos demos cuenta que la clave está en la educación, y que seremos un verdadero país cuando nos convirtamos en personas productivas y educadas, confiables y responsables de todos y cada uno de nuestros actos.


¡Ya!... ¡Quiero un nuevo Presidente!

 syepez@cantv.net




¡Rápido!... ¡que ya se va la #@$# luz!
Susana Yépez de Álvarez

22-01-2010

Mis hijos estudian de día. Yo trabajo de noche.  A ellos se les va la luz de 11 a 1 del día, y a mí de 7 a 9 de la noche. Conclusión: Ellos pasan el calor hereje en la escuela y yo…no puedo trabajar.  Mientras tanto, mi hijo sigue traumatizado porque cuando se va la luz, le da miedo y llora hasta que el cansancio lo vence y se queda dormido, y las mayores, por ponerlas en actividades extracurriculares, (que riñones los míos), llegan a bañarse, a estudiar y a hacer tareas justamente cuando nos quedamos varados a la luz de la vela que alumbra a San Judas Tadeo.  Bastante productivos que vamos a resultar en mi familia.

         
Hay que ser bien bolsas para permitir que nos quiten la luz a nosotros y a Caracas no.  ¿A cuenta de qué?, porque a mí no me han dado razones valederas para que yo diga… “¡ah bueno!  Claro.  Está bien que mi hijo se asuste, a mis hijas las raspen y yo no trabaje”.  Siécara.  No señor.  Racionamiento de luz para todo el mundo o para nadie.  Esto se llama discriminación.


IGUALDAD ¿Acaso somos menos que los que viven en la Gran Capital?, ¿más pendejos?, ¿más fáciles de manejar?, ¿más conformistas?, ¿mas chavistas?, ¿más viva la Pepa? ¿Qué es lo que es? Porque justo no es.  Socialismo pa´ todo el mundo carajo. 

         
Uno sí que es bien imbécil.  Yo, que por cierto, soy caraqueña pana,  me amoldo. Le tapuso la comida apurada a todo el mundo para poder salir de la cocina antes de quedar en total oscuridad.  Apago aquellos artefactos que he aprendido a amar con todo mí ser para que no me los mate el apagón…porque los compré porque los necesito.  Mando a todo el mundo a bañarse en tres minutos o aténganse a las consecuencias, y cuidado pues y me raspan una materia por no poder estudiar porque no hay excusa para eso, “estudien a las tres de la mañana cuando SI hay luz… ¡carajo!”

         
Los ciudadanos de a pie no podemos hacerle mantenimiento a unos peroles que no conocemos.  Si yo supiera hacerle mantenimiento a estas cosas, hace rato largo que ya hubiera agarrado mi diablo rojo y mi limpiador de pocetas MAS y me hubiera ido para el Guri.  Motivación suficiente es terminar con el trauma de mi hijo y poder trabajar para ganarme el pan de cada día.

         
USTEDES, muy desgraciadamente, no educaron al venezolano para ser consciente, y USTEDES  tampoco se abocaron a hacer  su trabajo con respecto al mantenimiento mínimo de la electricidad, y ahora, el pueblo bien pueblo, el de la provincia, que pague las consecuencias de SUS errores sin derecho a pataleo. Ajá.


Yo no rebuzno.  El hecho de vivir en el interior del país no me hace menos venezolana, menos inteligente, menos gente.  ¿En que están pensando?,  ¿de qué en Carora y en el resto de Venezuela (con excepción a Caracas), no tenemos cerros para “abajar” de ellos?...sigan así… que yo te aviso chirulí.
 

 syepez@cantv.net




…Y no me disculpo
Susana Yépez de Álvarez

20-01-2010

¿Ustedes saben cómo es la vaina?, que ya yo me cansé de hablar de hermandad y de armonía y de tolerancia.  Yo pensé que todos esos sentimientos de pesimismo, de perdida y de no ser dueña de mi destino, se habían disipado con el tiempo después de vivir el secuestro de una buena amiga.  Ya recordaba solo de vez en cuando, todas las noches que me acosté llorando y todas las mañanas que desperté vomitando por la angustia y la desesperación.

        
Todo…todo…lo estoy reviviendo de nuevo, otra vez sorprendida, otra vez en total shock, con un tic en el ojo, aterrorizada ante todas las preguntas que me hago sin obtener ni una sola respuesta.  Soledad, ansiedad, incertidumbre.  Estoy ARRECHA, tan arrecha que lloro de la arrechera, y estoy así porque una vez más…caí.  Caí pensando que a lo mejor podíamos ser mejores personas.

        
Secuestrador y Ladrón: Tú eres una plasta.  Ya yo no defiendo mas las desventajas que debes haber vivido en tu niñez o adolescencia.  Tu falta de educación de todo tipo.  Una persona que quiere surgir como hombre o mujer de bien puede hacerlo.  Las herramientas existen para que cada quien labre su camino en esta tierra.   Me resbala si te maltrataron de chiquito, si no tuviste un padre.  Si tu madre bebía aguardiente.  ¡Me sabe a zurra!  Esa no es excusa para este tipo de comportamiento. Todo el mundo tiene problemas.  No se solucionan quitándole a alguien a punta de pistola lo que NO te pertenece. ¡PERDEDOR mal parido! ¡Cobarde y marico! Eso es lo que eres.  Así de sencillo. 

        
Que chévere.  Que orgulloso te debes sentir. Manejando camionetas que no compraste con el fruto de tu labor.  Jugando con la vida de los seres queridos de otros ya que no se trata de tu hermana o de tu hija, mientras los despojas de vainas que no son tuyas porque ni las compraste ni te las regalaron. O te lo dan o los matas.  Que arrecho eres.  Debes dormir muy sabroso por las noches…mujercita.

        
Esta vaina de llevarse mujeres es la última.  Inconsciente.  Desgraciado. Maldito.  A una mujer ni con el pétalo de una rosa coño de tu madre… ¿o es que no te parió una mujer? Las mujeres son sagradas.  Son madres y son hijas y son hermanas y son maestras… ¡maestras! porque son las encargadas de humanizar al mundo.  Debe ser que odias a tu madre, porque si la quisieras, sabrías que los hijos sufren sin sus madres, y las madres sin sus hijos.     

        
No lo siento.  No te deseo nada bueno.  Deseo que te agarren y te torturen y te metan en la cárcel más peligrosa de este país que no sirve para absolutamente nada ya.  Y después de tu mísera existencia en esta prisión, de una muerte lenta y dolorosa, que Dios se encargue de ti.  Algo que llaman justicia divina, justicia donde, si de verdad existe, terminaras siendo masticado y vomitado para volverte a masticar y vomitar durante toda la eternidad…por el mismísimo Diablo. ¡Hijo de Puta!

 syepez@cantv.net




Amor, Fe y Esperanza

Susana Yépez de Álvarez

15-01-2010

N
o veo las noticias como lo hacía antes.  Me vi en la obligación, una vez que mi papá mejoró considerablemente, de sacar la computadora de su cuarto pensando en mi propia salud.  Bastante tiempo y esfuerzo ya le habíamos invertido a él para venir a enfermarme yo por escuchar un mix repetitivo y perpetuo entre el ciudadano y Mario Silva.

           
Desde entonces no vi más nada por un buen tiempo.  Solo mi programa los martes a las 8 y 30 en el canal 34.  Pero, como para no desacostumbrarme del stress, Chávez todo poderoso, mandó la orden desde el cielo (perdón, Miraflores), que decía… “y ahora… quédate sin luz los martes desde las seis hasta segundos antes de que comience tu programa favorito, porque yo soy Chávez y puedo hacerlo”.

           
Eso no quita que entro y salgo con frecuencia del cuarto de mi papá, donde el canal de noticias es el ambiente musical.  Y en una de esas oportunidades pude ver parte de la cruel y desgarradora historia del  terremoto en Haití.  Horas después mi papá me contó que iban por 150.000 muertos, y que en el terremoto de Caracas, donde yo estuve presente, fueron 5.000 los muertos.  “Imagínate el desastre”, me dijo, como si yo recordara lo espantoso que fue el terremoto del 67, (año en el que nací).

           
Ese trágico día en Caracas, mi mamá y mi papá se encontraban en una clínica de la ciudad con mi hermana recién operada de apendicitis.  Yo tenía tres meses de edad y estaba en mi casa, con mi hermano Fernando y la señora que nos cuidaba. 

           
Hace unos años, hice a llorar a una de las amigas de mis hijas que es muy sentimental, contándole, que cuando todo comenzó a temblar, la señora que nos cuidaba salió despavorida de la casa como todo el mundo.  Cuando Fernando salió a la calle  y preguntó por mí, le dijeron que estaba adentro, pero ella estaba demasiado asustada para entrar a buscarme.  Fernando, de 10 años, entró de nuevo a la casa, subió las escaleras, me sacó de la cuna y salió de la casa conmigo en sus brazos.  Cuenta que todo se movía, incluyendo los muebles pesados.  Esa historia es real, pero le añadí para hacerla más bonita y conmovedora que luego que todo terminó y pudieron entrar de nuevo a la casa, vieron que una de las paredes había caído, destrozando la cuna de donde me había sacado mi hermano unos segundos antes. Drama con un final feliz.  Me encanta.


Anoche me envalentoné lo suficiente para ver las noticias de nuevo.  Además de los miles de muertos, hay heridos y enfermos y desaparecidos.  La cárcel se desplomó y los presos (entre ellos asesinos), que no murieron andan sueltos por las calles. No hay luz, ni agua potable, ni comunicación de ningún tipo.  Un país pobre pasando por un terrible acontecimiento.  Vi ancianos, madres, niños, bebés.  Lloré con ellos.  El sentimiento de impotencia que sentí por no poder ayudar me abrumó enormemente.  Qué horror. 


El próximo reportaje que vi, fue acerca de las miles de personas de diferentes países del mundo que venían llegando.  El aeropuerto estaba destrozado, pero la ayuda estaba llegando.  Los Gobiernos de Estados Unidos, Francia, Colombia, Cuba, Chile, Alemania, Italia, Israel, Suiza, Venezuela, España, China, México y muchos más, inmediatamente comenzaron a mandar a sus mejores expertos en materia de desastres naturales, voluntarios, comida, medicinas y todos los suministros necesarios para este tipo de eventualidad.  Todos juntos, trabajando, en medio del caos, la destrucción, la enfermedad, el dolor y la muerte.  Una luz al final de un túnel tan oscuro.  Esperanza.  Me recordó el desastre de Vargas y de como yo, al igual de cientos de miles de madres, vaciamos los closets de nuestros hijos para ayudar a las víctimas. 


Somos capaces de trabajar juntos en la adversidad, así que debe ser posible trabajar juntos en la armonía.  Tiene que ser posible. 


Es increíble.  Nuestro único adversario es el hombre… egoísta, egocéntrico y competitivo. Lo realmente sorprendente es cuando vez y entiendes, que ese hombre, es exactamente el mismo, que en el corazón de su alma… sale corriendo para Haití, y sin pensarlo, se mete debajo de un edificio que no ha terminado de colapsar, con la esperanza de salvarle la vida al hijo de alguien… que no conoce.

syepez@cantv.net




Para mis hermanos
Susana Yépez de Álvarez

09-01-2010

R
ebeca es mi hermana mayor aunque yo soy más alta que ella.  Tiene los ojos tan bonitos, que casi que se puede ver una combinación de todas nuestras tías en ellos.  Es buena llenando papeles, desde los del Impuesto sobre la Renta, hasta aplicaciones largas y complicadísimas para que su hermana menor sea admitida al programa de la Universidad de Wisconsin para estudiar un año completo en Florencia, Italia.  Es fuerte y testaruda.  Competitiva también.  No se da por vencida nunca cuando quiere algo, y lo peor de todo es, que generalmente, sabe exactamente lo que quiere.  No como yo, que guabineo en mis miedos. 


Mientras ella tenga, tenemos todos aquellos que la queremos.  Ella no discrimina.  Familia y amigos, hasta conocidos.  Tiene comida, una cama y apoyo, eso sí, no guabinees mucho… eso la impacienta, especialmente cuando ella ve algo que tu no vez… y es que estás metiendo la pata.  Tiene un gran sentido de humor y se puede reír de los cuentos más pendejos.  


Una vez, cuando me organizaba para mandar a mi hija menor (Rebequita) a vivir con su tía en el norte, una amiga me advirtió que Rebequita no estaba, dada su corta edad, preparada para vivir con otra persona que no fuera su mamá.  Mi respuesta natural fue… “ella va a vivir con su mamá”.  Así me siento yo con respecto a mi hermana Rebeca.


Fernando es mi hermano mayor. El me ha toñequeado toda mi vida. Fernando es alto, elegante y muy sabio.  Muy parecido a mi mamá.  Puede recitar a Doña Bárbara de memoria y a Manuel Briceño Guerrero también.   Es puro amor y sentimiento.  Le gusta la música y cree ser un gran músico.  Le gusta ayudar, y siempre tiene las más nobles intenciones de hacerlo.  Es excelente familiar y un excelente amigo. 


Además, es un gran estudiante y un gran maestro, capaz de enseñar lecciones de vida muy poderosas, porque supo aprenderlas.  Desprendido con todo lo que le pertenece, su rol de hijo mayor, de hermano mayor y de tío único y original lo ha llevado siempre como su más alta misión de vida, dándonos a todos los que tenemos la dicha de conocerlo bien, la esperanza de saber, que por lo menos, podemos aspirar a ser tan supremos, como lo es el.


Cuando rezo el “Padre Nuestro”, que lo hago todas las noches antes de quedarme dormida, me doy cuenta, que Fernando y Rebeca no son mis únicos hermanos en esta tierra.  El rezo dice, literalmente “Padre nuestro que estás en el cielo…”, no dice padre mío y mío solamente.  Dios nos llama a todos sus hijos y eso, nos hace a todos hermanos.  Soy hermana de los franceses, a quienes les agarré cierta vaina, soy hermana de Barak Obama (yiiipiii), soy hermana de Hugo Chávez Frías (¡O-M-G!)… soy tu hermana. 

  
A lo mejor, la lección que hay que aprender aquí no es solo la de la humildad, sino la de la tolerancia también.  Me encanta no solo ser prima de Cecil, Chulalo y Cheo, sino ser su hermana también.  Soy feliz siendo hermana de Adriana, Antonella, Carla y Milena, pero… no podemos solo ser hermanos de aquellos que queremos y con los cuales compartimos… ¿qué hago cuando no comparto los gustos, o no tolero la personalidad del vil y envenado de la Hojilla, por ejemplo?...


Lo único que puedo hacer es recordar el “Padre Nuestro”.  Recordar que soy humana y débil, tomar conciencia de lo que me dice Dios en vez de repetirlo como una cotorra.  Al estar “consciente”, estaré pendiente, y todos los días, muy poco a poco, seré más humilde, más paciente y más tolerante.  Eso, por sí solo, cambiará mi vida.  Podré mirar a  conocidos y a los que me falta por conocer con otros ojos y quién sabe, si algún día, pueda mirar hasta a mis enemigos… como los hermanos que en realidad somos. 


Es una meta digna de fijarme, especialmente cuando estoy segura en mi alma, que si todos intentáramos hacer lo mismo, no solo seríamos mejores personas.  Seríamos hermanos viviendo en el mundo que debe ser.

syepez@cantv.net




Año Nuevo, Vida Nueva
Susana Yépez de Álvarez


29-12-2009

Yo no puedo vivir sin una agenda.  Y todos los años me emociona saber que puedo comenzar con una  nueva.  Es como una vida nueva. Generalmente comienzo muy bien. Escribo todo lo que tengo que hacer en el día que es.  Mientras pasan las semanas, la cosa cambia, pero la intención es buena.  Aunque dure una hora buscando la página donde anoté las cosas que tengo que hacer, verlas en blanco y negro me ayuda arribar a mi meta.  Mañas que tiene uno. Si no lo anoto, no lo hago… ¡porque se me olvida! 


Mi padrino me regaló una agenda de navidad.  Una muy bonita y elegante, forrada por fuera con una tela hermosa de mapas antiguos del mundo, (buena señal).  Decidí, antes de que comenzara este año nuevo, ya que en lo personal, después de tres cirugías mayores y muchas otras experiencias que hicieron del 2009 un año lleno de aprendizajes pero bastante pesado, decorar mi agenda con fotos de la familia, calcomanías y con las fechas de los cumpleaños de mis seres queridos.  En esta agenda estoy poniendo muchas esperanzas de cosas buenas por venir.

Estando en ese plan, y gracias al tiempo libre por las vacaciones escolares, me puse a buscar por internet a un loco que recordé me gustaba mucho cuando estaba en la universidad.  Uno de esos expertos que habla y habla,  de los que uno va y paga para escucharlos hablar.  El Dr. Leo Buscaglia.  Con un Ph.D. y todo. Tenía el record Güines en abrazar.  Ni idea si el hombre está vivo todavía, pero en los ochenta, yo gozaba cada vez que lo veía hablar por televisión porque todo lo que decía era cómico y muy cierto.  El poder de un abrazo es grande, y hoy, en este mundo globalizado, el contacto humano que nos dice “te quiero, eres importante” ha sido remplazado por grandes amistades cibernéticas, donde muchas veces, no nos relacionamos físicamente con estos amigos…que son a distancia web.

Y en la web, escuchando a este loco por youtube, di con una lista de reglas para vivir, en los temas relacionados, que dejó una anciana de 90 años a aquellos que estuvieran  interesados.  Yo las leí.  Muchas de esas reglas me gustaron tanto, que hoy las traduzco.  Las reglas son de ella, los comentarios, cuando los sentí pertinente, son míos.

1. La vida no es justa, pero igual es buena, (eso es correcto). 2. Cuando en duda, dale pasito a pasito,  (¿pa´ donde coge uno?). 3. Tu trabajo no te va a cuidar cuando estés enfermo.  Tus amigos y familia lo harán, (sí señor, así que sé buena gente ¡carajo!). 4. Llora con alguien.  Sana más que llorar solo, (¡Cecil!). 5. Puedes ponerte bravo con Dios. El puede soportarlo, (menos mal…). 6. Si la pelea es contra el chocolate, vas a perder, (y ni hablar de la coca-cola). 7. Haz las paces con tu pasado para que no te envaine el presente, (buena suerte). 8. No te compares con los demás.  No tienes idea de cómo ha sido su viaje, (y no lo quieres saber). 9. Respira profundo. Calma la mente, (haz esto a cada rato…es buenísimo). 10. Bote todo lo que no es útil, bonito o alegre, (luego lo unimos todo y hacemos un inmenso garage sale). 11. Prende las velas (no tienes alternativas), pon las sábanas buenas, usa las piyamas elegantes, (y las pantaletas que no se encuchupitan también). 12. Sé diferente,  (a vaina mala ser normal). 13. Lo que los demás piensen de ti no es tu problema, (aunque usted…no lo crea). 14. Perdónale a todos todo, (menos a Chávez… ¡por maluco!). 15. No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo hace, (¿en serio?). 16. Sal todos los días.  Los milagros están en todos lados, (hasta te piropean). 17. Lo mejor está por venir, (créelo, porque si no estás jo…). 18. Sin importar como te sientas, párate, vístete y sal, (generalmente vale la pena, por lo menos para echar los cuentos después).  19. Lo único que verdaderamente importa al final…es que amaste (si señor).

Y la más importante… 20. Búsquense una agenda, (¡esa es mía!) Ánimo...y buena suerte.

syepez@cantv.net




Tin marín de dos pingüe
Susana Yépez de Álvarez

23-
12-2009

Criticar es una manera de “belittle” a otro.  Una especie de menosprecio por tu semejante.  No me gusta la crítica… ni siquiera la constructiva.  Si vas a decir algo, dilo y punto.  No le pongas una cucharada de azúcar llamándola crítica constructiva.  Esta, generalmente viene de una persona que no tiene la habilidad de caminar ni en tus zapatos, ni en los de ninguna otra persona, pero que si posee la habilidad y el sentimiento de autoridad que esta habilidad conlleva, de dejarte saber lo mal que  estás manejando una situación o toda tu vida.  Da igual.  La misma vaina.  Esta persona, después, generalmente te da sugerencias para que intentes ser tan eficiente como él o ella.  Lo importante es recordar que solo te dicen “deficiente” por amor… o sea… es tan solo una crítica constructiva. Repitan después de mi: “Shi-it”…búsquenlo en el diccionario.

        
La crítica no solo te hace consciente de tus errores, te los recalca y te los quema como un hierro…te marca.  Aunque le hagas caso al criticador y cambies tu manera de hacer las cosas, esa crítica… jamás la olvidarás.  Aprenderás a no poner tanto cuidado, a desear ser menos sensible y hasta a perdonar, pero vivirás con ella hasta el día de tu muerte.  No esperes después de criticar a un ser querido, (con las mejores intenciones del mundo), que te reciban con los brazos abiertos. No lo harán, y cuidado… la cicatriz puede ser permanente.

        
Todos nos quejándonos.  Me incluyo.  Yo lo hago demasiado y lo hago consiente, a veces, mientras me quejo, anuncio en voz alta que lo estoy haciendo y le pido perdón a Dios porque sé que no debería estar quejándome tanto…pero igualito sigo quejándome.  El precio del papel toilé.  La escasez de azúcar.  El racionamiento (¿?) de la luz.  Me duele la cabeza.  No me alcanza la plata.  Mi papá está enfermo.  La inseguridad.

        
Me imagino que es una manera de aliviar el stress además de ser un tema de conversación.  Quejarse es una condición  que está innata en nosotros para poder sobrevivir en un mundo tan poco perfecto.  Nos pinta un cuadro de la realidad, pero a veces, nos aporta ideas de cómo solucionar algunos de los males que nos aquejan: “amiga, en los chinos que quedan en la esquina de tu casa, tienen azúcar los miércoles”, o, “muérete que la leche en polvo de Mercal, hace bastante espuma y es dulcita”, o, “yo me compré un perro.  Cuando siento el más mínimo ruido grito ¡Hércules! y ese chihuahua comienza a ladrar sin parar.  Suena como un rottweiler”… interesante…

        
Los halagos y los elogios, que pueden ir desde “que blusa tan bonita. Te queda muy bien”, a “que buen trabajo estás haciendo”, es lo mejor que podemos hacer por los demás y por nosotros mismos también.  Como resolución de año nuevo, en el 2009, yo me propuse, que haría un favor y daría un elogio al día. Serían dos eventos separados a dos personas diferentes, todos los días.  Me di cuenta, que era algo tan fácil de hacer, que muchas veces superaba mi meta. Tienen que haberle visto la cara al viejo pavo que tenía a mi lado en la avenida mientras intentábamos cruzar la muy transitada calle, cuando le dije “¡usted si es bonito Dios mío!”.  Aunque me miró como si yo acabara de salir de un manicomio, la sonrisa con la cual cruzó la calle era de fotografía, y en ese momento, los dos fuimos más felices.

        
Así que… no critique… a menos a que sea a Chávez ¡por maluco!...quéjese, es bueno para la salud y puede conseguir una alternativa…o por lo menos, papel toilé un poco más barato en el proceso. Ayude a alguien, es bueno para el alma, y elogié…elogié con el corazón.   Los beneficios son infinitos y el costo… completamente gratis. 


Gracias por no criticarme, o por lo menos, por mantener silencio. Gracias por apoyar mis quejas que en su mayoría son tuyas también, y por las ideas tan buenas que me han aportado. Por el cariño y los comentarios de buena voluntad. Los recibo con humildad y sonriendo como lo hizo el  anciano bello, aquella tarde, cuando el destino nos consiguió…cruzando la calle juntos. 

        
¡Feliz Año 2010!

syepez@cantv.net




Como dice el gato volador: Fue horrible

Susana Yépez de Álvarez

20-12-2009

L
e recomiendo al mundo entero que se porte bien.  Muy  bien.  He visitado las puertas del infierno.  Es un lugar muy feo.  No quieren terminar allí.  Se llama “la calle Bolívar una semana antes de navidad”.  Me imagino que el 24 de Diciembre, el que se arme de valor o de estupidez, y se atreva a ir, no contemplará solo las puertas…ya caerá directo y sin paracaídas en la mismísima quinta paila, y salir de allí será muy difícil.  Hágame caso…no se deje tentar por el diablo.  Quédese quietecito. Así como sale en la cédula. 

           
En realidad yo salgo poco, y cada vez que lo hago me quejo del trafico y de cómo Carora se quedó pequeña para tanto carro y gente.  Pero hoy, decidí ceder ante mi hija de catorce años (14), porque necesitábamos comprar unos intercambios para la noche buena y unas cosas para el acto de ballet.

           
Nos estacionamos estratégicamente en el fundillo del mundo, porque yo me creo más viva que el presidente mismo.  Comenzamos a caminar.  Caminar por esa calle se ha convertido en todo un desafío.  Tienes que lidiar con el gentío, con las aceras que están completamente esperoladas, (cuidado con sus tobillos), y con los vendedores que se paran en las puertas de los negocios. Estos vendedores, de casualidad no te agarran por las greñas y te meten a juro y obligada en la tienda para la cual trabajan.  Creo que es un incentivo para ganarse una comisión.  También tenemos una inmensa cantidad de buhoneros, música horrorosa que solo habla de sexo a todo volumen que se entremezcla con la música de la próxima tienda y del próximo buhonero, mientras que te gritan “¡barato, barato! ¡En 50…bueno okey, te lo dejo en 35!”, con un micrófono, en la pata de la oreja mientras caminas justamente frente a ellos.  Como bono adicional, tienes los olores.  Olor a humo tóxico de los tubos de escape oxidados que transitan por el lugar, a parrillitas,  a mango verde con vinagre y a chicharrones de cochino con ¡pelos y todo!

           
Sin que me quede nada por dentro, puedo declarar que en mi vida he visto tanta basura.  Y no estoy hablando de basura en la calle, que si hay, estoy hablando de la mercancía.  Mala calidad, extremadamente costosa.  La mayoría, imitaciones baratas, (pero caras), de todo aquello que venden en el imperio meesmo…que tampoco es gran vaina.

           
Ya me dolía la cabeza.  Decido entrar a la tienda por departamento porque tiene aire.  No conseguimos nada de lo que buscamos, pero al salir, el vigilante de la puerta, nos pide que abramos las carteras, pues tiene que cerciorarse que no nos estemos robando nada.  ¡Guao! Creo que es ilegal exigir ver tu propiedad privada, pero como vivimos en Venezuela… qué carajo.  Eso no me molestó tanto como lo hizo el hecho que el vigilante, mientras miraba dentro de la cartera de mi hija, la piropeó hasta decir basta.  ¡Grosero! ¡Falta de respeto!

           
Hágame caso.  No vale la pena.  No bote sus churupitos en basura (no tiene otro nombre).  Sí se los ganó con el sudor de su frente trabajando como un burro, sería una verdadera lástima.  Da lástima aunque se los haya regalado el gobierno. Piense en la tremenda cola que tuvo que hacer en Banfoandes.  No lo haga.  Piense en comida, en pagar la luz, el agua, la medicina para la abuela…vaya al médico.


En navidad, regale una tarjeta, una carta donde le dice a sus seres queridos cuanto los quiere.  Escriba  detalles personales… “¿te acuerdas de la vez que me acompañaste a hacer la cola en la calle, en ese calorón, y nos tardamos cuatro horas, porque la línea se iba a cada rato para pagar el teléfono?...no me dejaste sola y te lo agradezco”…cosas así.  El ser humano siempre está hambriento por un poco de reconocimiento y cariño.  No lo demuestre comprándole una chemise de plástico con un águila que parece un zorro con alas que dice Winzil y Yandell mal escrito (como si existiera bien escrito), hágalo mejor con cariño, con un pollo frito bien resuelto o con unas galletas hechas con sus propias manos. 


No se le ocurra coger pa´ la Bolívar, pero si decide hacerlo, cuídese de un Alguacil sádico, que con su mirada fija y de sádico,  le gusta ojear de arriba abajo a su hija menor de edad.  Feliz navidad.

syepez@cantv.net




¡Todos contra todos!
Juan Tomás Martínez Yépez

13-12-2009
 

De manera muy directa, describe al pelo la situación que vive el país.  Sé que es muy sincero, a lo mejor demasiado sincero, pero el miedo no nos debería callar.  El nos da una lección aqui, y quien sabe, si nadie hace nada, por lo menos entienden porque no lo hacen.  Tal vez, algunos despierten y decidan hacer algo al respecto... Llegando a las chiquititas, es Juan Tomas quien lo escribió, y de aquí a que regrese (luego de la tan amarga experiencia que le tocó vivir aquí en Venezuela), ya el país se habrá enrumbado hacia otros odios y Juan Tomas con su articulo pasará a la resignación que nos acompaña. Susana


Es una guerra Civil de todos contra todos, si ideal ni bandera. Se mata por lo material: tierra, plata, teléfonos, carros, aviones. Materialismo puro, drogas y armas. El negocio del terror y la corrupción a todo nivel. Que desastre! Qué horror!


Un promedio de 20.000 muertos por año, en manos de la violencia callejera, despiadada e indiscriminada. Una guerra sin tregua del hampa contra los ciudadanos. Ya no se trata del hampa común, sino del hampa organizada. Mafias nacionales con conexiones internacionales.


Un círculo vicioso y podrido. El gobierno haciéndose la vista gorda ante esta tragedia, solo por encubrir a sus aliados, metidos hasta cuello en su propio excremento de miseria humana.


Qué triste pensar en todas nuestras familias afectadas por los asesinatos, atracos, robos, secuestros, pagos de vacunas, amenazas, sobornos, desalojos, expropiaciones, despidos injustificados, extorsiones y mucho mas. Qué pena! Qué vergüenza!


La falta de justicia, la impunidad ante el crimen, la irresponsabilidad de la omisión. Omisos! Eso es lo que somos un pueblo de irresponsables y OMISOS! Somos un atajo de VIVA LA PEPAS.


Mientras no nos toque a nosotros en lo personal, ya ni siquiera en lo familiar, no es asunto nuestro: “Tampoco la cosa es así”, “Deje eso quieto como está”, “No te des tan mala vida”, “Quédate quieto, loco!”, “Eso no es contigo”. Y así por el estilo, con nuestro estilo: La cultura del más vivo, del más avispao. Tenemos un culto al coleo: colearse en las colas, listas, puestos etc…., Le hemos construido templos a los vicios y malas costumbres y fosas a las virtudes y buenas maneras. La escuela de la mediocridad. La cultura del mínimo esfuerzo necesario, del: “Eso está güeno así”, “Deja eso como está”.  La filosofía del: “NO ME IMPORTISMO”. Zánganos, padres irresponsables, clientelistas, jala mecate, ladrones, plagiarios, mal educados y malcriados.


El clima nos permite comer cocos, mangos, piñas etc.… y defecarlos  sin esfuerzo. Vivimos sin preocuparnos, en un ranchito de palmas, cartones, latas, lo que sea, vestidos con lo mínimo (del guayuco al short roto). El petróleo nos malcrió y corrompió como una mala y prostituta madre. Los gobiernos han pasado por el poder como los distintos padres  de los hijos de nuestra prostituta patria, engañándola, maltratándola, violándola, estafándola, mintiéndole y abusándola en todos los sentidos.


Los venezolanos estamos inmersos en una guerra civil, sin tregua y sin cuartel, sin bandera ni ideología. Una guerra sin ideal, sin objetivos.


El odio con que te miran, te insultan, te humillan, te roban tus cosas, amenazan con matarte a tiros a ti y a los tuyos, unos muchachos de escasos 16 años, es de película de terror. Adolescentes de color marrón, vengándose de los que no tenemos la culpa (La Venganza de los resentidos). Pagando su rabia, complejo racial y cultural, maltratando al ciudadano común y corriente. Estos muchachos sin otra escuela que la del odio y la ignorancia. Jóvenes piltrafas sociales, jóvenes hundidos en la miseria colectiva. Si señores y señoras: Todos somos responsables! Todos hemos puesto la torta fétida en la que nos estamos ahogando!


Qué hacer? Caramba! No sé! Ya no sé nada! Cada vez sé menos, creo menos, puedo menos! Solos, no podemos! No servimos, no nos bastamos para arreglar este problema tan grave! Señores de la comunidad internacional: AUXILIO, S.O.S, AYÚDENNOS!


Tienen a un país en Suramérica secuestrado! Unos malandros se cogieron a Venezuela para ellos solos. Tienen a la gente aterrorizada, amordazada, muerta de miedo… Por favor manden, policías, jueces, militares,  lo que sea, hace falta de todo! Manden gente honesta que nos enseñe a ser personas decentes, que nos muestre como respetar el derecho ajeno.


Los que están aquí  acabaron con el Estado Venezolano. Armaron un gobierno a su propia medida y conveniencia. Son unos hampones, unos delincuentes. Han amedrentado y casi destruido toda iniciativa privada y ciudadana que no está bajo su control. Han desmoralizado a todas las fuerzas productivas, creadoras de empleos. Quieren controlarlo todo y llevarlo a su nivel de mediocridad y miseria humana!

 


DIOS!: ilumina a los poderosos del mundo entero, a las fuerzas vivas de la tierra para que se olviden de los intereses económicos, las conveniencias políticas, los beneficios materiales de la destrucción y la reconstrucción por medio de la guerra. Alúmbrales el entendimiento para que vengan a rescatar esta hermosa nación venezolana. Haz que se haga justicia divina y terrenal para la gente de paz, trabajadora y honorable de lo que queda de Venezuela.

 

Escrito por:

 

Un triste y pobre venezolano, desde el extranjero. Discriminado desde siempre por los acomplejados, por ser catire, ojos azules y pecoso. Descendiente de blancos criollos, europeos. Venezolano hasta la quinta generación ascendente, con familia muy numerosa directa que vive como puede en Venezuela. Una tierra en la que sus habitantes han pasado de la tolerancia a la resignación.

 

¡¡¡Que Dios nos agarre confesaos!!!

 

 Juantomás Martínez Yépez.

Ciudadano del universo.

Residente ilegal en la Tierra.

 

Diciembre 12 de 2009.

syepez@cantv.net



 

Lo siento
Susana Yépez de Álvarez

12-12-2009

Tengo viviendo en Carora casi 20 años.  13 en la casa donde hoy vivo con mi papá, mi marido y mis cuatro hijos.  Si hay algo que para mí, Carora tiene de bueno, y que todavía, con toda la situación que vive el país, no se ha perdido, es la familiaridad y la solidaridad que existe entre los que aquí vivimos. 

           
En lo que me mudé para mi hogar hace 13 años, me reencontré con mis vecinos, y establecimos de manera rápida y tranquila, lazos muy sutiles de amistad y hermandad.  Vivo en una cuadra muy amena de viejas familias caroreñas.  Para mi encanto, soy de las más jóvenes de la cuadra, y es que a mí siempre me han encantado las personas mayores.

           
La casa de Matilde Zubillada de Ferrer queda diagonal a la mía.  La bella costumbre de sentarse en las aceras en las tardecitas para conversar, (algo que muy lamentablemente ya no se puede hacer por la inseguridad), nos acercó al punto de convertirnos, además de familia, en muy buenas amigas.  Cuando yo llegaba de hacer diligencias, y la veía sentada afuera con Ramón Segundo, que con sus lentes Rayban parecía un galán de cine, me dirigía directo hasta allá.  Tenía que sentarme con ellos y hablar pendejeras por un rato antes de volver a casa.  Me daba un sentimiento de tranquilidad, de saber que pertenecía, de sentir que estaba exactamente donde debía estar.  Todo era perfecto.

           
Cuando muere mi mamá, sin darme cuenta, me refugio en Matilde.  Ya no es mi prima y mi amiga, ahora se convierte en una madre sustituta.  Ya no salían a sentarse en la acera, pero yo iba para su casa a conversar, buscando esa fortaleza  que ella me daba cuando la necesitaba sin mezquindad y con amor del bueno y del difícil de conseguir.

           
Matilde tiene la misma edad de mi mamá.  Tiene ocho hijos.  No los conozco bien a todos porque ya son grandes y no viven con ella, pero conocí a Gabela en una oportunidad de gran dificultad para mi familia y pude ver el mismo temple de acero que tiene su madre.  Me di cuenta que era alguien con quien podría contar siempre. 


Cuando Ramón Segundo se enfermó hace unos meses atrás, yo tenía a mi hijo Luis Fernando enyesado de los dedos de los pies hasta casi la cintura y tenía que llevarlo a Barquisimeto al doctor y aprovechaba para ver a la familia Ferrer-Zubillaga.  Allí fui testigo de lo que una verdadera familia es.  Todos juntos, completamente sincronizados.  Y es que, mientras Ramón Segundo estaba en terapia intensiva, a Matilde la sometieron a otra cirugía por cáncer de seno y a una de sus hijas…también.  Mientras tanto, los demás, tenían turnos para, de dos en dos, velar por sus padres y hermana.  Dormían en sillas playeras en el patio de la clínica, y los demás hacían el turno del día.  Vi a una familia solida y unida con lazos del amor verdadero y entonces, quise un poco más a Matilde, porque entendí, como recipiente de su amor, que ella es la clave esencial y principal de tanto amor.

           
Dada la vida tan dura que, a pesar de todo el amor que siempre la ha asistido, le ha tocado vivir, muere su compañero de vida, su esposo, su amigo.  Ahora le tocaba vivir con su ausencia y con el dolor que la acompaña perennemente al haber perdido a su hija María hace más de diez años atrás.  Tendría que llorar cuando no se estuviera sometiendo a radioterapia, porque eso era algo que no podía esperar.  Libraba resuelta a ganar, otra batalla contra el cáncer.

           
Nos comunicábamos por celular y los fines de semana que podía estar aquí.  Yo la sentía tranquila.  Era increíble ver su fortaleza.  No había excusas en este mundo para no lograrlo todo.  Ella era un ejemplo a seguir de temple y de amor.

           
Y entonces, en estas noches me llaman para decirme que le mataron a su hijo Ramón.  Le dieron un tiro por una riña sin sentido, en un país sin sentido donde la vida no vale nada.  Y yo te pregunto Dios, porque eres el único que me podría dar una respuesta… ¿por qué?


Duré toda esa noche pensando.  No me permitían llamarla porque en medio de la tragedia no se sabía cuánto le habían dicho y porque… ¿qué le puedo decir yo?, ¿qué explicación le puedo dar?, ¿cómo la ayudo?... ¡Dios mío!, ¿qué pasó aquí?... ¿por qué?

           
Tuve que decírselo entre lágrimas.  Le tuve que admitir que no puedo ayudarla en esta oportunidad porque no existe la manera para hacerlo.  Ojalá pudiera.  Lo único que me queda es llorar con ella en esta confusión, en este dolor, en esta rabia.  Como madre, no puedo sino imaginarme su dolor, y entonces grito porque sí yo, que soy más joven y tengo menos cicatrices, no sería capaz de soportar el dolor,  ¿cómo lo puede resistir ella que ya está tan débil? ¿QUE PASÓ contigo Dios?... ¿por qué? ¡Dime! para poder ayudarla a entender lo inexplicable.

           
Y, cuento con esa fortaleza que solo ella posee y con ese caudal de amor incondicional que corre por su ser para que la salve de esta.  No hay lecciones que aprender en esta situación.  Un grandísimo error de Dios nuestro señor.  Una metida de pata garrafal de la vida.  Algo que no se le hace una madre nunca… ¡nunca!

           
Mientras tanto, aquí estoy.  Sigo siendo tu prima, tu amiga, tu hija adoptiva.  Para bien y para mal.  Te extiendo mis brazos y mis lágrimas de solidaridad, en este caso, como madres que somos, pidiéndote que me pases un poco de tu dolor para sufrirlo yo por ti, ya que me parte el alma verte sufrir tanto.  Que vaina tan seria.  Te quiero tanto, tengo tantas ganas de ayudarte, y no puedo Matilde… no puedo.

 syepez@cantv.net



 

Increíble… dar… es recibir
Susana Yépez de Álvarez


06-12-2009

Durante esta época, me dejo envolver por las luces (uppsss…) y por la esperanza que se siente en el ambiente, pero también siento una gran nostalgia.  Más nostalgia que en otros momentos del año.  Me pongo muy sensible y sentimental.  Me hacen falta mis hermanos y sobrinos.  Ellos viven en otro país.  Me hace falta Rebequita, mi bebé chiquita, (aunque ya va a cumplir 12 años), que está con sus tíos este año, estudiando, conociendo su otro país y dándome todos los motivos del mundo para sentirme orgullosa.  Me hace falta mi mamá, la mujer que mas amé en este mundo.  Mi mejor amiga y mi mejor consejera, a quien perdí hace casi tres años. 

Cada vez que te veo sonreír, sonrió yo también… porque te amo.  De eso se trata la vida.  Me di cuenta, que es una negociación donde los dos ganamos.  Es recíproca la cosa.  Nadie pierde, y es tan bueno

En realidad es muy fácil hacerte sonreír.  Un buen cuento con detalles graciosos.  Comprarte unos zarcillos que están de moda. Gozar contigo la felicidad que se siente leer tu primer libro (¡que viva Doña Barbará!), arreglarte los lentes que soltaron la patita, porque tú crees que te los compré nuevos.

Hacerte sonreír es mi meta.  Es traerte los periódicos cuando no los esperabas porque me bajé en la panadería a comprarlos en pijamas y no me importó.  Es prepararte el atún adentro de un aguacate con lechuguita de dos colores para dejarte saber que sé que trabajas muy duro y lo aprecio, porque sé que aunque a mí no me gusta el atún (guacatela), a ti te encanta y estás en una honda de fitness.

Ser feliz es ver tu cara de sorpresa cuando te consigues con un regalo de mi parte.   No me costó una fortuna.  Una foto tuya, que por casualidad conseguí, donde clara y nítidamente se ve a Dios sonriendo y protegiéndote desde el cielo.  Tomarme el tiempo para escanearla, ir a la tienda, pedir que la impriman y buscarle un marco para poder así darte las gracias por tantas cosas, para que, a la final, me sienta yo, un poquito más feliz que tu.  Es mandarte una franela por correo, que sé me va a costar mucho más que la misma franela, porque la mandé a hacer especialmente para ti, porque tiene la foto de tu papá con los brazos abiertos, como tratando de abrazarte.  Un detalle  para darte aliento y dejarte saber que lo estás haciendo muy bien.  Eso es lo importante.  Detalles.  Y lo hago porque así me lo enseñaron.  Bastante he recibido para aprenderlo.  Pecado sería no pasarlo a aquellos que amo.

Tú me lo enseñaste.  Te doy un ejemplo.  ¿Recuerdas la vez que a mi amigo se lo llevaron preso por pendejo? No por criminal sino por pendejo.  Tú me dijiste lo siguiente cuando yo sentí miedo de tenderle la mano: “ve y ponte a su orden.  Para eso son los amigos.  No hay en este caso suficientes razónes para merecer estar preso y solo”.  Gracias a tus palabras, me envalentoné, preparé un plato de comida, me tragué el miedo que le tengo a los policías y logré que le pasaran a mi amigo un plato de comida bien presentado y una nota en la servilleta que decía “eres especial y de esta salimos juntos”.  Después de mucho tiempo, a un amigo tuyo le pasó lo mismo.  Sentiste miedo.  Llegaste inclusive a pensar que habías perdido a tu amigo. Tuve que recordarte la lección de vida que tú me habías enseñado años atrás.  Llamaste a tu amigo y le dijiste que los amigos son incondicionales en las buenas y en las malas.  Tu amigo lloró…y tu también.  Y hoy, después de tener casi un año, (de dos), preso, que lo vas a visitar, te pregunté si sería como en las películas, a través de un vidrio y con un teléfono.  Me dijiste que no.  Sería cada uno sentado en la punta de una mesa, sin contacto humano (no lo podrías abrazar).  Te pregunté si podías llevarle un regalo en esta época de navidad.  Me dijiste que no lo permitían, pero que tu amigo está tan emocionado con tu visita que te pidió llevaras suficientes monedas para poder comprar pedacitos de pizza que venden de una maquina que tienen para eventos importantes como este.  Y tú, tienes dos días manejando para ir a ver a tu amigo, y yo tengo dos días llorando.

Lloro porque la vida es un constante aprendizaje.  Por agradecimiento, porque cada vez que te veo sonreír, sonrió yo también… porque te amo.

syepez@cantv.net




Sin excusa

Por Susana Yépez de Álvarez

27-11-2009

Estoy horrorizada.  Ya que el estado de salud de mi señor padre estuvo en jaque por un tiempo y eso me asustó muchísimo, ahora tengo el hábito de ubicarme estratégicamente cerca de él siempre que estoy en la casa.  Y él, tiene el hábito de mantener el televisor a todo volumen, limitando su repertorio a dos canales: Globovisión y Venezolana de  Televisión.  He escuchado noticias y más noticias.  He llegado a escuchar la misma noticia… ¡hasta cinco veces! en un mismo día.

           
No hay café a menos a que quiera bajarse de la mula comprándolo en la calle a un señor que además de que se sube la franela para ventilar su barriga tiene varios tatuajes.  No hay azúcar.  Tenemos dos Centrales Azucareros en nuestro patio trasero y no hay azúcar.  El otro día peleé con mi marido porque trabaja en las cercanías de uno de estos Centrales y no trae azúcar.  Me dijo que NO HAY, “¿qué quieres que haga?”, “¡consíguela o me divorcio!”.  Ya se me pasaron los síntomas de la abstinencia.  Ya me acostumbré a la Splenda, que, aunque es más costosa, ¡se consigue!

           
Y ahora decidieron quitarme la luz los martes.  El único día que me escapo de las noticias, para ver un programa que solo lo pasan los martes a las 8 de la noche.  Es el único programa de televisión que espero para ver, que anhelo ver, que NECESITO ver.  Y entonces… a las seis en punto… ¡ puf! oscuridad total, y me dejan en perpetua angustia.  ¡¿Y si deciden no volverla a poner por tres horas?!... y mientras se acercan las ocho, mi angustia se acrecienta y comienzo a caminar por la casa llevándome por delante los muebles, o me arrodillo ante mi santuario para molestar a San Judas con tan pendeja petición, “por fa, por fa… déjame ver mi programa.  Es lo único que me calma el estrés, a pues…”  Y cuando llega la luz, justo a tiempo… ¡soy feliz!... y no pienso más en el futuro, hasta que vuelva a ser martes.

           
Aquí sucede lo inaudito y la vida, (incluyendo la mía), continúa.  Hay estudiantes durmiendo en la calle en huelga de hambre, y no importa.  Matan y secuestran a venezolanos a diario, pero eso es normal.  Tenemos índices de muertes violentas iguales o mayores a países que están en guerra, y no pasa nada.  Y la lista es larga…muy larga.


Chávez dice que todos somos iguales.  Socialistas.  Un hombre que es militar y que se rigió durante toda su carrera militar subiendo peldaños. Que comenzó como Soldado Raso y terminó como Teniente Coronel, a solo cinco peldaños del más alto rango como militar del ejército.  De “Nuevo” a “Teniente Coronel” escaló veintitantos peldaños, y cada peldaño lo colocaba como “inferior” a los que estaban por encima de él y como “superior” a los que estaban por debajo de él.  Así que… ¿todos iguales?…Imposible. ¡Socialista mi abuela! No me lo creo ni que me lo den con AZÚCAR.

           
Algo muy grave tuvieron que hacer nuestros antepasados en este país para que el resentimiento cabalgue tan campantemente por todo el territorio.  Para que nos permitamos convivir como lo estamos haciendo.  Para que todavía, existan señoras como la que, en estos días, en una tienda por departamento aquí en Carora, me llamara ignorante porque yo no quería ponerle luces a mi árbol de navidad si no lo podía prender en las noches.  De casualidad no escupió el piso por donde yo caminaba de lo brava que estaba, “¡Lo están haciendo en el mundo entero! Usted no sabe nada de nada.  ¡Es lo decente!  Póngale las luces a su árbol, pero no lo prenda… ¡IGNORANTE!”.  Así me dijo porque me escuchó preguntarle a la vendedora, en que, por fin, había quedado Chávez con respecto a las luces de navidad.

           
Si no salgo, no hay quien me salve del Ciudadano, del orangután de la Hojilla, o de la luz.  Si salgo, no hay quien me salve del tráfico, de la inseguridad, de la escasez o de los que están furiosos de amor por Chávez.

           
Y, mientras batallo con mi conciencia por no estar acompañando a aquellos que, en huelga de hambre, exigen la entrada al país de la Comisión de Derechos Humanos,  lo único que se me ocurre es pedirle a Dios que me ponga el programa que tanto me gusta siete días a la semana, varias veces al día… para no tener que pensar y pelear tanto con mi conciencia.  ¡Qué horror!

syepez@cantv.net




¡No está nevando en El Cardonalito!

Por Susana Yépez de Álvarez

22-11-2009

M
i hija mayor nació en el 93.  Cuando Chávez llegó al poder ella tenía 5 años.  Yo no voté por Chávez.  Nunca.  En ninguna de todas sus elecciones.  Y no voté por Chávez por varias razones, incluyendo las dos más importantes para mí: que trató de perpetrarse en el poder vía un muy violento golpe de estado, y, que es un militar.

           
No tengo nada contra los militares… bueno, si tengo algo en contra de los militares, pero respeto su decisión de ser militares si eso es lo que quieren hacer con su vida, y sé que hay excepciones en la forma de militares íntegros y decentes.  Es un rechazo personal a la filosofía, a ese estilo de vida, a ese trabajo, a las reglas por las cuales se rigen.  No comulgo en absoluto con el concepto y por ende lo rechazo. 

           
No creo en la guerra.  Me parece horrible.  No tiene sentido alguno.  Creo que todos deberíamos ser como Costa Rica, país que no tiene ni un solo estamento militar en todo su territorio nacional.  Paz y amor y diálogo.  El mundo de hoy sería tan diferente sin armas de destrucción masiva y sin un poco de hombres y algunas mujeres, generalmente jóvenes y repletos de hormonas, sin mucha visión de alternativas y futuro, que están listos para bombardear hasta niños dada la orden, (que tienen absolutamente prohibida cuestionar jamás), de un hombre (o mujer), igualito a ellos, pero con un poco mas de años en el mismo negocio.

           
Dicen, que cuando uno se forma una opinión y cree profundamente en ella, es muy difícil cambiarle su punto de vista.  Mi opinión en cuanto al mundo militar está requeté establecido. No convalido esa filosofía y nadie puede hacer nada para cambiar mi punto de vista.

           
Al poco tiempo de comenzar mi hija el colegio, comenzaron a impartir una materia que se llama Premilitar.  En esa época yo era una antichavista radical que sentía podía decir cualquier cosa por la prensa.  Aunque todavía soy radical, ya yo no hago eso… ni de vaina.  Y no lo hago porque la libertad de expresión, en cierta manera, si está cuarteada en Venezuela.  Me da terror escribir muchas de las cosas que veo y analizo, pienso y creo.  Tengo familia y temo por ellos y temo por mí.  Hasta aquí hemos llegado.  Pero en aquella época, cuando Chávez no estaba tan radical y agresivo como ahora, si grité a los cuatro vientos “¡El día que caiga nieve en El Cardonalito, permito que mi hija tome una clase que se llama Premilitar!”  Este año escolar, mi hija está en 4to año, y tiene que tomar, por obligación, la materia Premilitar, y no ha caído nieve en El Cardonalito, y mi palabra no vale medio… que decepción.

           
Todos los años, en Estados Unidos, se forman unos tremendos zaperocos cuando llega el momento en Biología de agarrar a un pobre sapo, clavarlo con chinches a una tabla y abrirlo con un bisturí, mientras que el pobre animal todavía está vivo. Algunos estudiantes, han ido a la corte porque se rehúsan a cometer este crimen.  Han ganado en la corte, y han pasado la materia investigando con libros sin tener que asesinar en nombre del aprendizaje.  Pero aquí en Venezuela, yo no puedo, sin que mi hija raspe la materia y baje significativamente su promedio, sacar a mi hija de una materia que no reconozco como necesaria para su formación académica, y que considero dañina para la salud mental no solo de mi familia, sino de la humanidad.

           
No es justo.  Es como si yo fuera católica y me obligaran a tomar clases de religión musulmana.  Es ceder a mis principios, y eso, además de que no me gusta nada… debilita mi alma. 


Mi única alternativa en este caso fue la siguiente: Le expliqué mi punto de vista a mi hija.  Ella está de acuerdo conmigo.  Le di mi permiso para colaborar en clases de Premilitar, mientras todo sea teoría.  Ella tiene la ventaja de entender que esta materia tiene dos caras totalmente opuestas, está ubicada en su posición al respecto y creo que el daño que esta teoría le puede causar es mínimo.


Cuando llegue la práctica, tiene mi permiso y apoyo incondicional a NO gritar palabras como Guerra, Patria, Socialismo o Muerte.  A no permitir que la castiguen (o disciplinen), como por ejemplo, haciéndola hacer 100 lagartijas, o darle 100 vueltas a la cancha bajo el ardiente sol, ni siquiera, a pararse como una estatua por ninguna cantidad de tiempo, bajo las órdenes del soldadito que esté impartiendo la materia.  Que le anuncie al experto en la materia, que citen a su representante y salga de la práctica sin dar explicación alguna.


Ella tiene mi bendición y respaldo para raspar la materia… por principio.  Le dije que para nosotras sería una razón para celebrar, y entiende que, aunque no es justo…si es correcto.     

           syepez@cantv.net



 

No quiero jugar… y punto
Por Susana Yépez de Álvarez


15-11-2009


Mamá!, viene Luis Fonsi! ¡Luis Fonsi!  y ¡Enrique Iglesias!... ¡MAMÁÁÁ!!.  Toda esta información, aparentemente importantísima, me la comunicaron mis dos hijas adolescentes, mientras yo me encontraba muy concentrada metiendo pastillitas en un pastillero súper cool que le compré a mi papá.  Estaba muy emocionada con mi nueva adquisición, porque es una caja larga con compartimientos individuales para los siete días de la semana, y de esa manera podía mantener mejor control de mi caos.

Resulta, que Luis Fonsi es lo máximo, y verlo en vivo sería algo así como que nos permitieran a Malena (la mamá de Milena) y a mí, sentarnos en un trono tal cual Misses Universos, mientras que Chayanne nos canta “Yo te amo”… ahhhh…


La plata escaseaba, pero Luis Fonsi es Luis Fonsi, y del hijo de Julio, (que pareciera tener serios problemas intestinales a la hora de cantar), ni hablar… “demasiado bello mamá.  ¡¡Me muero de la emoción!!”  Y mis dos hijas bailaban y cantaban y brincaban de la alegría, porque esta gente venía para Barquisimeto, y era un evento del Gobernador, y entonces no me costaría el riñón izquierdo y un ojo de la cara.  ¡¡¡Me muero chama… me MUERO!!!


Y en mi casa no se habló de otra cosa por semanas, hasta que dos días antes del concierto,  una de mis adolescentes me comunica que ella no va a ir al concierto porque tiene demasiados exámenes y va a estudiar.  Me dio lástima.  Yo, que generalmente aplaudo la responsabilidad y el esfuerzo, sentí un dolorcito por dentro.  “Anda.  No es lo mismo escucharlos por la radio que verlos en vivo.  ¿Te vas a perder al cantante constipado?”, le pregunté, y ella me contestó “Si mamá.  Tengo este examen y este otro.  Estoy siendo responsable.  Voy a vender mi entrada y punto”  No se lo peleé.  Respeté y admiré su decisión.  Me sentí orgullosa, y cuando la otra se fue para su concierto sin poder esconder su felicidad, yo traté de consentir a la que se quedó lo mejor que pude.


A los pocos días, llegó con su examen.  El examen por el cual no fue para el concierto del nuevo Chayanne que no es ningún Chayanne.  NO lo pasó.  No pasó un examen que estaba… ¡repitiendo!  Era la segunda vez que tomaba este examen.  Esta, ¡era la repetición del primero que tampoco pasó!  “¿Cuántos rasparon?” le pregunté con el corazón partido, “muchos mamá”, me dijo muy triste, “¿más de la mitad del salón?” pregunté, “ufffff”, me dijo y se fue para su cuarto.


Me pareció raro.  Además de la “curva”, otra cosa no me cuadraba.  Me puse a indagar.  Parece ser, que existe una ley o algo parecido a una ley (como si ahora nos rigiéramos por ellas), que dice, que si tantos alumnos no pasan un examen, tiene que haber una repetición.  Entonnncesss, o los cipotes sencillamente no estudian cómo deberían estudiar para el primer examen, o confabulan entre sí, para ir a repetición. 


Entiendo  que el profesor se molestó (¿quién no?), y decidió meterlos a todos en cintura en la repetición.  El trató de hacerle entender a estos mequetrefes, que la materia es importante, que él está explicándola, que es por su bien y que es un insulto a su persona y a su trabajo no poner atención y decidir ni intentar en el primer examen para ir a repetición porque así, todo es menos fastidioso.  El profesor se vengó con el propósito de enseñarles que el que manda en el salón de clases es él y punto.


Mi hija quiere a su profesor.  Dice que es bueno y que explica bien la materia.  Yo fui testigo del esfuerzo que ella hizo en el primer y en el segundo examen.  Esta materia le cuesta.  No recibió de mi parte ni un solo comentario negativo con respecto a sus dos exámenes raspados…porque la conozco y sé que trató.  Trató tanto que sacrificó no ir al concierto del siglo (¿?) por estudiar hasta con un tutor privado.  Para ella el golpe fue tan duro y tan inesperado, que decidió que ella no es lo suficientemente inteligente y punto, “entiéndelo mamá”. 


Y ahora, además de lidiar con el poco de pastillas de mi papá, tengo que hacerle entender a mi hija, que los profesores también tienen vida y problemas como todo el mundo.  Que es difícil trabajar con adolescentes que no te quieren parar porque están más ocupados mandándose mensajitos entre sí y viendo a ver como hacen para salirse con la suya.  Que esta vez ella pagó los platos rotos de una lucha por poder sin sentido entre el docente y algunos alumnos, pero que, “no soy lo suficientemente inteligente”, NO es una opción… y punto.


Este, no es un problema que existe única y exclusivamente en el pequeño rincón de mi mundo.  Es un problema a nivel nacional.  Esta supuesta ley está creando zánganos irrespetuosos y docentes que están hartos.  Un peligroso juego de “veamos quien gana aquí”, que afecta hasta los que no están jugando.  Las consecuencias pueden ser serias.  Yo hablo por mi hija, si, pero así como ella, sé que tienen que haber muchos más. Menos mal que a mi imitación de Enrique Iglesias no le gana nadie, y siempre, en medio de su tan pendeja derrota, logro hacerla sonreír.


¿Trato de llamar la atención de las autoridades que pueden y deben hacer algo al respecto?    Si lo hago… y punto.

syepez@cantv.net




San Judas Tadeo

 

Por Susana Yépez de Álvarez



08-11-2009

Nota: El artículo a continuación, lo escribí el miércoles 4/11/2009, en la mañana, antes de salir con mi papá hacia Barquisimeto. Cuando lo bajaban a quirófano, le entregué mi medallita de San Judas Tadeo a la doctora, y le pedí la tuviera cerca de mi papá durante el procedimiento. Hoy domingo, puedo decir, que la intervención dio resultados muy positivos, y, cuando lo subieron en camilla de nuevo a la habitación, él, todavía medio dormido, levantó su brazo para entregarme algo... ¡era la medallita!

Hay de todo en este mundo, y existen todo tipo de personas en él. Yo, que me considero sumamente cristiana, mas muy poco misera (¿será esto un oxímoron?), generalmente me la paso dándole gracias a Dios por todo, todos los días. Le doy gracias por la vida, por mis hijos, por mi casa, y entonces me pongo más específica, y le doy las gracias por la computadora, por el café que conseguí a un precio más que exagerado en la calle, y por el papel toilé que me aterra no llegar a tener algún día.


Trato muy poco de molestar. Sé que Él, está muy ocupado. Así que, cuando he estado en verdadero peligro, o necesito verdadera ayuda, me dirijo a San Judas Tadeo, Santo de mi devoción desde que soy adolescente.

Y en estos días me tocó molestarlo de nuevo, porque se trata de mi papá, y yo lo quiero y lo necesito. Necesitaba que San Judas estuviera presente en un cateterismo que le van a realizar, porque necesito que la intervención sea un éxito. Necesito que los doctores puedan reparar el daño por esa vía, y necesito que le protejan los riñones, hasta de él mismo, ya que es su peor enemigo cuando se trata de dieta.


Y en mi cuarto, mientras hacía las maletas que nos llevarían lejos de nuestro hogar, a un centro hospitalario (uy), a realizar el procedimiento adecuado, me volteé a mirar mi estatua de San Judas. El nicho de madera largó uno de sus clavos, y mi estatua cayó al suelo quebrándose en mil pedacitos frente a mis ojos, y aunque corrí a atajarla, no llegué a tiempo. San Judas se quebró a mis pies.


Decidí tomármelo con calma porque no tenía más remedio. San Judas me estaba diciendo que todo estaría bien, porque él agarraría lo malo. Lo recogí, lo guardé en una bufanda de seda de mi mamá y me fui para una tienda religiosa. “Vengo a buscar a San Judas Tadeo, él me está esperando”, le comuniqué a la vendedora que se me quedó mirando sin saber que contestar.

Antes de la intervención, teníamos que ir a ver al doctor que nos daría las recomendaciones para el cuidado de sus riñones. Mientras nos dirigíamos a su consultorio, le voy dando gracias a Dios que no estamos viviendo la historia de miles de venezolanos que tienen hasta dos años esperando ser atendidos en un hospital de Venezuela.


Pero cuando vienes de un doctor que se refiere al corazón de mi padre como “corazoncito”, a un doctor que le dice “¡mira viejo!, ¿aquí podemos hablar claro y raspao?, porque déjame decirte que la vaina está jodida”… wow… menos mal que mi mamá ya no está aquí, porque sí hubiese estado, yo hubiera salido de ese consultorio a millón y hubiera llegado a Carora corriendo en cuestión de minutos. ¿A dónde habrá estudiado este señor su humanismo? Sáquenme de aquí, ¡me quedo con el del corazoncito! Que horrible.


El Cardiólogo me había anunciado que este sería un viacrucis que nos tocaría hacer. Un viacrucis no debe ser fácil de recorrer. Pero fue allí, en el consultorio del Nefrólogo malasangre, que entendí lo que me había dicho. Okey. Fue un golpe duro, pero ya entendí, y estoy preparada.

Es difícil lidiar con gente, especialmente cuando todos estamos haciendo lo mismo… pidiendo ayuda. En el marco real del universo, mi papá y yo somos privilegiados. Estamos rodeados de profesionales: cariñosos y malasangres, pero ahí están, todos pendientes.

Una vez que el viacrucis comienza, tienes que terminarlo. Es necesario entender que se trata de tu padre, no del padre de ninguno de estos doctores, hay que saber agradecer la ayuda ofrecida, tender tu mano para recibirla, saber perdonar, apoyarte en tu grupo, y agarrarte bien duro del cogote de San Judas Tadeo.


No todo es malo. Es maluco, si. Hay cosas malas que te hacen sentir insignificante, pero también está aquel a quien le importas, aquel que quiere ayudar y lo hace sin mezquindad, aquel que reza por ti. La fuerza que todo eso te da, te muestra la otra cara de la moneda. Eres muy importante, y en el fondo de tu corazoncito sabes, que todo… va a salir bien.
 

syepez@cantv.net



 

¡¿Otra vez la vaina?!
Por Susana Yépez de Álvarez

01-11-2009

Hace muchos años atrás, a mi papá le hicieron un cateterismo en Ascardio.  Fue la vez que peleó con mi mamá, con Mariluz, con el Cabeza, conmigo y hasta con Chiquita, a quien dejó coja de la pata izquierda por el resto de sus días de la patada que le metió, porque la perra intentó  comerse la arepa que mi mamá desboronó y tiró al suelo para evitar que mi papá lo hiciera, sin lograr su cometido.  El viejo, en esa oportunidad se hartó su arepa, aunque en migajitas.


En ese entonces, el equipo de apoyo que se integró alrededor de mi papá era grande y organizado.  Bautizamos la Misión con el nombre, “Destapa la Artería” y fue un exitazo total.  Quedó como nuevo, y listo para seguir haciendo lo que siempre ha hecho… lo que le da la real gana.


Pero la noche que llegó prácticamente agarrándose de las paredes y me anunció “yo sé lo que digo, se me volvió a tapar la vaina”, quedé en shock total.  ¿Y ahora qué hago?, Comencé a correr por toda la casa.  ¡¡Mamaaaaaaaaaaaaaa!!,  ¡a mi papá se le volvió a tapar la vaina! ¡Auxilio! ¡La vaina se le tapó! ¡Otra vez!, y entonces  caí en cuenta, que mi mamá ya no está, ni mis hermanos, ni Mariluz, ni Chiquita tampoco.  Ay mamá… ¿y ahora… quién podrá defenderme?... ¡¡Ceeecilll!!


Después que me caminé la casa completa como doscientas cincuenta mil veces tratando de pensar, recordé que Rebeca mi hermana me había comentado en aquella oportunidad que tengo que ser totalmente objetiva y quitarme del alma la noción de que mi papá es inmortal e intocable.  “Piensa bien.  Pilas Susana… pilas”, me decía a mí misma.


Esa misma noche me senté a actualizar mi grupo de apoyo.  Cecil Álvarez, mi primo hermano lindo y bello tomaría el puesto de Rebeca como Jefe de la Misión.  Esta vez le cambiaría el nombre a la misión ya que la Junta Directiva sería otra.  Misión “Diablo Rojo”.  Me mantendría en contacto directo con mis hermanos vía telefónica, y reclutaría a varios primos hermanos.  Pensé en un perro, pero lo buscaría solo si era absolutamente necesario.


A lo mejor por no tener a quien llevarle la contraria (mi señora madre), mi papá decidió cooperar.  Fuimos al Cardiólogo.  No a la de Cabudare, por lo de “¡primero muerto en Carora que vivo en Cabudare!”, este Cardiólogo trabaja en Carora…y es buenmozo, tan buenmozo que mi papá, después de que el Doctor le hace como la tercera pregunta, me comenta, a todo volumen “¡este carajo si es fullero!... ¿ah?... ¡es fullero!”.  El Doctor escuchó esto, no me dio tiempo de comenzar a toser a todo pulmón y así lograr diluir un poco sus impertinencias.  Gracias a Dios, al Doctor le causó risa, no le paró e inmediatamente comenzó a trabajar para “compensarlo” antes de destapar nada.  Me doy cuenta, que esta vez, la cosa está un pelo más complicada porque hay que compensarlo.  ¿Compensar?... ¿QUÉ es esooo?... ¡Ceeecil!


Saco mi agenda, donde anoto todo, y comienzo a recibir las órdenes del Doctor, hasta que me doy cuenta de que, aunque mi papá está a mi lado,  el Doctor me habla es a mí.  Me sentí un poco mal. ¿Por qué el Doctor no le explica esto a mi papá?, me volteo a ver si está molesto porque no lo están tomando en cuenta como el Doctor que él también es (pero en Economía), y mi papá se me queda mirando unos segundos y después me dice, de nuevo a todo volumen, “¡¿Qué es lo que dice?!... ¡no escucho nada!... ¡estoy sordo!”.  Ay mamá, ¡Cecilll!


Después de varias semanas, estamos listos para la batalla.  Estamos en buenas manos y estoy tranquila…relativamente.  Mi grupo de apoyo, aunque diferente al anterior, es igual de numeroso, generoso e incondicional.  Mi papá no ha pedido la arepa todavía, me da la impresión que sin tener a mi mamá para molestar o a Chiquita para patear, no sería igual de divertida la vaina. 


El Cabeza ya está alertado.  El sigue ahí, a la orden y listo para tomar las riendas del volante.  Este grupo está totalmente preparado  para la acción.  ¿Una cañería tapada?...nojombre, eso no es nada para nosotros, después de todo, somos Yépez…YÉ-PEZ... ¡mas nada! (¿?).  Diablo Rojo con esa vaina.  Dentro de poco el viejo estará listo para seguir haciendo lo que le da la real gana.  Deséenos suerte, no estoy segura de él, pero yo, si la voy a necesitar. No es fácil… ¡oootro cateterismo más!...qué buena vaina… ¡Ceeecilll… vámonos! 

syepez@cantv.net




¿Me acompañas?

Por Susana Yépez de Álvarez

25-10-2009

Me monté en el carro.  Tenía varias diligencias que hacer.  Estaba en una honda de eficiencia… sabroso.  Prendo la radio.  Raro hoy en día lograr escuchar música en la radio, ahora es solo gente hablando pistoladas en pro o en contra de la revolución… más en pro que en contra.  Para mi asombro, una canción vieja, muy bonita, que me trae bellos recuerdos.  Le subo el volumen.

Se me atraviesa un carro a lo macho.  Me da tanta rabia.  Uno hace su cola como todo el mundo para que venga un “vivo” a montarse encima de la acera, casi que llevándose a la gente por delante, solo para lograr pasar dos carros más adelante que el tuyo.  Refunfuño, pero al ratico me estaciono todo eschoretada, (nunca he sido buena en eso de estacionarme paralelamente), frente a la óptica.

Antes de entrar, a ver si me pueden arreglar los lentes que mi hijo Luis Fernando quebró anoche en una pataleta, veo que viene una patrulla tipo pick up de la policía.  Atrás van cuatro hombres, se ven jóvenes, pero no les puedo ver los rostros porque los llevan tapados con sus franelas, vienen esposados a las barandas de la patrulla.  De golpe siento una gran tristeza.  Me dan lástima.  Siento que no es solamente culpa de ellos que ahora estén donde están.  La sociedad también es culpable.

Entro a la óptica, y me consigo con Adriana, la hermana de Milena.  Mientras me arreglan los lentes, Adriana me cuenta que leyó mi último artículo y no podía parar de reír pensando en el mostro de la laguna negra.  Y, esperando, nos reímos juntas, con el cuento de cómo yo, agarro el periódico cuando escribo, me meto en el baño, me siento totalmente vestida en la poceta, y trato de visualizar el lugar perfecto donde puedo  estratégicamente colocarlo, abierto justamente en la página adecuada, para que, cuando por circunstancias de la vida, mis hijas tengan que estar ahí por un tiempo, les llame la atención  ver mi artículo tirado en el piso y lo lean, ya que las muy condenadas solo lo hacen… ¡si yo las obligo!

Después de despedirnos paso por el banco.  No el banco donde me trataron mal.  Mi banco.  No hay cola (Gloria a Dios).  Escucho, sin querer queriendo, a la señora que está en la taquilla de al lado.  Ella necesita ayuda del cajero.  Solo sabe escribir “Tomasa”, su nombre.  Siento de nuevo una gran tristeza.

Arranco a ponerle tinta a los cartuchos de la impresora de la computadora porque después de varios meses es que caigo en cuenta, que si yo no lo hago… nadie lo hará.  Hay una larga cola en la angosta calle y no puedo salir de donde estoy estacionada hasta que alguien, muy generosamente, me da paso.  Más adelante, para pagar el favor, yo le doy paso a otro carro, solo que después de que ese carro pasa, tres más aprovechan y abusan, entre ellos una motocicleta con cuatro miembros de una misma familia… mas la comadre, creo.

Me paro en la Bolívar.  Quiero hacer a alguien feliz.  Es su cumpleaños.  Mientras me estoy bajando del carro, un hombre en una bicicleta me piropea.  Resulta y acontece, que esta “mami” tiene los ojos bellos.  No sé cómo me los pudo ver dado los inmensos lentes de sol que me los tapaba… pero de todos modos… gracias “papi”.

Compro el regalo.  Estoy contenta.  Me parece muy bonito.  Dejo los cartuchos cargando para que, con más tiempo me los recarguen con más cariño.  Ahora me dirijo a sacarle copia a la llave del candado que me protege por las noches.  Ayer no tuve suerte.  En tres diferentes lugares me dijeron que no se podía… tendría que comprar otro candado, pero no puedo, porque ese tipo de candado es demasiado carísimo.   Así que me dirijo a un lugar que me explicó Luis Oswaldo donde hacen llaves.  Consigo el lugar y me vuelvo a estacionar… mal.

Le explico al señor, quien trabaja desde su casa, a través de las gruesas rejas que ahora nos separan como hermanos, mi problema.  “Dicen que no se puede” le digo, y le paso el candado con la llave casi rota.  Mientras espero, me fijo en lo limpio que tiene su humilde hogar.  Tiene unos porrones con unas matas muy verdes y saludables adornando su piso de cemento cuidadosamente pulido.  Como a los dos minutos, se asoma con el candado en una mano y una llave totalmente nueva en la otra, y me afirma con una sonrisa “todo se puede”.  Me rio en mi asombro y para sorprenderlo, le pido que compre el periódico el domingo porque ahora, él es mi héroe y le voy a dedicar mi artículo.  En lo que le digo esto, aparece su señora esposa de yo no sé donde, y me dice “¡no me la pelo!  Siempre la leo”.  Después de pagar y de darle las gracias a tan bella pareja, con el corazón contento ya que la sorprendida fui yo, me meto de nuevo en el carro.

Me dirijo a echarle aire a los cuatro cauchos para no tener que seguir escuchando a Luis Oswaldo decirme que me voy a quedar espichada en medio de la calle… “y me vas a llamar para que te rescate y yo no tengo tiempo para esas pendejeras y… bla, bla, bla”.  Mientras que el señor le está echando aire a los cauchos, otro señor logra venderme unos libritos sobre los Estados de la República Bolivariana de Venezuela (¡¡parece que ahora son 24 los Estados!!), otro sobre los presidentes, y otro más sobre el cuerpo humano (en inglés y en español), y logra vendérmelos por tres razones: todavía no aprendo a decir “NO”, me gusta todo lo que sea educativo…y me dijo que parecía una modelo… que vaina tan seria.

Ya que mi carro está mirando en dirección al colegio, decido llegar hasta allá.  Le pido al vigilante que le entregue los libros a Eleana, que le encantan esas cosas como a mí, y le dé el regalo a Milena.  Nunca es demasiado temprano para  dar o recibir un regalo.

De regreso a casa, escucho un tamunange sabroso, (he tenido suerte con la radio el día de hoy), y le pongo tanto volumen, que no logro escuchar las cornetas y las mentadas de madre que me echaron  porque la luz se puso verde, pero yo no me di cuenta por estar bailando y mirando los diferentes grafitis que adornan las paredes de mi ciudad… uno más horroroso que el otro.

Mas tarde saldré de nuevo a la calle a buscar mis cartuchos de tinta.  Suena sencillo, pero en realidad no lo es… ¡hay una jungla allá afuera!... solo que de gente. Demasiado emocionante.

syepez@cantv.net




Yo tenía una luz…

Por Susana Yépez de Álvarez

18-10-2009

Luz.  Así se llamaba mi abuela. Luz de María, que nombre tan bonito.  Mi tía, la super fashion one, también se llama Luz.  También se llama Luz, la amiga que tan generosamente me envía muchos regalos para mi granja en facebook.

Luz tiene muchos significados, pero todos tienen que ver con “mirar y observar”.  “Estaba equivocado.  Mi vida era un desastre, hasta que vi la luz”.  Dicen, que cuando uno muere, quiere seguir la luz.  La luz te llama y tú te diriges hacia ella en total tranquilidad.

Aunque sigo siendo una persona nocturna, porque de esa manera, me molestan menos y puedo pensar más, me encanta la luz.  Todos los tipos de luz.  Pero la luz literal, aquella que hasta ignoramos, porque sencillamente es parte de nuestra vida, como lo es respirar, es la luz a la cual hoy alabo ante mi Dios Todopoderoso.  Gracias Dios por la luz que guía mi camino por las noches y permite que no me lleve los muebles por delante.  Gracias por la luz que mantiene mis alimentos en buen estado en la nevera que todavía no se me ha quemado por los apagones, por la luz que me permite ver Venevisión Plus (caca), por la luz gracias a la cual, hoy puedo escribir este artículo.

Cuando te quedas metida en el ascensor de la policlínica de Carora, que es bien chiquitico, preñada de nueve meses, porque se fue la luz, aprendes a apreciarla, a respetarla y a amarla con todo tu corazón mientras le caes a patadas a las puertas del ascensor pidiendo misericordia por tu alma y por el alma del ser que llevas en tus entrañas.

Y aunque eso fue hace mucho, mucho tiempo atrás,  y aunque definitivamente es un trauma difícil de superar…yo lo superé, porque el ser humano que está menos preparado para quedarse varado en la oscuridad, sin saber por cuanto tiempo, soy yo.  Tengo un solo velón en mi casa, y ese está designado única y exclusivamente para San Judas Tadeo, ya que es el único que realmente me ama y me comprende.

No estoy segura si están racionando la luz porque estamos en un régimen castrista, porque estamos preocupados por el calentamiento global, o si es porque el sistema eléctrico-enelbareño está en tan mal estado por falta de cobres y mantenimiento que llegó al llegadero.  Lo que si sé es ¡que ya está bueno pana!

No tengo la opción de cambiarme de monopolio, como puedo hacerlo, por ejemplo con Intercable, o hasta con CANTV, pasando de teléfono tradicional al puro celular.  No existe en la región un ENELBAÑO, o un ENELBOTIQUIN, ni siquiera hay un ENELPOSTE.  No tengo para donde coger.  Me la calo o me la calo, y entonces… ¿a quién le paso las facturas de los artefactos quemados dada la situación?, y no me digan que lleve la factura y una carta a Enelbar porque ya lo hice en el pasado y no funciona.  Por lo menos a mi mamá nunca le funcionó.  Y ella era super necia, y me hacía escribirle las cartas por computadora porque nunca aprendió a usar sino una máquina de escribir manual marca Olimpia del año de la Conchinchina y le daba pena entregarlas así.  Una docena de cartas llevé personalmente en esa oportunidad a Enelbar, hasta que decidí tirar la toalla, y yo…no tiro la toalla así no más.

¿A quién le paso la factura por la intimidación emocional que sufrió mi hijo pequeño al verse en la bañera en total oscuridad pensando que el monstro de la laguna negra se lo iba a comer? ¿No hay responsables en este país?  ¿Aquí uno paga por un servicio para que te quemen los artefactos eléctricos que tanto te costaron comprar y te traumaticen al muchacho psicológicamente?  Increíble.

Sí es cuestión de racionamiento, sea porque ahora el pueblo (no los gobernantes) tenemos que dárnoslas de socialistas o porque decidimos ahora ser gente decente y cuidar el ambiente cuando nuestra idea de reciclar es tirar el cuartico de jugo que nos acabamos de beber por la ventana del cuarto… ¡AVÍSENMOS carajo!, para poder así desenchufar los cuatro peroles que tenemos a nuestro nombre.  Publiquen lo siguiente: Se le notifica a la población más tolerante del mundo, que pueden ir desenchufándolo todo y prender las velitas, de 6 a 10 de la noche todos los miércoles, porque no tienen para donde coger y punto.  Es más, después de identificarse como empresa, yo finalizaría el mensaje de la siguiente manera: ¡JA… ja… ja!

Bueno, me voy para el comercial chino donde la señora me trató tan bien la última vez a buscar un poco de cariñó y un bojote de velas.  Buena suerte, y recuerde siempre, resguardar a sus pequeños del monstro de la oscuridad… bañándolo en una ponchera, atrás en el solar, en horas del mediodía. 

syepez@cantv.net




Sentido Común

Por Susana Yépez de Álvarez

11-10-2009

El banco es una institución que presta servicios.  Así como la CANTV, la farmacia o la bodega de la esquina.  En todas ellas, trabajan personas que están a disposición de sus clientes, y una excelente filosofía, sí quieres ser exitoso en tu negocio, es guiarte bajo el siguiente credo: “el cliente siempre tiene la razón”.  Este credo, hace sentir al cliente importante y querido, y se transforma de un cliente, a un cliente fiel.

Por alguna razón, eso no se ve en Venezuela muy a menudo.  Aquí tienes que hacer cola en la calle, en pleno sol, tragando humo tóxico del bueno, para pagar el teléfono.  Lo peor de todo es, que el venezolano cree en su corazón, que así es como nos deben tratar…y aguantamos…aguantamos colas, aguantamos malas caras, aguantamos que nos traten como si nos estuviesen haciendo un inmenso favor.  Somos tan tolerantes que somos pendejos. 

En estos días me tocó ir al banco.  No me gusta ir por las razones arriba mencionadas, pero no tenía más remedio.  Tenía que ir a cobrar un cheque que no llegaba ni a media canasta básica, pero me urgía cambiarlo de todos modos. 

Tenía problemas personales que me tenían tan angustiada que se me veía en los ojos.  Mis ojeras lo decían todo, aunque no me conocieras.  En mi apuro, con mi inmensa lista de cosas por hacer, busco mi cédula en la cartera…pero no consigo la bolivariana, republicana y chavista, consigo la vieja.  Llego a la taquilla, saludo a la cajera,  y le entrego el cheque y la cedula laminada vieja.  No me devolvió el saludo, pero si el cheque y la cedula.  “Esta cédula está vencida.  Nueva norma.  Sin cédula vigente no le puedo cobrar el cheque”.  En mi asombro, no le pude contestar sino “gracias”, pero antes de salir del banco derrotada, decido sentarme y tratar de buscar más tranquila, la cédula bolivariana.


Mientras buscaba, también pude reflexionar un poco acerca de lo que me acaba de pasar, acerca de la tolerancia, acerca de la solidaridad.  Me levanto y me dirijo a un escritorio donde una especie de “jefa” habla con sus clientes.  Espero poder interrumpir, y le explico que no tengo la cédula bolivariana, le muestro la cédula vieja y le digo que necesito, me urge, cobrar ese cheque “¿sirve sí le traigo mi pasaporte?”.  Ella no tiene idea, y después de hacerme esperar un rato más, llama a la Sub Gerente por teléfono interno.  Deciden que, como mi cheque no tiene el sello de “no endosable”, yo puedo buscar a algún conocido con cédula de la buena, y meterlo en el banco para que firme el cheque por detrás, haga la cola y lo cobre por mí.   Le digo que no voy a hacer eso.  “¡Ah bueno! Entonces tiene que esperar para hablar con la Sub Gerente”.  Me siento a esperar… de nuevo.


Cuando la Sub Gerente llega a su oficina, vuelvo a explicar mi situación.  Le enseño la cédula vieja y le pregunto si  busco mi pasaporte en la casa.  Mirándome despectivamente (y lo digo sin que me quede nada por dentro), volteó el cheque y con su firma autorizó me lo cobraran, y con la misma mirada me dijo “le aconsejo una cosa.  Sáquese la cédula”.  Salí de su oficina.  Volví a hacer la cola.  Volví a caer en la misma taquilla con la misma mujer que me atendió la primera vez.  Le volví a entregar el
mismo cheque y la misma cédula vieja. 


Salí del banco con mí dinero. La cédula bolivariana, la cual encontré cuando me senté a revisar bien la cartera, la mantuve guardada en el bolsillo de atrás de mi  pantalón… por principio.


Había salido muy triste de ese banco.  Totalmente desilusionada.  Yo jamás hubiera tenido el corazón de tratar a otra persona así.  Mi mamá siempre me dijo que eso no se hace.  “Usa tu sentido común y ayuda siempre que puedas.  No pierdes absolutamente nada en hacerlo, y te hará sentir bien”.  Sentí una gran desesperanza… la humanidad estaba perdiendo el sentido de fraternidad… algo sumamente grave.


Me dirigí para un comercial chino a comprar unas cosas.  Saludé a la señora cuando entré, agarré mi carrito y busqué lo que necesitaba.  Cuando terminé de pagar y me disponía a salir, la señora, con una bella sonrisa en el rostro, me dijo “tienes ojeras.  Te ves cansada.  Ten.  Está muy dulce y es bueno para ti” y me regaló un durazno frio, de un color muy bello.  Se lo agradecí dándole un fuerte abrazo frente a los demás clientes, y ya manejando de regreso a la casa, lloré de alivio. Todavía… hay esperanzas.


syepez@cantv.net




Porque tú eres importante

Por Susana Yépez de Álvarez

04-10-2009

En estos días me invitaron a un programa de radio.  No me gusta mucho hablar.  Prefiero mil millones de veces escribir.  Me da la oportunidad de pensar antes de decir algo.  Pero tengo que admitir que fue muy agradable escuchar las llamadas y los mensajes de textos de personas que se tomaron el tiempo y el cariño de llamar y escribir para decir cosas hermosas.  A algunas de esas personas les supliqué que llamaran, a otras las amenacé con no darles más comida (a mis hijas), pero otras me agarraron de sorpresa, porque no las conocía.  Gracias.
 

Casi al final del programa, me piden que de un mensaje a las mujeres caroreñas.  Y aunque ya no estaba tan nerviosa como al principio, mi incapacidad de reaccionar en el momento, no me permitió dar el mensaje que hoy quiero darle a quien esté interesada en escucharme.  Tengo días reflexionando y meditándolo, y a lo mejor, le sirve a alguien.  Ojalá.
 

Me dirijo a la juventud porque vivo entre la juventud.  Tengo hijas que apenas comienzan etapas muy importantes que les marcarán el resto de sus vidas.  La adolescencia es vital.  Es aquí donde es importante decidir qué vas a hacer con tu vida antes de que otros lo hagan por ti.
 

Número Uno: Tienes que estudiar.  Tienes que estudiar porque los estudios te dan la herramienta necesaria para poder ver mejor tus alternativas.  Además, te da una carta que puedes guardar bajo tu manga, y mientras más cartas tengas bajo tu manga más seguridad en ti misma tendrás. 
 

Número Dos: Tienes que leer.  Leer es importante.  No todo puede ser internet, el celular y la televisión.  Tienes que leer libros.  No importa qué clase de libro leas, todos tenemos diferentes gustos.  Lo importante es, que cuando lees, se activa tu creatividad, porque te imaginas a los personajes y las situaciones, con escenarios y todo, y además, aprendes a redactar, a resumir, a captar información importante.  Esto es vital, si no quieres vivir en la luna.
 

Número Tres: Sería muy bueno, excelente, saber lo que quieres estudiar en la universidad antes de entrar en ella.  No es vital como leer, pero si te daría una gran ventaja.  Estoy asumiendo que piensas estudiar en la universidad porque entiendes la importancia de la regla número uno, o sea,  alternativas, seguridad, independencia.  ¿Qué te llama la atención?, ¿Qué te gustaría hacer por el resto de tu vida?, hazte estas preguntas y comienza a buscar información.  Existen miles de carreras, existen carreras que son nuevas.  Yo nunca había escuchado hablar de Meca trónica hasta hace un par de años.  Investiga, lee, decide.  Siempre puedes cambiar de opinión.  Pero si no tienes ni idea, la universidad se puede convertir en un calvario en vez de tu salvación, y tienes que llegar a verla como tu salvación.
 

Número Cuatro: Los novios.  Ay mamá.  Okey, yo también fui adolescente.  Tener un novio te hace sentir chévere.  Pero recuerda: Si tú no te respetas a ti misma, nadie te respetará.  Y lo que dice Ricardo Arjona en su canción “Dime que No”, es completa y totalmente cierto.  Si dices que si de una vez, no solo tu novio no te va a respetar, sino que va a regar la voz a todos sus amigos y echar el cuento.  Horrible, pero cierto.  Los varones, todos, de todas las edades, pero especialmente los adolescentes, piensan en una sola cosa…en como agarrarte, aunque te quieran y te amen.  Eso no los hace mala gente, sencillamente los hace lo que son…hombres.  No es malo hacerlos sufrir.  No se van a morir por eso, pero si te van a respetar.  Ya mayor, entenderás mejor este punto.  Mientras tanto créeme.  Ten tu novio si de verdad te gusta. Exígele respeto en todo momento.  Y si un día, por cualquier razón, te deja de gustar, sal de él.  Así no estarás comprometida cuando te llegué tu verdadero príncipe azul.
 

Número Cinco: Independencia.  Esto se logra gracias a los puntos anteriores.  Averigua que quieres  estudiar y estúdialo.  Sé buena en lo que te gusta para que no tengas que sufrir trabajando.  Hazte imprescindible en tu trabajo.  Que no puedan vivir sin ti.  Gánate tus propios cobres, no te imaginas lo sabroso que eso se siente.  Eres dueña de tu vida.  Si te da la real gana, te puedes comprar ese par de zapatos caros que viste en el Sambil de Barquisimeto.  Tus padres no están ahí para mantenerte por el resto de tu vida.  Vela por ti, porque eres la más apropiada para hacerlo.  Nadie lo va a hacer mejor que tu, porque todo el mundo tiene sus propios problemas.  Asegúrate que te puedas mantener tu sola, y si te puedes mantener bien…mejor.  Puedes viajar y conocer lugares exóticos y diferentes.  Puedes decidirte a hacer un post grado en otro país.  Puedes comenzar tu propio negocio.  Las alternativas no tendrían límites.  A buena emoción.   No es tan difícil.  Si se puede. 
 

Número Seis: Ya para esta etapa de tu vida, eres una mujer hecha y derecha.  ¿Quieres compartir tu vida?, ¿casarte?, ¿tener hijos?, sería lo lógico.  Serías una compañera extraordinaria y una madre maravillosa.  Tendrías las herramientas para serlo.  Serias un modelo a seguir para tus hijos, y un semejante en los ojos de tu esposo.  Serías una ciudadana consciente que puede aportar a su sociedad.  Guao.  Na´ guará.  Mejor no se puede.
 

Para asustarte un poco y animarte a ponerme cuidado, te doy una breve lista de las alternativas.  Saltas de novio en novio y te jamoneas con todos…eres fácil…échale pichón.  Una mala reputación es muy, muy difícil de sacudirse.  Sacas malas notas en el colegio…no te importa nada porque eres medio tarada, una pobrecita.  Sales preñada sin estudiar…prácticamente, hasta aquí te trajo el río, a depender de un hombre por el resto de tus días, y tus hijos, tendrán muy poco en que fijar sus propias aspiraciones.

Comienza a rodar una bola de nieve, difícil de detener.  Siempre existen las excepciones, pero no vale la pena aprender a los tanganazos si puedes evitarlo.  ¿Sabes que es maluco?, tener que depender y tener que pedirle a un hombre plata, hasta para comprarte un par de alpargatas. ¿Suena bueno?... ¿verdad que no?  ¿Te recuerda a alguien?... ¿verdad que si?

Ese es el verdadero mensaje que quería dar cuando me lo pidieron en la radio ese día.  Un poco largo el mensaje, lo sé, pero el tema es complicado y sumamente importante.  ¿Estoy equivocada?...yo no creo… ¿y tú?

syepez@cantv.net



 

Yo seré tu “JOMBRE”
Por Susana Yépez de Álvarez

20-09-2009

Yo tengo una amiga.  Ella se llama Julieta.  Aunque Julieta es hija de mamá y papá, ellos son del campo y la educación de Julieta vino más del hogar que de la escuela.  Tiene muchos hermanos y hermanas, son una familia unida que se apoyan y se cuidan los unos a los otros con las herramientas que tienen.  Gente humilde y buena.


Julieta ha trabajado conmigo desde que llegué a Carora.  Justo cuando me comencé a preguntar si Julieta se casaría (ya tenía veintipicote de años), si querría tener hijos, pero con miedo a meterme por no parecer metida, me comunicó que estaba embarazada.  Sin casarse, sin mudarse de la casa de su mamá, sin vivir con el hombre.


Yo no soy pendeja.  Yo sé que esto sucede todos los días del mundo, pero Julieta es mi amiga y yo me preocupo.  “No se preocupe”, me aseguró, “mi hombre es bueno.  Tiene educación.  Es leído.  Trabaja.  Se va a ocupar de los dos. Se quiere casar porque es viudo.  La que no quiere soy yo. Todo va a estar bien.  A mi hijo no le va a faltar nada, porque él me lo aseguró”.


Después de investigar por mi cuenta un poco, me entero que efectivamente el hombre es estudiado (de universidad y todo).  Trabaja para una empresa.  Tiene buen sueldo. Le gusta leer libros.


Manuela, el hija de Julieta, ya tiene 3 años.  Resultó ser una bendición para todos los que la conocemos.  Y al principio, es verdad, el hombre se ocupó de todo. De su apellido, de su alimentación, de su salud… hasta que aburrió a Julieta, o revivió su supuesta esposa muerta, o apareció otra Julieta en el panorama.


Manuela se la pasa en mi casa con su mamá.  En estos días estuvo enferma y Julieta me trajo los exámenes de laboratorio para ver si yo sabía lo que tenía.  Los valores estaban alterados, pero en realidad, yo no tenía idea.  Tendría que llevarla al médico.  “¿Quién pagó estos exámenes?”, le pregunté, “yo”, me contestó ella.  “¿Quién pagará la consulta médica?” le pregunté, “yo” me contestó ella.  De un año para acá, Julieta no sabe nada del supuesto hombre que prometió cuidarlas por el resto de sus vidas.  Es más, cuando lo ve en la calle, él se voltea haciéndose el loco.


Ella, sola, no tiene los recursos para cuidar a esta niña como Dios manda.  Cuenta con una numerosa familia y con un trabajo (mientras yo esté aquí), para ayudarla, pero eso no quita, que me saca la piedra, que un “hombre”, así como lo escribí, entre comillas, se lave las manos un día y decida que él no va a seguir siendo el padre de esta niña. 


Cuando uno ve el nivel de educación de la mayoría de los venezolanos.  Cuando uno entiende que la sociedad está desmoronada por la falta de principios, ética y educación que NO se están impartiendo en la familia, dando como resultado a un poco de malandros, madres adolescentes y niños maltratados, uno se lo achaca a la sociedad y a sus fallas y trata de trabajar para solucionar eso.


Pero, cuando yo veo a un tipo, que se las da de “hombre”, de caballero y de profesional, que miente para encantar a una muchacha humilde, preñarla y luego tirarla a ella y a su hija al abandono, entonces deduzco que este “hombre” es un cobarde y un farsante.  Otro malandro más, una total lacra, que debería agarrar sus libros  y metérselos por donde el sol no brilla por irresponsable, hipócrita y egoísta.


El no es el único.  Esta raza de hombre, peor que aquellos que no tuvieron el privilegio de una crianza como Dios manda, es peor.  Los otros son víctimas de sus circunstancias.  Pero estas ratas, saben exactamente lo que están haciendo. Entienden las consecuencias de sus actos, y así y todo…les importa un comino.  Caca.  Que Dios se apiade de su alma, porque si es por mí, se pueden freír en el infierno.

syepez@cantv.net



 

Homero Álvarez Perera… nuestro Dios
Por Susana Yépez de Álvarez


06-09-2009

Una vez escuché a mi señora madre decir, que a ella le gustaba creer en aquello que podía ver y comprobar.  Era por eso que a veces, cuestionaba la existencia de Dios.  Con Homero, la cosa era muy diferente.  A él, lo podía ver, escuchar y abrazar.  Ella creía en Homero, y para ella, él era un Dios.

Y fue así como nos lo presentó a sus hijos, y fue así como lo quisimos…como un Dios. Perfecto y todo poderoso.

Esta es, sin duda alguna, una tragedia totalmente inesperada.  Después de todo, siempre creímos que él…es JOVEN.  Para mí, es inmortal, y me convenceré que todavía está aquí, para poder así sobrellevar el terrible dolor que se siente entender, que se me fue. 

En su eterna juventud no solo fue mi médico, sino mi amigo.  Un amigo original, único e incondicional.  Lo amé y lo idolatré durante los 42 años que tengo de vida, y lo seguiré amando por el resto de mi vida.  Un verdadero prestigio.  Una inspiración.  Un regalo de Dios.

Ante la noticia de su muerte, mientras lloraba sin poder detener mis lágrimas de asombro y de dolor, recordé a Elvira y a mi mamá.  ¿Será posible que la tristeza de unos sea la felicidad de otros?... ¿estarán su esposa y su fan numero uno celebrando junto a él su llegada?... ojalá y así sea…


DISCURSO DE ELEANOR HOUSER DE YEPEZ EN EL CUMPLEAÑOS NUMERO 80 DE HOMERO ALVAREZ PERERA


"Buenas tardes amigas y amigos, todos los reunidos aquí con el solo motivo de decirle al Doctor Homero: Feliz cumpleaños, te queremos mucho.


El otro día, Orlando Álvarez se presentó en la casa y me dijo que yo tenía que echar un discurso. Después me mandó a decir Adolfo lo mismo.  Yo no sé porque me mandaron a mí.  Hubieran escogido a alguien que sabe de discursos, que no tiene acento, que ha conocido a Homero desde su infancia.  Pero donde mandan Orlando y Adolfo, yo soy marinera.  Puede ser que escogieron bien, pues sería difícil conseguir a alguien que le tenga más admiración, respeto, fe y cariño que yo.  Será por esto que me encuentro aquí con este mandato que me llena de humilde orgullo.


No voy a echar cuentos de Homero.  Cada persona aquí tiene una colección.  Yo misma podría echar varios.  Deberíamos más bien hacer una competencia, cobrar entradas, donar la plata a la Casa de la Cultura, recopilar los mejores cuentos de homero y publican libro.


Pero creo que no me aguanto.  Voy a echar un pequeño cuento.  Más bien un chisme.  Una vez, hace como 35 años, un grupo de jóvenes madres, estábamos hablando de los hombres.  No voy a decir quiénes estaban, a lo mejor ellas mismas ni se acuerdan.  Cada una hizo una lista de cual hombre caroreño era el más inteligente, el más buen mozo, el más atento, etcétera.  En cada lista apareció el nombre de Homero como ¨El hombre más sexy de Carora¨.


¿Qué explicación tiene esa gran coincidencia?  Homero no es Robert Redford, ni Andy García ni Cesar Romero.  No es alto, elegante, galán o romántico.  No sé.  Le hubiéramos preguntado a Elvira, pero con nosotras era gritón y brusco; con un dedo peludo y un ojo que de pronto se iba pal´ cipote.  Un día me botó del consultorio a empujones mientras me llamaba ¨ésta condenada musiua¨.


Pero todas habíamos tenido un muchacho muy enfermo.  Estuvimos mortificadas, petrificadas del terror, y cuando por fin – y siempre era POR FIN – llegaba Homero, se calmaban los nervios.  El muchacho tuviera algo serio o no; si era serio él sabía qué hacer y si no era serio, también.  Homero siempre sabe que hacer: POR FIN alguien que sabe que hacer.  Para nosotras es LINDO.


Homero no es un sustantivo, un nombre propio o común; es más bien un verbo: ser, estar, bailar, actuar, hacer: en el hospital, en el consultorio, en el teatro, en las fiestas.  Cuando lo operaron hace unos años, lo encontramos en la clínica con su cama full de libros y papeles: investigando.  Si uno no sabe algo – lo tiene que saber.


Desde 1959 conozco a Homero Álvarez.  El tenía 38 años.  Pollito.  Ahora Homero está entrando a su noventa década y todavía los hábitos son difíciles de romper.  Cuando le pasa algo a Fernando (que ya tiene 44 años), a Rebeca o a Susana, ¡a Nano!, o a los nietos, todavía pelo por el teléfono ¨ ¿A dónde estará Homero? Él sabrá que hacer¨.


A Orlando y a Adolfo les doy las gracias por haberme dado esta oportunidad de expresar mi gratitud a Homero.  No creo que esté hablando sola.  Esta vez hablo con la voz de muchas madres.


Feliz cumpleaños Homero, y que sigas bailando para siempre.

Eleanor Yépez" 

syepez@cantv.net




Cuento con eso
Por Susana Yépez de Álvarez

30-08-2009

Hablo de esto, porque acabo de ver un programa de televisión llamado “Justicia Ciega”, que me gusta mucho, en el canal 49, FOX, que reavivó muchas emociones que me tocaron vivir.

Desde muy jóvenes, mis hermanos y yo conocíamos muy bien los sentimientos que acompañaban a mi mamá con relación a la vida y a la muerte. Una mujer tan fuerte y tan sensible a la vez, que amaba sin condición alguna a todos sus semejantes, le tenía terror a una cosa: Depender de otros.  Esa dependencia podía ser económica o física.  No lo soportaría.  Tener que pedirle dinero a un hijo para su supervivencia sería algo vergonzoso.  Depender de alguien que la ayudara a bañarse, también lo sería. 

En Estados Unidos, donde es legal, frente a testigos, firmó un documento donde pedía no ser conectada a ningún tipo de equipo médico que la mantendría viva, y más de una vez nos amenazó a mis hermanos y a mí con embromarnos si la dejábamos sufrir en manos de los médicos si el pronóstico final era que ella no podría cuidarse sola.

Nosotros sabíamos esto.  La conocíamos muy bien.  Entendíamos que se trataba de su dignidad humana, y sin decir más que, “cuenta con eso”,  le garantizamos nuestro respeto a sus deseos, mientras que, a la misma vez, rogábamos a Dios cumplírselos.  La vieja… era arrecha.

En realidad, tuve la fortuna de no verla desintegrante ante mis ojos lentamente.  Esa situación, estoy segura, hubiese sido mucho mas dificil y dolorosa para todos.  Pero, como humanos que somos, desconocemos las enfermedades y la muerte.  Si hay una oportunidad de pensar y creer, que haciendo esto y esto otro se pudiera salvar, y con el favor de Dios ser, quien en el pasado fue, por lo menos yo, lo hubiese intentado todo.  Lo hubiese hecho con las intenciones más nobles del mundo y egoístas también… después de todo se trataba de mi mami, y además, ¿cómo podría vivir conmigo misma si no lo hubiese intentado todo para sanarla?.  Es fuerte…

Cuando mi mamá se enfermó, mis hermanos no estaban conmigo.  Y, aunque teorías iban y venían en nuestras constantes conversaciones acerca de lo que tenía, y de cuáles serían las consecuencias, jamás nos imaginamos el final.  Siempre contamos con su fortaleza y nos aferramos a la idea de “salir de esta”.  Ese final llegó como un relámpago inesperado para todos.

Por la rapidez del deterioro causado por un infarto, con su cartera en mis manos y en total estado de shock ante una situación abismal y demasiado dolorosa, recordé el documento que muchos años atrás, ella había firmado.  Busqué en su monedero y conseguí la tarjeta que la hacía miembro de la asociación que la apoyaba en su decisión de  morir con dignidad, si su vida útil había muerto en vida.

Corriendo busqué al doctor y le reclamé me diera en el acto un pronóstico claro y directo.  Este no era bueno.  La habían resucitado ya una vez y su cerebro no sería el mismo…estaba dañado.  En el mejor de los casos, si sobrevivía, necesitaría asistencia por el resto de sus días.  Muy probablemente habría que entubarla.

Me encontré en un callejón sin salida.  La  decisión que ella, ya había tomado sola, hace tanto tiempo atrás, ahora estaba en mis manos. No tenía tiempo para llamar a mis hermanos ni para hablar con mi papá, él estaba destrozado y confundido.  “No la entubes.  Aquí tengo el documento firmado por ella.  Se trata de la ley en su país natal.  Son las órdenes que nos dejó a aquellos que la queremos.  Déjala ir en paz.  No hagas nada más”

Yo tuve suerte.  Pude ser abrazada por ella.  Pude mirarla a los ojos y entender que había llegado el momento de pelear por ella y por sus derechos.  Pude despedirme de ella, y ella se pudo despedir de mí.  Y, con un dolor que nunca antes había experimentado mi cuerpo y mi alma, pero sin titubeos, sus órdenes fueron cumplidas.

Hoy, pido lo mismo para mí.  Le aseguro a aquellos que amo, que es lo que quiero y deseo.  Quiero valerme por mi misma.  No quiero soportar el dolor, en todos sus sentidos, si el pronóstico es que sufriré el resto de mis días asistida para poder así… vivir muerta.  Ojalá y nunca tenga que ponerlos en esa situación, pero si sucede, confío en que tomen el control,  y por amor… hagan lo correcto.

syepez@cantv.net




Me puedo poner en tus zapatos
Por Susana Yépez de Álvarez

23-08-2009

La vida me ha demostrado, una y otra vez, lo egoísta que en realidad somos.  No me excluyo en absoluto. Cada quien está ocupado pensando en sus problemas, en cómo solucionarlos y en cómo ser feliz… yo… yo… yo.

       
A veces, esa actitud que está incrustada en nuestro subconsciente, nos impide ponernos en otros zapatos para poder así ver y sentir un poco la situación de los demás.  Suficiente tenemos con la nuestra y muy especialmente si ni te conozco.


Hace mucho tiempo atrás, en un artículo, había mencionado que mi hijo, que ahora tiene 5 años, camina con las puntas de los pies.

         
Fue así como terminé en el CDI de Barrio Nuevo con Luis Fernando, cuando tenía 3 años.  Literalmente temblando y admitiéndome a mi misma que el amor de una madre no tiene límites, frente a un enorme afiche de Fidel y Chávez abrazados, di la información que pedían del paciente y de mí.

         
Pero durante estas vacaciones escolares, entendí, que mi hijo que ya tiene cinco años, y que podía caminar, saltar y correr en puntitas por largas distancias, lamentablemente no estaba mejorando y sus pequeños pies estaban sufriendo, ya que la parte del talón estaba quedando pequeña al compararla con los dedos de los pies. Me fui de nuevo al doctor.  Sería un procedimiento quirúrgico que lo dejaría enyesado desde las rodillas hasta los dedos de los pies por seis semanas.  “Aquí tienes la orden para todos los exámenes preoperatorios, habla con tu seguro, aquí tienes el informe médico, me llamas cuando tengas la carta aval y consigue una silla de ruedas…la  vas a necesitar”.  Por su bien, con el corazón en la mano…Me puse a trabajar.

         
Lo que más me costó conseguir fue una silla de ruedas.  No quería comprarla, son extremadamente costosas y la necesitaba solo por un par de meses.  Alquilarla me resultó imposible.  No la tenían en Locatel, ni en un lugar especializado en aparatos médicos en Carora.  Mandé mensajes de texto a todos mis contactos. 

         
La mayoría de las personas que contestaron, querían ayudarme pero no sabían como.  Entonces respondió mi alumna y amiga que trabaja en la Alcaldía.  En la Fundación del Niño había un coche-silla de ruedas que me podría servir. 

       
Le tuve que admitir a mi amiga que si ponían mi nombre o mi cedula en una computadora del gobierno, esta, podría estallar, pero ella, muerta de risa me pidió que organizara una carpeta con toda la información y la llevara a la Fundación.  Así lo hice.

         
La Primera Dama me entregó en comodato, por un año, después de firmar unos documentos, una silla de ruedas usada.  Solo necesité lavarla y ponerle cauchos nuevos, cosa que hice en el acto.

         
Cuando llegué a la casa con mi hijo enyesado y lo senté en la silla, ésta, le quedaba justa y perfecta.  Mandada a hacer. Su vida, por las próximas seis semanas será más cómoda gracias a esa silla y a la ayuda de estas personas.


No estoy segura si se trata de política, pero en realidad no lo creo.  Esta vez pienso que se trata de naturaleza humana…de la buena.  Una mano amiga.  La verdadera manera de cómo todos deberíamos ayudarnos los unos a los otros. 


Espero pronto poder regresar la silla de ruedas en optimas condiciones, para que le pueda ser tan útil a otro niño como le fue al mío, y con un poquito más de fe en mi prójimo, y una buena lección de vida, paseo a mi niño y sonrío mientras que él…me echa un cuento.
 

syepez@cantv.net




Así de Sencillo

Por Susana Yépez de Álvarez

16-08-2009

Durante los últimos meses no he estado ausente.  Siempre he estado aquí, lidiando con el día a día, organizando mis pensamientos y sentimientos, reorganizando mis prioridades, visualizando mis alternativas… tomando decisiones.

         
Han sido meses muy largos y muy duros.  He vivido el secuestro de familiares y amigos.  Me he dejado arrastrar por la angustia de la incertidumbre.  He llorado en la soledad de la noche arrodillada ante mi impotencia.  He sentido el horror de tener que reconocer que mi país dejó de ser el país que me pertenece y me protege.


No permito ante ninguna circunstancia que mis hijos salgan a la calle solos, por temor a que cualquier cosa les suceda… cualquier cosa.  Vivimos en un país sin leyes. 

         
Dejé de escribir por miedo, por desidia, por depresión.  Dejé de escribir porque la YO ocurrente, que podía verle el humor a cualquier cosa ya no podía reír mas ante una situación que me revuelve el estómago.  Además, estaba ocupada.  Como madre tenía que pensar en una solución. 

         
Buscar esta solución era poder trasladar mis pensamientos y ver a mi familia en los diferentes escenarios que por fortuna puedo darme el lujo de imaginar, pero que, a la misma vez, debilitaba mi alma.  Después de todo soy venezolana, vivo en Carora.  Aquí me casé, crié a mi familia, convivo con mi comunidad, tengo mi núcleo de apoyo.

         
No soy una mujer rica en el sentido material de las cosas.  Tengo una educación que me ha permitido, junto a mi marido, mantener a nuestros hijos.  Pagamos su techo, su educación, su alimentación y su esparcimiento.  Ha sido difícil cuadrar las cuentas, pero con sacrificios lo hemos logrado. 

         
No me interesa la ropa de moda, ni el maquillaje de marca, ni siquiera la peluquería.  Dame un blue jean, una franela y unos zapatos de goma y estoy tranquila. 

         
Tengo cuatro hijos.  No les dejaremos una fortuna al morir… no la tenemos.  Solo pretendemos dejarles la mejor educación posible.  Las herramientas para que ellos marquen su propio destino.

         
Me tocó reconocer lo que ya desde hace tiempo sabía.  En Venezuela, no puedo garantizarles la mejor educación posible.  No puedo ni siquiera garantizarles la más mínima protección a sus vidas. 

         
Mi mamá era gringa.  Gringa-venezolana porque aquí vivió 50, de sus 70 años.  De herencia, ella me dejó la mejor educación que pudo darme, y la doble ciudadanía.  Alternativas. 

         
He sido muy apoyada y muy criticada en mi decisión de irme de Venezuela con mis hijos en busca de una vida mejor para ellos.  Ha sido una decisión muy difícil de tomar.  Tengo el corazón en el lugar correcto… mis hijos.  He vivido el dolor insuperable del secuestro, viviré el resto de mi vida con la huella imborrable del miedo.  Y ahora, la educación no es cuestión de derechos ciudadanos sino de politiquería barata, mientras que, en la cotidianidad de la vida… tu vida… vale lo que vale tu celular. 


El país está verdaderamente fracturado.  Está dañado.  El daño es tan profundo que tomará mucho tiempo y esfuerzo arreglarlo.  No tengo el lujo del tiempo.  Mis hijos me necesitan ahora…no pueden esperar.  No se trata de abandonar mi país, de no quedarme a pelear, de no querer lo que por derecho me pertenece.  Se trata de ser realista, de poner mis prioridades en orden.  Mi prioridad número uno son mis hijos…no mi país. 


Esta mañana, en el canal del estado, vi un programa donde una joven estudiante, en apoyo a la nueva ley de educación que se aprobaba, le cantaba una canción tipo rap al presidente de la república, mientras que él bailaba y aplaudía.  En la letra de la canción, ella defendía la revolución y le decía a la oligarquía  “y si no te gusta, ¡vete!”. 


Chao pues…

syepez@cantv.net



 

Tres líneas sobre  Luis Fernando Yépez
Por Dr. Manuel González Muro

26-06-2009

¿Qué es, pues el tiempo?

 Si nadie me lo pregunta, lo sé;

 si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.

 San Agustín
 


Dr. Manuel González Muro

Abajo, viandantes apresurados, hasta mí llega el horrísono ruido de vehículos y desde mi ventana contemplo la estilizada silueta de aviones que surcan el cielo caraqueño. En el tráfago de este día,  trato de condensar solo tres aspectos, para mí, importantes,  que describen la alta talla de un hombre, el Dr. Luis Fernando Yépez, al cumplir ochenta años de edad.

 

La Solidaridad
 

Es verano, el paisaje desolado, los cerros como papel arrugado muestran el ramaje esquelético de escasas hojas verdes, resistiendo el inclemente sol de la mañana. Él, en mula; yo, a caballo. Los animales con paso seguro eluden las heridas de la erosión en los cerros. Después de más de dos horas, arribamos a un único y humilde rancho de esa soledad.

Cuando nos desmontábamos de los animales, de la oscuridad del rancho salió una mujer con un niño en brazos.

 

-¡Hola, buenos días!  Dijo el Dr. Luis Fernando Yépez… Preguntó,  ¿Tú vives aquí?... ¿Tú eres la mujer de fulano de tal?…. ¿y dónde está?... preguntaba y miraba con disimulada acuciosidad el rancho. De rato en rato, con un palito golpeaba el piso de tierra. Estaba inquieto. Respetuoso de la privacidad, pidió permiso.

-¿Puedo pasar?...

La mujer le dijo que sí. Entró al rancho y miró. Con seriedad serena, nos sentamos en unos troncos que hacían las veces de sillas. La señora  ofreció sabroso café que nos sirvió en renegridas totumas.

A los pocos minutos, al oír el galope rápido de un caballo, la señora dijo:

-Ya viene fulano de tal.

Desmontando y hablando con energía, en una nube de polvo, llegó el caporal.

-¿Está sabroso el café?


Y en animada conversación fue describiendo su trabajo y necesidades familiares y laborales. Los tres salimos a recorrer y ver lo descrito por el caporal. Luis Fernando Yépez preguntaba como consultando. El Dr. hacía las veces de obrero  y el obrero era el PhD. graduado de Wisconsin. En ningún momento dio una orden, sugería. Sutilmente insinuaba fechas. Las acciones, el momento y duración  de los trabajos las iba señalando el caporal. En la conversación, se intercalaban aspectos familiares, festivos, vegetales, edáficos, animales y climáticos.  El caporal se sentía jefe y amo de esas soledades, él podía pensar en voz alta; y como dos amigos quedaron en verse por la tardecita, allá en la casa.

 

Con Luis Fernando Yépez, degusté la rica aportación del hombre humilde, sencillo,  pobre a la riqueza del campo del humanismo; con él vi practicar la humana relación de hombres diferentes y entender que la clave para conocer a la gente es el significado de sus palabras.

Tiempo después, por cosas de “la nómina”, me enteré de mejoras en las casas y la presencia de un maestro para los niños en aquella finca de la serranía Lara-Falcón. Finalmente, con él comprendí, hace muchos años,  que el Espíritu noble señala la escarpada trocha por donde transita la relación solidaria de la empresa con su gente.

 

La generosidad

La carta de la Universidad de los Andes era con término perentorio: “Este es el último año, de acuerdo a los reglamentos, para que Ud. presente su tesis de grado que le permitirá optar el grado de Magister Scientiae.  El cansancio y el polvo del campo no impidieron que preocupado mirase las dos cajas que contenían mi inconclusa tesis de grado, actividad postergada mes a mes. Le pedí ayuda a mi esposa para que me indujese con frecuencia a concluirla. Ese fin de semana abrí y contemplé el segundo borrador, y encontré el teléfono de mi asesor, daba pena llamarlo, pues años atrás también le había ofrecido enviarle la interpretación de resultados. En resumidas cuentas,  sólo escarbé las cajas.

 

A manera de conversación informal, le mencioné al Dr. Yépez la carta recibida y mi disposición para concluir la tesis en noches y fines de semana. Su reacción fue inesperada.

-¡Tú no necesitas esa tesis, la necesitan tus hijos!

-¡Tienes que darles ejemplo!

-¡En noches y fines de semana jamás terminarás!

-¡Reiniciar la redacción es un proceso mental que lleva tiempo!

 

Después de un buen rato de oír sus experiencias como estudiante, concluyó.

 

-¡Tienes que salir de la casa y concentrarte por dos o tres meses, regresa a  Mérida!

-¡Es por tus hijos!

Con la carga de cuatro hijos pequeños, mi esposa asumió mi ausencia y quincenalmente la oficina le entregó el cheque de mi salario durante más de tres meses.

Hasta que en una fría mañana merideña, salí de secretaría con mi título en la mano. Yo me decía: Mi grado, mi esfuerzo, mi satisfacción, porque aún no comprendía aquello de  ¡Es por tus hijos!

Pero el tiempo, el gran sazonador de la vida, este año 2009, cuando conversé con mi hija la necesidad de concluir su tesis de maestría,  aparecieron en mi boca las mismas palabras del Dr. Luis Fernando Yépez: ¡Es por tus hijos!

Ahora, ella en eso está. Gracias, Dr. Yépez.

 

La familia

Un pequeño y aleccionador detalle cotidiano. El teléfono repicó  y la secretaria, rápida, lo tomó.

-Hola, buenos días-…

-Está en reunión-…

-No puedo interrumpirlo- …

-¿Por qué no lo llamas más tarde?…

Eran las respuestas de la secretaria. En mi imaginación, oyendo de espaldas, trataba de descubrir al interlocutor.

-Chica me vas a crear un problema-…

La llamada es de mujer, me dije, ¿a quién están llamando? Siguió mi curiosidad.

 

Desde lo alto del edificio los carros y el paisaje de Caracas se veían pequeños. El ambiente de la oficina era de gran distinción; pintura de autores desconocidos por mí, adornaban los pasillos y las oficinas. Me encontraba en Caracas en una diligencia Caroreña.  A esa hora de la mañana, por teléfono y radio,   ya estaba informado de una verdad simple:   No había llovido en Carora.

 

La secretaria escribió en un papel  e ingresó a la sala de reunión.  Instantes después salió y respondió al teléfono.

-Ya  va, dice que esperes…

 

 No había pasado un minuto, cuando apareció el Dr. Luis Fernando Yépez y tomó el teléfono. Sonriente y con afecto.

-Dime…

-Mi amor, ya te he dicho que yo resuelvo ese problema-…

-Dame tiempo, lo resuelvo…

-Yo también…

-Un beso…

Colgó el teléfono y sonriente me miró: ¡Es Susana!

 

En mi fuero interno quedé sorprendido. Que una hija llame a su papá por teléfono, no es extraño. Que interrumpa una importante reunión, no es extraño. Pero que el papá salga de una significativa reunión para atender a su pequeña hija de 10 o 12 años, eran actos mayores. En esa actitud del profesional, profundamente instruido,  había implícita una definición y el ejercicio de conceptos y valores humanos: La familia está primero.

En esa época mis hijos mayores eran muy pequeños, pero es una enseñanza que atesoro y aplico en mi vida familiar. Con el paso de los años, he visto al Dr. Yépez, como padre, atender problemas pequeños de los hijos pequeños, y problemas grandes de los hijos adultos. Tiene una familia con excelentes ciudadanos en el mundo del siglo XXI. Con cariño, disponible y sin horario; papá veinticuatro horas del día y 80 años continuos. ¡Feliz cumpleaños y muchos años más de vida!

 

Manuel González Muro y familia.

Caracas, Junio de 2009.

 

syepez@cantv.net




Para usted, Dr. Ramírez…lo prometido es deuda
Por Susana Yépez de Álvarez

22-05-2009
 

Yo tengo la costumbre al entrar al Club, de pasar directo, sin mirar para los lados y sin saludar a nadie primero, de llegar a la mesa que yo denomino “la mesa de los viejos”.

Generalmente, en esa mesa se encuentra mi tío Mario, y yo siento que a él le debo mi primer saludo, mi primer beso y mi primera ¿bendición?, luego saludo por nombre a todos los que se encuentran en esa mesa y converso un poquito antes de despedirme para sentarme con mi grupo.

Si no visualizo a mi tío Mario, igualito agarro para esa mesa primero a saludar.  Creo que le debo homenaje a los mayores, y además… ¡me encanta un viejo!  Me alegra mucho poder pasar todas las noches cuando vengo cansada de dar clases por casa de Taco Taco Castillo, tocarle corneta y saludarlo con la mano.  Me hace feliz cargar a Homero Álvarez Perera en el carro mientras él hace sus diligencias.  Me hace sentir digna y querida el beso cariñoso con el que tío Mario me saluda cuando llego a su mesa.  Sentimientos profundos que forman parte de quien soy.


En esa mesa, entre los mayores, también estaba el Dr. Andrés Ramírez.  Y hace muy pocos días, después que pasé a saludar, me llegó el doctor, y se sentó conmigo en mi mesa.  Me comentó que le preocupaba el hecho que yo  había dejado de escribir. Mientras lo acompañaba a comerse un sándwich y una colita, le confesé lo que no le había confesado a nadie hasta ese día.  “A la gente le gusta que sea cómica, que los haga reír, y últimamente han pasado cosas que me han marcado tan profundamente que siento que perdí la esperanza del buen humor”.   Y hablamos de los secuestros de seres queridos, de la impotencia ante la impunidad, de la injusticia y el dolor que embarga al alma…al saberse insignificante.  Hablamos de la inseguridad, de la educación y de mi desesperanza.  “Escribe sobre eso.  No tienes que ser cómica.  Escribe sobre lo que sientes.  Tus lectores te necesitamos”.  Se levantó, me dio un beso y se fue para su casa.


Mi amistad con los Ramírez comienza con Carlos Mario, el hijo menor de Andrés y de Stella.  Aunque soy poco social, me considero amiga incondicional de mis amigos.  Siempre, en las buenas y en las malas.  Cuando comencé a escribir, la señora Stella se declaró presidenta de mi club de fans (tan bella), y con el doctor compartí mucho cuando formé parte de la Asociación de Vecinos de la Zona Colonial.  La amistad, los escritos y las preocupaciones sociales no convirtieron en camaradas.

El doc
tor murió inesperadamente a los pocos días de una de las conversaciones más alentadoras que he sostenido con alguien en este período de confusión y angustia por la que estoy atravesando.  No le pude cumplir la promesa de volver a escribir hasta hoy, cuando no está para leerme y para enterarse de cuanto influyó en la manera en la que hoy, gracias a él, veo la vida.

Llamé a mi papá.  En innumerables ocasiones me había dicho que el Dr. Ramírez era un hombre de bien, sumamente culto y que era un placer sentarse a conversar con él en el Club.  Me repitió mil veces que doña Stella era de Medellín y el doctor de Cúcuta.  Que estudió en la Universidad Javieriana de Colombia.  Que era un gran profesional, un caballero, que hablaba varios idiomas.  Al darle tan triste noticia el silencio reinó, hasta que por fin lo escuché lamentarse diciendo simplemente “que vaina…que vaina”.


Al rato me llamó de nuevo.  “Quiero que escribas una nota.  Escribe una nota que diga que Andrés Ramírez era un caballero.  Un hombre culto, un gran profesional, un hombre digno y correcto… ¿tú puedes hacer eso?, yo necesito que digas que yo digo, que Andrés Ramírez era un colombiano.  Que a mi siempre me han parecido los colombianos gente muy superior, y que fue un placer compartir con él la amistad y la vida”.  Le contesté que si podía.  Colgué el teléfono y me puse a llorar…de nuevo, y sé que en la distancia mi papá hizo lo mismo.


Cuando le dije a Carol Cristina, mi hija mayor, que el doctor había muerto, confundida, impaciente y muy angustiada me preguntó que quien era el Dr. Ramírez, porque era IMPOSIBLE que fuera el mismo señor, amigo de ella, que la saludaba siempre, cuando ella pasaba por su casa, las tardes que iba para Ballet.  “Ese era el Dr. Ramírez” le expliqué, y entonces Carol… también lloró.


A toda su familia, que se entrelazó con amistad, solidaridad y amor a nuestra familia, vayan nuestras palabras de condolencia.  Su pérdida es nuestra pérdida y hoy más que nunca nuestra amistad, solidaridad y amor… son suyos.   

syepez@cantv.net




Ensalada Mixta

Por Susana Yépez de Álvarez

08-02-2009

1. HENRY FALCÓN:
Yo quisiera pedirle al señor Gobernador del estado Lara, Henry Falcón… ¡qué se mude para Carora ya!  Gracias a su visita, las autoridades locales decidieron ponerse las pilas mas rápido que inmediatamente.  En mi vida había visto yo tanta eficiencia.  La plaza Bolívar la pintaron en… ¡2 horas y 23 minutos!, y cambiaron todos los bombillos quemados también. ¡Eso quedo bello!, provoca olvidarse de la inseguridad rampante que reina en todo el territorio nacional y salir a pasear con la familia a tertuliar en la plaza.  ¡Ah mundo!  Lo que logró ese hombre con estar menos de 24 horas en Carora.

Parece ser que la visita de nuestro Gobernador fue un éxito total.  El hombre como que habló personalmente con Raimundo y todo el mundo.  Se fue para el hospital, se fue para la policía, anotó un poco de cosas en su agenda y a la mañana siguiente, ya desde su oficina en Barquisimeto comenzó a delegar funciones y a solucionar problemas.  Que maravilla.  Un hombre que quiere trabajar por la comunidad entera, y que trabaja… tra-ba-ja. Un aliento de aire fresco.  Un gran potencial para la presidencia de Venezuela… s
i gana el NO.

2. CACA-FO: En el corre-corre de las autoridades locales que muy apresurados trataban de tapar el sol con un dedo ante la llegada del Gobernador, una de las cosas que hicieron fue buscar un camión y unos obreros, para quitar la barricada que los vecinos de la calle Carabobo, entre la San Juan y Comercio colocaron, porque tienen literalmente meses viviendo en la hediondez que trae consigo la cloaca, que viene desde lo profundo del subsuelo, de unos tubos que se pudrieron por falta de mantenimiento y cuyas aguas negras salen a la superficie como una fuente.  Esto parece así como el cuento de una pesadilla.  “¡Sí Chama!, fue un sueño horrible, vivíamos entre los pupuses que salían de la calle”.  Bueno, no es una pesadilla, es la realidad.  Y es peligroso vivir de esta manera.  Por falta de autoridades esta gente decidió trancar la calle en protesta y en espera de una respuesta digna y rápida a un problema que nadie quisiera tener que vivir jamás.  Fue por eso, que cuando pasé por esa calle y vi que estaban quitando los escombros para que el Gobernador no preguntara nada, me di cuenta, que esta actitud de – aquí no está pasando nada – es la que tiene a Venezuela tan embromada como está.  Cuando les pregunté a los vecinos que pensaban hacer ahora, medios derrotados me dijeron que si volvían a poner los escombros y a trancar la calle, se los volverían a quitar.  Esto me lo contaron mientras hacían afiches que luego pegaron en las puertas y ventanas de cada una de las casas afectadas, en espera de que el Gobernador pasara por allí, viera sus plegarias y los ayudara.  Ayuda que muy fácilmente pueden dar las autoridades locales…si les llegara a dar la gana…una lástima… pero es tan sencillo como éso.

3. INTERCABLE: Llego a mi casa y me entero, al prender el televisor, que todos mis canales han sido mudados de sitio, y que ya no tengo mis dos canales favoritos, HBO y otro HBO.  Recuero perfectamente cuando decidí adquirir el paquete de HBO a Intercable.  Era un paquete costoso y lo pensé tanto, que mi mamá que era musiua, me propuso que sí yo pagaba el Intercable, ella pagaba el paquete de HBO, porque ella salía poco y le gustaba mucho ver esos dos canales porque tenían películas en ingles.  Me sentí tan mal que mi mamá ofreciera pagar por el paquete, que decidí, cosa que en realidad es muy cierta, que yo también salgo poco, y también disfruto bastante de esas películas.  Un costo adicional que golpeaba mí apretado presupuesto mensual y que escondí del marido poniendo el gasto extra en otro rango… creo que en el de salud, para que no se quejara.

Disfruté varios años de estos canales, hasta que un buen día de Diciembre, me llama Intercable a comunicarme que no es justo que solo cincuenta personas disfrutemos de este paquete, y como ellos no pueden ofrecérselo a los demás por x o por y, en consecuencia, procederían a quitarme estos canales en Enero, “pero no se preocupe, porque le vamos a dar, por el mismo precio ocho canales extra”.  “¿Qué quéééééééé?”, fue lo único que pude preguntar a la,  tan insólita solución que me proponían, para solucionar un problema del cual yo no era partícipe pero si victimisísísíma.

Mis opciones:   o someto a mi sistema nervioso a un cambio de empresas, con todas las consecuencias (tiempo, dinero, etc.) que un cambio como este amerita, o me puedo ir a freír monkeys en el río Guaire  viendo Venevisíon internacional (?)…Así no más… sin derecho a pataleo.

4. CANTV: Completamente atónita de que fueron capaces de acabar en segundos con años de clientela y de lealtad, y teniendo que creer lo que no quise creer meses atrás cuando me llamaron con esta noticia, frente a Venevisión internacional (?), recordé el cuento que me echaba mi amiga Valentina la noche anterior en la panadería sobre su experiencia con CANTV.  Me imaginé antes de que comenzara a hablar, que me contaría acerca de las largas horas que tiene que pasar todos los meses en plena calle a la ardiente luz del sol mientras respira el humo tóxico de todo tipo de chatarra que circula por la avenida, pero no… resulta que ese es el cuento de todos aquellos que tenemos CANTV.  Su cuento fue otro.

Me contó de cómo, de un minuto para otro, CANTV, haciendo unos arreglos en la calle, cruzó unos cables, y ella terminó con la línea telefónica de una gente que no conoce.  Entonces… la línea telefónica de ella solvente y con Internet, se la pasaron a esta gente, y la de esta gente que tenía una línea prepago…pero sin pago, se la pasaron a ella.  Para solucionar el problema que ella no provocó, tendría que trasladarse a las oficinas de Barquisimeto y formular una denuncia que ellos atenderían cuando les diera… ¡la real gana!  CANTV la llamaba y la regañaba vía un mensaje computarizado por incumplir el plan de pago mientras que aquellos que disfrutaban de su verdadera línea telefónica tenían luz verde para llamar a Afganistán sí lo consideraban conveniente, mientras revisaban su facebook, hasta que Dios le echara un empujoncito a la CANTV y le solucionaran el problema.

Todo se solucionó mas temprano que tarde, porque Valentina es mas necia que Chávez meesmo y no aguantaron las encadenadas que les metía pidiendo auxilio y piedad desde un centro de comunicación de la localidad.

5. ¡QUIERO MI RETROVISOR!: Apagué el televisor porque me tocaba ir a buscar a los hijos al colegio.  Y me monté en el carro.  Si… en el mismo carro que no tiene el espejo retrovisor por culpa de que me lo llevó por delante un camión cervecero que pasó frente a mi casa, y que me prometió buscar mi retrovisor y volvérmelo a colocar en su sitio… HACE MAS DE UN AÑO ATRÁS.

6. YA ENTENDÍ: Camino al colegio me topé de frente con una pared que tiene un nuevo graffiti que literalmente dice lo siguiente: Ahora la lucha es de la clase pobre contra los ricos.  Ahora SI va…Fueron las cornetas lo que hizo que pisara tierra de nuevo y continuara mi camino.  ¿Lucha de los pobres contra los ricos?, ¿de eso se trata todo esto?... si Señor… de eso… se trata todo esto.

7. METAFORA…O COMO SE LLAME: ¿Tú sabes cuando vas en el carro, en una tremenda cola, azarado y apurado, y de golpe viene un VIVO de esos que abundan en este país y te pasa por un ladito de la calle para adelantarse y así lograr meterse en la misma cola pero un pelito más adelante, en vez de hacer su cola como todo el mundo? ¿Conoces el sentimiento de rabia y frustración que da tener que convivir con tanto vivo perezoso?  ¿A veces no te provoca bajarte del carro, o bloquearle el camino para decirle NO a tanto abuso?… ¡a mi también!... menos mal y no estoy sola en esto.  Esta es mi manera de llamarle la atención al abuso pendejo pero rampante y perenne al cual estamos sometidos todos los días.  Ojala sirva para algo…

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¡¿Otra vez?!

Por Susana Yépez de Álvarez

25-01-2009

Cuando volví a Estados Unidos, después de 17 años, a visitar a mi hija, mi tía, mis hermanos y mis sobrinas, recuerdo que lo que mas me llamó la atención fue que mi hermana Rebeca…NO CERRABA SU CARRO CON LLAVE en ningún lado.  El frío era tremendo, nieve hasta las rodillas y un viento que te agrietaba los labios al solo bajarte del carro.

Todos corrían del carro hacía el destino que fuese, ya que era un lugar cerrado y con calefacción, pero yo no, yo me quedaba de última trancando todos los seguros del carro.  Luego, cuando salíamos corriendo de donde estábamos hacia el carro, el regaño que me llevaba era largo y extenso.

Todos juraban que abrirían el carro para meterse adentro lo antes posible, no que tendrían que buscar las llaves del carro y abrir la puerta para meterse adentro para poder abrir todas las otras puertas manualmente (el carro es sencillo).  “Me importa un comino frito” era lo que yo les decía mientras que hasta me gritaban, “por lo menos tenemos carro…no se lo robaron.  Ya se van a calentar”, y titiritando mi hermana me volvía a comunicar por enésima vez…que NO estábamos en Venezuela.

Cuando volví a llevar a mi segunda hija, mi hermana Rebeca y su familia ya no vivía en Madison, ciudad que aunque pequeña en tamaño (mas o menos como Carora) se considera una ciudad cosmopolita por su prestigiosa universidad, sino que se habían mudado a un pueblito en Wisconsin rural y agrario.  Allí fue que descubrí, que ahora, no solo NO cerraban las puertas del carro con llave, sino que dormían toda la noche sin cerrar con llave LA CASA. “¡¿Qué es esto?! ¡¿ustedes son locos?!”, y todas las noches, porque prometí dejar la vaina, esperaba que todos se durmieran para bajar a echarle llave a cuanta ventana o puerta consiguiera en mi camino, incluyendo el bendito carro.  Menos mal que en esta época el frío estaba apenas comenzando.

¿Cómo es posible tanta diferencia? ¿Cómo es posible que yo aquí en Carora, viva aterrada? Yo estoy verdadera harta de vivir así.  Este país se ha convertido en la jungla.  Aquí se limpian el rabo con las leyes y sobrevive el más pícaro y avispado.  Nos estamos matando.  Hay mas armas en este país que libros. Secuestros hasta en Carora.  Pobreza rampante, escasez, los hospitales son unas pocilgas humanas no aptas para otra cosa que no sea arder en llamas.

Este resentimiento profundo que mueve a Venezuela, sencillamente lo está matando.  Aquí no se están arreglando los problemas.  Aquí no nos están dotando con educación, salud y protección.  El Estado no se está ocupando de sus ciudadanos.  El Estado se está ocupando de sus carteras y nos está matando de hambre, de resentimiento y de ignorancia.

Nos han dado tan duro y por tanto tiempo que nuestra capacidad de reacción está agotada.  El venezolano es tolerante y olvida demasiado rápido.  Yo no quiero salir a la calle asustada.  No quiero sospechar de cualquier moto, bicicleta o transeúnte.  No quiero temer por la vida de mis hijos.  No me quiero convertir en una persona desconfiada que no le da una mano amiga a su hermano.  Demasiado stress para un país con tanto potencial.

Este gobierno no está haciendo las cosas bien.  Lo siento.  Tienen que existir las alternativas.  Solo aquí, y bajo este gobierno tenemos que ir a elecciones cada tres meses como si fuese algo normal.  NO LO ES.  No es normal en ningún sentido de la palabra.  Ya dijimos que NO y vamos a volver a contarnos.   Sin tener reglas claras ni contar con árbitros imparciales, pensando todo el tiempo en las posibles trampas y en la debilidad del ser humano.   Esto es sencillamente un exabrupto.  Una locura total que les cuesta a los venezolanos millones de bolívares, días de colegio, tiempo y energía, salud y esperanza por un país mejor.  ¡Que fastidio!

Ahí voy pues.  De nuevo a la Escuela Torres como testigo por el NO.  Porque NO creo en ti ni en tu proyecto.  Porque NO juegas limpio.  Porque NO estas haciendo nada bueno, y porque NO creo en mi mente y en mi corazón que estés pensando en lo mejor para todos, ni siquiera en lo mejor para tu parte roja rojita del país…solamente estas pensando en ti.  NO porque me gustaría algún día poder decirle a mi hermana que en Venezuela también podemos dejar el carro abierto sin temor a que se lo roben, porque yo si tengo esperanzas en que Venezuela es digna de estar repleta de gente educada y decente.  ¡Estoy harta! ¡NO más! No, porque NO me da la gana de darte todo el poder.  Ponte a trabajar y deja de hablar tanta pistolada… ¡Por Dios!

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Un buen día para morir

Por Susana Yépez de Álvarez

18-01-2008

La noche anterior, sintiéndome un poco inquieta ante la noticia de que el Cabeza no podría llevarme a Barquisimeto, y después de conseguir a otro chofer que si lo haría, procedí a poner todo en orden, (hasta el mas mínimo detalle), para poder salir temprano la mañana siguiente.  De golpe me di cuenta de lo que estaba haciendo, y paré en el acto.  La noche antes de que muriera mi abuela materna y la noche antes de que muriera mi mamá, procedí a poner todo en orden antes de acostarme, ocupándome de los detalles mas pequeños, para poder así estar lista… para lo que fuese.  Fue por eso, que dejé de pensar y de hacer tanto, me puse las pijamas y me fui a dormir.

Tempranito en la mañana, salí de la casa a buscar al chofer.  Mi destino era un curso que estoy haciendo en Barquisimeto.  No quería faltar porque en realidad no tenía porque hacerlo, pero el mismo sentimiento de inquietud me acompañaba.

Después de asegurar que no teníamos apuro ya que habíamos salido con suficiente tiempo, tratando de calmar mis nervios, busqué el perolito de música en mi bolso, y al no encontrarlo recordé que lo había dejado cargando.  Así que decidí mirar hacia mi derecha para no ver los carros que iban y venían.  Pensé en mi hija Eleana, quien ya tiene cuatro meses en Estados Unidos.  Me hacía mucha falta.  Recordé a Antonio Ferrantelli y a su familia, mi doctor y amigo, a quien le debía una llamada luego de que sufrieran un terrible accidente en la misma autopista por la cual ahora, yo transitaba.  Recordé que solo días después, muy a pesar mío, tendría que transitar la misma vía, ya que me tocaba llevar a Luís Fernando a un par de médicos.

Al llegar al curso, le comenté a varias de mis compañeras de clase acerca de mi estado de animo, y al terminar el curso, y antes de dirigirme al carro, no sé porque, le envié a Maryluz, a Carol (mi hija mayor), y a Luís Oswaldo mi marido el mismo mensaje de texto: “Ya salí.  Voy camino al carro y de ahí directo a Carora.  Llegaré viva si Dios me lo permite”… eran las 2 y 27 de la tarde.

Dicen que toda tu vida, como un rayo, pasa por tu cabeza, pero nada de eso me ocurrió a mí.  Lo que si me pareció curioso, pero después que pasó, fue que todo lo que vi… lo vi en cámara lenta y lo único en lo que llegué a pensar, de manera nítida, fue todas las veces que le había pedido a Dios, que sí me llegaba a matar en la carretera, que ninguno de mis hijos estuviera conmigo… ese… era un buen día para morir…

Vi la gandola muy de cerca, vi como el chofer frenó, vi cuando la camioneta perdió el control y se pasó para la otra vía.  Vi cuando regresamos a nuestra vía y sentí en las tripas como intentaba voltearse, y fijamente vi el rostro de la mujer hacia la cual nos dirigíamos, que se encontraba parada al lado de la autopista cargando a una niña de más o menos 1 año de edad, y supe que las mataríamos sin poder hacer nada para evitarlo.  Vi cuando el chofer movió el volante hasta que el carro reaccionó, las cuatro ruedas volvieron a tocar el pavimento y nos salimos hacia una carretera de tierra esquivando la vida de esas pobres almas que nos miraban completamente despavoridas y petrificadas.

Cuando todo terminó, vi que la camioneta estaba mirando en sentido Carora-Barquisimeto en la vía Barquisimeto-Carora, que nos rodeada mucho humo blanco y que había una especie de feria en Tintorero.  Eran las 3 y media de la tarde.  El chofer sacó la camioneta de la autopista y apagó el suitche.  No hablamos por varios segundos, y luego le dije que iba a ver como estaba la señora.  Al bajarme, sentí como las piernas me respondían a juro.  Caminé hacía la mujer y me fijé que tenía a la niña tan fuertemente abrazada en sus brazos que la estaba asfixiando.  Ella no hablada, sencillamente lloraba y temblada… y apretaba a la niña.  Traté calmarla un poco diciéndole cosas como – ya pasó -, - estamos vivas -, pero solo el chofer, ella y yo sabremos por el resto de nuestras vidas, lo cerca que estuvimos no tanto de mi muerte, como de su muerte segura.

Camino a Carora, traté de pasearme por los diferentes escenarios.  Llegarle a un carro en el otro lado de la vía.  Que nos llegara un carro a nosotros cuando nos regresamos sin control alguno de nuevo a nuestro lado de la autopista… ¿quiénes serían los pasajeros? Un vuelco que parecía inminente, la incógnita de no saber que hubiera sido del chofer o de mí, la muerte certera de una madre con su hija.

Esperé varios días antes de escribir este artículo.  Quería digerir bien todos los acontecimientos y pasar un poco el susto de lo que pudo haber sido.  Volví a recordar a Ferrantelli, volví a ver el rostro de la mujer, volví a recordar que ese día estaba preparada y que ninguno de mis hijos estaba conmigo.  Llamé a Eleana a Estados Unidos y observé un buen rato a mis hijos mientras dormían.

Y en la soledad de la noche lloré, lloré y temblé de la misma manera que vi a esa mujer hacerlo días atrás.  Lloré un buen rato.  Lloré de impotencia, de miedo, de agradecimiento y de sorpresa.  ¿Cómo fue… que me escapé de esta?...

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Un día de diligencias

Por Susana Yépez de Álvarez

27-12-2008

La última vez que escribí un artículo, fue acerca del acto del ballet de mis hijas.  En esa época estaba muy ocupada finalizando las actividades de mis hijos y las mías propias.  Pero una vez que todos estábamos oficialmente de vacaciones, decidí salir a hacer unas diligencias.  Necesitaba hacer cosas importantes que había dejado de hacer por ocuparme de otros asuntos. Ir a un par de bancos,  al abasto, comprar unos regalos por la época navideña.  Yo juraba que era posible.  Hoy, puedo declararle al mundo, que mi resolución para el 2009 es ¡no volver a salir más nunca de mi casa!

Las calles de Carora, están abarrotadas de huecos y de carcáchas (incluyendo la mía).  La radio de mi carro tiene un desperfecto, y cada vez que caigo en un hueco se cambia sola de emisora, así que escuchaba algo distinto cada 5 segundos.  Generalmente no me molestaba porque no había nada bueno que escuchar, pero cuando por fin caía en una emisora que tocaba Billo´s o algo sabroso…
pum… me lo cambiaba también, aunque le cayera a golpes a la radio para tratar de evitar que tuviese vida propia.

Entré a un banco, y así habrá sido la expresión en mi cara cuando vi la cola, que el vigilante se apiadó de mí y me dio el dato de ir a la sucursal que tiene una taquilla externa.  Salí corriendo y piqué caucho jurando que me tomaría los tres minutos que dura el trayecto de un banco al otro, pero la cola en la calle me retrasó.  Tenía que ir al banco.  Era algo que no podía evitar, y eso que le di vueltas a la cabeza tratando de evadir el problema durante los 35 minutos que tardé en transitar las míseras 7 cuadras y media.

Al llegar, me tocó hacer prácticamente la misma cola, ¡pero en la calle! Y me daba pena fumar frente a la gente aunque estuviéramos en… ¡la calle! Recordé que tenía en la cartera el perolito de los oídos para escuchar música, alo mejor así la espera se hacía menos calurosa, pero las conversaciones de la gente y la quejadera  me pareció más interesante que escuchar la Copa Rota de José Feliciano.  Participé de las conversaciones por ser mas metía que una gaveta y traté inútilmente de consolar a la mujer que venía delante de mí cuando el cajero le informó…que no le habían depositado.  “¡Injusticia! ¡Eso no se hace!  ¡Esta mujer tiene dos horas y veinte minutos en esta cola! La mujer ya se había ido.  La que se quejaba a todo pulmón, indignada, era yo.

Me fui para la Bolívar.  Ese fue mi gran error. Si pudiera retroceder el tiempo, jamás me hubiera metido por la Bolivar. La cola sencillamente se estacionó.  No se movía.  Pero la gente igualmente tocaba la corneta.  No sé.  Una manera de pasar el tiempo será.  Decidí unirme al coro de cornetas a ver si lográbamos con mi ayuda algo de armonía, pero mi carro, además de tener un desperfecto con la radio tiene otro peor con la corneta.  Suena como un pajarito atragantado.  Debe ser un cable pelao.  Para mi gran infortunio, quedé prácticamente estacionada frente a una tienda que tenía unas cornetas gigantescas que daban a la calle con el repertorio de regatón mas ordinario del mundo a todo volumen, y de ñapa,  a un gordo con un micrófono que le hablaba a la gente que pasaba invitándolos a pasar adelante.  Cuando no pasaba gente… ¡hablaba conmigo!... “señora que está en el carro con la corneta que no sirve, deje el carro ahí mismo y pase adelante, venga a mirar. ¡Barato! ¡Barato! Pase, que por ahora usted no va para ningún lado”.  Tuve que sonreír, al ritmo de ¡El hacha! ¡El hacha! ¡Se te va a caer EL HACHA!...  Santa María Purísima.

Cuando por fin logré salir de ahí, vine a la casa a buscar a Rebequita.  Ella me ayuda a pegar los dedos (método Silva para conseguir estacionamiento frente al Cada), y es a quien  yo dejo haciendo la cola en la caja con el carrito vacío, mientras que yo corro por todo el abasto como una loca, buscando las cosas que necesitamos para alimentarnos.  Sé que es trampa y que no se hace, pero así duramos un aproximado de dos horas y media en el abasto, y  no lo que dura un viaje de Carora a Caracas…lo siento…no me la calo.  ¡Rebequita se pone en la cola  y punto!

Al llegar a la casa, con la lengua afuera, cansada, urgida de un baño, mi papá me comunica que necesita que le compre unas empanaditas muy sabrosas que venden por la LÍdice, y que si no voy rápido, le puede dar la vaina.  La luna está negra y con eso no se juega, así que agarro a mi hijo menor, ya que Rebequita se escondió debajo de la cama para no acompañarme, y me dirijo a las empanaditas.  Tenía una cola de 24 clientes por delante.  Llamé a la casa a decir esto pero escuché a mi papá gritar “¡la vaina! ¡La vaina!”  y decidí quedarme y esperar las empanadas mientras que Luís Fernando brincó de atrás para adelante, de adelante para atrás, encima mío, se tomó cuatro maltas, hizo pipí en la calle, lloró, se rió…y se quedó dormido…junto a mi.  Menos mal que la señora de las empanadas me despertó con la extraordinaria buena noticia de que las empanadas… ¡ESTABAN LISTAS!... ¡Feliz Año!… Let´s go!

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¿Quieres bailar?
Por Susana Yépez de Álvarez


13-12-2008

Buenas noches a todos.

Esta noche, la Escuela de Ballet de Maruja de Meléndez nos presenta “Hace Mucho Pero Mucho Tiempo”, obra presentada anteriormente por esta Escuela de Ballet, pero que hoy se presenta con nuevos giros y nuevas bailarinas.  Este acto trata con el mundo de la fantasía de Disney.  Nos habla de cuentos de hadas y finales felices.  Nos dice que siempre debemos apuntar al cielo… que nada es imposible, que lo único que necesitamos es tener fe; y nos da la confianza de saber, que sí creemos, nuestros sueños se pueden hacer realidad.  Un acto que nos afirma que sí dejamos que nuestra conciencia sea nuestra guía…todo saldrá bien.  Un mensaje realmente bello y esperanzador.

Aquí estamos de Nuevo en el Ballet de Maruja dándole la bienvenida a la navidad.  Es un ritual muy especial que los familiares de las bailarinas compartimos con Maruja y sus niñas.

Este año marcan los 25 años de actividad profesional de la Profesora Maruja de Meléndez aquí en Carora.  Maruja tiene 25 años dándoles clases de ballet a nuestras hijas.

Increíble. Hace 25 años,  yo estaba en bachillerato, bailando sola en mi cuarto, cosa que todavía hoy hago, aunque admito que si me atrevo a hacerlo frente a mi hijo menor, quien baila conmigo sin juzgarme.  Fui y sigo siendo tímida… aunque ustedes no lo crean,  incapaz de bailar más allá de mis cuatro paredes.

A lo mejor por eso, Maruja significó algo especial para mí.  Cuando nacieron mis hijas,  quise que bailaran  más allá de sus cuartos, pero no me llegué a imaginar, que Maruja me permitiría verlas bailar en completa armonía  en teatros repletos de gente.

Ya tengo 10 años acompañando a Maruja, y todos los años me pasa lo mismo.  Comienza el año escolar y las actividades extra curriculares.  En ballet comienzan a hablar de los disfraces, y yo, comienzo a quejarme.  “Cónchale, ¿cuanto me va a costar esto este año?”, “pero bueno, Maruja si inventa.  A que ella no tiene tres hijas”, y entonces me voy para la costurera…y pago la tela… y las llevo a medirse el disfraz…y pago el vestido.  “Y ahora el peinado”… “¡Mariluz!... ¡auxilio! tienes que venirte el fin de semana a peinar  a las niñas, ¡y a Verónica también! ¿Que necesitas: colas, ganchos, cinta, gelatina de pelo?, ¡lo que tu quieras!, pero hay que peinar a las niñas y tienen que llegar a las 6 al teatro o no bailan, ¡NO BAILAN!”

Y llega el día del acto, y son las cuatro de la tarde, y Mari luz no ha llegado y estamos en crisis, ¡Madre de Dios Santísima!  ¿Y ahora quien peinará a las bailarinas?  ¡Maruja NOS VA A MATAR! Y entonces llega Mariluz, y las niñas corren a vestirse, y mientras ella las peina yo las maquillo, y cuando están listas… ¡SE VEN BELLAS! Y tengo que tomarles una foto, “¡mamá después que vamos tarde y Maruja se pone nerviosa!”… “¡NO! ¡NO! ¡RÁPIDO! ¡Párense al lado del arbolito!  ¡Rebeca! SONRÍE! ¡Otra! Saliste con los ojos cerrados. ¡Corre Carol ponte al lado de Rebeca!  ¡Verónica apúrate!  No verónica, El moño no se te va a caer ¡Ponte rápido!  Y las niñas están furiosas conmigo porque me empeño en tomar fotos en tan mal momento y sonríen sin ganas para salir del paso, y cuando digo “ya”, salen corriendo para el teatro y yo salgo corriendo a arreglarme, pero antes ¡hay que arreglar a Luís Fernando!  Y yo parezco un verdadero calenmbe por el cansancio, pero igual corro, y al final le pego un grito a mi marido y a mi papá “¡rápido o nos quedamos sin puesto!”, y voy caminando delante de ellos y los llamo con la mano para que se apuren ¡CÓNCHALE!, y por fin entramos al teatro y está completamente lleno, pero conseguimos puesto, todos separados, pero no importa, y al ratito se abre el telón y comienza la función y sale la primera de mis hijas bailando y yo… lloro.  Lloro a moco tendido.  Lloro porque todo valió la pena.  Porque Dios me está diciendo a través de Maruja de Meléndez, “mira lo que están haciendo tus hijas”.  Lloro de felicidad,  y llorar de felicidad es algo que no sucede muy a menudo.  Es algo muy especial que ocurre pocas veces en la vida de una persona.  Y yo me siento muy agradecida, porque gracias a Maruja, es seguro, que por lo menos una vez al año… lloraré de felicidad…y eso, además de ser  un privilegio… es un sueño hecho realidad.

A todos, FELIZ NAVIDAD, y con ustedes… el ballet de Maruja.

syepez@cantv.net




¿Quién?

Por Susana Yépez de Álvarez


29-11-2008

Wow… wow… wow… así quedé yo el día después de las elecciones, porque para ser sincera, el cansancio me venció y no aguanté a ver los resultados de las regionales esa misma noche. Fue mi papá el que me dijo que ganó Edgar Carrasco.  “¿Quién?” pregunté, “Edgar Carrasco” me volvió a repetir, “¿Quién es Edgar Carrasco?” le volví a preguntar y ya me estaba poniendo impaciente porque parecía que me estaba echando vaina y yo había tenido un par de días muy fuertes, “el candidato de Chávez pues, el del Pesub”.  Cuando me dijo esto fue que caí en cuenta.  Ganó el señor invisible… que vaina.

Después de haberme sumergido como nunca en unas elecciones presidenciales en los Estados Unidos donde vi a los candidatos debatir públicamente por televisión, contestando las preguntas de los electores y hablando de sus planes personales y específicos de cómo echar a la comunidad y a la ciudadanía hacía adelante, tratándose siempre con respeto y dignidad y dándole al elector sus puntos de vista y su agenda política para que así él pudiera ir a votar sabiendo bien las alternativas y seguro de que el candidato de su elección era el apropiado…me dio a entender a mi… y hay que ver que yo si es verdad que soy pendeja… que algo parecido a eso podríamos hacer aquí.

Como nunca pasó, deduje en mi muy estrecha mente, que el señor del Pesub, (que no estaba muy segura sí se llamaba Carlos o Edgar), estaba tan ligado a la gestión tan horrorosa del actual Alcalde que llegué a creer que nadie, pero nadie nadie nadie, quería cuatro años mas de lo mismo… en otras palabras, de absolutamente nada.  Ganaría Javier Oropeza, y muy bueno, porque ya tiene experiencia, y mirando hacia el pasado, Carora era otra en su época de Alcalde.  Por lo menos era transitable.  Seguro que esta vez, la experiencia y el aprendizaje adquirido nos traería a un Javier mejorado, mayor, mas justo y mas sabio.

Pero ganó el señor Carrasco.  Y gano el señor Carrasco no por él.  No porque él se haya parado en algún lado para explicarnos a los torrenses su agenda para acabar con la inseguridad que va de arrancarte el celular mientras caminas a comprar tomates en el mercado a el secuestro de un ser querido.  No habló en ningún momento de que piensa hacer con unas calles, avenidas y barrios completos que están intransitables y que no tienen excusa alguna para estar en las condiciones que están.

El Alcalde ganador no nos ha dicho cuales son sus planes para mejorar la salud en nuestro municipio.  Y es que, la razón por la cual yo no aguanté a escuchar los resultados la misma noche de las elecciones no se deben nada mas a que trabajé todo el día y parte de la noche en un centro de votación como testigo para la oposición, sino que también pasé gran parte del sábado en una verdadera pocilga que llaman el Hospital Pastor Oropeza, por una emergencia que involucraba una niña de 14 años, hija de Rafaelito y de Aida, encargados de la granja de chivos donde vive  mi papá, y nuestros muy queridos amigos, y quien no se murió de una acidosis diabética (emergencia fatal), por la DESIDIA total y rampante de este mal llamado Hospital, porque Dios le dio a esta gente, además de varios ángeles guardianes, personas que conocemos médicos y bióanalistas, y tenemos transporte y plata guardada para emergencias.  Que el pueblo vuelva a votar para tener una  POCILGA en vez de un Hospital como debe ser, es una decisión que para mi no tiene ni pies ni cabeza.

El electo Alcalde no dio sus puntos de vista acerca de lo que piensa hacer con la educación, con la corrupción, con la integración.  El electo Alcalde no habló.  Por lo menos yo no lo llegué a ver ni a escuchar en ningún momento.  Escuché hablar a este señor Chiriti, escuché hablar a Leonardo, escuché hablar a Javier, pero al señor Carrasco no.  Y fue él, precisamente el que ganó.  Y ganó por tener su nombre en una tarjeta del Pesub.  Por más nada.

Las órdenes que tenían los  militantes del Pesub, aquellos que están en cualquier tipo de Misión y todos sus familiares,  todos aquellos que todavía creen que con Chávez manda el pueblo, y todos aquellos que todavía quieren ver a la fulana oligarquía comiendo zurra por el odio y resentimiento que los embarga al  ver que alguien pudo mas que ellos, logró que ciegos, sordos y mudos fueran a los centros de votación, o fueran llevados por los líderes del partido a los centros de votación a votar por alguien que ni siquiera conocen.  Así de sencillo.  Por eso ganó el señor invisible.  No ganó por sus méritos.  Que lástima.  Lástima por él y lástima por el pueblo.

Por fin lo escuché hablar por la radio.  Estaba muy sorprendida de que el hombre en realidad existiese, ya que llegué a pensar que sería un Alcalde virtual.  Y que nos dijo…Bueno, lo que yo escuché antes de apagar la radio en completa desilusión, no tuvo que ver con sus planes para la salud, la corrupción, la integración, o la inseguridad, no.  Le habló solo a sus seguidores…a más nadie.  Habló de agresión, y de cómo tenían que ponerse a la defensiva.  Había que defender sus ideales revolucionarios ante una oligarquía amenazante.  Prepárense compatriotas.  A la defensa de “nuestros” ideales.

Bla… bla… bla… nadie está interesado en pelear con nadie.  Solo queremos planes concretos para solucionar los graves problemas que acosan a un municipio tan bello y con tanto potencial.  ¿Mas de lo mismo?, yo me siento muy pesimista… pero solo el tiempo lo dirá. 

syepez@cantv.net




Nuestro Súper Insólito Universo

Por Susana Yépez de Álvarez

16-11-2008

Vivir en Venezuela es como vivir dentro de un programa que yo veía cuando adolescente que se llamaba “The Twilight Zone”, algo parecido a “Nuestro Insólito Universo”, pero visto en vez de escuchado, y con situaciones en realidad jamás vividas por nadie.

El programa comenzaba con algo totalmente insólito que le sucedía a alguien, y luego comenzaba la musiquita típica del programa (muy parecida a la música que pone Globovisión al momento de dar una noticia muy noticiosa), y entonces una voz que parecía venir del mas allá anunciaba “…usted acaba de entrar al…Twilight Zone”... tun... tun... tun... tun.

Por hábito, esa musiquita se ha convertido en lo primero que escucho cuando abro los ojos por las mañanas, porque todo es más digerible sí pienso que vivo en el Twilight Zone permanentemente.  Y es que a mi, ya muy pocas cosas logran verdaderamente sorprenderme desde que vivo en Venezuela.

Accedí ir con mi esposo mi día libre a transitar por el territorio nacional, para acompañarlo a hacer varias diligencias de trabajo.  Los dos estamos trabajando largas horas y no disponemos de suficiente tiempo para compartir.  Nuestras conversaciones se redujeron a no hablarnos mas allá de “epa… ¿cómo está la vaina?”, “¿me lavaron mis botas?”, “siécara… ¿cuáles botas?”, y ese tipo de cosas.  Yo juraba que por fin, averiguaría que exactamente es lo que hace, si disfruta su trabajo, etc., y que le podría contar a él sobre mis alumnos, las clases de nuestros hijos, la escasez de azúcar, café y harina PAN PAN PAN.  Pero la realidad, me hizo volver a escuchar la música de mi programa favorito.  No habíamos arrancado de la casa cuando comienza a sonar su celular,  y sí no sonaba, entonces él llamaba.  Así que este viaje lo hicimos mi marido, su celular y yo.

Una de esas llamadas es un poco más importante que las demás ya que marcaría el cambio de mi destino ese día que involucraba un sabroso almuerzo en un lugar que no sería mi casa, con mi marido.  Escucho como  dice “okey…okey…si.  ¡Susana, anota este número!… okey… ¡qué voluntad!... ajá… okey.  Déjame ver que puedo hacer”, entonces cuelga.  Sin tiempo para explicarle a su señora esposa que es lo que sucede me ordena, (si… él ordena y después explica), que le dicte el número que anoté unos segundos atrás.  Agarra el teléfono y esto es lo que escucho: “… Ah Buenos días.  Mi nombre es tal y tal mucho gusto, ¿hablo con el Cabo tal?  Mire, entendemos que el camión lo tengan retenido… (Escucha)… claro… (Escucha)… es verdad.  La cosa es que ese camión se compró con un crédito, y hasta que los papeles de propiedad no estén totalmente en regla no se puede cambiar que en vez de barandas diga platabanda… (Escucha)… pídale al chofer el documento de venta que está en la guantera para que confirme lo que le digo y por favor déjelo continuar su trayecto, que lo que se está transportando es un aporte social a un Consejo Comunal contentivo de instrumentos médico-quirúrgicos que van destinados al pueblo.  Estos son materiales muy necesitados para los enfermos y van para un hospital… (Escucha)”… y cuelga el celular.  Ahora a mi marido se le está poniendo la cara roja-rojita de la rabia y  necesita estacionarse a un lado de la carretera, y lo hace… justo antes de pasar una alcabala, por pura coincidencia.

“¿Qué pasó?”, le pregunto tratando de conseguir una bolsa de papel para respire a través de ella y deje de hiperventilar.  “El fiscal de tránsito quiere cuatrocientos mil bolívares (de los viejos), para dejar pasar el camión.  Me dejó echarle el cuento de las camillas y el equipo médico y cuando terminé de hablar, me dijo que a él no le interesa en ABSOLUTO nada de lo que yo le estaba diciendo y ¡ME COLGÓ!  Tenemos que devolvernos.  Ese camión está detenido desde las 7 de la mañana y ya son las 12 y 30.  Con cien mil bolívares se arregla el problema”.

Antes de devolvernos para el otro lado del territorio nacional con sus muy bellas y extremadamente bien cuidadas carreteras, mi marido hace algunas llamadas para explicar lo que va a hacer.  Mientras tanto yo fumo… y observo al son de la música que me toca la cabeza.  Estamos a solo metros de una alcabala y puedo ver que muchos camioneros lanzan algo desde la ventana del puesto del pasajero y apuran la velocidad justo al pasar por la alcabala.  Mi esposo no está poniendo cuidado, él está gritando por el teléfono y caminando de allá para acá en medio de la bella carretera.

Por fin se monta de nuevo en la camioneta y se dispone a dar la vuelta en U.  Ya de regreso al otro lado de la vida, le pregunto por que muchos camioneros que vi pasando por la alcabala tiraban algo de la ventana y continuaban su paso tan apresuradamente, y él me contesta que lo que tiran es plata (billetes), para evitarse tener que ser detenidos por no tener licencia, no tener los papeles de propiedad del vehículo, etc., y algunos que están completamente legales pero… por si acaso, “siempre consiguen algo”.  Los dos nos quedamos callados por un tiempo hasta que yo por fin logro decir, “Ay Dios” y él grita en frustración “¿Cuál Dios? ¡Así es la vaina!... vamos a bajarnos de la mula para que las camillas puedan seguir para el Hospital y nos devolvemos para la casa, porque con esa plata es que te iba a invitar a almorzar”… tun... tun..tun… tun… ¿qué tal?

syepez@cantv.net




Todo es posible

Por Susana Yépez de Álvarez

10-11-2006

Yes we can.  En español: Si podemos.  Me imagino, que al principio, este lema lo hizo suyo a nivel personal, que sería “Yes I can”, o, yo si puedo, porque lo que Obama logró, aunque no fue solo, debe haber comenzado como un reto personal… un sueño.

El sentirá que si llega a este puesto puede ayudar a otros, puede cambiar su país, país que se encuentra cruzando por uno de los momentos más oscuros de su historia… sino el mas oscuro.  Una potencia que una vez había gozado de un gran prestigio y ejemplo a seguir, hoy ha perdido el respeto a nivel  mundial, y se hunde en todos los niveles.  Y nos incluyó a todos, y nos explicó a nosotros y al mundo entero como lograría su meta, y su meta es positiva y muy viable.

Escuché por televisión cuando alguien a quien Obama admira y respeta, le declaró cuando este pensaba en la posibilidad de lanzarse a Presidente de los Estados Unidos, algo así como… a veces tú escoges el momento en la historia para ser presidente, y a veces, el momento te escoge a ti para que hagas historia…

Obama, siendo joven y con poca experiencia, logró en dos años, derribar paredes y montañas que se levantaron todos los días y a cada momento. Venció a Hillary Clinton, mujer que goza de mi admiración por ser mujer y por ser fuerte y humanista.  Se enfrentó a John McCain, Senador con miles de años de experiencia (porque literalmente el hombre tiene miles de años).  Héroe de la Guerra de Vietnam, donde por poner a su patria primero, cayó prisionero y fue torturado por años, razón por la cual  no puede levantar los brazos.  Y aunque McCain (que se lanzó bajo la misma bandera Republicana de Bush), trató desesperadamente de desligarse de él lo mas que pudo porque entendía que Bush…
es tremenda raya… esto fue misión imposible.  No solo están en el mismo partido sino que también son viejos amigos y medio socios.

Pero lo que me hipnotizó a mí, lo que me volteó de Hillary, lo que me conmovió a re-registrarme y a votar como ausente, fue su actitud.  Su lema de YES WE CAN.  Su convicción inquebrantable de que si podemos volver a ser un gran país, lleno de ciudadanos prósperos y concientes.  Si podemos hablar con el mundo entero y restaurar el respeto perdido.  Si podemos volver a alzar la frente al sol, y juntos, trabajando echar al país para adelante.

Si podemos.  Que frase tan poderosa.  Obama adoptó este lema para su campaña, y este lema, aunado a otra serie de estrategias que probaron ser sumamente efectivas y exitosas, lo pusieron donde el cree… tiene que estar.

No voy a perder el tiempo comparando mis dos presidentes.  Existen personas que ven similitudes pero esa es una opinión dada muy a la ligera, sin base alguna a comparaciones políticas y culturales entre los dos países.  Y las diferencias que existen entre los dos son demasiado obvias.  En mi mundo, el mundo de Susana, mi perspectiva cambia drásticamente gracias a Obama, porque pienso y creo que su manera de pensar y de hacer las cosas hará que el mundo entero (no solo Estados Unidos), cambie para bien, porque su inspiración a calado en el alma de miles de millones de personas a nivel mundial.

Yo estoy convencida de que, gracias a la actitud positiva de este señor, que logró convencer a un gentío, que logró que el resto del mundo se detuviera a escuchar su mensaje de buena voluntad, sincero, humilde, respetuoso en todo momento, y determinado en su misión, que logró una meta que rompió barreras, nos probó con creces que todo es posible.  TODO se puede.

Cualquiera que sea tu sueño…cualquiera que sea, se puede lograr con arduo trabajo, una actitud positiva y un objetivo que vaya un poco más allá de lo personal y envuelva en su fondo el bien común de la humanidad entera.  Y eso, me hace muy pero muy feliz, porque precisamente eso es lo que necesitamos todos, mucha humildad, mucho trabajo, y la certeza que te la  esperanza y la determinación de saber que SI PODEMOS.

syepez@cantv.net




¿Se cayó la pared?... ¡Cool!

Por
Susana Yépez de Álvarez

02-11-2008

Ahhh… la música.  Toda la música.  Existen personas que solo escuchan regatón, otras que solo escuchan rock and roll, otras música clásica, ballenatos, pop…Yo no.  Yo tuve la ventaja de estar relacionada a la música por los dos lados de mi familia. Por el lado de mi papá, gracias a mi tía Tere y mi tío Juan.  Mis primos músicos Juan Tomás, Jaime, Fernando Carlos y muchos otros más.  Por el lado de mi mamá tenía una abuela que tocaba el Banjo, y una mamá que le encantaba la música folklórica de su país, el jazz, la música de los cincuenta y los conciertos.

Pero mi verdadera devoción por la música en todo su espectro fue cuando me mudé por primera vez, a los trece años, para Estados Unidos.  Sintiéndome completamente fuera del cuadro (desubicada), me refugié en la música.  Una excelente manera no solo para aprender a hablar inglés, sino para recordar, para reír y para llorar con ganas… y hasta para bailar (já)… y es que soy una excelente bailarina... en el baño.

En el teje maneje de tanta actividad, se me había olvidado la importancia de la música en mi vida… hasta hace poco.  Mi hija Carol, cuando regresó de su año por aquellos lados, me trajo de regalo un perolito de esos que tiene unos bichitos que se meten en las orejas.  Como un walkman… pero moderno.  Y un buen día lo agarré y me puse a buscar música por Internet.  De mis películas favoritas, merengue… de todo… y todo se conseguía, y mi hija lo supo después bajar, y supo meter todas esas canciones en el perolito, y me lo dio.  Y aunque sabe que me hizo muy feliz, no sabe que me pudo haber salvado de una muerte segura… causada por el stress.

Ese perolito, que me enteré después, vienen en diferentes formas y modelos y de todos los precios, es ahora, el accesorio más importante en mi cartera.  Es lo primero que me encaramo en los oídos al despertar y lo último que me quito antes de quedarme dormida.  Y puedo asegurar, que mi stress ha disminuido en un 75%.  No ha disminuido mas, porque, aunque no logro escuchar bien que es lo que pasa, si puedo verle la cara de terror y los gestos a aquellos que están tratando de comunicarse conmigo para contarme sobre un problema, o para que brinque a solucionarlo, y eso pega un poco…aunque estés escuchando el “mueve-mueve”, de Sandy y Papo.  Dios bendiga a Sandy y Papo, y Dios tenga a Papo en su gloria.  Yo sé que desde el cielo… él me protege.

Es una cosa escuchar la noticia que se nos desplomó la pared del patio hacía la casa de Chús Cañizález sin anestesia y otra cosa es medio escucharla al son de “POP”, de Nsync.  Eso alivió el dolor tremendamente, y hasta me armó de valor para brincar la pared con una de las auyamas de mi conuco vertical en una mano y una olla vacía en la otra, para declararles que venía en paz… y quería mondongo.  El monto de lo que va a costar volver a construir la pared, la amortigüé con un poco de música country.

Así que, el único propósito que tiene este artículo es el de recomendar este antiestrés.

Con un poquito de ayuda, que puede ir de Louis Armstrong a la Billo´s Caracas Boys, de Diapasón a Aerosmith, de música clásica a música country, de salsa a merengue, de pop a rock, de ballenatos a regatón… Baby te quiero… GUAU… guau… guau… la noticia de que tu VHS, el que tiene ya, varios viajes al taller y por el cual ya te has bajado de la mula varias veces… no tiene arreglo…  “aquí tiene su muerto”… te caerá con el mismísimo plomo… pero también…con un pelo de ritmo.  ¡Salud!

syepez@cantv.net




Ni tan calvo…ni con dos pelucas

Por Susana Yépez de Álvarez

26-10-2008

A una amiga mía, la agarraron en una discoteca, y amenazaron con deportarla porque en la mesa en la que ella se encontraba con unos amigos, había una jarra de cerveza.  Ella tiene 20 años, y es ilegal beber en mi país,  Estados Unidos hasta tener 21 años de edad.

Antes de irse, yo se lo advertí: “Mantente tan lejos de cualquier cosa que huela a alcohol como sea posible, porque allá no están interesados en otras culturas ni en cuentos.  Sin preguntarte nada, sencillamente te revocan tu visa y te botan del país como si fueras una criminal cualquiera”.

Ella se encontraba con otros estudiantes, todos mayores que ella.  Al verla firme en su declaración que ella tenía la edad para estar en esa discoteca, (si la tenía, es 18), y que no estaba bebiendo, el numeroso grupo de policías que la apartaron de sus amigos, la presionaron y hasta la olieron, no tuvieron mas remedio que dejarla tranquila…pero el susto fue grande.

En mi país Venezuela, otro gallo canta.  Aquí puedes beber desde que naces, y aunque existen anuncios donde dicen que no les venden licor a menores de edad, eso es un simple saludo a la bandera.  Y yo, que soy madre de mujeres adolescentes, estoy horrorizada al ver, que en cualquier fiesta de 15 años, hoy en día, hay que comprar cerveza…
por cajas y cajas!... para mantener a estos jóvenes contentos.  Si no…no es fiesta.  El aguardiente aquí corre por las venas.  Se ve en bautizos, en piñatas, en primeras comuniones, en las esquinas, etc., y las venden hasta en casas de familia.  Beber es una cultura…una manera de vida.

Ahora, en mi país Estados Unidos, a los 16 años, puedes manejar.  Eso si, primero tienes que tomar un curso que te dan en la escuela, tomar un examen escrito y práctico, para que luego te den una licencia provisional por un tiempo para que manejes con una persona mayor de edad en el asiento del pasajero.  Si te llegan a parar (y esos fiscales de tr
ánsito se esconden hasta detrás de los árboles), y no tienes un adulto al lado… ayayayayayyy… hasta ahí llegó tu experiencia con un carro. Te quitan la licencia no sé por cuantos años, y la multa es inmensa.  Eso si, el dinero no intercambia manos entre el conductor y el fiscal de transito, eso lo arreglas en la corte, cuando vayas a, o a apelar tu caso, o a pagar tu multa por imbécil.  Si te portas bien, y en el transcurso del tiempo probatorio no metes la pata, entonces te dan una licencia de las normales. Y ni hablar si te agarran manejando y bebiendo.  Esa la pagas… hasta con cárcel.

En mi país Venezuela no tenemos que lidiar con tanta vaina.  Paga por tu licencia y aprende a manejar después… o maneja sin licencia. ¿Qué vas a beber y manejar?... bueno… ¿Cuál es el problema?, aquí no importa, y si te agarran por manejar de manera poco decorosa, sencillamente bájate de la mula y listo.  Total, ¿Cuáles son las posibilidades de que rascado te metas en una bodega y mates a una niña de siete años como le pasó a una amiga mía, cuando su hija fue a comprar unas galletas?

La guerra.  Los dos países están de acuerdo que 18 años es suficiente edad para agarrar una metralleta y dispararle al enemigo.  Yo no lo creo.  A los 18 años yo era una tripona que no sabía ni lo que quería ser cuando fuera grande.  Además, esa vaina de -actúa sin pensar- y -obedece sin cuestionar- nunca ha ido conmigo.  No me gusta, y no me gusta la guerra y no estoy de acuerdo con matar,  y menos en nombre de mi patria.  En este caso de la guerra, en particular, Venezuela es menos hipócrita que Estados Unidos.  En los dos países a esta edad, te puedes enlistar en el ejército, la naval, la guardia costera o en la aviación y puedes ir a la guerra y matar en nombre de tu país.   La ironía es que en Estados Unidos, puedes agarra tu metralleta, pero cuidado y te echas una cerveza, porque eso NO SE HACE…  já!... jajajá!... ¡que voluntad!

Mi problema es el siguiente.  Vengo de dos culturas diferentes…muy diferentes.  Mi mamá decía que prefería Venezuela, porque aquí no le prohibían hacer lo que a ella le daba la gana hacer mientras, que en Estados Unidos no se puede fumar ni afuera de los Centros Comerciales, (área de aire fresco sin contaminantes… ¡lo ponen en avisos!), no puedes manejar sin el cinturón de seguridad amarrado, y aunque te ven las arrugas y los años en el cuerpo…te piden identificación para venderte una cerveza.  Pero mi mamá era una persona que gozaba de buenas costumbres y de una alta educación, y eso la dotaba con SENTIDO COMÚN… algo esencial si vas a prosperar en este país.

El desastre que tenemos en Venezuela, lo tenemos por falta de ciudadanía, por sinvergüenzura pura y raspada, por falta de EDUCACIÓN.  La educación en este país es prácticamente nula.  Tenemos generaciones de personas que nos preceden sin ella, y generaciones que vienen que no tienen representantes adecuados para darla.  Los primeros educadores son los padres, que vienen ya sin la base, siguen las escuelas, con docentes mal preparados, mal apreciados y mal pagados, que en su mayoría hacen su trabajo para sobrevivir y no para enseñar.  Yo no los culpo.  Total, nadie los toma en cuenta, y nadie los valora como lo que en realidad son: los responsables de guiar a la futura generación por el camino de la autosuficiencia, la decencia y la responsabilidad.  La falta de educación es tan pero tan grande en este país, que existe gente capaz de meterse en la Escuela de Niños Especiales, aquí mismo en Carora, y robárselo TODO…incluyendo las hornillas de la cocina, los pupitres y las excusados.

¿Cómo es posible, que a un poco de adolescentes, que ya tienen las hormonas mas alborotadas que un poco de monos con hojillas, le agreguemos unas cuantas cajas de cerveza?, ¿Cómo es posible, que yo no pude celebrarle los 15 años a mi hija porque no soy participe de esto?  ¿Como es posible, que he sido recriminada por no participar en este evento social tan importante y tan aceptado?  Yo no me puedo sentar aquí y juzgar a los demás.  La mayoría son mis amigos del alma, y siempre he creído en “vive y deja vivir”, pero yo tengo mis principios y necesito trasmitírselos a mis hijos, porque sino, entonces mi misión en la vida no tendría sentido.

Manejar, lo mismo, y muy especialmente en este país, que desgraciadamente, aunque es un país con leyes, estas en realidad no existen (paradoja).  Entonces tenemos, locos, rascados y tripones manejando en las calles de nuestra ciudad.  Una no muy buena combinación.  Sí ahora en Venezuela, al tener 16 años puedes obtener una licencia, entonces podrás manejar cuando los cumplas y la obtengas, mientras tanto no manejas y no te metes en un carro o una persona que no tenga licencia.

Conclusión: …No estoy segura.  Pero, aunque tanto conflicto interno tiende a confundirme, la verdad es que estoy… más clara que el agua.

syepez@cantv.net




Un poquito de humanidad por favor

Por Susana Yépez de Álvarez


19-10-2008


C
aso número uno

Existe un programa radial que se transmite de lunes a viernes por las mañanas, en una estación de radio que se ha caracterizado por su constancia y permanencia en el aire. Este programa está dedicado a colocar a Leonardo Oropeza en la Alcaldía.  Antes de comenzar el programa, el dueño de la estación de radio lee el articulo tal y cual que dije, en mas o menos palabras, que todo el mundo tiene derecho a expresarse libremente y a hacerse responsable de lo que dice.

Yo considero que Leonardo Oropeza es un buen hombre.  Estoy segura que podría ser un buen Alcalde para el Municipio Torres.  Tiene experiencia, buenas intenciones y ganas de ayudar a su comunidad.  También es cierto que yo no voy a votar por él, mis lealtades están y estarán siempre al lado de mi familia, y Javier Oropeza, además de ser mi familia,  tiene a mi juicio y manera de ver las cosas,  las mismas cualidades que le otorgo a Leonardo Oropeza, y muchas más.

Cada vez que prendo la radio y escucho este programa, soy testigo de la campaña política más sucia que he vivido en mi vida.  Este programa en vez de dedicarse a alabar las virtudes de Leonardo Oropeza, lo que hace es atacar de manera vil y directa a su contrincante Javier Oropeza.  Yo no creo que el locutor de este programa, ni su equipo, ni sus invitados, se hayan dado cuenta de que, mas daño le están haciendo a Leonardo que a Javier, al conducir su programa de esta manera.  De una manera completamente cruel e indecente (sin importar en ABSOLUTO, si lo que dicen acerca de Javier sea verdad o mentira), este locutor cruzó la raya y cayó en la cruda y ordinaria vulgaridad de un odio personal que solo Dios le podrá perdonar.

Caso numero dos

Hace aproximadamente de seis a nueve meses atrás, un camión de una compañía cervecera pasó por la zona colonial (todavía no estoy segura si camiones de esa magnitud tienen permitido transitar por esta zona), y se lleva por delante el espejo retrovisor de mi carro que está estacionado frente a mi casa.  El chofer del camión me asegura que la culpa fue de él, y que él se encargará de cubrir los daños.  Después de todo, trabaja para una empresa de gran magnitud y prestigio.  Me da su nombre, y se va con la promesa…de volver.

Después de esperar y esperar, y hasta de conversar mi situación con empleados de esta compañía, decido ir a la empresa a preguntar que será de mi.  Después de ser interrogada acerca del porque estoy en el estacionamiento intentando entrar a este santuario, me permiten  entrar.  Una vez adentro, un señor, que se encuentra parado llenando unas facturas y dándome la espalda, sin voltear a verme me dice que es él, el encargado, “¿en que puedo ayudarla?”, como no se presenta, ni me da la mano, lo hago yo primero.  Comienzo a explicarle de pié, (pues no fui invitada a sentarme), la larga historia de la cual no fui participe pero si victima, hasta que me doy cuenta que estoy hablando sola, pues el hombre no deja de llenar sus facturas…y no deja de darme la espalda.  Decido sentarme y comunicarle que yo esperaré para conversar con él, pues tengo la clara impresión que está más interesado en sus papeles que en escuchar mi problema.  Entonces niega rotundamente el no estar poniendo cuidado,  se voltea a escucharme, (ya que no le queda mas remedio), y frente a las secretarias, en la sala principal, sin pedirme que entremos a su oficina, le cuento la triste historia del retrovisor de mi carro.  Conclusión, la empresa no tiene responsabilidad alguna.  Teníamos que llamar a inspectoría de tránsito, y aunque la culpa fue del chofer de su empresa que sabía esto mas no me lo comunicó, ni procedió bajo reglamento…ya mi caso, queda fuera de sus manos. Lo único que podrían hacer por mí es lo siguiente: “Le comunicaremos al chofer que se ponga en contacto con usted”…mientras tanto, él y su empresa…se lavan las manos.

Caso numero tres

Me llama mi comadre.  Está recién operada y necesita que  busque a sus hijos en el Colegio.  Creía que se necesitaba una autorización para que me los dieran, pero su marido le aseguró que no era necesario.  Así que, - pienso yo - , si salgo a las doce, los recojo a las 12:10, salgo para el otro colegio a recoger mi lote…todo saldrá bien.  Estaciono mi carro mas lejos que cerca por la cantidad de carros que van en busca de sus representados.  Me bajo del carro, y me dirijo a Dirección, y allí están los dos esperándome como palito e´ romero.  Cuando vamos saliendo, una señora nos detiene por falta de…si señor…una autorización.  Completamente desinteresa en escuchar la realidad de que la mamá está recién operada y el papá está en Barquisimeto, le dice a la Directora que yo no tengo una autorización, y la Directora me comunica “sin autorización no se lleva a los niños”.  Cansada, acalorada, y muy apurada, llamo a mi comadre y le cuento lo que está sucediendo.  Todavía creyendo en la buena fe de la gente, le digo a la Directora que tengo a la madre de los niños en el teléfono y que por favor hable con ella para que obtenga la autorización.  La Directora…caminó para alejarse de mí y me reafirmó que sin autorización no me los entregaría.  Sintiéndome un poco frustrada le pregunté de manera sarcástica, “tengo que ir a otro colegio a buscar a mis hijos, bajar a buscar la autorización, y volver a traerla.  ¿Usted va a estar aquí hasta la una y media con estos niños?”…
y ella me contestó, de manera muy desafiante… “estaré aquí… hasta las 2 y 40”.

Bajé, busqué la autorización, subí, busqué a mis hijos, y me dirigí de nuevo al Colegio.  Agarré a los muchachos y me dirigí a la cantina donde se encontraba la Directora terminando de almorzar.  Mostrándole la autorización,  le declaro que me había sorprendido enormemente, que ella  hubiese actuado con tanta maldad.  Que esta, era una situación que ameritaba tan solo un poquito de su comprensión y bondad. Admitiendo que existen reglamentos, si, pero, también excepciones.  Que además de darle excusas válidas le ofrecí mi celular para que la madre me autorizara  personalmente por teléfono para retirar a los niños del colegio, y ella fue incapaz de tenderme una mano amiga no solamente a mí, sino a sus alumnos que tenían hambre y calor,  “usted tuvo la oportunidad de ayudar, de actuar con el corazón y no lo hizo, por que NO LE DIO LA GANA, así de sencillo”.

Estos tiempos que vivimos actualmente, son exactamente los momentos que nos deben hacer reflexionar, agradecer lo que tenemos, ayudar a los que se quedaron sin nada, llenarnos de compasión ante tanto dolor y angustia.  Estos tiempos de inundaciones y enfermedades, nos ponen a prueba como hermanos de Dios, tiempos en los que, mas que nunca, deberíamos comportarnos como verdaderos cristianos.

Yo estoy segura, que en el fondo, con los tres ejemplos que arriba narro, estoy tratando con pobres almas, cuyas vidas deben estar llenas de largas penas.  Y aunque trato de hacer justicia y de cambiar el mundo, también sé, que en esta vida, cada alma carga con su karma.  También debo comprender que todos somos humanos, con días buenos y días malos, y que, en la realidad del marco universal de las cosas,  soy tan insignificante como el locutor cruel, indecente e inhumano, el encargado desinteresado, maleducado y desentendido, la directora rígida, cruel y  malhumorada.

¿Logré  hacerle ver a estas personas que hay una mejor manera de convivir no solo con la sociedad sino con uno mismo?...probablemente no, y eso me da dolor y pena, pero mas dolor y pena me hubiese dado…sí  no lo hubiese intentado.

syepez@cantv.net




Salud

Por Susana Yépez de Álvarez

02-09-2008

Definitivamente.  No hay nada peor que estar enfermo.  Eso de que sí tienes salud lo tienes todo es completamente cierto. Yo era tan, pero tan sinvergüenza, que pensaba e incluso decía, que con dinero se arreglaban los problemas de salud, y que por eso, el dinero era mas importante.  ¡Dios mío! ¡Qué metida de pata!  Tengas o no tengas dinero, al enfermarte, el mundo gira… sin ti, tu solo miras desde afuera… ¡es horrible!

Yo tenía años evitando un examen médico que consideraba denigrante y espantoso.  Me tenía que someter a una colonoscopia por padecer de una diarrea crónica desde hace más de cuatro años.  Para aquellos que no estén familiarizados con la palabra, busquen el concepto en el diccionario… mi descripción sería demasiado gráfica y… ¡me pueden regañar!

Le supliqué a Tamakun, hasta le reclamé la fama de brujo que tiene con mi papá, ¨…si eres tan brujo como dicen, ¿cómo es que no puedes ver lo que tengo sin mandarme a hacer ese examen tan maluco?…¨ le pregunté, para verlo reírse como si yo fuera parte del elenco de Radio Rochela.  No hubo manera, y con cariño finalmente me ordenó hacerme el examen y punto.

Llamé por teléfono para hacer la cita, ¨…Necesita traer a alguien que la ayude a regresar a casa, ya que le darán un sedante para relajarla…¨, me dijo la secretaria del doctor encargado de la atrocidad a la que sería sometida.  Curiosa, pregunté, ¨…okay… ¿y este sedante viene acompañado del bate de béisbol con el que me darán por la cabeza para noquearme, o yo tengo que llevar el mío?…¨, a lo que la secretaria contestó, ¨… ¿perdón?...¨.

Escogí a Rebeca Curiel.  Buena amiga, sincera y directa, que sería capaz de darme un solo sipotazo con el bate en lo que fuese necesario.  La instruí en el caso, ¨…tú vas a entrar conmigo.  Regla numero uno: ¡Prohibido mirarme a mi!, pero si puedes mirar el televisor, ya que lo me van a hacer involucra una cámara  para ver como están mis tripas.  Segundo: Me anotas TODO lo que haga o diga el doctor, incluyendo gestos con las manos u ojos que indiquen alarma o alivio.  Tercero: Al salir de allí voy a querer unas papas fritas grandes y una coca cola gigante.  Cuarto: total sinceridad, si estoy en vaina me lo dices, ¿está bien?...¨.  Rebeca no paraba de reír.  Ahora si me embromé yo.  Del examen saldría directo para RCTV.

Y llegó el día anterior a la cita.  El día en el que me tendría que tomar un poco de pastillas y luego… cuatro litros… UN GALÓN… de una vaina parecida a alka selser.  Un vaso cada 15 minutos hasta terminar de bebérmelo todo.  Me preparé lo mejor posible.  Me bañé, me puse las piyamas, les di comida a mis hijos, acomodé todo para salir tempranito al día siguiente.  ¡Por fin!... decididamente… hice lo que tenía que hacer.  Me bebí el primer vaso de agua de mar… y como a los 32 segundos estaba corriendo para el baño.  De casualidad llegué… ¡carajo!, si esto es con un solo vaso…

Cuando me terminé de beber los CUATRO litros, parecía un verdadero calembe.  Los últimos seis vasos me los bebí directamente en el baño para no perder tiempo.  ¡Madre de Dios! ¿¿Qué sádico habrá inventado este examen??

Al día siguiente, el doctor, en un inmenso afiche que estratégicamente mostraba todas las enfermedades con las que nos podíamos conseguir, me indicó el camino a tomar, mientras que yo lloraba desconsoladamente… ya estaba allí… ya no podía correr.  Después me drogó… ¡wow!... no hizo falta el bate de béisbol para nada.

No sé como llegué a Carora.  Fue ya entrada la noche que llamé a Rebeca por teléfono.  Resulta que me hizo caso y lo escribió todo.  El Doctor recibió una llamada telefónica en medio del procedimiento ¡¡¡ofreciéndole un resort!!!.  Me abrazó para calmar mi llanto, repitió durante el procedimiento que todo estaba sano, y explicó que mis nervios y mi stress son los culpables de mi padecimiento.  ¨… ¿y me comí las papas fritas?...¨ pregunté, ¨…si…¨ me contestó riéndose, ¨…y la coca cola también, y dormiste todo el camino para Carora.  El te dió una película donde sale todo lo que te hizo, ¿ya la viste?...¨, me preguntó, ¨…
no.  Mañana compro cotufas y te llamo para que la veamos juntas…¨, le dije, y mientras se reía me aseguró, ¨… tranquila chama, todo está bien…¨.

Si…todo está bien.  Gracias a Dios.

syepez@cantv.net




Mi madre… ¿la inmigrante?

Por Susana Yépez Houser

25-07-2008

Okay.  Voy a hacer el intento.  Me pidieron en El Caroreño escribir un artículo sobre mi mamá.  Y es que, sin importar el contexto, escribir sobre mi mamá es una tarea sumamente difícil, porque si hay algo que era mi vieja…es perfecta.  Sin tenerla cerca para preguntarle  ¿Así fue el cuento?,  ¿Cómo va hasta ahora?,  ¿Muy ridículo? me hacen titubear.  Me atrevo  hacerlo, sencillamente, porque ella ha sido y será siempre la fuente más grande de mi inspiración.

Resulta que ella era inmigrante porque siendo norteamericana, se vino a vivir a Venezuela.  Pero, aunque de sus casi 70 años, 50 los vivió en este país, y aunque siempre consideró a Venezuela como su hogar, jamás se nacionalizó, pues le parecía pavoso tener que pedir permiso para entrar al país que la vio nacer.  Esta inmigrante vivió su vida aquí…con una visa de residente.

Mi mamá, Eleanor Marilla Houser Allen, nació el primero de Mayo de 1937 en Freeport, Illinois, y se crió en una zona rural y agraria de Wisconsin.   Todavía se vivían los últimos estragos de la Gran Depresión de Estados Unidos.  Mi abuela era maestra y mi abuelo trabajaba en una imprenta, era líder sindicalista y rebelde.  Aunque el dinero escaseó durante su infancia y juventud, los buenos libros y la buena comida nunca le faltaron.

Al nacer ella, nace en su familia la esperanza de un mundo mejor.  Fue muy querida y consentida por todos sus familiares que le llenaron la cabeza con ideas acerca del mundo y del potencial humano al dotarse con dos herramientas fundamentales: la de la educación y la de la bondad.

A los 17 años, parte a estudiar periodismo a la Universidad de Wisconsin y para pagar sus estudios trabaja como mesonera en el restauran chino de una pareja que no recuerdo el nombre, pero a quienes mi mamá quiso y admiró hasta el día de su muerte, por considerarlos gente pulcra, decente y buena.

Mas o menos en esa época aparece mi papá en el panorama,   que para ese momento era el emigrante, quien huía de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y a quien amigos habían mandado para esos lados a estudiar.  Mi papá no tenía la más mínima noción de ingles, y pensó que esos gringos eran gente muy amable, porque le deseaban éxito a todo aquel que pisaba suelo estadounidense, ya que lo que se encontró en el aeropuerto fueron avisos que decían EXIT (Salida) por todos lados.


Se casan en Madison, Wisconsin.  El telegrama que envió mi papá, anunciando su intención de desposarse, llegó muy tarde a Carora, razón por la cual el grupo que habían organizando los amigos y familiares de mi papá para ir a Wisconsin y traérselo antes de cometer la locura de casarse con una musíua que nadie conocía, no llegó a tiempo para impedir la boda, y entonces cambiaron el plan y decidieron apostar para ver cuanto duraría este matrimonio de locos.  Algunos, no les daban ni seis meses…

¿Qué pudo haberla motivado no solamente a venirse para Venezuela, sino a permanecer aquí por casi 50 años?...muchas vainas.

Yo me imagino que su espíritu aventurero, independiente y muy leído, la ilusión de un mundo mejor y menos frío, aunado a que estuvo locamente enamorada de Nano Yépez, a quien le tuvo una ferviente fe hasta el final, que ella sintió que todo estaría bien…y se vino.


Me dicen que mi mamá hablaba igualito a “Tiro Fijo McGraw”, el caballo de las comiquitas de Hanna Barbera.  Yo nunca lo noté.  Para mi hablaba el español y el inglés mas perfecto del mundo.  Y en mi casa siempre hablamos los dos idiomas ligados.  Al expresarnos lo hacemos con el idioma que mas rápido nos permita comunicar lo que queremos.  Solo mi hermana Rebeca inventa palabras que todavía no existen, una liga de los dos idiomas, cosa que hace sin querer, y que son tan peculiares que mi mamá tenía una lista.  Hoy, esa lista la continúo yo, en su nombre.

Nos enseñó a sus hijos y nietos que hablar diferentes idiomas no solo es importante, sino esencial para poder así, hablar con el mundo entero.  Y es que existe gente muy interesante con las que nos conviene comunicarnos.

Mi mamá no era una persona religiosa.  Aunque su mamá era una ferviente lectora de la Biblia, interpretándola mejor que muchos, y para el bien de la humanidad entera, la familia de mi mamá era tremendamente cuestionadora, no solo en cosas de religión, sino de medicina, historia, etc., etc., mi mamá básicamente se crió y nos crió sin interponernos una religión específica.  Sería nuestro deber estudiar las diferentes religiones que existen en el mundo y regirnos por nuestra consciencia, eso si, siempre respetando a todo el mundo, prestando una mano amiga sin esperar nada a cambio, y poniéndonos en los zapatos de los demás para ver como se siente la otra persona.  Ser decente.  Así se sencillo.


Y con esa filosofía, estudió la religión de su nueva familia, la respetó y hasta participó de ella con un buen corazón, bautizándose cuando yo tenía 12 años.  Sus padrinos: Mamayía (la mamá de mi papá) y mi tío Caché, dos de las personas que mas se preocuparon por el hecho de que ella no estuviese bautizada, y personas que la quisieron enormemente porque les permitió la dicha de meterla en el reino de Dios.  Cuando le pregunté si Dios se molestaría por el hecho se dejarse bautizar sin ser ella católica apostólica y romana, me calmó contestándome: No. He understands… (El entiende).

En mi casa en Caracas, y en mi casa en Madison, jamás tuve un cuarto para mi sola.  Mi cuarto era para el primo o la prima que estuviese en ese momento estudiando en la Universidad
, y ese hecho, unido a la Sicarigua de mi tía Yuye y mi tío Mario, y a la casa de los encuentros de mi tía Josefina y de mi tío Caché, nos marcó en lo mas profundo de nuestras almas a mis hermanos y a mi, el eterno amor que sentimos por  esta tierra y esta familia. Familia a la que ella reconoció como suya y a la que quiso sin mezquindades desde el primer momento…y viceversa.
 


Su influencia en la familia de mi papá fue profunda, tan profunda como lo fue la influencia de la familia de mi papá en ella.  Dos mundos ideales y diferentes que convergieron para convertirse en el mundo perfecto.  Y todos los que tuvimos la dicha de participar de esta fusión sencillamente nos sentimos bendecidos en todo el sentido de tan hermosa palabra, seguros, que su amor y sabiduría perdurará por todos los tiempos.

Thank you for the privilege mama.

syepez@cantv.net




Pipa… ¿quieres cenar en mi casa?

Por Susana Yépez de Álvarez

01-06-2008

Me contaba en estos días mi querida amiga y vecina Pipa, que unas amigas le celebraron el cumpleaños.  “… Fue algo muy sencillo…”, me contó.  Una torta casera y unos regalitos.  El que más le gustó,  y razón por la cual me estaba echando el cuento con lujos y detalles,  fue un inmenso frasco de salsa de tomate que recibió de parte de una de ellas.  “¡¿…Y era Heinz…?!”, le pregunté sumamente sorprendida ante tan ostentoso  regalo, “… ¡por supuesto que era Heinz!  No tendría ninguna gracia si no fuera GIGANTE y no fuera HEINZ…”, me aclaró con una inmensa sonrisa de satisfacción y orgullo ante este regalo, que si a ver vamos… no tiene precio.



Tengo que admitir que desde que Pipa me echó ese cuento, he sentido la gran necesidad de ir a confesarme.

Mi tercera hija Rebeca, está por hacer su Primera Comunión, y la exposición que nos toca dar a nuestro equipo tiene que ver con el Séptimo y el Décimo Mandamiento de la Ley de Dios.  En criollito: No robaras y No codiciarás los bienes de los demás. Es por esa exposición que hoy, estoy más clara que el agua.  Soy una pecadora, y debo ser severamente castigada.

La cochina envidia que sentí cuando Pipa me contaba lo feliz que se sentía al solo mirar su frasco de salsa tomate, me paseó por diferentes escenarios.  Salsa de tomate no se consigue, pero estoy segura que si busco, consigo burrundanga.  La invito a cenar en la casa.  Relleno una arepa con burrundanga y se la doy con un toddy.  De esa manera no estaría robando (mandamiento No. 7), porque yo le pediría, una vez que estuviese bajo la influencia, que por favor me diera como regalo el frasco del preciado líquido, porque ella es muy buena gente y me quiere mucho.

No que me sentí mal por pensarlo, pero yo sabía que no sería capaz de drogar a la pobre Pipa.  Decidí pasearme por otro escenario.  Visualicé su casa y pensé como podría meter a Rebequita por entre las rejas de la ventana de su casa.  Rebeca es delgada y debe caber, buscar la salsa de tomate y salir sin problemas, pero de seguro los vecinos se darían cuenta y yo quedaría muy mal parada, no tanto por querer robarme la salsa de tomate, sino por involucrar a mi pequeña hija en el robo.

A mundo una fiesta.  Yo decía que celebraría un día mi cumpleaños en grande, y que la vaca sería a que el Dr. Narváez, para así estirarme desde el dedo gordo del pié hasta la frente.  Pero diez mil millones de veces mejor, sería tener una fiesta donde cada invitado me trajera un tesoro de esos que están claramente en vía de extinción.  Mi lista de deseos definitivamente incluiría la fulana salsa de tomate que tiene Pipa, pero si me dan dos… ¡mejor!  Papel toilé… ¡suave!  Carne, y en este departamento ni siquiera me pondré a especificar como lo hago con el papel toilé.  Sencillamente quiero carne: de desmechar, de guisar, molida, en milanesas… ¡el rabo!

Aceite de maíz.  No quiero de Soya ni de Oliva por muy sanos que sean, y aunque prefiero Mazeite, Diana o Vatel serían gratamente recibidos.  Café, harina de trigo, leche en polvo, etc.

Mi sonrisa al transportarme al mundo de la fantasía se desvanece al recordar la Primera Comunión de Rebequita.  Seguro que es pecado querer hacer una fiesta con la única intención de recibir regalos.  No estoy segura con cual de los Diez Mandamientos me meto en este caso, pero cuando se me pase un poco la vergüenza que he sentido por culpa de un frasco de salsa tomate, llamaré a Blanca Cecilia o a
la Señorita Ermila para preguntarles.  Después de todo, en menos de tres semanas me toca “la Confesión” a la cual, por ley y obligación me debo someter si quiero que mi hija participe de tan bello sacramento.

Tengo entendido que no solamente con los actos se peca, sino con los pensamientos también.  Es mejor estar bien clara para cuando me toque.  ¡Ay papá!

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A Heidi le encanta Vivaldi… pero a Rafaelito no

Por Susana Yépez de Álvarez

08-05-2008

Tenía tiempo sin escribir porque he estado muy ocupada.  Ya no es solamente dar clases, criar muchachos, ver como hago con un presupuesto que sencillamente no alcanza, vivir con la inseguridad,  la incertidumbre, buscar salsa de tomate, calarme a un marido que decidió que está a dieta… y que la cumple al pie de la letra, (¡qué fastidio!), ir a mis clases de yoga que ya no son chéveres y me tienen traumatizada porque estoy casi convencida que tengo principios de Parkinson porque todo me tiembla cuando el profe me dice que tengo que ponerme en cuatro patas y levantar una mano y una pierna lo mas alto que pueda, mirando hacia el cielo, quedarme inmóvil y respirar lentamente (por la boca)… ajá …yo te aviso chirulí… mientras que a mi amiga, (la expertísima en yoga), le estoy agarrando rabia por ser tan perfecta.  Y ahora, de ÑAPA, le puedo añadir a todos mis quehaceres… chivera.

Si señor.  Mi papá me convenció que me tengo que adiestrar en este arte ya que es el negocio de la familia y acepté porque aunque estoy de acuerdo que debo saber de que vive la familia, me gusta mucho complacer y hacer feliz a mi papi.

Me tocó coger con la familia y dormir en  la granja porque tenía que estar presente para el ordeño y presenciar la medición de la leche.   Estoy profundamente dormida, cuando en medio de la noche se abre la puerta del cuarto violentamente y veo a un hombre que me bate un palo en el aire mientras me grita.  Me tomó como 10 segundos entender era mi papá, que me decía “… ¡rápido Susana!  ¡Estamos listos!  ¡Vámonos pa´l ordeño!...”  ¡Ah diablo! ¿Así no más?  ¿No le dan a uno ni cinco minutos para cepillarse los dientes y beber café?  Ya la cuestión de los chivos no me estaba gustando tanto.  “…Entendí per-fec-ta-men-te papá.  Sal del cuarto que vas a levantar a los muchachos, yo me apuro…”, y el viejo me contesta “…ah bueno, apúrate pues, solo faltas tú…”

¡Y sacudí la cobija!  ¡Y me levanté brava! ¡Y murmurando me fui para el baño!, -…estoy aquí porque lo quiero hacer feliz y me tiene que levantar tan dramáticamente… casi me da un infarto del susto… iqué pa´l´ ordeño… ¿quién ha visto?  ¡Fenómeno!  ¡Yo en un ordeño!... -  Ya me estaba despertando y hasta me estaba cambiando el humor cuando mi papá me pegó otro grito mientras me cepillaba los dientes.  Me provocaba salir corriendo del cuarto y batirle el cepillo de diente por la cabeza. ¡¿Qué parte de “vas a despertar a los muchachos… no entendió?!

Yo me había preparado para ese día.  Hasta mi ropa estaba fríamente calculada.  Estaba vestida de vaquera y tenía mi gorra con el nombre de la granja… orgullo familiar.  Vámonos a ordeñar las cabras.  Ese día me limitaría a observar… y eso fue lo que hice.  Observé como los hombres (puros hombres) tenían su rutina bien establecida y perfecta, como mi papá anotaba cuanto daba cada cabra (que no solo tenía su número, sino su muy creativo nombre también, como “Mamona” o “Heidi”) en su libro de contabilidad, con la seriedad de un físico nuclear.   Hice algunas preguntas que me parecían pertinente hacer y hasta traté de ordeñar una cabra… sin lograrlo (es bien difícil).

Pero como mujer y madre que soy, también observé el pupú de chivo…hasta en las paredes y en el techo, (¿cómo llegaría eso hasta allí?),  el polvo, la poca ventilación y la oscuridad del interior del corral.  Fui testigo del olor tan particular que emanan esos bellos y simpáticos animales y escuché la música (raspa canilla) que amenizaba el ambiente.  Esa tarde, aporté mi primer granito de arena.  Ante la mirada atónita de los ordeñadores pedí que barrieran el techo y las paredes.

Al llegar a Carora compré dos galones de pintura amarillo pastel para pintar el interior del corral.  Eso si, ese color no lo escogí al azar, investigué primero.  Resulta que ese color anima a la gente porque semeja a los rayos del sol.  Los llena de energía y positivismo.  ¡Buenísimo!  Y ya que estaba en eso, me puse a pensar ¿que música hará que las cabras den mas leche?... y ¿adivinen qué?, ¡a las cabras les encanta Vivaldi!

Gracias a Dios, Salomé, (una de mis alumnas de ingles de 12 años) es fanática de la música clásica y… ¡voilá!... me prestó varios de sus cassettes.  Le robo el reproductor de música a Eleana que ahora usa es un tal MP... algo y contentamos a los “jombres” y a las cabras.

Vamos a ver que opinan al respecto.  Voy saliendo pa´ la granja con todos mis implementos nuevos.  Los mantendré informados.

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¿Gorda?... ¡Tu mama!

Por Susana Yépez de Álvarez

15-03-2008

Hay que ver que el caroreño es bien imprudente.  Y yo que me preguntaba de donde había salido mi papá como salió, y me la pasaba regañándolo por meter la pata por todos lados.  “Mas nunca papá…di lo que quieras.  Hay caroreños mucho, muy, mucho mas imprudentes que tú”.

Mi hermano Fernando se queja cada vez que viene a Carora a visitar, porque la gente le dice, “¡Ah Diablo mijito!  ¡Tú si estás gordo!”, y yo, me la pasaba excusando al pueblo caroreño diciéndole que eran costumbres coloquiales, mas o menos lo mismo a – ¿cuándo llegaste?... y… ¿cuándo te vas?-.  “No le pongas cuidado”, lo animaba, mientras que el pobrecito se miraba en el espejo… sobándose la panza.

Pero entonces, desde enero para acá, me han parado en la calle para decirme a mi, exactamente lo  mismo que a Fernando.  Aquí estaba yo, contemplando la idea de dejar de fumar, cuando me consigo con un amigo que me saluda diciéndome, “¡Susana!, ¡estas gordísima!, ¡¿qué te pasó?!”.  ¿Qué respuesta digna se le puede dar a este tipo de comentario?: “Si vale, estoy gordísima.  Gracias por arruinarme la vida”, o, “Caramba chico, tú también.  ¿Qué te pasó a TI?”, o “Bueno, eso se arregla con dieta, pero tu estás grave, porque la estupidez no tiene remedio”.  Yo me muero antes de decirle así a alguien.  ¡Ah buena pena!.

Decidí tirarles esa pelota a mis alumnos.  Ellos me ven todas las semanas.  Lo hago de la manera más sutil que conozco.  Exclamo a todo volumen, “estoy muy gorda. Tengo que hacer algo al respecto”, pero en vez de escuchar cosas como -Nooo Susana, así como estás, estás chévere-, o -¿Cuál gorda… tú estás loca?-, lo que escucho es lo siguiente: “… Y eso no se quita así de fácil”.  (¿QUEEEEE?).

¡¿Esta gente está LOCA?!  Trauma total y severo.  Esto va a ameritar un buen psiquiatra y terapia a largo plazo si quiero volver a ser útil para mi sociedad en un futuro… ¿Será que esos postres tan divinos que le compro los fines de semana a Carito, y que para los muchachos… ¡pero bueno! SI son para los muchachos.  Lo que me como yo es lo que le logro raspar a la bandeja con una cuchara, los domingos en la noche para ver Yo prometo, con Nitu Pérez Osuna.  ¡Siécara!

Me dispuse a hacer algo al respecto.  Pero caminar me da miedo, la inseguridad está rampante.  No tengo coordinación para hacer aerobics… perdón, Baile Terapia, como lo llaman hoy en día… (¡OH, OH… cómo que además de gooorda, también estoy vieja!).  Estoy dando clases cuando están dando clases de spinning… ¿qué hago?, y en eso una amiga me presenta la perfecta opción: Yoga, “¿pero me va a ayudar a perder esos kilitos de más?” le pregunto, y mi amiga me dice que no cree que sea el ejercicio ideal para adelgazar como tal, pero que si me ensaña a respirar y a controlar mi stress…” ¿stress?... ¡stress!... Siii, demasiado importante, ¡anótame!”

Fui a mi primera clase. ¡Lo máximo!.  Especialmente porque una de mis compañeras de yoga, que es una veterana en yoga televisiva, hace que la hora se pase volando. Ahora solo me toca agarrar mi palo de vera, y hacer un curso intensivo de imprudencia con mi papá para aprender a defenderme.  Voy a llamarlo.

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Buen Trabajo… ¡Congratulations!

Por Susana Yépez de Álvarez

02-03-2008

Mis hijas no tuvieron colegio toda la semana.  No estoy segura porque, un curso que tenían que hacer las maestras…creo.  Debería averiguar, porque es raro, ya que acaba de pasar Carnaval, y Semana Santa está a la vuelta de la esquina.

Ya que yo doy clases particulares de inglés en las tardes, no esperaba conseguirme con ninguno de mis alumnos.  Cualquier excusa es buena, y si no hay colegio…a correr se ha dicho.  Es por eso que quedé gratamente sorprendida cuando vi a la mayoría de mi grupo de adolescentes llegar a clases.  Eso me alegró mucho.  Es un grupo muy variado de los diferentes planteles educativos de Carora, y con el tiempo se han integrado en un grupo de amigos que conviven en perfecta armonía en mi salón, y eso me encanta.

Ese día les pedí que escribieran una carta de presentación en ingles.  “¡Eso es muy difícil!”, “¿en INGLÉS?”, “¿tú estás loca?”, entonces le entregué a cada uno un diccionario Ingles/Español, les volví a repetir que no pueden traducir literalmente, y que le echaran pichón.  Y entre quejas, risas, preguntas y música (los Backstreet Boys), hicieron lo que les pedí.

Ya casi al final de la hora, les confesé que no esperaba conseguírmelos en clases ese día.  Pensé que se escaparían.  Les agradecí la responsabilidad, y les anuncié que sus presentaciones saldrían publicadas en el periódico El Caroreño, el domingo siguiente.  Ojos se abrieron de par en par, el diccionario se abrió mas a menudo, llegaron preguntándome si lo que tenían estaba bien escrito, y a una le daba peeena,  “a buena pena Susana”.

Cuando me preguntaron porque publicaría sus presentaciones en mi columna, les dije que tenía un doble propósito.  Uno era un premio.  Habían trabajado mucho, y este era uno de los frutos de su trabajo.  Y dos, era para que todos los que nos leyeran ese día entendieran que los idiomas son importantes.  Nos permiten comunicarnos con mas personas, con otros países, y ojala todos pudiéramos hablar muchos idiomas para así poder comunicarnos y aprender del mundo entero.       Así que, lo prometido es deuda.  Si entienden, les presento a mis alumnos.  Y si no entienden, búsquense un diccionario, les prometo que vale la pena.

Hello.  How are you? My name is Ana Marina.  I am a tall, white girl.  I have yellow hair, green eyes and big lips.  I am an athletic girl and I like to dance.  I think I am pleasant...  Ana Oropeza.  13 años.  Instituto Maria Inmaculada.

…My name is Soliangel Rodríguez.  I live in Carora.  I like to dance, to sing, to study, to play.  I am 11 years old.  I am studying 5th grade…
Soliángel Rodríguez.  11 años.  Escuela Torres.

…Hello.  How are you? My name is José Rafael.  I live in Carora.  I’m a tranquil boy and a good student too.  I am 13 years old; I study in the school Cristo Rey.  I have two sisters; their names are Ligia Elena and Maria Claret.  I’m thin, tall and brown skin.  I like to play football, to study, I’m studying 7th grade and my last name is Ballesteros.  My parents, their names are Jose Armando and Ligia Figueroa…
José Rafael Ballesteros.  13 años.  Colegio Cristo Rey.

…Hi.  I’m Jesús E. Hernandez.  I am 13 years old.  I live in Carora.  I study 8th grade, section “U”, or only.  I have a brother Argenis and a sister Patricia.  My parents are Cornelia Carrasco and Argenis Hernández.  When I’m big I will travel to
Boston with my father.  I like to play football, I like Pizza.  Have a nice day.  Jesús Hernández.  13 años.  Colegio Corina de Zubillaga.

…Hello.  My name is Yerlis Carrasco.  I am from
Venezuela.  I am sixteen.  I have dark skin and brown, curly hair.  I have three sisters and three brothers.  I am studying 4th year…Yerlis Carrasco.  16 años.  Colegio Julio S. Alvarez.

…Hi! How are you? My name is Admary Carrasco. 
I live in Carora, Lara State.  I don’t have brothers or sisters.  I am an only daughter.  My father is called Adam Carrasco and my mother is Maribel Cárdenas.  I am studying 8th grade in school Cristo Rey.  I am blond, normal weight, I am short.  I will study English or Graphic Design…Admary Carrasco.  13 años.  Colegio Cristo Rey.

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Ir… y volver

Por Susana Yépez de Álvarez

07-02-2008

Tuve la gran oportunidad, la bendición, el destello mágico (y no estoy exagerando, ya que con la situación como está, es muy difícil salir hasta de tu  casa), de viajar en estos días.  Un reencuentro con mis dos hermanos, con mis sobrinas, con mi tía materna y con mi hija mayor en Wisconsin.  Mi otro país, Estados Unidos.

Me hacía mucha falta escapar.  Había sido un año demasiado difícil, más que todos los demás.  Se me hacía imposible sanar, olvidar y a veces… hasta dormir.  Así que SI, efectivamente era escapar lo que buscaba.  Escapar de la rutina, del mismo aire, de los problemas, de la vida.  Ver algo diferente, con otro aroma, con otros sabores, con otras razones de ser.

Aprovecharía el viaje  no solo para mirar hacia atrás y aprender de nuevo a valorar todo lo dejaba, sino también para aventurarme una vez más a enfrentarme con mis alternativas.

Fue muy provechoso mi viaje.  No solo fui objeto de amor del bueno por dos semanas, sin preocupación alguna, sino que también tuve tiempo libre en mis manos para observar y pensar.  Puede mentalmente cambiarme los zapatos y caminar en mi otra tierra.  Tierra donde me desenvolví por mucho tiempo.  Tierra en la que ahora veía a mi hija y a mis sobrinas desenvolverse como muchos años atrás lo hice yo.  Tierra que me infunde un gran sentido de pertenencia y orgullo… pues es tan mía… como lo es Venezuela.  Pude, de manera clara y nítida imaginarme, como sería  mi vida y la de los míos, si  todo fuera diferente.

Definitivamente nadie es igual.  Mis hermanos son peces de ese mar, y yo… de éste.  Con todas las maravillas que un país desarrollado me ofrece, a las dos semanas agarré mis maletas  llenas de nostalgias y de ilusiones y me devolví.  Estaba tranquila, descansada, y contenta. Volvía a casa.

Y aunque quisieras tener una varita mágica para escoger lo mejor de los dos y  construir el país perfecto… sabes que es solo un sueño.  No es posible.

Cuando tienes pedacitos de tu vida regados entre dos países, nunca es fácil renunciar a ninguno de los dos.   Por los momentos,  gracias a Dios, no he tenido que hacerlo, y ojala… nunca lo tenga que hacer.
 


syepez@cantv.net



Para la Familia Álvarez-Yépez de la familia Yépez-Houser

Por Susana Yépez de Álvarez


14-01-2008

Mi tía Josefina.  Mi tía.  Mía.  Así le decíamos nosotros a la mujer más buena y más fuerte que hemos conocido en nuestras vidas.  La mayoría de nuestros primos y todos sus nietos la llamaban Mamachichina, o Chichi, pero a lo mejor porque nos criamos fuera de Carora, nosotros le decíamos Mi Tía Josefina.  Un sentimiento fuerte de pertenencia, que necesitábamos dejar bien claro…  Mía.
 

 

El hecho de no haber crecido en cambote en Carora, no significa que no convivimos con Mi tío Caché, con mi tía Josefina y con todos los primos de ese matrimonio.  Si lo hicimos, y no solo como sobrinos y primos, sino como hijos y hermanos. 

 

Desde pequeños, la casa de mi tía Josefina, siempre fue la base de la familia. Era en esa casa donde uno era testigo de un hogar en el verdadero sentido de su palabra.   Era allí a donde uno tenía que llegar para reencontrarse con sus raíces, para recordar que pertenecía a algo muy especial, para darse cuenta que era parte de una familia realmente maravillosa.

 

Es reconfortante saber, que tu vida está rodeada de mujeres fuertes y superiores.  Mujeres que lograron levantar familias con verdaderos valores católicos de corazón y no solo de palabra.  Una mujer bella en todos los sentidos de la palabra, dotada de una sabiduría mágica y un corazón grande y profundo donde todos cabíamos sin excepción.

Tía Josefina supo entretejernos por el resto de nuestras vidas con lazos de verdadera hermandad y amor INCONDICIONAL, utilizando su mejor hilo, sin mezquindades, para que su buen trabajo se mantenga mientras el mundo exista.

William, Sol, Cecil, Norma, Juan Carlos, Chulalo, Sara, Lourdes, Pastor, Cheo, no sabemos que decir después de tan lamentable noticia.  Que es un alivio saber que allá en el cielo la está esperando el amor de su vida con los brazos abiertos.  Que su papá y su mamá estarán encantados de poder estrecharla de nuevo en sus brazos, que Socorro y ella se reencontraran para continuar donde dejaron su camino en la tierra.  Que podrá conversar con tío Gustavo, tío Juan y con mi mamá que tanto la quería y admiraba.  Como provoca estar allá y poder ver ese espectáculo.  Que bueno.

Al acabar de cumplir un año de haber perdido a nuestra mamá, también sabemos que se trata de una perdida irreparable, de un dolor que no tiene fin, de una nostalgia eterna.  Como una espina con la cual aprendes a vivir el resto de tus días, pero a la cual no te acostumbras…porque duele.  Y, aunque no hay remedio para eso, es un bueno saber que estamos juntos en esto también, y nos tenemos para recordar, para llorar, para reír y para cuidarnos por siempre.  Eso fue lo que esas dos mujeres nos enseñaron.

 

Los queremos a todos. Lo sentimos tanto. Un abrazo fuerte.

 

Fernando, Rebeca y Susana

syepez@cantv.net




¡Este realismo mágico, me tiene loca!

Por Susana Yépez de Álvarez

16-11-2007

Yo iba camino al colegio a buscar a las niñas, cuando escucho por la radio, con la música esa tan particular de Globovisión, las primeras declaraciones del General Raúl Baduel.  En realidad, no había reconocido la voz, y pensé que era Germán Escarrá.  Cuando me di cuenta que era el General Baduel, los ojos se me abrieron como los de las comiquitas y, aunque la cola de carros avanzaba, yo no  podía ni moverme. 

           
Llegué corriendo a la casa, y pude ver sus declaraciones por televisión.  Jamás, a lo mejor por buena gente e inocente, me pasó por la cabeza, que se podía tratar de otro Arias Cárdenas.  Estas eran declaraciones muy serias de un General que habló con palabras muy duras y fuertes el día que lo pasaron a retiro, acerca del rol de las Fuerzas Armadas de la República Bolivariana de Venezuela.  Además…es el responsable de devolver a Chávez a Miraflores el 13 de Abril del 2002, apegado a
la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 

           
Me alegré.  Alguien que goza de respeto en este régimen, le estaba diciendo al pueblo de Venezuela sus cuatro verdades.  El presidente tendría que recapacitar por el bienestar de un país, que hoy… se encuentra más dividido, más empobrecido y más temeroso que nunca. 

           
Cual es mi sorpresa, cuando esa misma tarde sale el Presidente del CNE Jorge Rodríguez… ¡perdón!...si el descarado este ya no es rector de una institución que POR OBLIGACIÓN debe ser COMPLETAMENTE IMPARCIAL, sino que ahora es el VICEPRESIDENTE de la República, llamando al General Baduel… ¡traidor!  Los ojos… se me volvieron a poner grandotes.

           
Caramba vale.  Que vaina tan seria.  Que desfachatez.  Que bochorno.  Que hipocresía.  ¿Cómo podrá dormir este hombre Jorge Rodríguez por las noches?  ¿Con que riñones se atreve a hablarnos a los venezolanos acerca de la supuesta traición de Baduel desde el puesto que ocupa y el puesto que ocupaba hace menos de un año atrás?  ¿Cómo es posible, que los venezolanos no nos hayamos alzado antes, ante el nombramiento como Vicepresidente de este personaje?  Eso solo se ve en Venezuela, y exclusivamente en los parámetros de esta Revolución.

           
Es en casos como este, cuando CUALQUIER ciudadano venezolano, sin importar su ideología política, puede apreciar de manera clara y contundente, como este gobierno hace lo que le da la gana…y lo peor de todo, es que nos lo restriega en la cara, como si fuéramos unos zarrapastrosos.  Que pena.  Que rabia.  Que dolor.  Ver como el gobierno nos rebaja al sub-suelo, a comer caca, a cambio de alguna limosna de alguna misión, o por la oportunidad de regodearte ante la preocupación de aquellos que con su trabajo y esfuerzo pudieron mas que otros, o peor… tragándote tus principios, y vendiéndole tu alma al diablo, a cambio de real…en otras palabras… oportunistas del régimen.  Esa no es
la Venezuela grande que podemos ser.  Tener que tragarnos esa petaca, debería ser suficiente para decir BASTA a todo, ya que es solo una evidencia de la ilegitimidad con la que se maneja todo este proceso corrupto e inescrupuloso. 

           
Toda la situación me tenía tan sorprendida, que no paraba de hablar sola por la casa.  Decidí ir a hablar con mi papá.  Me voy para su cuarto y lo consigo con unas pijamas de mi mamá, porque su ropa y que está sucia, (embuste, las pijamas de mi mamá son suavecitas y sabrosas), está acostado en el chinchorro leyendo el periódico, a un lado del chinchorro, en la mesita de noche tiene su café, sus medicinas y su palo de vera.  “… papá.  ¿Cómo es posible que el SINVERGÜENZA este ex Rector del CNE, institución y que imparcial,  a donde los venezolanos fuimos a depositar nuestros votos en las últimas elecciones presidenciales, sea ahora Vicepresidente de la República y que NADIE en este país diga o haga algo al respecto? ¿Cómo es posible, que el hipócrita este, venga ahora a descalificar al General Baduel?  ¿Cómo es posible…”, y en eso, el viejo, que ahora cree que es el rey de España, levantó su palo de vera para apuntarme con el, y me interrumpió para decirme “…mira Susana…”, entonces me callo de inmediato, esperando escuchar las perlas de sabiduría que saldrán de su boca, cuando lo que me dice es, “…¿por qué no te callas…y me traes otro café?...”.  ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!  ¡¿En que libro de Gabriel García Márquez estoy metida?!  ¿Puros locos en esta vaina?  ¡Yo quiero a mi MAMÁ!

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Estimado Señor Experto en la Materia

Por: Susana Yépez de Álvarez


02-11-2007

Por no haber sido nunca buena para las matemáticas, estoy vuelta un ocho con el fulano bolívar fuerte del cipote. Y mientras me acostumbro a quitarle ceros a los números, resulta que ahora, pretenden que analice, entienda, comprenda y vote, por una Reforma Constitucional.  Y por culpa de este gobierno ahora estoy exhausta y más enredada que un kilo de estopa. 


Como no consigo quien me explique la Reforma, decidí dirigirme por escrito a ver si alguien puede aclararme ciertas cosas.  OJO, solo ciertas cosas, porque son tantos los puntos a tratar, que no terminaríamos nunca y el artículo no me lo publicarían por largo. Y es que esta Reforma, con sus artículos originales, los nuevos y los últimamente agregados, escritos con un vocabulario que se presta a todo tipo de dobles sentidos, para que así, nuestro mandatario…único y perpetuo, las interprete como le de la gana, me tiene muy alarmada y confundida.


Es por eso, que yo quisiera que alguien, me aclare las siguientes inquietudes y preguntas personales que tengo sobre la materia, con respuestas concretas, de manera CLARA Y RASPADA.


Aquí voy.  Número 1. Yo firmé contra el presidente…varias veces, y siento que un sector de la población está favorecido por ser rojo-rojito y los demás estamos segregados por no serlo.  Eso se puede ver clarito cuando, con permiso en mano, unos estudiantes que pretenden marchar hasta el CNE a entregar una carta, pueden llegar, pero cinco cuadras antes de
la Institución gubernamental, pero a las puertas del lugar se encuentra todo aquel que apoye al gobierno nacional y quiera estar presente en el lugar.  Entonces yo pregunto.  Si la Reforma se aprueba, ¿se acabaría de una buena vez con el favoritismo, el segregarismo, etc.? ¿Todos tendríamos la misma protección de parte del gobierno sin importar si comulgamos o no con el mismo?  ¿Si yo aspiro a una posición pública, y soy la más apropiada para el empleo, me lo darán aunque no comulgue con el gobierno?


Numero 2.  La cosa está bien fea en Venezuela con respecto a la seguridad.  Atracos, asesinatos, secuestros por todos lados.  Y para ser sincera, les voy a confesar que le tengo miedo a la policía.  Opino, que esta debería estar mejor entrenada.  Es un trabajo difícil y de alto riesgo.  Propenso a las tentaciones y corrupción, porque  además de que no están bien preparados, no están bien pagados tampoco.   El trabajo de un señor oficial de la policía implica la seguridad de los ciudadanos, donde se deben enfrentar a gente mala que nos quiere hacer daño.  ¿Esta reforma contempla hacer una academia u universidad de calidad que prepare a las personas que quieran ser policías, para que hagan bien su trabajo y no caigan en tentaciones dados sus bajos sueldos?  Yo quisiera estar tranquila en mi hogar, en la calle, cuando mis hijos están en sus actividades, cuando voy y vengo a un lugar.  ¿La nueva Constitución contempla seguridad para TODOS sus ciudadanos?

           
Número 3.  Si aquí en Carora, por ejemplo, tenemos un problema porque se nos quedó pequeña la ciudad para la cantidad de dos milititos que hay, se nos quedaron pequeñas las escuelas por la cantidad de niños que hay, etc., ¿tenemos a quien acudir en Carora, o le tenemos que enviar una comunicación al Presidente de
la Republica?, ¿nos daría el su teléfono personal, su email, o le tenemos que mandar las cartas por Ipostel?, ¿Cómo funcionaría esto?

           
Número 4.  Me gustaría saber si la reforma contempla, que yo pueda ir al abasto y comprar leche para mis hijos.  Es que tengo cuatro que están en pleno desarrollo.  Ya yo pisé los 40 y por la cuestión esta de la osteoporosis, como que también tengo que tomar leche, y mi papá… ¿Qué hago si se me cae y se le parten los huesos por no beber leche?  Yo necesito leche…de los dos tipos. También quiero azúcar, aceite que no sea de soya, caraotas que no me cuesten Bs. 5000 el kilo (perdón Bs. 5 fuertes… a buen fastidio).  Para ser sincera, y llegando a las chiquiticas, lo que yo quiero saber es lo siguiente.   ¿Esta nueva Reforma Constitucional me va a permitir comprar en el abasto de mi preferencia lo que me de la gana comprar y de la marca que me de la gana comprar con el sueldo que me gano?  ¿Voy a poder hacer eso?

           
Número 5.  Mi casa.  Mi marido y yo, gracias a la ley de política habitacional, estaremos  pagando nuestra casa por muchos años más. Y aunque ya tenemos años pagando, no importa.  Somos dueños de la casa en la que formamos nuestro hogar.  Alguien me dijo que ya no les podremos dejar la casa en herencia a nuestros hijos.  Y entonces… ¿Quién se queda con la casa que con el sudor de nuestras frentes pagamos para dejarles un piso sólido y seguro a nuestros hijos? ¡Siécara! Aclárenme eso.

           
Número 6.  Bajo esta nueva constitución, ¿yo puedo escoger el tipo de educación que me gustaría reciban mis hijos?  Me explico,  pública, privada, religiosa, profesional, sin militarismos (no me gusta lo militar, porque no milito con la guerra).  Porque yo les digo una cosa.  La educación de mis hijos es la meta fundamental por la cual mi marido y yo trabajamos todos los días.  Una educación de calidad y la casa, que con el favor de Dios, lograremos terminar de pagar antes de morir, es lo único que les dejaremos a ellos. 


Ya que, gracias a su educación, yo quiero que ellos tengan opciones y puedan opinar, escoger y decidir, pregunto:   ¿Si uno de mis hijos quiere ser arquitecto y viajar por el mundo, el otro dentista y quedarse en Carora, el otro ganadero, y el otro político opositor al PSUV, entrar y salir del país cuando lo quieran o necesiten, ahorrar para buscar su felicidad a su manera…¿podrán hacerlo?

           
Número 7.  La salud.  Muy importante, ya que sin salud no hay nada.  Tengo entendido, que en el hospital de mi ciudad están trabajando con las uñas.  No hay médicos, ni material médico de ningún tipo.  Yo me imagino que la nueva constitución contempla darles trabajo a los miles y miles de médicos venezolanos, preparados en las mejores universidades del país, y que el gobierno estima entregarle todo el dinero que pensaba mandar a Nicaragua o Bolivia, o no sé para donde, para que nosotros, los venezolanos tengamos los mejores hospitales del mundo entero.  ¿Esto es correcto?

           
En resumen.  Con tanto real FUERTE que entra gracias al petróleo, entonces, entiendo que ¿con esta nueva REFORMA CONSTITUCIONAL vamos a tener las mejores instituciones médicas del mundo, la mejor y más plural educación del planeta, Trabajo digno y bien remunerado para todos los venezolanos y venezolanas, protección policial de primera, cero delincuencia, cero escasez,  justicia y paz?  ¿Todo esto lo contempla la nueva reforma constitucional?, porque eso es lo que queremos la mayoría de los venezolanos como yo.  Espero respuestas a mis inquietudes y preguntas, y muchísimas gracias de antemano.
Atentamente.

syepez@cantv.net




La educación y la política

Por Susana Yépez de Álvarez

26-10-2007

Vengo de una familia de docentes, de personas que creen en la educación como herramienta fundamental para el desarrollo del ser humano y del progreso.  Desde mi abuela materna que era licenciada en educación, mis padres que fueron profesores de la Universidad Simón Bolívar, varios tíos, primos, mis dos hermanos, y yo.

Me gradué en idiomas, específicamente en italiano.  No precisamente una carrera con la que me puedo poner millonaria, pero si una carrera muy bella que me mostró muchas cosas, como el amor por los idiomas.  ¡Como me gustaría poder hablarlos todos, para poder así aprender del mundo entero! Aprendí sobre religión, sobre arte, sobre literatura.  Una carrera que me llenó de esperanza por el inmenso potencial humano y por el mundo.  Amo ser maestra.  Y…aunque comencé a estudiar por conceptos “individualistas”, todo lo que he aprendido lo he compartido, segura de que, en algún momento, he prestado una mano amiga, o mostrado una visión o un camino a seguir a alguien que necesitó de mi consejo.

Mi papá tiene 78 años.  Es diabético. Es Doctor, no en medicina (no puede ver un médico ni un centro hospitalario ni en pintura), sino en Economía Agrícola.  El primer Doctor en Economía Agrícola que produjo Venezuela. Trabajó toda su vida, y cuando terminó de darle a sus hijos una buena educación, decidió dedicarse a lo que realmente le gusta: Leer sus libros de historia (de Roma, especialmente), y a su granja de chivos.

No sabe de Internet, aunque se está interesando en el tema después que chateamos mientras se encontraba en Wisconsin visitando a mis hermanos, y cuando se enteró que puede bajar cursos de chivos para su deleite, y buscar libros de chivos y de historia de Roma, para después llamar a mi hermano Fernando y decirle que se los compre… ¡urgente! ¡De una vez!… ¡antes de que se agoten!... “… ¡corre!  ¿Tú no los puedes comprar por Internet desde allá… ¡Aló!?...”, “…si papá, los puedo comprar por Internet…”, “…ah bueno.Dale pues. ¿Ya los compraste?…¿¡Aló!?…¿me escuchas??...” 

Con los años, el viejo se ha puesto imprudente.  No voy a excusar sus imprudencias ni en sus años ni en su diabetes…aunque podría hacerlo.  Tampoco lo voy a excusar a la injusticia que siente por haber perdido a mi madre, porque el carajo era imprudente mucho antes de ella morir.  En realidad, es mi opinión, que el es imprudente por dárselas de gracioso y el tiro, a veces, le sale por la culata (¿se dice así?).  “… ¿Tú eres hijo de quien?...”, le pregunta a alguien, “…de tal y tal…”, le contestan, y entonces viene el viejo y dice, “…ahhh si, como no, sumamente pretencioso tu papa…”.  Aquel que no lo conozca, le puede caer mal este tipo de comentario, y como uno lo regaña por hacerlos, entonces…el lo hace más… para joder (como el viejo español, que decía que si moría en Madrid lo enterraran en Sevilla, y si moría en Sevilla lo enterraran en Madrid). 

Pero, yo que lo conozco, sé quien es, y  entiendo que no le desea mal a nadie, hace tiempo comprendí, que tengo que estar preparada para defenderlo, el día que, por sus imprudencias, (que generalmente no son mentiras, pero igual no debe decirlas),  le den un tate quieto.  Después de todo, es mi papá…y es el mejor del mundo entero.

Yo debo haber escuchado en el trayecto de mi vida, como un millón de veces, de su boca, lo siguiente: “…los que estudiaron conmigo fueron: Aponte Otto, Campos Carlos, Curiel, Curiel y Curiel, Chávez Hermes, González Bernabé, Gutiérrez Joel, Herrera Eduardo, Quintero Alberto, Santeliz Gerardo, Vázquez Carlos y Yépez Luís Fernando…”, (ese es él).  Yo escribo los domingos, y comparto la columna de opinión con el Sr. Hermes Chávez, compañero de estudios de mi papá, y persona con la cual no comparto en absoluto nada de lo que ha escrito, ni de lo que ha dicho por radio. 

En conversaciones con mi papá, le he preguntado, totalmente sorprendida a veces por los comentarios del Sr. Hermes, si en realidad cree lo que predica, “… Si.  Toda la vida ha sido comunista…”, “… ¿y tú eres su amigo…?”, “…Si, como no.  Estudiamos juntos…”. 

Yo no creo que el Señor Hermes Chávez me reconozca cuando me ve en la calle, pero yo si lo reconozco a él.  Y por ser mayor, por ser compañero de estudio de mi padre, y porque compartimos una página de opinión los domingos, yo paro lo que estoy haciendo, voy, y lo saludo.  No comparto su postura, pero si lo respeto.

Explico esto, porque cuando vi por televisión, como un joven,  un mocoso, escudado en su misión política,  insultó, humilló y apuntó con el dedo a un señor de 85 años, como lo es Pompeyo Márquez, me di cuenta, que el fondo del problema en Venezuela tiene que ver con
la EDUCACIÓN.

El otro día vi, en VTV, a una estudiante universitaria “bolivariana”, que le decía al hombre este que tiene el programa de entrevistas en las mañanas y que me cae mas mal que un plato de caraotas viejas, que las universidades enseñan  una educación “individualista” en vez de colectiva, y que, al entrar a la institución educativa, lo primero que te señalan es que, por el simple hecho de estar en la universidad, eres superior.

Los ideales de la igualdad, son ideales muy bellos.  Y es verdad, todos somos iguales y merecemos ser tratados con respeto y dignidad.  Pero no es menos cierto que el ser humano es un ser individualista.  Punto.  Lo tiene en los genes.  En su naturaleza.  Que no me venga a decir esta joven, que ella se va a quemar las pestañas estudiando 5 años en la Universidad Central de Venezuela, y que alguien, que no le interesó ni siquiera estudiar bachillerato, pretenda ganar lo mismo, tener los mismos beneficios, las mismas puertas abiertas que se le puedan abrir a ella por tener un titulo universitario bien ganado, porque eso es BULLSHIT, eso…no se lo cree ni ella misma.       

Todos tenemos derecho una educación.  Esa educación comienza en el hogar, donde se imparten principios, moral, amor por tu prójimo y respeto.  Luego, le toca al estado dotar a sus ciudadanos con una educación de calidad.  No todos quieren ir a la universidad y no deberían tener que hacerlo.  Tener una buena educación primaria y secundaria, donde te den las herramientas para salir al campo laboral y dar lo mejor de ti, es suficiente para unos, pero para otros no.  Otros quieren profesionalizarse, y eso es bueno.  Necesitamos buenos profesionales, bien preparados por profesores expertos en su materia.  De esta manera tenemos ciudadanos productivos (en todos los niveles), que aunque sean “individualistas”, mejoran la calidad de la sociedad. Los conocimientos de estas personas caen como cascada sobre los demás y no hay manera de detener ese efecto multiplicador.  Si ellos se hacen ricos gracias a sus conocimientos, también generan riqueza, que genera más trabajo, que genera más educación, que genera más conocimiento.   Y la bola de nieve no se detiene. 

La prueba mas contundente de lo que pueden hacer los dos peores males de la humanidad, actualmente se están carcomiendo el alma y la esencia de nuestro bello país.   El resentimiento y la ignorancia.  El resentimiento se traduce en odio y envidia,  un cáncer que envenena el alma…y si a esto le añades la ignorancia, (falta de educación en todos sus niveles),  terminas con un país que no sirve para nada.  Un país, como jóvenes capaces de insultar vilmente a un anciano de 85 años, un país, que como dice Yon Goicoechea, lo están tirando por la poceta.  Muy lamentable y muy cierto,  y tú lo sabes.

syepez@cantv.net




No Gracias

Por Susana Yépez de Álvarez

21-10-2007

Cuando yo tenía 15 años, vi un programa parecido a Radio Rochela donde hicieron un sketch que se llamaba “el invitado que no se iba”.  Trataba de un amigo necio de una pareja que llegaba a visitar, abría la nevera para ver que se comía, llamaba amigos para que se fueran para allá, agarraba el control remoto para ver que película estaban pasando, mientras que la señora gritaba horrorizada (¡¡¡Ahhhhhh!!!), y el señor se agarraba la cabeza sin saber como hacer para salir del invitado.  Y aunque le decían cosas como “…ya es tarde (y bostezaban y todo), el invitado hacía otra cosa y la mujer volvía a gritar y el hombre volvía a agarrarse la cabeza.    

Aunque era cómico, ese sketch me traumatizó, y hasta el día de hoy, soy incapaz de visitar a alguien y durar más de media hora en mi visita por terror a convertirme en “el invitado que no se iba”.          

Eso me hace, por naturaleza una persona muy poco metida.  Voy, converso, máximo me bebo un refresco y chao contigo. Prefiero dejarlos con más ganas de conversar que con la sensación de ser una fastidiosa.           

Es por eso, que cuando a mis manos llegó un censo para la junta comunal de mi zona, quedé loca. Yo soy incapaz de preguntarle a mis mas íntimos amigos cuanto ganan, y ahora pretenden ponerme a responder (¡ojo!…por escrito), para beneficio del gobierno (vía junta comunal), los más ÍNTIMOS detalles de mi vida privada.           

Lo peor de todo, es que cada vez que salía de mi casa, por haber formado parte de la Asociación de Vecinos de mi zona, los vecinos me preguntaban extremadamente sorprendidos por la calidad y cantidad de preguntas personales, como llenar esa planilla, y yo…no estaba segura cómo responderles. Yo me salí de todo lo que tenía que ver con esto en lo que pasamos a ser junta comunal por no creer en el proyecto.  Pedí explícitamente ser sacada, primero por mi profunda ignorancia al respecto, y segundo por mi profundo rechazo a este gobierno.           

Llamé a mi papá.  “…llénalo o nos pueden jo…”, fue su respuesta.  Le leí las preguntas a mi hermano por teléfono, “…esto es completamente inconstitucional. No lo llenes…”.  Pregunté por la calle y algunos me aconsejaron…no ser completamente sincera.           

En realidad tenía tres opciones.  La primera era no llenarlo.  La segunda era llenarlo y mentir.  La tercera era llenarlo y decir la verdad.  Pero una vaina que llaman instinto me decía, que con las tres opciones, igualito me embromaba.          

Las opiniones al respecto me confundían más todos los días, y mi decisión de NO llenarla, se tambaleó hasta que agarré un bolígrafo y decidí llenarla, para después decidir que hacer con ella.            

Comienzo a llenar la planilla y a hablar sola al mismo tiempo.  Me estaba poniendo más y más arrecha ante cada cuadrito.  En realidad, era la primera vez en mi vida, que sentía este tipo de indignación.  Cuantos cuartos, cuanta gente, sus cédulas de identidad, nivel educativo, que hago y cuanto gano.  Donde compro el mercado, a donde voy cuando me enfermo.  ¿Tienes nevera?... “si”…ah caramba, ¿y cuántas?, ¿y microondas?,  ¿y celular?,  ¿y lavadora?, y dale, y dale y dale.  Llegué hasta el final.  No me preguntaron si prefiero utilizar pantaletas tipo faja, bikinis o hilo dental, cosa que después de llenar la planilla no me hubiera sorprendido en absoluto.            

Quedé con la planilla en mis manos y me dio una tembladera. Una tembladera literal. Los dientes me pegaban los de arriba con los de abajo y hacían un ruido enorme que no podía evitar.  Estaba sufriendo un ataque de histeria.  Era una mezcla de MIEDO, ligado con RABIA, ligado con IMPOTENCIA, ligado con DESILUSIÓN, ligado con INCERTIDUMBRE, y ligado con una voz que muy tenue, pero sin parar me decía…  “nos jodimos”.             

¿A cuenta de que carajo, tengo que decirle yo a NADIE, cuantos cuartos tengo, donde compro mi comida y si tengo poceta o un hoyo en el patio?  ¡¡¡¿A CUENTA DE QUÉ?!!!  ¡¡NO ME DA LA GANA!!  Esto es una intromisión a mi vida privada y ¡no la ACEPTO!  Doblé la planilla y la guardé.  Y aunque ya me había decidido a no entregarla, el miedo no me abandona.           

Indignada ante esta invasión a la privacidad de los ciudadanos, hablé al respecto con una amiga.  Una de esas mujeres maravillosas que son SUPER  positivas, y todo…lo ven bello.  Furiosa, le cuento la situación en la que me encuentro, y ella, con tremenda sonrisa en la cara ella, me presenta una cuarta opción.  “Pero mi reina, contéstala.  Si te preguntan cuantas pocetas tienes, di, las suficientes.  Cuanto ganas, insuficiente, siempre estoy pelando.  Si te preguntan donde compras la comida, di, donde la consigo porque aquí no hay NADA.  Lo contestas todo así mi corazón precioso, y se acabó el problema.  Tan preciosa mi nena, poniéndose brava por tonterías”.  Se montó en su carro y se fue.
           

No me quedó más alternativa que sonreír.  -Ah muuunndo-pensé, - ojala y Venezuela fuera toda como ella, color rosa-rosadita.  Y aunque sé que mi amiga se escuda en su optimismo para sobrevivir sin tener que cambiar su lindo estilo de vida feliz y positivo, también sé que es solo eso, un escudo.  Pero para decir la verdad, ella logró tranquilizarme, y cuando me de el ataque, pensaré en su sonrisa y su optimismo… para calmarme. Tan bella.

syepez@cantv.net




¿Instruirnos?... Ay no.  ¡Qué fastidio!

Por Susana Yépez de Álvarez

01-09-2007

Rebequita, mi hija de 9 años, decidió que se iría con su abuelo Nano para la granja de Chivos.  “…Rebeca.  ¿Quién te va a cocinar? ¿Qué te van a cocinar?, allá no hay sino huevos, caraotas y arepas….”, “… y ¿con quién vas a dormir… sola?...”, y ella, más fresca que una lechuga me contesta que dormirá sola “…¿cuál es el problema?...”, y además de eso, que comerá caraotas y sardinas (guácatela), ah si, y toddy, “…chao pues, ¿la ción?, nos vemos el sábado…”

           
Al día siguiente, en la tarde, comenzó a caer un diluvio.  Me encontraba en la computadora haciendo una de mis famosas listas de “cosas por hacer”, pero la luz amenazó con irse y la computadora se prendió y se apagó dos veces.  Rapidito apagué todo lo que estaba conectado a la computadora.  Nada le podía pasar a mi medio principal de comunicación con mi hija mayor.  Después me fui corriendo a mover muebles, trancar  las ventanas y colocar toallas en el piso para evitar  una inundación.  

           
Me senté en la cocina a mirar el agua caer en el patio.  Estaba completamente sola.  Prendí la televisión y puse al ciudadano.  Tenía literalmente meses sin ver el programa.  Estaban hablando con David de Lima, ex gobernador de Anzoátegui.  Hablaba acerca de la nueva Reforma Constitucional que quiere implantar Hugo Chávez.  El argumentaba que en Anzoátegui va a ganar el NO, la mayoría de las personas en Anzoátegui no quieren nada que ver con la Reforma Constitucional.  “…Hay que votar, ESO, es lo mas importante…”

           
En la cocina de mi casa, hay una barra con unas sillas altas, para comer y trabajar.  El teléfono está allí.  En lo que el ciudadano dice “… ¡Otra llamada más!…”, mi instinto, ¿será de sobrevivir?, hace que agarré el teléfono y marqué el
207 10 00.  Con un lápiz que estaba al lado del teléfono, comencé a garabatear mis puntos de vista en las baldosas de la barra por falta de papel.  De golpe me contestan el teléfono, “Bienvenido al programa radial y televisivo “Aló Ciudadano”, recuerde…”, - ¡estoy lista! – pensé, hablaré con el Ciudadano y con David de Lima.
Como tengo el celular al lado, comienzo a mandarles mensajitos a mis amigos, diciendo que pongan al ciudadano, porque voy a salir YO.  También llamo a Rebequita y a Nano a la granja de chivos.  A Rebeca le costó escucharme porque estaba lloviendo allá también, pero por fin trancó el teléfono y pegó la carrera a escucharme hablar por televisión.

           
Una de estas llamadas, de una señora en el Táchira, denunciaba una cantidad muy grande de propiedades agropecuarias que han sido adquiridas por altos funcionarios del gobierno revolucionario.  El ciudadano la interrumpe, y le pregunta “… Señora, disculpe, ¿usted tiene pruebas de lo que está diciendo?...”, la señora queda como muda ante esta pregunta y luego le responde, “… Ciudadano.  Todos aquí sabemos de quién son estas propiedades.  Estamos pidiendo que lo investiguen…”, “… Señora…”, le vuelve a decir el ciudadano, “…aquí no podemos decir cosas sin estar basados en evidencias, ¿usted tiene evidencias?...”  Mientras tanto, yo estoy escribiendo en las baldosas para preguntarle al ciudadano,  a que instancia exactamente se supone que se deba  dirigir esta señora a pedir una investigación, si todo el gobierno, todo todito… es rojo, rojito.

           
“…Gracias por permanecer en línea, su llama es importante para nosotros, en unos momentos le atenderemos…”, se van a propaganda, vuelven, despiden a David de Lima después de dos o tres llamadas más, y llega Henry Ramos Allup.  Rebequita me llama  al celular y me pregunta que cuando es que voy a hablar con el Ciudadano.  “…Ahorita voy a hablar con el Ciudadano, tranquila.  Sigue mirando la televisión.  Ya me van a contestar.  Chao…”, “… Chao pues…”.

            Parece ser, que este señor, de parte de su partido Acción Democrática, pidió un derecho de palabra en la Asamblea Nacional, para discutir esto de la Reforma Constitucional.  El está convencido que es sumamente importante, instruir a la población venezolana acerca de su contenido y de sus consecuencias a corto y mediano plazo.  Mientras yo escucho esta retahíla de pendejeras, continúo garabateando mi opinión en las baldosas de la barra de la cocina.  Si me llegan a contestar, - pensé-, no sé por donde comenzaré a leer este poco de cosas.

           
Mientras pasaban llamadas que no eran la mía, “…Gracias por llamar a Aló Ciudadano…”, decidí ponerle orden a lo que diría al salir al aire.  Primero hablaría de las denuncias de esta señora, a quien le piden lo haga con evidencias en mano.  Esto me parece una locura. Pienso que una buena alternativa, sería decirle algo como,… “Señora.  Sabemos que todos los poderes del gobierno están secuestrados, y la vamos a pasar con un grupo de voluntarios capacitados en leyes, etc., para que les de la información, y ellos se encargaran de investigar el caso, un momento por favor, y gracias por llamar…”.

           
Mi segundo punto era la fula Reforma Constitucional.  Parece que después de casi diez años, no han entendido, que al ciudadano común, le sabe a pepino frito lo que diga ni la constitución, ni la reforma, ¡ni nada!  Con Chávez manda el pueblo.  ¡Más Nada!, y no necesitan saber mas nada… aunque no manden un carajo.

           
Tercero.  Un señor con tantas características de tirano, no puede ser un demócrata.  Ni un demócrata socialista, ni un demócrata participativo, ni un demócrata nada.  Esto de votar tiene que ver con democracia.  En una democracia se vota.  Yo dejé de creer que vivíamos en democracia hace tiempo ya.  Y otra cosa, un Dictador… no se mide.

           
“Gracias por llamar a Aló Ciudadano.  Su llamada es importante para nosotros.  Espere en línea que pronto le atenderemos.”.  Menos mal, pude poner mis ideas en orden.  Resumen, Necesitamos un plan B, bajo los lineamientos que yo proponía, porque al parecer, soy la única que sabe lo que aquí está pasando.

           
Cada vez que decían “¡Otra llamada más!”, estaba segura que sería yo.  Pero a las 8 en punto, me colgaron el teléfono.  Quedé paralizada en medio de la cocina, con toda la barra llena de párrafos, tachaduras, flechas, etc.,  con el teléfono en la mano haciendo piririiii, piririiii, piririiii.  Por fin lo colgué, y me comencé a reír en voz alta.

           
Ayer llegó Rebequita.  Me acompañó a hacer unas diligencias.  Entonces me comenta que cada vez que decían ¡Otra llamada mas!, ella gritaba “… ¡esa es mi mamá!”, pero entonces la persona decía “buenas noches.  Me llamo José y estoy llamando de Tucacas”.  Y después, a la llamada siguiente, ella gritaba “¡esa si es mi mamá!”, pero decían “Buenas noches.   Soy Maricela y estoy llamando de Valencia”.  Una vez, una de las llamadas del ciudadano se cayó al salir al aire, y Rebeca, le anunció a su abuelo Nano, con los brazos alzados en el aire, “¡Esa!…SI ERA mi mamá”.

 syepez@cantv.net




Si van a montar un espectáculo… nosotros vamos a mirar


26-08-2007

Okay.  I´m sorry.  Aquí viene un sermón otra vez.  Es que no me aguanto porque esto está horrible.   Estoy completamente horrorizada de la descomposición de nuestra sociedad.  ¿Qué es lo que está pasando Dios mío?, ¿Dónde están los valores y los principios con los cuáles nos debemos guiar para poder convivir como ciudadanos DECENTES?


No tenía ni cinco minutos de haber pasado por la calle Bolívar, cuando le dispararon a un señor en una moto, porque se la querían robar y el no quiso entregarla.  Si no lo mataron está seriamente herido.  A una amiga se le metió un hombre a la casa, traspasando portones y puertas, un domingo a
medianoche.  Ella estaba sola con su hija.  Eso no da miedo… da TERROR.  No hay reglas, y la única ley que existe hoy en Venezuela es la del más vivo y el más pícaro.  ¡Que vaina tan seria!

Nos estamos comportando de manera mediocre.  Sin pararle a los semáforos, estacionándonos donde nos da la gana.  ¡Estamos bebiendo y manejando!  Hay motos en la calle con familias completas, incluyendo recién nacidos, que transitan libremente por calles y avenidas.  No existe autoridad que se respete.  Estamos haciendo lo que nos da la gana.  Es grave, muy grave, porque el ser humano es tan débil, que si no tiene reglas claras por las cual guiarse, se destruye a si mismo y a los que lo rodean, creando así una bola de nieve que arrastra  todo a su alrededor.


Hace unas noches, invité a mi hija, con una amiga, las dos de 12 y 13 años, al cine.  La película era la tercera de una trilogía y ninguna de las tres habíamos visto  ni la 1 ni la 2.  Fuimos porque era lunes popular, y era más barato.


Yo logré conectarme con la película porque los actores me gustaban.  Pero las niñas estaban muy concentradas en una pareja de adolescentes que teníamos atrás.  Ya que estaban muertas de risa y comentando cosas que no tenían nada que ver con la película, volteé a ver lo que ellas miraban tanto.  De casualidad no me dio un infarto ahí mismo.  La muchachita, que no tendrá más de 16 años, y el muchacho, se besaban locamente, y el le tenía las manos tan metidas dentro de la camisa, que se le estaba cayendo.  ¡Estaba semi desnuda!


Me entero al salir del cine, que esta parejita es conocida por mi hija y su amiga, y sus otras amigas también.  No es primera vez que ven este espectáculo casi-que-pornográfico.  Las niñas estaban de acuerdo que ver eso era mucho más interesante que ver la película.  Lo que más me horrorizó, es que para ellas, el comportamiento de esta parejita es algo medio normal, ya que lo ven muy a menudo, y en todos lados.


Entonces me toca a mi tratar de deshacer lo que la sociedad les está enseñando por no tener disciplina ni reglas claras.  “Eso es feo.  Muy feo.  Esa niña perdió su reputación para siempre.  Este tipo de cosas, si las vas a hacer, las haces donde no te vea nadie.   Es algo vulgar y ordinario que cae muy mal.  ¿Qué van a decir los otros hombres de esta muchacha?  Que es fácil, que le pueden hacer lo que quieran.  Que feo eso.  No tener respeto ni por uno mismo, ni por los demás”, ya no conseguía que decirle a las niñas para asegurarme que entendieran que ese comportamiento es incorrecto sin tratar de sonar como una madre de la época de la conchinchina que no está en nada. 


Al día siguiente me tocó ir a un curso bien chévere de Serigrafía que estoy haciendo en
la Biblioteca.  El profesor nos da un recreo de cinco minutos y quiero ir a comprar un Nesté en la panadería.  Eso significa que tengo que cruzar la Plaza Bolívar.  Un compañero de clases que tiene 12 años, la mismita edad de mi hija, me dice que el me acompaña.  ¡Que bueno! Alguien que me proteja de la inseguridad en la que vivimos.  ¡Vámonos! 


Entrando a la Plaza nos conseguimos con un grupo de niños que están participando de un plan vacacional.  Están sentados en el suelo jugando y una profesora les está leyendo un libro.  El día está soleado y yo estoy de buen humor.  Saludamos a los niños y seguimos nuestro camino hacía la panadería.  A menos de
10 metros de los niños, en uno de los bancos, nos encontramos con un hombre sentado, y una mujer sentada arriba de el… jamoneándose… (de verdad que pensé y pensé y no conseguí otra palabra para describir lo que se estaban haciendo). 


Esta pareja era mayor de edad, no eran tripones.  Cuando yo veo este “show”, lo primero que quiero hacer es taparle los ojos al niño que me acompaña, pero me da pena porque va a creer que estoy loca.  Así que comienzo el sermón de nuevo, mientras que le anuncio a los cuatro vientos a esta pareja… que hay niños a menos de
10 metros de distancia y que ¡por favor! dejen la vaina.  El hombre me alzó la mano como mandándome pa´l carajo, y a mi… se me subió la adrenalina. 


Traté de conseguir un policía que me ayudara a detener tanta indecencia a la luz pública y enfrente de niños, pero no conseguí ninguno.  Un vigilante con uniforme también serviría… pero nada.  De regreso, mientras yo hablaba y hablaba explicándole a mi compañerito lo feo que era ese tipo de comportamiento, nos conseguimos con… ¡OTRA pareja más!  Mi compañero… estaba gozando un puyero con el espectáculo y con mi indignación. 


Yo no puedo meterme a policía y agarrar ladrones porque no tengo las herramientas ni el conocimiento requerido para ese trabajo.  Tampoco soy fiscal de tránsito, Alcalde o Gobernadora.  Pero si estoy harta de tener que pasarles por un lado a estos ciudadanos como si fuera ciega, porque todavía NO LO SOY


Así que tengo ganas de formar un grupo.  Un grupo numeroso y variado de personalidades, incluyendo viejos y viejas honorables, madres y padres de niños y adolescentes, adolescentes, etc., con cámaras y todo, para pararnos frente a estas parejitas e informarles que si van a montar un espectáculo, entonces, nosotros  vamos a mirar.   Y para comenzar, me voy a llevar a mi hija, su amiga, mi compañero de clases de serigrafía, a Chiquita, (mi perrita), para que les ladre, a dos o tres de los Melenditos, ¡si señor!… y a mi papá también... y CON hambre,
para que esté mas malasangre de lo que normalmente puede ser.   Me está  sonando muy divertida la cosa.  

syepez@cantv.net




Llámenme Lina Ron

Por Susana Yépez de Álvarez


 10-08-2007

La otra noche, sintiéndome sola y desamparada por la partida de mi hija mayor, decido salir en busca de mis otras dos hijas.  Con la excusa de consentirlas, les preguntaría si querían jugar una partida de UNO, y así ellas me consentirían a mí sin darse cuenta.  Eleana, de 12 años y a Rebeca de 9, estaban embebidas mirando un programa de televisión, y como ni siquiera se daban cuentan que yo estaba parada frente a ellas con las cartas en la mano, decido sentarme y ver lo que ellas están mirando.


Tardo en darme cuenta que se trata de un programa de Mtv.  Me parece rara la cosa, porque lo que yo tenía entendido de cuando era “chama”, es que este, era un canal de videos musicales en inglés, y lo que ellas miraban tan fijamente, era un programa… y en español.

           
“… ¿Qué es ésto?...” les pregunto, y ellas me contestan, con un tono de voz  tajante,  “… ¡ay mamá!, tú no estas en nada…”.  Quedé en shock.  ¿Cómo que yo no estoy en nada?, yo soy la mamá mas cool del mundo entero.  Es más, sé de todo un poco y soy muy buena echando cuentos.  Les digo todo esto, pero no era posible interrumpir su concentración.  Este programa podía más que yo.


Por fin, durante la propaganda, me cuentan que es un programa donde les celebran los 15 o 16 años a las jóvenes de diferentes países.  El programa de hoy, por pura coincidencia, trataba de una muchacha venezolana.

           
- Ay que chévere -, pensé, - voy a mirarlo para agarrar dato -.  Después de todo el cumpleaños es el día más importante en la vida de una persona.  Me encanta celebrarles los cumpleaños a mis hijos.  Los despierto bien temprano cantándoles las mañanitas y dándoles un regalo.  Me gusta inventar juegos, pero después de celebrar 37 cumpleaños en total entre mis cuatro hijos, la imaginación me estaba comenzando a fallar.  Este programa era justo lo que necesitaba. 

           
Así que me instalo emocionadísima a ver el programa con las niñas.  No había pasado un minuto, cuando se me comienzan a parar los pelos de puntas.  ¡¿Qué vaina era ésta?!  Comienzo de nuevo a preguntarle a las niñas, ya que lo que estoy mirando parece ser uno de los tantos “reality shows” que están de moda.  No podía ser posible.  Esto tenía que ser un montaje… ¡a juro!, porque si no, me cambiaría  el nombre a Lina Ron.


Me cuentan las niñas que si es un “reality show”.  Llaman al programa y le piden que grabe y transmita todo lo relacionado con la preparación y la celebración de la fiesta.  Se trata de niñas cuyos padres tienen muchísimo dinero.  “… ¡¿EN UN CASINO?! Pero bueno, esos muchachos son menores de edad  ¿Le están celebrando los 15 años en un Casino? ¡Mira!  ¡Esos tripones están jugando a la ruleta!”  Mis hijas no han caído en cuenta que yo estoy completamente horrorizada, y me anuncian que “… Calle Ciega es solo UNA de las TRES orquestas que va a tocar.  ¡Lo máximo!…”

           
La jovencita le comenta a su madre, (quien se presta junto al padre para que graben y transmitan esto al mundo entero), que si su papá no le regala el Mercedes Benz que ella quiere, sencillamente no le hablará jamás.  Después que su mamá le prohíbe ponerse un vestido transparente,  diciendo algo así como, “… ay mi amorcito, es que pareces de 21 y no de 15 mi
corazón…”,  la niña, fingiendo un dolor muy profundo, le ruega “¿15, 21?… es prácticamente la misma cosa mamita.  Dime que si por fa, ¿si?, ¿si?...”, y la imbecileta de la mamá la consuela diciéndole algo así como, “mi amor, lo siento.  Tu papá me mata.  No te puedo comprar el vestido”, y este dulce de melocotón se esconde detrás del vestidor a hacerle muecas groseras a su madre sin parar, como por cinco minutos. 


Al final del programa, y después de escucharme a mi hablar incoherencias sin parar, mis hijas decidieron que no volverían a ver televisión conmigo.  “… Contigo no se puede ver nada mamá…”.  No podía dejarlas irse a dormir con la idea de que la equivocada era yo.  Así que arranqué con la versión larga y sin editar de mi sermón numero 47. 

           
Les hablé de la superficialidad.  Les dije que ni que los reales se me estuvieran saliendo por los huecos de la nariz,  les celebraría JAMÁS un cumpleaños como el que acabábamos de presenciar.  Una niña malcriada que maneja a sus padres a su antojo, y que a la final es incapaz de ser feliz si no puede usar un vestido que no es apropiado para su edad, o si no le dan un carro.  “… ¿a cuenta de que le van a dar un carro tan caro a esta mocosa?...”  Hablé mal de los padres.  Irresponsables, incapaces de criar a un ciudadano con principios.   Me arriesgué dándoles un ejemplo de mi vida real, y les conté de la vez que yo le quería celebrar el primer cumpleaños a Carol Cristina, la mayor, con una fiestecita cuya lista comenzó siendo de 12 y terminó siendo de 150, y de como, cuando mi papá se enteró, me comunicó que si yo celebraba ese cumpleaños de esa manera  no me volvería a dirigir la palabra,  primero por que no teníamos la plata para hacerlo,  y segundo, porque era de mal gusto y punto.  Y hasta les pregunté que tendrían que hacer ahora esos padres para hacer feliz a su terrón de azúcar después de ese espectáculo, “… ¿arrancarse el corazón del pecho y entregárselo todavía latiendo a la niña, ah, ah, ¡AH!?...”

           
Las dejé que se fueran a dormir.  Las dos me miraban y se miraban entre ellas como diciéndose en silencio que definitivamente esa sería la última vez que verían cualquier programa conmigo, aunque estoy segura que algo del sermón, (que duró mas de una hora)… les quedó.

           
A la noche siguiente, curiosa, volví a poner el programa.  Esta vez se trataba de una niña del norte, y una de las tantas cosas que quería esta preciosura para celebrar su cumpleaños, era que pintaran con wiki-wiki a sus dos poodles, y ¿adivinen que?... ¡lo hicieron!  ¡Los pintaron con wiki-wiki!  ¡CON WIKI WIKI ROSADO!

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Mi reencuentro con las despedidas

Por Susana Yépez de Alvarez

 

27-07-07

 

Yo comencé a tener contacto con los aeropuertos a la edad de 13 años.  De los 13 a los 23 años, afortunadamente, fueron muchos los aviones en los que me monté y muchos los aeropuertos que conocí.  Fueron muchas despedidas y fueron muchos reencuentros.
 

 

Fue por eso que los aeropuertos se convirtieron para mí en lugares especiales.  ¿Cuanta gente  le dice adiós a un ser querido en un aeropuerto?, ¿cuanta gente  vuelve a encontrarse con su ser querido en un aeropuerto?  Las emociones abundan en estos lugares, y desde esa temprana edad, todo esto de las despedidas y los reencuentros me llamó mucho la atención y yo me sentaba a observar a la gente, a aquellos que llegaban… a aquellos que se iban.  Y veía abrazos, besos, risa, llanto, y yo me imaginaba sus vidas y todo el recorrido que los llevó hasta ese lugar para irse… o para volver.  En realidad era muy lindo y muy interesante.

En estos días, tuve de nuevo contacto con El Aeropuerto de Maiquetía.  Aeropuerto que muchas veces me vio ir y me vio volver a mi tierra querida.

Fui a despedir a mi hija mayor.  Se fue a estudiar,  a vivir con sus tíos, y a conocer su otro país, los Estados Unidos, ya que su abuela era norteamericana, y esa tierra es tan parte de su vida, como lo es Venezuela.  Se fue a la misma edad que hace muchos años atrás me fui yo. Me dijo adiós, por primera vez en su vida, en el mismo aeropuerto donde una vez yo, a esa misma edad,  hice lo mismo.  A lo mejor por eso, esta ida a Maiquetía me trajo muchos recuerdos, y a lo mejor por eso, detallé el aeropuerto que en una etapa de mi vida, fue tan importante para mí.

Este aeropuerto ha cambiado mucho.  Existía un lugar donde uno podía, al aire libre, ver los aviones ir y venir.  Ese lugar ya no existe y eso me dolió.  Se habían metido con algo que estaba intacto en mis recuerdos.   Y ahora,  aquellos que llegan, lo hacen en el segundo piso, y aquellos que se van, lo hacen en el primero.  Eso me confundió, porque en esta oportunidad solo pude ver gente diciendo adiós y no hola, y yo quería ver un poco de los dos.   Por alguna razón creo, que de esa manera el adiós… es menos doloroso.

Mi hija se fue al Imperio, como le dicen algunos.  Pero ese imperio se encargará de enseñarle muchas cosas, y por experiencia propia sé, que serán mas las cosas buenas que las malas.  Aprenderá inglés y así se podrá comunicar con más personas y tener más amigos… que bueno ¿no?  Aprenderá a manejarse en un ambiente desconocido, y eso la hará fuerte y segura, y al final de su jornada sabrá que tiene alternativas y opciones.  Podrá  escoger… y eso… es lo más importante.

Y cuando vuelva, con el corazón en la boca, llena de alegría y emoción subiré al segundo piso del Aeropuerto de Maiquetía para recibirla.  La emoción del reencuentro es tan fuerte como el de la despedida, solo que muy  feliz.  No podré ver las caras, los abrazos, las lágrimas o la risa de aquellos que emprenden un viaje y quien sabe si una aventura, y estoy segura que volveré a notar este cambio con una especie de nostalgia de esas, que pega en el alma.

 Cuando ella vuelva estaré ahí, en primera fila para celebrar su regreso, para abrazarla, para decirle “que bueno que volviste y que estás otra vez a mi lado”.  Y algún día, en algún otro aeropuerto, sé que podré observar una vez mas, las dos emociones juntas, como a mi me gusta, los hasta pronto, te extrañaré,  ligado con los hola… regresé.
 

syepez@cantv.net



¡Mi papá me tiene loca!… ¿ó serán los médicos?

Por Susana Yépez de Alvarez

22-07-07

Mi señor padre se me escapó con Oscar Andrés a las 2 de la tarde, el pasado martes, sabiendo que sufro de morrondonga, y justo ese día, teníamos cita con el otorrinolaringólogo.  Como él no quería ir ni de vaina, porque no puede ver un doctor, un enfermo, o un centro hospitalario, sencillamente… se fue pal´carajo.  Con Tamakun basta y sobra, y como se había visto con él el día anterior, decidió que ya estaba listo, aunque fue el mismo Tamakun quien lo mandó a verse con el especialista.

Lo llamé a la granja de chivos por teléfono, “… papá, te fuiste aprovechando que estaba dormida ¿no?...”, y me dice “…a bueno, yo no sé.  Yo llegué y no te vi y en eso llegó Oscar Andrés y me OBLIGÓ a venirme con él…”, (¡que embustero!), “…ajá.  Oscar Andrés te obligó, ¿y el otorrinolaringólogo?...”, y entonces se hace el sordo, “… ¿QUÉ?… ¿el qué?… ¿qué es lo que estas diciendo tú?, ¡no entiendo nada!… ¡¿aló…ALÓ?!...”, conociéndolo ya, demasiado bien, cambio el tema, “… ¿te hiciste los exámenes que te mandó Tamakun?...”, y muy orgulloso me contesta, “… ah si.  Me los hice todos… menos el de la próstata, porque yo no tengo próstata… ¿¡ALÓ!?...”, “…si papá, aquí estoy…”.  “… Bueno, ¿Qué más?...”, y esa es la clave para salir de mi, “…no.  Más nada.  Good night…”, “… okey.  Good night…”

Para no dejarlo solo tanto tiempo, decidí irme el fin de semana siguiente con los muchachos, para la granja. Mi papá se había inclaustrado allá, negándose a quedarse conmigo en mi casa, porque IQUE… “… en esta casa no hay comida, y yo sufro… ¡Yo SUFRO!...”

Por estar ocupada cocinando, limpiando y recogiendo regueros todo el fin de semana, no le paré mucho al viejo.  Cuando estaba a punto de regresarme para Carora, suena el teléfono, y escucho cuando mi papá le dice a mi hermano, sin haberme comento absolutamente nada a mi durante todo el fin de semana, con cara de pobrecito, que él, se siente muy mal, “… me siento muy mal.  No  puedo respirar.  Creo que se me taparon las arterias del corazón otra vez… ¿Susana?, Susana llegó aquí con los muchachos y no me ha parado desde que llegó…”, y después de anunciarle esto a mi hermano mayor, me estira la mano con el teléfono para QUE ME REGAÑEN A MI.

Me calo todo el sermón, y le anuncio al viejo, con Fernando todavía en el teléfono, “… Papá, te vienes conmigo para Carora…”, e inmediatamente volteo el auricular para que Fernando pueda escuchar los gritos, tal cual niñito malcriado, que a todo pulmón y diciendo todo tipo de groserías, anunciaba “… ¡yo no me voy para Carora!  ¡NO ME DA LA GANA!...”

Le pregunto a Fernando como quiere dirigir ahora al mundo por vía telefónica, y mi hermanito pasa entonces al plan “B”, que consiste en  darme la explicación médica que le dicta atrás su esposa la doctora, del porque es demasiado importantísimo que mi papá no se quede sin mí, en la granja de chivos esa noche, si no está respirando bien.  Volteo a mirar a mi papá, recriminándole su actitud poco cooperadora, y el viejo…me hace una seña obscena utilizando los dedos, diciéndome “… por aquí que me voy pa´ Carora, por aquí… mirá…”.

Como la Supermana que ya me considero y declaro, logro, no solo que mi papá se haga una radiografía del torax a la mañana siguiente en Carora, sino que coja conmigo para Cabudare, donde trabaja su Cardióloga.  – Aya-yai – pensé, - se debe sentir muy mal si me está siguiendo la corriente -.  Me asusté.  Pensé en la última vez que lo intervinieron en Ascardio. En esa ocasión, casi toda la familia estaba aquí, y nos repartimos el trabajo.  Pero ahora, de la familia inmediata, quedamos mi papá y yo solos en este lío.  Entonces recordé la cava que me dejó en esa oportunidad, mi hermana Rebeca, la noche que nos tocó dormir a mi papá y a mí en el Hospital Gómez López.  Tan bella esa cava.  No le faltaba nada.  Hasta cervezas tenía… me imagino que por si nos provocaba agarrar un peón en el Hospital Gómez López luego de una delicada intervención cardiaca.

Al llegar al sitio, por órdenes de su doctora, lo tratan de meter por emergencia para ponerle oxígeno y nebulizarlo, pero mi papá decide, frente a doctores y enfermeras… echarse un cigarrito primero.  Adentro de Emergencia… se asustó.  A lo mejor el señor que estaba agonizando en la camilla de al lado tuvo algo que ver con eso, porque comenzó a sudar como un loco, y lo único que me decía es “… ya yo me siento bien, vámonos pal´ carajo…”

Luego nos mandan a ver a la doctora.  Yo juraba que lo verían inmediatamente, pero la secretaria me dice que tiene 4 por delante.  Otra vez la cantaleta, a todo volumen que él no va a esperar.  Le ruego que se siente, que ya estamos ahí.   Le pregunto si quiere algo, y me pide que le compre un chocolate, y “… ¡agua!… ¡Mucha agua!… ¡Agua en abundancia!  ¡Rápido que se me va a bajar la azúcar y me da la vaina!  ¡Corre!...”

Bajo los tres pisos a millón, cruzo la calle para la cafetería, y pido el chocolate, “… rápido, rápido, POR FAVOR, que es para mi papá y si no se lo llevo le va a dar la vaina…”.  Vuelvo, le doy las cosas a mi papá, y le digo a  la secretaria que la doctora debe ver a mi papá ya, dado su delicado estado de salud.  La secretaria entra a hablar con la doctora, sale y me anuncia, “…su papá puede esperar.  La doctora se comunicó con emergencia, y le dicen que no se está muriendo…”  ¡Ay Dios mío!  ¡Jesús Christ!  ¡San Judas Tadeo bendito!, ¡al viejo le va a dar la vaina!

Ante esta noticia, mi papá procede a hartarse el chocolate y una de las tres botellas de agua que le llevé, y luego, se acuesta en el suelo, ante la mirada de todo el público presente.  En cinco segundos estaba roncando, y yo, que ya estoy acostumbradísima a este tipo de espectáculos, me siento en el piso a su lado, y aprovechando la tranquilidad, leo mi libro.

Dios, Jesús Christ y San Judas Tadeo deben haber escuchado mis plegarias, porque mi papá no tiene nada malo con su corazón.  La doctora pensó que había una infección en los pulmones y amenazó con hospitalizarlo, pero después que escuchó el berrinche número 57 de  mi papá, que tiene que ver con, “… ¡primero muerto en Carora que vivo en Cabudare!  ¡¿Dónde está Tamakun?!...”, la doctora, que todavía no sabe exactamente, que es un Tamakun, decidió hacerle un examen mas, y el resultado, fue muy favorable.

Y muy contentos con la noticia, y por órdenes de él, que también es doctor, antes de coger para Carora nos dirigimos a UNA de las dos mejores Areperas de Barquisimeto… a celebrar.

syepez@cantv.net



Largo pero interesante… como Ángel y/o Demonio


01-07-07
 

                                           Con todo mi amor y profundo agradecimiento a
3 grandes doctores:  Virginia, Tamakun y Toto
 

En mi último artículo escribo acerca de mi hijo menor, (quien habla poco para su edad y camina en puntitas), y la odisea médica en la que nos encontrábamos.  Decía que estaba frustrada y cansada ante tanto médico sin respuesta CLARA.  Para mí, estábamos tratando con un niño querido, sobreprotegido y requete mimado, aunque algunos pensaban que yo estaba demasiado cerca, para ser objetiva.

Escuchar los consejos de medio mundo, solo me confundía más, y llegué a pensar que a lo mejor era verdad que yo no podía ser objetiva en este caso.  Toto, el Dr. Teodoro Herrera, buen amigo de mi familia, habló conmigo sobre este asunto.  “… El muchacho no tiene absolutamente nada…”, me dijo luego de examinarlo en mi casa, y muy seriamente me aconsejó,  “… Deja de preocuparte, porque la que se va a enfermar eres tú…”

Por pendeja, (ya que tenía igual cantidad de personas que creían que había que descartar y personas que creían que el muchacho no tenía nada), me decidí a evaluarlo… ¡qué más!... si no lo hacía iba a quedar con la duda por el resto de mi vida, pero jamás me imaginé, que evaluarlo tardaría dos meses, toda la plata del mundo, y un poco de doctores que no sentían ni mi preocupación ni mis miedos.  Era claro… ¡qué no le importábamos un carajo!

Yo me machuco los dientes dormida desde hace años.  Esta condición se llama bruxismo.  Nunca me había creado un problema grave a mí, pero a mi marido si.  A veces, el ruido que hago en las noches con los dientes, es muy parecido al de un terremoto, y en tres ocasiones, Luís Oswaldo ha pegado la carrera a buscar a los muchachos para salir a la calle en busca de protección.

Desde que comenzó esta travesía en búsqueda de la solución a un problema que yo sentía NO existía en mi niño, mi bruxismo empeoró y me comenzaron a doler los dientes.  Todos los dientes: los incisivos, los molares, los premolares y otros.  El dolor me lo calmaba un par de analgésicos, y así, podía continuar buscándole las cinco patas al gato.

Un día me di cuenta, que ya no solo dos analgésicos me calmaban el dolor.  Tenía analgésicos en la cartera, en el baño, en la cocina, en el carro y en el bolsillo de atrás del pantalón.  El dolor estaba aumentando, y ya me agarraba el ojo, el oído, la mandíbula y la garganta… además de los dientes.  A veces las crisis eran tan agudas… que lloraba del dolor.

Como me encontraba demasiado ocupada dándome golpes contra las puertas de diferentes consultorios médicos a lo largo y ancho del país, buscándole la respuesta a la pregunta de las diez mil lochas con respecto a mi hijo, solo bebía analgésicos como si fueran caramelos y me quejaba ante la mirada desesperada y antagónica de un marido que estaba ya harto de escucharme, y que me reclamaba por no hacer algo al respecto, como coger para un médico… “¿más doctores?, ¡¡¡Huuuy!!!”

En una de esas crisis,  desesperada, me fui  a media noche para la casa de Toto.  El es doctor y me ayudaría.  Toto salió hasta la puerta de la calle, medio dormido y en pijamas, escuchó mi cuento y me dijo lo que tenía que comprar para aliviar el dolor.  Le di las gracias y me fui a millón para la farmacia, pero cuando ¡por fin! conseguí la que estaba de turno… había olvidado el nombre de las pastillas y me daba pena volver a despertar a Toto.  Así que le dije al farmaceuta todos mis síntomas, y él me vendió una medicina… que no sirvió para nada.

No volví a preguntarle a Toto, porque mi Odisea médica me tenía por Caracas y Barquisimeto.  Sencillamente, seguía tomando analgésicos a toda hora, deseando que solo fueran los dientes los que me tenían embromada… y no algo peor.  Ya mis pensamientos me atormentaban.

Cuando ya no aguantaba más, hice lo mismo conmigo que hice con mi hijo.  Visité a varios dentistas, aquí y en Barquisimeto.  La respuesta era siempre la misma: bruxismo. La causa: la ansiedad.  El alivio era más analgésicos, y el dolor… continuaba. 

Uno de los dentistas que vi me dijo que el problema se solucionaría con frenillos, pero para hacer esto, tendría que, primero, arreglarme todas las muelas que literalmente me había comido dormida.  ¡Perro! -, pensé, -si la vaina es así, ¡me va a doler por tres años mas! 

Salí corriendo a arreglarme los dientes, (mientras mas rápido comience, mejor), y fue así como me encontré, un viernes, en las puertas del consultorio de mi amiga, la Dra. Virginia Arias de Montes de Oca. 

Cuando comenzó a ver el daño en mis muelas, y a comentarme, bastante alarmada al respecto, yo… comencé a llorar.  Y llorando le pedía auxilio, y le rogaba por ayuda, ya que el dolor era permanente y casi imposible de aliviar.  Las lágrimas me salían como un manantial, y aunque me daba una pena terrible y trataba de parar, no podía hacerlo.  

Viendo mi desesperación, ella me prometió no descansar hasta aliviar mi dolor.  Salí de su consultorio agradecida por su oído compasivo y medio avergonzada por perder la cordura de la manera que lo hice.

El lunes siguiente, mi marido me envía angustiado, por fax, desde un ciber café de Barquisimeto, el resultado del examen más importante que le habíamos hecho a nuestro hijo.  Teníamos semanas esperando este resultado.  Ya que iba con mi papá a ver al Dr. Carlos Alvarez (Tamakun), recibí el fax y pegué la carrera con mi papá para su consultorio.  Se me ocurre, ya que estoy allí, verme con él, yo también. 

Después que ve a mi papá, escucho que le dice a Tamakun “Revísame a Susana que creo que se está volviendo loca”, ja…ja…ja.  Le entrego el resultado del examen de Luís Fernando.  Tamakun lo lee y me pregunta “… ¿y entonces?...”, “… ¿Cómo que que entonces… que tiene…?” le pregunto, “… no tiene absolutamente nada…” me anuncia.  “… ¿Cómo que nada?, camina empinado y habla poco…”, y me echa el cuento de una sobrina de él que caminó empinada hasta hace unos días atrás, “…ella es una adolescente y tu no me vez a mi preocupado por eso.  Que habla poco, ¿y que importa esa vaina?...”  Luego me pregunta, (sin haber leído mi último artículo), “… ¿qué le ves tú…?”, y le respondo “Nada.  Que es un bebé sobreprotegido”, y entonces me dice que la mamá es la que sabe, mejor que nadie en el mundo entero, cuando su hijo tiene algo serio.  “…Quédate tranquila.  Luís Fernando no tiene nada”  Y sin parpadear pasa a otro tema,  “…ahora, ¿Qué tienes tú?...” 

Le trato de explicar que mi dolor no era normal, “¡creo que tengo cáncer de la cara!” y comienzo de nuevo a llorar.  Tamakun me pregunta los síntomas, me da con un mini martillo por toda la cara, me revisa la garganta y los oídos y me dice sin titubear “Tienes una Neuralgia Trigeminal, con el tratamiento que te voy a mandar el dolor se te va a quitar”.  Pegué un brinco cuando dijo el nombre de la medicina.  Era el mismo medicamento, que a media noche, dos meses atrás, Toto me había mandado para el dolor.

Con solo saber, exactamente, que teníamos mi hijo y yo, con nombre y apellido, (absolutamente nada, y Neuralgia Trigeminal), sentí como si el peso de doce gandolas y MEDIA, que venía cargando sobre de mis hombros por tanto tiempo, me lo habían quitado de encima.

Y puedo jurar, (con el perdón de Triny),  que en ese momento, con esa luz que entraba en el consultorio y le caía en la calvicie… que Tamakun…se veía sumamente SEXY.  Mi pensamiento me llevó inmediatamente a Toto, y a como él las había pegado todas desde un principio.  Y recordé cuando lo vi en pijamas, medio dormido en la calle, iluminado por la luz de la luna ayudándome y  el también me pareció demasiado bello.  (Con el perdón de Rocío).

Esa noche, mientras me encontraba pintando mis franelas, SIN DOLOR, suena el teléfono.  Era Virginia, la dentista que me prometió no descansar hasta aliviar el dolor tan grande que sentía.  Casi sin aliento, pero muy contenta me comunica “… ¡Susana!  Estuve todo el fin de semana estudiando tus síntomas.  No puede ser que tengas que vivir con tanto dolor chama.  Di y di hasta que encontré lo que tienes.  Es una Neuralgia Trigeminal.  Eso duele como el diablo, pero no te preocupes más porque YA lo vamos a solucionar…” 

Al colgar el teléfono, pensé en el dolor que ya no me acompañaba y en los tres nuevos héroes que tenía. Y agradecida a estas personas que desinteresadamente me tendieron una mano amiga, volví a llorar.  Solo que está vez…fue de alegría.

syepez@cantv.net



Que así sea…

01-07-07

Mi hijo camina empinado.  Recuerdo que en una de las últimas conversaciones que mantuve con mi mamá, me comentó, “…antes era gracioso, ya no lo es.  Hay que averiguar que pasa con eso…”.  A lo mejor ese comentario de mi madre, fue el que me hizo decidir por fin “evaluarlo”.  Al parecer no solo camina empinado, sino que además habla poco y a veces le cuesta prestar atención.

A mi marido y a mi, no solo nos ha tocado lidiar con los doctores  “todo poderosos”, sino que también nos ha tocado escuchar las opiniones y consejos de todos aquellos que nos quieren: - Es necesario descartar, por eso tantos exámenes -, - las terapias son sagradas…y hacen milagros -, - el muchacho no tiene un carajo -, - vamos a destriparle una chuchuba, (un pájaro, tengo entendido), por la cabeza, con eso habla rapidito -, etc., etc., etc.

Después de 2 meses y medio de evaluaciones, ninguno de los diez médicos que hemos visto hasta ahora, nos ha dado una respuesta concreta y satisfactoria.  En realidad, lo único que han logrado, es confundirme a mí, crearle una fobia anti-médico a mi hijo, y dejarnos en la carra plana.  Sin darme cuenta, el resentimiento y el dolor estaban entrando en mi corazón, dejándome débil y vulnerable,  – la intuición maternal debe valer para algo, y yo lo veo bien -, pienso, -¿eso no vale para nada?-

Un doctor nos llevó a otro, y ese a otro, y el otro a otro, y así sucesivamente.  Ellos tienen el título de doctor, y tú no.  Esto hace que se sientan superiores.  Si quieres hablar con el o la doctora, te citan para las 10:30 de la mañana y tu, te puedes sentar a esperar con tu hijo pequeño, que por su corta edad es inquieto, sabe que algo raro sucede, y decide encaramarse encima de las sillas, escritorios, desconocidos y de tu cabeza, correr, morder, gritar, llorar, quitarse los zapatos, peinarte con el zapato, comerse unas galletas después de restregarlas por todo el piso del consultorio,  hasta las 3 o 4 de la tarde, cuando por fin tienes el honor de entrar a hablar con su majestad, para que te haga las mismas preguntas que ya haz contestado mil veces.   Uno, una vez, me preguntó hasta mi religión, y yo… ¡le respondí! 

Existen en el mundo de hoy, dos cosas muy importantes.  Una es vieja como el mundo, y son los libros.  Otra es nueva y tecnológica, se llama Internet.  Gracias a la inteligencia de mi madre, los libros de todo tipo, hasta los médicos están en mi casa.  Y el Internet también.  Cada vez que un médico me dice una palabra rara, yo la anoto en mi famosa agenda, que para la fecha, ya tiene las páginas agotadas.  Al llegar cansada y sin respuestas a mi casa, busco estas palabras, y en muchas ocasiones las he podido descartar, en la búsqueda de las respuestas que me niegan los médicos.  Estoy casi convencida, que no tienen idea.  ¡No saben un carajo!.

Un doctor me regañó por buscar información.  Prácticamente me informó que yo soy una inútil ignorante que no conoce el vocabulario médico.  “solo se va a confundir y alarmar buscando información que malinterpretará”, -¡deje de buscarla!  No se hace.  PAO-pao-pao -.

La paciencia es la herramienta más importante con la que cuentas cuando  estás tratando de mantener el equilibrio entre tus seres más queridos y unos doctores que no te conocen,  pero que después de una consulta decidirán que harás con tu vida.  Después del quinto o sexto doctor, ya mi paciencia se estaba agotando.  Fue entonces cuando esta doctora en particular, decidió, mandarme a mí…a un psicólogo en busca de ayuda.  Fue porque después que le metió un palo por los oídos a mi hijo, Luís no quiso acercársele.  “¿El tiene problemas con el afecto?” (Síntoma de autismo… lo investigué por Internet).  “No.  El no tiene problemas con el afecto.  Es un niño extremadamente cariñoso.  ¡¿Usted no le acaba de decir que iban a jugar y luego procedió a revisarle los oídos con instrumentos médicos?!  El no es pendejo.  Usted se embromó con él.  Perdió su confianza”.  “Señora…usted necesita ayuda.  Está muy nerviosa”.   Siééécara.

De nada vale que yo sé, entiendo y le comunico a estos doctores, que el muchacho es nuestro único  varón, hijo de dos personas que parieron viejas y que ya están criando a tres niñas más.  Un niño que por ser tan precioso, amado y deseado no se le ha permitido jamás, pasar trabajo.  Un bebé que por amor (inconscientemente), yo no había querido dejar crecer.  Un niño tan inteligente que logró meterse a la familia completa en el bolsillo y que, con puro levantar la mano nos ordena que quiere papas fritas, o toddy, o bañarse o salir a la plaza.  Un bebé sobreprotegido y mimado.  Ese es el diagnóstico que después de 2 meses y medio de hablar con doctores,  ha estado claro en mi mente desde un principio.  Pero ese diagnóstico, (que viene directo del corazón de su mamá)… no vale nada.

Así que me voy con el diagnóstico de mi primo Cecil, ese también me suena lógico.  “El muchacho es em-em-empinado, porque es familia de Gabrielito “El Em-em-pinado”, y no se-se-se-se le entiende cuando habla, por-por-porque es familia mía.  Deja ya de joderlo”.

 

…Amén…


syepez@cantv.net



Mi papá descubre el Messenger
 
09-06-07

Hace pocos días me metí en mi Messenger y mi sobrina Eloise estaba conectada.  Ellos tienen una camarita y los puedo ver… aunque en cámara lenta.  No sé si eso es normal o si la cámara que tienen es medio chimba.  

           

Mientras chateábamos, veo que mi papá le pasa por un lado para dirigirse a la cocina que se ve detrás de ella.


 ¿Ése es mi papá? le pregunto. 


 Si, me contesta.


En eso veo que se voltea a hablar con él.  Le debe haber dicho que estaba chateando conmigo porque en lo que termina de hablar, mi papá se devuelve para donde está Eloise y  se para detrás de ella.  Así que decido saludarlo, escribiendo:


 Hola Pa. 

 

Después de escribir esto, no se escribió mas nada por un buen rato.  Pero si podía ver a mi papá en sus famosos pantalones de trotar con una linda franela de rayas gruesas de esas que están a la moda hablando con Eloise y apuntando a la camarita.  De golpe se acercó tanto a la camarita que podía verle los pelos de la nariz.  Decidí escribir de nuevo:


 Papá, no es necesario que te acerques tanto, ¿Cómo está todo por allá?, y entonces vi como le apuntaba a Eloise para que se parara de la computadora y se sienta él. 

 

Ahora lo veo mirando el teclado y la cámara, el teclado y la cámara… hasta que por fin, me escribe:


 Susana, ¿tú puedes leer esto? me pregunta.


 Si papá.  También te puedo ver.  Está muy bonita tu franela nueva.  Entonces el viejo se mira la franela y mira la cámara y sonríe por un rato antes de volverme a escribir.


 Me la compró Rebeca. ¿Por qué no te puedo ver yo a ti? me pregunta.

 

 Porque yo no tengo la camarita, le contesto.

 

Tienes que ir a comprar una cámara de estas. ¿Las venden en Carora?, sino yo te la llevo.

           

Me pongo a mirarlo mientras me escribe con Eloise al lado, sirviendo de instructora,

 

 ¿Cómo están las niñas? ¿Y el muchacho?, y le contesto, mientras que Eloise levanta los brazos en total frustración al darse cuenta que se había quedado sin computadora y se va.

 

 Todo bien por acá, ¿y por allá?, y su respuesta.

 

 Bueno. Yo te digo una vaina. Aquí no hay comida. Yo me quiero ir.  Sorprendida le pregunto:

 

 ¿Cómo que no hay comida?, ¿acaso estás en Venezuela?

 

 Estas mujeres aquí no saben cocinar.  Estoy cansado de comer una vaina que llaman Cottage Cheese, y el café es malísimo.  Yo quiero arepas, suero y caraotas.

 

Para que se quede quieto le doy las malas noticias.

 

 Papá, las caraotas no se consiguen, y el aceite para cocinarlas tampoco; a lo que me contesta sin siquiera pensarlo.

 

 Rafaelito tiene caraotas. ¿Cómo están los chivos?, ¿desde cuando no hablas con Rafaelito?, y le contesto.

 

 Hablé con él ayer.  Los chivos están muy bien, te mandan saludos. ¿Cómo están las niñas, la tía Carol, Rebeca, Fernando y Amalia? Y me contesta:

 

 YO NO SE.  Yo lo que tengo es un hambrón muy grande.  Me voy el jueves. Pego un brinco y le pregunto.


 ¿¡Cómo que te vienes el jueves!? 

 

 Si.  Llámate a Oscar Andrés, a Chucho, a Mario José y a Cecil,  diles que yo llego el jueves directo a la Arepera de Arenales.  Que nos vemos allá para comer y conversar.  Llámate a Rafaelito también para que vaya.  Que lleven plata porque yo estoy limpio.  Yo te aviso la hora mas tarde. 

 

 Papá, ¿te vas a venir porque te quieres comer una arepa de pernil? 

 

 Si ¡carajo!  ¡Aquí no hay comida!, y si yo no como me baja la azúcar y me puede dar una vaina.  Nos vemos el jueves.  Me vas a buscar con Luís Oswaldo. 

 

 Ok, le escribo. 

 

 Bueno.  Voy a dormir un rato antes de hacer el Tai Chi, ¿cómo se apaga este teléfono?, me pregunta.

 

 Llama a Eloise, ella lo apaga.  Nos vemos el jueves. 

 

 Bueno.  Te acuerdas de llamar a la gente. 

 

 Siiii papá.

           

 ¡Eloise!  Ven a apagar esta vaina.  Está muy bueno esto del Internet, Susana me puede ver, le gustó mi franela, ¿Qué es eso? ¿Qué tienes tú ahí?   ¿Qué estás comiendo tú?
 

syepez@cantv.net



Cuidado con el Curandero…  y con su hijo también
 
03-06-07

Este cuento, se los juro, no lo estoy inventando.  En realidad… no tengo tanta creatividad e imaginación.  Tampoco estoy aquí para emitir juicio alguno… bueno okay, embuste, si voy a emitir juicio, pero es que no me aguanto.


El cuento es el siguiente.  En el diario El Caroreño, del día miércoles 30 de Mayo, en la página 23 de “Sucesos”, sale la foto de una joven ciudadana con cara enojada.  La nota lee – Engañada Mujer por falso Curandero.-

           
Esta muchacha, que dió su nombre y apellido, permitió ser fotografiada en el diario El Caroreño, lugar donde acudió deliberadamente a contar su historia, para que todo el pueblo torrense se entere que “el Curandero y su hijo” abusaron de ella.

           
Ahora.  Esto a mi me parece grave.  Sin tener que seguir leyendo me imagino como la policía salió corriendo a agarrar al Curandero y Co.  para meterlos como mínimo en Uribana.

           
Continúo leyendo.  Resulta que esta muchacha, que no se estaba sintiendo bien, se dirige a un Centro Botánico (?) a consultar a este señor, que presuntamente es experto en la materia de “problemas personales”.  Le habían dicho que él, sabía mucho.

           
Como por obra y magia del Espíritu Santo, el señor le dijo EXACTAMENTE lo que tenía, (wow…ese hombre si sabe)… problemas con su esposo, que estaba triste, ABURRIDA, que se la pasa mal en su casa, y que POR SUPUESTO,  le tenían un trabajo montado.  Todo esto era culpa de SU esposo, ah si… y de ñapa… de ñapa… tenía tremendo cáncer en la matriz y se iba a morir.

           
Esta muchacha, en vez de salir corriendo como alma que lleva el diablo ante tanta BASURA, o por lo menos correr a verse en la Misión Barrio Adentro, en el Hospital, en el Quirúrgico, o con un médico ginecólogo CON DIPLOMA UNIVERSITARIO, siguió las instrucciones del Curandero.  Se desvistió para que el señor le hiciera un lavado  “adentro”.  Además de eso, bajo las estrictas órdenes del sabio, rezó tres padres nuestros y olió una sustancia parecida al aluminio que la mareó lo suficiente como para no saber de ella, pero no lo suficiente como para dejar de hacer todas las clases de cosas sexuales que él le indicó que  hicieran…que al parecer por sus comentarios, fue la primera edición completa del Kamasutra.

           
Después de TODO esto, el Curandero le DIÓ cita para el lunes siguiente, peeeero, cuando ella llega puntualmente a su cita, íngrima y sola, sin una amiga o familiar que la acompañe para que la ayude con lo del mareo, el señor no la atendió porque iba saliendo para algún lado.  Eso si, le especificó a su hijo lo que tenía que hacer, “… hazle el trabajo a ella, tu sabes… lo que te dije” y plum… comenzaron a cerrar puertas y ventanas… (¿Quién… ella y el Curanderito?).

           
Como si esto no fuera ya bastante, resulta que el Curandero, no estoy segura cuando, le advirtió que se callara, que solo ellos tres (ella, Curanderito y él) podían saber de esto, y le declara ella a El Caroreño “…tengo miedo de poner la denuncia…”, (y esto…¿Cómo se llama?)  Ya me imagino la cara de los policías escuchando este cuento.

           
Esa muchacha dice, después de todo este relato, que su hermana le contó que a ella le ocurrió prácticamente lo mismo, solo que esta no se comió la coba y pegó la carrera.  La nota no especifica cuando le contó esto su hermana, aunque después de pensarlo, no creo que la advertencia la hubiera detenido de ir a verse con el “Curandero”.

           
Ella decide contar su historia al periódico porque a este señor le gusta abusar de las mujeres (¿en serio?), y no quiere que TODAS las mujeres que creen en él y en esa “clase” de cosas, les pase lo mismo como a ella le pasó.

           
Yo espero y aspiro que Curandero y Curanderito estén presos los dos…por charlatanes y abusadores.  Y ojala en la cárcel se tengan que convertir, a juro, en la novia del “Indio Guaicaipuro”, (Yohedixon Pérez, alias “El Indio Guaicaipuro” que está preso desde hace 20 años por violar y cortar en mil pedacitos a un “curandero” que lo engañó en Los Teques), por aprovecharse de la ignorancia rampante que reina en todo el territorio nacional. 


Con la muchacha no sé que hacer.  Todo tipo de argumento me ha pasado por la cabeza.  Mi conclusión es, que ella es tan solo una victima más de una sociedad que no está haciendo su trabajo.  Un país donde el relajo y la viveza humana le lleva una morena a lo verdaderamente importante: La educación

 

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Vamos a ver si me da la gana
 
18-05-07
En un día tuve tres incidentes muy desagradables.  Me iba a estacionar frente a un Laboratorio para hacerle un análisis de sangre a mi hijo que tenía una fuerte gripe, y un carro que va delante del mío se estaciona primero, agarrando de manera diagonal, los dos únicos puestos de estacionamiento que hay en el sitio.  La persona no se baja del carro, y yo por ingenua, creo que va a retroceder en cualquier momento para permitirme estacionarme también, así que pacientemente espero.  Pues resulta y acontece, que la persona del carro, (sin siquiera bajarse del vehículo), estaba alquilando un teléfono de esos de la calle, para llamar a alguien…y comprando lotería.  La persona que alquila los teléfonos, ¡también vende lotería!

 

Regresando a mi casa, con el bebé llorando porque lo puyaron, voy detrás de un autobús del Politécnico (uso oficial), pasando justamente por el Politécnico.  El autobús se para frente a la institución, (que fastidio),  y yo me imagino que tendré que esperar mientras que alumnos entran y  salen del bus.  Pero no.  Nadie sube y nadie baja.  Después de esperar diez minutos, la que me bajo soy yo, para conseguirme al chofer del autobús del otro lado de la acera, mirándome como si yo fuera una verdadera idiota, y me comunica que no hay paso, “¿Cómo que no hay paso?” le pregunto, “no hay paso”.  Cero excusas, cero disculpas.  No me quedó más remedio que decirle “gracias por la información que pudo darme hace diez minutos”.  No tenía ni el tiempo ni las ganas de preguntarle por que carajo es… ¡QUE NO HAY PASO!  Metí retroceso y di la vuelta. 

 

Los exámenes médicos estarían listos para la una de la tarde, pero cuando llegué, no estaban listos.  Para las 3:30.  Okay.  A las 3:30 no estaban listos.  Yo estaba angustiada en espera de esos resultados.  Llegué tarde a mi trabajo porque me senté a esperar los resultados, que me dieron casi a las 4 de la tarde.

 

Lo peor de todo esto, es que estos personajes,  me miraron a MÍ, como si yo fuera la mala,  la que tiene las santas agallas de molestarse, la “arrecha”.  ¿Acaso no tengo derecho? ¿Estas situaciones tienen pies o cabeza?

 

La viveza humana en Venezuela es increíble.  En este país sobrevive el más vivo.  Y el peor problema de Venezuela y lo más increíble, es que tenemos las reglas. Las reglas para vivir en sociedad existen en este país, y son justificadas y buenas, solo que a la mayoría de nosotros nos parece más interesante darle la vuelta al coroto, y ver como hacemos para romperlas.  Tú sabes, es más chévere así.

 

Y cuando las cosas te salen como deben ser, cuando te dicen que para tal hora están listas tus fotos, y vas y están listas, o cuando por obra y gracias de nuestro Señor Jesucristo no tienes que hacer una cola de kilómetro y medio en plena calle en pleno sol para sacarte una carta médica…sonríes de oreja a oreja totalmente anonadado.  Wow, que suerte tuviste.  Este cuento se lo echas a todo el que se te atraviesa porque quedas gratamente sorprendido y genuinamente feliz. 

 

Que alguna cosa te salga como debe ser es la excepción…y no la norma.  Que vaina tan loca ¿no?

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Mi papá, el cibernético

 12-05-07

Madison, Mayo del 2007.


Querida Susana: 

Como aquí no hay nadie que me pueda pasar unos MEMORANDUMS que escribí, porque Rebeca se la pasa en el trabajo, y las niñas en el colegio, tuve que decirle a tu tía Carol que me explicara como es eso de mandar un correo por la computadora.


Ella empezó a pasar uno de los MEMORANDUMS, el que va dirigido a Chucho, que es de suma importancia, pero la vieja del cipote no sabe español, (aunque insista que sí), y además, no me entiende la letra.  Supuestamente me arregló esta computadora para que yo te escriba lo que te tengo que decir.  Ella dice que después se encarga de enviártelo.


Si esto funciona, es una maravilla.  ¿Quién inventó esta vaina… Bill Gates?, la tía Carol dice que este correo te llegaría inmediatamente.  A mi me cuesta creer esa vaina.  ¿Cómo sabes que te llegó el correo? ¿Suena un timbre o algo?, ¿y si estás en el abasto o buscando al muchacho en el colegio?  Yo te digo una vaina.  Cuando yo era muchacho, una carta tardaba un año y medio para llegar de Caracas a Carora.  Y llegaba, solo si el burro no se moría por el camino, o si el cartero no se rascaba y la botaba.  Un año y medio para enviar un mensaje de Caracas a Carora y ahora, me dice la tía Carol, que después que yo escriba esta carta, ella le da clic a enviar y tu “supuestamente” la recibes en el acto.  


Ya va.  Espérate un momentito…

 
 ¡Carol!, ¡CAROL!, Ai jeb tu go tu de besrum.  ¡Ai jeb tu go tu de besrum! ¡BESRUM!.  ¡El baño! ¡Tengo que ir al baño carajo!, agarra esta computadora y no dejes que se me borre nada.  Ya vengo…


Bueno.  Si la cosa es como dice ella, te escribo en este correo lo siguiente.  Me vas a mandar por este mismo método los correos de:

1.                  Chucho.

2.                  William.

3.                  Mario José.

4.                  Alejandro Riera, para que sepa que no es el único que sabe mandar correos.

5.                  El Chato Riera, hijo de Alejandro, para mandarle un correo diciéndole que Alejandro está loco y hay que amarrarlo. 

6.                  Cecil.

7.                  Manuel Briceño Guerrero, que está en China, pero tu tía Carol dice que este correo lo recibe en China también.  Hay unos chivos chinos muy buenos por allá, y necesito me consiga una información al respecto.

8.                  Oscar Andrés.

 


Con Luís Oswaldo me comunico por el correo tuyo.  Después te pido los otros.  Si esto funciona tendremos que buscar la manera para comunicarme con Rafelito.  Yo necesito estar al tanto de como están los chivos.  Así que a lo mejor tú vas a tener que darle tu computadora a Rafelito mientras yo me encuentro por aquí, para poder escribirle correos y estar al tanto de la situación por allá. 


Así que, urgente Susana, mas importante que todo lo que tengas que hacer en el día de hoy, primordial, de vida o muerte, es que me avises en lo que te llegue este correo.  Yo me voy a quedar en la computadora hasta que haga algún tipo de ruido o algo.  O mejor me llamas por teléfono para avisarme que te llegó.  Pero me llamas rápido.  Mira que tengo que ir al baño otra vez, hacer los ejercicios, y ponerme la insulina.


Un abrazo y mi cariño a los muchachos.


Te quiere,


Tu papá.


… “¡Carol! ¡com jir!  ¡Listo! Mándale este correo a Susana.  ¿Listo?, ¿ya lo mandaste?... ¿y le llegó?... ¿pero lo mandaste?... ¿cómo sabes que lo mandaste?...

 

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Con mi Morrondonga… ¡no te metas!

06-05-07

Cuando yo me quedé sin Ruperta, mi Toyota Corolla 85, sin aire y sin corneta, a quien llegué a amar como a una hija, perdí todas las esperanzas de tener otro carro que fuese de mi propiedad. Con cuatro (4) muchachos…

Olvídalo-, me dije a mi misma.

Fue por eso que decidí, secuestrar la camioneta de mis padres. Pero eso era difícil, porque si había algo que mi mamá quería mucho, era la fulana camioneta del cipote, aunque fuera para admirarla estacionada, desde el porche de la granja de chivos.

…tenemos que tener un carro aquí por si a tu papá le da la vaina…- argumento que en realidad, era completamente válido.

No me quedó más remedio que quejarme. Al levantarme, al medio día, antes de acostarme, haciéndome la dormida, en medio de las comidas.

…cuatro muchachos son cuatro muchachos. Es difícil coordinar este ejército en un milito…- y chaqui, chaqui, chaqui.

Por fin reventó la soga, y se abrió una ventana de posibilidad. Haciendo un negocio tipo trueque, podría tener en mis manos un carro usado, pero en muy buen estado, 12 años mayor que Ruperta, con aire, y con corneta. ¡Wow!, justo cuando ya estaba desistiendo de mi quejadera, ésta… daría sus frutos.

El día llegó cuando, mientras me encontraba dando clases de inglés aparecen mis tres hijas a la puerta de mi salón. Estrellas le brotaban de los ojos. Entendí sin que me dijeran nada, salí corriendo atrás de ellas, y la vi. Un carro color nieve recién caída. Era preciosa. Me monté en el asiento del pasajero mientras que mi marido nos daba una vuelta (abandoné por completo a mis estudiantes), y me puse tal cual niñita de cinco años a revisar botones, a abrir las ventanas eléctricas a revisar si tenía un espejo para maquillarse (¡siii!), hasta que mi marido me bajó de las nubes diciéndome algo así como  Pero bueno Susana, ¡pareces una pendeja!.

Me agarraría ese carro para mí. Nadie lo tacaría ni lo manejaría. Ya que las elecciones se acercaban, Nelida, mi amiga y alumna la bautizó “mi Negra”. Corrí a hacerle el cambio de aceite, y hasta le compré un perolito de esos que están de moda que se ponen en el aire para que huela sabroso. Estaba contenta. Dios me amaba.

Una semana después, llegó mi papá con varios blocks escritos a mano por él, con el título ya tan conocido por mi de… MEMORANDUM. Mi orden era que se los pasara por la computadora:

¡Urgente Susana! ¡Esto es más importante que cualquier otra cosa que tengas que hacer! ¡Es primordial! ¡Olvídate de tus clases, esto es MÁS importante! ¡De vida o muerte! Me das una copia para corregirlos en lo que estén listos-.

La vida me ha enseñado algo acerca de estas emergencias de mi papá. Yo corría, lo hacía, se los entregaba, y después, él tardaba como dos meses para devolvérmelos con las correcciones. La cosa es, que no logro saber con exactitud, si esta es la vez que en VERDAD es de vida o muerte, y todavía tiendo a brincar cada vez que él ladra.

Para evitar problemas, y poder hacer mi vida cotidiana normal, que incluía dar mis clases, decidí trabajar hasta altas horas de la noche y madrugada escribiendo por computadora el mismo cuento de siempre. …Tantos kilos de ganado, por tantos bolívares el kilo, da tanto… mautas… LFY… Chucho… tablas… números… ¡Qué fastidio!...

Al día siguiente, después de almorzar, pero antes de irme a dar clases, a todo pulmón expliqué con lujos y detalles, como me acosté tardísimo escribiendo unos memorandums urgentes para el Doctor.

 Estoy trasnochada, y tengo morrondonga aguda. Me voy a acostar un rato.

Estoy dormida en el quinto sueño, cuando entran Maryluz y las niñas gritándome a todo pulmón, que Luís, el que trabaja en la casa de los Meléndez, llamó para decir que dos malandros en bicicleta, están detrás de mi carro con unos triky-trakis y que pretenden metérselos por el tubo de escape.

Dos cosas sagradas a la vez. Mi Negra, y mi Morrondonga.Otra persona… una personalidad que vivía oculta en mi subconsciente, salió volando esa tarde por la puerta de mi cuarto.

Ordené me entregaran el palo de vera de mi papá. Pero el viejo había salido a entregar los fulanos memorandums y se había llevado el garrote. Así que agarré el cepillo de barrer. Corro a la calle y grito alguna incoherencia como “¡les voy a arrancar la cabeza si se meten con mi carro!” y veo arrancar, efectivamente, de detrás del vehículo, dos bicicletas que me pasan volando por un lado.

Luís, el que trabaja en frente, ahora está afuera, así que le ordeno se meta en el carro. Me costó meter el palo de escoba porque era largo, pero lo logré. Es mas, metí la escoba, a Luís, prendí el carro y metí de 0 a 60 kilómetros por hora en cinco segundos.

Cuando voy por la calle Comercio, frente a la capilla El Calvario, suena un triky traky que deja chucuto a los que los Meléndez tiran los 31 de Diciembre frente a mi casa. En eso, sale una bicicleta espitada hacía el Teatro Alirio Díaz.

Me le pego atrás, a una velocidad peligrosa para la zona, y le declaro muy seriamente que me lo llevaré por delante si no se para.

… ¡te voy a atropellar! ¡Es mejor que te pares! ¡QUE TE PARES! ¡Ahí voy pues!… aumento la velocidad, el muchacho se asusta y se para.

Como en las películas de Starky & Hutch, con rechine de cauchos y todo, paro el carro en posición horizontal para que no se me pueda escapar. Con la otra mano trato de sacar la escoba por la ventana.

Con media escoba adentro, y media escoba afuera, intento pegarle, cosa difícil de hacer porque pesa mucho. Pero le doy.

 “¡Señora! ¡Ay-ay-ayyy!, ¡no me pegue!.

Entonces le vuelvo a dar mientras le grito que nadie se mete con mi carro, ¿¡Tú le ibas a meter un triky traky por el tubo de escape a mi carro, ah, ahh, AHHH!?- y palo y palo – mientras que él lo niega rotundamente.

Señora, yo no soy loco. El carro explota si le meto un triky traky.

¡SI lo ibas a hacer! ¡Y con mi carro no se mete nadie! ¡Tu no te imaginas lo que me costó conseguirlo!

Me bajo del carro y le declaró sin mostrar piedad alguna:

¡A mi no me gusta la cárcel, no se la deseo ni a mi peor enemigo, pero te envainaste por meterte con mi carro!, y entonces, sin quitarle la mirada de encima, le ordeno a Luís, (el que trabaja con los Meléndez), que está mirando toda esta escena fascinado.

 ¡Corre y llama al 171!… de parte de Susana Yépez. Que me manden a Ramón. ¡Corre! ¡Dile que es urgente!, (no conozco ningún policía llamado Ramón… no conozco ningún policía…punto). Ahora el pobre muchacho está temblando.

Señora se lo juro. No me haga esto…por…fa…vor”…

Lo dejé ir. Salió como alma que lleva el diablo. Ya estaba bien despierta y Susana, la buena gente, había vuelto a la vida. Recordé los palazos, pero me alivié al pensar que como me costaba tanto levantarlo desde adentro del carro, al bajarlo no pegaba duro. El maltrato había sido más psicológico que físico.

Me metí en el carro, duré un rato maniobrando para poder ponerlo de nuevo en sentido vertical, crucé la calle hacía mi casa, y me conseguí a los Melenditos, (Lolo, Juanmi y Luís), y a Maryluz con las tres niñas, todos mudos… con el dientero pelado, paralizados en la puerta de la casa. Rebequita fue la primera que se atrevió hablar, y con esa sonrisa pícara que solo ella sabe poner, se limitó a halagarme, diciéndome sencillamente…“¡MAMAáááá!”.

 

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Qué recuerdos…
   
 29
-04-07

Hola.  Me llamo Juan Armando, tengo 9 años, y estudio con Rebequita, la hija de Susana, desde que nací.  Hace como un año, mi mamá me leyó un artículo por Internet que escribió Susana.  Era el cuento de Milena, la amiga de las dos hermanas mayores de Rebequita, acerca de un viaje que hicieron para una finca que queda lejos… lejísimo.  Este artículo me llamó mucho la atención.  Esa era una aventura que yo quería vivir.  –Menos mal que nací al mismo tiempo que Rebequita- pensé, porque así mi mamá puede hablar con su mamá, y asegurarme un puesto en el próximo viaje.
          
Efectivamente quedé entre los premiados.  Llegaron a buscarme tarde, a las 7 y 6 minutos de la mañana (y no a las 6 en punto como me dijeron), haciéndome parar a las 4:30 para bañarme y desayunar.  No me puse bravo porque como estaba muy emocionado, de todas maneras, casi no pude dormir.
           
¡Ese viaje es bravo!  Susana no miente en ninguno de esos artículos.  Logré no vomitar de ida, pero de venida si tuvieron que parar en la Quebrada del Cabeza.  Fue la única vez en cinco días que de verdad extrañé a mi mamita.
           
¿Qué que hice por esos montes?  Monté caballo, me llené de barro, escuché unos cuentos buenísimos que cuenta maíta (Susana), le tuve que contestar como un millón de veces a Nano, el agüelo de Rebequita, como se llamaban mis agüelos (los dos), y después escuchar que mis agüelos son locos.  Resulta que a mi agüelo, el sastre, le decían algo así como “Ese sastre es un desastre”.  Me pareció muy bueno la primera vez que lo escuché, pero después que me lo dijo por la milésima vez, ya me daba pena hasta reírme de embuste.
           
Rebequita se ponía muy peleona por las noches.  Pero bueno, ¿qué le importaba compartir a su mamá cuando la mía estaba tan lejos?  Dos veces le gané y pude dormir al lado de Susana.  Que se ponga brava, no me importa.  A los varones también nos puede dar miedo de vez en cuando… ¡siécara! 
           
El Via-crucis de Lela me pareció muy bueno.  Y déjenme decirles una cosa.  Leo mejor que Milena y Eleana.  Lela regañó al papá de Rebequita porque se puso a decir que porque no se reza un solo Padre Nuestro y un solo Ave María.  Que porque tienen que rezarse un millón de veces, que a buen fastidio.  Lela le dijo que porque es así y punto.  “¡Siga rezando y cállese la boca!” le dijo.  Esta vez hicimos las quince estaciones en un solo cuarto, el único que tenía medio luz.  Para Susana fue muy bueno porque como estaba durmiendo a Luís Fernando en el chinchorro, con solo escuchar el Padre Nuestro mil veces, se quedó dormido tranquilito, sin patalear… y Susana también.
           
Me dijo maita (Susana), que me tenía que desparasitar y desgarrapatizar al llegar a Carora… ¡tan bueno!  Esto si es un viaje de esos extremos.  ¡Con desparasitantes y todo! 

Nuestro último viaje a la finca, si, esa que queda mas allá de Pico e´ gallo, y llegas después de dejar hasta los riñones por esos montes, fue, efectivamente… nuestro último viaje como propietarios de la finca.

Ahora, Bernaldo tendrá otro jefe, mi papá sus chivos, y todos… nuestros recuerdos.  Los hijos de los propietarios anteriores de esta finca, siempre me comentaron, que tuvieron la infancia más feliz del mundo por esos montes.  Hoy, mis hijos podrán decir lo mismo.

Da melancolía y un poco de tristeza salir de algo, un pedazo de tu vida, especialmente cuando hasta el viaje aparatoso y tan poco agradable, era parte de la gran aventura que significaba coger para allá.

El hielo duraba lo que duraba en la cava.  La luz duraba hasta que el sol se ponía, el agua fría de la ducha te hacía sentir lo que se debe sentir tener un infarto, las camas viejas te daban tortícolis, el café de la mañana era amargo y medio frío, y al ratito de limpiar la casa, se ensuciaba con las interminables entradas y salidas de los muchachos con sus botas llenas de barro.


Yo intercambiaba mi tiempo entre el chinchorro, la cama y la mesa de jugar dominó de mi papá.  Me iba de un lado a otro con mis macundales (libros, revistas, franelas para pintar, o mi punto de cruz).  Una casa con solo los muebles absolutamente indispensables que no incluían ni sofá, ni televisor.


Así y todo, era un lugar abierto, libre y totalmente inocente.  Muchos artículos los escribí allá, muchas ilusiones la planifiqué allá, muchas conversaciones importantes, muchas conversaciones sabrosas, muchas sonrisas, muchos juegos, muchos cuentos antes de dormir, y hasta dos vía crusis los resé en la incomodidad de ese hogar… tan cómodo.


Mis hijos, se levantaban con un gallo que en vez de cacaraquear ki-ki-ri-quiii, decía una cosa como ku-tu-tu-ki-kuuuu, para pegar la carrera al ordeño, para después llegar inmundos a lavarse las manos y desayunar, para después arrancar con Nayito y perderse toda la mañana y parte de la tarde a caballo con todos sus hermanos-primos-amigos.  Llegaban exhaustos en la tarde, ya no solo inmundos, sino que hediondos también a almorzar, y después… ¡continuaban!  Agarraban la pelota y se iban a jugar al campo, o se iban con el resto de los muchachos de por allí a restregarse de barro en la quebrada, o jugaban ludo acostados en el piso del corredor de atrás, o a jugar bolas criollas con su papá y con Nayito y montaban bicicleta.


La hora del baño era siempre un acontecimiento.  Rabos pelados por todos lados, agua por todos lados, y gritos por el agua helada… por todos lados.  Ya bañados, cenaban a la luz de las velas.  Como ya comenzaba a oscurecer, no les quedaba mas remedio que jugar tranquilos, o escuchar mis cuentos, y se dormían cansados, con una tremenda sonrisa de satisfacción y felicidad.

           
Hoy sé, que esos viajes ayudaron a mis hijos y sobrinas a formarse como personas de manera positiva.  Sé que esos recuerdos permanecerán con ellos por el resto de sus vidas.  También sé, que esos mismos recuerdos permanecerán conmigo… y por eso, por darle a mis hijos “la infancia más feliz del mundo”,  a este lugar tan peculiar y tan especial, estaré por siempre muy agradecida.


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¡…Recojan los vidrios!

Susana Yépez de Álvarez

 

 


    15-04-07

Mi papá, quien se siente caroreño, más no venezolano, salió hace pocos días atrás hacia el Norte. Su otra tierra, país donde conoció varios amores en su vida: Su carrera, su mujer y dos de sus hijos.  Se fue para Wisconsin a saludar su pasado y su presente, ya que dos de sus hijos, y dos de sus nietos, viven allá. 


Este viaje también será de despedidas.  Ya que mi mamá fue cremada bajo sus explícitas órdenes,  aprovecharán esta reunión familiar para enterrarla en el cementerio de su pueblo, al lado de sus padres, y muy cerca de una pequeña parcela de tierra que siempre la hizo sentir muy orgullosa, ya que es de su propiedad… y el legado a sus hijos y nietos.  Será la oportunidad para decirle hasta pronto al más grande amor de su vida.

           
Este viaje estuvo en salsa de bagre por un tiempo.  Mi papá presentó un problema médico y sí no se solucionaba no podría ir.  Llamé a Tamakun, quien me dijo que a mi papá lo debía ver un urólogo.    Estamos los dos en la Policlínica, esperando para que lo vea el doctor, mientras que mi papá se mete con todo el que asoma la cabeza en este consultorio, incluyendo la secretaria, pacientes, y visitadores médicos, haciendo todo tipo de preguntas impertinentes,  “¿Quién eres tú?”… ¿Cómo se llama tu papá?...” ¡Ese era loco!  ¿Tu eres familia de ese cipote?... ¿y por que no estás en un manicomio?”… ¿y eres chavista?”… Mientras tanto,  yo,  le estoy clavando las uñas a la silla, por la mortificación que alguien le va a dar un solo carajazo  por metido e impertinente, y miro hacia el cielo levantando una plegaria para que Dios lo proteja.  En eso me llama, por casualidad, mi primo hermano Cecil por el celular.            


Gracias a algún ángel de la guarda que me mandó mi mamá, Cecil (sobrino predilecto de la vieja), aparece en los momentos más propicios desde que el viejo y yo quedamos solos. 


Cuando por fin, le toca entrar a mi papá… ¡puff! Aparece Cecil Álvarez en el consultorio y entra con nosotros.  Es la primera vez que vemos a este Doctor.  Un doctor joven y serio que no tenía ni la mínima idea de lo que lo esperaba cuando entramos mi papá, Cecil y yo ese día… a su consultorio.


El doctor lo examina, y gracias a Dios, lo ve muy bien.  Pero por su edad, le pregunta si alguna vez se ha hecho un examen de próstata.  “¿¡QUÉ!?” pregunta mi papá, “¿…examen de próstata?, ¿le han hecho un examen de próstata recientemente?”.  “¡Saperoco!, ¡Ni de vaina!  Yo no necesito hacerme ese examen”.  Entonces el doctor le explica que por los síntomas que presenta, su edad, etc., etc., etc., sería prudente hacerse un examen de próstata, a lo cual mi papá responde que no es necesario, ya que Tamakun es brujo y sabe lo que tiene sin necesidad de examen alguno. 


El Doctor mira a mi papá desconcertado, y en eso Cecil, mi apoyo moral y espiritual, le ratifica esta información al Doctor,  “mi tío Nano tiene ra…ra…ra…zón.  Tamakún ES brujo”, al pobre Doctor no le quedó mas remedio que contestar, “ah caramba.  No sabía”, pero que de todas maneras es conveniente hacerse el examen.  “No”, repite mi papá, y continua elaborando su historia, con este cuento chino,  “yo no tengo próstata”.  Entonces el Doctor sorprendido con esta declaración le pregunta sí lo operaron, y mi papá, mas serio que el Sumo Pontífice Benedicto XVI, le comunica a este prestigioso Doctor, que el no tiene próstata porque ésta, se le absorbió en el cuerpo y ya no la tiene... Y así fue nuestra visita al urólogo.  No me quiero ni imaginar la versión del Doctor de este cuento.


Menos mal que con el tratamiento que mandó, el viaje se pudo planificar…aunque no fue fácil.  Mi papá es un viejo terco al que hay que conocer bien para querer, y ese no es el caso con las enfermeras del quirúrgico. 

           
 Papá, están exigiendo la vacuna Doble-Viral para salir del país.-  Esa información se la di con antelación, muchos, pero muchos días antes de su partida.  Por supuesto, por hacer cosas mas importantes (?), dejó lo de las vacunas para último momento.  Él salía el martes de madrugada, y se aparece el lunes temprano en mi casa, “…vamos a vacunarme pues, ¡rápido! Que me tengo que reunirme con Douglas Rodríguez”.  Como por arte de magia, de nuevo, aparece mi salvador.  Mi papá le pide a Cecil que nos acompañe.


Como la ansiedad del viaje,  todas las cosas que faltaban por hacer, y  su condición de diabético se estaban manifestando en la actitud de mi señor padre, decidí adelantarme.  Al llegar al quirúrgico, subo las escaleras y entro al cuarto de vacunación para advertirles a las enfermeras, que viene subiendo un viejo diabético, azarado y de mal humor.  No he terminado de decirles esto, cuando se abre la puerta de par en par y entra mi papá con esta declaración “¡¿Aquí es donde me van a vacunar?! Denle pues ¡rápido! Que tengo una reunión muy importante con Douglas Rodriguez en cinco minutos”. 


La cara que puso mi papá cuando la enfermera mayor (veterana), le informó que se necesitaban 9 personas para abrir la vacuna fue indescriptible.  Yo me escondí debajo del escritorio en lo que vi caminando de un lado a otro con la cara roja…rojita.

           
Cuando escuché que se negaron venderle la vacuna, no aguanté.  Salí corriendo en busca de Cecil para que me ayudara a controlar el ataque de malcriadez de mi papá que gritaba a todo pulmón ¡Bueno! ¡Entonces yo no voy para ningún lado pues! ¡La culpa es suya por no querer vacunarme!”.  Conseguí a Cecil escondido al final de un corredor, sobándose el brazo y repitiendo sin cesar… “a…a…a mi no me van a joder”. 

           
Por fin entró conmigo a la sala de vacunas a ayudarme a sacar a mi papá de allí a la fuerza.  Cecil entró les explicó que mi papá es diabético y que le perdonaran la falta de respeto, y que a él (Cecil) no lo podían  puyar porque es asmático.   Se lo llevó echando patadas mientras que yo me disculpaba.  Yo no vuelvo al quirúrgico más nunca.  A buena pena.

           
Me cuenta mi cuñada, la que vive en Estados Unidos, que mi papá llegó muy bien.  Me regañó por no identificar la maleta de mi papá con cintas de colores fosforescentes, ya que, tardaron dos horas en el aeropuerto en este plan  “¡esa es! ¡Agarra esa!”...”no, esa no es… ¡es aquella!”... “no, esa no es”, cuando se cansó de las maletas negras…pasó a las azules oscuras, y después…a las verdes. 


Es verdad, se me olvidó identificar la maleta, que vaina.  Se supone que va a durar un par de meses por allá.  En realidad me va a hacer mucha falta.  Hasta siento envidia de que lo tengan sin mí por allá. 


Pero de todas maneras, sin afán a ser mala,  con solo imaginarme como se las van a ingeniar ante cada vaina que inventa, sin tener siquiera la ayuda de Cecil, no puedo esconder la enorme sonrisa que me invade…estoy gozando un puyero.   ¡Ah diablo! Como que si soy mala después de todo.
           
 

syepez@cantv.net


En profundo agradecimiento

Susana Yépez de Álvarez

 

 


   12-01-07

 Recuerdo muy claramente, la gran pelea que tuve hace unos años atrás con mi marido, después de una conversación en la que me declaró muy seriamente, que algún día…mi papá moriría.  “¡Sépalo y entiéndalo de una vez!”, me dijo,   “Así es la vida”.  Yo estaba tan indignada de que se atreviera a tan solo mencionar tal horribilidad, que esa noche, el durmió en otro cuarto.  Esa realidad era inconcebible en mi mente y en mi corazón.  Algo que jamás… sucedería.

Recuerdo también que al rato, y después de machucar en mi mente ese tema en particular, salí de mi cuarto con actitud desafiante, caminé hasta donde se encontraba, lo miré fijamente a los ojos, y le declaré, apuntándolo con el dedo, (para que así mi punto fuera tomado mas en serio), que bajo ninguna circunstancia asistiría  a ningún tipo de velorio, ni a ninguna misa.  No atendería a nadie, ni contestaría el teléfono.  En mi dolor, me encerraría en mi cuarto, a lo mejor debajo de mi cama, hasta que fuese necesario.  “¡No estoy de acuerdo con llorar frente a nadie, ni de recibir consuelo alguno, y punto!”.  Al terminar de decirle esto, di media vuelta, caminé hasta mi cuarto de nuevo, y tiré la puerta.

Sí esa era mi reacción al él asomarme la posibilidad de la mortalidad de mi padre…la de mi madre era sencilla y completamente… un total imposible. 

Las vueltas que da la vida…

Mama… yo sé que Dios tiene sus razones.  Y aunque a veces son difíciles de entenderlas, como cuando volteo… y ya no te veo, bendigo el día que llegué al mundo, y le doy las gracias por permitirme estar a tu lado por un tiempo. Y la buena noticia, es que soy una mejor persona por el tiempo que tuvimos juntas, y la mala noticia… es que te fuiste…

Y ahora me toca admitir, y lo hago con toda humildad, que al mirar hacia atrás, me aterra el solo pensar que hubiera hecho sin el apoyo inmediato e incondicional de mi familia y amigos.  Sin ese velorio, donde fui testigo del amor que mi mamá derramó sobre una gran diversidad de personalidades, que juntas recordaron, rezaron y lloraron a esta mujer tan especial. Sin esas misas que me dieron el tiempo y la calma de reflexionar acerca del amor puro, y que me dieron la fuerza que hoy tanto necesito para seguir adelante por los que aquí quedamos. 

Una vez más, me he equivocado.  Estoy sobreviviendo día a día, el dolor de lo imposible.  Ese velorio y esas misas,  me enseñaron con evidencias claras lo amada que es mi mamá, y mi familia también.

Así que gracias.  Desde Tamakun, hasta a Alirio… el del CADA.  Gracias a todos los que llamaron, a todos los que llegaron, a todos los que enviaron correos electrónicos.  A todos los que fueron a misa.  A todos los que siguen llegando. A todos los que nos tienen en sus oraciones y en sus pensamientos. Mi familia y yo estamos gratamente sorprendidos y muy agradecidos,  y estoy segura que mi mamá… también lo está. 

syepez@cantv.net


Mi Madre “La Musiua”

Rebeca Yépez Houser

 

 

 

07-01-07

Hoy en esta columna, no escribe nuestra querida columnista Susana, como acostumbra... lo hace su hermana Rebeca, quien se encuentra en los Estados Unidos, junto a sus hijos... y quien le escribe a su madre, recientemente fallecida, la Musiua, nuestra querida amiga Eleanor Houser de  Yépez. Aprovechamos la ocasión para reiterar a toda esta gran familia y a la que nos une una gran amistad desde siempre, nuestras más expresivas palabras de condolencia y de solidaridad por los momentos difíciles que atraviesan... Amigos, los queremos mucho y les acompañamos incondicionalmente en su dolor... Emma Rosa.

Mama, te digo adiós desde lejos, desde tu tierra. Nunca me imaginé que el día que

me fui, aquella tarde de locos, hace 7 meses, seria la última vez que te vería. Siento que una mano invisible me ha abierto el pecho, me ha arrancado el corazón a la fuerza, lo ha tirado al piso y pisoteado y lo ha vuelto a poner dentro de mi, destrozado.

 

Siento que no tuve la oportunidad de despedirme y de decirte lo tanto y profundo que te amo. Siento, por primer vez en mi vida, que las circunstancias, me robaron de la ultima mirada de tus profundos y eternamente amables ojos azules. Mama, te escribo porque estoy tratando de consolarme, diciéndote bye, cuando mi mente y mi corazón todavía no pueden comprender tu inesperada e incomprensible partida, esta locura.

 

Tu has sido: mi madre La Musiua, mi madre Nor, mi madre Lel, mi madre La Negra, mi madre La Gringa, mi madre La Señora, mi madre La Tía Eleanor,  mi madre La Profesora, mi madre La Presidente de Asopraes

 

Pero especialmente para mi, tú eres mi MAMA, la sabia, la preocupada, la de todos los detalles, la que lee Dr. Seuss, la que esconde los tesoros para convertirnos en piratas triunfadores, la de los sustos, la de las ocurrencias, la de la otra verdad a todo, la investigadora, la de las lealtades incondicionales, la de las mil preguntas, la excelente dadora de amor con exquisitas y perfectas comidas que se acoplaban  al animo que uno necesitara, la de los periódicos, los crucigramas, la de opiniones testarudas, la de los infinitos artículos, la de los abrazos cortos pero fuertes, la salva crisis, la que daba lecciones de la vida jugando poker o rommy, la de los recursos inagotables, la palabra de buenos modales y gustos, la  única y original y la asistente  de grandes sueños.

 

Mama, no pude despedirme, la vida, cruelmente me puso a escoger entre tú y mis hijos, y tuve que desgarrarme por dentro, al decidir quedarme, no porque te quiero menos a ti, sino por defender un ideal que tú inculcaste en mí, desde el día que me diste a luz en este país, el ideal de defender mi libertad. Tuve que, con todo el inimaginable dolor del mundo, encarcelar mis tantas ganas de verte, mis más grandes miedos, mi más profundos sentimientos de amor y desesperación, para poder ser libre en este país, mí otro hogar, gracias a tu maravillosa herencia.

 

Tengo el privilegio de ser ciudadana del mundo, en todo el sentido de la palabra, gracias a ti  MAMA.  Y quiero que sepas, que yo nunca me voy a despedir de tí, ya que para mí, personalmente se convirtió en un reto creer, que como no lo he vivido…sencillamente, no ha ocurrido.  Siempre estarás aquí, en mi vida, en mis días, en mi amor por todos y en mi eterno intento de igualar tu calidad humana. ¡I LOVE YOU, MAMA!


rebecayepez@hotmail.com


¿Se atreven?

Susana Yépez de Álvarez

 

 

 

    10-11-06

A la nieta de cinco años de un amigo mío, la devolvieron a su casa con el adorno que llevó para contribuir a adornar su salón, porque este… era una bota de navidad.  Así me lo contó mi amigo indignado, mientras que yo le decía que lo mas seguro era, que se tratara de una confusión.

           

Pues no.  Resulta ser que fui la última en enterarme, que William Lara, decidió, en nombre del gobierno que representa, “sugerirle” a los venezolanos el abstenerse a decorar las instituciones públicas con adornos alusivos al Imperio Malvado: Santa Claus, arbolitos, botas, bambalinas, etc., etc. 

           

Esta nueva noticia, no sé porque, me causó mas conmoción que la del Presidente de PDVSA con su – o estas con nosotros, o te mueres de hambre. - Esa declaración tan gráfica y directa, en realidad, no me perturbó mucho.  Con palabras más o palabras menos, con actos más o actos menos, ese mensaje, ha estado más claro que el agua… desde hace mucho tiempo en mi mente.

           

Pero… ¿“prohibir” a Santa Claus?, ¿a ese viejo barrigón tan simpático?, ¡no puede ser!, pero ¡¿por qué?,  ¿porqué no queremos nada alusivo al imperio enemigo y terrorista?  ¡Por Dios Santo que estás en los cielos!

           

Pasé por todos los sentimientos de esos que hablan los psiquiatras: incredulidad (“no, eso es embuste… ¿vas a creer?”), a la rabia (“¡¿Cómo es la vaina?!... ¡¿Qué “prohibieron” queeeeé?!”), al dolor (“no puede ser.  Pobrecito Santa Claus.  Ahora no podrá entrar a Venezuela y comerse una hallaca”).  Y entonces, después de unos días… lo acepté.

           

Pero lo acepté después de investigar un poco acerca del tema.  La verdad – verdadera – es que, aunque Santa Claus es un símbolo americano de navidad, su origen no es americano… San Nicolás era un monje de Turquía.  ¿Qué tal?

           

Pero bueno.  Eso no importa.  Digamos que si, es un invento del imperialismo salvaje y neoliberal y debe ser eliminado.  Okay, vamos a darle pues.  Eso si, eliminando al mismo tiempo todos los inventos que vienen del infierno mismo.  No solo a Santa Claus, porque eso nos haría unos simples revolucionarios de pacotilla.

           

Bastante “REVOLUCIONARIO” hasta la medula he visto por allí que le encanta un teléfono, tienen celulares hasta de los que toman fotos y todo.  Y hablo de revolucionarios en Carora y en todo el territorio nacional e internacional, que trabajan para el gobierno o que apoyan al “proceso”.  Pues no señor.  El teléfono debe ser eliminado.  Ese, lo inventó un neoliberal salvaje.  Al igual que el televisor y la computadora, ¡Pa´ fuera!, esas cosas solo nos pueden envenenar el alma.  ¿Y los carros?, ¡pa´ la hoguera!, desde los mas destartalados hasta los blindados y de lujo, con o sin calcomanías de Chávez en los vidrios y/o carrocería que anuncian sus “10 millones de votos puel´ buche”. Y no olviden buscar cuanta máquina de coser consigan por allí y quémenlas junto a todos los bombillos, las vacunas para el polio, los dientes falsos, los ascensores, los patines, las afeitadoras,  los secadores de pelo y todiiitos los ventiladores también… ¡GUACATELA! ¡FOOO!, todo eso huele a azufre.  ¿Quién ha visto?  ¿Te quieres afeitar?...afila el machete con una piedra y listo.  Los aviones no me importan mucho.  El pueblo… vuela poco, pero de todas maneras pa´l mismo pote con el resto de tanta basura.           

Pero eso si.  De una vez.  ANTES de las elecciones.  Sean Revolucionarios de verdad y no solamente de la boca, del celular o del televisor para afuera.  No la agarren solamente con Santa Claus.  Se ve un poco chimba la cosa, y hasta medio sospechosa.  Pareciera que, o no son tan revolucionarios como dicen serlo, o están esperando apoderarse totalmente del país antes de quitarnos todos estos inventos maléficos del imperio.  ¡Délen YA!, antes del 3 de Diciembre… ¡ATREVANSE!

syepez@cantv.net


One, two, three…

Susana Yépez de Álvarez

 

 


    28-09-06

Para comenzar a dar mis clases particulares de ingles, tengo que prepararme.  Entre otras cosas, necesito planificar mis lecciones diarias, sacar fotocopias, y comprar muchos lápices.  Y es que mis alumnos, tienen el don de olvidar su lápiz…y algunos, especialmente aquellos que están en la pre-adolescencia, pretenden escribir el tema…con el marcador de mi pizarra.          

En cada grupo, sin importar la edad, siempre me consigo con los mismos personajes, y con la combinación de esos personajes también.  Tenemos al que quiere aprender. Para darle un nombre, llamaré a este estudiante… Ricardo.  Ricardo se sienta en el primer escritorio del salón, y tiene una facilidad enorme para el idioma.  El quiere aprender más rápido…de lo que yo puedo enseñar.  No he terminado de escribir en la pizarra, cuando ya el terminó de copiar.  Es más, ya puso los márgenes, subrayó, hizo una pequeña ilustración alusiva al tema, y está listo para que le ponga ejercicios… y muchos.  Escritos y orales.  De una vez.  Este es el alumno que me mantiene alerta y me llena de esperanzas.  Alguien… me está poniendo cuidado.

        
Por el otro lado del salón tenemos a Alejandra.  Ella anda de luna y yo nunca sé como estará su estado de ánimo.  Generalmente, escribe todo lo que quiera, pero participar oralmente es completamente diferente, y sí ese día no quiere hacerlo… no lo va a hacer.  Y basta que diga que no, para que sus compañeras se plieguen al paro.  

        
También tenemos al que su mamá metió obligado en clases.   Pero no tan obligado, porque en el fondo de su alma, el cree que yo soy chévere y mis clases deben ser muy divertidas.  Además, el grupo está lleno de panas, así que… ¡Vámonos!  Llamemos a este ciudadano con un nombre  común…. Ambrosio.  Si.  Ambrosio pretende sentarse conmigo en mi escritorio, para poder ver la acción desde el mejor asiento, y para que yo… le escriba el tema.  En realidad sus intenciones no son malas.  Tiene un gran sentido de humor, y es muy cariñoso.  La cosa es que le fastidia escribir.  El sabe que aprender ingles es importante porque su mamá se lo ha dicho mucho.  Lo que no sabe es que hay que trabajar duro para aprender ingles…y viene cansado de fútbol.


A Carolina la impresiona su primer 20, y quiere que el resto del cuaderno sea de 20 parejo.  Así que, sí le voy a corregir el cuaderno y tiene un error, tengo que devolvérselo, para que lo corrija, porque no me va a permitir que le ponga otra nota.  Y sí no le hago caso y le pongo mala una respuesta, se pondrá brava conmigo, y así puede permanecer indefinidamente, negándose a cooperar por mucho tiempo… en clases.


Atrás nos conseguimos con Guillermo.  A el no le gusta estar sentado, y es por eso que está acostado en el suelo con su cuaderno y su lápiz.  El me lleva el cuaderno para que le ponga el 20 y la carita feliz, muy seguro de que esa es la nota que se merece.  Después de todo, esto es pan comido.  La cosa es que su letra…es completamente ilegible.  “Ya va Guillermo.  ¿Qué dice aquí?”, le pregunto al mirar un cuaderno lleno de garabatos.  El mira, y después mira la pizarra para leer lo que yo escribí, porque el tampoco entiende su letra.  “Guillermo, ¿tú escribiste lo que yo puse en la pizarra, o inventaste ésto?”, y él, todavía mirando la pizarra, contesta, “no estoy seguro… ¿por qué?”.  Ya que tiene facilidad para el idioma, me da cosa rasparlo, y le doy el beneficio de la duda, ya que no sé, si puede contestar por escrito los ejercicios.

        
En un rincón del salón está José.  A José le da pena participar, y para no tener que hacerlo, dice “no sé” o “no puedo”, y no hay nada que me haga hervir la sangre más rápido, que escuchar estas dos frases.  A José tengo que jalarle el mecate parejo para que participe,  diciéndole cosas como “José.  Si sabes, dale… prueba… si puedes… tú eres inteligente”  “No. No puedo”.  “Si puedes, dilo para que veas que si puedes”.  “No.  No sé”.  “Si sabes JOSÉ por DIOS dilo”.  “No.  Es que lo voy a hacer mal”.  “Eso no importa JOSÉ, lo importante es tratar, ¡dale!”… y así seguimos hasta que por fin, después de media hora, el cipote dice “YES, I AM A STUDENT”, y yo grito “¡BRAVO JOSÉ!  ¡Tú eres inteligentísimo!  ¡Todos feliciten a José!”.

        
En realidad es un trabajo muy interesante que me lleva a descifrar los códigos secretos que mueven a estas almas de Dios, y de esta manera a comprender un poco mejor  la humanidad entera.  Y así, la educación es dando y dando, ya que yo… aprendo también

        
Y en la noche, con la lengua afuera…cansada, porque es un trabajo agotador, puedo sonreír recordando las “ocurrencias” de nuestras futuras generaciones, y regocijarme al ver como yo, tengo el privilegio… de ayudar a formarlos.

syepez@cantv.net


Chávez, ¿candidato presidencial?

Susana Yépez de Álvarez


 

 

 

   24-09-06

Estoy muy preocupada. Y esta preocupación está aumentando todos los días.  Las pesadillas están volviendo.

 

No es que la crisis política en la que tenemos ya años viviendo los venezolanos no me preocupaba.  Mi preocupación ha sido constante y perenne a través del tiempo, y siempre he tenido mis opiniones, mis miedos y mis ilusiones al respecto. 

La cosa es que el país ha cambiado.  Es increíble, pero ya no tenemos la habilidad de ver y reconocer en detalle, todo  lo que este país ha cambiado en tan solo unos años. Nos han dado tanto y tan duro, que sin poder ver y distinguir bien,  aguantamos todo con temor a quejarnos.

Lamentablemente, la mayoría de los cambios no han sido para unirnos, ni para educarnos, ni para curarnos, ni para proveernos de trabajo y vivienda digna.  No.  Los cambios solo nos han  debilitado y asustado. 

 
Nosotros hemos cambiando.  El gobierno ahora tiene reglas complejas a seguir, y cuidado sí no las sigues, aunque no sepas exactamente cuales son estas reglas y cuales son las consecuencias a pagar sí no las sigues.   


Esto creó temor en mí.  Miedo… así de sencillo, de que mis opiniones de simple “ciudadana de a pie”, me metieran en problema.  Sino con aquellos que apoyan al gobierno, con aquellos que lo oponen, o peor aún, con el mismísimo gobierno… ¡Dios me libre!  Un terror tremendo.  Hasta el punto que decidí que NI DE VAINA… tocaría esa tecla de nuevo.   


Pero los acontecimientos de los últimos días comenzaron a subir mi nivel de stress, y sí yo no le pongo un poco de orden a todo lo que me tiene preocupada, mi nivel de stress va a seguir subiendo hasta el punto que puedo llegar a estallar, como el coyote de las comiquitas.

 
Aunque me considero una persona pacifista que no cree en la guerra.  Aunque no me gusta el Presidente Bush, ni como persona, ni mucho menos como presidente de la primera potencia mundial, el discurso del Presidente Chávez en la ONU, por primera vez en mi vida, logró que lo quisiera (a Bush) un poquito.  Lo que  entendí al escuchar a Chávez, con su tono de voz y su complejo de Dios el redentor y el sabelotodo, es que echó al piso todos los argumentos, algunos hasta buenos, por su manera de conducirse, sin meditar, sin pensar en las consecuencias de sus actos y sin diplomacia, me imagino porque él tiene la seguridad de que estas características, ya no las necesita.  


Ese discurso me hizo preguntarme varias cosas, entre las que se encuentran las siguientes: ¿Este es el hombre, que al ser derrotado en las elecciones de diciembre, va a entregar el poder, así no más?  ¿Nosotros seguimos convencidos que jugando a la democracia, vamos a salir del Presidente Hugo Chávez?  ¿Qué pasará sí al votar todos salimos a exigir que nuestros votos sean contados y respetados?  ¿Se encontrarán de frente dos masas… el pueblo venezolano y las fuerzas armadas?  ¿Estamos en las puertas de una verdadera guerra civil? 


Por lo que veo, y entiéndase bien, yo soy tan solo un ama de casa, una madre y una venezolana, es que Chávez no está interesado en jugar al “candidato presidencial”.  Ya él estuvo allí, ya él hizo eso… y varias veces. Venezuela ya está bajo su poder y nuestro país, lo tiene sin cuidado.  Tampoco le preocupa para nada que los otros candidatos larguen los pies y las cuerdas vocales convenciendo al pueblo venezolano de que es necesario salir a votar para salir de Chávez y comenzar un nuevo país.  ¡Ja!...ja…ja…ja. 


Su obsesión en estos momentos está en solidificar su poder en otros lados del mundo, y lo está haciendo a paso de vencedores.  Molestando a medio mundo y encantando a la otra mitad.  Pero lo que si está mas claro que el agua, es que en campaña electoral… no está.  


Para él, esas son pequeñeces en el marco real de sus aspiraciones.  Está demasiado ocupado tratando de derrotar a la primera potencia del mundo y acumulando el apoyo de todos aquellos, que como no han tenido la fortuna que hemos tenido nosotros de escuchar sus discursos interminables y llenos de “ocurrencias” que no tienen ni pies ni cabeza, a la hora de sus ataques anti-imperialistas y de justicia social, puedan llegar a creer en su retahíla disfrazada de justicia mundial, y en la autonomía de los países, cuando en realidad en su mente, todo esto se traduce… en mas poder… para él. 


Por primera vez, alrededor del mundo, se está hablando del Presidente Chávez y de su política.  Me imagino que para su gran placer.  Se está poniendo famoso en el mundo entero.  La gente está comenzando a escuchar sobre este y a este hombre.  Esto lo debe hacer sentir mas importante todavía.  Para bueno o para malo, fama es fama.  Es atención… es poder, y eso es lo máximo, ya que estamos tratando con un egocentrista sin control alguno. 

        
Y mientras que los venezolanos, creyentes en la democracia nos preparamos para ganar con Manuel Rosales, me imagino que por otro lado tendremos que prepararnos también para “cobrar” este triunfo.  Cuando Rosales gane, evento que sucederá haya, o no haya trampas, yo no creo que el presidente se vaya a bajar de esa mula.  Es más, su actitud me dice que él no va a dejar este cargo, a menos a que le ofrezcan el de George W. Bush, evento poco factible de suceder. 


Chávez no es un presidente democrático.  Este no es un gobierno democrático.  Chávez no se va.  Por DIOS,  lo ha dicho en muchísimas oportunidades.  Sí esta actitud nos lleva a “cobrar” lo que nos corresponde, tendríamos una guerra civil entre los venezolanos… una guerra civil.  A él le gusta la guerra, después de todo es un militar, y está defendiendo a su puesto – perdón – a su pueblo. 


Y por considerarme una persona que no respalda la guerra, reitero que antes de matarnos entre hermanos, organizadamente deberíamos participar en la desobediencia organizada, pacífica, civil e indefinida.  Es la única solución factible que nos daría la oportunidad de no derramar mas sangre de venezolanos inocentes, y es la única hipótesis que está sobre el tapete, que en lo personal, sigo respaldando.

 

El futuro es muy incierto.  Esta, será una lucha sangrienta que no nos garantizará lo que buscamos.  Es hora de reflexionar y de tener en mete… que existen otras vías.

 syepez@cantv.net


Cayo… Mi Casa

Susana Yépez de Álvarez


 


   29-08-06

Existen personas que añoran salir de sus casas, de su ciudad y de su rutina sí por solo un tiempito.  ¡Unas vacaciones!  Ver algo diferente sin tener que ser uno, el que siempre decide que se va a hacer, que se va a comer, que se va a pagar.  YO soy una de esas personas.

       
Pero como ya me había escapado, en el sentido literal de la palabra, con los muchachos en marzo, esta vez estaba tranquila.  Todavía no me había dado el desespero que me da, al perdurar meses completos sin salir de Carora. 

       
Así que fue mi marido, quien esta vez planificó las vacaciones familiares.  La verdad es que tenía más de un año trabajando fuera de Carora.  Se va de lunes a viernes, aspecto que le pega, ya que es el tipo de persona que le gusta tener a su familia cerca.  

       
Por amar tanto a sus hijos, y por pensar que es una irresponsabilidad agarrar vacaciones cuando ellos están en clases, pidió que le dieran una semana justo en la época en la que todo el territorio venezolano se encuentra haciendo exactamente lo mismo… cogiendo pa´ Tucacas. 

       
Le pregunté a mi mamá sí quería acompañarnos.  “¿a la playa?”, “si mama”, “¿en medio de Agosto?”, “si mama”, “Caramba.  No me podrían pagar lo suficiente para coger para la playa en medio de Agosto, pero gracias por la invitación”.  Mi suegra en cambio, no lo pensó dos veces y de una vez se instaló a preparar la mengoña.  Parece ser que no leyó aquellos artículos donde explico con lujos y detalles lo costosa que en realidad resulta la mengoña (aproximadamente Bs. 100.000 el kilo), y lo desagradable que me resulta por su apariencia física… tan poco apetitosa. 

       
Como la cuñada y mis sobrinos se unieron al grupo, a mí me tocó manejar uno de los dos carros.  Yo aprendí a manejar a los 19 años de edad… obligada.  Me metieron en una escuela de manejar que se llamaba, (y no estoy echando vainas), Auto-Escuela Yépez, (sin parentesco).  Y cada vez que me pongo detrás del volante, una voz en mi interior que suena muy parecida a la de mi señora madre, me repite constantemente, “recuerda: la mitad de los que están manejando están rascados, y la otra mitad, están locos”.  Esto se  llama -Conducir a la Defensiva -.  Todos los músculos del cuerpo se me contraen fuertemente, y la lengua se me seca ya que no puedo abrir la boca por lo apretada que mantengo la mandíbula.

       
Para mi gran fortuna, llovió un diluvio desde la Estación de Servicio “El Indio Mara”, hasta mas allá de Morón, y durante las siete horas que duró el viaje, lo único que escuché fueron cosas como esta: “¡Ella empezó mamá!”, “¡no mamá, ella me molesta y después yo soy la que pago los platos rotos!”,  “¡me toca a mi adelante!”, “¡fea!”, “¡boba!”, “¡estúpida!”, “¡cocoya!”, “¡mamáááá!”, y yo sin poder voltearme para darles cuatro taparazos con mi bolso, porque solo puedo mirar hacia adelante, y sin poder gritarles que se callen la boca porque tengo la mandíbula sellada.  Estar completamente “tullida” es la única manera que conozco para manejar en carretera, y poder así cuidar a mi familia de rascados y locos, hipótesis que no está muy lejos… de la realidad.

       
Por fin llegamos.  Me importó un comino que como las maletas venían en la pick-up de Luís Oswaldo, todo llegó mojado.  Poder abrir la boca después de siete horas era grandioso.

       
En realidad fueron unas vacaciones fabulosas para toda la familia.  Luís consiguió un amigo con lancha y nos pasearon por los cayos.  Yo solo recuerdo uno.  Cayo “Los Juanes”, ¿ó eso es una isla?... ¡Ay! Yo no sé.  Bellísimo el paisaje.  Como una piscina, pero en el mar.  Realmente espectacular.  Pero después de eso a mí me sucedió algo.  Intoxicación, deshidratación, jaqueca… ¡todo junto!, y en la segunda isla, recuerdo que caminé hasta una sombra y me acosté boca abajo.  La cabeza me retumbaba de un solo lado, y el dolor era agudo.  Por supuesto, todos los miembros de mi muy numerosa familia ni se preocuparon, asumiendo que me había pegado la morrondonga y estaba felizmente dormida en el paraíso. 

       
Justo cuando me encontraba rezando el tercer Padre Nuestro en mi interior, ya que no podía ni pronunciar palabras como “auxilio”, escucho tambores, pero de los de verdad, algo así como “Los Tambores de Naiguatá”, con cantantes y todo, que gritaban la siguiente canción: “La papa se quema, se quema la papa, ¡LA PAPA SE QUEMA! ¡SE QUEMA LA PAPA!” PUM, PUM, PUM.  ¿Estaba alucinando?, ¿me estaba muriendo y nadie me iba a rescatar?, ¿estaba muerta y entrando al infierno?  Decidí abrir un poquito los ojos y mirar hacía el ruido.  Era una familia más grande que la mía, con jóvenes, viejos, adultos, niños y recién nacidos que se instalaron frente a mí.  Llegaron con carpas, colchonetas, ollas… hasta BOMBONAS DE GAS, y obviamente con el grupo “Los Tambores de Naiguatá”, para amenizar su estadía en la isla.  Volví a cerrar los ojos en espera de auxilio.

       
Perduré una corta estadía en el hospital Central de Tucacas, en bikini y sin importarme un cipote, donde me metieron por la vena un cóctel de drogas con una bolsa de suero fisiológico que resultó ser más efectivo que lo que los locales llaman “vuelve a la vida”.

       
La próxima noche, y para consentirme, mi marido me invitó al Casino.  “¿Casino?... casino… ¡casino!, siiiii, vamos pa´l casino”  ¡Qué me iba a imaginar yo que para jugar UNA sola partida de póker (y yo soy buena), había que poner diez mil bolívares en la mesa!  Nos tocó solo mirar.  Pero al mirar a mi alrededor me consigo con… los Melenditos.  Si.  Mis vecinos.  Lolo, Juanmi, ahí estaban toditos.  Era como sí en Carora hubieran puesto un casino en la esquina de la casa.

       
Total, todos gozamos mucho.  Vista al mar, una piscina con tobogán, islas, lanchas, Juanmi, Lolo y mucha mengoña.  ¡Diablo! Esa vaina si rinde.  Pero lo mejor de todo, lo mejor de todo todito, es lo espectacularmente preciosa que se ve tu casa cuando regresas, especialmente, cuando tu mami que te ama, te deja leche, Coca-cola y una tremenda cena con brownies y todo… en la nevera.

syepez@cantv.net


Manteniéndolo… real

Susana Yépez de Álvarez


 


    18-08-06

Hasta ahora son cuatro los artículos que han causado, para mi total asombro, un gran revuelo en la sociedad.  Parece ser que hay cosas que yo, no puedo decir…

        
Una persona tuvo la gentileza de señalarme como, con mis artículos, puedo (aunque trate en el fondo de ayudar), alienar a ciertas personas.  Lo que ella no sabe, es que yo estaba muy consciente de este detalle mucho antes de que me lo mencionara… y de todas maneras, tomé la decisión de publicar todos, y cada uno de ellos.

        
Existe el factor pro/contra que utilizo al escribir artículos que considero serán polémicos.  Y es tan fácil ser polémica.  Con solo separarme de lo “cómico”… lo logro.  Así que, cada vez que escribo uno de estos artículos, tomo un ejemplo particular, que de alguna manera me ha tocado vivir, y lo llevo a una generalidad.  Es la única manera que tengo, de mantenerme real.


Existen artículos que he tenido que desechar, con todo el dolor de mi alma.  Y es que algunos temas son tan delicados, que sí los llegara a publicar, de seguro no solo me alienan, sino que me llevan en grupo las maletas hasta la salida de Carora.

        
Cuando digo que la educación es deficiente, que no se humilla a un niño por ninguna razón, o cuando hablo de disciplina…se pueden molestar algunas maestras, ciertas personas de “autoridad”, o media docena de madres, y entonces… la culpable soy yo y debo ser alejada y/o considerada peligrosa.

        
Por un tiempo sentí cierto temor de que, con lo que expresaba en mi columna, (que son solo mis opiniones personales), estaba causándole daño a otros…y hasta a mi misma.  Después de todo, me estaba alienando y NADIE me iba a querer.  Pero después de releer los artículos, llegué a la triste conclusión, de que todo esto tiene que ver con personalidad, y de cómo te perciben los demás. 

        
Hace muchos años atrás, yo dejé de aparentar ante los demás.  No hay mucho que tratar de descifrar aquí.  Lo que vez, lo que escribo, como te trato… así soy.

        
Conozco demasiado bien esa vida que se basa en apariencias.  Sé, que es muy fácil caer en ese remolino.  El mundo en el que vivimos y la sociedad en la que nos desenvolvemos, es suficiente para arrastrarte por un rumbo no enmarcado por ti…sino por otros.  Una vida, que semi-inconscientemente es falsa, llena de hipocresías, de envidia, de complejos y de ilusoria felicidad. 

        
Esto, puede ser peligroso.  Por querer ser aceptada y “querida”, puedes ir en contra de tus principios, causándote daños físicos y emocionales, algunos irreparables.   Algo bastante ridículo, sí lo analizamos en el marco real de lo que llamamos vida.


Yo viví así mucho tiempo.  Te “calas” lo que sea, por calar  donde sea.  Cuando era pequeña, era con ciertas amistades.  Pero ahora me he dado cuenta, que no es una simple etapa que se supera.  La realidad es, que en gran cantidad de personas, este tipo de vida… continúa.


Desde que mis hijos nacieron, he tratado de alejarlos de ese universo de  “marcas”, de lo que está “in”, y del tal “grupito” sin posibilidades de experimentar nuevas amistades, porque es una MENTIRA demasiado real… donde malgastas tus energías fingiendo todo el tiempo,  y algunos lo hacen… por el resto de sus vidas.

        
O te quieren como eres, o no te merecen.  O te aceptan como eres, o no valen la pena.  La vida es demasiado corta, para pretender ser quien no eres.  Y, ¿no es mucho más gratificante que te quieran por ser quien eres, a que te quieran por ser quien finges ser?

        
Sé que no estoy sola en este mundo.  Hay gente que me quiere así como soy, y ya con eso, no necesito mas nada.  Así que continuaré llamando la atención a ciertos aspectos que nos rigen como ciudadanos conscientes, tratando de no encrespar demasiados rulos en el camino, pero siempre, manteniéndome real, dejando los temores y aportando, siempre que pueda, ese granito de humor de VIDA REAL.  Receta, que hasta los momentos, me ha resultado muy útil para derretir un poquito… este mundo tan plástico, en el que estamos viviendo.

syepez@cantv.net


¡Play Ball!… ¡huuuy!

Susana Yépez de Álvarez


 


  13-08-06

Fue en estos días que mis hijas me sacaron obligada de mi ya acostumbrado encierro físico y emocional.  Era una nostalgia necesaria, una etapa por la que me tocaba pasar.

        
Era como una especie de síndrome de “nido vacío”.  Mi hermana y mis dos sobrinas ya no estaban a mi lado.  Mi hija mayor, dejaba la primaria para pasar a bachillerato, y la rutina estaba en pausa por las vacaciones escolares.  Y entonces, una noche me conseguí con una vida diferente, a la que tendría que acostumbrarme, y fue así, como me enrollé, y dejé que la nostalgia me cobijara hasta que fuera necesario.

        
Cuando hasta a mí me estaba preocupando mi estado emocional, llegaron mis tres hijas a decirme que como en la “semana deportiva” del Club estaban en plenos juegos, habían decidido que las madres jugarían contra sus hijas, nada más y nada menos que LA QUEMADA.  Esto me lo confirmó Chabela, cuando estaba sentada en la cancha, bien lejos de las pelotas, con Luís Fernando (mi bebé), mirando los juegos. “Mañana a las 6 de la tarde.  Vente en mono azul y franela blanca”.  Me quedé callada.  Jamás he escondido mi fobia a las pelotas, y muchísimo menos a “La Quemada”, juego cuyo objetivo es aplastarle en cualquier parte del cuerpo una pelota bien pesada, a tu adversario.

        
Ante la insistencia de las niñas, y por dármelas de súper mamá, cambié mi plan inicial, que básicamente consistía en esconderme en el closet, para asistir y estratégicamente colocarme detrás de Norma, la mamá más deportiva de todas las que jugaríamos ese día, para poder así utilizarla…como escudo humano. 


Le dediqué tiempo y cariño a mi uniforme, segura en mi mente de que este, debería ser impecable.  Llegué a la conclusión que sí estaba bien uniformada, a lo mejor no se darían cuenta que no tenía ni la mas MÍNIMA idea.  Mono de trotar… ojo… CAPRI… ¡fashion!, franela blanca marca ADIDAS, y hasta saqué del closet y despolvoreé, para estrenar, unos tremendos zapatos deportivos New Balance que me regaló mi hermano Fernando, hace como cuatro años, en una de sus visitas a Carora.

        
El uniforme me daba valor, y mientras entraba al club, la música de ROCKY sonaba en mi cabeza.  Mis hijas y todas sus amigas, que conocen desde pequeñas mi fobia a las pelotas, parecían muy complacidas en verme.  Me sentía valiente, y hasta olvidé por un momento el sentimiento de culpa que me invadía cuando recordaba mi plan cobarde de esconderme detrás de Norma, para poder así,  no solo salvar mi orgullo y el de mis hijas, sino mi integridad física,  y mi mismísima vida.

        
 Sonó el pito de la ansiedad aguda.  Era hora de jugar.  Me quedé en una esquina mientras veía a las niñas acomodarse de un lado, y a las madres del otro lado de la cancha.  Acumulé todo mi valor, entré al campo de batalla, y me coloqué en mi sitio.  Rebequita era la que mas contenta estaba.  Eleana y Carol se acercaron para darme los últimos datos…hablándome…muy seriamente.

        
Y comienza el juego.  Juego que nunca en mi vida he jugado antes, y mucho menos en contra de una muralla de Berlín construida de niñas cuya ÚNICA meta en la vida, en esos momentos, era vernos “el hueso”, como dijo una vez… mi ex cuñado. 

        
Me resultaba muy difícil correr de retroceso, sin mirar hacia atrás, porque sentía que perdía el balance y me podía caer.  Pero las madres me gritaban “¡no corras de espalda porque te van a pegar!”, y mientras que corría y gritaba por toda la cancha, escuchando cosas como “¡se pasó de la raya!”, PUM… me dieron.  Y fue Milena Perozo.  La fea esa.  Después de todo lo que la hago reír.  Tuve que agarrar la pelota y coger para el otro lado de la cancha.

        
Ahí, no hay mucho que hacer, más que todo observar la acción.  Pero entonces una de las madres me reclamó, porque yo me la pasaba en este plan: “¡dale duro Carla!, ¡bravo Leticia!... ¡quémala Verónica!, ¡buena atrapada Ana Marina!”.  Me sentí muy confundida… ¡¿Cuál es que era mi equipo?!

        
El primer set lo ganamos las madres, no gracias a mí.  El segundo set lo ganaron las chamas.  En ese set me quemaron porque como hay demasiados niños y demasiadas madres en esos juegos, cada vez que yo escuchaba “¡mamá!”, me volteaba.  Por alguna razón, yo juro que soy la mamá del mundo entero.  Me agarraron desprevenida, y PUM… listo.

        
Tuvimos que tener un tercer juego para desempatar.  Y yo les digo una cosa.  Aquí no le dan tiempo a uno, ni de hacer pipí, ni de tomarse una cervecita, ni de fumarse un cigarro.  Esto es dándole.  Sinceramente.  No estoy acostumbrada a estos menesteres.  Como ya faltaba poco, decidí ponerme las pilas. 

        
Pero entonces quemaron a Carol.  A mi bebé grande.  Le dieron duro con la pelota por el pecho.  Me subió la adrenalina de mamá leona, y me provocó acabar con el juego.  Agarraría a mi hija y me vendría para la casa… con la PELOTA.  Eso las enseñaría a no meterse con MI hija.  Cuando Carol sonrió y lanzó la pelota sin pensarlo dos veces, me calmé.  Pero cuando Sofía Valera quemó a ESA madre, inconscientemente corrí a abrazarla, ante sus muy sorprendidos ojos, ya que estaba felicitando… al enemigo. 


Cuando mi segunda bebé, mi corazón de melocotón, con una tremenda sonrisa en la cara me tiró la pelota con todas sus fuerzas,  por supuesto,  quemándome, decidí gritarle a Odila “¡quema a Eleana!, ¡quema a Eleana!”, hasta que Eleana se volteó y me reclamó con esos ojos bellos que tiene “¡mamááá!”… y el corazón se me puso chiquitito.  “¡Embuste Odila!, ¡no quemes a Eleana!”

        
El tercer set lo ganaron las niñas.  Reinaba la alegría.  Rodeada de amigos y familia, me senté con mi comadre Rebeca Curiel, y por fin me bebí una cerveza bien fría, y me fumé un cigarro.  Y cuando cayó la noche, acostumbrándome a mi nueva vida, agarré a mis cuatro muchachos, y regresamos… a casa.

        
Saludos…

 syepez@cantv.net



Jesucristo en concierto  

Susana Yépez de Álvarez  
09-06-06

 

En estos días, iba apurada a dar clases de Ingles.  Me paré en La Paduana, café ubicado en el Teatro Alirio Díaz, para pedirle a Digno que me vendiera un refresco rapidito.


Venía de hacer mil diligencias.  Se había pautado para ese día, el operativo anual de vacunación escolar.  Esto involucra: 1) el traslado de personal del Ambulatorio de Campanero hasta el colegio donde estudian las niñas, para poner a tuttirimundachi al día con sus vacunas, y 2) el trauma general y extenso de todos los estudiantes. 


Como ya es costumbre, asistí para apoyar a mis pollitas.  Y una vez mas, como por arte de magia me convertí en la madre substituta de todas sus amiguitas también.  Pero este año, los otros muchachos como que se dieron cuenta que yo soy una constante en estos procedimientos, y ahora era casi todo segundo, quinto y sexto grado el que quería morderme, gritarme en el oído, o contar conmigo hasta 10, a la hora de la puuuya.  Es mas, un niño de quinto o sexto grado hasta me agarró una nalga mientras lo sostenía para que lo puyaran.  Creí pertinente presentármele en ese momento.  Me dijo que se llamaba José, okay José, tranquilo, puedes seguir agarrándome el rabo, ya vamos a salir de esto.


Hasta a mí me pusieron la Doble-viral, y por insistencia mía, pa´ más vaina.  La Maracucha me comunicó que esa vacuna  la están pidiendo para salir del país, y bueno….uno nunca sabe.  Dicen que de ilusiones también se vive.


Después de ese trajín, me tocó coger para el dentista, quien me puso…otra ampolleta más.  Dos ampolletas en un día, es demasiado.  Ahora tenía que correr a dar clases, con la lengua anestesiada.  Sentía que tenía la lengua de una vaca, y que el lado izquierdo de la cara lo cargaba guindando por la cintura.


Ya en La Paduana, mientras esperaba el refresco, miro para un lado y me consigo de frente con un afiche.  Me quedo como hipnotizada mirándolo fijamente y luego pego un grito: ¡Digno! ¡Jesucristo en concierto! 


Digno no me esta parando, así que volví a mirar el afiche.  Efectivamente, era Jesucristo en persona, solo que con una mirada picara y muy familiar.  ¿Quién? me pregunta por fin Digno cuando me da el refresco, y totalmente abismada le afirmo ¡Jesucristo!  Ahora si somos reyes en Carora, sí Jesucristo viene a dar un concierto.  Digno comienza a reírse, porque como tengo la boca dormida, y estoy babeando sin querer, sigue sin entender lo que le digo.  Así que decide salir de su cubículo para acompañarme afuera, frente al afiche.  ¡MIRA!, le digo y le apunto a Jesucristo.


Ese es Juan Tomás Martínez, y entonces, casi indignada, le informo que yo conozco personalmente a Juan Tomás, porque somos primos hermanitos, estudiamos juntos en la universidad y prácticamente vivimos en la misma casa mientras estudiábamos en Estados Unidos.  Digno, ese NO es Juan Tomás.  Mira.  Míralo bien Digno, ese es… ¡JUAN TOMÁS! ¡Santo Dios! ¡¿Cuándo se convirtió Juan Tomás en Jesucristo?!.


Eso era lo último que me faltaba.  Ahora tengo a Jesucristo como primo hermano… ¡Wooow!  Llegué a la casa a anunciar las buenas noticias, y Eleana, de lo mas irónica me dice mientras me pasa por un lado comiéndose un tequeño, Ajá mamá… si … Juan Tomás es Jesucristo, Nano es el Espíritu Santo y Chiquita es Dios, ¿oíste?.


La última vez que Juan Tomas dio un concierto en Carora, mis hijas estaban muy pequeñas para ir a verlo.  Ese concierto era una especie de amalgama de música que incluía tangos, interpretaciones de operas cantando como el gran Barítono que es, y canciones de Diapasón, entre otras.  Una vez más, yo, había quedado impactada.  Después de todo, además de ser un tronco de artista y músico, es el único primo con el cual he tenido la suficiente confianza de pelear y hasta de ofrecerle cuatro  cipotazos una vez, en plena calle.   Así que el cariño es grande…


Y generalmente, cuando les cuento a mis hijas sobre Juan Tomás…me botó.  Les he dicho que Juan Tomás puede hablar con su cuatro, y el cuatro… le obedece.  Les conté sobre la vez que sus familiares y amigos pudimos estar presentes en la universidad, cuando para presentar su tesis, tenía que cantar opera frente a Luciano Pavarotti en persona (okay…exageré un poco, pero los profesores y jueces presentes eran verdaderos expertos), y Juan Tomas los hizo levantarse a todos de sus sillas para aplaudirlo. 


Les conté que para pagar su educación en música, Juan tenía que cocinar hamburguesas en el cafetín de la universidad,  aprender a hablar italiano, francés, ingles, alemán, matemática, historia del arte y para usted de contar, y que además, tenía un grupo que se llamaba Son del Caribe con varios estudiantes latinos en Wisconsin, y la gente hacía cola por cuadras completas, congelándose los pies en la nieve, para poder entrar al bar donde ellos se estaban presentando, y que todo esto lo hizo estando casado y con dos de sus cuatro hijos… ¡increíble!


Indudablemente que este concierto del próximo fin de semana estará  demasiado bueno.  Y esta vez  mis hijas serán testigos del súper héroe que siempre les he dibujado en sus mentes.  Pero soy yo la que mas emocionada está, porque sí su último concierto aquí en Carora, estuvo excelente, imagínense ahora que  es Jesucristo… ¡ah diablo!

 syepez@cantv.net

 



¡Florentino!
Susana Yépez de Álvarez
25-05-06 

Yo no estoy de acuerdo con pegarle a un niño bajo ninguna circunstancia.  Creo que manda un mensaje de violencia que resulta en más violencia.  Es una medida injusta.  La fuerza física y emocional del adulto no se compara con la del niño.  Pero la disciplina, concepto muy diferente a enseñar o castigar pegando, es fundamental. Es absolutamente necesaria cuando tratamos con niños y  adolescentes.


Las nuevas leyes, unida al amor “ciego” de padre y madre, unida a esta nueva psicología infantil, unida a la inteligencia innata de los niños y los adolescentes,  se mezclan y convergen en una herramienta de doble filo…que puede ser muy peligrosa.


Yo no soy abogado.  No soy doctora, no soy psicóloga.  Eso me hace una total ignorante al momento de discutir este asunto de la disciplina.  De todas maneras es una preocupación que necesito poner sobre el tapete, escudándome de mi condición de hija primero, y de madre después.


La nueva generación se nos está yendo  de las manos.  Estamos criando criaturas que a los 11 años de edad, creen tener el  derecho de negarse a hacer una evaluación en la escuela, y tener las santas “agallas” de contestarle a su maestra que no la va a hacer  porque, sencillamente… “no me da la gana”.  ¿Qué significa esto?, bueno, yo diría que significa que…estamos en vaina…


Hace días, un niño de diez años de edad insultó de la manera más obscena que he visto en mis casi cuarenta años de edad, a un mesonero en un restaurante.  Parece ser, que el pequeño tesoro, había dejado su juguete tirado en el suelo sin importarle cuatro pepinos, y se fue a jugar.  Cuando volvió y no lo consiguió, este ángel de Dios inmediatamente dedujo que el mesonero se lo había robado.  Yo, que por casualidad, pasaba por el lugar, escuché lo siguiente, “¡maldito hijo de p…! ¡LADRÓN! ¡Te voy a acusar con mi mamá!”.


Este mesonero, a quien trato y conozco desde que llegué a Carora hace quince años, no dijo nada. Luís Oswaldo reaccionó como un padre.  Trató de agarrar a esta preciosura por el cogote, pero el bombón se le escabulló y salió corriendo.  Personalmente, yo viví, y por fin comprendí el concepto de la fulana “vaina” con la que  mi papá nos amenaza a cada momento.  Me dio un soponcio y una tembladera.  Como mi amigo veía que yo trataba de hablar, pero no podía casi ni respirar, me contestó, “¿Qué puedo hacer?  Sí hago lo que creo debería hacer, me denuncian con la LOPNA”.  El juguete apareció al poco tiempo…tirado en un rincón.


El mesonero volvió a su trabajo, resignado.  Luís Oswaldo hablaba incoherencias horrorizado, y yo me tuve que venir a mi casa con una tremenda jaqueca.


Este, es un problema general, que hoy en día se está extendiendo.  Rompe todas las barreras sociales y que no tiene excusa valedera.  Un ser humano tiene el deber y el derecho de ser decente y de ser tratado decentemente.  Esto se logra con disciplina, y se comienza a aplicar en el momento en que nacemos.


Los niños y adolescentes necesitan saber quien tiene el control aquí.  Quieren saber quien es el jefe.  Anhelan tener esta información.  Sí no la tienen de manera clara y raspada, por parte de sus padres o representantes, se sienten perdidos, y eso les da rabia y rencor.  Sí se pueden salir con la suya, una y otra vez, entonces es obvio que “los viejos” no tienen idea, y eso los deja sin guía.  Los resultados,  pueden ser desastrosos.


Amor y control…como dice Rubén Blades.  Eso es disciplina.  Reglas claras a seguir, con consecuencias a pagar sí no se cumplen.  Por encima de todo, los adultos debemos vivir el ejemplo. 


El mesonero, y aquella maestra tuvieron que morir callados y calarse el vil insulto de un par de “mocosos”.  Estos niños pudieron hacer de las suyas…y salirle con la suya, sabiendo, muy claramente en su pequeña pero muy astuta mente, que lo que estaban haciendo, estaba mal.  Estoy segura en mi corazón, que ninguno de los personajes involucrados, está realmente satisfecho con los resultados finales, o con las consecuencias que estos resultados aportarán al  futuro.


Ojala y yo pudiera pedir amor y control en un restaurante, así todo se resolvería. “¡Florentino!, ¡Rápido!, ¡por favor! amor y control, ¡antes que me vuelva a dar la vaina!”

 syepez@cantv.net           


 
¡Que viva la Morrondonga!
Susana Yépez de Álvarez
07-05-06

La Morrondonga es una condición aguda de la cual padezco desde que llegué a Carora. 

Morrondonga es el nombre que le di a este fenómeno, ya que después de largos estudios de investigación, ni le conseguí el nombre científico, ni conseguí información alguna acerca de otro lugar donde se padezca de esta condición.  Es particular, única y exclusiva de esta región.


Yo me levanto todas las mañanas, y me convierto como por arte de magia en la famosa loca de la propaganda de Locatel.  Voy a dar clases, compro lo que se necesita para el almuerzo, busco muchachos, traigo muchachos, entro y salgo, voy y vengo.  Ya cuando por fin todos los miembros de mi numerosa familia estamos juntos, y es hora de almorzar,  justo en el momento cuando me estoy metiendo el último bocado de comida a la boca, comienzan a manifestarse uno por uno, todos los síntomas de  Morrondonga.


Repentinamente se asienta en mí, un estado de pesadez en todo el cuerpo.  Es increíble.  Estoy hablando como una lora con los muchachos, y como sí me cayera un rayo del cielo, se me olvida de que estaba hablando y con quien, no puedo concentrarme o contestar una pregunta, y me es imposible… cerrar la boca.  Pararme de la mesa y caminar se convierte en un verdadero desafío.


Gracias a mis estudios de investigación, ya sé como prevenir que la cara se me caiga en la comida y comience a roncar en la cocina.  Todo lo planifico con antelación.


Morrondonga, es como un estado de ánimo que uno no espera pero que le da la bienvenida cuando aparece.  Es un sentimiento maravilloso. No sabes ni que día es, y no te importa.  ¿Pensar? ¿Qué es eso?  Solo le pides a Dios Todopoderoso, suficiente energía para llegar a la cama.


Hay Morrondongas mejores que otras.  La mejor de todas es la planificada, cuando sabes que puedes dormir sin interrupciones.  El día que, por alguna razón, no puedes dormir a medio día…es un mal día.  Es un día terrible, horrible, y muy maluco.


Yo delego las tareas a cumplir a todos los allí presentes, cierro las ventanas del cuarto para mantenerlo en completa oscuridad, y pongo un vaso de Coca-cola a enfriar en el freezer, para cuando me levante, antes de sentarme a comer, porque al pegarme la Morrondonga no sirvo para absolutamente nada.

           
Para ahorrar tiempo, mientras que semi-hipnotizada camino hacia el cuarto, me voy quitando prendas que sé serán incomodas en el paraíso.  Los zapatos, la cola del pelo, la correa y los zarcillos van quedando en sitios estratégicos.  Cuando hago el último esfuerzo sobre humano de zumbarme en la cama, me arropo con el edredón y en 30 segundos, estoy sumida en el más profundo de los sueños. 


Una de las cosas que vagamente recuerdo del sueño de medio día, es la inmensa sonrisa que tengo en la cara, y una vez que el brazo se me quedó incrustado en las costillas cuando me zumbé…y así me quedé, porque la  pereza era demasiado grande… era mas fuerte que yo.

           
Nadie se mete conmigo mientras estoy en este trance.  Me cuentan que una vez lo hicieron, y que, en vez de salir yo del cuarto, salió el exorcista.  Parece que no fue algo muy bonito de ver.  Para mi defensa puedo decir, que yo no recuerdo este episodio en absoluto.

           
Este tipo de condición, sé, la padecen otros habitantes de la ciudad.  Por lo menos en mi familia,  es una condición genética.  Sé de una tía que sufre de esta condición, y mi papá también, pero la de él no es solamente aguda, sino que también es crónica y del tipo II. 


A él le da Morrondonga en cualquier sitio y a cualquier hora, y cuando le da, hay que hacer silencio absoluto, porque sí hacemos bulla, comienza a gritar a todo pulmón, y de lo mas irónico, “¡Gracias! ¡Muy agradecido!”.  “Pero bueno papá, ¿Cómo se te ocurre quedarte dormido en medio de una piñata, justamente cuando la están tumbando?”  Se pone furioso, y no le importa un cipote si el/la cumpleañera comienza a quejarse “cónchale Nano.  A buena pena.  Múdate de lugar”, y entonces patalea y TODO mientras exclama “NO ME DA LA GANA”, y da media vuelta y se vuelve a dormir. 


Sí no lo logra es peor, porque mientras nos saca en cara lo desconsiderados que somos, comienza a pedir cosas raras como colita “grapette” Light, (y así la pronuncia, gra-pe-te) o sopa de chícharos, “¿no hay una sopita de chícharos en esta casa? “¿No hay colita grapette Light?  Necesito azúcar o me va a dar la vaina… ¡Susana, Eleanor, Rebeca
!...”, y ahí cambia el tono de voz para el del desamparado y poco entendido y pregunta de nuevo “¿no habrá una sopita de chícharos en esta casa? Yo NECESITO chíncharos.  ¡RÁPIDO! Qué me va a dar la vaina”

           
En cambio, yo me despierto con sed.  Y no puedo pensar, ni mucho menos hablar, sin tomarme la coca-cola primero.  No me gusta nada caliente a las dos y media de la tarde, especialmente con el inclemente sol de Carora.  Yo necesito algo frío. Frío y con hielo. 

 
De esta manera, los últimos estragos de  Morrondonga se disipan como a la media hora de haberme despertado, y vuelvo a la normalidad, convirtiéndome una vez más, en la loca… de Locatel.

           syepez@cantv.net 


Para el periódico El Caroreño

Entrevista a Susana Yépez de Álvarez 
Por Franklin Piña

30-04-06

D
escubrí que con mis artículos les llego a todos



Mis padres son Luís Fernando (Nano) Yépez, y Eleanor Houser de Yépez.  Tengo dos hermanos mayores que son Fernando y Rebeca, y juntos, somos un gran equipo.  Nací en Caracas, cursé mi bachillerato y mis estudios universitarios en Madison, Wisconsin.  Soy Licenciada en Literatura Italiana.  Tuve la oportunidad de estudiar mi último año de universidad en Florencia, Italia.

           
Al regresar a Caracas, me sentí abrumada en una ciudad tan poblada, y decidí mudarme a Carora. Aunque siempre pasé mis vacaciones escolares en Carora, y siempre hemos sido una familia muy unida, había pasado mucho tiempo.  Era una necesidad volver y reconectarme con este lado de mi sangre.  No había nada en Caracas atajándome.

           
Al poco tiempo de estar aquí, me reencuentro con Luís Oswaldo Álvarez, a quien (dice él), conozco desde que era chiquita y muy llorona.  Tenemos 14 años casados y somos los orgullosos padres de cuatro preciosos hijos: Carol Cristina de 12 años, Eleana María de 10, Rebeca Gabriela de 8 y Luís Fernando de 2 años.

           
Aunque tenemos personalidades muy diferentes, en el fondo…en la base de nuestros principios, pensamos igual.  Así que tener diferentes gustos solo nos complementa y nos ayuda a ver la vida desde diferentes ángulos.  Es un aprendizaje continuo que hace mi vida muy interesante, y en ocasiones muy divertida.

           
Me dedico a dar clases de inglés.  En las mañanas trabajo en La Unidad Educativa Pedro León Torres, contratada por los padres y representantes.  Trabajo con 4to, 5to y 6to grado.  Este trabajo me gusta mucho, porque es una escuela de niñas, y tengo la oportunidad de enseñarles inglés y de reiterarles a cada rato su superioridad.  A partir de las cinco de la tarde doy cursos conversacionales de inglés a jóvenes y adultos.  Estos cursos me encantan porque me dan la oportunidad de conocer gente y hacer amigos, me desconecto de cualquier problema que pueda tener y además puedo ayudar y enseñar, (compartir), algo que sé.

           
Soy miembro de la Asociación de Vecinos de la Zona Colonial y Zona Centro de Carora.  Me anoté en este proyecto por que me encanta un lío, me gusta resolver problemas, y porque quiero ayudar.  No tengo idea de las nuevas, ni de las viejas leyes, pero para eso están los otros miembros.  A mí me gusta la acción.

           
Escribo desde que tengo memoria.  Pero es gracias a mi papá/primo hermano Cecil Álvarez Yépez, que publico en El Diario de Carora, mi primer artículo en el año 2001.  A Cecil lo acompañé/perseguí en el Diario, en Portal y en el Portillo.  El también fue mi enlace con El Impulso.  Emma Rosa y Rolando Herrera publican mis artículos en su página Web www.encarora.com.  A estas tres personas les estaré eternamente agradecida, ya que escribir, siempre ha sido para mí…un sueño.

 

 Porqué escribes todo lo que haces? ¿Crees que a la gente le interesan tus actividades?

           
¡Que malasangre… DIABLO!  Bueno, voy a contestar lo siguiente.  Escribo de manera personal, porque es así como me sale del alma.  Con el tiempo me di cuenta, que otras personas se relacionaban con las situaciones que yo describía.  Y eso lo sé, porque me lo han hecho saber en la calle, por correo electrónico, o pidiéndome una entrevista como lo estás haciendo en este momento. 


Es una manera humorística de ver “la vida”.  Los seres humanos somos más parecidos que diferentes.  Son cosas que nos suceden a todos de una u otra manera, solo que a mí me gusta escribir y echar los cuentos.


Y llegando a las chiquititas, sí no les interesa….no tienen que leerme.

 

Cuál crees tu que es el perfil de tus lectores?

           
Yo creía que la mayoría eran madres.  Mujeres que tenemos que lidiar día a día con la crianza de los muchachos, con un trabajo, con un marido.  Pero gracias a los comentarios que escucho en la calle por los artículos que muy gentilmente me publican en El Caroreño,  y  gracias a Emma Rosa y a Rolando Herrera que me brindaron la oportunidad de escribir en su página Web www.encarora.com, me he enterado que, además de madres, me leen niños, jóvenes, viejos, y hombres también, en Venezuela y en otros países del mundo.  Es bien chévere.  Eso me  hace sentir muy feliz. 

 

Eres una mujer segura o solo lo presumes?

           
Si.  Me considero una mujer segura.  Con tres hijas tengo que serlo.  Desgraciadamente este es todavía, un mundo dominado por hombres.  Necesito que ellas entiendan que pueden hacerlo TODO.  Y ahora, y mientras disponga de un medio público para transmitir un mensaje que yo considere positivo, especialmente para las mujeres…lo haré.

 

Ves telenovelas?

           
No.  Tengo años que no veo una telenovela.  Cada vez que trato, comienzo a hacer comentarios a todo volumen, por lo ridículas, y lo irreales que son.  No logro relacionarme con el drama.

 

Cómo defines a la mujer de hoy?

          
La mujer – de ayer, de hoy y de mañana – es el pilar fundamental en la familia, porque es la que se encarga de mantener los ritos.  Esto nos lo enseña la historia.  Ya que la familia es el pilar fundamental en una sociedad, la mujer pasa a ser el cemento que une al mundo.  Y esto lo hace con fortaleza, inteligencia y amor.

 

Eres feminista?- Si la respuesta es afirmativa, explica, y contesta la siguiente.

           
Tuve que pelar por el diccionario para buscar la definición de Feminista.  Aquí está: Doctrina social favorable a la condición de la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados hasta ahora a los hombres. 

           
Mi respuesta: Si soy feminista.

 

De que manera afectó Carora tu cultura gringa?


Carora y mi cultura gringa se complementan y conviven juntas en total armonía desde que nací.  A las dos las llevo en la sangre.  Las dos tienen sus fortalezas y sus debilidades.  Yo, tengo el privilegio de escoger.

 

Te sientes imperialista?

           
Okay…segunda vez que pelo por el diccionario.  Me pregunto si ustedes lo usan tanto como deberían.  Imperialista: Partidario de extender la dominación de un Estado sobre otro u otros, por medio de la fuerza. 

           
Mi respuesta: No, no soy imperialista.  Ser dominado por otro no es algo que apruebo ni respeto, ni para un país ni para persona alguna.

           
Pero si creo fervientemente lo que Thomas Jefferson escribió en 1776 en el Acta de la Declaración de Independencia de Los Estados Unidos de América: “Todos los hombres (y mujeres), son creados iguales, y han sido dotados por el Creador con ciertos Derechos Inalienables, entre los que se encuentran el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad”.

 

Qué propones para la ciudad?

           
Propongo una educación de primera categoría.  Un sistema educativo Académico/Vocacional que le de a nuestros jóvenes la alternativa de una educación eficiente, para salir de bachillerato con las herramientas necesarias para desempeñarse adecuadamente en el campo laboral, o sí prefieren, para continuar sus estudios superiores y profesionalizarse en una carrera específica.

           
Propongo que los maestros estén entre los profesionales mejor preparados y mejor pagados del país, para que así hagan su trabajo con amor y convicción y no sin cariño  y para simplemente  poder comer.

           
La educación es la herramienta fundamental que necesita todo ser humano para poder surgir.  Sí la población completa tiene esta herramienta, cualquier ciudad se transforma para bien. 

           
Así que no solo lo propongo para mi ciudad.  Lo propongo a nivel nacional y mundial.

 

Cuándo pones a funcionar el sentido de la crítica?

           
Todo el tiempo.  Me imagino que lo dices porque he criticado que la ciudad está en pésimo estado, que hay niños maltratados, o que para sacarme la cédula de casualidad no tuve que dar hasta la talla de mis zapatos. 

           
Soy una persona sentimental, y ciertas cosas me pegan.  Cuando critico, lo hago en el buen sentido de la palabra.  Estoy tratando de llamar la atención a algo que considero preocupante, y siempre trato de aportar soluciones viables para resolver el problema que estoy criticando.

 

Qué le dirías a tu marido y a tus hijos públicamente?

           
Mis artículos, por lo general, están llenos de la felicidad, del orgullo y del amor que siento por ellos.  Sí no fuera así, entonces mi papá no me contestara cada vez que le digo que escribí un artículo “¡Ay Dios! Aquí viene la muchacha con otro artículo sobre su marido y sus cuatro muchachos”.

 
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Un escritor:      Isabel Allende.
- Un pintor:         Vincent Van Gogh.
- Un actor:           John Travolta
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Un cantante:     Casi todos.  Dejé de ver televisión desde el Referéndum, y después que vi por 5ta vez todos los episodios de “ER: Sala de Emergencia”, y me di cuenta que tenía el diálogo memorizado.  Yo escucho música. 
- Un político:        Hillary Clinton. 



Como sí uno no tuviera suficientes problemas…

Susana Yépez de Álvarez


 Hace ya como tres meses, de uno de esos fines de semana que les toca a mis sobrinas pasarlo con su papá en Barquisimeto, llegó Sophia muy emocionada.  Traía con ella un Tamagochi.  “Es un tamagochi Susana, ¡míralo!”, Entonces veo un perol rosado que trae colgando del cuello, con un bello collar de cabuya morada,  que no mide mas de 5 x 5 centímetros.  En el medio hay una pantalla, y en el medio de la pantalla un dibujo computarizado de un animal que parece una mezcla interracial entre un pato y un castor.  Eloise, que es experta en animales lo define como una especie de  ornitorrinco.

           
Como Sophia estaba tan emocionada con la nueva adquisición, me dio lastima no pararle.  Así que lo miré detenidamente para ver si hacía algo, y como ni se movía, le volví a preguntar, “¿Qué es?”, e impacientemente me dice, “un Ta-ma-go-chi Susana, ahorita está durmiendo.  Tengo que cuidarlo, jugar con él y hasta cambiarlo”, y entonces la interrumpo interesada en el tema, “¿y puedes cambiar de animal?”, “no Susana.  Este es el único, hasta que de a luz a otro tamagochi, por supuesto”, confundida le pregunto “¿pero tu dijiste que tienes que cambiarlo?”, “si.  Sí se hace pupú tengo que cambiarlo.  Sí no lo hago, se puede morir”.  “¡ay Dios mío!  Y sí se muere… ¿aparece otro?”.  “No.  Si se muere es porque no lo cuidé bien.  Yo soy su mamá Susana… ¡¿tú entiendes?!”.  Sophia tiene 10 años, habla bajito y no le gusta causar problemas.  Eso si, cuando te habla mas vale que le entiendas de una vez, porque si hay algo que no soporta es tratar con pendejos.

           
Ante su muy aparente impaciencia, le doy toda la razón, “si entiendo.  Tu eres la mamá del Tamakuni”, y entonces se agarra la cabeza en frustración y me dice “Ay Susana.  Es un TAMAGOCHI… pero tiene nombre.  Se llama André”, y entonces celosa le pregunté porque no se llamaba como yo, y me responde que porque solo caben cinco letras y ESTE es varón, “OH” respondí y lo dejé hasta allí, porque no quería entrar en una discusión acerca del parto de este varón.


Me enteré que este tipo de “mascota virtual”, estuvo de moda en una época, y al parecer, como que vuelve la fiebre.  Es una manera de responsabilizar a los niños en el cuidado de mascotas antes de comprarles una de verdad.

           
No le volví a prestar atención a esto, hasta que en estos días me conseguí a Sophia brava de verdad, reclamándole a su madre lo siguiente, “yo te lo dejé para que lo cuidaras y ahora tiene tres carabelas.  Si se me muere, ¡ya vas a ver!”.   Resulta que después de un tiempo, Sophia estaba exhausta física y emocionalmente de cuidar un “perol de plástico”, y Rebeca mi hermana… también, “¡yo no pedí cuidar un tamagochi!”. 


Parece ser, que por primera vez en la vida, yo era la única que no ENTENDÍA el stress por el que todos en mi casa estaban pasando.  Y es que tamagochi pasó de cuello en cuello.  Eleana, Rebequita, Eloise, Carol y hasta Mari luz cargaron y cuidaron a tamagochi.  Yo escuchaba a las niñas preguntando por él; que sí comió, que sí parió, que sí lo cambiaron, todos genuinamente preocupados, y yo…no podía creer lo que estaba escuchando.  Así que de nuevo indagué un poco acerca del tema para ver si le agarraba cariño, y entre otras cosas me enteré, que el animalito hace piruetas, y sí no lo felicitas o lo premias (oprimiendo el botón adecuado en el aparato), se puede “tuyir” emocionalmente…y hasta morirse de tristeza… ¡Wow! ¡El bicho te amenaza emocionalmente y todo!  Lo único que logré fue agarrar una tremenda rabia, y escribir en mi famosa agenda – conseguir los nombres de los que los genios de la tecnología que inventaron este perol, y que jamás se imaginaron que uno de ellos terminaría en manos de mi sobrina-.  Estaba decidida a introducir una querella en su contra, ante el Tribunal Supremo de Justicia.

           
Cuando todos estaban hartos de cuidarlo y mirarlo cada cinco segundos para ver sí había que cambiarlo o sí amenazaba la conciencia de unos de los miembros de la familia con una carabela, Sophia llegó a mí como ultima instancia.  Con esa voz suave y esos ojos preciosos que tiene, me dice, “Susana, ¿no quieres cuidar a mi tamagochi por dos días?”, y cuando le dije que con muchísimo gusto, y que lo pusiera en la gaveta de las pantaletas, pegó un tremendo grito y salió de mi cuarto recriminándome por irresponsable y mala madre, “Se muere Susana, ¡¿no te importa?!”, me quedé callada para no tener que decirle que no, no me importa…ni un pepino frito.


Ahora yo me pregunto.  Esas pilas que trae este artefacto ¿duran para siempre?...yo no creo.  Y cuando se acaben las pilas, ¿se acabó tamagochi?, ¿tendremos que enterrarlo y llorarlo? y después ¿Qué hacemos con Sophia?, ¿llevarla al psicólogo?, ¿comprarle un ornitorrinco?, ¿las dos cosas?  Sería interesante la opinión de los Tribunales competentes.

 syepez@cantv.net 


 

Composición:
Lo que hice estas vacaciones

Susana Yépez de Álvarez
23-04-06

 

Dedicado a mis hijos…y a sus amigos

                                                   
Hola.  Me llamo Milena.  Tengo 11 años, estudio con Eleana y Eloise, y soy amiga de todos los hijos de Susana, y amiga de ella y de Luís Oswaldo también.

         
Este año, una vez más, me invitaron a ir con ellos para la finca.  Si, esa finca que queda mas allá de Pico e´ Gallo y a donde se llega después de dejar hasta el hígado por esos montes, porque carretera…no hay.  Pero de todas maneras es lo máximo, y yo gozo un puyero, así que cuando me propusieron de nuevo ir, cancelé viaje para varios sitios, incluyendo San Cristóbal, Mérida y la playa.  No me iba a perder esta aventura, y es que con Susana, yo gozo demasiado.

         
Esta vez no fueron los otros compañeros, y mejor pa´ mí, porque en vez de chinchorro podía dormir en una cama, y aunque parece una hamaca por lo vieja que está…cama es cama.  Ah! y Lela, (así se llama), nos acompañó esta vez en esta travesía.  Nada como ver a una señora mayor pasando trabajo.  Ella es la mamá de Luís Oswaldo.  Todo el camino en el carro se la pasó diciendo cosas como “ahí Dios mió, ¿Quién me mandaría a mi de inventora?”, o “me hubiera quedado tranquila en mi casa rezando el rosario”, o, “¡esta lluvia de mis tormentos!... ¡niñas! vamos a rezar”.

         
Cuando llegamos a un lugar que se llama La Opinión, nos paramos en una casa muy bonita y nos prestaron el baño, así que no fue necesario hacer pipí en el monte.  Y entonces, un señor preguntó que quien era Rebequita.  Y Luís Oswaldo le preguntó que como conoce a Rebequita, y el señor dijo que por los artículos de Susana.  ¡Impresionante!, Susana es famosa mundialmente, la conocen hasta en La Opinión.

         
A mi me gusta ir de vacaciones con Susana, porque como ella tiene muchos hijos, y a sus dos sobrinas también, casi no escucha cuando uno le pregunta algo y todo lo contesta que si.  “Susana, ¿me puedo bañar en la lluvia?”, “si”.  “Susana, ¿me puedo revolcar en el barro?”, “siii”, “Susana, ¿me puedo tirar de un bejuco y ahogarme en la quebrada? “Déle”.   Tan bueno.  No tiene ni una sola regla.  Bueno si tiene dos.  Que no peleemos porque le da dolor de cabeza y no tiene tiempo para eso, y que no usemos el baño de atrás porque se va el agua del tanque y nos fregamos.

         
Como la finca lo que tiene es una planta eléctrica de Luz Solar, tiene que haber sol para que en la noche esta planta eléctrica funcione, y como no hubo sol, a las siete de la noche ya no se veía nada.  Entonces para cenar teníamos que prender velas y alumbrar la comida con una linterna.  A Lela no le gustó mucho esto porque ella no ve bien y dice que le gusta saber lo que está comiendo, pero a mi me pareció lo máximo, porque Susana nos daba coca-cola escondida, porque Lela y Luís Oswaldo decidieron que estábamos bebiendo demasiado refresco.  Además, Carol dijo que el agua del termo tenía sapitos.  ¡guácatela!

         
Y Rebequita usó el único baño que no se podía usar y vació todo el tanque, y todos sabíamos que fue ella porque cuando Susana preguntó quien fue, era la única que estaba mirando para el cielo y cantando una canción que decía “fue perdón, fue perdón…”, así que nos quedamos sin agua hasta que  Cuco terminó de hacer el queso y “cebó” la manguera para llenar el tanque.  Lo hizo bastante rápido, pero creo que porque no aguantaba a Lela diciendo cosas como “ahí Dios, y esas niñas jugando en el barro”, o “mirá a Eloise metida en ese hueco en la tierra con el agua hasta el cogote”.

         
El viernes Santo, Lela no dejó que cocinaran los chicharrones que desayunamos todos los días.  Entonces Luís Oswaldo protestó porque tenía hambre y quería chicharrones, “mamá, ¡yo no creo en esa vaina!” le dijo, y Lela le dijo “pues si crees, y punto.  No vamos a comer carne hoy”, y le dio un coscorrón con una revista Buenhogar que estaba leyendo, y Luís Oswaldo no se quejó mas.  Y en la noche, sin luz y en medio de un diluvio, nos hizo rezar un vía-crusis adentro de la casa con una cruz de palma que se trajo de Carora.  La primera, la quinta y la doceava estación eran la puerta principal de la casa,  la tercera, sexta y treceava estación eran la puerta del baño que Rebequita usó el día que nos quedamos sin agua por bajar la poceta.  Las otras estaciones eran los chinchorros del corredor.  La verdad es que fue un vía crusis interesante y hasta divertido.

         
Nos tuvimos que venir un día antes por la lluvia.  Si nos quedábamos perderíamos clases.  No que yo me estaba quejando, pero Susana insistió en que teníamos que estudiar.  ¡Que fastidio!  Como una camioneta tenía que venir de Carora para ayudar a transportar el gentío y las maletas y no podía porque los cerros se estaban espencando en el vacío por el agua…dejamos todas las maletas.  Y yo les digo una cosa.  En esas maletas viene ropa sucia, restregada con barro.  Y ya yo tengo días en Carora, y las maletas, incluyendo la mía con el mp3 que me trajo el niño Jesús, todavía están allá.  También se quedó Manolo, el perro de peluche de Susana.  Eso me da mas lastima, porque Susana no puede dormir sin el.  Debe ser por eso que tiene esas ojeras tan marcadas.  Pobrecita.

         
El camino de regreso lo hicimos a caballo.  No podíamos recargar la camioneta porque se atollaba.  Montamos como dos horas y después nos pasamos para la camioneta, llenando hasta el último rincón con gente sucia y con barro de ese pegostoso.

         
Para que el viaje fuera menos fuerte, a Luís Oswaldo se le ocurrió que cantáramos canciones.  Las mejores eran las mías, por supuesto.  Las de Susana eran muy malas, y las de Lela…ni hablar.  Pero después la cosa se puso mejor porque Susana nos contó unos cuentos de un señor que se llama Bill Cosby.  Me gustó el que Bill Cosby y su hermano creyeron hasta los ocho que se llamaban imbécil y estúpido, porque cada vez que su papá los llamaba les decía “imbecil, ¡bájate de ahí!”, o “estúpido, ¡ven acá!”.  Pero Susana era la que mas se reía de sus propios cuentos.&nbs